No me hagas esto…
Los días pasaron a una velocidad increíble, sin apenas dejarse notar, para cuando Hermione se dio cuenta, estaba sentada en el Gran Comedor, en medio de Harry y Ron, escuchando a Dumbledore dar su motivador discurso de graduación a aquellos alumnos de séptimo grado que, sin más remedio, se despedían del colegio.
Sin embargo, le era imposible enterarse de lo que el director hablaba, su mirada era atraída como un imán hacia aquellos ojos negros situados en el extremo de la mesa de profesores.
**********Snape**********
Dumbledore me había llevado hasta ahí casi arrastrando. Literalmente, había ido a sacarme de mi despacho.
¿Acaso no entendía que lo que menos deseaba era tener que estar ahí?
No quería tener que soportarlo, saber que estaba por perderla, que se me escapaba como agua entre los dedos y que yo lo permitiera, que no hacía nada por evitarlo.
-¿Se te ofrece algo Dumbledore?- inquirí cuando le permití pasar a mi despacho.
-Buen día hijo…
Lo observe con una ceja levantada, como quien dice que no quiere verlo.
-Vendrás a la ceremonia de Graduación- musito entrando en el despacho.
-No- repuse, sin despegar la vista de los ensayos que aun corregía.
-¡Merlín! Severus, Es el ultimo día del curso, podrías darte un descanso.
Lo ignore, y continúe con lo mío.
-Vamos, la ceremonia está por comenzar- repuso abriendo la puerta.
-No iré- repuse.
-No te lo he preguntado- respondió terminante -Debes estar ahí.
-No me obligaras- intervine cortante.
-Sigo siendo tu superior- repuso sonriéndome.
Rodé los ojos fastidiado y abandone el despacho sin siquiera mirarlo.
-¿Quieres dejar esa actitud tan infantil?- dijo Albus de pronto, alcanzándome por el corredor.
Quise responderle tantas cosas, gritarle cuanto lo odiaba por obligarme a hacer lo que estaba haciendo.
-No se dé qué hablas- repuse tajante.
-Sabemos que es por el bien de Hermione.
-No me interesa Albus- repuse secamente y me aleje de ahí.
Y ahora estaba sentado en esa larga mesa, escuchando el estúpido discurso de Albus que no me interesaba en lo más mínimo, y soportando aquellos ojos melados clavados sobre mí, contemplándome fijamente.
¿Por qué se empeñaba en torturarme de esa manera? Se lo había dejado lo más claro que mí ya de por sí, podrido corazón me lo había permitido.
¿Acaso no lo había entendido?
¿No podía tan solo dejarme e irse? Apartarse de mi vida, sin seguir torturándome.
Yo ya estaba acostumbrado a aquello, vivir solo y pasar el resto de mi vida en completa amargura.
Y ella no merecía eso, ella necesitaba a alguien joven a su lado, alguien de su edad, sin un pasado oscuro y una reputación manchada de por vida.
Ella se merecía a alguien mejor. Alguien que pasara el resto de su vida a su lado, que formara una familia con ella y la cuidara por siempre.
Ahora, hablaba McGonagall, todos los chicos de séptimo año se habían puesto de pie. McGonagall entregaba un pequeño reconocimiento a cada uno, conforme los mencionaba.
-Harry James Potter.
El inepto de Potter avanzaba sonriente, mientras recibía su reconocimiento, como si realmente mereciera estar ahí.
-Por ultimo- anuncio la profesora -Los mejores promedios de la clase.
-Draco Lucius Malfoy.
-Y Hermione Jean Granger.
Paso al frente con esa sonrisa suya tan perfecta y sus hermosos ojos cafés centelleantes de alegría.
Era simplemente perfecta, y yo estaba tan orgulloso de ella. Mi insufrible sabelotodo, mi pequeña bruja siempre tan inteligente.
**********Hermione**********
Una gran sonrisa oscilaba en mi rostro, y sin embargo me dolía estar ahí.
No sabía cómo hacía para soportarlo, sonreír a todos, sentados a las mesas del Gran Comedor, con ese rollo de pergamino en la mano; como si verdaderamente fuera feliz.
-Gracias Sr. Malfoy, Señorita Granger, pueden volver a sus sitios- susurro el Director poniéndose de pie, tal vez dispuesto a continuar con su discurso.
