Hola bellas!

Bueno, pues ya ha llegado septiembre. Menos mal que en Summerhill tenemos un verano eterno (?) Hoy me paso para dejaros un trozo bastante corto, pero es que si tenía que esperar a escribir el trozo del cine tardaría un par de semanas más y no quería estar tanto tiempo sin actualizar.

Antes de dejaros con el capítulo me voy a poner pesada, para variar. Sé que lo hago siempre, pero no me voy a cansar nunca de dar las gracias a la gente que deja reviews, tanto a los que lo hacen de vez en cuando como a las que me siguen desde el principio y me ofrecen siempre su maravillosa opinión y, por supuesto, a la gente nueva que va llegando. Thorkiamor para todos vosotros. Soy consciente de que a veces es un rollo dejar un comentario, pero ya sabéis que yo me alimento de eso, y me lo paso muy bien leyéndoos porque así no es como si dejara capítulos para el vacío.

Hala, ya me callo. Un abrazo y hasta la próxima!


Loki había dicho la verdad: el lugar al que iban no estaba demasiado lejos -a penas tuvieron que girar un par de esquinas para llegar-, y además estaba a la sombra, lo cual lo convertía en un lugar perfecto para refugiarse del calor del medio día. En cualquier caso, lo último que podría haberse imaginado Thor es que se refería a un parque.

Sí, un parque; uno con columpios, un par de toboganes, redes para trepar e incluso una de esas ruedas que giraban sobre sí mismas para producirte un mareo que pretende ser divertido. Sin embargo, y a diferencia de lo que cabría esperar, no había ni un solo niño. No había nadie, de hecho. Loki había vuelto a conducirle a un lugar apartado e íntimo, y Thor se permitió ilusionarse una vez más pensando que lo hacía porque le gustaba que estuvieran a solas, compartiendo el tiempo exclusivamente el uno con el otro.

El parque estaba situado justo en el nacimiento del bosque, casi pegado a los primeros árboles. Eran ellos los que le procuraban aquella sombra bajo la que Loki no tardó en refugiarse con un suspiro de alivio. Resultaba curioso, pero el lugar se adaptaba bastante a la naturaleza que lo envolvía. No había plástico de colores ni suelos de goma, sino una extensión de tierra cubierta de un manto de césped perfectamente recortado y un par de bancos de madera y forja.

–Si querías que te trajera al parque tendrías que habérmelo dicho sin más, Loki –dijo Thor de forma burlona, hablándole al hijo de Farba como si se tratara de un niño.

Los labios de Loki se curvaron en una sonrisa.

–Vaya, si he venido aquí por ti –respondió en el mismo tono, dejándose caer sobre uno de los bancos–. Pensé que querrías pasártelo bien columpiándote un poco.

Thor codujo la mirada hacia el columpio más cercano, que se mecía suavemente con el viento, y rió.

–Pues sí, la verdad es que me apetece –dijo, y en vez de reunirse con Loki en el banco, caminó hacia el columpio y se sentó en él.

Le dedicó una mirada divertida al otro antes de comenzar a balancearse tomando impulso en el suelo, utilizando los pies. Ni siquiera recordaba la última vez que se había subido a un columpio, pero agradeció la brisa que acompañaba sus movimientos y le agitaba el cabello sobre los hombros. Loki lo contemplaba desde el banco, manteniendo la sonrisa en la boca.

–Eres como un crío, ¿lo sabías? –se burló y, aprovechando que tenía todo el banco para él, subió las piernas al asiento y se recostó ligeramente. Su mirada se perdió entonces entre las copas de los árboles, cuyas hojas le dedicaban un discreto susurro que acompañaban a los chirridos que emitían las cadenas del columpio cada vez que Thor se balanceaba.

–¿También vienes aquí después de clase? –preguntó el rubio pasado un instante.

–A veces sí, cuando no hay mucha gente o no hace mal tiempo.

Thor puso los pies en el suelo para aminorar sus movimientos y observó a Loki, tendido sobre la madera del banco. Se percató de que había bajado una mano hasta la yerba para acariciar las briznas con los dedos, y aquello le hizo sonreír de nuevo.

