Espero les guste :D
Normalmente, Hermione no tomaría en cuenta algún tipo de pensamiento "obsceno", que pasara por su cabeza. Mucho menos con un profesor y menos con alguien como Snape.
Y sin embargo, estaba ocurriendo en ese preciso momento. Su cabeza estaba llena de ideas, aunque se tratara de Snape.
La cercanía. Su "aroma" y la expresión de sorpresa que traía en su cara. Todo eso le enviaba señales equivocadas a través de todo su cuerpo.
Una tras la otra. Y ya ni sus enormes manos le hacían gracia.
Estaba en desventaja puesto que bueno, no tenía la fuerza para apartarlo de sí. Había estado sintiendo diferentes emociones encontradas.
Que hubiera cambiado, hacía todo más difícil.
— ¿Todo está bien? ¿Cierto?— eso había murmurado él, en voz baja, casi un susurro. Hermione no había podido contestar, estaba en shock. Su lengua estaba enredada y estaba segura de que su "pálido" rostro por la enfermedad, reflejaba un intenso tono carmín y no estaba hablando de la fiebre.
Esa era la respuesta que seguramente, Snape, no estaba esperando. Y lo había notado al escucharlo respirar.
— Solo fue un accidente, profesor. Nada pasó...nada pasa...
¿Era ella o estaba sonando como que deseaba lo contrario? No, no era solo ella puesto que la expresión de sorpresa en Snape, resultaba ser suficiente. Había arqueado las cejas y ella, había desviado la vista.
No se le ocurrían ingeniosas respuestas.
Y el silencio resultaba ser muy incómodo. Por lo demás.
Seguía sin entender por qué no solo se separaban y continuaban cada quién con lo suyo. Pero Snape no quería moverse o no sabía cómo y ella...
¿Y si pensaba algo incorrecto, si se soltaba? Y si pensaba que le tenía miedo y entonces, volvía a ser el mismo hombre hosco y frío. ¿Y si sentía que perdía a "su amiga"? ¿Aunque ella no lo fuera al final de cuentas?
¡Qué complicación!
— Fue mi culpa señor, lo siento.
— Bueno, al menos todo está bien. No hay heridos, no hay nada que lamentar y bien.
— Eh sí, ¡prometo que lo voy a ayudar a arreglarse las enormes manos! Puede contar con eso. Además, aún tengo muchos ensayos que corregir y mucho tiempo en castigos.
Severus había asentido rápidamente, como si esperaba cualquier cosa para zanjar la conversación. Hermione había sonreído y la espalda comenzaba a entumecerse de tanto tiempo en aquella complicada postura. La de Snape igual. Aunque no lo había notado desde que estaba pensando en lo comprometedora que era la situación y cómo salir de ella.
Porque era incómoda para ambos, ¿cierto?
Quizá ella creía que él era asqueroso y estaba allí sin poderse mover, por miedo. Quizá ella pensaba que él era un ogro y quería salir corriendo a la mínima oportunidad.
¿Y qué hacía entonces?
— Bueno...ejem...que tenga una buena tarde...señor...
Severus asintió en silencio, pero continuaba sin moverse. ¿Qué? ¿iban a estar así por siempre? Ella había comenzado a deslizarse entre sus enormes brazos, pero sus zapatos seguían húmedos. Volvió a resbalar y aquella vez, el profesor la había sostenido completamente contra él. Evitando que resbalara.
Sus rostros estaban tan cerca que podían sentir el aliento del otro.
"¡Por Merlín...profesor!".
"¡Diablos, Granger!".
— Disculpe...me, profesor.
Pero Snape no había contestado, estaba ligeramente distraído. Hermione observaba a su alrededor, nerviosa.
— ¿Qué...?
— Tiene...algo en la cara...¿baba?
Uno de sus enormes dedos, se había acercado hasta su mejilla y ella había temblado en silencio. En medio de la distracción, había comenzado a darse cuenta de que sus manos comenzaban a disminuir de tamaño.
— ¡Profesor, su mano...está casi normal de nuevo!
— Supuse que el efecto iba a ser transitorio.
Y comenzaban a separarse en silencio.
"Bueno. Has arruinado una gran oportunidad, me parece. ¡Tenías que ser sabelotodo!".
"¿Oportunidad de qué?".
— Bueno...creo que no hay nada más decir.
— No, señorita Granger. Espero verla mañana temprano.
— Eh sí...
Había comenzado a caminar hacia la salida, cuando se dio cuenta de algo. Recordó que la bufanda seguía dentro de su mochila. Ron no la iba a querer ¿o sí?
— ¡Eh, señor! Espere.
Severus se había dado la vuelta cuando pensaba entrar en el despacho y la había observado con una sonrisa suave, irónica.
— ¿La quiere? Sé que Ron odiará el color y bueno, si quisiera...podría bordarle el emblema de Slytherin y algunas franjas plateadas. Bien, espero conseguir el hilo. Aunque creo que solo los pobres unicornios tienen esas hebras en su cola y...
— Sí, me gustaría.
"¿Qué?"
— ¿Disculpe?
— Bien, ¿quería regalármela? Me gustaría.
— ¡Sí!
— Y... ¿Granger?
— ¿Señor?
— Cuando quiera regalar algo, solo hágalo. Si da tantas excusas, no dudo que Weasley se fastidie. Si quisiera "atraer su atención".
Se ruborizó. Severus había sonreído suavemente y se disponía a encerrarse en su habitación, cuando Hermione seguía diciéndose una cosa.
Una y otra vez.
"¡Pudiste haberlo besado!".
— ¿Para qué?
— ¿Qué cosa, Granger? ¿Sucede algo?
— Bueno...— caminó hasta detenerse frente a él, mientras Snape la observaba en silencio. — sé que sonará estúpido y todo lo demás, pero...ahora que usted y yo estábamos en esa penosa situación...¿qué sucedería si me encontrara igual con Ronald? Quiero decir... si sucediera y tuviéramos que...besarnos. ¡Usted me entiende!
Snape pensaba que de eso sí tenía que echarse a reír. ¿Y qué esperaba ella? ¿Que le enseñara a besar? No era profesor para eso.
No lo era.
— No haga lo que no quiera y todo estará bien. Si lo que espera es hacerlo reír, que se interese en usted y fascinarle a alguien, pues ya creo que puede.
— ¿Por qué lo dice?
— Digamos que después de darle vueltas, analizar todo su interior, usted me parece una persona "agradable". Pero espera que yo le enseñe a besar ¿o me equivoco?
— ¡Ay no...cómo cree eso!
— No es difícil.— argumentó el hombre, mientras se inclinaba a unos centímetros para que sus rostros estuvieran a un palmo. — Solo se acerca un poco y al final...
Severus Snape había besado su mejilla. Suavemente.
"¡Merlín, pero...¿qué ha pasado?".
— Lo haces. No puedo creer que no esté en nada, señorita Granger.
Hermione se había llevado una de sus manos hasta la mejilla izquierda, atónita. Realmente había besado aquella mejilla, no estaba soñando. Y así, Severus había abandonado el despacho, mientras ella suspiraba como una tonta.
