VEINTISEIS

Tenía que centrarse. Olvidar, dejar la mente en blanco y pensar en el motivo por el cual estaba ahí.

- ¡Eh, Becks! - la llamó Esposito atrayendo su atención agarrándola por el codo.

- ¿Becks? - se giró frunciendo el ceño.

- Beckett, Kate... ¿que más te da?

- A ver, ¿qué quieres, Espo?!

El agente se le acercó susurrándole al oído.

- ¿Quién es el tipo con pinta de "no me toques que se me arruga el traje"?

- ¿Por qué? ¿También estás interesado en él? – comentó risueña en el mismo tono que le había hablado él, escuchando una risa ahogada a sus espaldas.

- ¿!Qué?! - exclamó él teatralmente.

- Tranquilo, no eres el único. Lanie también parece haberse fijado... Sus palabras exactas fueron "...he visto a tu padre con otro tío con traje y corbata, que no veas como está..." - repitió intentando imitarla.

Beckett y Ryan se miraron con complicidad, riéndose de la reacción cómica de su compañero.

- No te preocupes, te daré su número cuando lo tenga. - le susurró al oído lo suficiente cerca para que su compañero fuera participe.

- ¡Katie!

Con su buen humor gracias a aquel breve instante y su sonrisa resplandeciendo en su rostro, se alejó de ambos agentes para ir a saludar a su padre.

Tenerla una vez más entre sus brazos era lo único que le pedía a la vida, y ahí estaba. Esa fragancia a cerezas que inhalaba cada vez que la tenía cerca le tranquilizaba.

- No sabes lo feliz que soy de poder abrazarte de nuevo.

- No podrán conmigo tan fácilmente, papá. Te lo prometo.

Jim entró seguido de su hija quien se detuvo en el marco de la puerta al reconocer al misterioso y elegante hombre.

- Harvey Specter – dijo su nombre pausadamente.

- Hola Katherine. - le devolvió el saludo cordialmente.

- Vaya, ahora entiendo a que se referían todos...

El abogado dio unos pasos pausados hacia ella, con las manos en los bolsillos, mientras en su rostro permanecía una sonrisa traviesa. Kate hizo lo mismo, se adelantó hacía él, pero justo cuando ella iba a darle un abrazo, Harvey se anticipó tendiéndole la mano.

- ¡Venga ya! ¿Enserio? - se lo quedó mirando. Viendo que no iba a mover ni una pestaña, accedió a darle lo que quería – ¡Ésta bien! Yo también me alegro de verte.

Ambos se dieron un apretónde manos.

- ¿Y Donna? Espero que siga trabajando para ti. - se interesó.

Antes de que pudiera separarse, Kate le dió un apretón, viéndose obligado a seguir delante de ella.

- Vale, lo pillo, no es momento de hablar de ello. ¿Puedes al menos contestarme a qué has venido?

- Será mejor que nos sentemos. - dijo con un tono de voz muy firme.

Harvey se separó de su clienta, Jim ocupó asiento al lado del abogado y Richard hizo lo mismo en el lado opuesto, quedando de caras a ellos; sólo faltaba ella que seguía en pie.

- Kate, vamos.

Muy a su pesar, acabó obedeciendo.

En la mesa estaba el dossier del que disponía Rodgers de la muerte de Johanna más lo que llegó a descubrir su mujer, y dos carpetas más, entre otros documentos, que permanecían cerca del abogado.

Kate alargó la mano para acariciar la de su padre, pero Jim se la retiró dejando a su hija confusa ante tal reacción.

- ¿Papá, va todo bien? ¿Papá? - insistió

- Todo bien, podemos seguir. - admitió él.

- Mientes. - continuó.

- Beckett, venga. Vamos a centrarnos en esto. – le animó Richard.

- Lo siento - se disculpó ignorando a los demás – Papá, yo...

- ¡Katherine! - Harvey llamó su atención.

- ¿Qué? - le respondió alzando la voz – Intento hablar con mi padre, ¿os importa? - dijo mirando a ambos.

