Como siempre, daros las gracias a todos por vuestra infinita paciencia. Ya sé que igual el fic os ha dejado de interesar (normal por otra parte) y habéis perdido el enganche porque actualizo de guindas a puerros, pero me he propuesto como reto personal terminarlo, tarde lo que tarde.
Capítulo 26: El después.
Su mejor amiga estaba en la enfermería. Su mejor amigo, también. Uno de sus hermanos acababa de ser atacado por un hombre lobo. Y de los demás, no tenía noticias. Que bien, pensó Ginny con ironía.
Estaba sentada sobre una impoluta cama blanca, con un cabecero de metal esmaltado en ese mismo color, en una sala grande de Hogwarts habilitada para los pacientes en reposo. Y es que la enfermería se iba llenando por momentos, de modo que la señora Pomfrey ordenó que se acondicionara una estancia para mantener en observación a las personas fuera de peligro. Los improvisados ayudantes de la enfermera, se encargaban del traslado e instalación de los alumnos heridos en combate.
La muchacha miró a Bill, luego a Hermione y después a Neville. No es que las visitas estuvieran permitidas, pero dadas las circunstancias, nadie se fijaba mucho en ella, además, el hecho de tener a tres allegados inconscientes, ablandaba a cualquiera que fuera a regañarla por estar en ese lugar reservado. A Ginny le parecía que aquellos tres descansaban y lo achacó a una poción del sueño que seguramente les hubiera subministrado la señora Pomfrey.
Después de observar a su hermano, a su amiga y a su amigo con detenimiento, desvió los ojos hacia una de las ventanas de la sala y se perdió en la visión del lago. Inquietos pensamientos la asaltaban. No quería tener que enfrentarse a la mente aguda de Hermione. Había demasiadas cosas que explicar, la situación vivida en las mazmorras no se borraría de la cabeza de ninguna de las dos. Mierda, pensó ella, Tom debería haberla lanzado un Oblibiate. Sabía que había llegado el momento de contar a su amiga la verdad. Ginny no hubiera sabido explicar esa percepción pero que aquel era el día, era algo seguro.
Estaba extrañamente nerviosa y a la vez tranquila, ya casi había asumido a lo que tenía que enfrentarse: a la verdad desnuda en los oídos de otra persona. Seguramente Hermione se escandalizaría, se asustaría, se asquearía, se enfadaría… pero poco de eso importaba, lo que importaba era que lo supiera, simplemente. Ginny sentía que la verdad era un peso demasiado grande para ella sola y se preguntó a sí misma si no estaba siendo egoísta al cargar ese peso sobre los hombros de su mejor amiga. Se contestó que no, que no era egoísta porque conocía a Hermione y sabía que esta habría preferido conocer la verdad antes que quedarse en la inopia. La ignorancia (ni siquiera la ignorancia sobre aquellas cosas que dañan) no estaba hecha para Hermione Granger.
Ginny pensó que quizá podría salir de aquel atolladero con unas cuántas mentiras más, pero estaba difícil: Hermione la había visto al lado de Voldemort como si tal cosa, no iba a comulgar con ruedas de molino tan fácilmente. Además, estaba cansada. Presentía que no podía seguir ocultando al mundo su relación con Tom durante mucho más tiempo. Lo que estaba ocurriendo en Hogwarts precipitaba los acontecimientos de forma alarmante: Dumbledore seguramente la retiraría su apoyo; quizá a esas alturas ya se había descubierto el doble juego de Snape; tampoco creía que hubiera pasado desapercibida la "deferencia" que los mortífagos habían tenido con Ron y con ella.
Lo más fácil de todo para Ginny sería huir con Tom sin dar explicaciones ahora que estaba a tiempo. Pero a ver a sus amigos y a su hermano heridos en la cama, ese pensamiento se debilitó. Y definitivamente desechó la idea cuando se percató de que no sabía nada de sus otros seres queridos. La gustaría volver a abrazar a su padre, comprobar por sí misma que el resto de sus hermanos estaba bien, ver enteros de nuevo a sus amigos del ED. No, definitivamente esperaría a que se apagase el fuego de la batalla para huir y tal vez, entre los jirones de humo, se largaría de allí con Tom. Cuando todo estuviera bien.
Y apenas se daba cuenta de que acaba de tomar una decisión.
