Anecdotario de Terry Grandchester

*Esta es una historia que ubica a Terry en la época actual y no en los años de la serie "Candy Candy".

Capítulo III

-¡Hola amor! ¿Estás muy ocupado?- escuché la voz de Jen al otro lado de la línea, ya entrada la madrugada.

-Para ti nunca- respondí preocupado al notar algo raro en el tono de su voz-. ¿Pasa algo?

-¿Puedes venir?

-¡Por supuesto!, estaré ahí en quince minutos- tomé de inmediato mi chaqueta y salí a toda prisa del teatro. Había una pila de papeles por revisar pero eso tendría que esperar para el día siguiente dadas las circunstancias.

-Qué bueno que llegas- me recibió Jen con un beso tan pronto como me vio.

-¿Qué pasa? ¿Estás bien?- la miré preocupado tratando de entender la razón detrás de la premura con la que me había pedido que fuera a verla.

-Sí, estoy bien- intentó serenarme-. Se trata de Robbie.

-¿Qué con él? – pregunté molesto.

-Ha bebido mucho y…

-¿Y eso qué? – interrumpí preparando el guión sarcástico con el que le daría rumbo a esa conversación- Estamos en un bar y hasta dónde sé, en un bar se bebe. Si se le pasaron las copas no es mi problema- me di la vuelta para irme de ahí.

-Terry espera- me detuvo por un brazo-. No estoy segura de lo que pasó pero cuando llegó aquí ya venía con algunas copas encima.

-¿Y? ¿Por qué te preocupa? ¿Acaso eres su nana?

-No, no soy su nana.

-Entonces que se vaya en un taxi a su casa.

-Esperaba que tú lo llevaras- murmuró suplicante.

-¡Claro, si para eso soy tu lacayo!

-Terry, no seas así- tomó mi mano-. Robbie la está pasando mal y es en momentos como este, que necesita de todo el apoyo que podamos darle sus amigos.

-Y cuando yo lo necesité, ¡¿quién diablos me lo dio? – me aparté bruscamente y Jen se quedó callada, no sé si fue porque realmente no supo qué decir o si fue porque sabía que decir cualquier cosa hubiera hecho que mi absurda rabieta no tuviera fin.

De mala gana saqué a Robert hijo de la oficina donde Jen le había pedido que me esperara. La gente de seguridad había estado a punto de sacarlo del bar al ver que su estado estaba a punto de empujarlo a tener algún enfrentamiento violento con otro cliente cuando Jen intervino prometiendo que si lo dejaban quedarse en su oficina, él no daría problemas mientras alguien de su familia se hacía cargo de llevarlo a casa.

Lidiar con borrachos nunca fue mi especialidad porque generalmente el necio alcoholizado era yo, pero de algún modo logré sacarlo de ahí a pesar de su condición y de lo enojado que estaba por todo lo sucedido.

-¿Y tuú qué hacess aquí?- preguntó Rob, arrastrando la lengua.

-Soy el lacayo que tu hada madrina consiguió para llevarte a casa. Vamos.

-¡No necesito que nadie me lleve a casa! Estoy perfecta…- dijo dando un traspié.

-No, no lo estás y es mejor que cooperes o tendré que noquearte para vida de hacer esto menos complicado.

Una vez en el coche, pensé que lo más difícil había quedado atrás pero me equivoqué. A partir de que cerré la puerta de su lado y me dispuse a subir a mi asiento, Robert hizo gala de su embriaguez cantando desafinado mientras buscaba una estación de radio en mi estéreo.

-¿Qué no tienes una estación decente que escuchar? Estas no son cosas que se puedan cantar.

-Si lo que quieres es cantar, con gusto te llevaré a un bar con Karaoke- dije apartándole la mano del estéreo.

-¡Uuuuy, qué maaal genio!- balbuceó- Jenny es una sssanta porrr aguan..tarte.

-Mira, intercesor de las novias sufridas, ¿por qué mejor no cierras la boca?

-Mejor dime, ¿qué tte tien..e tan molesto?- preguntó haciendo un esfuerzo por conectar en una frase coherente, lo que salía de su boca- Erres caarita, tienes una novia maravillo…sa y quien por cierto, te addora por encima de todas las cosas; eres rico, con una carrrera exitosssa, tienes el cariiiño, la admir... admir... admiración y el reespeto de mi papá, ¿qué más puedes pedir a la.. la vida? - terminó arrastrando la lengua.

-Que me quite de en medio a imbéciles como tú- respondí deteniendo el coche frente a la puerta trasera de la residencia Hatthaway, mientras marcaba por celular a Julia-. Jules, necesito que bajes a abrirme la puerta de atrás.

Algunos minutos más tarde, Jules nos abrió la puerta de atrás, tal como se lo había pedido.

-¿Qué pasa?- preguntó fingiendo estar adormilada.

-No me digas que te desperté- dije con ironía-. Sé bien que a estas horas todavía estás conectada al mensajero instantáneo. Al "niño bonito" se le pasaron las copas y su hada madrina me pidió que lo trajera a casa.