- ¡Ya es suficiente! No estamos aquí para perder el tiempo.

La autoridad y seriedad con la que ese hombre acababa de hablar hizo que se planteara quién era realmente. Ahora mismo le era imposible reconocer a su padre en él.

- Escucha, la situación ya es lo bastante difícil para nosotros, así que vamos a calmarnos.

- ¿Nosotros? - cortó a Harvey – ¿Nosotros incluyendo mi padre, a ti y a mi o solo a vosotros dos? A menos que tú también estés metido. – ironizó mirando a Rodgers de reojo – Me gustaría saber de qué va todo esto. ¿Por qué estás aquí si representa que nosotros no teníamos abogado? ¿Qué es lo que no me decís? ¿Qué me estáis escondiendo?

- Entiendo tu confusión, Katherine. Lo que debes saber es que tu madre tuvo una corazonada cuando acepto el caso de los William.

- ¿¡De qué estás hablando?! ¿Una corazonada?

Harvey sacó dos fotografías dejándolas delante de ella. Cuándo las vio un remolino de sentimientos se apoderaron de ella.

- Sé que no es fácil volver a revivirlo y menos en imágenes... - prosiguió.

- Llevo reviviendo esa noche cada día al acostarme, sólo que ahora no es de noche y éstas fotos lo hacen más real – confesó apenas sin pestañear.

- Nadie sabía que había cámaras, excepto tu madre y yo.

- Harvey no te sigo, esto es... Digas como lo digas sabes que me va a doler saberlo, así que... por favor, explícamelo. – le dijo removiéndose en su asiento.

- Tú madre era una persona muy calculadora en el sentido de que no se le escapaba nada, lo tenía todo controlado y llegaba hasta dónde hiciera falta para conseguir un trato digno para su cliente. - dijo como introducción a lo que vendría a continuación.

- Lo sé, heredé eso de ella...

- Sin embargo, - continuó Harvey - las cosas cambiaron cuando se le asignó el caso de los hermanos William. A los pocos días de saber la noticia vino a verme, charlamos y antes de irse me dijo: "No te olvides Harvey, nueve de enero. Si se me olvidara concretar hora y sitio, haré que te pasen el recado. Cuídate mucho" y se fue.

- ¿Eso es todo? - preguntó tras unos segundos en silencio.

- El mensaje Kate, piensa. "Nueve de Enero..." - intervino Rodgers.

- Ya sé qué pasó el nueve de enero. - respondió molesta.

- "Si me olvidará concretar hora y sitio, haré que te pasen el recado..." - prosiguió Harvey lentamente.

- Si me olvidara... - repito para sí misma empezando a entender a qué se refería.

- Tú madre sabía que algo iba mal. El nueve de Enero era su fecha límite...

- ¿Cómo sabes que se refería a eso? - estalló – Puede que tenga otro significado…

- Katherine por más que intentes encontrar otro, no lo hay. Tú madre solía ser mucho más compleja con sus indirectas y mensajes ocultos, pero ésta vez fue a propósito... - añadió el abogado.

- Y si fue tan fácil para ti, dime por qué no hiciste nada para ayudarla. - le reprochó.

- Ese mismo día Donna me entregó un sobre sin destinatario que había recibido en su domicilio. Era de tu madre.

- Perdona Harvey, ¿Te importa que siga yo? - le interrumpió Jim - Cariño sé que esto no es fácil de asimilar, también me costó a mí en su día.

- ¿Desde cuándo?

- Semanas. - le respondió

- ¿Cuántas? - quiso saber su hija.

- Mes y medio. - respondió soltando un suspiro. - Katie, aquel caso para ella era una oportunidad de crecer profesionalmente. Sabía por cuantas manos había pasado y cuando vio que todos y cada uno de ellos habían abandonado su hogar una vez fuera del caso, eso le llamó la atención y empezó a investigar. Tiró tanto de la cuerda que se vio obligada a mover ciertos hilos sabiendo muy bien a quien acudir sin que esto salpicara a nadie más. Quería protegernos.