Camine hacia mi mesa, cuando de pronto todo pareció girar a mí alrededor y el suelo moverse bajo mis pies. Me tambalee por un segundo y perdí el equilibrio, casi cayendo sobre Malfoy, quien caminaba a mi lado, y apenas consiguió sujetarme.
-¿Qué ocurre contigo Granger?- susurro sujetándome fuertemente por la cintura, impidiéndome caer.
Había quedado casi recostada sobre sus brazos, de espaldas a las 4 mesas de las casas y viendo la mesa de profesores, justo frente a él.
Estaba tan cerca del rostro de Malfoy que sentía su loción flotar hasta mis fosas nasales. Por un segundo, creí ver a Snape removerse incómodo y más que eso, molesto, en su asiento.
Aun mareada, me separe rápidamente de él. Pero supongo que volví a tambalearme, porque de nuevo volvió a sujetarme, esta vez de un brazo y la profesora McGonagall se acercó rápidamente a mí.
-Señorita Granger ¿Se encuentra usted bien?- inquirió un tanto alarmada.
-Si yo… si profesora- balbucee.
Me contemplo un tanto molesta.
-Vuelvan a sus sitios enseguida- susurro dando media vuelta.
**********Narradora**********
Draco le lanzo una última mirada de desprecio a la castaña antes de dirigirse hacia su mesa, al igual que Hermione.
-Herms ¿Te encuentras bien?- inquirió Harry enseguida su amiga se sentó a su lado.
-¡Claro! ¿Por qué no habría de estarlo?- respondió la chica con una fingida sonrisa.
-Te vi, ahí al frente, casi caes de no ser por Malfoy…
-Solo tropecé- repuso la chica cortante.
-¿Hermione, de verdad estas bien?- susurro la pelirroja, inclinándose un poco sobre la mesa, para que solo su amiga pudiese escucharla - Estas algo pálida…
-Solo me duele un poco la cabeza, en verdad Ginny, no es nada.
La chica le lanzo una mirada suspicaz, pero no insistió más.
Dumbledore aun hablaba, pero Hermione apenas conseguía prestar atención.
Desvió la vista, y de nuevo la fijo sobre Snape, que paseaba distraídamente la mirada por el Gran Comedor, hasta que sus oscuros ojos se toparon con los marrones de la chica.
La chica sintió una descarga eléctrica recorrerle toda la espina dorsal. Por un momento, se sintió como aquellas primeras veces, cuando todo era confuso, cuando su mirada se cruzaba con la de él durante las clases de pociones, cuando sentir su aliento cerca de su odio la hacía experimentar sensaciones desconocidas…
Por un momento, pareció hundirse en los hipnotizantes ojos del pocionista, hasta que este desvió la vista rápidamente.
De pronto Hermione volvió a la realidad, dándose cuenta de que todos aplaudían, y Dumbledore parecía haber finalizado su discurso. La chica se unió a los aplausos, intentado ocultar su momentáneo desconcierto.
Después de un momento, todos comenzaron a ponerse de pie. La castaña comenzó a perderse entre la multitud de estudiantes que se dirigían a la Sala Común, seguida de sus amigos.
-Luz de vela- susurro Ginny al retrato de la Dama Gorda, entrando seguida de sus amigos.
-Las veremos en un rato, chicas- se despidió Harry despareciendo junto con Ron por la escalera que conducía hacia los dormitorios de los chicos.
Ambas chicas entraron a su habitación, y descubrieron que el resto de sus compañeras no estaban.
Hermione cerró la puerta detrás de sí.
-¿Qué es esto?- susurro de pronto la pelirroja casi lanzándose sobre la cama de su amiga.
Hermione se acercó y vio a Ginny tomando un pequeño paquete rojo que reposaba sobre la colcha color escarlata de su cama.
La pelirroja dio media vuelta entregándole el paquete a su amiga, sonriente.
La castaña la observo extrañada, tomo el paquete entre sus manos y se sentó a la orilla de su cama, observando la pequeña caja roja, fijamente.
-¿Qué es?- inquirió Ginny ansiosa acercándose a ella.
La chica deshizo el pequeño moño de hilo dorado que sujetaba caja y la destapo lentamente, casi con manos temblorosas. Un trozo de pergamino resbalo, hasta posarse en el suelo.
Ginny se precipito a levantarlo.
- Amor… No sé cómo comenzar…- había comenzado a leerlo en voz alta, pero repentinamente había preferido parar. Despego la vista del trozo de pergamino y se dio cuenta que su amiga lloraba.
-¡Hermione!
