Capítulo 26: Ángel herido
—Estas raro ultimamente.— le confesó la chica tras verlo aparecer ante sus ojos.— ¿No te pasa nada malo?
Su ángel sustituto ya no era el mismo de antes, acostumbraba visitarla todas las noches para comprobar que todo estubiera en orden y si la encontraba despierta, la saludaba antes de irse o la despeinaba como a una niñita pequeña.
Pero ahora era completamente diferente, desde hacía casi un mes, Sesshomaru la miraba con aquellos ojos fríos que solía mostrar todo el tiempo, pero esos ojos eran mucho más fríos que de costumbre, más intensos, tal vez demostrándole dolor y traición a la vez. Kagome entreabrió los labios ante aquella mirada con la que había empesado a mirarla desde hacía tiempo...
—No me pasa nada.— repuso secamente y, sin darle tiempo a la chica a responder, desapareció.
La incomodaba mucho no saber que transitaba por su cabeza, Sesshomaru era el tipo de sujeto callado que no demostraba sus sentimientos a nadie y no dejaba que nadie se interesara en saberlos, pero al mismo tiempo, deseaba saber el porque de ese nuevo trato que tenía con ella.
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—No puedes tener tanta suerte, Kagome... —se lamentó Rin mirandola con resignación.— Es un don que solo tú puedas ver a nuestros ángeles.
—Si quieres ver a tu ángel sería mejor pedírselo tu misma ¿No Kag?— preguntó Sango.
Kagome rió con un poco de pena sin saber que responder; Tal vez Ai le concedería amablemente el deseo a su protegida, pero no pensaba lo mismo de Sesshomaru... Recordando el asunto con él, cuando tuviera un poco de tiempo libre con él, se encargaría de preguntarselo. Mietras tanto... seguiría con aquella gran duda... ¿Qué le trancitaba por la cabeza? Hacía casi un mes que la trataba tan secamente ¿Es que había hecho algo tan mal como para tratarla así? ¿Y si era así, que había sido eso tan malo?
Pero por otra parte, recordaba la primera vez que ella misma había tenido que rogarle a Inuyasha para que se quedara junto a ella, visible. Sonrió como una ingenua, a lo que sus amigas detectaron al momento en que pensaba.
—De acuerdo, disculpas aceptadas. —suspiró.— Bien, supongo que ahora debo desaparecer para que retomes tu vida normal.
—¿¡QUÉ!? —exclamó la chica saliendo de la cama.— ¿¡Cómo que vas a irte!?
—¿Acaso creías que iba a estar cuidándote como debo hacer mientras tú me observas? Estas loca.
—¡Pero no puedes irte, ahora se tu secreto! Vamos... quédate...
—Pero es que voy a quedarme, solo que no podrás verme, así de fácil.
—¡Hey...!— exclamó al ocurrírsele la idea.— Te prometo que seguiré guardando el secreto, jamás diré nada y mucho menos si estas junto a mi ¿Si? Por favor...
Inuyasha frunció el ceño, pensándolo.
—Bien.— aceptó rendido por su insistencia, aunque su cara no demostraba mucha felicidad.
—Siempre que pone esa carita es porque... —le susurró Sango a Rin con picardía.
—¿Piensa en Inuyasha?— terminó la frace la otra amiga.
—¿Inuyasha? ¿Qué hay con Inuyasha?
La testaruda voz de Kikyo provocó que Kagome saliera de su ensueño tan rápido que la mareó, pero se recuperó al instante cuando la chica de cabello hasta la cintura se paró frente a ellas con una sonrisa triunfal.
—Que raro tu escuchando nuestras conversacions.— La atacó Kagome con el ceño fruncido inetentando controlar su enojo y las concecuencias de él.
Kikyo rió con descaro.
—Es que... debes entender como es este asunto, Higurashi... ¿Nunca te ha pasado que cuando alguien pronuncia el nombre de la persona que amas lo escuchas, no importa lo lejos que esté el que lo pronuncia?
