Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. La historia aquí presentada es con fin de entretenimiento, NO de lucro.


Capítulo 26: Los Tendo y Ranma van a la montaña.


Ranma estaba entrenando en el dojo, desde que regresaron de las montañas nevadas se la pasaba mínimo dos horas ahí. El chico daba patadas en el aire, saltaba y daba puñetazos, daba volteretas cuando se elevaba más alto, recordaba la pelea que tuvo Akane con la anciana, había quedado sorprendido por las habilidades de lucha de su prometida, su velocidad y su fuerza.

«Es cierto, todo este tiempo no he entrenado lo suficiente, por eso Akane me está ganando, ella y su padre se la pasan entrenando todo el tiempo y yo no» pensaba Ranma mientras partía un pedazo de madera con su puño.

El chico respiraba agitado, ya había entrenado por dos horas y media sin tomarse un segundo de descanso, estaba tan concentrado en su entrenamiento que no se percató de Akane quien estaba recargada sobre el marco del dojo con los brazos cruzados.

—Mi tía Nodoka me pidió que te avisara que ya está la cena, sólo que ya pasó quince minutos —habló Akane que sonrió.

—Gracias, ya voy —respondió Ranma que le dedicó una mirada extraña.

—Ok, lo estás haciendo estupendamente, Ranma —animó Akane antes de irse del dojo.

—¿Akane más fuerte que yo? No, sólo me he dejado, pero ella no es más fuerte que yo… —musitó Ranma sin dejar de ver a la puerta.


Llegó a la mesa después de darse una ducha rápida, Akane estaba peleando con su papá que estaba convertido en panda, los dos peleaban un trozo de bistec, la chica lo estaba empujando con su pierna mientras que con la mano derecha sostenía el plato codiciado.

—¡Tú ya te comiste el tuyo, este es mío, panda estúpido! —gritó Akane que le dio un puñetazo en la cara al panda, sacándole sangre de la nariz y tumbándolo al suelo.

Akane se había vuelto más fuerte desde la pelea con Cologne y eso lo demostraba al derribar más rápido al panda. La vio comer feliz su bistec, al parecer tenía un mejor sabor después de pelear por él.

—Gracias por la comida —habló Ranma que apenas probó sus alimentos, se levantó extrañando a la familia, Akane se estaba metiendo un trozo de carne a la boca, mirándolo con desconcierto.


Akane estaba algo extrañada por como Ranma se estaba comportando con ella, desde que regresaron de las montañas nevadas, él ya no solía insultarla, ni la molestaba, andaba como ido en sus pensamientos y cuando llegaban de la escuela el chico de la trenza salía a correr y luego a meterse al dojo por largo tiempo, lo veía hasta el anochecer cuando iban a cenar.

—Eh Ranma —llamó Akane al chico que caminaba sobre la valla, los dos iban a la escuela—. ¿Por qué últimamente te la has pasado callado?

—No tengo nada qué contar —respondió Ranma sin importancia, cruzó sus brazos tras la nuca.

—Ah, ya sé, estás molesto por que me he comido tus postres desde hace tres días —habló Akane con inocencia.

—¿Te has comido mis postres? —reaccionó el chico.

—Sí, como después de comer luego te vas al dojo o a correr, no había quien se comiera tus postres… bueno, en realidad sí, pero yo les gané —recordó Akane su pequeña pelea con su papá y Genma.

—No, no es eso Akane en realidad es que tú… —se quedó callado, quería decirle que ella era más fuerte que él y que estaba dispuesto a superarla, pero al ver la mirada de la chica, prefirió callar—. Eres muy molesta, no me gusta que me observen mientras entreno.

—Vaya, que delicadito, bueno, está bien, ya no te veré entrenar si eso te molesta tanto —gruñó Akane.

—Sí, mejor —admitió Ranma que sintió feo al verla molesta.


Llevaba varios días entrenando arduamente, sólo necesitaba con quien poner en práctica todos sus esfuerzos, cuando le pidió a Genma que entrenara con él, su papá de inmediato empezó a "padecer" innumerables enfermedades. Caminaba por el pasillo y allí estaba el señor Soun meditando.

—Tío —habló suavemente, pero no tuvo reacción por parte Soun—. ¡Tío! —le gritó cerca del oído haciendo que Soun abriera los ojos de golpe mientras su cabello se agitaba.

—¡Ranma! ¿Quieres dejarme sordo? —interrogó el señor del bigote que se metió su dedo índice dentro de la oreja.

