Notas: He sido demasiado rápida escribiendo este capítulo. Quizás el que sea algo más corto también ayude jajaja. Cuanto menos tiempo tengo más me da por escribir. Sois los mejores, gracias por comentar y por seguirme. Es genial saber que os lo estáis pasando bien con mi historia.
Esta parte contiene sorpresas. Si es que a LeBlanc no se le puede dejar sola... Qué mujer más genial. La adoro como villana, creo que tiene mucha carisma.
No me enrollo más que siempre os dejo unas notas larguísimas, debéis de pensar que soy una pesada (Y lo soy un poco, lo siento :( ).
Espero que tengáis un día fantástico y como ya sabéis, os quiere un montonazo. Vuestra Yhoshi.
Engaños.
Se revolvió en su cama tratando de despertarse, su cabeza dolía como si le fuera a estallar de un momento a otro, su estómago estaba revuelto, sentía frío a pesar de que estaba totalmente tapado con mantas y su boca estaba tan seca como el mismísimo desierto de Shurima. Se levantó muy lento y se sentó al borde de la cama, entrelazó sus manos y durante unos instantes comenzó pensar. Lo cual era lo peor que podía haber hecho, pues ya no sólo se sentía mal por sus dolencias físicas, al volver a rememorar lo que había pasado el día anterior su pecho comenzó a torturarle con punzadas internas. Se llevó la mano a la zona de su corazón y puso una expresión de dolor. Había devastado cientos de miles de personas, personas que ahora dónde quiera que estuvieran se estarían riendo de él, al final, obtuvieron su venganza. Sonrió de medio lado por tales pensamientos. Deberían agradecerle a Luxanna por joderle de esa manera, quizás al final los demonios que la llevaron hasta sus brazos fueron todas aquellas vidas que había arrebatado. Estaba bien. De una manera u otra se lo merecía. Y de una manera u otra ya había acabado. No era necesario que su cabeza la recordarse con cada cosa que se le pasaba por delante durante el resto de su existencia. No, no era necesario.
Se levantó decido a empezar su nuevo día. Joder, estaba totalmente destemplado, la borrachera de ayer le estaba pasando una factura demasiado cara. Necesitaba una ducha para recuperar su temperatura corporal. Hoy iría a entrenar sus hombres, iría a entrenarse a sí mismo también. Hoy, si hacía buen tiempo, quizás le apeteciese incluso jugar un poco al baloncesto. El recuerdo de ella con aquella expresión de felicidad mientras encestaba cuando él la aupaba inundó su mente. Se detuvo en seco en frente de la puerta de su baño. Posó su frente en la puerta mientras se agarraba del marco de la misma. Estaba siendo horrible, su puta vida a la mierda por una cría. Por una demaciana. Se merecía todo el repudio del mundo. Frenó sus pensamientos, nunca había sido una persona débil, menos por una mujer. Ya era pasado. No iba a ceder, ni ahora ni nunca. Levantó su apenada y azorada cabeza y sus ojos negros brillaron con furia. ¿Se lo merecía?, que les jodan a todos, ¿dolía?, le importaba una mierda, ¿había perdido?, mucho más había ganado con el problema que suponía aquella mujer en su vida.
Se acabó.
Terminó de darse la ducha se secó y se vistió. Bajó a desayunar y mientras se preparaba sus habituales tostadas con café, recordó el día que ella las había hecho para él. Quizás iba siendo hora de cambiar su típico desayuno. No. Él siempre había hecho lo mismo, no iba a cambiar ahora. Se sentó a la mesa y comenzó a comer en silencio. Aunque se sentía algo más vacío por dentro, la verdad era que volver a su vida normal también lo aliviaba. Nada había sido normal con la llegada de esa mujer, y ahora todo volvía a la rutina de siempre. Era algo bueno, su vida a su edad ya debería de estar más que asentada, ¿cómo se podía haber dejado llevar por ella y casi destrozarla por completo?. Había sido un completo gilipollas.
Sintió una puerta abrirse. Dejó el último mordisco de una tostada sobre el plato y se puso en guardia. Aún estaba el asunto de Mera, ¿quizás él no estaba tan a salvo como pensaba?. Se levantó de su silla tan sigiloso como pudo, pues era un hombre alto y fuerte y el sigilo no era lo suyo. Enfrentarse cara a cara en distancias cortas era lo que mejor se le daba. Se pasó un brazo por la boca para secarla y frunciendo el ceño subió las escaleras. Se encontró la puerta de una de las habitaciones abiertas. Entró en ella dispuesto a golpear lo que fuera que viese. Un sonido a su espalda lo hizo girarse de inmediato y coger al hombre que tenía detrás por el cuello con fuerza.
- Joder, ¿Pero qué te pasa, sigues borracho o qué?.- Le espetó Draven encolerizado por el agarre de su hermano.
- ¿Pero qué?, ¿qué haces aquí?, ¿cómo se te ocurre asustarme de esa manera?.-
Lo soltó inmediatamente, y se alejó un poco de él mientras se frotaba la sien, pues la cabeza le dolía demasiado.
- Ayer te dije que me iba a quedar aquí y te pareció bien. Pero eres un anfitrión de mierda.-
- ¿Dormiste en esa habitación?.- Le dijo señalando al cuarto donde se había hospedado Lux anteriormente.
- Sí.-
Darius se quedó un rato ensimismado mirándola, frunció el ceño y Draven captó totalmente el ambiente.
- Ya decía yo que las sábanas olían demasiado bien.- Dijo de manera jocosa.
El mayor se dio la vuelta para bajar a la cocina y seguir con su desayuno ignorándolo por completo. Su hermano lo siguió. Se hizo algo también para empezar el día y se sentó a la mesa.
- Bueno ¿qué?.- Le dijo alzando una ceja mientras sonría de manera burlona.
- ¿Qué?.- Le dijo el mayor de manera seca.
- ¿Has pensado en cómo cerrarle la boca a la tía esa?.-
- No sé de qué me hablas.- Le dijo con resquemor para ver si así cerraba la bocaza de una vez.
- Vaya, vaya. El hacerse el tonto con tu hermano.-
Darius lo miró muy cabreado. No recordaba muy bien qué le había contado y qué no a aquel hombre. Recordaba que algo le había dicho, pero sus lagunas y el intentar recordarlas le hacía que la cabeza le doliera más y más.
- Draven, no te metas.- Le dijo con un tono seco e iracundo.
- Ayer me lo has contado todo.- Dijo el menor aprovechándose del estado del guerrero.
Éste lo miró con sorpresa y se pasó una mano por el pelo mientras resoplaba abatido. No recordaba nada y el alcohol le había hecho ser un bocazas. Absolutamente genial.
- Bueno todo no.- Continuó el ejecutor.- Pero para eso estoy aquí ahora.- Sonrió de manera sardónica.
