Hola a todos ¿Cómo han estado? Aquí he vuelto con otro capitulo de este fic. Quería agradecerle los comentarios a Nico2883, a Solitario196, a Otaku Girl y a boons-007.


Nami abandonó el bar luego de haber buscado por todos lados. Empujó la puerta con fuerza y sintió el frío de la noche en su rostro. Frunció el ceño y comenzó a girar la mirada en busca de Law. Había bastante gente allí. Personas que salían para fumar, parejas que salían para tener privacidad, gente que andaba paseando por los jardines de la universidad. Un poco de todo. Pero no había rastros de Law.

Soltó un bufido y bajó la mirada. Las cosas cada vez estaban más complicadas.

- Nami ¿Qué sucedió? - La dulce voz de su hermana apareció en sus espaldas.

- Tengo que encontrar a Law - Murmuró aun que sabía que ya no había caso en seguir la búsqueda. Se abrazó el cuerpo con ambas manos y respiró profundamente - Creo que las cosas ya no dan para más -

- Nami... - Murmuró apenada - ¿Quieres hablar? -

Cuando vio que su hermana afirmaba en silencio y con la mirada perdida en el suelo, la tomó de la mano y comenzaron a caminar hacia los departamentos que les alquilaba la universidad para vivir durante todo el año escolar. Llegaron a la habitación que la menor compartía con sus amigas e ingresaron lentamente. Luego de que Nojiko cerrara la puerta detrás suyo, contempló a su hermana que se dejó caer en el sillón que decoraba la mitad de la sala. Caminó hasta ella e hizo exactamente lo mismo.

- ¿Qué es lo que pasó con Luffy? - Cuando vio que su hermana alzaba la mirada con velocidad, supo que había dado en el clavo - Luego de lo que pasó, no es muy normal que ustedes dos bailen juntos -

- Simplemente hablamos y llegamos a la conclusión de que es estúpido vivir con el remordimiento del pasado - Comentó mientras posaba sus ojos en la ventana más cercana.

- ¿Y eso que significa? - Preguntó sin quitarle la mirada.

- No significa nada, No, solo somos amigos - Afirmó algo frustrada.

- Nami... - Acarició sus largos bucles anaranjados - Cuando empieces a escuchar a tu corazón, encontrarás la paz que estas buscando -

Su hermana se puso de pie y la pelinaranja no hizo más que contemplarla mientras abandonaba su habitación. Bajó la mirada y se llevó la mano al rostro. Quizás tenía razón, quizás tenía que comenzar a escuchar a su corazón y olvidar por completo lo que su mente le decía. ¿Perdonar a Luffy? Ya lo había hecho ¿O no? Por algo habían estado bailando como cuando eran viejos amigos, pero... ¿Perdonarlo hasta el punto de volver a tener una relación con él? No, no tenía sentido. Además, él también estaba en una relación ahora. Y si renunciaba a Law, perdería todo, quedaría sola. Y estar sola era...

Frunció el ceño. ¿Estar sola era malo? Su hermana, sus amigas, todas estaban en pareja y ella... ¿Quedaría sola para siempre? Quizás no era mejor arriesgarse, a veces el destino se encargaba de acomodar las cosas por si solas.

(...)

La mujer pasó el aparato por su vientre y sintió el gel frío sobre su piel. Era la cuarta o quinta vez que visitaba a la ecografa pero nunca terminaba de acostumbrarse. Como todas las otras veces, no había ido sola. Se encontraba con el hombre al que había elegido para vivir el resto de su vida. El hombre con el que llevaba un poco más de tres años de relación. Apretó su mano con fuerza cuando un escalofrío helado recorrió su espalda. La doctora, quitó el aparato de su vientre y sonrió.

