Disclaimer: Muchos de los personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling (existen excepciones).

Capítulo 26:

El partido no podía ir peor. A pesar de todas las advertencias de la señora Broom, Walter Flint, el violento capitán de Slytherin, no había dejado de cometer faltas durante todo el partido, pero ninguna tan grave como la que sufrió Claire. Flint la había golpeado con su bate haciendo que la chica quedara tan confusa que se cayó de la escoba. La señora Broom la frenó con un hechizo antes de que llegara al suelo, pero aún así Claire no estaba apta para continuar, con un brazo roto.

Aunque de los cuatro penaltis que pitó la señora Broom a favor de Gryffindor dos se convirtieron en gol, el marcador de Slytherin también iba avanzando, hasta que las serpientes alcanzaron a los leones. James estaba cada vez más desesperado, girando la cabeza sin parar. No podían perder ante las serpientes…

- ¡Buena bludger de Seth Brown! – sonaba la voz amplificada de Suzanne Bowles, una Hufflepuff de quinto curso -. Midgeon recupera la quaffle. Se la pasa a Stimpson, va a tirar… ¡Por poco!

James dio la vuelta con su escoba para buscar por el otro lado del campo. Regulus estaba muy cerca de él. El buscador de Slytherin le miró.

- Rendíos. Slytherin va a ganar este partido. Si seguís así, todos acabaréis en la enfermería.

- Tú sí que vas a acabar en la enfermería… - murmuró James.

A pesar del bullicio de las gradas, Regulus le oyó y sonrió de lado.

- ¿Y qué vas a hacer? ¿Lo mismo que le hiciste a esa tal Becket?

Rabioso, James se acercó a Regulus a toda velocidad con su escoba. Regulus le esquivó en el último momento y salió volando por encima de él. Dos segundos después, se elevó el griterío de los Slytherins de las gradas. James no pudo horrorizarse más al girar la cabeza y ver a Regulus con el puño en alto, agarrando la snitch. Le entraron ganas de darse contra la pared. ¿Cómo había sido tan tonto para caer en la trampa? Por la posición en la que se encontraba Regulus y la mirada que le dirigió, James se dio cuenta de que el Slytherin había visto la snitch antes de abalanzarse sobre ella, que su comentario sobre Hermione había sido una trampa para que James le dejara libre el camino.

La señora Broom pitó el final del partido y los jugadores de Gryffindor se acercaron a James en el aire mientras los de Slytherin les abucheaban. Sin decir nada ni mirar a nadie, James descendió hasta tocar el suelo y fue hacia los vestuarios sin levantar la mirada del césped. Le dio una patada a su taquilla y se quitó la túnica de Gryffindor bruscamente.

Detrás de él, entró el resto del equipo de Gryffindor, cabizbajo, pero ninguno tanto como James. Dillon se puso un algodón en uno de los orificios de la nariz, que no le dejaba de sangrar. Sarah se vistió rápido y salió de los vestuarios antes que nadie para ir a ver como se encontraba Claire.


- Regulus ha estado magnífico – dijo Chrystalle, sonriendo a más no poder mientras abandonaban el estadio.

- Y Flint también – dijo Millicent -. No deberían dejar arbitrar a esa señora Broom. Sin ella, Slytherin habría ganado aún por más diferencia. Ya se sabe de qué lado está…

- Ni siquiera deberían dejarla entrar en Hogwarts – dijo Rosalie, con tono de superioridad -. ¿Qué se puede esperar de una sangre sucia? No le llega ni a la planta de los pies al elfo doméstico de mi familia.

Chrystalle, Rosalie, Millicent, Isabella, Anastasia y Laura regresaban al castillo. Laura no había tenido más remedio que dejar la biblioteca y bajar al partido cuando la señora Pince, que jamás salía de la biblioteca, empezó a hacerla preguntas con el ceño fruncido.

De pronto, Laura se quedó plantada en el césped al oír la conversación de unas chicas de su mismo curso de Gryffindor; Mary y Alice.

- Es una pena… Potter ha jugado estupendamente… Por lo que les he oído decir a unos Slytherins, Black le dijo a Potter algo acerca de lo que le pasó a Hermione – decía Alice.

- Tendría que estar prohibido – murmuró Mary -. Eso es un ataque psicológico. Todos saben que James se siente culpable…

- ¿Por qué te paras? – le preguntó Chrystalle a Laura, cuando se dio cuenta de que la chica se había quedado rezagada.

- Me he dejado algo en las gradas – dijo Laura después de unos segundos -. Luego os alcanzo.

Laura retrocedió hacia el campo de quidditch mirando de vez en cuando por encima de su hombro. Cuando las chicas ya habían subido las escaleras de la entrada, volvió otra vez sobre sus pasos. ¿Qué le había ocurrido a Hermione? ¿De qué se sentía James culpable?

Estaba a punto de llegar a las escaleras de la entrada cuando le adelantaron un grupo de Slytherins.

- Flint puede ser muy buen jugador, pero como capitán… Mira que poner a Regulus de buscador… Simplemente ha tenido suerte.