La batalla continuaba, pero ella ya no quería meterse dentro, no quería levantar más sospechas cuando otro mortífago intentara sacarla de allí a la fuerza a la vista de todos los presentes. Se levanto y se acercó a la ventana pero por los cristales únicamente vio la quietud del agua. Aunque no pudiera ver otra cosa que la aparente calma del Lago Negro, ella sabía que la contienda seguía; se palpaba en el ambiente, y los sonidos llegaban hacia ella, algunas veces llegaban amortiguados, como si el peligro estuviera lejos de allí, pero otras veces esos sonidos eran perfectamente audibles.
Esa ventana no ofrecía las vistas que deseaba en aquello momento, de modo que se fue hacia la otra pares de la sala donde había otra hilera de ventanas y Ginny calculó que por su ubicación, estas si daban a la parte de los terrenos de Hogwarts que la interesaba ver. No se equivocó. La imagen que se desplegó ante sus ojos era confusa y desordenada: había túnicas negras de todos los tipos, tanto de mortífagos como uniformes del colegio, también destellos de luces de colores que se diseminaban por todas las direcciones como producto de las maldiciones que unos y otros intentaban lanzarse, había restos del castillo de todas las clases, desde vidrios rotos, hasta enormes cascotes de piedra, pasando por árboles arrancados de raíz. Si había gigantes por alguna parte, Ginny no los veía y no eran precisamente pequeños como para escapar el campo de visión de uno, pero lo que sí observó fue el rastro de destrucción que posiblemente habían dejado. No sabía donde podían estar las montañas de carne y hueso en esos momentos, pero eso no la interesaba tanto como localizar entre todo aquel barullo a las personas que quería. Y finalmente lo hizo.
Sacó su varita y conjuró una lente mágica. Sus hermanos Ron, Fred y George estaban junto a un grupo de ex miembros del ED y otros estudiantes sobre una de las torres de Hogwarts lanzando hechizos. Quizá fuera la torre de Adivinación. Salió de dudas cuando cuando un poco más debajo de donde se encontraba el grupo, vio aparecer por el hueco de una ventana la desquiciada y cómica cabeza de Trelawney , la profesora parecía estar gritando algo a la vez que lanzaba bolas de cristal hacia abajo. Se sobrepuso al asombro que la produjo esa escena y se alegró de que que sus hermanos y amigos estuvieran relativamente a salvo. Ginny pensó con gracia que a ver quien era el listo que se atrevía a acercarse a Trelawney… si ya la gente la rehuía bastante cuando estaba "normal", en ese estado…
En los jardines, más abajo, distinguió a muchos integrantes de la Orden del Fénix, pero ni rastro de Harry. No creía en realidad que le hubiera ocurrido nada malo, pero aun así, se preocupó. Y no como se preocupa una chica enamorada, sino como lo hace una amiga porque el cariño que sentía hacia Harry, no se había borrado. Se tranquilizó pensando que lo más que seguro era que Dumbledore lo hubiera puesto a salvo.
Solo quedaba esperar…
Hermione se había despertado de su sueño, y Ginny lo vio como a cámara lenta. Cuando Hermione consiguió ubicarse, miró a su alrededor. En el momento en que su vista se conecto con los ojos de Ginny, su semblante cambió y comenzó a hablar torpemente:
-Ginny, tú… aquí… Voldemort… Yo creía que él… Pero no, estás bien…-Hermione balbuceaba de forma penosa- Y Snape… verás… él… es decir, yo…
Ginny cortó por lo sano aquel tartamudeo, se estaba empezando a impacientar y decidió centrar la conversación:
-Hermione, relájate, no te estoy juzgando. Por lo demás, yo estoy bien. Voldemort no me atacó. Y tú solo has estado aturdida. Supongo que Snape quería ahorrarte traumas mayores.
-Ginny, yo… -Hermione tomó aire profundamente antes de continuar- Yo quiero al profesor Snape, y por lo que pudiste ver, es un sentimiento correspondido. Ya sé que no es un comportamiento nada ortodoxo por nuestra parte, y que va contras las normas, pero no hacemos daño a nadie. Además, ya casi soy mayor de edad y Severus dice…
Pero Ginny no llegó a saber lo que su hosco y desagradable profesor opinaba sobre la edad de Hermione porque de repente, la dio un ataque de risa.