—Lo siento tío, es que me gustaría entrenar con alguien y mi papá no se encuentra dispuesto a hacerlo, por eso me atrevo a preguntarle si usted puede pelear conmigo —pidió Ranma que se sentó al lado de Soun.

—Por supuesto, hijo, no sabes lo feliz que me haces, el prometido de mi hija pidiéndome ayuda, esto debe ser un sueño —los ojos de Soun parecía arroyos de tantas lágrimas.

Ranma sonrió nervioso mientras una gota de sudor escurría en su nuca.

—Oye, viejo —habló Akane que llevaba puesta una playera amarilla holgada y short que le llegaba a medio muslo color azul, se veía de lo más perezosa mientras comía un pan de arroz—. ¿Tú te comiste mis dulces?

—¿Y-yo? —se señaló Soun nervioso, sus ojos delataban su culpabilidad.

—¿Quién más? —Interrogó Akane tranquila, comiéndose el resto del pan de arroz—. Eres el único que sabía dónde los guardaba, viejo canalla —la chica se tronó los dedos mientras esbozaba una sonrisa psicópata.

Ranma se quedó sentado, observando como Akane brincaba la barda donde el señor Soun había salido huyendo. Dejó escapar un suspiro, ahora no tenía con quien practicar, hasta en eso Akane le había quitado la oportunidad. No le quedó de otra que ir al dojo a entrenar solo.


—Si le pido a la abuela de Shampoo que me entrene, seguro que querrá casarme con Shampoo a cambio de su entrenamiento… ¿a quién puedo acudir? —se preguntó Ranma una vez que se cansó de su entrenamiento y estaba acostado en el piso, mirando hacia el techo buscando una respuesta.

Un rostro muy lindo se asomó, sus ojos castaños denotaban alegría, la chica se acuclilló.

—Yo puedo ayudarte —se ofreció Akane.

—¿Qué? —Ranma parpadeó incrédulo a la vez que se levantó de golpe, quedando sentado frente Akane.

La chica lo miró y luego sonrió, mostrando esa sonrisa que a Ranma lo dejaba tarado.

—Que yo puedo entrenarte —corroboró la peli azul.

—N-no, ¿tú? ¿Una chica?

—Ah ya vas, Ranma, que orgulloso eres, yo te estoy ofreciendo entrenarte sin pedirte nada a cambio —Akane se enfadó por lo machista que Ranma resultaba ser.

—Akane, si lo estás haciendo para humillarme…

—Eres un idiota, Ranma, no puedes ver las buenas intenciones de alguien y creo que las mías menos, yo ni sé por qué me tomé la molestia en ofrecerte mi ayuda —Akane se había enojado, se levantó rápida y se fue del dojo—. ¡Idiota! —regresó para mostrarle la lengua en un gesto infantil.

Ranma estaba sobre el tejado, pensando en lo que Akane le había dicho, ser entrenado por ella, resultaba una verdadera estupidez, si al final todo ese esfuerzo que ha hecho es para ser más fuerte que su prometida. Suspiró hondo.


En la clase de gimnasia, Ranma seguía demostrando lo bueno que era, sus amigos lo felicitaron por su agilidad.

—Señorita Tendo, es su turno —habló el entrenador.

Akane que vestía el uniforme deportivo pero el de hombres, corrió hacia la barra que debía saltar, la chica dio un largo salto, pasando por arriba de la barra sin problema alguno y aterrizó de pie, ganándose el aplauso de todos.

—Excelente, Tendo —felicitó el entrenador.

—Akane, eres la mejor, no cabe duda que ese tiempo que fuiste a entrenar con tu papá te cayó muy bien —decían sus amigas, Akane sonreía.

Ranma miraba como Akane demostraba ser buena para todos los deportes, ganándose la admiración de todos sus compañeros, recordaba cuando era él quien se llevaba las ovaciones, pero desde que Akane había llegado, él ya estaba quedando en segundo lugar.

—¡Diablos! —Ranma dio un puñetazo a un árbol, sacando toda su frustración.

—¿Por qué tan enojado? —preguntó Akane que estaba en la rama de aquel árbol, la chica colgaba de cabeza, con sus piernas dobladas sobre la rama para sostenerse.

—Qué te importa —respondió Ranma, ella era la respuesta.