- Todo esta perfecto ¿Quieren saber el género? -

Ambos intercambiaron una mirada con el rostro serio. ¿Querían saber el género del bebé, saber si era niño o niña? Contempló la mirada del morocho, sabía perfectamente que él esperaba tener una niña. Y ella... bueno... en realidad, poco le importaba si era hombre o mujer, lo único que quería era que fuese un niño sano y lleno de vida. Sonrió y asintió con el rostro.

- Es un varón -

(...)

El día había llegado. La ronda final del torneo de karate estaba por empezar en poco tiempo. Ese día se definiría al campeón masculino y femenino. La y el mejor de ambos grupos. Nami bajó los escalones de las gradas y se dejó caer junto a sus amigas. Habían sido unos días bastante extraños, en los que había experimentado la soledad en su máxima expresión. Desde esa noche en bar, no había tenido más contacto con Law y las cosas se estaban volviendo cada vez más extrañas. Había ido a su departamento varias veces en busca de una conversación, pero no había podido encontrarlo. No sabía si estaba, por lo que prefería alejarse. Quizás no quería hablar, o simplemente había salido para estudiar, realizar practicas o verse con algún compañero de curso. Ya no sabía que pensar. Pero no lo juzgaba, últimamente, ella también se estaba comportando como una niña.

- ¿Nami? ¿Estás bien? - Robin la contempló fijamente.

- Si... No es... No es nada - Desvió la mirada, sabía que no había sonado nada convencida. Y lo peor era que Robin notaba todos esos detalles.

En el momento que Koala apareció en escena, todos los presentes soltaron gritos, chiflaron y aplaudieron. La pelinaranja caminó hasta el lugar donde le habían indicado y luego de saludar con una sonrisa, posó sus claros ojos en el enemigo. Era una mujer de cabello largo y oscuro, cuyos ojos negros estaban fijos en ella. Había oído hablar de sus habilidades y la había observado durante todas las batallas. Conocía sus movimientos, sabía de sus tácticas y, particularmente, su modo de pelea no le parecía del todo limpio. Desvió la mirada hacia los jueces y resopló, esperaba que no fueran tan ciegos esta vez.

Ambas subieron al ring y fueron obligadas a saludarse. Cuando la extraña soltó una desfigurada sonrisa, sintió cierto sobresalto en su pecho. Algo no le terminaba de cerrar en esa mujer, pero lucharía. Daría lo mejor de sí, e iba a ganar. El árbitro las obligó a posicionarse y cuando el pitido sonó, ambas comenzaron a luchar.

Intercambiaron golpes, patadas. Los golpes no eran intencionados dado a que su objetivo no era lastimar, sino ganar puntos para que la medalla final sea suya. La pelinaranja atajó un puñetazo y utilizando su brazo como palanca, la hizo girar por los aires. La extraña mujer calló de espaldas y el árbitro las separó. Cuando ésta se puso de pie, pudo sentir la ira en sus ojos. Por alguna extraña razón, el pánico volvió a apoderarse de su cuerpo. Y cuando la vio acercase, se repitió varias veces que no podía tocarla, que era solo un torneo. Cuando el pie de la mujer se apoyó en su rodilla, sus ojos se abrieron como platos. Y al sentir la presión en su pierna, no pudo evitar soltar un chillido. El dolor se apoderó de su cuerpo y su vista se nubló. Solo podía ver oscuridad. Pero oía todo. Los gritos de la gente presente comenzaron a inundar sus oídos. Cerró los ojos con fuerza y cuando los abrió, notó que todos los jueces estaban alrededor suyo.

- ¿Qué...? ¿Qué pasó? - Preguntó al encontrarse en el suelo.

- Traigan a la ambulancia - Oyó gritar al árbitro.

Intentó ponerse de pie pero su cuerpo no se movía, no reaccionaba. Desvió la mirada hacia su pierna derecha y notó que esta tenía una forma extraña. El aire escapó de sus pulmones pero no se movió de su lugar. Cuando vio que los jueces se hacían aun lado, distinguió el rostro de Sabo emerger entre la multitud.

