Tan cálido…
Mis ojos estaban cerrados, mi respiración era profunda y tranquila, apenas estaba regresando del mundo de los sueños e incluso así… Sabía que esa calidez, sólo se podía deber a una persona.
Me giré boca arriba, por fin abriendo los ojos, me encontraba en la sala, debí de haber caído dormido en algún momento, el foco de la sala estaba apagado pero notaba rastros de luz en alguna parte de la planta baja, junto con sonidos provenientes de la cocina unidos a un delicioso aroma.
Una sonrisa se plantó en mi rostro al punto de casi soltar una risita tonta, no podía evitarlo a veces simplemente no cabía de la felicidad. Volví a recostarme en el sillón hundiendo mi cara en… ¿Una almohada? Abrí mis ojos para confirmar mis sospechas, y no sólo eso, sino que me percaté que yacía una cobija sobre mi cuerpo.
Tomé la tela entre mis dedos aferrándome a ella, deseando que fuera mi lindo novio quien estuviera aquí.
Pero él está aquí.
Suspiré hundiéndome en los cobertores con una sonrisa embobada.
Desde que conocí a Misaki… La palabra calidez pasó de ser sólo una palabra a tener un rostro…
Un adorable y tierno rostro..
¿Cómo pude vivir tanto tiempo sin conocerlo? Me pregunté sintiendo mi corazón latir emocionado embriagándome, sentía pena por mí mismo por sentirme tan emocionado por tan simple acción.
Pero es Misaki… No puedo evitarlo…
Me cubrí completamente con la cobija y sin mucho esfuerzo volví a caer dormido.
.
—Oi… Usagi-san.. ya.. la ce.. ¡AH!—Escuché mientras me removían a lo que se detuvo abruptamente, cuando me di cuenta, antes de poder despertar por completo ya lo tenía capturado entre mis brazos, acostado junto a mi en el pequeño espacio del sofá, mi cuerpo se había movido por cuenta propia. Aunque no era como si me estuviera quejando.
Mi sonrisa se volvió todavía más grande al ver el enorme sonrojo en sus mejillas.
—¿¡P..pero qué?!
—Bienvenido… —Murmuré adormilado colocando un beso en su mejilla sonrojada, justo así, no quería dejarlo ir nunca, por más tiempo, mucho más.
—¿Estabas despierto? —Me preguntó con molestia.
—No, acabo de despertar —Respondí simplemente hundiendo mi rostro en su hombro y sus mechones cafés, su piel estaba fría, pero no por mucho tiempo más.
—Usagi-san d..déjame.. la cena..
—La cena puede esperar un poco más. —Respondí apretándolo hacía mi pecho, sus manos tomaron de mi camisa, sonreí para mí mismo, sintiendo cómo mi corazón resonaba por mí cuerpo.
—¿Qué tanto más? —Replicó con un toque de molestia.
—Cuando te caliente. —Respondí con una risita—Estás congelado... —Le susurré en su oído, a lo que se retorció en mis brazos.
—Obviamente.. porque hace frío.
—¿Y aquí tienes frio?
No me respondió, tan sólo se hundió en la misma almohada que compartíamos.
—Es porque te traje cobertores, sino.. Estarías igual que yo ¿Qué idiota se duerme en el sofá en pleno invierno? Ni tenías prendida la calefacción. —Replicó en un puchero.
—¿Quien ocupa calefacción cuando tengo a Misaki?—Murmuré escondiéndome en su cuello.
—¡¿P..p..pero que cosas dices?! T..tonto.. ¡Tonto!— Escuché sintiendo cómo aumentaba la temperatura de su cuerpo.
Tan lindo.
Lo tenía envuelto en mis brazos bajo aquella cobija que me había dado para abrigarme.
Mi interior se estaba quemando ¿En serio era posible tener más calidez?
A pesar de que sabía que estaba alerta de lo que hiciera podía darme cuenta que no estaba tenso, pasé mi mano por su espalda hasta sus hombros, dándole ligeras caricias, recargue mis labios sobre su frente, y mi otra mano dibujaba con mis dedos su barbilla y cuello, grabándolas en mi memoria, como si fuera la primera vez que lo tocaba.
Mi corazón resonaba por mi cuerpo, tan escandaloso como siempre, pero… desde la primera vez que lo sentí hasta ese preciso momento, jamás me ha incomodado, en lo más mínimo,
su mano tomó de mi camisa justo donde yacía mí corazón, debió ser un reflejo, pero no me molestaba, no era un secreto que mi corazón latiera así por él.
Cuando su respiración se volvió más acompasada, me separé ligeramente para notar sus ojos ocultos debajo de sus parpados, sus labios entreabiertos, sus mejillas rojas.
Hacía tiempo que no nos acurrucábamos con el otro en el sofá. Mejor no había porque perder la practica ¿No?
Fue lo ultimo que pensé antes de caer dormido en ese mismo lugar.