- Resumiendo, Johanna consiguió guiarles para que todo sucediera cómo y dónde había planeado...

- Pero aparecí yo y la mataron. ¿Es eso lo que ibas a decir? - dijo concluyendo la frase de Rodgers - Piensas que la culpa de que no esté aquí es toda mía...

- Katie, sabes perfectamente que no está diciendo eso - intervino Jim.

- Te recuerdo que nadie te obligó a meterte en esto, y ya que aceptaste, por lo menos no te metas en ciertos aspectos que no te incumben. - continuó ella ignorando a su padre.

- De la misma forma que accedí a protegerte puedo desentenderme del caso y dejarte a tú suerte, algo que sintiéndolo mucho no pienso hacer. Te guste o no, esto me implica tanto como a ti.

- ¿Sabes qué? Eres libre de irte ahora mismo, puedo prescindir de tus servicios.

- Lo siento, pero no soy yo quien debe irse... Sigues estando en mi comisaria y aquí mando yo, no tú.

- Síseñor.

Kate se seco las lágrimas decidida a irse cuanto antes.

- Antes de que te vayas, tú madre dejó algo para ti. - su padre consiguió detenerla por unos segundos. - Ella siempre hacía que todo lo que parecía horrible fuera coherente y fácil de aceptar, quizá esta vez también te ayude.

- No hay nada que aceptar.

Kate estiró el sobre de entre los dedos de su padre y se alejó dando un portazo. Dobló el sobre hasta caber en un pequeño bolsillo de ese vestido, uno de los motivos por el cual le gustó, y con todas sus pertenencias se dirigió escaleras arriba sin saber muy bien a dónde llevaban.

Todos la habían perdido de vista.

Jim y Harvey se habían ido acompañados por dos agentes y Richard se frenó ante su instinto de salir a buscarla.

Llevaba un par de horas escondida en una esquina de la sala de entrenamiento. Había tenido tiempo de leer la carta repetidas veces y desahogarse llorando hasta que sus ojos habían dicho basta, sin embargo eso no la había hecho sentir mejor.

Kate dio un paseo por la sala con su mirada deteniéndose en unos guantes de boxeo. Dudó. Se miró a sí misma, sin duda no iba vestida para lo que estaba pensando. En ese momento se acordó de la bolsa con su ropa, con la que había salido esa mañana, y se lanzó. Cambió los tacones por sus zapatos planos y el vestido por algo no más idóneo pero si más cómodo. Se colocó las vendas protectoras en las manos y se colocó los guantes.

Empezó a golpear el sacó sintiéndose extraña. A medida que sus pensamientos afloraban en su mente la fuerza y la rabia con qué pegaba era mayor.

- Recuérdame que nunca te mosquee, no quisiera acabar en tus manos...

Javi entró en la sala quedándose a un lado, viendo como le ignoraba.

- Pierdes el tiempo. - Le contestó al rato jadeante – Hoy no soy una buena compañía...

El chico se acercó colocándose detrás del saco.

- Una pena, te iba a invitar a venir con nosotros a tomar algo, pero...

- ¿Nosotros? Antes de acabar el día acabaré odiando esta palabra. - contestó con irá al mismo tiempo que golpeaba con su izquierda.

- Hacemos un trato, te sujeto el saco durante tres minutos, te desahogas, y después te vienes con Ryan, su mujer, Lanie y yo, nosotros, a tomar algo.

Kate se relajó mientras le escuchaba pensando en su oferta.

- ¿Preparado? - le respondió rebelde.

Javi sonrió satisfecho.

No estaba acostumbrada a tanto esfuerzo físico y aunque nunca se daba por vencida, acabó los tres minutos exhausta tumbada en la colchoneta que había detrás de ella. Cerró los ojos mientras recuperaba un poco de aliento.

- No tenías por qué hacer los tres minutos, podías haber hecho menos.

- ¿Y quedar como una blandengue? En tus sueños...

Javi se acercó ayudándola a sacarse los guantes.

- Que sepas que aunque hubieras durado un minuto, nunca se me ocurriría pensar que eres una blandengue.