-¡Por Merlín, Hermione! ¿"Severus"? -Ginny no paraba de reír mientras hablaba- ¿Y desde cuando ese mostrenco ha dejado de ser el murciélago grasiento de las mazmorras para convertirse en "Severus"? Por favor, creo que voy a vomitar.
Pero al mirar a Hermione, detuvo la retaíla de carcajadas, los insultos hacia Snape y los cometarios mordaces que tenía en mente. Su amiga la miraba más que con enfado en el rostro, con tristeza; parecía dolida por sus palabras. Acababa de demostrar muy poca empatía. ¿Me lo estará pegando Voldemort?, se preguntó; nah, esto es cosa de Ron, me viene de familia, pensó enseguida con desparpajo. Ginny inmediatamente quiso disculparse por haber tenido tan poca sensibilidad.
-Hermione, lo siento, no debí decir esas cosas. Lo que pase entre el profesor Snape y tú, en realidad solo os incumbe a vosotros, aunque la situación es muy inusual y no he sabido muy bien como reaccionar -afirmó Ginny muy seria a modo de disculpa.
Hermione cambió esa expresión de tristeza por la suya habitual y dijo:
-Está bien, Ginny, no pasa nada. En parte me esperaba algo así. Es normal que muchos no comprendan esta relación, inventarán cuentos, se burlarán, murmuraran a nuestras espaldas...
Si solo fuera a vuestras espaldas…, pensaba Ginny; porque sabía que la pareja iba a ser la comidilla de todo el mundo mágico, pero lo que más temía era a la odiosa de Rita Skeeter, la cual no tardaría mucho en personarse en Hogwarts y buscar a la pareja para pedirles una exclusiva en cuanto la noticia trascendiera. Y en el fondo Ginny deseaba que eso pasara, porque así Snape tendría la oportunidad de matar a la entrometida junta-letras y no iría a molestarla a ella cuando lo suyo con Voldemort saliera a la luz.
-No te preocupes por eso ahora, Hermione. Además, a ti la única opinión que tiene que importarte es la de tu familia y tus amigos. Los demás, que digan lo que quieran –dijo Ginny, pero enseguida se dio cuenta de que había soltado las típicas frases huecas de consuelo para esos casos, porque la realidad era que a nadie le agradaba estar en boca de todo el mundo y menos por un asunto tan morboso como lo era aquel.
-Eso fácil decirlo Ginny -respondió Hermione.
-Ya lo sé -afirmó ella poniéndose seria y pregunto: -¿Qué quieres que te diga? ¿Qué será difícil? ¿Qué tendrás que aguantar muchas cosas? Y no me refiero únicamente a comentarios o a artículos basura, sino también a actitudes que algunos tendrán hacia vosotros. Porque eso será lo que ocurrirá cuando todo esto se sepa. Y de verdad, no pretendo desanimarte, pero tampoco quiero pintártelo de color de rosa para que luego te des contra la pared. Cuanto antes asumas que será así, mejor.
Hermione miraba a Ginny como si esta fuera un profesor, realmente su mente estaba procesando las palabras de Ginny como si estas fueran producto de una lección en clase.
-Tienes razón, Ginny. Cuánto antes lo asuma, más fácil podré llevarlo -dijo Hermione con determinación.
Ginny sabía que lo que acababa de decir a su amiga, era en realidad el fruto de una reflexión interior sobre su propio estatus, pero extrapolado y adaptado al caso de Hermione.
-Ginny… ¿qué ocurrió en las mazmorras? ¿Por qué Voldemort nos dejó ir sin más? ¿Por qué no estamos… muertas? -añadió.
Ya salió, pensó Ginny. Bien, no podía eludir la respuesta, de modo que esta vez la tocó a ella respirar hondo antes de empezar.
-Verás Hermione, tengo algo que decirte, algo importante -su voz sonó firme, aunque temía que las palabras introductorias hubieran sido demasiado solemnes y por ello su amiga esperara un cuento de acciones heroicas y valientes- Yo… Joder que difícil… Yo estoy saliendo con Lord Voldemort, -afirmó con voz monocorde, robótica; y puntualizó:- desde unos meses atrás.
Ya estaba, lo había soltado, lo había dicho, tampoco había sido tan difícil, en realidad lo peor era lo que se avecinaba ahora. La cara de Hermione se tornó muy seria, y muecas de incredulidad cruzaban su rostro. La dejó un tiempo para que pudiera asimilar la verdad.