Kagome entrecerró los ojos y estrujó su falda por bajo la mesa. Odiaba oírla refregarle en la cara lo mucho que amaba a su ángel ¿Que parte del "es mi novio" no había entendido? Hacía un mes que aque asunto estaba en flote, desde la vez que Inuyasha y Kouga había tenido su pelea. Kikyo había entrado a la enfermería irrumpiendo la calma y abrasando a Inuyasha al cuello frente a ella, claro que entre él rápidamente se la sacó de encima, pero no cubría la falta que ella estubiera enojada con él durante casi una semana. Luego de eso, había estado todo el tiempo persiguiendolo e interrumpiendo sus conversaciones... Lo que más le molestaba era que Inuyasha no encontraba las palabras para quitársela de encima, simplemente Kikyo no lo entendia, o no lo quería entender.
—¿A qué me dices, Higurashi?— le preguntó encorvándose para estar más cerca una de otra.
No respondió nada y siguio apretando los puños en torno a su falda dejándola completamente arrugada.
Kikyo si irguió al no obtebner respuesta y alzó la voz para que todos los del aula la olleran.
—¿Y, que opinan chicas?— preguntó.— ¿No creen que Inuyasha Taisho, el chico de tercer año, más apuesto del Instituto?
Varias chicas afirmaron a coro, hubo algunos silvidos cursis y otras maldiciones por parte de algunos alumnos celosos.
—¡Yo opino que si!— continuó Kikyo.— Y pronto será completamente mío, Higurashi. Así que ándate con cuidado, no entiendo como pudo haberse fijado en tí estando yo enfrente, tal vez no me vió presente, esa será la explicación.
—O te habrá confundido con algún animal del zoologico.— comentó Sango poniéndose de pié y amarrando su mochila al hombro.
La campana sonó y todos se pusieron de pié para volver a sus casas. La rival de Kagome se posó en la puerta bloqueando la salida a Sango que habría sido la primera en pasar.
—¿Y ahora qué?
—Mira.
Kikyo le entregó una pequeña hoja de papel dorada. Sango la examinó con ojos dudosos, aunque luego su expreción cambió a una de sorpresa tras leerla completamente.
—¿¡De donde sacaste esto!?
—Shh... es nuestro pequeño secreto, pero puedo compartirlo contigo.
—Quiero una respuesta AHORA.
Kikyo puso los ojos en blanco.
—Bueno, bueno. Ayer por la tarde nos reunimos mi Inuyasha y yo y él me entregó esta invitación personalmente.
—P-pero este era... el trabajo de Kagome... es imposible que... Inuyasha jamás mencionó invitarte...
La pelinegra efectuó una media sonrisa mientras le arrancaba la invitación de las manos a Sango que la contempló estupefactya.
—Tal vez tenga secretos para su novia ¿No crees? Chao
Kikyo dió media buelta y salió por la puerta riendo por lo bajo. Kagome y Rin fueron al encuentro de Sango y por sus miradas, ambas le exigiron una explicaciñón por aquella cara que tenía.
—Ki-kikyo tiene...
Kagome frunció el seño sin entender.
—¿Qué es lo que pasa?
— I-Inuya...sha... le-le dió a Kikyo... p-personalmente...— tragó con dificultad pensando la reacción de Kagome. Sabía que lo primero que haría sería exigirle una explicación a su novio, lo que llevaría a una pelea de nivel mayor, ultimamente discutían seguido si el tema se trataba de Kikyo, aunque por suerte siempre terminaban arreglándose, pero... ¿Pasaría lo mismo esa vez?— una in-vitación a su aniversario.
Como imaginaba, Kagome estaba aún más shockeada. Tampoco podría creer que Inuyasha le hubiera dado esa invitación con el motivo de armar una gran pelea entre ellos, justo en su primer mes oficiál juntos. Pero si Kikyo mentía sobre eso ¿De donde había sacado la invitación? Kagome las había repartido ella misma el día anterior... estaba segura de que Inuyasha no podía tener una si no las repartía, ni Kikyo tampoco.
—Kag... No irás a reclamarle a Inuyasha ¿Verdad?— preguntó Rin.— ¿Y si se trata de un malentendido? ¿Si Inuyasha no le dió nada y ella la consiguió por su cuenta?
