Cap.26: "Perdidos" (Capítulo especial)
POV Kagome
Dolor…
Soledad…
Vacío…
Tristeza…
Esos eran los sentimientos que me acompañaban todos los días después que él se fuera…
Ya no podía pronunciar su nombre sin que eso provocara dolor dentro de mi pecho.
Juro que lo maldije, que lloré, que supliqué olvidarlo. Pero maldita sea si no pude hacerlo. Todos los días después que se hubiese ido lloré amargamente su perdida.
La escuela no era lo mismo sin él. Los pasillos eran extensos y aburridos. Las voces de los chicos no tenían ese matiz perfecto y seductor que él tenía, porque la verdad era que él era el único en mi cabeza, era el único dentro de mi corazón y de mi cuerpo.
Cada vez que iba al baño de la escuela a llorar porque lo echaba de menos, escuchaba a muchas chicas hablando de él, diciendo lo buen amante que era, lo hermoso y lo perfecto que era. En esos momentos me hubiese gustado gritarles que él era mío, que él me había propuesto matrimonio, que era yo la que despertaba su pasión. No podía, simplemente no podía decir nada.
Me ahogaba en el dolor, en la pena.
Me sentía tan vacía en mi interior. Ir a la escuela no tenía ningún sentido para mí. Nada era lo mismo si no estaba él.
Por un momento llegué a pensar que sus celos enfermos no eran ningún problema, que realmente debía estar agradecida de que alguien me amara tanto como para no querer compartirme con nadie. Juro que también pensé que todas sus acciones eran justificadas, luego de escuchar como esas chicas hablaban cosas sucias de él, yo también estaba tentada a matarlas y a gritarles que él era mío, ¡MÍO! Y solamente MÍO.
Pero ya nada tenía sentido… él ya no estaba.
Estaba tan arrepentida de haberlo dejado ir… me sentía tan estúpida. Había sido una cobarde, aun cuando me justifique diciendo que él era un enfermo, que era un troglodita y un bastardo, nada justificaba dentro de mí este vacío total que sentía. Comía porque debía hacerlo, me bañaba porque era algo a lo que estaba acostumbrada.
Juré que si algún día lo volvía a ver lucharía por él y no lo dejaría escapar. Incluso aceptaría sus celos, y su rudeza. Yo lo amaba aún. Al violento, al tierno, al romántico, al tímido, al coqueto, al posesivo, al celoso, al protector, al gruñón… a todos ellos los amaba y los deseaba.
Yo era una total ESTÚPIDA
Un año entero pasó y no lo vi más.
Mis notas eran iguales, pero mi actitud era diferente.
No salía con las chicas, ya no iba a trabajar, ya no hacía trabajos con nadie. Solo quería estar sola.
Sango me había gritado, me había abofeteado, me había suplicado y había llorado porque volviera a ser la misma. ¿Cómo podría ser la misma si él ya no estaba conmigo?
No tenía sentido hacer nada.
Todas las noches después de que él se hubiese ido lo llamé a grito. Por lo que mis padres estaban tan asustados que habían pensado que lo mejor era llevarme con alguien que pudiera escucharme.
Sinceramente, pensé en ello pero me negué. Yo sabía lo que necesitaba, sabía a quién extrañaba, no necesitaba que un extraño supiera lo que me pasaba. Porque era algo que me unía a él, era algo solo de nosotros que nos mantendría unidos.
En unos momentos, en los cuales era presa de la locura, pensé en engañarlo diciéndole que estaba embarazada. Estaba tentada a decirle a Miroku, las veces que venía a ver a Sango, que le dijera a él que sería padre. Pero esos momentos se iban tan rápido como veía a Miroku acercarse para saludarme.
Miroku era cercano a él.
Aquello era tan doloroso… ver a Miroku y saber que él lo veía todos los días era una completa tortura. Así que me aleje de él y me aleje de mi mejor amiga.
Otro año pasó y no lo vi otra vez.
Aquel año pensé que él estaba tan enojado conmigo, que él ya no quería verme otra vez.
