Luego de pensar un momento, he llegado a la conclusión de que es imposible que Faith siga siendo una bebé...lo siento Levi
-le rompe el corazón en pedacitos pequeños-
Pero tendrá algo para consolarse.
Łųcıøƪε (Luciérnagas) / Cεŋdrε (Cenizas) / Vøtrε ąuǥεŋ (Tus ojos)
DISCLAIMER: Los personajes de shingueki no kyojin no me pertenecen, su autor es Hajime
TIPO: Romance/drama/sobrenatural/misterio/horror/lenguaje vulgar/yandere/Ereri/extras
—Cariño —escucho la voz de Eren en el preciso momento cuando Armin resbala con la boca ensangrentada hacia el suelo— ¿q-que paso? ¿Dónde estabas?
Su cabello deshecho y la camisa mal puesta me causa la impresión de que se vistió apresuradamente antes de salir a buscarme.
El cuerpo de Jean quedó colgando del balcón, en cambio, Marco terminó su inútil vida de muerto viviente hace unos segundos. No siento remordimiento alguno, cumplí mi palabra. Alargarle el sufrimiento hasta que se reencontrara con Kirstein.
Todos ellos...tienen que devolverme a mi hija.
—Estamos bien Eren —susurró aplastando con la bota la cabellera rubia de Armin— se fueron a dormir.
Eren se interpuso entre Reiner y los demás para que me atacaran, dicen que estoy loco, que perdí la cabeza.
Nos fuimos antes de que los humanos llegaran, alegaron el desastre a una explosión de gas, nada por qué preocuparse. Pero Eren no ha dejado de vigilarme ni un solo segundo, sus ojos están sobre mí, incluso cuando quiere hacer el amor conmigo.
—Ellos ya saben que existe un asesino —murmura Annie— enviaron hombres para buscarlo.
—Pero no aquí —le responde Eren— el último lugar donde buscarían es este.
Ellos están hablando fuera de nuestro dormitorio, puedo escuchar su conversación por la puerta entreabierta que se encuentra frente a nuestra cama. Me remuevo entre las sábanas rojas para despertar por completo, mi piel blanca contrasta con el color escarlata.
—Ilse quiere volver a casa, todos quieren volver —se refiere al bosque, ese sucio lugar contaminado y olvidado.
—A Levi no le gustaría... —menciona mi esposo— eso creo.
—Igual no podrán matarnos.
Dejo de escuchar cuando encuentro la ventana abierta, a Eren le gustan las cortinas de seda transparentes, los pliegues reflejan el mediodía que brilla sobre el suelo. Abajo tenemos un jardín con pasto y flores.
Me levanto sin hacer ruido, ¿Cuántos días pasaron desde que me lleve a Marco y Armin?
El calendario marca cuatro, pasaron cuatro días.
Descorro la cortina mirando hacia abajo, Farlan e Isabel están plantando rosas.
Ella debe odiarme.
Ella amaba a Marco.
Farlan es el primero en voltear hacia arriba para verme, sonríe, pero Isabel da media vuelta soltando la pala y se va.
—¿Eren te dejó salir? —me pregunta Farlan
Niego con la cabeza, cuando él levanta las manos indicándome que salte, lo hago. Aterrizo en sus brazos empujándolo hacia atrás, no le importa que lleve la camisa de Eren y su ropa interior, mis pies tocan el pasto esponjoso cuando Farlan decide bajarme.
—Ayúdame a encontrarla —le ordeno mirándolo a la cara
—Eren se volvió loco cuando te fuiste aquel día —me ignora intentando cambiar la conversación— nos despertó a todos, deberías controlarlo mejor. Su carácter es horrible.
Siempre que pregunto eso ellos tratan de evadirme, en el fondo sé que no están buscándola porque creen que está muerta.
—Quieres decirme algo —le digo cruzando los brazos— hazlo.
Farlan vuelve a sonreír, se frota el cabello y señala las maletas del garaje. Entrelaza sus manos con las mías como si fuéramos un par de novios adolescentes.
—Voy a irme Levi —sus palabras son como bombas, pero no me daña porque no tengo sentimientos— quiero vivir como la gente normal lo hace. Y necesito sacar a Isabel, ella está realmente mal.
Deseo pedirle que me leve con él, pero entonces Eren nos interrumpe.
Nuevamente soy llevado al dormitorio, como si fuera un preso a punto de escapar, Farlan termina de plantar el rosal por sí mismo, se despide levantando la mano y esa es la última vez que lo veo.
Me pregunto si algún día me dejara salir de nuestro dormitorio, me tratan como a un inválido. Revoloteando a mi alrededor ara que no cometa alguna imprudencia.
Los amigos de Eren me consideran peligroso, suelen alejarse disimuladamente ante la imperceptible sonrisa llena de nerviosismo de Eren. Se quedan callados, observando cada uno de mis movimientos cuando me acerco a ellos para unirme a la cena. Como si tuvieran que convivir con la muerte.
Es una ironía porque soy la muerte.
Dicen que Mikasa vive a unos kilómetros de la mansión, no me interesa comprobarlo.
Terminamos la comida china que Reiner pidió por teléfono y Eren me lleva a la cama, hacer el amor diariamente se ha convertido en una especie de ritual que él cumple sin falta.
Hago todo lo que pide, entre nosotros no existe ni un mínimo ni un máximo en cuanto a la cantidad de sexo que podamos tener, es similar a una droga. Necesitas una dosis cada vez más fuerte para sentir el mismo efecto, de otra forma no resulta y no puedes dejarlo.
Si nos vieran en este estado muchos creerían que Eren me utiliza como una mascota o muñeca, el encanto de mi esposo es ese, puede adoptar distintas personalidades desde la de un niño mimado hasta un sádico en potencia.