- ¿Qué pasó? - Le preguntó al verlo con los ojos posados en su pierna.

- Maldición... - Se giró e hizo señas - ¡Rápido, traigan a alguien! -

Distinguió a dos hombres que se acercaron a las corridas con una camilla de plástico rojo en sus manos, la apoyaron en el suelo y la subieron en ella. Cuando la levantaron, sintió el dolor de su pierna. Estiró su mano e intentó tocarla pero uno de los médicos le dijo que no se moviera. Sintió la mano del rubio deslizarse sobre la de ella y no pudo evitar observarlo.

- Vas a estar bien ¿De acuerdo? - Pero como podía tragarse eso si su expresión...

Notó que la soltaba cuando la subían en la blanca ambulancia que se había contratado para el evento. Cuando las puertas se cerraron, contempló la luz de la ambulancia y notó que los médicos tocaban su extremidad para evaluar los daños y las posibilidades. Y, una vez más, el terror se apoderó de su cuerpo.

(...)

Ace, Sabo y Nojiko habían viajado hasta el hospital en ese mismo momento. Llegaron poco después de que la ambulancia ingresara en el edificio. Y llevaban varios minutos de pie, en la puerta del salón donde la pelinaranja se encontraba. El rubio se llevó una mano a la cabeza y apoyó su puño contra la pared más cercana.

- Esto es mi culpa, no tendría que haber... -

- No te culpes - La mujer se acercó y acarició su brazo con cariño - No es culpa de nadie, las cosas simplemente pasan -

- Esa mujer tenía mala reputación - Añadió Ace mientras soltaba un suspiro - Es de esas personas que no saben controlarse -

- Yo le insistí en que participara, pese a que no quería - Sabo se alejó de la puerta y apoyó sus manos en la ventana cerrada que daba a un pequeño jardín.

- No seas así - El morocho frunció el ceño - Si no hubiese querido participar, no lo hubiera hecho -

- Es verdad, ella estaba feliz de haber entrado en el torneo - Acotó Nojiko - Ace tiene razón, no se hubiera presentado de no querer -

Cuando el médico salió, los tres voltearon bruscamente. Se acercaron a toda velocidad al hombre que llevaba una bata blanca y un archivador en sus manos.

- ¿Cómo está? - Preguntó el rubio.

- Se ha sacado la rodilla de lugar, vamos a tener que acomodarla - Dijo mientras leía el archivo que habían acabado de realizar - Tendrá que realizar mucho reposo y posiblemente le quede alguna que otra secuela -

- ¡¿Secuela?! - Exclamó la mujer.

- Quizás dolores cuando realice ciertos movimientos y la posibilidad de que vuelva a salirse, todo depende de ella - Explicó.

- ¡Maldición! ¡No va a poder volver a competir! - Sabo volteó y se alejó dando pasos fuertes y bruscos - Tendría que haber... -

- Bien, gracias - Ace le tendió la mano al doctor y volteó hacia su hermano - Oi, ya cálmate -

- No lo entiendes, es mi culpa - Insistió.

- No es tu culpa, maldita sea, Sabo, ya para -

Nojiko bajó la mirada y contempló el pálido suelo del hospital. A veces uno tenía que abstenerse a las consecuencias de sus acciones. Pasó la mano por su vientre y soltó un silencioso suspiro. Cuando alzó la mirada, quedó helada. Distinguió a Law de pie frente a un grupo de doctores, hablando y discutiendo ciertas cosas. Su hermana le había contado que no había podido dar con él desde la otra noche en el bar. Cuando el hombre la vio, dijo algo más a los médicos y se acercó a ella a paso lento.

- ¿Qué hacen aquí? - Preguntó con las manos metidas en los bolsillos de la bata.

La mujer le contó lo sucedido. Le explicó el accidente durante el torneo y el parte médico que acababan de darle.