—Últimamente andas de un genio que nadie te aguanta —respondió Akane, seguía extrañada por el comportamiento del chico, saltó del árbol para quedar frente a él—. Ya sé, estás enojado porque me comí tu almuerzo ayer, ése que preparó la tía Nodoka especialmente para ti.

—¿Te comiste mi almuerzo?

—Eh… sí, es que tú lo dejaste sobre tu pupitre y te fuiste quien sabe dónde, te lo iba a decir pero te fuiste muy rápido de la escuela —respondió Akane que empezó a chocar sus dedos y miraba hacia el suelo—. Estaba muy rico por cierto.

—¡AHG! —gritó Ranma que alzó las manos a la altura de sus orejas, con los dedos extendidos, se notaba bastante tenso.

—No pensé que te molestarías tanto porque me he estado comiendo tu comida, pero es que me da pena que se desperdicie —habló Akane muy tranquila.

—Akane —masculló Ranma con coraje—. ¡Te ganaré, ya lo verás! —la señaló, sus ojos destellaban ira.

—¿Ganarme? —repitió Akane extrañada viendo a Ranma que se fue corriendo—. Vaya, creo que se está volviendo loco.


Pasaron los días, Akane se ponía de mal humor porque Ranma no le hacía caso, aunque trataba de portarse linda con él y evitar comerse lo que su prometido dejaba, cosa que a ella le estaba costando mucho.

Ranma llegó a la casa y no encontró al señor Soun ni a Akane, se asomó a la habitación de ellos y sus cosas no estaban, el muchacho se alarmó, corrió a buscar a su mamá.

«Akane seguro pensó que la odio y prefirieron irse, no, todo fue mi culpa, debí hablar con ella y aceptar su propuesta de entrenarme, creo que fui demasiado orgulloso» pensaba Ranma mientras buscaba a su madre.

Cuando vio a su padre que estaba en el dojo, de inmediato se dirigió a él.

—¡Papá, Akane y el tío Soun no están! —gritó, necesitaba saber qué había pasado con ellos.

—Ah, se fueron hace un rato a entrenar a las montañas, seguro no los encuentras lejos de aquí, ya que Soun le puso unas… —Genma no terminó de hablar porque Ranma salió disparado.

El chico metió un tanto de ropa a su mochila, ni se preocupó en doblarla, dejó una nota sobre la mesita del comedor y salió a toda prisa de la casa.


A pocas calles de la casa de los Saotome, Soun iba brincando muy contento.

—Vamos a entrenar a las montañas, muy felices, ¿verdad, hija? —Soun iba varios pasos delante de Akane.

—Lo dirás por ti, viejo idiota —bufó Akane, tenía el ceño fruncido y en su frente había grandes gotas de sudor que resbalaban por su rostro.

—Anda, hija, ánimo, salta, no me pierdas el ritmo —el señor Soun daba saltos y pateaba en el aire—. Un, dos, tres… ¡Akane, muestra ese ánimo!

—¡Eres un mal padre! —exclamó Akane enojada.

Ranma se sorprendió al ver al señor Soun y a Akane varios metros atrás de su padre. Lo que más le impactó fue ver que en los tobillos de la chica estaban esposados a unas bolas de plomo que apenas y le permitían dar el paso, además sobre su espalda llevaba dos grandes maletas.

—¿Por qué diablos no te las amarraste tú, eh? —Le reclamaba Akane— ¡Viejo estúpido!

Akane alzó la pierna derecha arrastrando la bola de plomo en el proceso, la bola estrelló en la cabeza del señor Soun que parecía que le había sacado los ojos y caía hacia delante con las manos hechas cuernitos.

—¡Que hija tan desconsiderada tengo! Golpear a si a su pobre padre sorpresivamente —gimoteaba el hombre que se había recuperado al instante, en su cabeza resaltaba un enorme chichón.

—¿Hablas de desconsiderados? Ya veremos cuando la gente te vea a ti sin llevar nada de carga y a tu pobre hija con estas bolas de plomo amarradas a sus tobillos, creme que te van a trinchar cuando vean a la linda Akane llorar y pedir compasión diciendo que no me has dado de comer en días y que prometo portarme bien para que ya no me pegues —Akane puso mirada de borrego.

Cualquiera que la viera, se compraba aquel cuento, era muy seguro que sí quemaran vivo al señor Soun de ver lo mal que trataba a su hija.

—Pero no pensaran así de un chico —Soun le vacío agua a la peli azul, volviéndose rubio al tacto.

