Disclaimer: Todos los personajes de Supernatural pertenecen a Eric Kripke, por lo que esta historia no persigue fines de lucro.
Pairing: Este es un Dean/Claire!Castiel.
Spoilers: Toma como base el 4x20 y de ahí se sitúa en la sexta temporada.
Soundtrack: Capítulo cortesía de The Script y su tema This Is Love.
Reverie.
Capítulo 26.
Dean se movió con Cas a cuestas, retrocediendo paso a paso, sólo moviéndose al compás de ella. No había hablado desde entonces y el mutismo que había generado de pronto le estaba inquietando, pero como aún estaba tensa, con las manos crispadas en su ropa, se armó de paciencia y no le presionó.
Cuando llegaron a su cama, el Winchester sacó unas monedas de uno de los bolsillos de sus jeans y las echó en una ranurita que estaba por sobre la marquesa; el que las camas contasen con dedos mágicos ahora le veía como anillo al dedo y en vista que eso le relajaba a él, quizás también funcionaría con Castiel. Con cuidado se sentó, acomodando a Cas en su regazo, y se tumbó con ella hecha un ovillo encima suyo. En cuanto la cama comenzó a mecerse, ella dio un respingo, pero las caricias de Dean la tranquilizaron y en cuestión de minutos fue estirándose, relajándose contra el cuerpo cálido del cazador debajo del suyo.
—Cas… —musitó cuando los dedos mágicos cesaron en su labor, llenando la habitación de un pesado silencio—. ¿Qué ha pasado?
El ángel se apoyó en sus antebrazos y se incorporó, mirándole por primera vez en todo este tiempo; sus ojos seguían opacos y sin vida, como drenados, los vestigios de las lágrimas secas marcaban sus mejillas pero sus facciones estaban serenas. Acercó con temor su mano, como si en el mero intento fuese a atravesarle otra vez, mas Dean cogió su extremidad al vuelo, entrelazando sus dedos.
—Cuéntame —pidió él en un susurró, sus ojos verdes encendidos y expectantes. Cas suspiró con ojos entrecerrados y subió otro poco, lo suficiente para respirar sobre su boca.
—Fallé —declaró con voz muerta—. Me atraparon.
— ¿Fue Gabriel? —Cuestionó con cautela, mirándole a los ojos sin dejar de acariciarle la espalda.
—No. Joshua —arrugó las cejas por segundos—. Mi Padre le envió.
—A este paso Joshua pasará a ser una versión menos deforme de Igor, Cas —indicó tratando de sonar gracioso, pero ella estaba lejos de prestar atención a ello, demasiado ensimismada en las imágenes de lo ocurrido rondando sin cesar por su cabeza, atormentándole.
—Me mostraron lo que hubiese pasado si no hubiese peleado en la Guerra, Dean —su tez se ensombreció—. Y de haber alterado el pasado, ninguno de los dos estaría aquí…
—No entiendo… —parpadeó mojándose los labios—. ¿No se suponía que no tendrías tantas responsabilidades de no haber ido?
—No… —negó con la cabeza—. Yo… subestimé mis opciones —sus hombros se tensaron y la mano que tenía en la colcha del lecho se convirtió en un puño—. No puedo… —resolló—. No puedo dejar de verte morir en mi cabeza…
—Hey… —acunó su rostro entre sus manos—. Estoy aquí —le besó en la frente—. Estoy aquí —guió sus manos enlazadas a su corazón, haciéndole sentir los latidos por sobre la tela de la camisa—. Estoy bien —Cas apretó los ojos y los labios, como ahuyentando los recuerdos frescos, imprimiéndole más profundidad a sus respiraciones. Cuando abrió los ojos, ya no vio a Dean cubierto de sangre, le vio hermoso, sano y salvo, sus ojos con un velo denso de preocupación e impotencia por no saber como ayudarle a sobrellevar todo. Asintió dejándose ir contra él, respirando en su cuello, su mano libre dibujando la curva de sus labios impolutos del carmín—. Cas —ella se apretó más contra él en respuesta—. Si no puedes hablar de esto… ¿no podrías… mostrármelo? —El ángel se tensó nuevamente.
—Por favor… no me pidas eso —suplicó.
—Claramente no puedes hablarlo —giró quedando recostado de costado con ella en sus brazos—. Y de verdad esto me supera. Necesito saber qué mierda te tiene así —llevó su mano a su sien—. Tengo derecho a saberlo Cas —sus pupilas se dilataron y su ceño se alisó—. Así que… muéstrame —dijo con suavidad. Castiel se mordió en labio buscando como rehusarse, pero la forma en que Dean le observaba, la fuerza de la demanda impresa en el verde intenso de sus irises no le dejo alternativa y descansando su frente en la del Winchester cerró los ojos y le transmitió todo lo que había visto.