Kate se incorporó sin levantarse.

- ¿Crees que deberían darme una medalla por lo que hago? - ironizó.

- Si consigues salir viva de todo esto, yo mismo te la daré.

- Van a por mí. Me quieren controlar para tener mi silencio, de ahí las amenazas...

- Escucha, sea lo que sea, no pasará esta noche, ¿de acuerdo?

Esposito le tendió la mano. Kate se aferró a ella y se levantó.

- Sabes si aún...

- Se fue hace media hora. La mayoría se han ido ya... - la tranquilizó sabiendo que preguntaba por el jefe. - Voy a ver si Jenny y Lanie ya llegaron, no tardes.

- Me doy una ducha y bajo.

En aquel momento se alegró de llevar ropa de recambio en su bandolera, y todo por una corazonada de ésta mañana. Con la toalla anudada en el pecho, sacó la ropa limpia, metió la sucia en una bolsa aparte y lo guardó en ella.

Estaba lista, sólo necesitaba un último retoque. Se miró al espejo frotando el cristal con la mano para quitar el vaho. Hasta ahora no se había dado cuenta, pero le había crecido el pelo desde la última vez que recordaba haberle prestado atención. Le gustaba así y con las ondulaciones que le quedaban con el cabello mojado. Se echó un poco de espuma de un bote pequeño que llevaba siempre con ella, y sin más potingues que ponerse lo guardó todo y se largó.

- Tío, ¿estás seguro que no se ha largado ya?

- Vendrá. - confirmó Javi a la impaciencia de su compañero. - Piensa en las veces que tienes que esperar...

- Ya...

- Cariño, ¿te apetece dormir en el sofá está noche? - dijo Jenny muy amable

- No, ¿por qué?

- Hasta hoy nunca me has tenido que esperar más de tres minutos antes de salir. Más bien soy yo la que debe esperar... - contraatacó.

- Tío, ¿en serio? - exclamó Esposito.

- Jaque Mate... - intervino Lanie.

De fondo el sonido de las pisadas de alguien que iba con tacones les alertó de la posible llegada de Kate.

- Siento la espera chicos.

- ¿Alguien no me ha dicho que ésta noche salimos a ligar? - exageró Lanie mirándola

- Ni caso... - le hizo señas Javi.

- Estás estupenda. - comento Ryan.

- ¿De verdad, Kevin Ryan? - le advirtió su mujer intentando no sonreír.

- Cariño sólo... - intentó disculparse cuándo Jenny le besó en los labios.

- Ya vale tortolitos, hora de irse.

Las dos chicas se adelantaron seguidas de Javi y el matrimonio.

- Lanie, ¿puedo dejar esto en tu coche?

- Depende... ¿Todo bien? Los chicos me contaron lo que pasó...

Katherine respiró hondo deteniéndose delante del ascensor esperando que se abrieran las puertas.

- ¿Te importa si lo hablamos otro día? Ya he tenido suficiente por hoy...

- Hecho. Y si, puedes dejar tus cosas en mi coche.

Esperando a que estuvieran todos, fueron entraron uno por uno saludando a un hombre de apariencia joven y corpulenta.

- ¿Qué hay chicos? - les saludó Kai. - Me alegra veros de nuevo por aquí y con caras nuevas.

- Kai, te presento a Kate Beckett. - le presentó Javi – Carlos es el dueño, pero todo el mundo le llama Kai. - informó a Kate.

- Encantada – respondió ella.

- Igualmente, ¿qué te pongo?

- Algo fuerte.

- No está mal para empezar la noche... ¿Chicos, vosotros lo de siempre no? - ellos asintieron. - Enseguida os lo traigo.

Los chicos juntaron dos mesas cerca de la diana para echar una partida a los dardos. Mientras, las chicas se ponían al día intentando no hablar de ningún tema relacionado con el trabajo.

- ¡Aquí tenéis!

En el momento que Kai dejó sus bebidas en la mesa, Kate agarró su vaso bebiéndose el contenido de un trago.

- ¿Otra? - le preguntó el dueño.