- ¿Está en esta sala? - Contempló la puerta con la mirada serena.

- Si... -

- Iré a echar una mano, los haré pasar cuando este bien - Avanzó hacia la puerta.

- Gracias... - Murmuró antes de que desapareciera.

Esperaron casi dos horas hasta que pudieron ver a Law aparecer en el umbral de la puerta. El hombre tenía los la mirada cansada, sin lugar a dudas habían estado todo ese tiempo intentando tranquilizar el dolor y terminando de evaluar la situación para dar el parte final. Cuando intercambió una mirada con Nojiko, les hizo señas para que pudieran ingresar. Los hombres se adelantaron e ingresaron a toda prisa sin siquiera notar que se trataba de Law, pero Nojiko se detuvo cuando estuvo a su lado. Alzó la mirada y lo contempló fijamente.

- Mi hermana te estuvo buscando - Murmuró.

- Lo sé - Desvió la mirada y posó sus ojos en la ventana.

- Sé que las cosas no están yendo bien - Le tomó una mano y la apretó con fuerza. El morocho giró con brusquedad y la contempló con los ojos bien abiertos, casi pasmado - Pero por favor, habla con ella -

El morocho respiró profundamente y bajó la mirada. Asintió con el rostro y cuando sintió la libertad de su mano, volvió a meterla en el bolsillo de su bata.

- Iré a hablar con ella ahora, mi horario terminó -

- Gracias -

Cuando Nijiko ingresó en la habitación, se encontró con que la pelinaranja estaba consciente. Cosa que la sorprendió. Se acercó lentamente y le sonrió apenada. Al menos se veía bastante bien... Pero la situación de su pequeña hermana no podía borrarse de su mente. Solo esperaba que las cosas terminaran bien.

(...)

Las cosas habían acabado mal y sus hermano no le habían dejado acompañarlos. Eso le había generado cierta molestia por lo que, para descargar tensión, había decidido ir al campo a patear pelotas al arco. Al menos, pese a que se encontraban en vacaciones, entrenaría para volver a iniciar el torneo con todas las tácticas mejoradas. Corrió con la pelota de un extremo a otro y cuando notó el arco frente a sus ojos, pateó con todas sus fuerzas. La red atajó la pelota y él soltó una sonrisa. Todavía no había perdido su toque. Caminó hasta el arco y tomó la pelota, para luego apoyarla en el centro de la cancha. El sol era poderoso y las gotas de sudor ya comenzaban a resbalar de su frente.

Pero cuando estuvo a punto de patear, notó que no se encontraba solo. Giró hacia atrás y notó que Nami yacía de pie en las pequeñas gradas que bordeaban el costado derecho de la cancha. Frunció el ceño y alzó una mano poder tapar el sol y mirar mejor. Sí, no había dudas, se trataba de ella. La saludo con una mano y una sonrisa en sus labios pero al ver que ésta se dejaba caer en un banco, su sonrisa se borró. Recogió el balón y comenzó a subir los escalones con rapidez.

La encontró con la mirada fija en el piso y sus ojos parecían tristes y cansados. Se dejó caer a su lado y la contempló de reojo.

- Oi... ¿Sucede algo? - Preguntó preocupado.

- No... Solo quería pensar - Murmuró.

- ¿Pensar? - Alzó la mirada y contempló el cielo - ¿Pensar en qué? -

- Yo no veo a Law hace días -

- ¡¿Qué?! - La relajación que había tenido por unos momentos, se borró. El morocho se incorporó y la contempló con los ojos bien abiertos - ¿Días? -

- Desde la noche en el bar... - Especificó mientras desviaba la mirada hacia la zona boscosa del predio universitario.

- ¡¿Por qué?! - Los había visto juntos cada día y ahora...