Dean se quedó quieto unos segundos, arqueando una ceja con la rapidez en que el ángel había quitado sus dedos de su sien, a punto de preguntarle por qué no veía nada. Entonces sintió un pinchazo en la cabeza y de pronto estaba saturado de imágenes y sentimientos. Un collage donde Joshua, Cas, Claire y él mismo pintaban con sufrimiento, con lágrimas y con sangre, y así vislumbró lo que era esa realidad, ese mundo donde había visto a Cas perecer de la mano de Rafael, donde él se ahogaba a cada segundo en la desolación. Vio a Claire, enterrada en lo profundo de sus demonios, buscándole como si fuese el salvavidas hecho a su medida, empero sólo era uno sin aire que le hundió hasta las profundidades de un mar en plena tempestad. Se revolvió cuando llegó a la parte donde iba tras la Novak, azorado por sus palabras, demasiado temeroso para admitir que lo que le dijo era la pura verdad. Apretó a Cas contra su pecho con ojos cerrados cuando se vio peleando contra esos hijos de puta que entintaban la noche con los gritos de la jovencita y cuando sintió la puñalada en su mismísima carne Cas jadeó hundiéndole los dedos en la cintura, como si estuviese reviviendo con él aquella pesadilla. Y la lluvia cayendo, agónica como él mismo, burlándose, despidiéndose, empapándole, arrebatándole el aire y despojando a Claire de la vida; sólo el grito de Cas arrodillándose a su lado, invisible, impotente y destrozada, tratando de tocarle, fue como un relámpago partiéndole en dos.
La luz borró todo, redefiniendo a Joshua en el espacio, y pese a que flotaba en la nada, el ángel se vio majestuoso e imponente.
Todo esto fue dispuesto para que ustedes pudiesen estar juntos, Castiel. Nuestro Padre así lo quiso.
Dean volvió a la realidad de un sobresalto, su respiración agitada como si hubiese corrido una maratón. Miró a Cas como si no pudiese creer que estuviese ahí, bombardeado por la estela de su alternativo desenlace. Si Cas nunca hubiese ido a la Guerra, ellos jamás…
—No… —dijo el ángel con voz rasposa, leyéndole el pensamiento—. No puedo concebir un mundo donde no pueda tocarte, Dean. Y por muy contradictorio que esto suene, me conforta el que Joshua haya anulado mi intervención.
— ¿Qué es lo que Él quiere de nosotros, Cas? —Inquirió Dean meneando la cabeza, sin poder entender cuál era el punto en todo esto. El Gran Jefe le ponía un plazo a Cas y cuando intentaban anular esa cláusula pensando que Dios no aprobaba su relación entonces les daba a entender algo completamente distinto, pero el reloj de arena seguía en la escena, arruinando el panorama y si Dios estuviese de acuerdo con esto, ¿no facilitaría las cosas?
—No lo sé —murmuró Castiel y tiró del cazador hasta que le tuvo sobre si, aplastándole, y dirigió sus dos manos a su pecho—. Tócame, Dean —susurró con un rubor cubriéndole las mejillas—. Necesito saber que estás aquí.
Dean se agachó y le besó hasta que él también se convenció de que Cas estaba ahí con él.
OoO
—No es correcto husmear a los demás, ¿no crees, Balthazar?
El ángel dio un bote, encarando con cara ácida a su hermano Gabriel.
—Estaba preocupado por Cas —respondió cuando el arcángel le arqueó una ceja, interrogándole en silencio—. Su Gracia ha perdido parte de su brillo y quería ver si era por culpa de ese mono sin pelo.
—Y los has pillado en… algo comprometedor, ¿no? —señaló Gabriel con burla apuntando hacia la ventana.
—No entiendo cómo lo soportas —Balthazar le recriminó con el ceño fruncido—. Castiel se esta rebajando a un nivel primitivo y parece no importarte, Gabriel.
—Cas está enamorada, Balthazar —dijo con tono serio e irreprochable—. Y lo que está haciendo ahora, eso que te espanta, es la demostración de ello.
— ¡Se revuelca con ese humano como si fuese como él!
— ¿Por qué te molesta tanto? —atajó con sus ojos miel entornados.
— ¿Y más encima me lo preguntas? —Ironizó con acidez—. Porque por esos sentimientos que dice tener por Dean va a ser condenada, Gabriel. Tú y yo sabemos que esa novelita que se están montando no tiene final feliz y aún así no haces nada por impedirlo.