Su amiga se llevo la mano derecha a la frente y con los dedos se frotó las sienes. Un gesto muy Snape, pensó Ginny, esperaba que no la estuviera pegando otros hábitos menos higiénicos a su amiga, pues lo único que le faltaba al pelo de Hermione era volverse grasiento.
-Vamos a ver Ginny. ¿Recuerdas quien soy yo? -Preguntó con voz cansada y condescendiente.
-Claro, eres Hermione Granger, mi mejor amiga -dijo Ginny sin dudar. Aquello parecía una prueba del estilo "a ver si ahora odia a los sangre sucia".
-Bien. ¿Y recuerdas donde estudias? ¿a tus amigos y compañeros? -siguió ella.
-Claro -respondió la pelirroja.
-¿Y recuerdas a tu familia? - continuaba Hermione.
-Perfectamente -contestó Ginny con un deje de irritación en la voz.
-¿Y recuerdas haber sufrido últimamente un accidente, un golpe, o algo por el estilo? ¿Te encuentras a menudo en lugares y te preguntas que como has llegado hasta allí? -Hermione continuaba con su interrogatorio particular y Ginny pareció darse cuente de lo que pretendía su amiga.
-No Hermione, no recuerdo nada de eso, porque nada de eso me ha sucedido. Estoy perfectamente cuerda, muchas gracias. Te lo vuelvo a repetir: Yo estoy saliendo con Lord Voldemort, o si lo prefieres con Tom Marvolo Riddle, o también con el Señor Tenebroso, como prefieras llamarlo. Aunque yo personalmente me inclino por Tom a secas. Y no, antes de que me lo preguntes te diré que no me ha hechizado ni nada por el estilo -recito Ginny con calma.
Hermione entonces la miró con miedo, con asco, con odio, con decepción. Tal cual ella se había esperado. No podía reprochárselo, Voldemort era Voldemort y con eso estaba todo dicho, para aquellos que osaban pronunciar ese nombre, claro. Su mejor amiga se levantaba de la cama de un salto, alejándose de Ginny rebuscando entre sus ropas la varita. Ginny hizo más de lo mismo, pero a diferencia de Hermione, ella pensaba usar la magia únicamente de manera defensiva, si es que Hermione se atrevía a llegar al extremo de maldecirla.
Hermione estaba a distancia de Ginny, apuntándola directamente. Su mejor amiga estaba que echaba chispas y cuando habló, su voz estaba cargada de odio, repugnancia y reproche:
-¿Cómo has podido, Ginny?¿como has podido traicionar a Harry? ¿como has podido traicionar a tu familia? ¿a tus compañeros? ¿¡CÓMO HAS PODIDO TRAICIONARNOS A TODOS! -comenzó a gritar Hermione con la cara desencajada.
-Hermione… tu quieres al profesor, yo también quiero a… -comenzó Ginny con un tono de voz suplicante.
-¡ ¡ NO LO DIGAS ! ! ¡No se te ocurra decir eso en mi presencia! -Hermione continuaba implacable- ¡No tienes ni idea…! Solo eres una niña consentida que hace lo que la viene en gana sin importarle las consecuencias… ¿Cómo llegaste a esto? ¿Te sientes importante? ¿Planeas unirte a sus filas y matarnos a todos? -Hermione soltó una risa histérica y aseveró: -Seguro que ya tienes la marca, ¿cuándo te la hizo? ¿después de echarte un polvo en la Mansión de los Horrores, las Mazmorras y la Sangre?
Llegados a este punto, Ginny perdió la paciencia y también la compostura, y comenzó a decir a grito pelado:
-¡Hermione Granger! ¡Deja de decir estupideces! Claro que no me siento importante, no quiero unirme a su causa, ni tampoco quiero mataros a todos, -iba enumerando mientras contaba con los dedos- no llevo la marca tenebrosa y no me le he follado en ninguna Mansión de los Horres y la Sangre y esas cosas. ¡Simplemente me enamoré!... Y además, aquí solo ha una persona que se ha tirado a alguien en las mazmorras y no he sido yo precisamente…
Hermione se quedó una milésima de segundo en shock , pero se repuso enseguida:
-Eso ha sido un golpe bajo. Además, ¡no compares! Es totalmente distinto.