–Siempre buscas lugares donde no hay mucha gente –comentó. No había que ser demasiado inteligente para saber que Loki era un chico solitario, pero era en momentos como aquél en los que Thor comprendía que aquello era algo más que un rasgo de su personalidad, que en realidad formaba parte de su esencia. A aquellas alturas le resultaría imposible imaginarse a Loki rodeado de gente, y no solo por su carácter huraño, sino porque era demasiado especial para algo así. Intentar mezclarlo con el resto de personas sería casi ridículo. Con él ocurría lo mismo que con algunas obras de arte en los museos: las más valiosas se exponían a parte para que las otras no contaminaran su contemplación. Tenía algo único, diferente.

Loki era digno de ser descubierto al margen de todo lo demás.

–¿Y qué? Me gusta la intimidad –replicó él frunciendo el ceño.

–Lo sé, lo he notado –Thor terminó de detener el columpio, aunque permaneció sentado en él–. Me echaste a patadas de tu habitación una vez.

Loki dejó de observar los árboles y le devolvió la mirada a Thor.

–No fueron patadas, fueron empujones –aclaró al recordarlo– y lo hice porque te descubrí hurgando en mis cosas.

–¡Yo no hurgaba! –se defendió el rubio con una falsa mueca de indignación. Puede que sí hubiera estado hurgando un poco al fin y al cabo, pero él no tenía la culpa de que el cuarto de Loki fuera tan interesante–. Y además, por lo menos yo no he invadido el baño mientras tú estabas en la ducha. Eso sí que es toda una agresión a la intimidad.

Al ver que Loki exhibía una expresión desarmada, Thor esbozó una sonrisa de triunfo.

–Bueno –gruñó Loki, y se cruzó de brazos antes de apartar la mirada del rubio. Intentó parecer molesto, aunque su única intención era ocultar el rubor que había comenzado a extenderse por sus mejillas. Cuando el recuerdo de Thor metido en la ducha con el agua deslizándose sobre su piel desnuda y empapándole la melena rubia le asaltaba la mente, no podía evitar sonrojarse como un estúpido. Pese a ello, no se arrepentía. No podía arrepentirse.

–Encima no te enfades –le pidió Thor al verle así, malinterpretando su gesto huidizo, y volvió a balancearse suavemente en el columpio–. Anda, ven, que te dejo columpiarte también.

–Oh, vaya, qué generoso por tu parte –Loki se mordisqueó el labio inferior y se obligó a inspirar profundamente para olvidar la escena de la ducha antes de volver a mirar a Thor.

–Sé que lo estás deseando –insistió el rubio deslizando las manos por las cadenas del columpio.

Loki entornó los ojos durante unos segundos sin dejar de mirar a Thor. Estuvo tentado a ignorarlo y quedarse en el banco, pero de pronto se encontró a si mismo dejando escapar un suspiro de resignación antes de levantarse y caminar hacia el otro con pasos vagos. La hierba crujió de forma agradable bajo la suela de sus zapatos.

–Oh, si, lo estoy deseando... –dijo sin embargo de forma sarcástica, parándose frente a Thor para esperar a que se levantara y le cediera el sitio en el columpio–. Seguro que será muy divertido.

–Ya lo sabía yo –el rubio ignoró el tono de su voz y le dedicó una sonrisa. Luego, y para sorpresa de Loki, bajó las manos hasta sus muslos y se dio una palmada en ellos, invitándolo a sentarse en su regazo.

Loki parpadeó y frunció el ceño. Bajó la mirada hacia las piernas de Thor y se removió de forma incómoda aunque expectante al mismo tiempo. No es que la idea de dejarse caer sobre el regazo del otro le disgustara, pero no era aquello en lo que había pensado cuando Thor le había dicho que le dejaría columpiarse. ¿De verdad quería que se le subiera encima en un sitio así? Cualquiera podría verles.

–Pero... –murmuró al mismo tiempo que giraba la cabeza para echarle un inquisitivo vistazo a la calle, asegurándose de que no había nadie en las inmediaciones–. ¿No te importa que nos vean?

Thor alzó una ceja, adoptando aquella inocente mueca de incomprensión tan suya. Sus ojos azules siguieron la dirección de los de Loki para mirar también hacia la calle, aunque sin demasiado interés.