- En serio, cállate.-
- ¿Te la has tirado?.- Comenzó a interrogarle su avispado hermano.
- ¿Qué?.- Respondió el mayor con sombro.
- Vamos, que sí.-
- No.-
- ¿No?.-
- Que no, joder.-
- Bien. Perfecto, es algo que ya no puede decir contra ti.-
- ¿Pero qué estás diciendo?.-
- Trato de salvarte el culo.- Respondió el hermano posando su gélida e intrépida mirada sobre él. Su expresión burlona y jocosa se tornó muy seria.- Esto es lo que podemos hacer. Ahora está en misión por Demacia, pero podemos esperar a que salga de Noxus, mientras está de camino a su nación contratamos a un asesino. Uno bueno, me sé de muchos. Y que la maten.
- ¡¿Qué?!.- Preguntó Darius no creyéndose lo que oía.
- Nah, sí, tienes razón. Mejor dejar que llegue a Demacia, así será menos obvio que fue alguien de Noxus. Que se reúna con su Rey y esas mierdas y en cuanto todo se asiente. ¡Zas!, el asesino la mata.- Hizo un gesto con sus dedos de que todo estaba correcto y añadió.- Limpio y rápido.-
Darius siguió mirándolo con sorpresa. Suspiró. No le odiaba por tales cosas. La rabia que había sentido al escucharle hablar se disipó en cuanto, no sabiendo muy bien por qué, empatizó con él. Quizás ese fue uno de los muchos efectos que ella había dejado en él. Sonrió de medio lado. Llevó su mano hasta la cabeza de Draven y le revolvió el pelo. Como cuando eran niños. La cara del menor se tornó con la misma expresión que hacía años atrás, cuando él solía hacerle eso. Primero era sorpresa y luego se avergonzaba un poco para pasar a apartarle la mano.
- Todo va a estar bien.-
Los ojos de hielo del menor se entrecerraron, su boca se empequeñeció y comenzó a fruncir el ceño. El mayor continuó.
- Aunque después de todo me joda reconocerlo. Esa chica… es buena. No dirá nada a nadie porque no pretende hacer daño.-
- Por muy buena que sea es de Demacia. Lo usará en tu contra si lo ve necesario.-
- No dudo que usará en mi contra sus poderes, o sus dotes de lucha. Pero no eso. No la conoces Draven.-
- ¿Tú sí?.-
- Bueno…un poco.-
- En serio, me estás sacando de quicio. Estás siendo estúpido, estás destruyéndolo todo. Estás destruyéndote a ti.-
- Mírame bien. ¿Qué parte de mí ves rota?.- Draven se sorprendió ante el ímpetu de su hermano.- No voy a flaquear ni ahora ni nunca. Lo que fue, fue. Estoy bien, de verdad, y todo va a ir bien.-
- Ayer estabas…-
- Soy humano también. Sí, ayer me tomó por sorpresa. Ayer me sumí en mí mismo. No va a volver a pasar.- Interrumpió el guerrero.
- ¿Qué vas a hacer respecto a Swain?.-
- Noxus es mi prioridad, siempre lo fue. Seguiré con ello hasta el final. Si Swain no da la talla tendré que ponerle remedio.-
Draven esbozó una ligera sonrisa al ver a su hermano recompuesto de nuevo. Jugueteó con su taza un rato y concluyó.
- Dime una cosa. Si ayer no hubiera pasado nada de eso con la demaciana. ¿Qué habrías hecho?, ¿seguirías con ella?.-
Sí, una voz clara sonó en su mente. Seguiría con ella hasta el fin del mundo si hubiera hecho falta. Pero su orgullo tapó la voz de su alma, su porte de guerrero aclamaba que no fuera tan débil como para rebajarse de ese modo. Clavó lo ojos en los de su hermano y con algo de resentimiento dijo.
- Antes o después pasaría a formar parte de mi pasado. No dejaría por nada del mundo que una mujer, y menos de Demacia, obstruyera mis planes con Noxus.-
Se acomodó en su sofá donde siempre llevaba a cabo sus operaciones. Pero no estaba cómoda, no para llevar de manera adecuada tal hechizo. Iba a requerir que su yo de esa sala, que su cuerpo, se quedara como un cascarón vacío. De forma casi compulsiva se aseguró de que todas las barreras de su guarida estaban activas, se aseguró de que Mera estaba donde debía estar y quietecita, por último se aseguró de que el resto de hechizos de protección estaban correctos y una vez terminado el ritual volvió a su sala de estar. La miró pensativa, al final acomodó unos cuantos cojines en el suelo y se puso de rodillas sobre ellos. Se acicaló de manera puntillista y suspiró. Debía de salir bien, debía de tenerlo todo bajo control.
Y no iba a fallar.
Cerró los ojos y vio como hilos e hilos de conexiones infinitas se juntaban unos con otros. Entró, como ya había hecho anteriormente, en la mente de Lux sin mucho esfuerzo. Pero esta vez no quería únicamente buscar información, esta vez necesitaba apagar a la chica y entrar ella. Necesitaba focalizar su magia y actuar en el momento justo. Y en cuanto lo vio claro, atacó. Sus ojos se abrieron repentinamente, sus pupilas comenzaron a disiparse poco a poco hasta que sus ojos dorados se tornaron blancos. Desapareció sin dejar rastro de su cuerpo base, para llegar hasta la demaciana.
Lux estaba secando los platos y cubiertos que había usado para comer. Tarareaba de manera divertida una cancioncilla típica de Demacia. Talon, que anteriormente había fregado la cubertería se relajaba ahora con su lectura, y de vez en cuando sonreía al oírla tararear.
La muchacha apretó el plato que tenía en la mano. Se asfixiaba, ¿por qué?, comenzó a no oír nada, a no ver nada. Atontada miró hacia el suelo, que se tornaba oscuro por momentos.
- D-Darius…- Logró decir de manera muy desesperada y en susurro tan volátil que ni siquiera su compañero logró oír.
Soltó el plato que estalló en pedacitos contra el suelo, se apoyó en la encimera.
Talon al escuchar el estruendo se levantó de inmediato.
- ¿Va todo bien?.- Preguntó receloso.
- Sí, todo va genial.- Respondió una LeBlanc encubierta.- Bah, se me ha resbalado.- Trató de disuadir.
El hombre frunció el ceño, pero en cuanto vio que todo iba con normalidad, volvió a sentarse al sofá para seguir leyendo.