—Te odio —bufó Akane, mirando con cansancio a su padre.

—Tío —habló Ranma después de ver todo esa escena, de su cabeza escurría una gota de sudor—. Me preguntaba si yo también podía ir a entrenar con ustedes, ya le he dejado una nota a mi mamá —sonrió con algo de nerviosismo.

—¡Por supuesto, Ranma! —exclamó Soun muy contento—. Ah, pero permíteme que cargue tu maleta —Ranma se extrañó por la amabilidad del señor Soun—. Ten, Akane, carga —puso la mochila sobre las otras que ya cargaba el rubio.

—Te mataré —murmuró el rubio mirando con odio a su padre.

Ranma iba caminando a la par del señor Soun y no tanto porque quería, sino porque el padre de Akane lo llevaba casi abrazado, de vez en cuando Ranma atisbaba hacia atrás donde veía ese pobre rubio sacando la lengua y casi a rastras muy alejado de ellos.

—Tío, yo puedo cargar mi maleta, la suya y la de Akane, sirve para que yo entrene —habló Ranma sintiendo pena por su prometida.

—No, Ranma, Akane fue la que me pidió que le pusiera todo el peso que podía encima.

—¡Eso no es cierto, viejo mentiroso! —gritó Akane, la furia en ella acrecentaba.

El rubio llamaba la atención, esta vez no por su galanura, sino por todo lo que iba cargando el pobre, todos se compadecían de él, hubo algunos que trataron de ayudarlo pero las bolas de plomo eran tan pesadas que no las movían ni un poquito, se admiraron que ése chico las moviera.


Iban saliendo de la ciudad para adentrarse a las colinas, tenían que subir, Akane se había quedado descansando en un árbol.

—Te ayudo —ofreció Ranma quitándole las mochilas de encima.

Ranma casi se cae al sentir el peso de la maleta de Soun.

—El muy desgraciado le metió piedras —indicó Akane—. Sácaselas.

—¿Y siempre te hace cargar cosas tan pesadas cuando tienen que ir a entrenar a otras partes? —preguntó curioso Ranma.

—Sí, pero esta vez fue algo considerado conmigo —respondió Akane que rodó los ojos, mostrando el fastidio que tenía.

—¿Considerado? —repitió Ranma, él no le veía lo considerado en ninguna parte.

«Ahora entiendo porque es tan fuerte» pensó Ranma, a ese paso tardaría más de lo que pensado en igual a Akane.

—¿Has arrastrado un auto? —preguntó Akane.

—No.

—Yo sí, dos kilómetros y sin ruedas, tuve un dolor muscular infernal durante un mes gracias al estúpido de mi padre y para colmo, el muy maldito iba dentro del auto durmiendo —recordó Akane con rencor.

—¿Qué?

—Pero veo que tú le agradas mucho, así que creo que contigo sí será considerado —sonrió Akane—. Anda, vamos si no es capaz de dejarnos, lo conozco bien —vio a su papá que los estaba esperando— bueno, a ti no te dejaría, pero a mí sí.


Llegaron a un claro ya de noche, el señor Soun montó la tienda, mientras que Ranma hacía la fogata, allí calentó agua para que Akane volviera a ser chica, se sentó a su lado, viendo los pies de la peli azul, estaban hinchados y enrojecidos.

—Bien, Ranma, aquí tú y yo dormiremos, Akane levantara su tienda para que ella duerma esta noche… ah, creo que olvide traerla, hija, así que te quedaras a dormir afuera —el señor se rascó la nuca.

Akane dejó escapar un suspiro, parecía tranquila, acostumbrada a que su padre la tratara así.

—No, yo me quedo a dormir afuera —dijo Ranma que sentía pena y mucha culpa por haber sentido envidia por Akane.

—Por supuesto que no, hijo, no quiero que te enfermes de pulmonía —Soun le dio una palmada sobre el hombro.

Akane le lanzó una mirada reticente a su padre.

—Oye, viejo, quítame éstas cosas —Akane señaló las bolas de plomo.

—¿Para qué hija? Si te van ayudar al entrenamiento, no seas tonta, aprovecha el gran sacrificio que estoy haciendo porque tú te vuelvas más fuerte que tu padre, no cualquiera estaría dispuesto a hacer algo así… no sabes lo mucho que te amo que he permitido que cargues todo ese peso para que el día de mañana seas la mujer más fuerte del mundo.