—No, porque estoy esperando ver como le sacan la lengua a nuestro Papi, Balthazar —sonrió con arrogancia—. Cas nos salvó el pellejo a ambos, hermano, ¿no crees que lo mínimo que se merece es que le devolvamos la moneda?
—No… Tú también simpatizas con este sinsentido —acusó como si fuese algo imperdonable—. Esto es inaudito, Gabriel. Quien diría que también eras uno de esos fanáticos de estos gusanos.
El arcángel lo tomó del cuello de la camisa y le perforó con la fuerza de su mirada.
—Cuidado con lo que dices, Balthazar —siseó—. Los humanos pese a todas su fallas son creación de nuestro Padre, y después de que fue misericordioso contigo y te permitió volver al Paraíso pese a todos tus errores, yo que tú no me atrevería a blasfemar.
—Jamás aceptaré que mi hermano esté con ese humano —masculló entre dientes,
—Entonces, atente a las consecuencias —sentenció el encargado del Cielo—. Porque no permitiré que te inmiscuyas en esto otra vez —le soltó de sopetón, haciéndole caer desastrosamente en el suelo—. Y yo no soy tan considerado como Cas; no aviso, actúo.
Más allá, dentro de las paredes del cuarto de motel, Castiel respingó, rompiendo el beso. Dean le miró confundido, despejándole el rostro de aquellos mechones rubios que le cubrían la frente.
— ¿Qué pasa? —bisbisó. Ella miró a su alrededor, tratando de ubicar la locación de aquellas esencias que había sentido segundos atrás—. ¿Cas?
—Tenemos visitas —declaró sentándose en la cama, su vista enfocada en la ventana.
— ¿Quién?, ¿Gabriel?
—Sí, está acompañado —en un parpadeo Cas se desvaneció, desordenándole el cabello a Dean de paso.
—Genial —gruñó el cazador—. Putos ángeles voyeristas.
OoO
— ¿Qué hacéis aquí? —Interpeló Castiel molesta, pero en cuanto vio a Balthazar con cara de haber sorbido limón, mirando con censura a Gabriel, se frenó, comunicándose en silencio con su superior. Abrió los ojos sorprendida ante la información que fluyó de Gabriel hacia ella—. ¿Balthazar, por qué…?
—Muchas gracias, Gabriel —escupió el ángel mirando a su hermana.
— Cuando quieras, hermano —habló el arcángel con sarcasmo, contemplando a Castiel de modo transparente—. Creo que iré a ver como está mi cuñado favorito —dijo con una sonrisa de circunstancias con un resoplar se esfumó.
Balthazar y Castiel quedaron viéndose con fijeza, sin mediar palabras.
—No iba a hacerle nada, Cas —se defendió cuando ella agudizó su mirada, clavándosela con rabia—. No cuando descubrí que él no era el causante de tu tristeza. Y definitivamente no iba a arriesgarme a que me aniquilaras… —Cas quedó cabizbaja, de pronto arrepentida de su juicio acelerado de la situación.
—Dean nunca me lastimaría —su voz firme y su cuerpo derecho, enfrentando a su hermano.
— ¿No? —Achicó los ojos, incrédulo—. ¿Y qué es eso que tienes en el cuello?
Cas se llevó una mano a la zona mencionada, tapando un chupetón que Dean acababa de hacerle.
—No es lo que crees —justificó—. No me ha forzado, yo lo he querido —Balthazar se llevó las manos a la cabeza, sosteniéndosela como si fuese a caérsele del coraje.
—Cas, ¿cuándo lo vas a entender? Dean Winchester es nocivo para ti.
—No, Balthazar —caminó hacia él cogiéndole del brazo para ponerle de pie—. Es nocivo para ti, porque le ves como una amenaza.
—No digas tonterías, Castiel —evadió su azul mirada.
—Aún te amo hermano —susurró ella posando sus manos en los pómulos dorados de Balthazar—. Y me duele que no me comprendas…
—Le amas más a él —cortó el ángel tratando de huir de tacto suave de sus manos, pero por mucho que se obligó a retroceder, la calidez que le embriagó le resultó agradable y simplemente no pudo apartarse.