La embaucadora miró su nuevo cuerpo. Movió una y otra vez sus muñecas mientras se miraba el reverso y las palmas de las manos. Podía moverse con gracia, con soltura. Sonrió, todo había salido a pedir de boca. Cogió una cuchara y la usó a modo de espejo mirándose en el maleado metal. Se la acercó más para estar más segura. Era Luxanna, era completamente ella. ¿Cómo podía ser una mujer tan astuta y perfecta?. Era evidente, los años de duro trabajo perfeccionando su magia no habían sido en balde. Se tocó, su ahora, pelo rubio, y con sus dedos lo peinó mientras mostraba una sonrisa pícara. Se miró de arriba abajo. Llevaba unos vaqueros, que aunque eran ajustados, para ella era demasiado juveniles y sobre todo extremadamente ordinarios. Su parte superior era cubierta por una camisa blanca que llevaba abrochada prácticamente hasta el cuello. Resopló frustrada. Qué gustos tan zafios y chabacanos. Así no ligaría nunca, ¿cómo se podía ser tan joven, tener un cuerpo tan nuevo y fresco y no aprovecharlo en absoluto?. La demaciana se arrepentiría cuando llegase a una edad y no pudiera hacer lo que no hizo de joven. Soltó una carcajada interna. Bueno, algo podría hacer con tal aspecto. Se revolvió un poco el pelo dándole algo más de volumen, se miró de nuevo en la cuchara. Así estaría bien. Pasó a desabrocharse un par de botones de su camisa, hasta su escote, y dobló un poco sus cuellos. Algo era algo.
Estiró su espalda y movió sus hombros con delicadeza. Tenía que reconocer que la muchacha, de la cual ahora era dueña de su cuerpo, era bonita, pero su belleza no era exótica o exuberante, era una chica que parecía vulnerable e inocente y supuso que, eso era lo que su compañero había visto en ella. Bah, hombres, volvió a pensar, son tan fáciles de controlar. En el rostro de Lux se dibujó una sonrisa maliciosa. Pasó a recomponerse, debía actuar como ella, no podía dejar ver que otra persona manejaba su cuerpo.
Pero tenía poco tiempo. Su aguante con el hechizo no duraría para siempre. Rapidez, inocencia, vulnerabilidad, algo de picardía también bastarían.
Se dirigió al sofá donde estaba sentado Talon y se sentó próxima a él. Lo inspeccionó de arriba abajo de manera meticulosa. Aunque lo odiaba por interferir en sus planes quizás fuera divertido jugar un poco con él. Bien, su embaucación iba a comenzar.
- ¿Podemos jugar a algo?.- Comenzó ella con tono inocente.
Él levantó la vista de su lectura.
- No hay mucho en la casa para jugar.-
¿Tú crees?, pensó de manera maliciosa la versada mujer.
- Me sé un juego.- Siguió mientras se juntaba las palmas de las manos tratando de parecer Lux.- Es fácil. Se llama, verdad o atrevimiento. ¿Lo conoces?.-
- No.- Dijo el muchacho prestándole atención.
- Oh, pues las normas son muy simples.- Sonrió tratando de imitar a la demaciana.- El juego va por turnos, a quien le toque el turno ha de preguntar algo al otro, y si no quiere responder, entonces, le mandará hacer un reto, puede ser cualquier cosa, lo que se te ocurra.-
Talon frunció el ceño ante la explicación, sin estar muy seguro de ello. Ella lo pudo notar, así que trató de paliarlo un poco.
- Podemos poner más reglas si así lo deseas.- Se quedó un poco pensativa, quería darse beneficios y no quitárselos.- Por ejemplo, podemos rechazar preguntas sobre nuestras naciones, porque bueno, son confidenciales, y también preguntas sobre nuestro pasado. ¿Qué te parece?.-
- No me convence.- Dijo éste con su típico tono indiferente.
- Venga va…por fi.- Trató de rogar ella.
Él suspiró mientras la miraba tratando de analizarla. Hasta ahora todo iba bien, ni siquiera se había dado cuenta de que había cambios en Lux.
- Podemos probar un par de veces y si no te gusta, dejamos de jugar.- Sonrió mientras pensaba, pero seguro que te va a gustar.
- Bueno. Probaré.-
- Bien, bien. ¿Empiezo yo?.-
- Venga.- Dijo él impasible.
La chica comenzó a pensar en una pregunta. No podía ser una pregunta demasiado picante o ardiente pues el chico se retiraría de manera inmediata. Era listo, no lo conocía pero lo sabía, sólo había que apreciar cuán receloso era con su imagen. Algo ligero para empezar a tentarle estaría bien.
- Ya sé.- Dijo animada.- ¿Qué es lo que más te gusta de mí?.-
El hombre no pudo evitar posar la mirada en ella cuando escuchó la pregunta. Se detuvo en los dos botones desabrochados de su camisa e inmediatamente como una persona que teme volverse loca volvió a mirar al frente. LeBlanc lo notó. Se había apuntado un tanto. La pregunta era perfecta.
- ¿He de responder a la pregunta?.-
- Bueno, si no quieres, puedo proponerte un reto.-
- Supongo que eso será peor.-
- ¿No hay nada que te guste de mí?.- Preguntó con picardía inocente mientras lo miraba tentándolo.
Él no quería ni mirarla, pues en momentos tensos como ese su control con ella parecía esfumarse más pronto que tarde. Toda su vida había sido dueño de sí mismo y parecía que aquella muchacha le arrebata toda la cordura y control que él mismo depositaba sin esfuerzo alguno. ¿Acaso lo estaba tentando de alguna manera?. Como sea era una pregunta simple, con responderla bastaría.
- Tu personalidad, creo que es lo que más me gusta.-
- Pero, me refería a algo físico.- Dijo la mujer algo decepcionada.
Talon entrecerró sus ojos.
- Ya te he respondido a la pregunta. Me toca a mí seguir.-
Ella resopló y se cruzó de brazos. Había sido despistada y él lo había aprovechado bien. El noxiano la miró divertido.
- ¿Quién es Mera?.- Trató de sonsacar información.
LeBlanc miró con sorpresa. Lo sabía. ¿Cómo narices se habría enterado ese muchacho de tal cosa?. Se relajó, bueno, habría que salir de ello como pudiera.
- Es una amiga mía.-
- Estás vinculada a ella.- Afirmó él.
La chica se mordió el labio, asintió tratando de ser reservada. Y tratando de cambiar de tema siguió.
- Vale, ahora yo.- Comenzó a pensar de manera divertida.- ¿Has soñado alguna vez conmigo?.-
Él la miró con sorpresa. Ella sonrió triunfal, a pesar de que ese muchacho era inteligente era muy joven como para perder contra él.
- No voy a responder a eso.- Afirmó.
- Bueno pues será reto entonces.- Sonrió mientras se entrelazaba las manos.- Tócame.-
- ¿Qué?.- Dijo él tragando saliva.
- Vamos, que no es tan difícil.-
Ella cogió una de sus manos enguantadas y la llevó hasta su cuello descubierto. Él trataba de controlarse como podía, tensó su mano no sabiendo muy bien cómo había llegado a esa situación. Había accedido jugar por tratar de saber más sobre el asunto que tenía con Darius. Pero todo se había tornado…extraño y ella parecía querer tentarle una y otra vez. Alzó su mirada para encontrarse con la de ella y tratar de saber qué sucedía, quizás fuera un error. La mujer lo miraba con deseo o al menos eso le parecía, pero no podía ser. Él sabía de sobra que esa chica hasta hacía unos minutos estaba muy afectada por haber perdido al guerrero de su lado. ¿Cómo podía ser?. Una esperanza peligrosa nació en su interior. ¿Se había fijado en él?. Para nada, era imposible.