Últimamente lo he mordido en el cuello penetrándolo con mis dientes hasta casi arrancarle un pedazo de carne, Eren me miró con extrañeza mientras se regeneraba. Entonces nos besamos, abrí las piernas lo mejor que pude para recibirlo con ansias y apresarlo entre mis muslos. Sus besos candentes me llevaron a un éxtasis perpetuo a la vez que él dejaba que arañara su espalda con una especie de locura incontrolable.
Quiere parar y no puede.
Mordisqueo su labio inferior en busca de aquel líquido metálico, Eren gime y me pide que no pare, embiste con mas fuerza a la vez que regenera su cuello.
Sueña con el amor eterno, yo no. Hasta el día de su muerte debe amarme solo a mí.
A nadie más.
Tal vez ya sea hora de dejarla ir.
De olvidar la fe que me mantiene vivo.
Mikasa Ackerman observa las noticias desde el sofá blanco que compró hace unas semanas, sentada con un vestido sencillo y una taza de té entre las manos escucha algunas versiones sobre el accidente ocurrido hace varios años en casa de Jean.
Su distintivo porte asiático sigue intacto, inclusive la mirada fría e antaño que le lanza al hombre rubio que deja abierta la nevera luego de sacar algo de jugo.
—No deberías estar aquí —dice ella lo suficientemente alto para que Erwin la escuche.
—Nadie vendrá a matarte —menciona el rubio— recuerda que soy el jefe de la policía.
—¿Viste a Eren? —pregunta la pelinegra haciendo a un lado su taza humeante— yo lo vi, hace un mes. Salió en las noticias, el empresario más joven...
—Igualmente —Erwin mira las escaleras del departamento, la que conducen a una especie de bodega— ella es más idéntica a su madre. ¿Cómo está?
—No lo sé, normalmente no me apetece hablar con esa cosa —bufó Mikasa— supongo que bien. La mocosa creció mucho, es toda una mujer.
—Eres su tía
—No lo soy —negó rápidamente
—¿No amas a Eren?
Aquello al desarmó por completo, Mikasa le señalo la puerta ordenando el que se fuera de una vez. El mayor solo pudo sonreír de lado antes de irse.
Tuvieron que pasar largos minutos antes de que una voz traspasara las fuertes paredes con su canto, Mikasa no recordaba el haberle enseñado ese tipo de música, pero la niña tarareaba la melodía desde que tenía memoria.
Su torpe cabello negro le llegaba a los hombros difuminándose en ondas azabaches y suaves.
Ahora no tenía por qué hacerlo, Hanji había dispuesto una larga correa alrededor del tobillo de la niña, de esa forma podía caminar a su antojo por el departamento y no matar el tiempo de otros.
Mikasa subió los escalones hasta la puerta oculta en uno de los estantes, la voz provenía de ahí, al abrirla se encontró con esa cosa y sus ojos de diferentes colores sentada sobre la cama, leyendo un libro mientras acariciaba a un pequeño zorro con apariencia inquietante.
—¿Tía? —dijo la chica con su fina apariencia de diecisiete años, si la gente supiera que era más vieja que un vampiro.
La pelinegra sintió en silencio frunciendo el ceño para obtener una explicación acerca del perro que Faith dormía en su regazo.
—No es un perro —objeto ella— es un zorro y su nombre es Farlan, lo encontré en el cubo de la basura. Dijo que su hermana estaba colgada desde hace mucho tiempo y el también quería morir pero...
—Los animales no hablan —interrumpió Mikasa— y baja a desayunar de una vez.
—Si —ella obedeció al instante, dejando al pequeño zorro sobre su cama junto al libro abierto. Desenredo la fina correa que sujetaba su tobillo y bajó con rapidez hacia la cocina.
Mikasa no dejaba de observar al perro, algo le inquietaba en él.
Con un gesto de asco lo levantó por el cuello, era imposible que cualquier can permaneciera desmayado por tanto tiempo, caminó por el pasillo hasta la única habitación con ventanas.
En el momento cuando Faith cortaba un poco de pan, escuchó un quejido. Levantó la vista sobre los escalones desde donde se podía ver gran parte del cuarto de su tía y se horrorizo dejando caer el bote de cristal con mermelada que se hizo añicos contra el suelo.
Mikasa abrió la ventana, sacó el cuerpo del perro y lo soltó. La caída fue tan larga como el grito de Faith, de todas formas, vivían en el piso más alto de ese edificio.
Las lágrimas amenazaron con cegarle la visión a Faith, su ojo esmeralda dejó caer una gota salda ante que el otro. Siempre era lo mismo, Mikasa odiaba a los animales.
El punzante dolor disminuyó la tensión del momento.
Si algo le había enseñado la vida, era superar el carácter estúpido de Mikasa.
Inhaló algo de aire para controlar el nudo en la garganta que estaba oprimiéndole el pecho, tarareó en voz baja a misma canción que tenía grabada en la memoria desde que tuvo conciencia de ser una persona y no una cosa como Jean solía llamarla cuando era todavía muy pequeña.
.
Yo te regalo el último soplo de mi corazón...
.
Habría sido mucho más fácil ovillarse en el rincón de esa cocina y no tener que soportar el sermón de Mikasa, apoyo una mano contra el suelo lleno de fragmento de vidrio puro que atravesaba la piel.
Chasqueo la lengua con odio fingido, frunció el ceño de manera grave y trató de olvidar a Farlan con un ligero atisbo de esperanza por volver a verlo algún día.
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El resto de tu vida
Hay algo que no entiendes, que los que son como tú no entienden.
Faith, tan linda, se parece mucho a Levi
:v
-le arrojan antorchas de fuego-