—Ya, papá, tanto amor tuyo un día terminara matándome —dijo Akane con enfado—. Por eso te pido que por favor me quites estás cosas —pidió mostrando unos ojitos de borrego, encantadora.

Ranma tragó saliva, sí el fuera Soun no se lo pensaba dos veces para obedecer a Akane.

—Lo siento, hija, no puedo.

—¿Por qué? —preguntó Akane que cambió su expresión por una más agresiva.

—Es que perdí las llaves —respondió el hombre sin importancia.

—Ah, ya veo… no te preocupes… cuando regresemos a la ciudad vamos con un herrero para que me quite estas cosas… total, ni pesan tanto —en la frente de la chica se le estaba resaltando una vena y un tic en su ceja había aparecido.

—¿Verdad que no? —preguntó el señor Soun muy quitado de la pena.

—¡ERES UN MALDITO IMBÉCIL! —gritó Akane que no aguantó la furia y se le dejó ir a su papá que horrorizado se echó para atrás, pero gracias a las bolas de plomo, Akane no logró alcanzarlo.

—Pobrecita… creo que iré a descansar, venir aquí me ha resultado tan agotador —el señor Soun bostezó dejando ver el interior de su boca, al ver que Akane volvió intentar golpearlo de inmediato se refugió dentro de la tienda.

—Akane, ya tranquila, mira, yo trataré de quitarte estas cosas, y luego metes tus pies en agua caliente, eso te ayudará para que relajes tus pies —calmó Ranma.

La chica dejó escapar un suspiro, también se notaba muy cansada.

—Seguro se está vengando de todas las golpizas que le he dado este tiempo —musitó Akane—. Que padre tan rencoroso tengo —sonrió.

—Yo diría que eres tú la que se ha vengado de él por cómo te ha tratado en los entrenamientos —habló el moreno.

—Me gusta más tu idea —sonrió Akane, lo miró directamente a los ojos, sintiéndose atraída por ese color azul—. Ranma.

—Akane —el chico también era atraído por aquellos ojos marrones de la peli azul.

—Ranma, ven a dormir, ¿qué esperas, hijo? —invitó el señor Soun que se llevó a Ranma a la tienda.

Akane parpadeó, su papá tenía el don de hacerla enfurecer con facilidad.

—Maldito viejo, pero tan sólo deja que me libere de estas cosas —Akane tenía entre sus manos la cadena que aferraba las bolas de plomo, sentía tanto coraje que ni cuenta se dio al hacer pedacitos la cadena.

Rompió las otras cadenas, de haberse dado cuenta hace rato que podía romper las cadenas, no hubiera tenido la necesidad de arrastrarse por aquel peso.

—No, señor Tendo, yo puedo quedarme afuera, no hay problema —decía Ranma dentro de la tienda, insistía en salir pero Soun lo retenía.

—Papá —escucharon la voz de Akane, Soun empezó a sudar frío.

La chica se asomó por la apertura de la tienda, sonrió dulcemente.

—Ranma, ¿puedes salir un momento, por favor? —pidió con mucha amabilidad sin dejar de sonreírle.

—Eh, sí —Ranma salió de la tienda y Akane adentró.

—¡AHORA SÍ, MALDITO VIEJO! ¿Con que bolas de plomo? ¿Sabes dónde deberías de ponértelas? —exclamaba la chica.

Ranma estaba sentado alrededor de la fogata, escuchado las suplicas del señor Soun y los gritos de batalla de Akane, cuando visualizaba hacia la tienda, sólo veía la silueta de Akane golpeando a su padre, haciéndole una llave, pateándolo, cayendo sobre él con su codo, escuchando los gritos desgarradores que el hombre profería, dentro de la tienda era una batalla campal, vio salir arrastrándose al señor Soun que extendía su mano con la intención que le ayudaran, el pobre hombre lucía desfigurado, con varios chichones sobre chichones, su cara morada y su nariz sangrando. Fue arrastrado dentro de la tienda.

—Que energía la de Akane —musitó el chico, mirando los pedazos de cadenas en el suelo.

—Bueno papá, eso fue todo por hoy, agradece que fui algo considerada, sólo porque eres mi padre y te amo mucho —dijo Akane que se sacudía las manos, luego sacó a su papá de la tienda con una patada, dejándolo a los pies de Ranma, el chico vio al pobre hombre más muerto que vivo—. Ah, Ranma, toma, mi papá reconsideró la idea y me dijo que yo podía dormir en la tienda, ¿verdad, papi? —le lanzó una bolsa de dormir a Ranma y le sonrió tiernamente a su padre.