La chica contemplaba fijamente aquel reloj de plata que reposaba dentro de la caja, al tiempo que otro trozo de pergamino oscilaba en su mano.
-¿Qué ocurre?
La castaña sollozo.
¿Cómo era posible que le estuviese sucediendo eso?
Le había devuelto el reloj. Ese reloj que sabía que significaba tanto para él como para ella.
-No…- susurro releyendo aquel trozo de pergamino.
No puedo seguir con esta tortura.
Lo siento
S.S
De nuevo tan frio, tan seco. Verdaderamente no lo entendía.
Le había dicho que la amaba, que era su vida, y ahora, le devolvía el único indicio que podía recordarle aquello que alguna vez podía haber sucedido entre ellos dos.
-No puede hacerme esto- sollozo la castaña.
La pelirroja se acero tímida a su amiga y le entrego el trozo de pergamino que se había dispuesto a leer.
La castaña se secó el rostro y sujeto el pergamino, pero al notar de qué se trataba sollozo aún más fuerte.
Era la carta, aquella carta donde había plasmado su corazón con las palabras que apenas podían acercarse a todo aquello que había querido decirle. ¿Por qué tenía que hacerle eso? Tratarla de esa manera.
-¿Qué ocurre Herms?- inquirió la pelirroja sentándose a su lado.
-¿Por qué me hace esto Ginny?- sollozo.
-¿Quién?- inquirió está sin comprender.
La castaña soltó un largo suspiro antes de responder.
-Severus…- dijo apenas en un susurro, como si le doliese pronunciarlo.
La pelirroja la miro extrañada por un segundo. Pensaba en que decir cuando su amiga intervino.
-Yo lo amo ¿Sabes? Lo amo como nunca llegue a amar siquiera a tu hermano… no sé qué paso, o porque fue que sucedió lo único que sé es que quiero pasar mi vida a su lado, me enamore de él… de tal manera que siento que muero si no está conmigo...
Al fin lo había dicho en voz alta. Había sentido una paz sencillamente indescriptible al expresar todo aquello que sentía que le oprimía el pecho y le cortaba la respiración.
Ginny parecía impresionada. Estuvo a punto de cuestionar a su amiga, de preguntarle si aquello era enserio, pero prefirió callar al ver otra gruesa lágrimas resbalar por la mejilla de ella.
-¿Qué ocurrió?- inquirió la pelirroja en un susurro.
-No lo sé- repuso Hermione sollozando.
-¡Oh! Vamos Herms… todo estará bien…
Hermione soltó una amarga carcajada.
-No lo estará- repuso -El tren a King Cross parte en un par de horas, después de esto no volveré a verlo
-Entonces corre, ve a buscarlo, soluciona las cosas- musito Ginny sonriente.
Hermione levanto la vista, y la observo un tanto confundida.
-¿Qué se supone que haga? Él no quiere verme…
-¿Cómo estas tan segura de eso?
La castaña suspiro.
-No te des por vencida, eres Hermione Granger, una mujer fuerte y hermosa que logra todo lo que se propone y que no se dejara abatir por tonterías, si de verdad le amas, ve a buscarlo, él no se permitirá perderte, no tan fácil.
Hermione le contemplo con una sonrisa de lado.
-Ginny, esto es complicado.
-No lo compliques más, solo búscalo, dile lo que sientes.
La pelirroja poso su mano sobre la de la castaña, al tiempo que sonreía. La castaña volvió a soltar un largo suspiro, decidida esta vez.
-Lo hare- susurro contemplando agradecida a la pelirroja.
Por un segundo ambas callaron.
-Pero corre, el tren parte en poco más de una hora.
Hermione sonrió una última vez y abandono la habitación, con ambas notas arrugadas dentro del bolsillo de su chaqueta y aquel reloj jugueteando entre sus dedos.
**********Narradora**********
Seguramente, en aquel momento debería estar partiendo hacia Hogsmade, rumbo a la estación y aun que se negara a aceptarlo, había conservado la pequeña esperanza de que fuera a buscarlo.
Pero… ¿Por qué habría de hacerlo?
Luego de haberle hecho aquello, no habría razón para que ella le buscase, para que quisiera volver a saber de él.
¿Por qué le había devuelto el reloj, y la carta? Aquella carta que significaba tantas cosas para él… ni siquiera él lo sabía.
Lo había hecho en un arranque de descontrol, en un intento de alejar de él todo aquello que le recordaba a ella pero, el simple hecho de mantenerse vivió la hacía pensar en ella.