Lux bajó su mano hasta su clavícula mientras lo miraba. Trató de seguir bajando pero él hizo fuerza para detenerla.
- Ya está bien, chica.-
- Pero no has cumplido mi reto.-
- Acabo de hacerlo.-
- Llevas guantes. No me has tocado en absoluto.-
Trató de quitarle el guante de su mano. Él la detuvo.
- Oye, ¿Qué te ocurre?.- Comenzó él pensando que quizás todo se debiera a que ella lo estaba pasando mal.
- Sólo es un juego.- Le sonrió feliz.
- Lo estás llevando muy al extremo ¿no crees?.-
- ¿No te gustaría hacerlo?.-
Él se quedó sin palabras. Pausó un tiempo para volver a recuperar su control. Ella aprovechó para quitar su guante y posar la mano del chico sobre su piel. Con el poco control que le quedaba trató de recomponerse y quitarla pero ella con una pícara sonrisa no le dejó. ¿Por qué de entre todas las mujeres, ella? ¿Por qué ahora?, ¿por qué tenía tantísimas ganas de dejarse llevar por sus tretas? ¿Por qué sus esperanzas crecían como una llama que lo devora todo a su paso?. Se había dicho que quería alejarla de todo noxiano y eso es lo que él era. Esos fueron sus últimos pensamientos antes de proceder a desearla como nunca antes había deseado algo.
Sin que ella hiciera fuerza sobre él para mantener su mano, la soltó y se quedó quieta mientras lo miraba con sus infinitos ojos azules. Él recorrió el cuello de ella con su mano, sintiendo su cálida y suave piel bajo ésta. Aquel cuello era tan fino y esbelto, tan grácil y precioso como lo era toda ella. Subió por su barbilla y acarició su mejilla. Posó sus intensos ojos dorados en los de ella. Ésta se acercó más a él, colocó su mano sobre la de él y aproximó su nívea y pecosa cara a la suya.
El muchacho sacó fuerzas para una última cosa con cordura.
- ¿Por qué?.- Preguntó.- No soy yo a quien quieres.-
Ella supuso que se refería a Darius, supuso que él sabía de su existencia en la vida amorosa de Lux, y supuso que lo único que tenía que hacer era darle una última esperanza.
- Eso…no es verdad.- Dijo tratando de ser inocente y a la vez sensual. Envolviéndolo con una mirada fogosa.
Talon comenzó a respirar agitadamente al escucharla decir tales palabras con ese tono. ¿Era eso la realidad?, su mente era un caos, jamás en toda su vida se había sentido como ahora. Y comenzaba a estar demasiado excitado como para pensar. Era increíble lo que esa mujer despertaba en él, ni en sus mejores deseos había soñado con tomarla y allí estaba. Ella frente a él. ¿Se había dado cuenta de todo lo que había hecho por ella y por eso…?.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando ella llevó sus dos manos hacia su cara. Las puso a la altura de sus mejillas sobre su máscara. LeBlanc estaba ansiosa, ya casi lo había conseguido, sólo… un poco… más cerca…
Cuando trato de quitársela éste la paró cogiéndole de las manos y separándolas de él. La mujer creyó que había fallado en cuanto vio la expresión ceñuda del muchacho. Éste podía perder el control sobre sí mismo, nunca sobre la situación, su obsesión por controlarlo todo salió flote. Ella no vio otra salida. No iba a fallar ahora.
Aun con las manos impedidas por él se acercó a su rostro y depositó un suave y tierno beso a la altura de su boca, sobre su máscara. Se separó para mirarle a los ojos. Él estaba tan sorprendido que no pudo moverse. Estaban solos en aquella casa y ella le había besado. El Sol y el cielo se mezclaron con una mirada de tal intensidad que incluso LeBlanc pudo sentir deseo por él. Sin pensárselo dos veces volvió a acercarse y volvió a besarle. Y con cada beso éste parecía perder más y más. Y ella se separó para volver a besarle. Y él esperaba cada beso con lujuria con pasión y esperaba más y más. Su agarre cedió y ella liberó una mano para bajarle la máscara a la altura de la barbilla. Su cara ya no estaba completamente cubierta por aquella máscara, su nariz y su boca se mostraron ante la embaucadora. Qué hombre tan joven y tan idiota por caer en sus tretas. Pero no le bastó con ver sólo eso, quería ver su cara completamente descubierta, quería arrancarle su capucha y verle entero. Y no perdía nada por intentar ir más allá. Esta vez se acercó al fino rostro de él, el cual era anguloso pero tenía también un toque aniñado, quizás fuera por la joven edad. Era atractivo y eso fue bueno para la mujer que aprovecharía además para divertirse con él. La chica llevó sus labios hasta los de él y cuando estuvieron tan cerca como para oírse respirar lo miró mientras lo besaba. Se unieron con sus miradas. Él instintivamente la rodeó con su brazo para acercarla más a su cuerpo. Sus emociones, sus sentimientos se desbordaban por igual, y le gustaba. Nunca le había gustado tanto ser tocado por una mujer, ni por nadie. Pero Lux era…era…
Era suya en ese momento. En ese momento él la tenía para sí. Y no la iba a soltar por nada del mundo. Su ansia en querer poseerla comenzó a brotar y dejando de lado todo lo que había sido hasta ahora, sólo hizo caso a su instinto más salvaje.
Sin delicadeza mordió sus labios, se deslizó por su cuello el cual besó con fiereza. Ella rio para sus adentros mientras se dejaba. Ese muchacho estaba siendo toda una caja de sorpresas, tanto tiempo sumido en el autocontrol que cuando lo perdía se mostraba su verdadero yo, su forma más salvaje y ruda. No era nada delicado con ella, no quería serlo. Su mente sólo le pedía dominarla. Comenzó a morder su cuello con brusquedad. La mujer gimió un poco y aunque dolía, el dolor era placentero. Bajó hasta su pecoso hombro y comenzó a dibujarle varias marcas con sus dientes. Al verse impedido por la blusa que la chica llevaba comenzó con ímpetu a quitársela tratando de desabrochársela botón por botón, pero no tenía paciencia para tales cosas. Rompió la camisa de la chica sin delicadeza. Recorrió su busto con los ojos. La demaciana abrió la cremallera de la sudadera que él portaba, trató de llevar de nuevo las manos para quitarle la máscara por completo y también su capucha, pero él volvió a detenerla. Porque aunque su autocontrol había desaparecido, el único que llevaba las riendas en esa situación sería él. Y el único que podía dominar, sería él. Rodeó ambas manos de la muchacha con una sola mano y haciendo fuerza con la otra la hizo tumbarse en el sofá. Se bajó su máscara hasta su cuello, pues su protector de identidad, ahora le estaba molestando demasiado.