—Sabes que yo no puedo negarte nada, princesa —masculló el señor Soun todo atolondrado por tanto golpe antes de quedar inconsciente.

Ranma trataba de dormir pero los ronquidos del señor Soun no lo dejaban, así que prefirió levantarse, miró hacia la tienda, seguro que Akane sí estaba profundamente dormida y no era para menos con todo lo que cargo, la larga caminata y la golpiza que le dio al señor Soun. Vio las brasas de lo que antes era la fogata.

«Si entreno arduamente sin importar que tan pesado sea, pronto me volveré más fuerte, lo que tengo que hacer es que el tío Soun me entrene como entrenó a Akane» pensó Ranma, miró al señor Soun que parecía como si nada, vaya que se recuperaba rápido el señor.


—Buenos días, Ranma —saludó el señor Tendo.

—Buenos días, tío —respondió el chico que estiró sus brazos.

—Aprovechemos el día, empecemos a entrenar de una vez.

—¿Va a despertar a Akane?

—No, mejor que duerma un poco más, la pobre debe estar cansada —respondió Soun que cerró los ojos.

«Seguro tiene miedo a que le dé otra golpiza» pensó Ranma al mirar como una gota de sudor escurría en la frente del adulto.

—Ranma, ¿estás listo para iniciar tu entrenamiento? —preguntó Soun que se levantó con un aura brillante y mirando al horizonte valientemente.

—¡Por supuesto! —respondió el pelinegro imitando perfectamente la postura de Soun.

Soun hizo caminar en cuclillas a Ranma con una piedra sobre su espalda, cuando le decía que debía saltar, Ranma a duras penas daba un pequeño saltito pero se iba de espaldas, Soun meneaba la cabeza como sintiendo pena.

—Vamos Ranma, yo sé que quieres ser más fuerte que mi hija y este entrenamiento se lo enseñe a ella cuando tenía 5 años —le dijo Soun.

—¿Qué? —Ranma se sorprendió.

—Se nota que tu orgullo masculino no te permite admitir que una chica sea más fuerte que tú, y créeme que te entiendo, yo tampoco lo haría —habló Soun—. Es por eso que debes de poner más empeño.

—Sí —sentía algo de pena, pero al saber que Soun también compartía su sentir, eso lo motivó a dar más saltos con todo y la piedra encima.

Llegaron a un pequeño claro, desde ahí podían ver la tienda y a Akane que apenas salía de ella, la chica se estaba estirando, la vieron agarrar un cubo de agua e ir por el río que pasaba cerca.

—La ves, fresca como si nada, Akane es muy resistente, estoy tan orgulloso de mi pequeña —Soun se puso el antebrazo sobre los ojos para ocultar sus lágrimas.

—Tío, sigamos con el entrenamiento no me importa lo pesado que sea —pidió Ranma.

—Ranma, ¿estás seguro?

—Sí, no me importa que tan duro y doloroso sea el entrenamiento, quiero ser fuerte, muy fuerte —determinó el chico, mirando con absoluta seriedad al hombre.

—Muy bien, hijo, te convertiré en el hombre más fuerte de todo el mundo… que hubiera yo dado porque Akane fuera así conmigo —volvió a desbordar lagrimas como si fueran arroyos.


Akane calentó agua y se lavó la cara, después fue por los emparedados que Kasumi les había preparado para el camino, al menos su padre no se los había comido, aún seguían deliciosos. Se puso su gi y se dispuso a calentar un poco antes de ponerse a entrenar. Hizo movimientos que solía hacer en el dojo, golpear, patear, brincar, girar. Probó su elasticidad al saltar y abrir sus piernas por completo, luego tocarse la frente con los dedos del pie estando parada. Unas gotas de sudor adornaron su rostro, se limpió con la toalla.

—Bien, creo que ahora sí, a entrenar de verdad —sonrió para sí.


En un árbol estaba colgando Ranma, extrañado por cómo se encontraba, su cabeza colgaba mientras que con sus piernas dobladas se sostenía de la rama, pero lo peor es que en sus muñecas tenía unas rocas que fungían como pulseras. Se preguntaba de dónde las había sacado Soun.

—Muy bien Ranma, esto es simple, sólo harás 10 abdominales, claro sin caerte del árbol —indicó Soun.