¿Cómo podía ser tan estúpido? ¿Cómo podía dejar que se alejara de su lado de aquella manera?
Pero, de alguna forma, Dumbledore tenía razón. Por duro que le resultase aceptarlo, era lo mejor para ella. Y él, siempre buscaría la forma de que ella estuviera bien. Y si la mejor manera era alejándose de ella, eso haría.
Su mente, en aquellos momentos se encontraba en aquel dialogo interior cuestionándose a sí mismo por sus estúpidas decisiones cuando le pareció oír que alguien golpeaba a la puerta de su despacho. Por un segundo, su corazón dio un vuelco, al pensar que se trataba de ella, pero eso resultaba sencillamente estúpido, seguramente se trataría de Dumbledore, que vendría a molestarlo con cualquier estúpido comentario.
Por un momento considero muy seriamente el no responder, fingir que no se encontraba ahí, pero sabía que Dumbledore no se tragaría esa mentira, y que insistirá hasta que él abriese.
-Adelante- musito de mala gana.
La puerta se abrió lentamente revelando aquella esbelta figura que era la dueña de sus sueños y la creadora de todos aquellos problemas que ahora lo agobiaban.
Por un segundo, un incómodo silencio invadió el lugar. Hermione lo observaba con aquellos ojos miel, un tanto hinchados por el llanto, del que él sabía, era el causante.
-¿Se le ofrece algo Granger?
-¿Puedo entrar?- inquirió la chica aun de pie en el marco de la puerta.
-Le dije que entrara, ¿Es que acaso esta sorda?
Había olvidado como ser frio. Aquel sarcasmo e ironía que parecían siempre colgar de sus labios, desaparecían frente a ella. Aquellas palabras suyas, cortantes, secas, siempre presentes en su vocabulario parecía haberlas olvidado.
La castaña entro con las piernas temblando bajo su peso como gelatina. Por un momento se tambaleo, de nuevo estaba mareada.
La chica cerró la puerta detrás de sí, y de nuevo el silencio invadió la invitación.
-¿Y bien? ¿Se va a quedar ahí esperando hasta que comience a nevar?
Snape la observaba con una ceja levantada.
-Yo... yo ven-ven-vengo a hablar conti… con usted.
-¡Granger! Basta de balbuceos y hable ¡ya!, no tengo todo su tiempo.
A Hermione le dolían aquellas palabras, aquel tono frio y falto del cariño que alguna vez le había escuchado, pero sabía que al también le dolía, no podía simplemente haberla olvidado.
-Quería despedirme de usted, profesor
Snape la contemplo con un profundo dolor disfrazado de sorpresa.
-¿De mí? No veo por qué deba interesarme el que usted se vaya...
-¡Quieres parar!- lo corto Hermione perdiendo la paciencia.
Snape la volvió a contemplar con una ceja levantada. Sabía lo que se avecinaba.
-¡Estoy cansada de esto! ¡De que finjas que nada ocurre!
-Señorita Granger, no sé de qué diablos habla y le pido, baje su tono de voz, que no permitiré que me hable de esa manera…
-¡Solo cállate! ¡Porque tienes que seguir fingiendo?
Snape estuvo a punto de responder pero prefirió callar.
-¿Por qué tenías que devolverme esto?- exclamo la castaña arrojando la bola de pergamino amarillento, que fue a parar contra el pecho del pocionista.
-No sé a qué se refiere Granger, es solo un trozo de pergamino.
-¿Eso es para ti? ¿Solo un trozo de pergamino?
Snape sabía perfectamente que para el podían significarse tantas cosas, pero no un trozo de pergamino.
-¿Y esto?- grito la chica agitando el otro trozo de papel en su mano -"No puedo seguir con esta tortura. Lo siento" ¿Crees que acaso yo soy muy feliz?
-Granger, solo salga de mi despacho y lárguese
-¿Por qué tienes que tratarme así?- bramo la chica.
Snape resoplo cansado.
-Hermione…
-¡No! Snape ¡Por que! ¿Porque tienes que fingir que nada ocurre? ¿Por qué tienes que evitarme?
-¡No te estoy evitando!- bramo Snape.
Había olvidado aquel intento suyo de tratarla como una alumna más, de hablarle de usted y llamarla por su apellido.
-¿Y por qué no puedes decírmelo a la cara? ¿Acaso eres tan cobarde para ello?
-No te atrevas a llamarme cobarde- exclamo Snape poniéndose de pie.