¿Cómo justificar que él no hubiera venido por mí?
Lo necesitaba como el aire. Lo amaba… ¡lo amaba y él no venía por mí!
Los gritos eran cada vez más fuertes, hasta que un día no soportando más mi perdida escapé de mi casa.
Un mes fuera de mi casa fue como una revelación.
No comí, no dormí, no me lavé.
Estuve perdida en las calles, llorando como una loca y revolcándome en mi propia miseria. Llamándolo, gritando su nombre, pidiéndole que regresara por mí, suplicándole que volviera y jurándole que nunca más lo dejaría ir de mi lado. Prometí que perdonaría las violaciones, que empezaríamos de nuevo.
Pero no lo vi…
Un día, sentada en un parque muy lejos de casa, mirando una fuente pensé que después de todo lo que había pasado lo mejor era morir… tal vez y así lo pudiera ver de nuevo.
Pensé que él era una persona de palabra. Había dicho que me dejaría en paz y lo había cumplido al pie de la letra.
Lo maldije por eso, maldije el día que lo conocí. Todo lo que vivimos. ¡Todo!
Y estuve a punto de tirar a la fuente lo único que aún tenía de él conmigo.
La carta de despedida.
Pero cuando estuve a punto de arrojarlo una persona pasó frente a mí muy parecida a él, pensé que quizás era un producto de mi imaginación, pero lo seguí. Lo seguí como si mi vida dependiera de ello. Era como una señal y yo quería aferrarme a ello.
Cuando crucé la calle para alcanzarlo escuche una bocina y me dije: "por fin". Pero no fue lo que pensé que sería…
Bankotsu me había encontrado y me había salvado.
Cuando volví a mi casa vi la cara de horror de mis padres al verme. Estaba muy delgada y descuidada. Al mirarme en el espejo supe que esa no era yo y comprendí el horror de mis padres.
Ese fue la única vez en mi vida que mi madre me abofeteo y me gritó.
Doy gracias que ni mis hermanos ni mis conocidos supieran lo que me había pasado. Aquello quedo como un secreto entre mis padres, Bankotsu y yo.
Ese año mis padres decidieron que debía empezar de nuevo y buscar ayuda profesional. Y como yo ya no tenía voluntad solo acepté. Día tras día empecé una nueva rutina, tenía nuevas amigas en la escuela. Tenía otra forma de ser… pero lo único que no cambio fue que seguía muerta por dentro. Pero… todo cambio cuando mis padres me dijeron que ya no podía seguir así y decidieron que lo mejor era mandarme con mi abuela.
En ese momento pensé que era lo peor que me podría haber pasado. Estaría aun más lejos de él. Grité como una loca, supliqué que me dejaran en casa ¿Qué pasaba si él volvía y yo no estaba ahí? ¿Quién lo recibiría? Así que como pude traté de convencerlos de que me dejaran en casa. No hubo resultados.
Una semana después, empecé en una escuela diferente en casa de mi abuela.
Bankotsu fue la única persona que trató de convencer a mis padres, lo único seguro y constante en mi vida. Él había ido a verme la mayor cantidad de veces posible y siempre me escribía mensajes de texto para saber cómo estaba.
Cuatro meses después de comenzar de nuevo, y de ir a las citas con mi psicóloga, decidí que ya era suficiente de lamentos. Me miré en el espejo para saber cómo estaba y que era lo que los demás veían en mí y me avergoncé de cómo estaba.
Era una flacucha sin gracia que parecía que en cualquier momento se iba a romper. Aun cuando Bankotsu insistía en que era hermosa, yo sabía que no era cierto. Así que comencé a recuperar todo lo perdido: mi peso, mi fortaleza, mi familia y mi vida.
Bankotsu siempre estuvo ahí conmigo. Me apoyo cuando lo necesité, me levantó cada vez que sentía que caía, me consoló cada vez que lloraba sin una razón aparente. Bankotsu era tan opuesto a él, era tan especial, que terminé por refugiarme en su cariño hacia mí.