Mordió el vientre de la chica y recorrió con su lengua demasiados centímetros de su piel. Estaba tan fuera de sí mismo que ya ni le importaba ni le perturbaban sus preguntas. En su cabeza sólo había un pensamiento. Esa mujer era suya. Levantó el blanco sujetador de la chica para ver sus pechos. Aquellos pechos eran perfectos, níveos y con su pezón rosado, listos para él, para tomarlos. Perfectos en forma y tamaño para rodearlos con sus manos. No se esperaba que fueran así, pues la chica a menudo usaba vestimentas que al no ser ajustadas, parecía tener pechos más pequeños. Pero eran perfectos. Los masajeó con deseo mientras la escuchaba gemir, lo que le hacía estar más y más excitado. Llevó su boca a uno de sus pechos y lo mordió con brusquedad. Y una vez más a LeBlanc le dolió, pero no le disgustó, era un dolor placentero, un dolor que la llevaba a ratos a perder el control también a ella. Pero no estaba allí para acostarse con ese chico. Aunque hubiera sido muy interesante. Cuando volvió a recuperar la autonomía de sus manos, aprovechando que el chico mordía uno de sus pechos, llevó sus manos hasta la capucha del chico y se la bajó.
El pelo largo y oscuro del muchacho se mostró sin pudor alguno. Él volvió a agarrarle las manos a ella y esta vez llevó los brazos de la muchacha sobre la cabeza de ella para presionarle las manos contra el sofá. La miró desde su posición de superioridad. Estando directamente encima de ella. Él recorrió con lujuria todo su cuerpo. Ella analizó su cara por completo. Sin máscara, sin capucha, sin obstáculos. Para sorpresa del muchacho ella le mostró una sonrisa que nunca había visto en Lux. Sombría, maliciosa. Y con un tono de soberbia absoluta le dijo.
- Por fin nos conocemos. Talon.-
Él soltó sus muñecas y se incorporó de manera rauda. Pero antes de que pudiera siquiera preguntar, Lux se desmayó y durante unos instantes el cuerpo de la muchacha pareció desprovisto de toda vida.
Su cabeza era un caos, su excitación parecía un volcán a punto de estallar. Esa sonrisa, esa frase, ¿Con quién había hablado?. Fue encajando poco a poco las cosas. Desde que aquel plato rompió contra el suelo nada había sido normal. La chica lo había tentado una y otra vez. Sí. Pero era Lux, era ella.
La muchacha, aún tumbada, movió lentamente su cabeza. Abrió los ojos poco a poco. Se los frotó para quitarse su azoramiento. Con el ceño fruncido se fue incorporando mientras deducía dónde estaba. Confusa miró a su compañero. Nunca había visto al noxiano sin máscara así que en un primer momento se asustó. Pero al percibir el dorado de sus ojos, en ese instante sorprendidos, intuyó que era él.
- ¿E-Eres…Talon?.-
- Sí.- Dijo él recomponiendo su compostura.
- ¿Qué…yo…estaba en la cocina…por qué?.- No conseguía terminar las frases.
El hombre se llevó una mano a la frente. Había sido un completo imbécil. Había sido descuidado. Se había dejado llevar, y se había dicho a sí mismo una y otra vez que no podía pensar en ella de manera romántica, y aun así, cayó. Cayó en lo que fuera que había pasado, pero estaba claro que la mujer con la que había estado, era Lux y no lo era a la vez.
- Es confuso para mí también.- Respondió éste.
Ella notó su hombro y su cuello caliente. Se llevó una mano hacía esa zona y cuando presionó con suavidad un dolor, parecido a cuando tenía un cardenal, pareció asolarle. Con expresión quejosa, trató de mirarse para ver qué tenía. Vio su torso aún desnudo y alzó súbitamente la mirada sorprendida mientras su cara se tornaba roja como un tomate. Se cubrió con sus brazos, no importándole lo más mínimo el ligero dolor que sentía en su cuello.
- ¿T-T-Tú ha-has…?, Oh, Dioses.-
Intentó cubrirse con su camisa pero estaba rota. ¿Qué había pasado?.
- Talon…- Rogó ante su confusión mientras se cubría de manera desesperada con sus piernas y brazos.
Estaba tan avergonzada que comenzó a sentirse al borde del llanto.
Él se quitó su sudadera y se la puso por los hombros. Se cubrió con ella.
- No sé muy bien qué ha pasado.- Dijo él.
La realidad era que se había dejado engañar, como cuando a un niño le tienden un caramelo y éste se va con cualquiera. La realidad era que le habían tentado y él había accedido de buena gana a ser tentado. Cada minuto que pasaba más estúpido se sentía.
- Yo estoy segura de que estaba en la cocina. Entonces sentí…que moría, que me iba y ya no recuerdo nada más.-
Talon aprovechó la versión de la demaciana para hacerla suya. Estaba también tan avergonzado por haberse dejado llevar de esa manera… no podía decirle la verdad. En su cabeza ya sonaba demasiado tonto como para verbalizarla. Viniste, te me pusiste delante y yo te…te… . Se pasó una mano por su frente y por su mejilla. Resopló un tanto desesperado.
- Yo…tampoco lo recuerdo muy bien.- Mintió él.
- ¿Por qué estás sin tu máscara?.- Preguntó con su cara aún encendida por la situación.
- Porque tú me la quitaste.-
- Entonces…¿recuerdas algo?.-
- Cosas sueltas.- Volvió a mentir.
- Quizás entre ambos podamos encajar qué ha pasado.-
- Creo que sé que ha pasado.- Pausó para recomponerse un poco.- Aunque tengo lagunas, creo que en ocasiones yo estaba fuera de mí pues no recuerdo mucho. Lo último que recuerdo es a ti quitándome la capucha y yo desprovisto de mi máscara. Creo que estabas siendo controlada por alguien, y ese alguien quería saber mi identidad.-
- Cielos…- Dijo ella tratando de atar cabos.- Me siento completamente inútil, ¿qué clase de persona puede entrar en mi mente sin dificultad?. No sé de ningún mago que tenga ese dote, estoy más que segura que ni Swain podría hacer tal cosa. Es increíble y peligroso.-
- Estoy seguro de que no eras tú, chica.-
- Y yo también estoy segura de eso. Pues no recuerdo nada de los últimos minutos.- Ella pausó, pensativa.- ¿Pero para qué iban a querer saber tu identidad?.-
- No lo sé. ¿Pero qué otra cosa iba a querer si en cuanto la supo se disipó?.-
- Ya, tienes razón. Da mucho miedo. Quizás fuesen dos magos controlándonos. Lo que me da pie para pensar que quizás sean un grupo de personas.-
- No lo sé.- Volvió a repetir el noxiano al saber que le había mentido en cuanto a su control y la pista de que fueran dos estaba fundada en hechos falsos.