Kagome arqueó las cejas sorprendida por el razonamiento de Rin. Tal vez si tendría razón, no tenía por qué estar enojada con Inuyasha si no tenía pruevas concretas, además, si era verdad que eso había ocurrido, ya estaba hecho, Kikyo iría a la fiesta que se aría esa noche e Inuyasha debería soportar (y ella también) sus coqueteos.
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El chico puso los ojos en blanco ya pronosticando tormenta.
—Creeme, no tuve nada que ver, Kagome... lo juro sinceramente. No le veo la razón de haberla invitado...
—Te creo.
—...yo no tengo interes en ella, además, si eso... —detuvo su monólogo en el momento mientras clavaba sus ojos ámbar en la chica con sorpresa, parpadeando confundido— ¿Qué dijiste?
Kagome rió.
—Que te creo, tontito. No tengo ni la más mínima intencion de pelear justamente hoy.— le sonrió con amplitud ante la cara de inentendimiento del chico y le tomó del brazo para seguír la marcha. — Si me dices que no tubiste nada que ver, te creo.
—¿Quien eres y qué hiciste con Kagome?— preguntó en una media sonrisa de felicidad.
Kagome solo le sonrió demostrándole que todo estaba bien entre ellos. Llegaron a la puerta de su casa en un tiempo que se les había pasado volando. Inuyasha permaneció frente a ella, incapás de depegar sus ojos de los suyos.
—Nos vemos esta noche.— le recordó la chica.
—Si... pero... te extrañaré durante todo el tiempo que estemos separados...
Se inclinó hacia ella hasta que su nariz rozó la sulla, a un palmo de distancia. Kagome se ruborizó levemente por su cercanía.
—Feliz primer mes juntos.
Luego de esto, ambos labios se encontraron otra vez en un prolongado beso que volvía a prometer algo más que amor. Juraba estar con ella hasta que su vida se acabara, nunca habría otra en toda su existencia, la protegería a costa de su vida... sin importar nada, la seguiría amando. NADA iba a estropeár su felicidad... al menos...
...hasta esa noche...
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Luego de mirarse en el espejo por enésima vez de arriba a abajo, de cada extremo y cada costura, miró al ángel de cabello rubio por el reflejo del espejo para pedir una opinión.
—¿Me queda bién, Ai?— preguntó.
—Hermosísima.
Kagome le sonrió dulcemente. Entonces ese vestido blanco le quedaba bien ¿No? Rió por lo bajo, si su padre aún viviera, la reprendería por usar un escote tan prolongado que dejara hasta sus hombros descubiertos... pero él ya no estaba con ella ni su madre desde hacía casi 10 años. Siempre lo había recordado con algo de tristeza, pero siempre habían personas a su alrededor que le recordaban lo especial y afortunada que era al tener compañía: su madre, sus amigas e Inuyasha.
—Bien, ya me voy.
—Ha ha ha... — la detuvo el ángel caminando con lentitud hacia ella, arrastrando la punta de las plumas del final de sus alas por el suelo.— Te falta algo.
Le amarró un delicado listón blanco en el pelo, haciendo una pequeña coleta en un costado de su cabeza.
—Parecería un peinado un poco infantil— admitió Ai.— Pero de todos modos, te deja más dulce e inocente, como realmente eres.
Ella asintió con agradecimiento y luego salió por la puerta de su habitación, Ai desapareció para volver a reunirse con Sango.
Aún no había oscurecido por completo, por lo que caminó por la calle hasta la residencia de Inuyasha. Estaba muy emocionada por el hecho de poder conocer finalmente su casa, hasta el momento, nunca había entrado, pero Inuyasha le había mencionado que era un lugar muy espacioso como para hacer una gran fiesta, cosa que iba a realisarce esa noche: su primer mes juntos. Tantos "si" y "no" habían dado como resultado celebrarlo, Inuyasha insistía que era un motivo para hacerlo y si era posible, lo haría cada mes, a lo que ella se habia reusado. A lo mejor de vez en cuando, pero con el motivo de "fiesta" solamente, un "aniversario" la hacía sentirse extraña, como si fuera que ya estubieran casados.
