¡Mamma mia!
—Vaya —murmuró Paul ladeando la cabeza —, ha de tener una buena excusa como para hacerse el tonto e irse en la noche de aniversario.
Le fulminé con la mirada, sugiriéndole a la vez que cerrara la boca.
—Mensaje copiado —dijo con voz robótica.
Volví a pegar la mirada en la pantalla del televisor, completamente aburrida. Ni siquiera me entretenía el partido de fútbol, pero cuando estás entre una manada de hombres lobos, no tienes mucha opción. La manada de Sam no era tan grande, tenía, más o menos, la misma cantidad de integrantes que la de Jacob. Las caras que más seguido había estado viendo durante estos cinco meses habían sido las de Paul, Jared, Collin y Brady. Esos chicos se pasaban horas en casa de Emily...
—¿Es que no tienes televisor en tu casa? —le pregunté a Paul, quien comía como bestia una porción de torta recién horneada.
—Sí, pero en mi casa no cocinan tan bien.
Como si me importara, pensé. Ahora entendía perfectamente cuando Jacob se quejaba de la excesiva permanencia de su cuñado en su casa; debía de ser inaguantable. Aunque Paul tenía su lado divertido, por más que siempre debías controlarte ya que su temperamento era un poco susceptible.
—Oh, por Dios —me quejé en cuanto vi a Jared trayendo más comida —. ¡Déjenos un poquito a nosotros, caramba!
Él me sacó la lengua y pocos segundos después ya estaba acomodado en el sillón junto a Paul. Tardé varios minutos en darme cuenta de que ambos parecían estar imprimados del televisor. Debería llamar a Rachel y a Kim, sólo para avisarles que habían sido cambiadas por una destartalada tele.
Rodé los ojos.
—Qué insoportable que te pones cuando Seth no está para entretenerte —comentó Paul, quien me había estado observando —. ¿Por qué no haces esas cosas que hacen ustedes las chicas? No sé, pintarte las uñas, arreglarte el cabello, hacer los quehaceres de la casa...¡Hay tanto para hacer!
—¡Tienes razón! —caminé hasta al sofá y me senté entre medio de ambos. Pasé mis dos brazos por encima de cada uno y dije —: ¡Y, lo mejor de todo, es que mis dos amigos hombres lobo me van a ayudar! ¡Yupi!
—Paso —dijeron a la vez en perfecta sincronía.
Me reí entre dientes y, antes de pararme, palmeé los pechos de cada uno. Pero su atención estaba tan fijada en la pantalla del televisor, que ni sintieron mis golpes. Me encogí de hombros y me encaminé hacia la cocina.
—¡Lucy! —Emily tenía el rostro completamente exhausto. La coleta con la que había recogido su azabache cabello estaba casi desecha, con un conjunto de mechones desparramados —. Necesito que me hagas un favor.
—¡Por supuesto! —me apresuré a contestar —. Dime, ¿qué deseas?
—¿Podrías encargarte de hacer las compras? Es que yo debo terminar de lavar la ropa, colgarla y preparar la cena. ¡Uf!
—Vaya, ¡al diablo, Emily! ¿De dónde sacas las energías? —murmuré y ella se encogió de hombros —. ¿Por qué no les pides ayuda a los vagos? Apuesto a que podrían darte una mano.
Desde el comedor, nos llegaron risas estridentes de Paul y Jared, seguramente, burlándose de algún chiste que hubieran visto en la televisión. Emily y yo intercambiamos miradas.
—Vale, creo que ni para eso sirven.
—No seas mala —me dijo riendo entre dientes —. Yo puedo sola. Te prometo que si les necesito, les haré saber.
—De acuerdo —tomé la lista de productos que estaba en su mano —. ¡Te veré dentro de unas horas!
—¡Cuídate, Lucy! —le oí gritar antes de subirme al auto.
—¿Cuál de los dos llevamos? —inquirió Nessie, con un paquete de cereal de diferentes marcas, en cada mano —. ¿El que dice que son balanceados o el que dice que tienen vitamina A, B y D?
La miré con una ceja arqueada y chasqueé la lengua.
—No creo que haya mucha diferencia. Lleva el que quieras.
—De acuerdo.