–Pues no –respondió de forma simple y sincera, encogiéndose de hombros. Aún no entendía demasiado bien a qué había venido aquella pregunta. ¿Por qué iba a importarle que los vieran? Al fin y al cabo estaba con Loki porque quería, había sido él quien que le había pedido que fueran a Summerhill. No le importaba que le descubrieran a su lado, y tampoco es que se estuvieran escondiendo... ¿o sí?

El rubio torció los labios. Ahora que caía, Loki había estado conduciéndole a lugares apartados y vacíos desde que alcanzaron el pueblo. Al principio quiso imaginar que lo hacía porque le gustaba que estuvieran a solas, como a él, pero podría haber malinterpretado sus intenciones. Tal vez quería evitar que alguien pudiera verlos juntos. Quizás no estuviera preparado, o se sintiera incómodo e incluso avergonzado...

–Loki –murmuró de pronto, alzando la barbilla para buscar su mirada. Apretó los labios un segundo, preocupado por sus propios pensamientos, y luego le devolvió la pregunta–: ¿Te importa a ti?

Loki bajó las manos y jugó de forma nerviosa con el borde de su camiseta, arrugándola un poco. Se sentía un poco estúpido tras haber escuchado la respuesta de Thor. Estúpido y cabreado consigo mismo. Por mucho que lo intentaba, no podía deshacerse del recelo que le provocaba el interés del rubio. Quería confiar en su afecto, lo deseaba fervientemente, pero aún había algo en su interior que se resistía a creer que alguien como Thor pudiera sentirse atraído por él. Eso por no hablar de que ambos eran chicos, y no sabía cómo reaccionaría el rubio si alguien les dedicaba una mirada extraña al verles juntos por ahí, comportándose como algo más que un par de amigos. ¿Y si le daba miedo? ¿Y si le daba por pensar que era más normal estar con una chica? ¿Y si se arrepentía de lo que había ocurrido entre ambos?

En aquél momento, Loki se percató de lo doloroso que le resultaría que Thor se echara atrás de ese modo. Y el dolor le daba miedo; estuvo a punto de entrar en estado de pánico, pero su mente le trajo el eco de un recuerdo, de unas palabras que alejaron el temor y la desconfianza.

"Loki, tú me gustas. Siendo un chico. Siendo Loki."

Bien, Thor se lo había dejado bastante claro al decirle aquello en el garaje. Pero él seguía comiéndose la cabeza como un imbécil. ¿Por qué no podía confiar en los sentimientos ajenos aunque fuera solo una vez?

Loki centró la mirada en Thor. Contempló sus ojos azules, que aún seguían observándolo con expectación esperando una respuesta a la pregunta; se fijó en su melena rubia, en su camiseta verde y en sus labios entreabiertos. Deseó dejarse llevar por el cosquilleo de su vientre y dejar a un lado sus temores.

Pero no era fácil: los temores no podían controlarse, no desaparecían como si nada... aunque podían dejarse para más tarde. Sí, ya tendría tiempo de plantarles cara en otro momento, cuando no estuviera deseando sentarse sobre Thor.

–No me importa si a ti no te importa –respondió al fin antes de mordisquearse el labio.

Thor sonrió de forma radiante, aliviado y complacido. Su inquietud se marchó como arrastrada por la brisa que agitaba el césped.

–Entonces ven aquí –dijo, y estiró un brazo para atrapar a Loki y tirar de él, acercándoselo.

Por supuesto, Loki no se resistió. Esbozó también una pequeña sonrisa y se agarró a las cadenas del columpio para mantener el equilibrio mientras se sentaba en el regazo de Thor, de cara a él. Pasó una pierna a cada lado de la cintura ajena y permitió que el rubio rodeara la suya con los brazos, impidiendo así que pudiera caerse.

La madera del columpio crujió, quejándose del peso de más.

–¿Crees que lo romperemos? –preguntó Thor examinando los ejes de las cadenas sin dejar de sonreír. Estaban algo oxidados, pero aún así parecían resistentes.

–Bueno, si nos caemos tú amortiguarás el golpe –Loki le dedicó una mirada maliciosa y terminó de acomodarse sobre él.