Pero al no obtener respuesta, soltó un suspiro. Siempre había creído que ellos dos eran como la pareja perfecta. Incluso había sentido mucha envidia al saber que ella estaba siendo feliz con otro hombre, al saber que otra persona ocupaba el lugar que siempre había querido tener. Bajó la mirada y al ver que su cuerpo comenzaba a temblar, no pudo evitar abrazarla.

- Oi, tranquila - Susurró en sus oídos - Te ayudaré a buscarlo ¿Quieres? -

Notó que su remera comenzaba a humedecerse y no pudo evitar apretarla aun más contra su pecho. El calor de su piel y el olor a mandarinas que emitían sus cabellos, impregnaron sus sentidos. Siempre le había molestado ver a sus amigos llorar, verlos tristes, verlos sufrir. Pero desde que ella había llorado por su culpa, cada vez toleraba menos verla llorar. Al notar los primeros sollozos salir de sus labios, la separó de su cuerpo con delicadeza. No quería verla así. La tomó por los hombros y apoyó su frente contra la de ella.

- Oi, no llores - Le ordenó con sutileza - Iremos a buscarlo - Con sus pulgares, interrumpió las cascadas de lágrimas antes que pudieran caer al cuello - Pero deja de llorar -

Sabía que era inútil. La mirada de la mujer estaba posada en el suelo y las lágrimas no paraban de salir de sus hermosos ojos. Respiró profundamente y alzó el mentón de la joven con su mano. Sabía que iba a arrepentirse, sabía que lo que estaba a punto de hacer, empeoraría las cosas. Pero... Pese a esos pensamientos... Acercó sus labios y los apoyó suavemente sobre los de la pelinaranja. Al ver que sus ojos se abrían y lo contemplaban firmemente, no pudo evitar atraerla aun más contra su cuerpo.

Habían pasado tres años, tres largos años. Y no se había percatado de ello hasta que volvió a sentir su dulce sabor. Y cayó en la cuenta de cuanto lo extrañaba. Cuanto lo necesitaba. Se separó lentamente y la contempló expectante. Se merecían un buen puñetazo en el rostro, pero pese a que esperaba tal reacción de la pelinaranja, solamente recibió sus labios de nuevo. Esta vez fue él el sorprendido. Cuando ella se zambulló, no pudo evitar preguntarse que era lo que estaba pasando. Las cosas se estaban saliendo de control. Y era consciente de que no podía controlarse. Las cosas ya estaban hechas. Cerró los ojos y la tomó por sus cabellos. Sin lugar a dudas, nadie podía reemplazar lo que esa mujer le hacía sentir. Nadie.

(...)

Law estacionó su vehículo y se bajó, para luego quietarse la bata blanca y arrojarla dentro del auto. Las prácticas que había conseguido en el hospital de la ciudad lo estaban dejando sin energías. Se pasó la mano por los cabellos y notó que ya estaba sudando, el calor incrementaba con cada hora. Contempló el sol brillante e imponente, y soltó un suspiro. Si iba a buscar a Nami tenía que hacerlo en ese mismo momento. El cansancio no le dejaba energías para pensar en otra cosa que no fuese su cama.

Alzó la mirada y contempló que Zoro, Sanji, Usopp y Kaya yacían en el estacionamiento. Ajustó la mirada y notó que el peliverde yacía recostado en el suelo, intentando arreglar su motocicleta. El rubio sostenía sostenía varias bebidas mientras le tendía una a la mujer, y el morocho no hacía más que entregarle las herramientas necesarias mientras intentaba seguir un estúpido libro que se titulaba "Arregle su moto con sus propias manos". Respiró profundamente y caminó hacia ellos.

- ¿Saben donde esta Nami? - Preguntó serio.

- Dijo que iría a caminar - Comentó Kaya luego de contemplarlo con sorpresa - Ha tomado el camino a las canchas de fútbol -

El morocho sintió en forma de agradecimiento y se alejó rápidamente. Sabía que tenía todas las miradas posadas en él, pero no le importaba. A nadie le incumbía lo que estaba pasando entre ellos dos. Se perdió en los caminos que bordeaban toda la universidad. De esa manera, al menos, tendría mucho más tiempo para pensar en que decir y como. Escuchó unos pasos que lo seguían y volteó bruscamente.