Empujé el changuito hasta la caja, y la «amable» cajera se tomó su preciado tiempo en pasar los productos por el coso ese de la luz roja. Tú tómate tu maldito tiempo, total, a mi me lo regalan, pensé en mi fuero interno. La miré fulminantemente, deseando que pudiera leer mis pensamientos.
—¿Sabes?, Jacob se ha estado comportando de manera extraña estos últimos días —me dijo Nessie con aire ausente.
—No creo que la presencia de tu padre en Forks le agrade mucho. Antes no tenían que pedirle permiso para dormir juntos a la noche.
Noté como la cajera se movía aún más lento para poder prestarle atención a nuestra charla. Casi exploto de la rabia, pero me contuve. Me acerqué a Nessie para no tener que elevar el tono de nuestra voz, y así mantener la charla como un misterio para la cajera.
—¡Ay, sí! —se quejó, tomándose el puente de la nariz entre los dedos índice y pulgar —. ¡Se pone pesadísimo! Y eso me saca la cabeza, porque no es justo que nosotros tengamos que pedir autorización cuando él no lo hacía. Si Charlie se enterara...
Mi amiga dejó inconclusa su frase, pero no necesité saber el final para poder seguir el hilo de sus pensamientos; eran demasiado obvios.
—De cualquier forma —continué —, tu padre cuenta con su habilidad adicional, cosa que Charlie no tiene.
—Un padre que conoce lo que piensas es terrible —ladeó la cabeza lentamente —. Suerte que tienes tú al tener un padre ausente.
Me reí a carcajada limpia. Nunca me habían molestado ese tipo de bromas, ya que al fin y al cabo, eran completamente ciertas. Además, Nessie era mi mejor amiga, y no me lo decía de mala manera.
—Sí, sí, claro. Sam se comporta como un padre la mayoría de las veces.
—¡OH! No sé qué es peor; si Sam o Edward —se hizo la pensativa y me miró con una sonrisa cómplice —. Sam es el Edward de La Push, ¿no crees?
—¡No podría estar más de acuerdo!
Nos reímos mientras tomábamos las bolsas y nos dirigíamos a la playa de estacionamiento. Metimos los productos en el baúl del auto, y cuando estuvimos dentro, Nessie busco entre los Cds, alguna música agradable.
—¿Lu? —me preguntó por encima de la música —. ¿Cuándo piensas perder la virginidad?
La sorpresa me recorrió el cuerpo hasta llegar a mis pies, los cuales pisaron con fuerza el freno del auto. El automóvil se fue primero para adelante y luego para atrás, tan bruscamente, que me vi obligada a tomar el volante con fuerza para no salir disparada por el vidrio. Nessie fue rápida y consiguió encontrar apoye en la guantera.
—¡MIERDA, NESSIE! —chillé agitada, intentando recomponer mi respiración —. ¡¿Pero a qué carajo viene esa maldita pregunta?
Nessie tenía los ojos abiertos como un par de platos, y su pecho se movía de arriba a abajo a gran velocidad; bueno, al menos yo no había sido la única que se había llevado tremendo sobresalto por la repentina y brusca parada.
—Es que...—sus enormes ojos chocolate viajaron a algún sitio del auto, más precisamente, al lugar reservado para las cajas de Cds.
Yo también miré en aquella dirección y casi me agarra un paro cardíaco al dar con algo que jamás había esperado ver en mi vida; ¿era mi imaginación, o ese pequeño paquetito de color metalizado eran...¡preservativos!
—Oh, Dios.
Los tomé con la mano temblándome y tragué saliva sonoramente. Luego, busqué la mirada de Nessie. Nuestros rostros formaron una mueca de asco y disgusto y solté el pequeño paquete como si estuviera cargado eléctricamente.
—¡Practicas sexo con Seth en el auto de Sam! ¡DIUUUUUU! —chilló asqueada.
—¡Ay, pero qué dices! —me defendí —. ¡Seth y yo no hemos hecho...!
—¿Y de quién es eso? —señaló con el índice contraído al pequeño paquetito que había aterrizado en la guantera —. No creo que Sam los necesite...
Intercambiamos miradas, esta vez preocupadas. No quería ni pensarlo, ¿Sam le metía los cuernos a Emily? No, imposible. Eso era inconcebible.
—Ni Sam, ni Seth los usan —declaré segura de lo que decía.
—Bueno, alguien los tiene que usar —Nessie se llevó la mano al mentón y se quedó completamente concentrada en sus pensamientos.