-¿Su hada madrina? ¿Quién es su hada madrina?- tomó a Rob por un brazo que se echó al cuello.

-Jenny- respondió este entre risas.

-Shhhh- lo callé tapándole la boca con la mano-. Estoy haciendo todo este teatro para que tus padres no se enteren y tú lo vas a echar todo a perder con tus gritos.

-¿Te pusiste así en el bar de Jenny?

-Según Jen, cuando Rob llegó al bar ya venía con copas encima.

-A mí no se me pasaron las copas- intervino Rob a gritos cuando por fin logramos acostarlo en su cama.

-Robert, ¿eres tú?- se escuchó la voz de Robert padre del otro lado de la puerta.

-¡Genial!- dije con sorna- Sal- le pedí a Jules-, y pase lo que pase, no dejes que tu padre entre aquí ¿De acuerdo?

-¿Pero y tú?

-No te preocupes por mí. Buscaré otra manera de salir de aquí.

-Está bien. Y gracias por todo- me besó en la mejilla antes de abandonar la habitación.

-¿Robert?- preguntó Robert padre una vez más tocando la puerta.

-Hola papi, ¿qué haces despierto tan tarde?

-¿Qué haces tú despierta tan tarde?

-Escuché ruidos y fui a ver.

-¿Está Robert…?

-Sí pero seguramente ya se durmió, ¿sabes? Estuvo trabajando hasta hace un rato y está exhausto. ¿Lo necesitas para algo?- preguntó melosa y yo me cuestioné si Robert padre creería tan inocente explicación.

-No, en realidad sólo estaba preocupado por él.

-Pues no tienes nada de qué preocuparte porque tu primogénito está durmiendo como un angelito- escuché a Jules decirle mientras se alejaban por el corredor.

-Tienes mucha suerte- le dije a Rob encendiendo un cigarrillo- tu padre se queda despierto hasta altas horas porque se preocupa por ti a pesar de que hace ya un buen rato que dejaste de ser un chiquillo. Cuando yo llegaba a casa de mi padre en tu estado- continué hablando tras exhalar el humo de la primera bocanada-, lo que encontraba, en el mejor de los casos, era una habitación helada con la leña de la chimenea mojada. Bueno, tal vez aquello no fue tan malo después de todo. Quién sabe lo que habría sido de mí si alguna vez hubiera podido encender esa chimenea.

Los ronquidos de Rob me sacaron del baúl de recuerdos en el que me había metido esperando que pasara un lapso de tiempo razonable como para que Robert padre no notara mi presencia en su casa, y me pregunté al ver al hombre tirado en la cama si yo actuaba y me veía como él cuando perdí a mi "Tarzán pecosa".

Cuando regresé a mi coche me encontré con algunas llamadas perdidas del "hada madrina" de Rob y me debatí por unos minutos entre regresarle la llamada para decirle que no se preocupara más por él, o dejarlo para cuando tuviera la cabeza fría y el ánimo menos gris.

-¡Hola!- saludé rogando al cielo no perder los estribos por elegir la opción menos recomendable para el momento.

-¡Hola! ¿Cómo te fue?- preguntó Jen del otro lado de la línea.

-No te preocupes, "Ceniciento" llegó a casa sano y salvo antes de que su carruaje se convirtiera en calabaza y su lacayo en ratón.

-Gracias- murmuró.

-No me des las gracias, lo hice por Robert padre- espeté dejándome llevar por la rabia que no podía evitar sentir.

-De cualquier manera, gracias.

-Te veré luego.

-Buenas noches- le escuché decir antes de dar por terminada la llamada.

Sabía que era absurdo sentirme como me sentía pero no podía evitar estar celoso de Robert e inseguro de mi situación con Jen. En muy poco tiempo ellos se habían hecho muy cercanos, al parecer tenían muchas cosas en común empezando por el hecho de que ambos habían sido abandonados por sus parejas de otro tiempo. Sin duda la empatía fue el primer y más fuerte ingrediente que los unió y en aquel momento no supe si mi cariño por Jen sería suficiente como para conservarla a mi lado.

Un par de días más tarde, Jen fue a verme al teatro y aunque me sentí feliz de verla cruzar el umbral de la puerta de mi camerino, también sentí un hueco en el estómago al presentir que esa visita probablemente no terminaría bien.

-¡Hola!- saludó al cerrar la puerta tras de sí- Lamento no haberte avisado que vendría, sé que estás muy ocupado…

-Para ti nunca estoy ocupado- me levanté de mi asiento y la tomé de las manos cuando la tuve al alcance- Me alegra verte- sonreí.

-A mí también me alegra verte- me dijo con una sonrisa que por un momento me hizo olvidar las razones de nuestro distanciamiento y la abracé-. Dime algo, ¿sigues molesto por lo de la otra noche?

-¿No te parece que últimamente pasas demasiado tiempo con Rob y te preocupas mucho por él?