-¿Y qué nombre tiene esto que haces?- exclamo la chica lanzando el reloj sobre la mesa.
El reloj resbalo por la obscura madera hasta caer al piso. El cristal del reloj se estrelló contra el suelo, haciéndose añicos. Así como el corazón de ambos.
Por un segundo, ambos lo contemplaron, sin decir nada.
-Te odio- sollozo la chica
Snape pensaba en algo adecuado que responder cuando la chica volvió a hablar.
-¡Por que tenía que enamorarme de alguien como tú!
Severus la contemplaba sin atreverse a decir nada.
-¡Eres lo peor que me ha pasado! ¡Me arrepiento de cada minuto a tu lado!
En su vida, JAMÁS, había sentido el dolor que sintió en aquel instante. Todo a su alrededor pareció derrumbarse. Su mundo se vino abajo.
-Granger, salga de mi despacho- musito con voz ronca.
-Deja de llamarme "Granger" ¡Merlín! ¡TE ODIO!
Snape estaba cansado. Se acercó a ella ferozmente sujetándole fuertemente por la cintura, casi haciéndole daño.
-¿Si tanto me odias por que tenías que venir a despedirte?
La castaña sollozo, evitando verlo a los ojos.
-Suéltame…- exclamo intentado zafarse del agarre de Snape.
Estaban tan cerca, como hacía tiempo que no lo habían estado, como hacia tanto que extrañaban estar. La loción de Snape flotaba hasta sus fosas nasales embriagándola al igual que el perfume de la chica hasta la nariz del pocionista.
-¡Respóndeme!
-¡Creí que sería diferente! ¡Pero veo que ni siquiera te intereso! ¡Soy una tonta! Pensé que sentías algo por mi…
Snape resoplo, al fin liberándola.
-Solo fue una aventura…
-¡No! No fue solo una aventura, eso entre tú y yo fue más que eso, y tú lo sabes.
Snape estuvo a punto de responder a no ser por la fuerte campana quee retumbo por todo el castillo, indicando que recién, habían dado las 12.
-Debes irte, o no alcanzaras el tren
Hermione callo por un segundo, contemplando el piso.
-¿Y ahora qué?- musito de pronto, sin atreverse a mirarlo a la cara -¿Simplemente termino?
-Nunca comenzó…
-¿Y que fue todo aquello? ¿Pretendes que solo lo olvide? Así, sin más…
-Hermione…
-¡Eres el amor de mi vida Severus! ¿Acaso no lo entiendes?
-Vete… no me hagas más esto, por favor.
La castaña respiro hondo, reuniendo el valor suficiente.
-Bien… entonces… Adiós…
Severus no tuvo el valor para responder y solo atino a mover la cabeza en señal de despedida.
La castaña abandono el despacho con un sonoro portazo.
¡Acaba de perderla! ¡Merlín como podía ser tan idiota! Quiso abrir la puerta, correr tras ella; gritar su nombre.
La castaña dejo resbalar lentamente su espalda por la puerta ya cerrada.
¡Lo había perdido! Todo se había ido a la basura… ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué?
De pronto, escucho el ruido de cristales rotos contra la puerta del despacho.
Seguramente, había comenzado a desquitarse con todo aquello que estuviera a su alcance.
Se puso de pie, secando sus ojos, y comenzó a andar por el largo pasillo, cuando se percató que aun sostenía aquel trozo de pergamino arrugado en su mano.
Volvió a contemplarlo y por un segundo, su mundo pareció iluminarse.
El reverso de aquella insignificante nota, oculto entre tachones y borrones se leían las palabras "te amo". La chica sonrió aun con lágrimas en los ojos.
Corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron. Abrió la puerta del despacho sin preocuparse en tocar y sin más se lanzó sobre él, besando sus labios apasionadamente, apenas dándole tiempo de reaccionar.
Snape apenas a tino a rodearla por la cintura, alejándola un poco de sí.
-No me hagas esto…- susurro la chica, volviendo a besarlo tiernamente en los labios.
FIN...
Hola!
Como estan?
Bien, que les parecio el final de mi historia. De verdad espero les allá gustado, y agradezco a todos aquellos que siguieron esta historia. Muchisimas Gracias! Y saben, como los amo muchote, les tengo una buena noticia, ¡Habra epilogo!
Así que espero sus reviews y tratare de actualizar pronto.
Les mando un millon de besos aplastantes.
Feer :3