Me había llamado la atención dos cosas: la primera, ¿qué carajo hacían unos preservativos en el auto que Sam me había obsequiado para conducir? La cosa no me cerraba para nada, ya que ni él ni yo usábamos. Él porque no los requería, ya que era hombre casado y yo porque, todavía, no había presenciado ningún encuentro íntimo con Seth. La segunda: ¿por qué Nessie se había puesto tan pensativa? ¿Acaso le importaba demasiado esa extraña aparición en mi auto?
—¿Nessie?
—Vaya, quién sabe cuánto tiempo ha pasado desde la última vez...
—¡OH!
Me asusté. Derrepente, Nessie parecía estar experimentando alguna especie de placer, ya que sonreía de una manera muy sospechosa. Sus ojos cerrados, y cómo se abrazaba a su cuerpo me dejaron un poco aturdida. Ella me había preguntado por mi virginidad, pero, ¿y si era ella la que ya había...?
—Avísame si estás pensando en Jacob en bolas, ya que no tengo ganas de estar presente mientras ilusionas con fantasías sexuales —le dije muy seriamente, tocándole el hombro izquierdo.
Ella me miró con la furia gravada en su rostro y me gruñó como si fuera un vampiro. Apartó mi mano sacudiéndose y me puso cara de indiferencia.
—No estaba pensando en Jacob, para tu información —replicó cruzándose de brazos —. He captado el olor de un alce, y nada, me ha entrado el hambre.
Pestañeé sobresaltada.
—Oye, yo entiendo que andes un poquito excitada por haber encontrado preservativos en mi auto, pero, por favor, no traiciones a un lobo con un alce... —de repente, se me ocurrió algo asqueroso —¿Estabas teniendo fantasías con un alce?
—¡Ay, Lucy, no! —me gritó a modo de respuesta y para culminar, me dio un manotazo en el hombro.
—¡Pues explícate! —le exigí.
Suspiró, como lo hace un profesor tras explicarle mil veces la misma lección a un niño.
—Desde que mi familia se fue, yo no he probado una gota de sangre. En parte porque Jacob me había prohibido merodear por los bosques y en parte porque me quería acostumbrar a la comida humana. Y, ahora que estamos en el medio del bosque, sin la mirada de ningún humano, y ya que el alce está a pocos minutos de morir desangrado, yo...bueno...quisiera...
—¿Ir a chuparle la sangre? —pregunté con asco —. Qué desagradable.
—¡Imagina que no has comido por cinco meses tu plato favorito, Luce! Si lo olieras, ¿qué sentirías? ¿Lo despreciarías o correrías a devorártelo?
Por más que el ejemplo era una porquería, me di cuenta de su desesperación. Peligros no había, y sabía que la manada de Jacob continuaba vigilando la zona. Además, los Cullen ya habían regresado, y de seguro que con hombres lobo y vampiros en la zona, no corríamos riesgos, así que, ¿ por qué no darle el gusto a Nessie?
—De acuerdo, de acuerdo —una larga sonrisa cubrió su rostro —. Te dejo ir, pero con una condición.
—La que quieras.
—Que me lleves contigo.
Asintió una sola vez, y segundos después, el bosque se convirtió en difusos manchones verdes.
—Cinco, cuatro, tres, dos, uno... —suspiré —. ¡Vale, Nessie! ¡Llevas más de media hora cazando ese maldito alce herido! —ni un puto sonido que pudiera ser tomado como respuesta —. ¡Apúrate! Emily me está esperando en casa...
El bosque me devolvió silencio. Comenzaba a irritarme el hecho de que Nessie se había tomado media hora —calculada con perfecta presición gracias a mi reloj —, para ir a buscar al animal, o eso me había dicho. Si por si acaso, me había mentido, no dudaría en gritarle las mil y una cosas que tenía en mente...
—¿Lucy?
Una voz dulce, serena, tranquila y algo atemorizada me hizo darme la vuelta. En un principio, pensé que era Alice, ya que el timbre era muy similar y porque los rayos del sol rebotaban en su piel de granito, haciendo que esta brillara como un diamante. Pero, ella no era Alice...
—¡OH!