- Nunca digo que no a una segunda ronda.

- Beckett no has comido nada, ten cuidado... - se preocupó Jenny.

- No te preocupes, yo controlo.

- Anda toma, ¡come cacahuetes! - le recomendó la forense poniéndoselos delante.

Adicta a los frutos secos, entretenida con la conversación y participando de alguna que otra partida a los dardos con los chicos, una hora y media después Kate se terminaba la quinta copa de esa noche.

- ¡Kate, ya basta! - se mosqueó su amiga quitándole el vaso de las manos.

- ¡No me seas carca Lanie! - dijo borracha.

- Puede quedarse en casa si queréis – ofreció Kevin después de hablarlo con su mujer.

- No os preocupéis, ya me la llevo yo.

- ¿Segura? - le preguntaron el matrimonio.

- Si, la tengo controlada – confirmó Lanie.

- Yo no estaría tan seguro – comentó Javi viendo a Kate en la barra con otra copa en las manos.

- ¡Oye!

Lanie saltó de su taburete precipitándose hacia ella consiguiendo sacarle el vaso a tiempo.

- ¡Eh! Si quieres una te la pides, ésta es mía – dijo Kate actuando como una niña pequeña - Trae el vaso, vamos... Tengo sed.

- Parish - el dueño la llamó mostrándole la lata de un refresco - No le hará daño.

- Gracias – suspiró aliviada, devolviéndole el vaso a Kate. - Te lo devuelvo pero es la última, ¿entendido? - dijo poniéndose seria con ella.

- Si, si, si, si, si - dijo repetidas veces mientras asentía con la cabeza – Dame, dame...

- Chicos nosotros nos vamos. - anunció Jenny.

- Nos vemos en unas horas bro.

- Claro. ¡Qué descanséis!

- Buenas noches.

Antes de que salieran, la puerta del bar se abrió dando paso a alguien inesperado por allí. Kate levantó la mirada inconscientemente y le saludó, haciendo girar a sus compañeros y algunos más que aún estaban por ahí.

- ¡Hey! !¿Que pasa jefe!? Vamos, siéntase, yo invito. Kai ponle un whisky ¡y que sea del bueno!

- No hace falta gracias. - le dijo al dueño.

Richard miro a Ryan quien se acercó al mismo tiempo que él se acercaba a Esposito. Los tres se retiraron a una esquina alejada del personal. Jenny volvió al lado de la forense y de Kate; a punto de quedarse dormida en la barra.

A los pocos minutos los tres hombres volvieron a acercarse intentando poner cara de pocker.

- Lanie, ¿te importa si Jenny se queda contigo esta noche? - le pidió Ryan.

- ¿Por qué? ¿Qué ocurre? - quiso saber su mujer.

- No hay problema.

- Te llamo cuando pueda, te lo prometo. Te quiero

Kevin besó a su mujer y junto a Esposito se largaron como si les persiguiese el demonio.

- Creo que es hora de irse a casa... - comentó Richard viendo el estado de Beckett. - ¿Cuantas?

- Cinco de whisky. Las dos últimas Carlos la ha engaño sirviéndole un refresco. - le informó Lanie.

Rodgers sacó un billete de su bolsillo pagando las consumiciones.

- Quédese con el cambio. Insisto. - remarcó viendo la reacción de Kai - ¡Vamos Beckett!

- ¡No! - se resistió - ¿A dónde quieres ir?

- A casa. Necesitas dormir.

- Vale, pero en tu cama no me gusta la mía...

- Está bien... Deja el vaso y levántate.

Katherine apuró hasta la última gota antes de deshacerse de él. Al tratar de bajar, su pierna derecha le falló. Richard la ayudó a enderezarse y con la ayuda de las chicas la sacaron del bar.

Aislada en el interior del coche sin ser consciente de lo que sucedía fuera, Rodgers les contó a Jenny y a Lanie lo mismo que a ellos unos minutos antes.

- Y pensar que retiré la vigilancia pensando que nadie podría entrar... - se lamentó Rick.