Luego de lo que serían 10 minutos caminando y ya caida la noche, entró en el barrio privado. Quedó competamente fascinada al ver la cantidad de manciones que se cernían apenas entrar a aquel barrio, casas con las que ni siquiera había sido capás de soñar por su amplitud y belleza, sus jardines parecían plazas y plazas juntas, eran henormes, algunos hasta tenían laberintos de rosales, piscinas, patios empedrados y plantas de todos los tipos inimaginables de las cuales, despedían embriagadores aromas de las flores.
Con la boca ligeramente entreabierta buscó la número 66, si no se equibocaba, la más hermosa de las que había visto hasta el momento, con casi todas aquellas cualidades que había visto en las otras pero esta poseía aún más. La manción estaba pintada de un color ocre y se asemejaba con aquellos tipos de manciones antiguas inspiradas en castillos, unque esa no era un castillo, pero era dificil adivinar por su altura y sus inumerables balcones, uno en cada habitación. Lo que más llamativo y hermoso le pareció, fué ver en las paredes las infinitas enredaderas que las adornaban, algunas llegaban hasta los balcones más bajos y los decoraban por toda sus barandillas y alrededor de las ventanas con unas flores blancas y pequeñas.
—E-esto es hermoso... —susurró inconcientemente.
—¿A que no?
Dió un brinco del susto tras escuchar aquella voz. Un joven de la edad de Inuyasha había permanecido apollado de espaldas en la reja negra que rodeaba la manción. Sus ojos azules oscuros como el mar relucieron con un brillo intenso.
—¿Miroku?— preguntó Kagome alzando una ceja tras ver como estaba vestido.— ¿Por qué traes un traje de mayordomo?
El chico le mostró una media sonrisa algo provocativa. La chica frunció el ceño de repente intuyendo el porqué de la forma de vestir de Miroku. Sus ojos tomaron un tono rojozo que él no pudo ver por suerte.
—No me digas que Inuyasha te pidio que...
—No, no, no.— se apresuró a aclarar él.— Yo me ofrecí. Es que, como sabes, hago como una especie de guía hasta la manción. Mi trabajo es llevar a los invitados a la casa por este largo camino empedrado.— mostró los blancos dintes en una sonrisa.— También, esto tiene una doble chance, acompañaré a las señoritas indefensas también, como a usted y a la señorita Sango.
—Ultimamente pronuncias el nombre de Sango con demaciada dulzura... —susurró Kagome más para sí.
Miroku le extendió un brazo de una forma cortés.
—Bueno, déjeme acompañarla.— Kagome tomó su brazo delicadamente.
El chico precionó unos de los botones del panel y la reja negra se abrió automáticamente tras anunciar un "pase".
Mientras caminaban por el largo sendero, observó fascinada aquel bello paisaje. Algunos faroles de jardín alumbraban el camino de una forma perfecta, dándole un tono mucho más mágico al lugar.
— ¿Sabe? Si usted no fuera pertenencia de Inuyasha... y si supiera que él no intentaría matarme sin piedad tras pedirle lo siguiente, —le dijo distrayéndola de su expectación por el jardín.—...le pediría cortesmente que se casara conmigo y me diera como erencia a un apuesto niño.
Kagome se detuvo en seco y fulminó al amigo de su ángel con la mirada.
—¿QUÉ QUIERE QUÉ!!??
—Bueno... como se debe imagiar, mi familia carece de herederos barones, por ese motivo, mi padre siempre me pedía que conservara el apellido como legado de la familia...
—¡Más te vale no volver a pedírmelo!— exclamó roja como un tomate, totalmente furiosa.
Dió buelta la cara para que Miroku no observara sus ojos y retomó la caminata dejandolo atrás. Lo hubiese abofeteado, pero de eso se encargaría Sango más tarde si es que ocurría la misma incómoda situación con ella.
Llegó hasta las puertas de la manción en un tiempo record. Aún permanecía completamente furiosa con el pervertido de Miroku, pero al llegar al interior, se sintió mucho más a gusto. La casa era igual de hermosa por dentro, todo perfectamente ordenado y decorado con aquel tono blanco y ocre. La música inundaba el lugar, parecía que pasaban un poco de todo, desde lo nuevo hasta lo clásico y relajante. Habían alrededor de tres mesas con comida que estaba infestada de gente, seguramente y con la fortuna que Inuyasha decía que tenía, había todo tipo de comida.