–Vaya, qué alivio –murmuró el rubio con sarcasmo, aunque lo cierto es que no le habría importado que el columpio se hubiera venido abajo en aquél mismo instante y que Loki hubiera quedado tendido sobre él, cubriéndole el cuerpo con el suyo.

–Calla y colúmpianos.

Thor obedeció al instante: volvió a tomar impulso en el suelo e hizo que el columpio se moviera, aunque con más cuidado que antes. Permitió que la gravedad los balanceara durante unos instantes y, sin poder evitarlo, ciñó los brazos alrededor del cuerpo ajeno un poco más, llevando las manos a la espalda de Loki. Titubeó un poco antes de comenzar a acariciarla discretamente, desplazando sus dedos unos centímetros sobre la tela de la camiseta.

Como respuesta a aquellas caricias, Loki se mordió el labio. Allí estaba otra vez, aquella sensación que había aprendido a reconocer cada vez que Thor se acercaba demasiado: el nudo en el estómago, el cosquilleo en el vientre y el calor en el rostro. Sabía que el rubio no lo hacía adrede, pero odiaba la facilidad que tenía para activar su cuerpo de aquél modo. Además, estaban tan juntos... sus cuerpos estaban prácticamente encajados sobre el columpio; sus piernas se rozaban con cada balanceo, y sus rostros quedaban separados por un pequeño puñado de centímetros mal contados. Su proximidad era tanta como aquél día en el que Thor lo había acorralado contra la pared y se habían restregado el uno contra el otro, de forma desquiciantemente deliciosa.

Los dedos de Loki se cerraron con un poco más de fuerza alrededor de la cadena del columpio. Intentó concentrarse en el balanceo del columpio, en el sonido de los árboles, en cualquier otra cosa que no fuera el roce de su cuerpo contra Thor... pero le resultó imposible. Ni siquiera estaban hablando, así que tampoco podía distraerse con una conversación. El silencio solo lo empujaba a ser más consciente del calor que desprendía su acompañante y que, a diferencia del calor del sol, resultaba bastante agradable. Lo envolvía por completo; le atrapaba. Y él no podía -ni quería- hacer nada por evitarlo. No era la primera vez que se sentía así, pero cada vez que experimentaba aquél tipo de sensaciones se daba cuenta de que su mente oponía menos resistencia a ellas. Ahora ni siquiera podía negarse que Thor despertaba en él una clase de anhelos tan intensos que le aceleraban el pulso.

–Loki –la voz del rubio sonó de pronto, y Loki se tensó un poco. Durante un momento se sintió avergonzado, como si Thor pudiera haber seguido el hilo de sus pensamientos y pudiera saber todo lo que estaba pasándole por la mente. No obstante, tras percatarse de que aquello era totalmente absurdo, se regañó a si mismo.

–¿Qué pasa?

–Nada –Thor sonrió y levantó la barbilla para mirar a Loki. Como estaba sentado en su regazo, su cabeza quedaba un poco por encima de él–. Es que estaba pensando que nunca antes había tenido una cita en un parque.

Loki sonrió y le sostuvo la mirada. El nudo de su estómago se tensó. Le gustaba la forma en la que la luz del sol se reflejaba en los ojos azules de Thor, aportándoles un brillo especial.

–¿En serio? –dijo, disimulando sus sensaciones lo mejor que pudo. Alzó una ceja en actitud incrédula y echó la espalda hacia atrás para darle impulso a los balanceos–. Pues las citas en los parques son de lo más típicas... y seguro que tú has tenido un montón de citas.

Ups. Vale, aquellas últimas palabras se le habían escapado. O quizá no. Quizá había sido una forma de abordar el tema de la vida amorosa de Thor, porque aunque detestaba sentirse como un cotilla, le interesaba. No es que quisiera saberlo todo con pelos y señales, por supuesto, pero sentía una innegable curiosidad. ¿Cuántas veces se habría enamorado? ¿Cuántas veces habría estado tan cerca de una chica como lo estaba de él mismo en aquél instante?