-Lo que tu digas, Hermione. Entiendo que sea difícil de encajar, pero yo había esperado… -Ginny se vio interrumpida.
-¿Difícil? ¿Solo difícil? -preguntó Hermione con una voz aguda y penetrante- ¿Y que es lo que habías esperado? ¿comprensión? ¿acaso creías que te iba a apoyar en esta locura? ¡Es el colmo! ¿de verdad eres tan tonta como para esperar eso de mí? Mejor dicho, ¿de nosotros? Porque ten por seguro que Harry querrá matarte por esto, y qué decir de tus padres… Y Dumbledore…
-Dumbledore lo sabe -interrumpió Ginny mientras pensaba con maldad: ¡Zas, en toda la boca!
-¿Que Dumbledore qué? ¿Que lo sabe? ¿Cómo es eso? -preguntó Hermione enfadada y sorprendida.
-No importa cómo, la cuestión es que el sí apoyó mi relación, a su manera, pero lo toleró -respondió Ginny.
-Dumbledore se vuelto loco, definitivamente. ¿Qué se le pasó por la cabeza? Esto es un dislate -se indignó Hermione.
-Claaaro Hermione. Nosotros tenemos que aceptar la inteligencia y la cordura de Dumbledore cuando se trata de Snape y la confianza que el Director ha depositado en él a pesar de su pasado, pero ahora por lo visto no te parece ni tan inteligente ni tan lúcido, ¿no es así? Aceptas la versión del Director sobre la "reconversión" de Sanpe por muy rocambolesca que sea, pero cuándo no te conviene, le llamas loco y Santas Pascuas -arremetió Ginny.
Hermione pareció pensar un momento, volvió a frotarse las sienes con los dedos y dijo:
-De acuerdo, no cuestionaré los motivos de Dumbledore, pero sí te cuestiono a ti por lo que has sido capaz de hacer.
-¿Y que es lo que se supone que he hecho, Hermione? Si no fuera por mí, mi padre estaría muerto -informó Ginny.
-Has hecho con Voldemort un pacto macabro, ¿los demás no te importamos? -dijo Hermione.
-Claro que sí. Y yo no haría nada contra vosotros -respondió Ginny.
-¿Y el asesinó sádico de tu novio tampoco? -preguntó Hermione con ironía.
-El… Tom no es… -pero de repente Ginny se interrumpió. ¿Qué iba a decir? ¿Que no era un asesino sádico? ¿Qué Tom no los dañaría? Eso no podía garantizarlo.
Hermione esbozó una gélida sonrisa y dijo severamente:
-¿Lo ves? Tu tienes tu camino, yo el mío. Espero que nunca vuelvan a cruzarse.
Ginny se quedó petrificada, y cuando se repuso dijo:
-Solo te pido, por la amistad que tuvimos, que no se lo digas a nadie. Al menos de momento.
Hermione levantó las cejas ante esa petición, incrédula de que Ginny se hubiera atrevido a pedirla algo así. Y la pelirroja, al ver la duda de Hermione añadió:
-Además, Dumbledore lo sabe y no quería que lo supiera nadie más. Hazlo por él, por el criterio del Director. Cuando él quiera que mi relación se sepa, se sabrá.
Hermione pareció considerar la propuesta y dijo secamente:
-De acuerdo.
Ginny asintió aliviada con la cabeza y se fue de allí hacia la Torre Griffindor, como le prometió a Tom. La espera en su sala común, se le hizo largar. Ella tocaba el anillo que colgaba en su pecho. De algún modo la tranquilizaba. Era como si pudiera sentir algo de Tom a través de la distancia.
Ginny se encontraba en la enfermería, pues se había convertido en una impovisada sala de reunión.
Al bajar de su Torre, cuando la pelea había terminado, quiso ver inmediatamente a su familia. Por el camino se encontró a McGonagall que llevaba de vuelta un grupo de alumnos que parecían ilesos. Ginny la pidió información a la subdirectora y esta la dijo que bajara a la enfermería, que estaban allí todos. Con ese "todos", Ginny intuyó que se refería a la Orden.
Al llegar, la señora Pomfrey estaba atendiendo a Tonks, que yacía en una cama con la ropa rasgada, el rostro magullado y una pierna ensangrentada. Sus padres y hermanos por fortuna estaban bien. Harry también parecía hallarse en perfecto estado. Al igual que Dumbledore y la mayoría de los miembros de la Orden.