- Regulus es muy buen buscador – saltó Laura al reconocer la voz del chico.

Los Slytherins se giraron hacia ella con sorpresa. En efecto, Rabastan estaba en el grupo.

- En los cuatro años que lleva en el equipo, Slytherin sólo ha ganado a Gryffindor en esta ocasión – dijo Rabastan, alzando una ceja.

- Si te hubieran cogido a ti como buscador, ni siquiera ganaríamos a Hufflepuff – dijo una voz a sus espaldas.

Todos se giraron. El equipo de Slytherin acababa de llegar hasta ellos, con Regulus a la cabeza.

- Sabes perfectamente que soy mejor que tú – dijo Rabastan, enfadado.

- Ni en tus mejores sueños – murmuró Regulus.

Todos se quedaron quietos, mirando alternativamente a Rabastan y a Regulus. Si se hubiera tratado de un concurso de la mirada más amenazadora y fría, Laura no estaba segura de quién lo habría ganado.

- Lo comprobaremos mañana – dijo Rabastan -. A medianoche, en el Bosque Prohibido. Claro… a no ser que tengas miedo…

- Hecho – aceptó Regulus.

Rabastan sonrió de forma desafiante.

- Si te rajas, mándame una lechuza…

- No me voy a rajar – dijo Regulus, tajantemente -, y en el caso te lo diría a la cara, no a través de intermediarios. Eso sólo lo hacen los cobardes como tú.

Rabastan rió con falsedad.

- Ya se verá quién es el cobarde…

Rabastan subió las escaleras con sus amigos, viendo por el rabillo del ojo como Regulus se acercaba a Laura mientras que los demás jugadores de Slytherin entraban en el castillo.

- ¿Podemos hablar un momento? – murmuró Regulus.

Laura miró a Regulus fijamente sin decir nada durante unos segundos. ¿Cómo se atrevía a mirarla a la cara, después de lo que le había hecho dos noches antes? Ni siquiera sabía por qué le había defendido ante Rabastan… Notando como la ira crecía en su pecho, se dio la vuelta sin responderle y siguió caminando en dirección al castillo.

Sólo había dado dos pasos cuando Regulus se puso a su altura.

- No me tienes por qué dar aún una respuesta – empezó el chico -, como si no me la quieres dar nunca. No quiero que te sientas presionada.

Laura no dijo nada.

- No tienes por qué evitarme.

Laura empezó a subir los escalones seguida por Regulus.

- Si quieres podemos olvidar todo esto. Podemos seguir siendo amigos.

Sin poder contenerse, Laura se volvió hacia él y le dio un bofetón en la mejilla.

- ¡Si fueras mi amigo, no me habrías hecho lo que me has hecho! – le gritó -. ¡No quiero volver a verte!

Ignorando las miradas extrañadas de varios Ravenclaws que venían detrás de ellos, Laura se giró para seguir su camino, pero Regulus la agarró del brazo e impidió que se moviera.

- No sabes la suerte que tienes – murmuró Regulus, en tono seco y herido -. Todas las chicas de Slytherin darían lo que fuera para que yo estuviera con ellas.

- Puede ser – dijo Laura -. Es una pena que hayas dado con la única chica que no se deja violar…

Regulus abrió los ojos al máximo con sorpresa. Laura aprovechó para deshacerse de su agarre y llegar hasta el vestíbulo.

- ¡¿Qué? – le oyó murmurar a Regulus -. ¿De qué estás hablando?

Laura cerró los ojos, con rabia. ¿Cómo podía hacerse el inocente? Se giró y vio que Regulus acababa de llegar hasta ella. Sin decir nada, Laura se retiró a un lado el pelo dejando visible la marca que seguía teniendo en su cuello.

- ¿Esto te dice algo, Black?

Regulus frunció el ceño.

- No. ¿Quién te lo ha hecho?

Laura le miró fijamente.

- ¿Quién te lo ha hecho? – repitió Regulus, confuso.

- ¡TÚ! – le gritó Laura -. Hace dos noches… ¿Qué creías, que podías hacerme esto y después seguir como si nada?

Regulus se acercó más a ella.

- No sé de qué me estás hablando, Laura. Yo no te he hecho nada. No he vuelto a estar contigo desde Halloween.

- Rabastan no es de la misma opinión – murmuró Laura.

Regulus bufó.

- ¿Crees a Lestrange antes que a mí? A Lestrange le encantaría alejarte de mí y tenerte para él solo.

- Y también fue Lestrange quién me mandó los bombones, ¿no?

- No me extrañaría, porque no sé de qué bombones me hablas.

Laura le señaló con el dedo índice de forma acusadora.

- Le pusiste algo a los bombones. Empecé a sentirme mal después de tomarlos…

Regulus se acercó a Laura mirándola fijamente.

- Yo no te he mandado ningunos bombones, Laura. ¿Para qué iba a hacerlo? Si llevo desde Halloween dejándote espacio es porque no quiero presionarte. Además, si realmente hubiera querido hacerte algo, no te habría mandado unos bombones que enseguida te harían sospechar de mí. Y has dicho hace dos noches… Hace dos noches estuve ayudando al profesor Slughorn con unas pociones. Pregúntaselo si quieres.