A pesar de que el brillo de la piel de Chanel me iba a dejar ciega de un momento a otro, pude focalizar mis ojos en su nuevo cuerpo. Noté la perfecta blancura debajo del brillo, la aparente dureza, la belleza de sus facciones, y la sangre en sus ojos. La esperaba más tenebrosa, más aterradora, pero, si definía bien, parecía ella aterrada de mi. ¿Cómo era posible que los roles estuvieran invertidos?
Me bajé de un salto de la roca en la cual estaba sentada, y con una mano, intenté taparme un poco de su propia luz. A los pocos segundos, un nubarrón tapó el sol, y contemplé su nuevo rostro. Seguía siendo la misma Chanel con aquel aire inmaduro de siempre, nada más que mucho más hermosa.
Impecable. Perfecta. Toda una vampiresa.
Me llevé cierta decepción, ya que después de cinco meses de convivir junto a hombres lobo, había aprendido a detestar a cada vampiro de ojos rojos que se me cruzara en el camino. Además, ella venía sumando puntos por ese capricho suyo de querer transformarme en uno de ellos...
—¿Tú? —pregunté con total indiferencia. Hice un esfuerzo sobrehumano para apartar el terror de mi cuerpo, y funcionó. Ahora más que nunca, deseaba que ni Nessie, ni los lobos, ni los Cullen se cruzaran en mi camino.
—Lucy, cariño —murmuró formando una preciosa sonrisa con la comisuras de sus labios —. ¡Pero mírate, cuánto has crecido!
Enarqué una ceja.
—Oh, vaya —solté y me crucé de brazos —. ¿Así que ahora estás de mejor humor?
Ella me puso mala cara.
—Sabia que ibas a salirme con eso —entrecerró los ojos —. Lo que no me esperaba era este apestoso hedor.
—Lo siento, pero convivirá conmigo hasta que me muera.
—¡Ja! —dijo con todas sus fuerzas, y a pesar de que casi me rompe los tímpanos, el sonido fue delicioso —. ¡Ya veremos!
Ahora me tocó a mi entrecerrar los ojos. Me di cuenta de algo: esa cosa que brillaba delante de mis ojos no era mi madre, era una asquerosa sanguijuela que se proponía arruinarme la vida. Lo leí en sus ojos y los transmitía con sus labios curvados en una vil sonrisa.
—¿Qué te propones, Chanel? —pregunté, ignorando por completo que delante de mis ojos había una vampiresa dispuesta a matarme —. ¿Por qué no te vas a matar gente a algún otro maldito lugar?
—Vine por ti, Lucy, cariño. ¿Qué es lo que te mantiene atada a este apestoso lugar? El sol apenas sale algunos días, llueve y hace frío. ¿Por qué no vienes conmigo y vives una gloriosa vida de inmortal?
—No me apetece esa clase de vida, Chanel. Aquí he encontrado algo mucho mejor que una vida inmortal, y no lo cambiaré por nada. Has como yo, y piensa que estoy muerta.
Rió por lo bajo.
—Sí. Sé que me consideras muerta, cariño, pero no lo estoy.
—No sabes cuánto lo lamento.
—Sigues siendo mi hija, y yo tu madre.
—¡Al carajo con eso! —chillé dando un par de pasos hacia ella —. ¡Yo no soy hija de una piedra que habla!
En su rostro flameó primero la decepción y después la furia, entremezclada con el odio. A lo lejos, se escuchó un aullido, apenas audible. Eso la alertó, poniéndola en una posición defensiva.
—Creo que al fin le conoceré —murmuró complacida.
¡Ay, no! ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Seth no podía estar corriendo hacia aquí, él y ella no podían efectuar un encuentro! Presentía que nada bueno iba a salir de esto, y eso me dejaba completamente shokeada. Algo se me tenía que ocurrir para evitar que alguno de ellos se cruzara con mi madre, o de lo contrario...
—¡Hablemos en otro sitio! —le rogué. Tomé una de sus manos, dura y gélida, e intenté empujarla a otro sitio del bosque.
—¿Por qué? —quiso saber con la atención fijada en el centro del bosque, escuchando las zarpas de los lobos —. Quiero conocerle, saber por qué estas tan decidida a arriesgar tu vida por él.
—¡Yo no quiero que le conozcas! —grité desesperada. Otro aullido mucho más cercano acabó por desatar un torbellino de nervios en mi cuerpo.