—Solo diez… —Ranma hizo todo lo posible porque sus manos alcanzaran sus rodillas pero apenas se flexionaba un poco y ya no aguantaba, las piedras era el gran impedimento.

—¡Papá! —exclamó Akane que llegó—. ¿No crees que eso sea demasiado pesado para él? —señaló.

—¡A ti que te importa, esto no es demasiado pesado para mí! —contestó Ranma, molesto, sintió que le habían dicho debilucho.

—Claro que no, Akane, él tiene la aptitud para hacerlo y con eso basta —apoyó Soun.

—Bueno, qué más da, ¿cuántas abdominales tiene que hacer? —le preguntó por curiosidad a su papá.

—Diez —Soun no quitaba sus negros ojos de su pupilo.

—¿Qué? ¿Sólo 10? ¡La primera vez que me pusiste ese entrenamiento me pediste que hiciera 300!

—Pero es que tú ya podías hacerlo

—¡Tenía 9 años, animal!

Ranma vio la discusión entre Akane y su padre, ella le reclamaba y él sólo se defendía con escusas estúpidas.

«Sí Akane hizo 300, yo haré 500» se dijo Ranma mentalmente, frunciendo el entrecejo, estaba decidido, no iba a dejar que esas rocas aferradas a sus muñecas lo detuvieran.

—¡Es un milagro que todavía siga con vida teniendo a una bestia como padre! —exclamó Akane mirando con rencor al bigotón.

—Uno —escucharon los dos, dejaron de discutir al ver a Ranma haciendo su primer abdominal.

En el rostro de Ranma se reflejaba el gran esfuerzo realizado, el sudor ya le estaba deslizando en su piel, otra vez el chico volvió a hacer otra abdominal.

—Dos.

—¡Muy bien Ranma, sigue así! —animaba el señor Tendo.

—Bah, mientras que no le empieces arrojar piedras como a mí —recordó Akane, cerrando los ojos y cruzó los brazos poniéndose de perfil como si lo que hiciera Ranma no fuera la gran cosa.

Akane abrió un ojo para ver a Ranma que ya iba por la tercera abdominal, sonrió alegremente, pero notó que las piernas del chico le temblaban. Ágil y veloz subió por aquel árbol, llegando a la rama donde se encontraba Ranma.

—Necesitas mantener más fuerza en tus piernas también —le dijo la chica, se quitó el cinturón del gi para luego amarrar los tobillos del chico a sus piernas—. Así no te caerás, si te cansas, háblame, yo estaré al pendiente, también por si mi papá se le ocurre arrojarte rocas.

La chica saltó desde la rama, cayendo con gracia al suelo, le dedicó una mirada especial haciendo que Ranma terminara sonriéndole agradecido.

—¿Trajiste analgésicos y el ungüento para dolor muscular? —preguntó Soun, Akane asintió—. Menos mal, así el chico podrá caminar para mañana.

—Bueno, yo seguiré entrenando por aquí cerca —avisó Akane.

—Suerte —Soun le mostró el dedo gordo de la mano izquierda.

Ranma ya estaba haciendo su décima abdominal, sentía que se estaba quemando por dentro y estaba empapado de sudor.

—¡Suficiente hijo, lo hiciste muy bien! —felicitó Soun que aplaudió.

—No, aún no es suficiente —respondió Ranma, haciendo otra abdominal.

Akane por su parte observaba a Ranma, se sentía orgullosa que no se hubiera dado por vencido. Vio que su padre empezaba a bostezar, seguro pronto se iba a quedar dormido.

—Papá, ¿Por qué no vas a calentar la comida que nos puso Kasumi? —le dijo.

—¡Buena idea, hija! —respondió el señor lleno de energía.

—Pero no se te ocurra comértela toda porque si lo haces, la paliza que te di a noche no será ni la mitad de la que te daré hoy.

—Yo los llamaré cuando esté lista, Akane, no te preocupes, no probaré nada —sonrió nervioso Soun, se rascó la cabeza.

—Más te vale —amenazó Akane mostrando una sonrisa tétrica.

Soun bajó corriendo, en un minuto lo vio ahí en la tienda sacando la comida, poniendo el fuego y de inmediato puso la comida a calentarse, volteaba a ver hacia arriba donde Akane estaba y le sonreía tontamente.

—Ranma, ¿cuántas vas? —le preguntó Akane, mirando a su prometido que acababa de hacer otra abdominal.

—Quince —respondió.