–Quiero decir que un jugador de primera línea debe tener mucho éxito con las chicas –añadió en tono burlón solo para quitarle seriedad al asunto, aunque lo pensara en realidad. Porque, vamos, Thor era de aquella clase de chicos que dejaba un rastro de chicas enamoradas a su paso. Seguro que incuso podía dejarlas inconscientes con una sacudida de su melena rubia y una de sus sonrisas.

El rubio alzó una ceja y se encogió de hombros.

–He tenido unas cuantas... –reconoció, aunque no de forma orgullosa, sino más bien tímida, como si lamentara tener que admitir aquello ante Loki–. Pero la mayoría de ellas no eran serias. Quiero decir que... no llevaban a nada importante.

Aquello era verdad. Thor había salido con docenas de chicas, pero pasar una tarde con alguien no tenía por qué implicar nada más. A diferencia de Fandral, él no encontraba satisfacción en intimar con cada una de las mujeres que mostraban interés por él.

–Ya veo... –Loki asintió, creyendo en la sinceridad que había visto en los ojos ajenos. Sin embargo, la curiosidad lo empujó a continuar preguntando–: ¿Y que hay... de las importantes? –soltó de forma distraída, apartando la mirada como si la respuesta no le interesara demasiado–. ¿Ha habido alguien especial?

Thor apretó los labios para evitar que se le escapara un suspiro. No es que le molestara que Loki le hiciera preguntas de aquél tipo -al fin y al cabo no tenía ningún problema en sincerarse con él-, pero se le hacía extraño hablar de personas a las que había querido en el pasado con alguien que le interesaba en el presente.

–Hace tiempo, sí –respondió al final, volviendo a arrastrar los pies por el suelo para evitar que el columpio detuviera su balanceo. Durante un momento estuvo a punto de hablarle de Jane Foster, pero luego recordó lo que le había dicho Loki en el garaje, aquello de que ya había estado con más chicos antes–. ¿Y tú? –preguntó automáticamente, intrigado–. ¿Has tenido a alguien especial?

La expresión de Loki se tensó durante un segundo. Fue un gesto muy breve, pero Thor pudo percibirlo con total claridad. Luego se hizo el silencio y, cuando el rubio estaba casi convencido de que el hijo de Farba no le iba a dar una respuesta, lo hizo:

–Sí –murmuró en un tono algo apagado–. Era especial para mi... pero supongo que yo no lo fui tanto para él.

Si hubiera podido, Thor se hubiera pegado una paliza a si mismo. Era evidente que Loki guardaba un mal recuerdo respecto a aquella persona especial, y por su culpa lo había rememorado. Habría hecho mejor manteniendo la maldita boca cerrada.

–Pues ese tío tenía un serio problema –dijo sin poder evitarlo, frunciendo el ceño y canalizando su ira hacia el tipo que le había hecho daño a Loki aún cuando no sabía ni su nombre.

Al escucharlo, el moreno cambió su gesto afligido por una vaga sonrisa.

–Tenía bastantes problemas –secundó.

–Entonces no te merecía –Thor dejó escapar un pequeño gruñido y volvió a deslizar las manos por la espalda de Loki, de arriba a abajo, como si le ofreciera consuelo. Luego inclinó la cabeza hacia delante y apoyó la frente en el pecho ajeno, ocultando el rostro.

Loki ensanchó su sonrisa y bajó la mirada para observar a Thor, aunque solo pudo ver una maraña de cabello dorado que contrastaba notablemente con el negro de su ropa. Se mordió el labio, agradeciendo que el rubio intentara reconfortarle de aquél modo, y se percató que, de hecho, era bastante eficaz: bastó sentir su cálida respiración a través de la tela de la camiseta para que todos sus males se esfumaran de un plumazo. Como agradecimiento, Loki soltó una de las cadenas del columpio y llevó la mano al pelo de Thor para acariciárselo de forma suave, separando los sedosos mechones con los dedos. Se dedicó a aquella tarea durante un rato, disfrutando también del movimiento del columpio, hasta que Thor ciñó los brazos alrededor de su cintura y lo abrazó repentinamente, estrechándolo contra su cuerpo.

–Te juro que yo haré cualquier cosa por merecerte, Loki –susurró. Sus palabras sonaron algo ahogadas porque aún mantenía el rostro pegado a su pecho, pero aún así fueron perfectamente audibles.