—Temes que le haga daño, ¿no? —mis ojos se cruzaron con los de ella, pero no pude responderle —. Maldito perro, te tiene hechizada.
Elevé los ojos y le rogué con la mirada irnos a otro lado. ¿Pero qué carajo le costaba?
Chanel se puso delante de mi cuerpo, como queriendo protegerme de los lobos. Ellos llegaron al lugar en cuestión de segundos, casi todos juntos. El primero en llegar fue Seth, quien mostraba los colmillos, advirtiendo de su poca predisposición para bromas. Detrás de él, Leah y Jacob le flanqueaban, y noté la presencia de Embry y Quil, cuidando las espaldas de todos.
—Vete —dije con los labios, mirando hacia Seth. Él negó con fuerza su cabeza, y detrás de Embry y de Quil, se dejó ver la hermosa y cobriza cabellera ondulada de Nessie. Ella debió de haber dado la voz de alarma, aunque no podía enojarme con ella por eso.
—Con que —comenzó mi madre —, los famosos hombres lobo. ¡Vaya!, me los imaginaba un poco más grandes...
—No les faltes el respeto —murmuré —. Me salvaron la vida.
—¿Cuál de ellos es...?
El enorme lobo arena dio unos pasos adelante y en su rostro se vio reflejada la ira que le producía que yo estuviera detrás de ella. Chanel captó enseguida sus emociones y le sonrió de mala manera. Luego, se giró a mi y tomó mi rostro entre sus gélidas manos.
—Le recuerdo —me susurró sobre el oído —. Este es el lobo que querías llevarte a casa. Recuerdo su mirada, y la tuya, como si en sus ojos hubiera imanes y tu fueras metal. No sé cómo se produce eso, pero de algo estoy segura: no me gusta nada.
—Ya. Déjalos, Chanel —la voz de Edward se hizo presente en el prado. En eso, los Cullen se dejaron ver y Edward, Carslile y Jasper se pusieron a la altura de Leah y de Jacob, quienes miraban pocos convencidos la cercanía que Seth había hecho.
A mi tampoco me gustaba nada que él estuviera a tan pocos metros. Podía soportar con gusto las heladas manos de Chanel sobre mis cachetes, pero me provocaba una desesperación incontrolable verle a él tan expuesto. Debí imaginarme que iba a intentar alguna locura.
—¿Quienes son? —preguntó Chanel y por primera vez, la vi con miedo. De seguro que no le agradaba que hubiera tanta audiencia.
—Tranquila, Chanel —comenzó Edward con esa voz aterciopelada suya tan suave y convincente —. No te haremos daño —comenzó a caminar hacia nosotras y noté la mirada preocupada y alerta de Bella.
Yo tragué saliva. Genial, ¿por qué seguían acercándose? ¡Edward, hazme el maldito favor de volverte atrás! Él negó con la cabeza, casi como un movimiento casual, pero yo sabía que era en respuesta a mi petición casi orden mental.
Chanel me miró primero a mi, luego a Seth y después fijó la mirada en Edward, entrecerrando los ojos. Me dio la sensación de que se concentraba en él, y su mirada no transmitía nada bueno...
—Interesante —murmuró Edward, sin disimular una pequeña sonrisa de triunfo en los labios —. Bella, he de felicitarte, amor, repeles otro don...
Su esposa, al igual que yo y todos los presentes, le miramos confundidos. Maldita lectura de mentes.
—No tiene por qué ser así —dijo Edward, repentinamente. Miraba a Chanel con seriedad, preocupado en cierto punto. Intuí que algo en los pensamientos de mi madre no le había agradado al vampiro —. Que tú veas la unión como algo imposible, no significa que lo sea —Chanel puso mala cara, frunció el ceño y se puso detrás de mi, abrazándome protectoramente desde la cintura —. No te haces una idea de lo identificado que me siento contigo, Chanel —susurró mirando de reojo a Jacob —, pero verás que, ellos son buenos chicos...
Ella negó fervientemente con la cabeza.
—Pues porque te leo la mente —le contestó Edward a Chanel, una pregunta que nunca había sido formulada oralmente.
¡Ay, por Dios, basta!, chillé en mi fuero interno. ¡Detesto que contestes preguntas mentalmente, carajo! ¡No entiendo nada! Edward me dedicó una mirada de advertencia, y creí necesario cerrar mi boca «interna». Vale, me callo.