Enseguida entendió que habían ganado, pero la lista de daños materiales y heridos era muy larga. Y Voldemort no había conseguido su objetivo, que según Dumbledore, era matar a Harry.
Habían trasladado de nuevo a Bill a la enfermería y parecía que aún estaba sedado. Su madre no paraba de sollozar y se peleaba con su cuñada por el pañuelo que servía para aplicar un ungüento extraño sobre las heridas que tenía en la cara.
Hermione estaba sentada en una cama junto a Harry y la dirigía miradas venenosas. Snape también pululaba por allí y más allá de lo que parecía un golpe en la cabeza, estaba en perfecto estado.
Entonces se alegró que no hubiera nada grave que lamentar. Se preguntó también si Voldemort estaría también haciendo recuentro entre los suyos y si el por el contrario tendría que enterrar a alguien. Prefirió no saberlo, no pensarlo.
Remus Lupin acababa de entrar por la puerta apresuradamente. Tenía la ropa más raída que de costumbre, el pelo revuelto, suciedad en la piel y los ojos brillantes.
-He encontrado a Greyback en el Bosque Prohibido, Director. Está muerto -anunció con gravedad.
-Bien, gracias Remus. No esperaba encontrar precisamente un cadáver -afirmó Dumbledore- ¿Cómo ocurrió?
-No lo sé, Director. No fue obra de ninguno de nosotros, a juzgar por el estado del cuerpo. Es una vista muy desagradable, parece como si hubiera sido brutalmente torturado -informó Lupin.
-De modo que fueron mortífagos -dijo el Director.
-Si, me temo que sí. Lo que no alcanzo a entender es porqué han asesinado a uno de los suyos. Quizá se volvió incontrolable y era un peligro para cualquiera, indistintamente de a qué bando perteneciera, pero la tortura sigue sin encajar -caviló Lupin.
-Es posible que atacara a algún mortífago y esto sea una especie de venganza -especuló Shacklebolt.
-Es probable que así haya sido, de lo contrario, no tendría sentido -dijo Lupin.
Para Ginny si tenía sentido, claro que tenía sentido pero no podía decirlo en voz alta. Y seguro que Dumbledore y Snape también habían intuido la verdad. Y como si el sabio Director la hubiese leído la mente, en ese instante la miró de una forma extraña. Seguramente habría cambiado de opinión sobre ella y Tom, aunque esperaba que no lo anunciara en ese instante a bombo y platillo.
En todo caso, no sabía como sentirse respecto a lo de Greyback. Voldemort la había proporcionado venganza, había demostrado de nuevo que sí era importante para el, pero no la agradaba mucho eso de las torturas y las ejecuciones.
Interrumpiendo sus pensamientos, Snape se levantó de pronto y dijo:
-Señor Director, voy a por las pociones curativas para Poppy.
-Muy bien Severus -aprobó Dumbledore.
-¡Señorita Weasley! -dijo de repente, mientras Ginny le miraba- Venga conmigo, tendrá que ayudarme a traer las pociones.
Lo que menos deseaba ella en esos instantes era quedarse a solas con Snape, pues no tenía ni idea de lo que la depararía. Igual solamente quería advertirla de la larga y dolorosa muerte que tendría si se la ocurría abrir el pico sobre el beso que había presenciado. O igual quería transmitirla un mensaje de Tom y eso la animó un poco. Se encaminó decidida tras su profesor. Lo que no se esperaba de ninguna manera es que, cuando habían recorrido apenas dos pasillos, Snape se diera la vuelta bruscamente para encararla:
-Weasley, voy a darle un consejo y una orden -dijo Snape taladrándola con la mirada y en un tono de voz que despertaría temor en cualquier mortal que no fuera Dumbledore o Voldemort.
Se puso nerviosa y tocó su anillo intentando buscar a Tom entre las brumas de la existencia.
Fin del capítulo.
Normalmente contesto a los reviews con un mensaje privado pero me gustaría contestar a sevillana, que me dejó un review anónimo y por tanto, no he podido responder:
-Sevillana: Comenzaré de nuevo a escribir el fic por el que preguntas cuándo termine este. No sé porque no pudiste dejar un review pues sí acepto reviews anónimos.