Loki separó los labios sorprendido por aquellas palabras, que enviaron una cálida y hormigueante corriente eléctrica a lo largo de su columna. Y eso por no mencionar lo que le provocaba estar atrapado entre los tensos y fuertes brazos de Thor. Una vez más, se sintió especial al ser tratado de aquél modo, como si fuera alguien verdaderamente valioso.

–Tal vez no necesites hacer nada... –murmuró como respuesta, deslizando los dedos hasta la nuca de Thor, quien alzó la cabeza para dedicarle una intensa mirada de color cobalto. Loki fue instantánea e irremediablemente absorbido por ella y, antes de percatarse de lo que estaba haciendo, ya estaba aproximando sus labios a la piel del rubio.

Dejó el primer beso a un costado de su frente, cerca de la sien derecha. Thor suspiró, complacido, y su aliento le rozó el cuello sutilmente, como incitándolo a continuar.

El segundo beso fue sobre la mejilla. Loki le acarició la piel con los labios y el rubio dejó caer los párpados, encantado con el momento.

Tras el tercer beso, que fue un sutil contacto en la comisura de los labios entreabiertos de Thor, Loki cerró también los ojos. Sus manos volaron para tomar el rostro del rubio con delicadeza, indicándole así que alzara un poco más la barbilla. Sus respiraciones se enredaron.

Thor desplazó las manos hasta la parte más alta de la espalda de Loki. Sus dedos se enterraron en la tela de su camiseta, estrechándola mientras la expectación se le hacía un nudo en el pecho. Los segundos se le volvieron horas antes de que la boca ajena se encontrara con la suya, pero la espera valió la pena.

Al principio, Loki fue tan despacio que Thor pensó que era una deliciosa y nueva forma de tortura que había ideado solo para él. El aliento del otro le rozó los labios, humedeciéndoselos antes de que comenzara a recibir besos tan breves y ligeros que se asemejaban más a una placentera cadena de caricias.

Los pulgares de Loki recorrieron su mejillas muy despacio, disfrutando del contacto con su piel y, cuando por fin sintió que deslizaba la lengua entre sus dientes, estuvo a punto de gemir de pura satisfacción. Aprovechó que aún mantenía las manos en su espalda para empujarlo más hacia él y luego las bajó hasta su cintura, deteniéndose en la zona en la que su cuerpo se volvía más estrecho. La presencia de Loki resultaba frágil y ligera sobre su cuerpo, entre sus brazos, pero aún así tenía la capacidad de arrastrarlo a la demencia.

Lo estrechó un poco más, como si pudieran llegar a fundirse el uno con el otro. Los muslos de Loki le envolvían las caderas, y aquello bastaba para hacerle olvidar cualquier cosa que no fuera la boca que jugaba con la suya, regalándole un beso largo y caliente al que correspondió con gusto. Aún así, permitió que fuera el otro quien llevara el ritmo en todo momento, o por lo menos hasta que tuvieron que separarse para respirar.

–Dios... –Thor suspiró antes de abrir los ojos para encontrarse con los de Loki. Le dedicó una pequeña sonrisa, algo aturdido, y luego bajó la mirada hacia sus labios, que se habían vuelto un poco más rojos tras el beso. De hecho, todo el rostro de Loki estaba encantadoramente ruborizado.

El aquél momento, Thor se percató de que aquél beso había sido distinto a los que se habían dado antes. Los otros vinieron después de un momento de tensión, habían sido como el estallido de las emociones reprimidas. Sin embargo, aquél contacto había sido lento y premeditado. Y eso por no mencionar que había sido Loki quien lo había buscado, lo cual lo volvía mil veces mejor.

Sin dejar de sonreír, Thor alzó una mano para mover algunos mechones de Loki tras su oreja, obteniendo una visión más amplia de su rostro. El balanceo del columpio se había detenido, pero ni siquiera se dio cuenta.

–Me has besado –susurró, haciendo descender las manos por los costados de Loki.

–No me digas... –el moreno esbozó una sonrisa burlona antes de pasarse la lengua por los labios, recogiendo el sabor de Thor–. Pues habrá sido sin querer.