Un año después él no volvió más…
Un año después Bankotsu me pidió que fuera su novia…
Un año después pensé que lo mejor para todos era que yo me quedara con él.
Mis padres estaban felices cuando volví a casa "recuperada" y de la mano de Bankotsu. Ellos creían que él me había sanado y que él era lo mejor para mí. Así que pensé, al ver a mis padres tan felices, que era la mejor decisión que había tomado. Mis padres estaban felices, Bankotsu —quien siempre estuvo a mi lado incondicionalmente— estaba feliz y todo parecía ser perfecto ahora.
La casa estaba tranquila sin mis gritos, mis padres ahora podía dedicarse a los gemelos tranquilamente. Bankotsu siempre me consentía y siempre estaba preocupado por mí. Siempre me acompañaba a las citas con la psicóloga y siempre tenía una palabra de aliento para mí.
Así que pensé que si todos estaba ahora felices ¿Por qué yo no podía serlo aún?
Luego de pensar aquello decidí que tenía que dejarlo ir.
Pero una parte egoísta de mí quería tenerlo todavía, así que compré un cofre de madera tallada para poder guardar todas las cosas que me ataban a él. Así que me despedí de los aros que me regaló, del colgante a juego y de la carta. Pero antes de cerrar el cofre y esconderlo en lo más profundo de mi armario leí por última vez su carta de despedida.
Mi preciosa Kagome:
No tengo palabras para decirte lo mucho que lamento todas las cosas que te hice.
No creo merecer tu perdón, porque yo aún no puedo perdonarme por haberte lastimado.
Eres la mujer de mi vida, preciosa. Siempre te he amado, desde la primera vez que nos miramos a los ojos supe que tú eras la mujer de mi vida. Yo quiero todo contigo, mi amor, todo.
Quiero hijos contigo, quiero tener un perro y una casa cerca del mar para poder bañarme ahí junto a ti mirando como el sol sale y nos envidia. Quiero ver a nuestros hijos crecer y enseñarles que es el amor… quiero tener una hija idéntica a ti para poder adorarla y poder celarla de cada niñito que pose sus ojos en ella. Quiero despertarme contigo todos los días de mi vida y que aun cuando yo esté todo viejo y arrugado, me ames como yo sé que voy a seguirte amando, aun cuando mi cuerpo ya no sea el mismo, quiero adorarte y hacerle el amor hasta que muera. Incluso así, quiero seguirte hasta el otro mundo y no separarme de tu lado jamás, porque yo nací para estar contigo, mi amor.
Quiero eso e incluso quiero más… pero sé que ya no tengo derecho a nada. Sé que perdí todo el derecho de tener toda esa felicidad que sería el vivir contigo.
Soy una bestia, y no quiero atarte a esta bestia. Por más que desee atarte a mí, encadenarte y no dejarte escapar, después de todas las cosas que te hice, de lo rota que vi que estabas luego de lo que pasó…
Te amo Kagome. Te amo tanto que no puedo pensar en una vida sin ti. Pero no puedo tenerte, porque sé que voy a seguir lastimándote porque no puedo controlarme cuando estás conmigo. No puedo tenerte y maldita sea si eso es lo que deseo.
Te amo… te amo… como juro que no voy a poder amar a nadie más.
Eres mi único deseo, mi amor. Todo lo que yo quiero y necesito eres tú. Eres mi deseo irresistible.
Eres mi diosa, mi amor. Eres mi ángel.
Soy tuyo, mi amor. Todo lo que soy, todo lo que tengo… todo te pertenece a ti. Mi jodido corazón, mi cuerpo, mi alma y me esencia te pertenece a ti para siempre.
Te digo adiós ahora, porque creo que es lo mejor que puedo hacer para no lastimarte. Sé que algún día, aunque me duela, me olvidarás o que quizás yo seré solo un mal recuerdo.
Mereces el cielo y las estrellas, mi amor. Mereces que alguien te ame y te cuide de todo.