- ¿Qué es lo que quieres? -

Divisó a la misma mujer de cabellos rosados que había visto aquella noche en el bar. Un sabor amargo trepó por su garganta al recordar cuanto solía hablar, como solía interponerse en su vida. La joven llevaba unos vaqueros cortos y una remera blanca cuyo escote dejaba entre ver en comienzo de sus pechos. Desvió la mirada avergonzado. Se sentía un idiota por detener su mirada en esa zona de su cuerpo.

- Te busque por días - Soltó mientras se acercaba. Bonney metió la mano en su bolsillo y sacó varios billetes - Por el trago que me diste la otra noche -

- No hace falta, te lo regale - Dijo y volteó para seguir su camino.

- Me lo diste porque estaba insoportable - Corrió a su lado y le tendió el dinero mientras caminaba junto a él.

- No lo quiero - Murmuró rasposamente.

- Bien... - Soltó un bufido y con el ceño fruncido, guardó el dinero de nuevo en su bolsillo - ¿Cómo vas con tu chica? - Al notar que no había respuesta, añadió - ¿Ya no es tu chica? -

- Por el momento lo sigue siendo -

El morocho alcanzo a ver las canchas en donde solían jugar partidos en épocas de clases pero no vio a la pelinaranja allí. Frunció el ceño y soltó un gruñido. Maldición... Tendría que buscarla por toda la universidad. El sueño comenzó a apoderarse de su paciencia e incluso estuvo a punto de dejar todo e irse a la cama. Pero recordó el pedido de Nojiko y se obligó a quedarse en su búsqueda.

- Estoy buscando a Nami - Comentó y la miró a los ojos.

- ¿Así se llama? - Sonrió picaramente - ¿Se supone que estaba aquí? -

- Si... - Desvió la mirada y contempló el bosque. Quizás se había desviado en el camino.

- Tienes cabellos naranjas ¿Verdad? - Preguntó sin quitar la mirada un punto fijo.

- Ajam... - Respondió mientras se giraba a verla, nunca se cansaba de preguntar...

- Bueno... Ya la encontré... - Apuntó hacia las gradas.

Los grisáceos ojos del morocho se desviaron hacia las gradas. Y en el momento en que los vio, sus ojos endurecieron. Su ceño se frunció y tuvo que reprimir las ganas que tenía de maldecir. Respiró profundamente y los contempló unos segundos. Por más que quisiera obviarlo, sabía perfectamente que entre ellos dos nada se había olvidado. Incluso cuando vio a la pelinaranja devolverle el beso al morocho... Tuvo que desviar la mirada. Y lo que más le molestaba era le hecho de ya saberlo. Desde que Nami le había contado toda su historia... Siempre había sabido que no se había olvidado de Luffy... Y ahora lo único que veía, era lo que él mismo había estado reprimiendo desde hacía mucho tiempo.

- ¿Estás... estás bien...? - Bonney posó sus ojos purpuras en su rostro - ¿No vas a decir nada? -

- No... - Susurró - Dejaré que ella me lo cuente -

El morocho bajó la mirada y tomó a la mujer por su brazo. Comenzó a caminar hacia el camino a la universidad mientras la arrastraba consigo.

- ¡¿Qué estás haciendo?! -

- Me debes un trago - Comentó serio.

(...)

Los días pasaron y la recuperación de Koala se hizo más notoria. Luego de un dos días en el hospital, los médicos le dieron el alta y ella pudo volver al pequeño departamento en el predio universitario. Pero las cosas en mejoraban para todos los integrantes del grupo. Nami se había dado por vencida en la continua búsqueda de Law. Había llegado a la conclusión que el morocho no quería hablar con ella y por eso prefería no seguir molestándolo. Además, luego de ese extraño gesto que había tenido con Luffy, también se había distanciado de él. Quería estar sola y todos sus amigos notaron ese cambio de actitud.