Ella se hundió más en la sudadera del chico, tratando de organizar su mente que en ese momento estaba como loca tratando de atar cabos. Infló un poco sus mejillas y miró hacia el sofá.
Al chico le parecía una mujer hermosa, y después de todo lo que había visto, y lo que había vivido parecía que controlarse era más difícil en ese momento. Sentía, aun en esa situación, el deseo de terminar con lo que había empezado. Movió un poco su mano para acariciar la suave piel de la chica, pero se detuvo a mitad del camino. Aunque la anhelaba, no podía. Su relación actual, lo que él tenía actualmente se iría probablemente al traste si ella conocía la verdad. Prefirió ahorrarse los problemas. El control era su especialidad, no debería de tener problemas para recomponerse. Pero es que era tan bonita, tan suave, tan dulce. Fue hermoso mientras duró. Pues aunque nadie más que él lo recordaba, hubo momentos que había sido suya. Ese pensamiento le dolió en su mente, ella no había sido en ningún momento ella. Nunca había querido entregarse. Nunca había tenido nada.
- No logro encontrar explicación de para qué el querer saber tu identidad.-
Posó sus aguamarinas en él. Le sonrió con complicidad y ternura, pues los dos estaban metidos en el mismo berenjenal.
- Puedo tratar de rastrear, si tú me dejas.-
- Ayer hubo que detenerte. No sé si será buena idea.-
- Saldrá bien. Será el mismo proceder. Ambos sabemos cómo actuar.- Volvió a dedicarle una sonrisa.
Echaba de menos esa actitud de ella. Aquellas miradas y sonrisas. Y ojalá lo que había pasado entre ellos, se volviera a repetir siendo ella tal y como en ese momento estaba siendo. Tal pensamiento se lo quitó de la cabeza de inmediato. Era idiota desear algo que nunca iba a tener.
- Sé que no te gusta. Pero he de estar en contacto contigo.-
Él frunció el ceño. Quizás en ese momento su mentira saliera a luz.
- ¿Me vas a inspeccionar a mí?.-
- Sí. A mí misma no puedo y dado que a ti también te controló, puedo tratar de localizar qué clase de hechizo usó.-
Si se negaba parecería muy sospechoso por su parte. Dejó como primera y última vez que el destino decidiera su suerte. Asintió no muy convencido.
- ¿Me…das la mano?.- Preguntó ella de manera tímida.
Y así es como hubiera actuado en ese momento y no como la chica pícara que lo había tentado una y otra vez. Y de nuevo volvió a sentirse completamente estúpido. Le tendió la mano y ella la rodeó entre las suyas con cuidado. Cerró los ojos y comenzó a intentar rastrear la magia. Pero por más que se concentraba no podía encontrar nada. Volvió a abrir los ojos exasperada.
- ¿Cómo puede ser que no haya dejado rastro?.- Preguntó casi malhumorada.- ¿A qué clase de amenaza nos estamos enfrentando?. Todo esto es tan…extraño.-
No podía encontrar nada porque nada había. A Talon no le había pasado absolutamente nada. Pero no era algo que fuera a decir.
- Aunque tengo media idea de magia, no sé qué pensar.- Afirmó él tratando de disimular su mentira.
Ella se levantó del sofá.
- Iré a mi habitación a cambiarme y a tratar de pensar en todo. Sí sé algo te informaré.- Miró su vestimenta y algo apenada concluyó.- Me gustaba esta camisa.-
Él la detuvo incorporándose mejor en el sofá y cogiéndola de la mano.
- Lo siento.- Su disculpa era sincera. Lo sentía tanto por haber sido un estúpido como por todo lo que le había hecho. Quizás no lo sentía en el aspecto de que él disfrutó. Pero se sentía alguien despreciable. Cómo si encima con su mentira estuviera sacando provecho de todo. Y no era el caso.
- No te disculpes.- Le dijo ella con una cálida sonrisa.- No ha sido para nada culpa tuya. Ambos hemos sido víctima de algún conjuro.-
- Supongo que sí.- Dijo él con la indiferencia que le caracterizaba. Era mejor dejarlo estar.
El cuerpo de LeBlanc volvió a la vida. Sus ojos amarillos centellearon en aquel lustroso salón. Se levantó triunfal y se movió un poco para activar sus entumecidas articulaciones. Cuando estuvo lista por completo se fue hacia la sala dónde Mera reposaba. Necesitaba contar a alguien su triunfo y no tenía a nadie más. Aunque la compañía de la encerrada mujer era bastante pobre, le valía. Entró en la sala. La mujer de cabellos blancos se puso en guardia. Su captora le quitó la venda de los ojos y la miró de forma macabra.
- Adivina quién es tan lista, tan buena, tan genial como para ganar siempre.-
La cautiva no hizo ademán alguno de contestarle. Entrecerró sus ojos de cristal para dedicarle una mirada de resentimiento.
- ¿No estás feliz?.- Continuó la embaucadora.- Mira, como triunfo quizás te traiga algo bueno para cenar. ¿Qué te parece? O ¡mejor!, cenamos juntas. Sí, sí, mejor, mejor, así te cuento cómo la maté. Cómo manipulé a su preciado guardaespaldas para matarla.- Soltó una carcajada maliciosa.- Ya casi puedo tocar la victoria con mis dedos. Y qué fácil ha sido. Aunque no sé de qué te extrañabas tratando de saltarte mis hechizos. Para mí todo es tan fácil.-
- Vendes la piel del oso antes de cazarla. Serás todo lo poderosa que quieras, pero careces de sabiduría y más si todo este tiempo lo único que has sabido hacer es aprovechar momentos de suerte.-
La muchacha que tenía encerrada era lista y poderosa también. La mujer sintió el ataque muy en el interior. Mordió su labio inferior. Le puso la venda de nuevo en los ojos. Poco iba a durar su enfado con su prisionera, pues en cuanto matase a Luxanna sería la primera en saber tal proeza y cuando viera su cara de aflicción, cielos…cómo iba a disfrutar. ¿Qué mujer era la más poderosa y astuta de toda Runaterra?. Sonrió dándose la respuesta a sí misma.
Necesitaba unas cuatro o cinco horas para volver a estar completa mágicamente. El tiempo que había pasado con Talon se había alargado y para atacar de manera directa y final necesitaba estar al cien por cien. Tenía ganas de contarle a los miembros de la rosa negra su logro. Pero lo haría en cuanto lo hubiera completado.