Yo quería cuidarte, quería protegerte de que nadie pudiera herirte, pero no pude protegerte de mí y eso me mata, porque no podría soportar ver esa mirada herida y dolida viniendo de ti. No quiero ver en tus ojos ese dolor, mi amor, no podría soportarlo, incluso ahora no puedo soportar recordar cómo me veías y como llorabas por el dolor que te causaba.
¿Qué podría decir en mi defensa? Te amo y te deseo como un desquiciado. Te quiero para mí todos los días, deseo todo lo que eres para mí. Pero por eso te lastimé, por eso te rompí y ya no puedo seguir haciéndolo, mi amor. Te amo demasiado para terminar acabando contigo.
La perla de Shikon es lo único que me queda de ti, preciosa, y la voy a atesorar como quería atesorarte a ti. Es lo único que tengo y que tocó por última vez tu cuello de cisne.
Te amo, hermosa. Te amo y nunca dejaré de hacerlo.
Espero que algún día, si es que nos volviéramos a encontrar, cuando nos veamos no huyas de mí y puedas regalarme tu presencia y tu voz, aunque sea por poco tiempo.
Yo seré feliz siempre y cuando tú puedas serlo, mi amor.
Me despido con todo el amor que te tengo.
Siempre tuyo
Inuyasha Taisho.
Cuando había terminado de leer toda la carta, sentí como siempre las lagrimas mojar mis mejillas. La apreté contra mi pecho y di una plegaría a Kami por él, por su felicidad. Miré los trazos de su escritura y sonreí con tristeza al ver que tenía algunas manchas de tinta corrida, como si él al escribirla también hubiese llorado. Besé la carta como si lo que besara fueran sus labios.
—adiós, mi amor... —dije cerrando los ojos y evocando su imagen— siempre voy a ser tuya… siempre…
— ¿Kagome? —Escuché la voz de Bankotsu al otro lado de la puerta de mi habitación— ¿estás bien?
—Estoy bien —le dije guardando rápidamente la carta, viendo como el cofre se cerraba. Sentí como una parte de mí terminó de morir— ya bajo…
—Bueno, solo venía decirte que toda tu familia y la mía está reunida en la sala, y que te están esperando —suspiré mirando el techo de mi habitación. Traté de imprimirle un tono alegre a mi voz, pero solo salió un tono neutro y apagado.
—voy enseguida…
—Te veo abajo, mi amor —escuché como Bankotsu se alejaba y apreté los ojos cuando sus últimas palabras se repitieron en mi mente.
Mi amor…
Yo solo tenía un amor y lo había perdido…
Ya nunca lo tendría otra vez…
—qué bueno que ya bajaste, hija —cuando salí de mi habitación, me apresure en llegar junto a mis padres. Mi madre me sonrió con cariño y con uno de los gemelos en brazos que me miraba con una sonrisa lastimera. Le sonreí de la misma forma. Kai y Ryo eran mis hermanos menores y los únicos que sabían lo infeliz que era. Pero eso ya no importaba, ahora. Hoy se daría una gran noticia que dejaría a todos contentos.
—bueno amigos míos, ya bajo nuestra princesita —miré a mi padre ahí de pie. Tan feliz con uno de los gemelos en brazos que me miró de la misma forma que el otro.
—Qué bueno que bajaste, querida —me dijo la madre de Bankotsu— estás hermosa…
—Gracias —fue lo único que dije.
—Bueno familias —dijo Bankotsu con un tono alegre y festivo— para que demorar la noticia que nos convoca este día… —todos comenzaron a reír y a murmurar. Yo camine hacia Bankotsu cuando el tendió una de sus manos hacia mí. Miré a mí alrededor, divisando a Souta y a Hitomi mirándome fijamente. Seguí moviendo mis ojos por la sala y vi a Kikyo, con la mirada más triste y apagada que jamás había tenido. Quise acercarme a ella y consolarla, pero Bankotsu tenía mi mano entrelazada con la suya y además no me sentía capaz de consolar a nadie, porque ni yo misma tenía consuelo— queríamos decirles que cuando Kagome termine la escuela y comience la universidad, ella y yo nos vamos a casar —todos comenzaron a aplaudir llenos de felicidad y Bankotsu soltó una risa muy feliz y masculina— hoy quedamos oficial y formalmente comprometidos… como siempre nuestras familias han querido…— todos se acercaron a felicitarnos. Yo me limité a asentir y fingir una sonrisa mientras miraba como mi hermana tenía una expresión choqueada. La vi alejarse de a poco para luego echarse a correr. Souta la siguió enseguida. Hitomi se acercó a mí y me abrazo.