—No es lo mismo —aseveró, sus cejas formando una sola línea y el azul de sus ojos cual líquido escurriendo—. La forma en como lo percibo, en como lo vivo, no es igual —cerró los ojos, concentrándose en la sensaciones que le inundaron minutos atrás. La pena, el dolor ante esa posible realidad alterna, y luego el calor, la ternura y la dulzura al tener a Dean a su lado, vivo, tocándole de un modo que hasta la más infimita terminación nerviosa de su cuerpo vibró de alegría, él besándole con calma, como buscando beberle todo el sufrimiento de aquellas insufribles imágenes, como si quisiera borrar el recuerdo de ese mundo donde nunca hubo un nosotros.
Balthazar se vio sobrepasado por las sensaciones, las emociones, los sentimientos…
Rompió el contacto como si le hubiesen electrocutado con una descomunal potencia.
— ¿Qué….Qué fue eso? —Preguntó sin voz, sin aliento. El choque había tan intenso que aún no podía reponerse.
—Eso es lo que siento —contestó con simpleza—. Cada segundo al lado de ese humano es así para mí. A cada segundo se hace más fuerte…
Bathazar dio un paso hacia atrás. No. No. NO. Ningún ángel era capaz de sentir, menos algo de ese calibre.
—Hermano… —rogó cuando al tratar de acercase, éste siguió retrocediendo.
—Lo siento Cas —habló con voz desestabilizada—. No puedo.
Y cuando Balthazar se fue, Castiel sintió una opresión en el pecho difícil de obviar.
OoO
— ¿Dónde está Cas, Gabriel? —exigió Dean cuando el arcángel hizo acto de presencia.
—Tranquilo, cuñadito —sonrió—. Cas está conversando con Balty. Ya va siendo hora de que terminen con sus diferencias.
—No te hagas el payaso —le espetó Dean—. El muy capullo de Balthazar me debe en grande y si le hace algo a Cas lo voy a pulverizar —Gabriel silbó.
—Whoah, vaquero —alzó las cejas divertido—. Tienes una manía muy fea de amenazar a cuanto ángel se te cruza, ¿te has fijado? —Se aproximo a Dean con un lento andar gatuno, como si fuese un felino a punto se lanzarse en picada para atrapar un ratón—. No se te olvide que hay ciertas características que no tienes y nosotros sí —le sonrió ampliamente—. El mojo no lo tenemos de adorno.
—Ha de ser porque para ser hermanos de Cas sois todos unos gilipollas —entrecerró los ojos sin amedrentarse—. Soy humano, lo sé, pero también soy cazador, Gabriel. Soy bueno degollando gargantas —el arcángel le mantuvo la vista por unos segundos más hasta que explotó de la risa. Dean le miró como si se le hubiese zafado un tornillo en una de las alas cuando este le palmeó amistosamente en la espalda.
—Me caes bien, Dean —rió sacando de la nada una barrita de chocolate, sereno como si nunca se hubiese enfadado ante la falta de respecto del hombre ante él—. Me hago una idea del porqué le gustas tanto a Cas… —apuntó antes de darle un mordisco al dulce.
El Winchester pestañeó mirando a cualquier parte menos al chocoarcángel frente a sí. Y es que de pronto que a todo el mundo le diese por meter las narices y opinar sobre las mil y una razones de porqué los planetas se alinearon como si se hubiesen ido de juerga, o que dieran hipótesis sobre qué rayos se tomó Dios para juntar a un ángel y un ser humano, si es que no fue por aburrimiento, era algo que ya empezaba a cabrearle. Pero iba a tener que morderse la lengua, porque la familia de Cas era extensa y no quería echarse encima a guarniciones de ángeles enfurecidos o al mismísimo Dios para que le reduciera a polvo cósmico con el mero pensamiento.
—Mi Papi no es tan malo, Dean-o —canturreó Gabriel husmeando en su sesera, su rostro en éxtasis por niveles de azúcar disparándose en su cuerpo—. Si te odiara te estaría metiendo una piña por el culo ahora mismo.
—Muy chistoso, hiperglicémico —masculló—. De casualidad, ¿podrías no meterte en mi cabeza?
—Lo siento, mala costumbre —hizo como si se diese un coscorrón en la cabeza—. Pero lo digo en serio —continuó—. Por muy complicadas que estén las circunstancias, tú prefieres este presente. Y si te hubiesen dado a elegir, apostarías por dos meses con Cas a nunca tenerle. ¿Estoy equivocado?
— ¿A qué quieres llegar, Gabriel?
—Muy en el fondo —dijo mientras abría otra barrita de chocolate, pero esta venia con cereal crocante—. Tú y Cas están agradecidos con Dios aunque no entiendan de qué va todo esto.
—Déjame adivinar genio, ¿tú si lo sabes?