Durante prácticamente todo el día Lux estuvo metida en su habitación, a veces salía parecía que iba a hablar con su compañero, pero entonces lo miraba sorprendida, se sonrojaba y volvía a agachar la mirada. Su compañero sabía que muchas cosas habían cambiado y que debía andar con cuidado. El cuello de la muchacha estaba lo suficientemente marcado como para recordárselo. Él trataba de leer, de ocuparse de otros asuntos, a veces quería salir de aquella pequeña casa, pero se había dicho a sí mismo de no dejarla sola y menos con todas las cosas extrañas que estaban pasando. Aun así el ambiente estaba cargado, y aunque él parecía llevarlo con normalidad por su porte exterior, por dentro se sentía muy parecido a ella.
Cada uno había cenado a distintas horas. Talon prefirió cenar en su horario habitual, que solía ser mucho más tarde que el de la chica. Luego se fue al salón buscó por las estanterías nuevos libros para leer. Pero en cuanto alzó su vista para buscar nuevas novelas, las cosas comenzaron a tornarse borrosas. Comenzó a asfixiarse. Se llevó una mano al cuello. Sus pensamientos recorrieron su mente de manera fugaz una y otra vez. ¿Qué le estaba pasando?, recordó entonces que Lux, antes de que todo se volviera extraño le había dicho que sentía que se moría. Esa sensación… Ahora comenzaba saber por qué el mago o maga que estaba detrás de todo quería su identidad. Pasó a recordar cómo la mujer gemía cuando el depositaba sus bruscos besos en ella. Podía sentir todo lo que el cuerpo de Lux estaba sintiendo. No se iba a rendir. Con su vista nublada y sus sentidos obnubilados se llevó una mano al bolsillo de su sudadera. Tenía una idea. Sacó una daga de éste y preparándose para lo peor apretó la mandíbula. Se clavó la daga en la parte interna de su muslo. Tratando de no dañar la arteria pero sí diversas terminaciones nerviosas. Tanto él como LeBlanc soltaron un grito de agonía. El dolor le recorrió el cuerpo, metiéndose de manera profunda por su espina dorsal. El muchacho recuperó parte de su control. Trató de incorporarse un poco y cuando su vista volvía nublarse volvía a mover la daga para infringirse dolor. La embaucadora estaba desesperada. Odiaba a ese hombre con todo su ser. ¿Cómo podía ser?, ni siquiera era un mago y se estaba resistiendo mucho más que la demaciana. Siempre interfiriendo en sus malditos planes. Con furia trató de concentrarse en romper la voluntad del muchacho. Trató de ignorar el dolor que se infringía a sí mismo
Lux salió inmediatamente de su habitación para ver qué pasaba al oír el grito. Vio a Talon en el suelo. Corriendo llegó hasta él y cuando se fijó en el puñal incrustado en su muslo quiso ayudarle poniéndose de rodillas junto a él y tratando de curarle. Él la detuvo de manera brusca.
- ¡No!.- Le dijo.- Llama…guardias.-
Ella supo inmediatamente lo que estaba pasando. Se levantó a toda prisa para llamar a los guardias, pero antes de que pudiera abrir la puerta siquiera, de la pared brotaron dos cadenas doradas que de manera repentina rodearon a la muchacha por los brazos y por la cintura.
La pequeña mujer en cuanto se vio impedida trató de conjurar para llamar a su bastón. Unas cadenas más finas brotaron de la nada y rodearon su boca y nuca. Notó cómo la sangre brotaba de sus labios ante la presión que ejercían las delgadas cadenas sobre éstos.
- Oh, vamos…- Le dijo un reincorporado Talon de manera macabra.- Cállate. No llores, ni conjures, ni supliques…bueno sí, suplica un poco y quizás te mate más rápido.-
Lux observaba el entorno tratando de buscar una salida. Su respiración agitada, el sabor a hierro de la sangre, el miedo por el acercamiento del final…todo la hacía ponerse más y más nerviosa. El noxiano sonrió de manera siniestra. Se sacó otra daga del bolsillo y jugueteó con ella de manera divertida.
Había una oportunidad. Talon tuvo que haberla debilitado un poco al haberse resistido a tal control. Se concentró en las cadenas que la apresaban. Cadenas que en sí mismas eran magia. Cerró los ojos y dejó que su naturaleza se expandiera. Aquella que tanto odiaba su padre y tanto veneraba su madre. Dejó que la magia de LeBlanc la inundase. Su piel comenzó a centellear y las cadenas comenzaron a ceder.
El muchacho dio un paso atrás. Luxanna estaba absorbiendo la magia de la embaucadora y aunque ésta también era muy poderosa su energía se agotaba muchísimo más rápido si ella hacía tal cosa. Ojalá no existieran los malditos magos primigenios, ojalá no los necesitase para nada. Se tocó la frente con la mano, alzó la vista para mirarla de manera iracunda. Los ojos dorados de Talon se clavaron en ella con crueldad. Pero ése no era él y ella lo sabía. Tampoco quería hacerle daño. Las cadenas de su boca se disiparon y rápidamente conjuró su bastón que le dio el resto de soporte que necesitaba. El noxiano se abalanzó sobre ella para matarla de una vez por todas. La pequeña demaciana logró bloquear el golpe con un pequeño escudo. Se liberó de las débiles cadenas. Pues LeBlanc ya no podía mantenerlas y mantener el control sobre el chico. Un haz de luz surgió del suelo paralizando al hombre de pies y manos.
Lux se acercó a él con cautela. Le quitó la capucha y posó sus pequeñas manos en la sien del muchacho. De sus ojos azules comenzó a emanar una luz característica. Pura, brillante, hermosa.
La embaucadora comenzó a notar como sus fuerzas se iban debilitando. No…no podía ser…después de todo el esfuerzo hecho, se negaba a irse sin haberla matado. Nunca… nunca en su vida había perdido contra nadie. Levantó su vista con resentimiento y furia y antes de desaparecer del cuerpo del chico le dijo.
- Los magos…primigenios…sois una…maldición.-
Se desvaneció sin dejar rastro. Talon se desmayó por completo, ella lo sostuvo aún con su magia. Cuando el chico pareció despertar aún maniatado de pies y manos la miró con confusión para pasar a analizarla detenidamente. Ella le quitó las ataduras de luz y lo sostuvo con cuidado, pues a pesar de que éste había vuelto en sí, tenía una herida en el muslo. Él con el ceño fruncido posó una mano en su mejilla. La chica se sonrojó.
- ¿Te he…hecho…?- Preguntó él no dejando de mirarla.
Ella negó con la cabeza y lo miró feliz.
- Se acabó. Le he debilitado por un tiempo. Y es ahora cuando he de romper mi vínculo con Mera. Algo me dice que si lo hago los ataques cesarán. Pues es la advertencia que ella me ha dado.-
- Quizás sea precipitado. ¿Estás segura?-
- Sí. Más segura que nunca. Después de enfrentarme a él o a ella, lo tengo muy claro. Me siento muy... poderosa, Talon. Quizás sea porque he absorbido demasiada magia.-
- Te ayudaré si lo necesitas.- Dijo él.