—Si esto es lo que te hace feliz, pequeña, siempre vas a contar conmigo —se alejo de mi con una sonrisa tranquilizadora.
—gracias…—murmure despacio mientras ella se iba—. Pero yo ya no puedo ser feliz… no cuando él ya no está.
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POV Inuyasha
— ¡¿Quién demonios toca mi puerta a las tres de la madrugada, maldita sea?! —me fui hacia la puerta hecho un monstruo. Mataría al bastardo que se le ocurría despertarme cuando apenas me había podido quedar dormido. Al abrirla todo el coraje se me fue cuando vi a Kikyo hecha mierda. Se tambaleaba de un lado a otro y tenía todo el maquillaje corrido por las lágrimas— ¿Qué demonios te pasó? —la tomé de un brazo y la metí a mi departamento.
—Lo perdí, lo perdí…— murmuraba incoherentemente. La vi llevarse una botella de Ron a la boca y traté de quitárselo— no te atrevas, imbécil… después me agradecerás que tenga alcohol en mi poder…
— ¿qué mierda te puso así, Kikyo? —le pregunté preocupado.
—¿sabes? Por un momento pensé que él no podía ser tan imbécil, pero veo que me equivoqué… lo perdí y él nunca sabrá lo que siento…— seguía llorando y apretando su mano libre contra su muslo.
—no te entiendo, mujer… habla en español— Kikyo me miró como si fuera un estúpido y luego se comenzó a carcajear.
—es cierto… tú no lo sabes… ¿Cómo tendrías que saberlo? La dejaste ir… la dejaste atrás… eres un imbécil, pero yo soy más imbécil por creer que tú estarías con ella…— siguió riéndose y luego comenzó a llorar más fuerte y a gritar— POR TU JODIDA CULPA LO PERDÍ Y LO PEOR ES QUE ÉL NO SABE LO ESTÚPIDO QUE ES…
—habla bien, maldición… ¿Qué mierdas dices? —estaba irritado y la actitud de Kikyo no hacía más que seguir aumentándola.
— ¡¿es que eres un idiota?! ¡De Bankotsu y de Kagome te estoy hablando, imbécil! —cuando escuché esos nombres me paralicé— ¿no lo esperabas verdad? —Me dijo ella llena de rabia— Ellos ahora están juntos y eso no es lo mejor, querido… ¿sabes que es lo mejor de todo lo que digo?… lo mejor es que hoy oficialmente nos informaron de su compromiso para casarse… ¿no es magnífico? —me dijo llorando y arrodillándose en el piso— Por fin los padres de él y los míos van a poder ser familia como querían… Bankotsu es tan feliz… nunca lo había visto así…—la voz de Kikyo fue apagándose poco a poco. Mientras yo estaba paralizado y sin poder creer todo lo que ella iba soltando. Sentía mi corazón fragmentarse mientras miles de cuchillos me golpeaban directo en mi destrozado y muerto corazón.
—Casarse…— murmure sin poder creerlo. Retrocediendo hasta chocar contra la pared.
—sip… van a casarse cuando Kagome se gradué… ¿lo puedes creer? ¿Cómo es que pueden tú y él ser tan tontos? ¿Cómo Bankotsu no se da cuenta…? — no sabía que decir. La miré fijamente y ella comenzó a tirarse de los cabellos hasta que apuntó en mi dirección— ¡Tú la dejaste ir! —Me gritó furiosa— TÚ, MALDITO ESTÚPIDO LE DEJASTE EL CAMINO LIBRE PARA QUE ESTUVIERA CON ELLA… ES TODA TU JODIDA Y MALDITA CULPA… ¡TE ODIO!... TÚ DIJISTE QUE LA AMABAS, QUE NO LA QUERÍAS PERDER… TÚ, JODIDO IDIOTA….