—Me hago una idea, sí
Y cuando Gabriel iba a sacarle de la duda, Castiel se materializó ante Dean.
—Creo que es hora de que llames a Sam, Dean —dijo ella mirando de reojo a Gabriel, como reprendiéndole con los ojos por la pila de envoltorios vacíos que sobresalían del bolsillo de su chaqueta.
—Oh, vamos Cas —hizo un puchero—. Sabes que ya no puedo comer tantos dulces como antes, déjame ser.
—Eso es gula Gabriel —le observó severa.
—Tú también sufres de gula, hermanita —acusó con retintín—. Aunque en tu caso no sea por comida…
Dean quedó con la boca abierta y el celular a medio camino de su oreja, azotado por el doble sentido en la frase del arcángel. Cas ladeó la cabeza sin entender y cuando separó los labios para preguntarle a su hermano su novio se acercó a ella y le tapó los oídos.
—Olvídalo —gruñó a Gabriel—. Por su propia curiosidad ya es problemática, no le eches leña.
—Pero si sólo iba a explicarle el por qué de sus reacciones fisiológicas cuando le mimas en exceso, Dean. No es nada grave.
El cazador le miró escéptico, moviendo el hombro donde se había acomodado el celular. Entonces, antes de poder objetar, la voz de Sam se oyó desde el auricular del mismo.
—Ah, Sammy. Ya puedes regresar.
—Oh, no hay problema. Ya le traigo yo —se ofreció Gabriel, que sin esperar confirmación se fue dejando tras de si una pila considerable de envoltorios vacíos.
— ¿Dean? ¿Ese era Gabriel? —Preguntó Sam por el móvil ante el repentino silencio en su hermano.
—Eh, sí. Cuando regreses te lo explico. O, mejor dicho, cuando te traiga.
— ¿Qué quieres decir?
—Ya lo verás —dijo y cortó la llamada como pudo. Cuando liberó a Cas, ésta le miraba ansiosa.
— ¿Qué pasa? —Cuestionó guardándose el aparato en el bolsillo trasero.
—Entonces… —balbuceó como si estuviese hallando las palabras en su mente—. ¿Sufro de gula?
— ¿Por qué lo dices?
—Porque siento ganas de morderte cuando me besas aquí —apuntó con el dedo índice su vientre.
— ¿Qué, ahora me ves como comida? —bromeó rodeándole la cintura con los brazos.
—Tu piel sabe bien —respondió pensativa—. Pero tus labios tienen mejor sabor.
—Ah, Cas. No tienes idea de lo que dices —se agachó dándole un breve beso en la boca—. Oye… —bajó sus labios hasta su cuello, donde aquella marquita que le había hecho seguía roja, besándola con ternura.
—Dime… —suspiró estirando el cuello, echando la cabeza hacia atrás mientras se aferraba a los brazos de Dean.
— ¿Tú y Balthazar discutieron de nuevo?
Silencio.
Castiel contuvo el aliento por segundos.
—No…
— ¿No qué?
—No discutimos. Pero él no va a ceder —suspiró cuando el cazador empezó a succionar la piel entre sus labios—. Y yo… tampoco.
—Cas…. —Se incorporó mirándola a los ojos por largos minutos—. Lo que viste… —Cas espiró en su boca con pesadez—. No vale la pena recordarlo, ¿vale? —el ángel asintió.
—Hazme olvidar, Dean —le enterró una mano en sus cabellos cortos y suaves—. Por favor… —susurró antes de besarle.
Él obedeció, rozando sus labios lentamente con los de ella, afirmándole que esta era la verdad, que este era el presente, que por mucho que le atormentase lo que había visto, por muy vívido que fuese, no era real.
—Ups, Sammy, creo que deberíamos volver más rato —la voz de Gabriel resonó a las espaldas de Dean, quien maldijo en su mente antes de soltar a Castiel. Ella asomó el rostro por fuera de esa prisión de brazos y le dedicó una escueta sonrisa a Sam.
El pequeño Winchester sonrió en respuesta, aliviado al verle en mejor estado. Sabía todo gracias a Gabriel, así que entendía perfectamente lo angustioso que debió ser para el ángel ver todo eso con las manos atadas, sin poder intervenir.
Pero al menos le quedaba el consuelo de que esa noche Dean durmió placidamente acurrucado en su pecho, sosteniendo su mano como dándole a entender que no tenía planeado irse a ninguna parte.
Mis disculpas por la tardanza, pero estaba cumpliendo un pedido. Pueden chequearlo en mi perfil, se llama Please, forget, es un Dean/Castiel con ángel con agallas ;)
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