El rubio alzó una ceja, ensanchó su sonrisa y atrapó la barbilla de Loki entre los dedos.

–¿Sin querer...? –repitió, ladeando la cabeza para volver a acercarse a los labios ajenos.

–Totalmente... –le aseguró Loki en un susurro sin hacer nada por apartarse.

Antes de que pudieran besarse de nuevo, Thor usó el agarre en la barbilla de Loki para hacer que girara la cabeza a un lado. Repasó con la boca la delicada línea que los pómulos le trazaban sobre la piel y luego dejó escapar un jadeo contra ella. Loki se estremeció.

–¿Sabes que creo...? –inquirió Thor, hablándole sin apartarse un solo milímetro de él.

Loki cerró los ojos y volvió a agarrarse a las cadenas del columpio sin dar una respuesta en particular. Apretó los labios cuando Thor volvió a arrastrar la boca por su piel hasta alcanzar su oreja, sobre la que respiró un par de veces. Aquél gesto hizo que se le erizara el bello de la nuca y que se encogiera un poco sobre el regazo ajeno.

–Creo que eres un mentiroso –susurró al fin el rubio, repasando el contorno de su oreja con los labios.

Aún con los ojos cerrados, Loki se arqueó ligeramente, buscando el cuerpo de Thor con el suyo. Apretó los muslos contra la cadera del otro, que comenzó a darle pequeños besos bajo la oreja, y dejó escapar un pequeño jadeo sin darse cuenta. El rubio subió una mano hasta su nuca para hacer que inclinara la cabeza a un lado y le diera pleno acceso a su cuello. Observó aquella maravillosa curva de piel blanca y paseó los labios por ella, aunque sin llegar a besarla. La sentía suave como la seda bajo la boca, y esbozó una sonrisa al recordar las rojuras que había dejado allí hacía unos días, después de morder a Loki mientras se peleaban en el barro. Sabía, por lo tanto, que aquella piel era tremendamente delicada, y que tan solo necesitaría ejercer una ligera presión para marcarla.

Tuvo que echar mano a toda su fuerza de voluntad para no hacerlo, y solo pudo evitarlo apartándose y levantando la barbilla para observar a Loki, que le dedicó una mirada confusa que parecía gritarle ¿Por qué demonios has parado?

No es que lo hubiera hecho por gusto, por supuesto. Pero si tenía que devorar a Loki quería hacerlo en un lugar más adecuado, no en un parque, sobre un columpio. Quería hacerlo bien, de forma especial.

Antes de que Loki pudiera decir nada, Thor tiró de su nuca y buscó sus labios de nuevo. Lo besó del mismo modo en el que él lo había hecho antes, jugando muy despacio con su lengua, acariciándola con la propia una y otra vez hasta que le faltó el aire.

–Vaya, yo también lo he hecho sin querer –susurró al separarse, sonriendo.

–Seguro que sí... –respondió Loki, escéptico, mientras sentía que el pulso le retumbaba en el pecho. De hecho, todo su cuerpo había reaccionado a las atenciones y la cercanía de Thor, y aquello no era algo que le conviniera teniendo en cuenta el lugar en el que estaban. Al caer en ello se removió para apartarse un poco del rubio y le echó un distraído vistazo a su reloj–. Uhm, creo que deberíamos ir ya hacia el cine.

–¿No es aún un poco pronto? –preguntó Thor, aunque sujetó a Loki por la cadera para ayudarle a bajar de su regazo sin que perdiera el equilibrio. Pese a que no le gustaba separarse de él, sabía que aquello era lo mejor por el momento.

–Pero primero tenemos que pasar a comprar las palomitas –Loki se alisó la camiseta y esperó a que Thor bajara del columpio–. Y el cine está a unas manzanas de aquí.

–Bueno... –Thor sonrió y caminó junto al otro para abandonar el parque y volver a alcanzar las calles. El sol continuaba arremetiendo con fuerza, pero ya no le resultaba tan molesto como antes–. Espero que por lo menos me dejes invitarte al cine.

Loki alzó una ceja y sonrió antes de negar con la cabeza.

–De eso nada, Thor.