— ¡basta! —le grité, cansado de sus acusaciones. Ella se paralizo y se ovilló en el suelo. La vi mecerse de atrás hacia delante— ¿Por qué me lo vienes a decir? ¿Por qué es que te duele tanto?
—yo… yo… —balbuceo. Varios hipidos eran soltados de su boca mientras trataba de decirme lo que pasaba por su mente— yo estoy enamorada de Bankotsu desde hace años —la miré sorprendido y ella apretó los labios— siempre lo he querido, pero nunca tuve valor para decírselo y menos cuando él manifestó abiertamente frente a nuestras familias que estaba enamorado de mi hermana… ¿Quién no la amaría? Ella es tan linda, tan tierna, tan alegre… pero…— ella me miró pensativa. Luego abrió los ojos como si se hubiera dado cuenta de algo— ¿Cómo no me di cuenta? —Comenzó a reír como una loca y a mirarme como su yo fuera un alienígena— Bankotsu es un jodido idiota… no se merece mi amor, y decididamente tu no merecías a mi hermana… quizás… quizás lo mejor es que estén juntos… él le hace bien…
— ¡de ninguna manera! —Kikyo me miró asustada por el tono de voz tan duro que usé.
— ¿te crees que tienes algún derecho? —me pregunto poniéndose de pie y mirándome retadoramente— eres un bastardo y un imbécil… en tres jodidos años no has ido por ella… ¿no es que la amabas tanto? Pues escucha bien esto: nunca en la vida podrías imaginarte la cantidad de cosas que han pasado en este tiempo… pero ¿para que decírtelo a ti? Eres un cerdo egoísta que solo piensa en sí mismo, que solo piensa en él… si te bajaras de esa maldita nube que tienes por cerebro podrías entender… pero claro… solo has pensado en tu propia mierda…
— ¿te crees que no he sufrido todo este tiempo? —le pregunté furioso— no eres nadie para criticarme… tú eres una puta cobarde…
—soy una cobarde, ¡lo sé! —Me gritó apuntándome con el dedo— pensé por un minuto que de verdad amabas a mi hermana, pensé que pasara lo que pasara lucharías por ella y no la dejarías ir nunca, pero tú eres más cobarde que yo, porque yo tal vez jamás le dije a Bankotsu que lo quería, pero él jamás fue mío. En cambio tú, el todo poderoso, el que juró amor eterno a mi hermana… la dejó ir sin luchar… solo pensaste en ti mismo, teniéndola contigo ¡la dejaste ir!
— ¡tú no entiendes! ¡No sabes nada! —le grité apretando mis puños. Estaba furioso— no eres nadie para venir a darme sermones y menos cuando no sabes y una mierda de lo que pasó…
—solo sé que mi hermana pasó un año entero gritando tu nombre mientras dormía…—quede paralizado cuando escuche aquello— sé que ella perdió toda su vitalidad luego de que te fuiste como un maldito cobarde… si fueras la mitad de hombre que se supone que eres, te habrías quedado con ella, haya pasado lo que sea que pasó… pero no…— dijo sarcástica— eres demasiado cobarde como para intentarlo… preferiste irte y ahogarte en tu propia mierda antes que ir por ella y hacer que tu amor por ella funcionara… así que yo seré una cobarde por no decirle nunca a Bankotsu que lo quiero, pero ¿en qué quedarías tú entonces? Nunca había visto a mi hermana más feliz mientras estaba contigo, nunca la había visto más brillante que en esos momentos, pero te fuiste y la dejaste tirada lamentándose por ti… llorando todas las noches después de que te fuiste… ¿sabes que fue de ella? ¿Te has molestado en averiguar qué fue de ella en todos estos años?
