Capitulo 26

Salimos del callejón. En la abarrotada acera de la calle principal, a unos cincuenta metros, unas rejas negras y puntiagudas flanqueaban dos tramos de escaleras, uno con el letrero "Damas" y el otro "Caballeros"

-Nos vemos al rato –dijo Hermione, nerviosa, y las dos bajamos las escaleras al baño de mujeres.

-¡Buenos Días Mafalda! –Saludo una bruja a Hermione, inserto una de las monedas doradas en una de las é espanto, ¿verdad? Ser obligados a ir al ministerio así, ¿Quiénes creen que vendrán? ¿Los mellizos Potter? –se rio de su propio chiste.

Hermione soltó una risita: -Si, que tontería. ¿No? –

Entramos en cabinas contiguas.

Oí como los magos tiraban las cadenas en las otras cabinas. Me agache y mire por el espacio que quedaba abajo como un par de tacones se subían al inodoro, mire al otro lado y Hermione también estaba agachada:

-Hay que meterse en el inodoro y tirar la cadena –me susurro, algo asqueada al parecer, pero se levanto y se subió.

Evitando sentirme como una completa imbécil, me subí al inodoro, el agua me cubría hasta los tobillos, pero la túnica estaba completamente seca. Tire la cadena y segundos despues estaba cayendo por una corta rampa hasta aterrizar en una de las chimeneas del Ministerio de la Magia.

Me levante. El inmenso Atrio parecía más oscuro de como lo recordaba; antes, una fuente dorada ocupaba el centro del vestíbulo y arrojaba puntos de luz al pulido parquet y las paredes. Ahora, en cambio, una gigantesca estatua de piedra negra se encontraba en su lugar; se trataba de un mago y una bruja, sentados en sendos tronos labrados y ornamentados, observaban a los empleados del Ministerio de la Magia salir de las chimeneas; en el pedestal se leían unas palabras grabadas de un palmo de alto: "LA MAGIA ES PODER"

Me junte con Ron y Hermione y buscamos a Harry, lo encontramos de pie ante su chimenea contemplando la escultura. Un mago cayó detrás de él y le grito, pero cuando lo vio completamente palideció y se fue.

-¡Pst! –le siseo Ron.

Harry volteo hacia nosotros y vino a reunirse.

-¿Llegaste bien? –pregunto Hermione.

-No, todavía esta atrapado en el inodoro –se mofó Ron.

-¡Muy gracioso! –le dijimos ambas.

-Es horrible, ¿verdad? –Nos pregunto, y señalo levemente la estatua- ¿Vieron donde están sentados? –

Mire con más atención, y lo que creí que eran los tronos decorados con motivos decorativos, eran en realidad montañas de seres humanos –hombres, mujeres y niños -, de rostros patéticos, retorcidos y apretujados para soportar el peso de la pareja de magos.

-Muggles –susurre –en el lugar que les pertenece, ¡Vamos, no perdamos más tiempo!

Miramos alrededor con disimulo y nos unimos al torrente de magos y brujas que avanzaban hacia las puertas doradas que habían en el fondo del vestíbulo. Pero no vimos rastro de la silueta de la cara de sapo. Cruzamos las puertas y entramos en un vestíbulo más pequeño donde se estaban formando colas alrededor de veinte rejas doradas correspondientes a veinte ascensores. En cuanto nos ubicamos en la cola más cercana, una voz exclamó:

-¡Cattermole!

Nos volvimos. Un Mortifago se dirigía hacia nosotros. Los empleados que estaban a nuestro lado guardaron silencio y bajaron la vista. El tosco y ceñudo rostro de aquel individuo contrastaba contra la elegante túnica, bordada con abundante hilo de oro. Entre la multitud que esperaba ante los ascensores, algunos gritaron con tono adulador -¡Buenos Días Yaxley! -, pero Yaxley no les prestó atención.

-Pedí que alguien del Servicio de Mantenimiento Mágico fuera a ver que ocurre en mi despacho, Cattermole. Pero sigue lloviendo.

Ron miro alrededor como si esperase que alguien interviniese, pero nadie dijo nada.

-¿Lloviendo? ¿En su despacho? Que contrariedad, ¿No?

Ron soltó una risita nerviosa y Yaxley enarcó las cejas.

-¿Lo encuentras gracioso, Cattermole?

Un par de brujos se apartaron de la cola y se marcharon a toda velocidad.