La mayoría de los presentes eran estudiantes de tercer año que no conocía muy bien, algunos casi de vista, aunque aún era muy temprano como para que comenzara la fiesta, a lo mejor llegaban más concorde al horario.
Divisó a Rin en una de las esquinas charlando con algunas compañeras del curso. Sus miradas se encontraron y ella la saludo felizmente alzando su mano, a los pocos segundos, ya estaba a su lado.
—¿E Inuyasha?— preguntó Kagome tras no encontrarlo por ningún lado.
—Recuerdo haberlo visto subir las escaleras hace como 10 minutos... —aseguró pensativa.
Ayumi, una de las chicas con las que Rin estaba hablando, también fué a su encuentro.
—Pero... yo recuerdo haber visto a una chica con él unos minutos antes.— aclaró fruncieno el seño.— No pude ver su cara, solo de atrás... podría jurar que eras tú, Kagome... creo que subio con ella.
Rin y Kagome la miraron sin entender.
—¿Una chica... como era?
—Bueno... alta, cuerpo de modelo, cabello negro y largo, un vestido un poco... —frunció los labios.— Pasado de formal, muy provocativo por así decirlo... de color negro...
Rin palideció de repente, su amiga frunció las cejas aún más, no queriendo imaginar nada antes de tiempo, pero...
—¡Esa era...!
Demaciado tarde, Rin volvió los ojos a su amiga, que ya se había esfumado de su lado. Si no se equibocaba, los celos de Kagome habían llegado a un límite demaciado extenso... no podía imaginarse como se resolverían las cosas ahora. Estaba segura de que Inuyasha no sería capás de traicionarla con Kikyo... pero Kagome era muy sencible y protegía lo que quería para no salir lastimada, igual que Inuyasha. Tal vez, esa proteccion y esos celos eran muy constantes y grandes... no demostraban tenerse confianza el uno del otro y si eso continuaba... la relación acabaría mal... muy mal...
No, eso era imposible, imposible... sabía que nada bueno causaría la llegada de Kikyo... Su corazón latía desbocado de su pecho cuando sus dedos tocaron la puerta blanca revestida de marmol de la cuál provenían algunos gemidos y risas.
—No me digas que no...— repuso una voz melodiosa.
—No... no... déjame...
—¿Y por qué?
—¿¡Y si entra alguien y nos ve!?
—¿Qué tiene?
—Dirán que...
—¿Que te amo locamente? Eso es verdad.
—Pero... —Rió con sesignación.— yo... tambien... tengo...
Sus gemidos ahogaron las voces de ambos. No... eso era una pesadilla... terriblemente imposible... ¿estaban los dos encerrados ahí?¿Haciendo... quien sabe qué...? Sus lágrimas rodaron por sus mejillas y calleron mojando apenas su vestido blanco.
Despegó los dedos de la puerta al momento que oía unos pasos y la puerta abrirse ante ella, en donde unos ojos dorados, aterrados, la resivieron.
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¿En qué momento había acabado con la persona equivocada dentro de su mismo cuarto? ¿Y en qué momento se había metido? Recordaba haber entrado para limpiar la mancha de pastel que Hoshiomi, uno con los que peór se llebaba, le había arrojado a su ropa limpia.
Mientras maldecía por lo bajo, el espejo qur daba directamente frente a su puerta le mostró que esta había sido abierta lentamente por una chica de cabello negro y largo, apenas pudo ver su corronilla por sobre su hombro. Sonrió feliz, seguramente se trataba de Kagome por lo que sus ojos dorados brillaban levemente. Ahora voltearía y encontraría lo más parecido a ún ángel que jamás habría visto en su vida.
—Me sorpendiste por lo temprano que...
La chica estaba vestida de negro, un vestido que mostraba más de lo que ocultaba. Abrió más los ojos, estaba demaciado incómodo, nunca había visto a una mujer vestir de esa manera tan provocativa ni que lo mirara de aquella manera tan seductora como ella lo hacía.