—No…— fue lo único que atiné a decir en ese momento.
—Eso pensé…—me dijo moviendo su cabeza a un lado— pues ese va a ser tu castigo, Inuyasha… nunca te vas a poder imaginar toda la mierda que provocaste en mi hermana cuando la dejaste tirada…— Kikyo tomó su olvidada botella y se dirigió hacia la puerta— fue un tremendo error venir aquí… igual que la última vez que vine a decirte que lucharas por ella… pensé que de verdad la querías… pensé, por un momento, que de verdad podrías luchar por ella y hacerla feliz… pensé que si lo hacías tú, yo sería capaz de luchar también… pero ya veo que no…— abrió la puerta para irse, pero antes de hacerlo volteo una última vez para mirarme— eres un cerdo egoísta… ahora lo puedo ver con mayor claridad… ahí quedo todo el amor que decías tener por mi hermana… creo que lo mejor es que ella se quede con Bankotsu… al menos él sí estuvo cuando ella más necesitó de alguien… no como tú que la dejaste a su suerte…— cerró la puerta de un portazo y yo me quede ahí…
Solo y perdido.
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POV Kagome
— ¿estás segura Kagome? —me preguntó Bankotsu mientras se sacaba los pantalones. Lo quede mirando fijamente tratando de buscar una respuesta.
¿Realmente quiero esto?
¿Qué importa lo que haga?
¿Es justo que tenga relaciones con un hombre que no amo?
Es la única persona que ha estado incondicionalmente contigo y que jamás te lastimaría…
¿Es esa una razón suficiente?
¿Qué tiene de malo? No sentirás nada…
¿Esto lo hará feliz?
Claro. Al menos con que uno de ustedes pueda ser feliz…
—Si —fue lo único que dije.
La noche avanzó lentamente mientras Bankotsu me admiraba lleno de amor en sus ojos. Sentí como adoraba mi cuerpo, pero por dentro estaba vacía…
Sentí como estaba dentro de mí, como me abrazaba, como me transmitía su amor… Pero yo solo estaba ahí sin nada que decirle cuando me declaraba sus sentimientos. Lo único que podía hacer por él era fingir que sentía algo mientras trataba de estimularme.
—te amo demasiado, Kagome —me dijo apasionado cuando estaba a punto de terminar. Yo cerré mis ojos y dejé caer una lágrima de tristeza cuando todo acabó.
Solo mi cuerpo alcanzó el orgasmo, pero no fue nada tan intenso como lo había sido con él.
Bankotsu me abrazó fuertemente, besando mi cabeza y acurrucándome a su lado. Murmuraba cuando me quería mientras se iba quedando dormido.
Cuando él quedo inconsciente lo único que pude hacer fue llorar: de angustia, de pena, de culpa, de rabia… ya nada importaba… nada tenía sentido… esta era mi vida ahora… ya no era yo misma… estaba completamente perdida… pero ya nada importaba porque este era mi nuevo comienzo… trataría de ser feliz… aun cuando mi alma estuviera destrozada…
—adiós para siempre… Inuyasha…
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— ¡KAGOME! —grité levantándome de mi cama, diciendo el nombre que hace años no pronunciaba. Mi corazón me apretaba como nunca. Sentía el pulso acelerado y una sensación de dolor y vacío extremo. Sentía como si hubiera perdido algo de mí.
Me salí de mi cama y comencé a moverme de un lado a otro por la habitación hasta que escuche como se rompía el cuadro con la foto que tenía de Kagome junto a mí. Corrí hacia el estudio como alma que lleva el diablo y no pude más que caer de rodillas al ver que estaba roto justo en el medio, separándome de mi chica.
—Esto no es posible…— mi corazón volvió a doler, esta vez más intensamente. Una imagen de ella y Bankotsu pasó por mi mente y sentí que moría lentamente— no mi amor… no…— dije tomando la foto, tratando inútilmente de arreglar los daños— no me dejes, mi amor… no me dejes…
Continuara…