Por parte de Luffy, él simplemente le dio su tiempo. Sabía que las cosas no estaban yendo bien y sabía que con su interrupción, solo empeorarían. Después de todo, el principal causante de los problemas en la relación de la pelinaranja, era él.

El morocho se dejó caer en una banca y sacó el bento que Sanji le había preparado. Abrió la caja y comenzó a engullir su comida con energía.

- ¡Aquí estas! - La voz de Margareth no lo sacó de sus pensamientos - Oi, mira -

Luffy metió un pedazo de carne en su boca y giró a verla mientras masticaba. La rubia cargaba con varios papeles que tenían el extraño dibujo de una universidad. Él forzó su mirada y leyó el nombre de otro establecimiento educativo.

- Es mi universidad - Al ver que el joven ni se inmutaba, aclaró - ¿Recuerdas que estoy aquí por intercambio? Bueno... En poco tiempo vence mi estadía y debo volver... -

- ¿Qué? - Preguntó sorprendido con la boca llena - ¿Ya te vas? -

- Si... - Bajó su mirada apenada pero luego de unos segundos volvió a alzarla - ¿Por qué no te transfieres? - Los ojos del morocho se posaron en los de ella de manera sorpresiva - No nos separaríamos, y podremos seguir juntos ¿Qué te parece? -

- ¿Transferirme? - Frunció el ceño - ¿Sería por un tiempo? -

- Sería para siempre... - Murmuró sorprendida al notar la negación en su voz.

- ¿Y qué haría con mis hermanos? ¿Mis amigos? - Se puso de pie con el bento en la mano, pero nunca se detuvo de engullir comida.

- Podrías visitarlos de vez en cuando, los fines de semanas, en vacaciones - Le explicó mientras alzaba sus manos - Estarás mejor allí, además... - No sabía si decirlo o no - Si te alejas de Nami, quizás las cosas entre Law y ella, mejoren -

Al oír esas palabras, bajó la mirada. Si él se iba, si él dejaba de meterse en su camino... Las cosas mejorarían, todo se arreglaría. Recordó la primera vez que los divisó juntos. Había sentido tanta rabia y en cierto punto, se había enojado con ella. Pero... No tenía derecho.

- Tengo que pensarlo -

- Tomate tu tiempo - Sonrió amablemente.

El morocho pegó media vuelta y se alejó masticando. Pero cuando quiso tomar otro pedazo de carne, notó que ya había terminado todo su almuerzo. Arrojó la caja en el cesto más cercano y comenzó a correr. ¿Irse a otra universidad? No estaba del todo seguro, pero... Divisó a Sanji y a Vivi sentados en una de las muchas bancas y tuvo que desviarse hacia ellos.

- ¡Sanji! ¡Ayuda! -

Al oír su voz, el rubio se puso de pie.

- ¿Luffy? ¿Qué esta pasando? - Preguntó sorprendido, esperando otro enfrentamiento con alguien.

- Quiero más bento - Comentó.

- ¡¿Eres idiota?! - El rubio sacó un cigarrillo de su bolsillo y lo llevó a la boca para luego encenderlo - ¡Creí que algo grave había pasado! -

Cuando Luffy se dejó caer entre ambos, Vivi lo contempló seria. Su mirada no poseía el mismo brillo que todos los días. La peliceleste se acomodó para que el morocho pudiera sentarse más cómodo y luego de que Sanji volviera a su lugar, se animó a hablar.

- Oi ¿Qué ha pasado? - Estiró su mano y la apoyó en la rodilla del morocho.

- ¿Pasado? Nada... - Comentó mientras desviaba la mirada lejos de los oscuros ojos de su amiga.