Regulus pasó por su lado y subió la escalinata de mármol, dejando a Laura inmóvil como una estatua a los pies de la escalera, sin saber qué pensar.


En el dormitorio de los merodeadores, Sirius estaba solo tumbado en su cama. Por enésima vez, miró por la ventana hacia el campo de quidditch, sin poder creerse aún que Regulus hubiera atrapado la snitch antes que su mejor amigo. Pero pronto dejó ese asunto a un lado. No podía quitarse de la cabeza lo que había ocurrido dos noches antes…

Flashback

Sirius estaba escondido tras una columna. Había observado que Laura, al contrario que su costumbre, llevaba un par de días recorriendo todo el castillo sola, como si buscara algo. Estaba decidido a aprovechar la oportunidad.

Antes de lo que esperaba, vio salir a Laura de su sala común y caminar por un pasillo. Sirius la siguió silenciosamente, aguzando el oído más que nunca para comprobar que realmente no había nadie más cerca.

Antes de llegar a una esquina, salió de su escondite de puntillas, la agarró con todas sus fuerzas y le tapó la boca. Sin darse cuenta de que la chica no oponía resistencia, retrocedieron por el pasillo hasta llegar a un escondrijo detrás de un tapiz.

En cuanto Sirius la soltó, Laura se apoyó contra la pared.

- ¿Quién te contó lo de Eleanore? – abordó Sirius -. ¿Cómo te enteraste?

Sirius vio como Laura se sentaba lentamente en un banco de un rincón. Parecía algo confusa, o bastante.

- No voy a dejar que te vayas hasta que me contestes – dijo Sirius, con un tono muy firme.

- No quiero irme – murmuró Laura, tambaleándose un poco.

Sirius frunció el ceño.

- ¿Estás bien?

Laura se levantó tan rápido como pudo, se acercó a Sirius y sus labios rozaron los del chico, que al principio permaneció quieto, pero luego correspondió al beso con toda la pasión que pudo. Laura no se quedó atrás; le rodeó el cuello con los brazos y le atrajo más hacia ella. Sirius empezó a descender por su cuello…

Sin embargo, una chispa de lucidez apareció en el cerebro de Sirius, que se separó de ella, sin saber muy bien cómo habían llegado a eso.

Laura se acercó otra vez a él intentando besarle, pero él le detuvo.

- ¿Qué ocurre? – le gritó Laura, fuera de sí -. ¡Sí, me gustas! ¿Qué digo yo? ¡No me gustas, estoy enamorada de ti hasta lo más profundo del alma! Lo sé, sé que esto está mal, pero yo no lo controlo, ¿vale?

Antes de decir nada más, Laura perdió la consciencia. Sirius la agarró antes de que su cuerpo golpeara el suelo, y la cogió en brazos. Esperando no encontrarse con nadie, recorrió con ella varios pasillos hasta llegar a una sala que había descubierto con James en tercer año. Dejó a Laura en el sofá que había en el centro.

En cuanto su cuerpo rozó el sofá, Laura abrió los ojos y miró fijamente a Sirius, que había empezado a dirigirse hacia la puerta.

- No te vayas… por favor – murmuró Laura –. Quédate conmigo.

- Estás ebria… No sabes lo que estás diciendo – dijo Sirius.

- ¡No estoy ebria! ¡Y claro que sé lo que digo! – gritó Laura -. Quédate conmigo.

Sirius se detuvo, dudando.

- Al menos hasta que me duerma… - murmuró Laura, cerrando los ojos.

Mordiéndose el labio, Sirius se sentó en el sofá. Laura se acomodó contra él, que empezó a acariciarle el pelo mientras notaba su respiración contra la suya, el latido de su corazón contra el suyo.

Fin del flashback

Estaba seguro de que Laura había tomado algo para decirle todo eso. No encontraba otra explicación… Eso era precisamente lo que más le hacía pensar. Si realmente había bebido, era muy probable que la chica hubiera sido sincera.

¿Qué debía hacer él? ¿Qué quería hacer él? Cerró los ojos, volviendo al momento en el que Laura se había recostado contra él, al momento en el que había notado el latido del corazón de la chica contra el suyo. Sí, no le cabía ninguna duda. Eso era lo que quería; tener al lado a la Slytherin, abrazarla, acariciarla, besarla.

Abrió los ojos de golpe, maldiciendo interiormente al Sombrero Seleccionador por haberla colocado en Slytherin. Ése había sido el punto clave desde el principio; la razón por la que no sabía si debía confesarle sus sentimientos a Laura… o no había sabido si debía hasta entonces.

Se levantó y fue corriendo hacia la puerta, pero antes de llegar se detuvo, sacudiendo la cabeza. Por fin le había quedado claro lo que debía hacer, e iba a hacerlo… pero no en ese momento. Necesitaba planearlo bien para que nada pudiera salir mal.


¿Qué tal me quedó?

Besos

Laura