- No. Necesitas curarte, debemos avisar a…-
- Estoy bien.- Interrumpió el muchacho.- Es algo profundo, pero no he cortado ninguna arteria, sé bien lo que me he hecho.-
- Te resististe mejor que yo.- Le dijo ella sonriéndole de manera cálida.
- No quería hacerte daño. Me resistí mejor por ti.-
Ella se sonrojó de inmediato al escuchar tales palabras. Él desvió la mirada al haberlas pronunciado. Debía apagar lo que fuera que se activase cuando de ella se trataba, pues parecía hacerle decir o hacer cosas que nunca haría. Y de nuevo se repitió que ella sería más feliz en Demacia que junto a cualquier noxiano.
- Te traeré vendas y esterilizante…- Le dijo ella avergonzada.
- Mira si hay también por la casa aguja e hilo.- volvió a ser tan indiferente como siempre.
- ¿Qué?.- Le preguntó sorprendida.- ¿Te vas a suturar la herida tú solo?.-
- No pasa nada, lo he hecho millones de veces.-
- Puedo tratar de hacerlo con magia.-
- Resérvala para lo que vas a hacer ahora.-
La chica asintió y tragó saliva. Le parecía un poco peligroso que se lo hiciera él a sí mismo, hubiera preferido que se curase en un centro de salud u hospital.
Cuando acabó de buscar lo que él le pidió bajó de nuevo a la sala de estar. Pusieron alguna que otra toalla para no manchar de sangre los muebles y él procedió a sacarse la daga y a curarse la herida. A la chica le parecía increíble que a pesar de lo doloroso que debía ser tal cosa no hiciera ademán alguno de quejarse.
- Presiona fuerte aquí.- Le dijo él mientras sostenía una gasa sobre su herida.
Ella asintió algo asustada y preocupada e inmediatamente hizo lo que él le decía.
- ¿No te hago daño verdad?.-
- Verdad.- Dijo él mientras rompía un trozo de hilo con los dientes.
Alzó la vista para encontrarse con la preocupación de ella. Sonrió al verla así. Le dio un toquecito en la frente con el dedo índice y corazón. Ella parpadeó sorprendida.
- No me voy a morir. Sólo es un corte.- Le dijo tratando de calmar su inquietud.
Ella sonrió al verle sonreír.
- De alguna manera has sido envuelto en esto. Lo siento.-
- Es mi trabajo. Supongo.-
- ¿Cuándo me vaya seguirás trabajando de esto?.-
- No. Nunca más. Creo que ha sido suficiente-
Ella soltó una risilla y negó con la cabeza. Pasó a centrarse en lo que estaba haciendo. Miró pacientemente cómo él se cosía la herida de manera sorprendida. Si hubiera sido ella era muy probable que estuviera quejándose a cada punzada hecha. Luego lo ayudó a vendarse la herida y por último le tocó a ella trabajar en la parte difícil. Romper el vínculo con Mera.
Se acomodó en el sofá ante la atenta mirada de su compañero el cual sabía que tenía que sacarla del trance si algo pasaba.
Buscó su conexión con Mera una y otra vez. Notó como el bloqueo y las barreras no la dejaban pasar a través, pero también sintió cómo el debilitamiento del mago que había intercedido con ellos había hecho a las barreras flaquear. Con conjuración básica las saltó sin mucha dificultad. Y se encontró directamente con Mera en una sala oscura e iluminada únicamente por dos esferas luminosas que parecían revolotear al lado de ella.
La mujer se encontraba de espaldas a Lux, con los hombros relajados y el pelo alborotado.
- Lo has conseguido.- Dijo ésta dándose la vuelta y mirándola con ternura.
- Sí. He tenido mucha ayuda.-
- Rómpelo. No tenemos mucho tiempo.-
- Pero he de saber dónde estás, quién te controla.-
- ¡No podemos!. Tienes que hacerlo ya. Cada segundo que pasa hay más posibilidades de que ella vuelva.-
- ¿Es una mujer?.-
La noxiana se acercó a Lux con una sonrisa. La abrazó hundiendo las manos en su dorado cabello y conjuró un hechizo con las pocas energías que le quedaban.
- ¡No, NO!. Espera por favor.- Le dijo la pequeña chica desesperada sin soltar su abrazo.
- Hemos ganado Luxanna.-
Fue lo último que le dijo mientras sonreía mostrando cada uno de sus blancos dientes y ponía su dedo índice y corazón en forma de V.
Desapareció de aquella oscura sala y la demaciana sintió cómo su otra parte desaparecía. Sentía cómo el vacío se solidificaba para desaparecer allá donde antes había algo. Sentía cómo algo que antes era suyo ya no estaba. Algo hermoso y único en la naturaleza. Destruido. Por sus mejillas comenzaron a brotar lágrimas.
LeBlanc estaba tan débil que le costaba incluso moverse. Estaban tan hundida por la pérdida, tan desorientada, tan enrabietada. Después de estar un tiempo sentada en su sofá reunió las energías suficientes para incorporarse mejor. Esa muchacha le había absorbido prácticamente toda su magia. Se maldijo a sí misma. Había tenido la oportunidad de matarla simplemente arrojándole el cuchillo. ¿Por qué narices había esperado tanto tratando de juguetear con ella?. Había sido tan descuidada como sus secuaces o peor. Porque lo había hecho todo tan bien, tan perfecto… ¿cómo?, casi palpaba la victoria. Casi…
Notó como algo en su interior se revolvía debilitándola aún más. Sus alarmas saltaron sabiendo que alguien acababa de contactar con su prisionera. No podía ser. ¿Qué iban a hacer?.
- NO. ¡NO!.-
Gritó la versada mujer mientras se levantaba de su asiento para deslizarse apoyándose en la pared hasta la sala dónde estaba su cautiva. Con nerviosismo abrió la puerta.
Mera estaba sentada en su esquina de siempre. Su cabeza miraba al techo y se reía mientras las lágrimas se deslizaban por debajo de su venda. Sólo se reía y se reía más y más.
La embaucadora clavó las uñas en la puerta. Había perdido. Sí. Pero aquella mujer, Luxanna, se iba a arrepentir de tal victoria. Se iba a arrepentir porque nadie jugaba con ella y salía intacto. Su cuerpo y su alma recordarían lo que es tentar a algo más poderoso de lo que ningún ser viviente imaginaría. La venganza… se sirve fría…
Notas finales: Creo que este capítulo es un claro ejemplo de que, cuando podáis ganar una ranked no hagáis el tonto en el Nexo enemigo y destruirlo en cuanto se os dé la oportunidad. O de lo contrarío obtendréis la derrota, tal y como le ha pasado a nuestra querida embaucadora.
Muchas gracias de nuevo por leerme y espero que os haya gustado el capi. Nos vemos en el próximo!.
