Venganza.
Len era un chico tranquilo y pacifista. Eso lo sabían todos. Odiaba la violencia, era algo muy primitivo como para ser propio de él.
Sin embargo... todo eso se había ido al carajo y no iba a salir de ahí.
Como si fuera un animal, se abalanzó contra Taito.
Su cara antes desesperada, ahora era un monumento vivo a la demencia.
¿Y qué hace el muy hijo de puta de Taito?
¡Está sonriendo el muy cínico!
Len no aguantó más sus groserías y enterró con un extraño sentimiento que parecía ser la mezcla de una euforia psicótica e ira asesina.
Se sentía feliz. Vengaría a Rin.
Se sentía enojado, pero no con Taito. Él se había ganado su odio, lo cual es muy diferente de la ira.
¿Con quién se había enojado Len?
Consigo mismo. Por su jodida incompetencia Rin había muerto.
Y seguir apuñalando a Taito hasta con una fuerza que había desconocido hasta ahora, no le era suficiente.
Quería hacerle sentir una mínima parte del dolor que él había sentido al perderla.
Matan a tu hermana por tu estupidez, el muy hijo de puta se burla de ella y tú mente sólo piensa en una palabra...
"Venganza"
Felicidades, si cumples con esto, ya sabes a la perfección cómo se siente Len Kagamine.
Dejó de apuñalarlo, era inútil. No lograba satisfacerse a sí mismo.
Miró de reojo su alrededor. Un simple picahielos no era nada.
Oh, qué adorable.
Len encontró una inofensiva y linda motosierra cuya hoja brillaba de tal manera que casi parecía decirle lo que tenía que hacer.
La tomó todavía sobre Taito, ya que estaba realmente cerca.
Con una sonrisa enferma, la encendió.
Extremidad por extremidad. La sangre lo empapaba.
Aunque él odiaba ensuciarse, el saber que la estaba vengando a ella le hacía sentir esa suciedad incluso como algo agradable.
No estaba satisfecho, aún no había logrado borrar de su jodido rostro esa puta sonrisa.
Quería más. Quería hacerlo sufrir como nunca.
Oh... nuestro querido y adorable rubio encontró algo interesante que no había notado antes.
Un contenedor de gasolina.
Fuego, no será la última vez que Len te vea. Te encontrará en el hogar de Satanás.
¿Había una vela al lado del contenedor?
¿Por qué todo parecía estar ahí como si ya estuviese escrito que lo mataría? ¿Taito sabía que iba a morir?
Imposible, aunque Taito era listo, no era un brujo como para adivinar algo así.
Pero ahora te responderé a estas interrogantes con otra pregunta...
¿De verdad todo esto importa? ¡El sentido común y los instintos pueden irse a la jodida mierda! ¡Sólo es cuestión de hacer justicia e irse al carajo!
Sí, por ella se iría al carajo.
Prendió fuego a Taito, todavía vivo. Sabía que no tardaría en morir.
Lo esparció a toda la habitación, pero se detuvo en un lugar y se recostó en el piso.
Miró por la ventana el cielo azul oscuro, cuyas estrellas eran invisibles. Pero la luz de la luna dejaba ver a otra figura junto a él.
Rin era hermosa bajo la luz de la luna.
—Lo único que lamento, Rin-nee, es que no podré verte después de esto. Nunca volveré a verte, mi dulce ángel —le dijo al cadáver mientras le besaba la frente.
Estaba tan fría. Y por su culpa.
Pero eso no importaba ya. Había cobrado venganza.
Y esperó a que su cuerpo y el de su hermana se consumiesen por las llamas.
Vengativo y destructor, muere en el calor.
Zatsune se movía entre toda la oscuridad como si fuera un pez en el agua.
A diferencia de sus compañeros, la pelinegra se movía incluso mejor que en presencia de luz. De manera extraña, la limitaba.
Todo lo que había en ese pasillo no era más que puertas a habitaciones que, aunque ya había revisado, no había nada.
Su guadaña estaba lista para cualquier cosa que se le presentase. Nada la tomaría por sorpresa.
Un ruido se escuchó en una de las habitaciones, captando la atención de la de ojos rojos.
No dudo ni un segundo en abrir la puerta y encontrar...
Eran, unas tijeras y un espejo. ¿Qué significaba esto?
—Akaito-kun, ¿ahora a dónde vamos? Creo que nos perdimos —le preguntó Miku al pelirrojo.
— ¡¿Perdernos?! ¡Estás loca, mujer! ¡Yo sé perfectamente a dónde vamos! —le respondió el chico de ojos rojos.
— ¿Y a dónde vamos, Akaito-kun? —preguntó de nuevo.
Silencio por parte de Akaito.
Len abrió los ojos con violencia.
Sus brazos, aún sostenían a su hermana. Aún seguía viva.
¿No había pasado nada de lo que vio? ¿Y qué significó todo eso?
¿Vio el futuro o algo así?
Si iba a pasar lo que vio...
Oh, no. Eso no lo permitiría.
No iba a permitir que le quitaran a su hermana.
Otra brillante idea invadió la mente de Len.
Si de verdad quería protegerla de que Taito o alguien más le arrebataran a su hermana...
Ella debía morir en sus brazos.
Así, nunca podrían quitársela.
._. Len ya está enloqueciendo
Y por cierto, hay un mensaje oculto en el capítulo. Si logras descubrir cuál es, encontrarás de inmediato quién será, si bien no el próximo, uno de los Siete Pecados Capitales. ¿Pista? Sólo diré: Escena Z.
Y ya sé que quedó corto, ¿pero quedó bien?
- Tú y yo sabemos que no -.-
Mi inner jode demasiado -.-