—¿Edward? —la voz de Bella, con la frente marcada por un par de líneas, se hizo escuchar —. ¿Qué tal si te explicas, amor?
Edward asintió una sola vez y se volvió a mi madre.
—De acuerdo, Chanel —comenzó a decir —, ven con nosotros. Te enseñaremos una manera potable de vivir, para que, de esa manera, puedas permanecer cerca de tu hija —me miró a mi, y en ese mismo momento, recordé lo que yo había pensado sobre nuestra relación ex-madre y ex-hija —. Vale, eso lo resolverán ustedes por su propia cuenta. No es de nuestra incumbencia.
—¡No necesito de su ayuda, Edward! —Chanel parecía sacada de sus propias casillas. Alarmado, Seth dio unos pasos hacia adelante, irritándola aún más.
—¡Chanel, tranquilízate! —ordenó de inmediato Jasper. Su rostro fiero me desconcertó unos segundos, y al cabo de un rato, me sentí, misteriosamente, más relajada. Chanel, cuyos brazos me habían estado apretando la cintura, comenzó a soltar mi agarre, relajada a su vez ella también —. Eso eso, tranquila. Todo estará bien —la voz de Jasper influía y enviaba mucha más serenidad, en especial por su habilidad de controlar las emociones. Le agradecí con un gesto de la cabeza el favor.
—Chanel, te lo pediremos de nuevo —Carlisle juntó ambas manos, a modo de súplica —. Es por el bien de Lucy y por el tuyo. Nadie te hará daño si tú cooperas.
Carlisle me miró una sola vez y recordé la primera vez que había visto su rostro amable. ¿Cómo era posible que la generosidad, amabilidad y bondad de ese vampiro nunca se terminara? ¿De dónde sacaba paciencia y comprensión? No vendría nada mal que, de vez en cuando, yo empleara sus métodos...
—Yo... —Chanel dudaba. Sentí pena por ella y a la vez bronca por esto último.
—Si sirve de algo —dije en voz baja —, ellos me ayudaron a no morir.
—¡Oh! En ese caso...—Chanel, con muchísima lentitud, soltó el agarre. Me puse de frente a ella y la miré fijamente a los ojos, y vi a la mujer que me había acompañado durante tanto tiempo.
Comprendí, entonces, que Chanel siempre había sufrido miedo de que me alejara de ella. Nunca había sido un instinto nuevo que la empujaba a hacerse la mala, era el temor a que su única familia la abandonara. Y Chanel detestaba estar sola.
Suspiré.
Sentí el aliento del gran lobo color arena detrás de mi, y su protección me dio tranquilidad. O quizás había sido Jasper que, confundido con la oleada de emociones que había estado experimentando, me había puesto bajo la tutela de la tranquilidad. Buen movimiento.
Carlisle se acercó a Chanel y le sonrió con total sinceridad. Comencé a admirar a ese vampiro.
—Has elegido bien —le dijo —. Ven. Por esta dirección.
Chanel me dedicó una última mirada antes de alejarse con los Cullen hacia el oeste. En lo que ellos tardaron en desaparecer por el horizonte, todos los hombres lobo se habían transformado.
—¡Lucy! —Seth me rodeó con sus brazos, mucho más tranquilo y respiró hondo.
—No ha sido tan malo —le dije con una mueca —. Esperaba algo así como que intentara matarte,..o no lo sé.
Seth me sonrió y me acarició la mejilla.
—Luces agotada —me murmuró.
—Me siento, mmm, ¿estresada? —nos reímos por lo bajo —. Vale. ¿Por qué no vamos todos a lo de Emily?
Seth miró distraídamente hacia Jacob y le vi, ¿nervioso? Fruncí el ceño y vi como Nessie me miraba. Así que, a eso se refería...
—¿Nessie? —Jacob se acercó a ella, dudando —. Debo hablar contigo.
Nessie pestañeó alarmada.
—¡Oh!, bueno, vale...
Él tomó su mano y a los pocos segundos, ambos habían desaparecido también en el bosque. Me volví a Seth y tomé su mano.
—¿Qué rayos está pasando? —le pregunté con aire acusador. Las sonrisas cómplices de él y del resto de los chicos no me gustaban nada.
—Te lo explicaré luego —me dijo. Y el contacto con sus labios me hizo olvidar mi enojo.