-No –contestó Ron-. No, por supuesto que no…

-Por cierto, ¿sabes a donde voy? Abajo, a interrogar a tu esposa, Cattermole. De hecho, me sorprende que no estés allí acompañándola y reconfortándola mientras espera. Supongo que te has desentendido de ella, ¿verdad? Bueno, es lo más sensato. La próxima vez asegúrate de casarte con una sangre pura.

Hermione soltó un gritito de horror y Yaxley la miró. Ella tosió un poco y se dio la vuelta.

-Yo… yo… -tartamudeo Ron.

-Si a mi esposa la acusaran de ser una sangre impura y el Jefe del Departamento de Operaciones Mágicas Especiales necesitara que arreglaran algo, daría prioridad a ese trabajo, Cattermole. ¿Entiendes?

-Sí, claro, claro –murmuró Ron.

-Entonces ocúpate de mi despacho, Cattermole, y si dentro de una hora no esta completamente seco, el Estatus de Sangre de tu esposa estará aún más en duda de lo que ya está –

La reja dorada que tenían adelante se abrió con un traqueteo. Yaxley saludo con una inclinación de cabeza y una sonrisa a Harry, convencido de que éste aprobaría como había tratado a Cattermole, y se dirigió a otro ascensor. Los cuatro entramos en el ascensor y la reja se cerró con estrépito y el ascensor comenzó su ascensión.

-¿Qué hago? –Nos pregunto Ron-. Si no voy, mi esposa... es decir, la esposa de Cattermole…

-Te acompañaremos, tenemos que seguir juntos… -musitó Harry, pero Ron movió enérgicamente la cabeza.

-Eso es una locura, no tenemos mucho tiempo. Vayan ustedes en busca de Umbridge y yo iré a arreglar el despacho de Yaxley… ¿Pero que hago para que deje de llover? –

-Prueba con un Finite Incantatem –sugirió Hermione-. Si no es un maleficio o una maldición, eso detendrá la lluvia; si no, es que algo ha pasado con un encantamiento atmosférico y eso es más difícil de arreglar. Como medida provisional usa un encantamiento impermeabilizador para proteger sus cosas…

-Repítelo todo más despacio –pidió Ron mientras buscaba ansiosamente una pluma en sus bolsillos, pero en ese momento el ascensor dio una fuerte sacudida.

Una incorpórea voz de mujer anunció: "Cuarto piso, Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, que incluye las Divisiones de Bestias, Seres y Espíritus, la oficina de Coordinación de los Duendes y la Agencia Consultiva de Plagas" La reja volvió a abrirse para dejar a entrar a un par de magos y algunos aviones de papel violeta que revolotearon alrededor del foco del techo.

-Bueno días, Albert –dijo un hombre de poblado bigote, sonriéndole a mi hermano.

Cuando el ascensor dio un chirrido y siguió ascendiendo, el mago nos echo un vistazo; Hermione le susurraba las instrucciones a Ron y yo revisaba la carpeta rosada. Por el rabillo del ojo vi como el mago se inclinaba ante Harry con una sonrisa socarrona y musitaba:

-Dirk Cresswell, ¿eh? ¿De Coordinación de los Duendes? Bien hecho, Albert. ¡Estoy seguro que ahora conseguiré su trabajo! –Le guiño un ojo.

El ascensor se detuvo y las puertas volvieron a abrirse.

"Segundo piso, Departamento de Operaciones Mágicas Especiales, que incluye el Departamento en Contra del Uso Indebido de la Magia, el Cuartel General de Aurores y los Servicios Administrativos del Wizengamot" dijo la voz de mujer.

Hermione le dio un empujoncito a Ron y este salió seguido de los otros magos. En cuanto la reja dorada se cerró, Hermione dijo con agitación:

-Miren, chicos, será mejor que vaya con él, porque me parece que no sabe lo que hace, y si lo descubren todo nuestro plan…

"Primer piso, Ministro de la Magia y Personal Adjunto"

La reja dorada volvió a abrirse y Hermione sofocó un grito. Ante ellos habían cuatro personas, dos de ellas enfrascadas en una conversación: un mago de pelo largo con una elegante túnica negra y dorada, y una bruja rechoncha, de cara de sapo, que lucia un lazo de terciopelo en la corta melena y apoyaba contra el pecho un montón de hojas de pergamino prendidas con un sujetapapeles.

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