-Tú mejor que nadie sabes que Robbie está pasando por un momento muy complicado de su vida. Sé que nos conocemos de hace poco pero nos entendemos muy bien y eso ha hecho que él se abra conmigo.

-¿Y por qué contigo y no con alguien más? – cuestioné tratando de no sonar tan celoso como en realidad me sentía en ese instante- Digo, ¿qué no tiene más amigos?, ¿qué no están con él sus padres y hermanos?

-Tal vez no lo sabes, pero en las separaciones no sólo se pierde al ser amado, también se pierde a los amigos.

-Pero eso no pasa con la familia.

-Dime una cosa, cuando Candy y tú terminaron, ¿recurriste a tu madre en busca de consuelo o consejo?

-Es distinto- repliqué de mala gana al darme cuenta de que en realidad ella tenía razón.

-¿En qué?

-No lo sé. Es algo que siento aquí- murmuré señalando mi corazón-. Sé bien que el tipo la está pasando mal y créeme que si alguien lo lamenta ese sin duda soy yo, pero no tienes idea de lo que un hombre dolido es capaz de hacer.

-¿No confías en mí?- preguntó con dolor dibujado en el rostro.

-Terry. ¡Oh perdón!, no sabía que tenías compañía- se escuchó la voz de Leo al abrir la puerta tras tocar un par de veces.

-¿Qué pasa Leo?

-Todo lo que pediste para la reunión está listo, sólo faltas tú.

-Voy enseguida, gracias- le dije con gesto amable por primera vez en varias semanas.

-Te dejo para que sigas con tus ocupaciones- dijo Jen después de darme un abrazo.

-Te veré esta noche- le dije dándole un beso fugaz antes de salir a atender los asuntos que me esperaban.

No volví a darle vueltas al asunto por el resto de ese día y por primera vez en mucho tiempo sentí que las cosas volvieron a fluir.

Por la noche me desafané "temprano" de mis ocupaciones en el teatro y me fui muy dispuesto a tener una velada grata al lado de mi novia y para mi buena fortuna así fue. En medio de la calma que me dio su presencia pude ver que mi comportamiento de días anteriores había sido irracional y que lo que ella y yo teníamos, era muy distinto a lo que ella tenía con Rob.

Poniendo las cosas en perspectiva me di cuenta de que la intensidad de mis reacciones eran directamente proporcionales a lo que mi corazón sentía por esa chica. Hacía mucho tiempo que no amaba con semejante ímpetu y pensar que aquello podría terminar, llevándome de regreso al abismo de soledad y vacío que viví alguna vez, me helaba la sangre.

Y no es que de pronto me hubiera convertido en un monstruo de celos sin control. Jen administraba el bar de su tío y algunas noches a la semana se unía a la banda que amenizaba para tocar o cantar; tenía trato con cientos de hombres entre los clientes del lugar y sus amigos pero jamás me sentí tan inseguro de su afecto como cuando Robert hijo estaba cerca de ella. No lo sé, tal vez sentía temor de la imagen que él tenía de mi en el pasado, una que no guardaba consideraciones de ningún tipo si se trataba de salirme con la mía. ¿Qué pasaría si él hacía que Jen mirara a ese hombre que fui algún tiempo atrás? Ahora estaba solo y seguramente deseoso de verme pagar por mis fechorías. ¿Qué podría impedírselo?

Una tarde decidí romper con la rutina para darle una sorpresa a Jen pero como suele pasar, el que estaba dispuesto a sorprender resultó sorprendido cuando al entrar al bar, vi a Robert hijo abrazando a Jen por un periodo de tiempo que mis celos consideraron muy largo.

-¿Interrumpo?- dije a manera de saludo cuando los tuve cerca.

-Para nada- respondió Jen apartándose de Robert- Robbie vino a despedirse, estará unas semanas fuera de la ciudad.

-¡No me digas!- dije con ironía y una mueca de disgusto.

-Sí, ¿no es una pena?- intervino Robert evidenciando lo mucho que le agradaba verme molesto- Bueno chica, te veré a mi regreso. Adiós galán- me dio una palmada en la espalda a manera de despedida.

-¿Y serás capaz de sobrevivir sin él durante su ausencia?- le pregunté a Jen con toda la intención de sacar a relucir la molestia que ese abrazo me dejó.

-¡Terry no empieces por favor!- respondió evidenciando lo desagradable que era volver a recorrer el camino espinoso que mis celos le ponían por delante.

-Te equivocas, ¡lo que quiero es terminar!- grité y de inmediato me arrepentí de mis palabras.

Continuará.

Agradecida en el alma de que me sigan acompañando a través de la lectura, quiero desearles un maravilloso 2011. Espero de corazón que todo lo vivido en el 2010 haya sido grandioso en todos los aspectos, y que la llegada de un nuevo año sea motivo para recargar pilas y echar a andar miles de sueños y proyectos.

¡Muchas Felicidades!

Un abrazo muy fuerte y agradecido.

Annabel Lee

Enero de 2011