—¿K-kikyo... Que...?— sus mejillas enrojecieron al momento que la observaba caminar hacia él. Los tacos de sus botas resonaban por el suelo de madera, igualando los latidos de su corazon, lentos, esperando no llegar a un paro.
Llegó frente a él y comenzó a jugar con el borde de su camisa, sus ojos permanecían lejos de él, agachados. Inuyasha contuvo la respiración; Hasta su perfume era tan seductor como ella.
—Dime... Inuyasha... —hasta su voz era juguetona y provocativa.— ¿Qué piensas de mi? ¿Te gusto de esta menera?
—Yo... bueno...
Le sonrió.
—No te hagas el inocente, yo se que lo haces para no lastimar a la ingenua de Higurashi... ella es muy... niña todavía... y no sabe nada de la vida...
Inuyasha frunció el seño molesto.
—¿Y tú que sabes de ella?
—La conosco mucho más y mejor que tú.
—Feh!— Inuyasha desvió la vista ofendido.— No sabes absolutamente nada.
—¿A no?
—No. Así que voy a pedirte que te vallas de MI cuarto.
Kikyo alzó los ojos a él.
—No lo haré. Me quedaré toda esta noche a tu lado, eres solo mío, desde un principio debiste serlo. Prometo limpiár todo el rastro de Kagome si solo me dejas entrar por un momento a tu corazón.
Dicho esto enredó sus brazos en su cuello y lo besó apasionadamente. Kagome nunca había besado de esa manera, eran totalmente diferentes... ¿Por qué motivo la había dejado besarlo? Si no mal estaba, la había dejado examinar sus labios como si ella fuera su dueña. Estaba mal, no hacía falta recordarselo...
Ella lo empujó suavemente hasta sentarlo al borde de la cama. Abrió los ojos de repente, eso estaba llegando muy lejos... La separó tomándola por los hombros y la miró desafiante.
—NUNCA buelvas a hacer eso.— ladró.
—¿Y por que no?— preguntó sonriente.
—No siento nada por ti ¿Qué parte no entiendes?
—No me digas que no...— repuso una voz melodiosa.
Kikyo volvió a abrasarlo al cuello, esta vez enterrando la cara en su pecho. Inuyasha intentó volver a separarse de ella. Tomándole cada vez más y más rencor.
—No... no... déjame...
—¿Y por qué?— preguntó ella separándose un poco.
—¿¡Y si entra alguien y nos ve!?— exclamó frunciendo el ceño.
—¿Qué tiene?
—Dirán que...
Los rumores comenzarían a exparcisce, dirán que le era infiél a Kagome... ella no le creería esa vez... todo iba a acabar mal por culpa de Kikyo... no iba a permitir que su relación acabara por algo tan estúpido.
—¿Que te amo locamente? Eso es verdad.—volvió a juntar sus labios con los sullos.
—Pero... —Rió con sesignación.— yo... tambien... tengo...
...ya tenía a alguien a quien amar...
Decidido, se separó de ella completamente y se paró. Volvió a mirarse en el espejo, con sorpresa: estaba completamente despeinado y desaliñado, bufó por lo bajo mientras le dirigía una mirada ascesina a la mujer que lo miraba risueña del otro lado del espejo.
De repente, toda emoción desapareció de su rostro y palideció de repente. Si no se equibocaba, lo que acababa de oír tras la puerta eran... sollozos...
Caminó lentamente hasta la puerta y la enteabrió un poco dejando ver tras ella a un ángel, un pequeño ángel herido.
CONTINUARÁ
Primero que todo, quiero pedir perdon x el retraso, es q andaba ocupadisima. Espero haberlo compensado con este capi.
Pensaron mal cuando termina la parte d kag no?????? jaja, a q no????
bue, la cosa es q n podia escribir mas xq m quedo muy extenso, peroe spero q les halla gustado!!!!
Grax x todos sus reviews y recomendaciones!!! las tomo en cuentaª!!! ya casi llegamos a los 200!!!! Ha, y gomen x las faltas d ortografia n__n
Nos vemos!!!! hasta el prox capi!!! Prometo n tardarme en ese!!!!