- Lo bueno es que Kate se dejó el móvil en el apartamento y pudiste llegar a tiempo, de lo contrario no puedo ni pensar en la posibilidad de que mañana habría ocupado una de mis mesas.

- No le conozco pero por lo que me contó mi marido, parecía... parece un gran chico, y ahora esto...

- Será mejor que me vaya, aunque imagino que ya estará dormida.

- ¿Se lo contará? - se preocupó Lanie.

- Esperaré a mañana, con suerte sabré algo más de su estado y ella estará en mejores condiciones que ahora mismo. Es mejor que esté al cien por cien.

- Cualquier cosa llámenos.

- Lo haré, gracias.

- Buenas noches.

...

Trató de abrir la puerta, pero con Beckett en sus brazos le era imposible. Llamó deseando que su madre ya hubiese llegado de su plan de última hora. No tardo en averiguarlo.

- Richard y tus llaves... ¿Qué ha pasado? - se alarmó su madre.

- Nada que no hayamos hecho todos en los malos momentos...

- ¿Cuántas? - preguntó al oler el alcohol mientras la miraba dormida en brazos de su hijo.

- Cinco de Whisky.

- ¿Necesitas ayuda? - se ofreció dirigiéndose a las escaleras.

- No, la llevare a mi habitación.

- ¿Otra noche en el sofá?

- No pasa nada. Era él más cómodo de la tienda, ¿recuerdas? - comentó recordándoselo con una sonrisa. - Estaré bien.

- De acuerdo. Entonces si no me necesitas...

- Buenas noches madre.

- Que descanses muchacho.

A tientas entró en su dormitorio dejando a Kate en el lado izquierdo de la cama, dónde él acostumbraba a dormir. Con intención de alejarse ella le sorprendió agarrándole de la mano, evitando su marcha.

- ¿Estás despierta?

- Tengo sed. Tengo la boca seca.

- No me lo creo... - le respondió risueño. - No te voy a dar nada que no sea H2O.

- Vale. - aceptó sin más.

- ¿Vale? - se extrañó viendo como asentía con la cabeza. - Ésta bien. Si me sueltas la mano, iré a por ella.

Al poco tiempo volvía con un vaso de agua en sus manos.

- Gracias. - dijo dejando el vaso vacío en cuestión de segundos.

- Y yo que no sabía si creerte... - comento para sí mismo lo que provocó media sonrisa en ella – ¿Necesitas algo más?

- ¡Bésame!

Rick se quedó confuso al escuchar aquella simple palabra lo que optó por ignorarlo.

- Buenas noches...

Antes de que pudiera volver alejarse de su lado, se levantó de repente lo que hizo captar su atención.

- ¡¿En qué estabas pensando?!

- Tengo que ir al baño... - se excusó sintiéndose incapaz de levantarse. - Me siento como en un tiovivo a una velocidad cuatro veces por encima de la normal.

- Vamos túmbate.

Richard permaneció sentado en el borde de la cama, a su lado, con otro vaso de agua el rato que fue necesario.

- ¿Te sientes mejor? - ella asintió – Ésta vez hazlo despacio.

Sin abrir los ojos, se incorporó al ritmo que él le marcaba permaneciendo unos minutos sentada antes de levantarse.

- ¿Seguimos?

Con su ayuda, se levantó andando hasta el cuarto de baño. Sin muchos pasos recorridos Kate se tambaleo hacia atrás y en el momento que Richard la agarraba de la cintura ella se pegó a su cuerpo acercando los labios a los suyos

- ¡No! - al mínimo contacto Rick la separó.

Kate se quedó mirándole fijamente a los ojos acabando de nuevo perdida entre sus labios. En ese instante se sintió sorprendentemente bien al igual que él, incapaz de detenerla de nuevo.

- Mierda. – logró pronunciar jadeante al separarse de él bruscamente.

Dejando a Richard en medio de su dormitorio sin saber cómo reaccionar, se alejó terminando de rodillas en el suelo del cuarto de baño vomitando todo lo ingerido esa noche y sintiendo pánico por lo que acababa de ocurrir.