- Sabes perfectamente que no sabes mentir, Luffy - Dijo seria - Anda, dinos -

- Creo... creo que voy a transferirme a la universidad de Margareth - Susurró posando sus ojos en el suelo.

- ¡¿Qué?! - Exclamaron al unisono.

- Pero... ¿Por qué vas a hacer eso? - Sanji frunció el ceño.

- Es lo mejor para todos -

Se puso de pie, sorprendiendo a ambos tanto con su respuesta como con su acción, y se alejó. No quería hablar de tema con nadie más. Solo quería estar solo.

(...)

Nami cargaba una bolsa de plástico. Ir al supermercado en busca de provisiones le había resultado gratificante para distraer su mente de los sucesos de su vida. Subió por las escalera y atravesó el gran pasillo que la separaba de su apartamento. Cuando arribó, apoyó la bolsa en el suelo y metió la mano en su bolsillo para sacar su llave. Una vez que la colocó en el picaporte, abrió la puerta. Vio la sonrisa de Robin quien alzó la mirada con una sonrisa, pero cuando estuvo a punto de ingresar, alguien la tomó de la mano.

La pelinaranja volteó bruscamente y al ver a Law, lo contempló sorprendida. Había quedado helada.

- Necesitamos hablar - Dijo éste con la mirada tiesa.

Ella asintió en silencio y tendió la bolsa hacia dentro.

- Robin - La morocha, igual de desconcertada que ella, se puso de pie y tomó las provisiones con delicadeza - En seguida vuelvo -

El morocho la arrastró escaleras arriba, subieron hasta el último piso de la universidad. Esquivaron alumnos y abrieron la puerta que conectaba a la terraza. Luego de que él revisara todo, confirmando de que estaban solos, se apoyó contra la baranda que los separaba del precipicio. Contempló hacia abajo, las personas se veían muy pequeñas, casi como hormigas. Soltó un pequeño suspiro y volteó hacia la mujer. Ella yacía de pie, contemplándolo con la mirada expectante. Jugueteaba con sus manos, nerviosamente.

- Tenemos que hablar - Volvió a anunciar.

- Oi, yo... - Posó sus chocolatosos ojos en el suelo - Tengo que... tengo que contarte algo... - El morocho no dijo nada, simplemente clavó su mirada en ella - Luffy y yo... - Respiró profundamente - Nosotros... nos besamos y... -

- ¿Sabes que él también tiene novia, verdad? -

- ¿Qué quieres decir? Claro que lo se...- Lo contempló con el ceño fruncido. ¿A qué iba esa pregunta?

- Olvídalo - Bufó para luego agregar - Quiero hacerte una pregunta y quiero que seas sincera conmigo - Al ver que todo el interés de la pelinaranja estaba puesto en él, prosiguió - ¿Me amas? -

Lo que más le dolió fue el silencio. Hacia tiempo ese silencio habría sido reemplazado por un sí rotundo, pero ahora...

- Law... No quiero lastimarte... - Murmuró mientras daba un paso al frente y estiraba su brazo para acariciar su mejilla.

- Entonces... - Tomó su mano antes de que pudiera tocarlo - Respondeme -

- Eres una persona importante para mi, eres gentil, dulce y pese a que quieras ocultarlo bajo tu personalidad... siempre fuiste muy romántico pero... - Ese era el momento, tenía que soltarlo. Tenía que poder decirlo - Yo no te amo... -


Al fin las cosas se van desenredando. Gracias por leer y espero ansiosa sus comentarios. Ojala les haya gustado.

Próximo capitulo: La relación por fin ha terminado. ¿Qué sucederá cuando Luffy se entere? ¿Y cuándo decida ir a ver a Law para hablar con él? ¿Cómo reaccionará Nami cuando sepa que Luffy ha decidido realizar la transferencia a otra universidad?

Próximo capitulo se titula: Testimonios