La cinta se desamarró, haciendo que Ranma perdiera el equilibrio, Akane brincó partiendo las piedras que rodeaban las muñecas del chico y así lograr que el joven pudiera agarrarse de la rama que se encontraba abajo, pero sentía sus brazos muy débiles que pronto se soltó.

—¿Estás bien? —preguntó Akane que lo había atrapado de la muñeca evitando que el joven se diera un golpazo.

—Sí —respondió Ranma, admirando que sí se encontraba a una altura considerable, luego atisbó hacia Akane.

Ella lo alzó sin hacer mucho esfuerzo y luego lo puso sobre la rama.

—Lo has hecho muy bien, Ranma, pero tienes que descansar un poco —Akane le sonrió.

—Gracias, pero no es suficiente, debo seguir entrenando.

—Pero después de que comamos algo, yo sé lo cansado que es hacer esas abdominales, yo apenas hice 30 la primera vez… te aseguro que para mañana tú también harás 30 —le sonrió dulcemente.

—¿30? Pero que no dijiste que tu papá te pidió que hicieras 300

—Sí, pero no las hice, sólo logré hacer 30 pero fue por culpa del viejo porque me lanzaba piedras.

Ranma se le quedó viendo, se lo imaginó y él también podía sentir ese rencor que Akane tenía hacia su padre.

—Sí mi padre me hubiera entrenado así, seguro ahora yo sería mucho más fuerte —musitó Ranma, apretando su puño.

—¿Qué dijiste? —preguntó Akane que se distrajo.

—Nada importante, ¿vamos a comer? —Ranma sonrió dulcemente.

Akane quedó encantada con aquella sonrisa.

—Sí, te ayudaré a bajar.

Ranma parpadeó.

—Yo puedo bajar sin problemas.

—No, no puedes bajar, por eso, déjame ayudarte, ya verás cuando estemos en el suelo, confía en mí, Ranma —Akane le tendió las manos.

Al chico no le quedó otra que tomar las manos de Akane, la chica sonrió de manera infantil y se aferró a la rama con sus piernas, haciendo que Ranma quedara colgando de sus manos, como si fueran unos trapecistas, le dijo que se soltara cuando estuviera en la otra rama, así lo hizo el chico pero al caer sintió que sus piernas eran de algodón porque se doblaron apenas puso los pies sobre la rama, volvió a perder el equilibrio, pero ahí estaba Akane, atrapándolo justo a tiempo.

Llegaron al suelo, Ranma al poner los pies se cayó, quiso levantarse pero sus brazos los sentía demasiado débiles, Akane lo ayudó, poniendo el brazo del chico alrededor de sus hombros y agarrándolo por la cintura.

—Eso que hiciste se llama el entrenamiento del trapecista —contó Akane al percatarse del desconcierto del chico—. Eres fuerte Ranma, estoy segura que en poco tiempo recuperaras las fuerzas de tus extremidades y sobre todo, aquí —le picó el vientre, haciendo que Ranma derramara lágrimas de dolor— te hará más resistente a los golpes.


Llegaron para comer, Soun se estaba sirviendo pero al ver a Akane llegando junto con Ranma, volvió a dejar la comida en la olla.

Ranma no tenía fuerzas ni para agarrar la cuchara, ya que los brazos los sentía acalambrados y le temblaban descontroladamente, pero Akane le dio de comer en la boca, parecía que no le molestaba hacerlo, se veía contenta. El chico se sonrojó.

—¡Gracias por la comida! —exclamó Soun que se dio unas palmaditas en la panza.

—Provecho —respondió Akane.

—Bueno, daré una pequeña caminata para que se me baje pronto la comida y luego regreso por ti Ranma, para seguir entrenando —avisó el papá de Akane antes de marcharse.

—Eh, Ranma, si quieres, puedo entrenarte, te prometo que no voy a ser tan dura como lo es mi papá —dijo Akane que le daba otra cucharada a Ranma, pero el chico cerró la boca.

—El entrenamiento que me está dando tu papá está bien —respondió Ranma con amargura.

—Pero te puedes lastimar…

—No, Akane, agradezco tu ofrecimiento, pero soy hombre y yo puedo con un entrenamiento tan pesado como los de tu papá, no tienes que preocuparte por mí —defendió el chico, se notaba molesto.

«Seguro piensas que soy tan débil que no soportaré los entrenamientos de tu papá» miró a la peli azul con molestia.

—Como quieras, pero te advierto, que de un momento a otro, mi papá me va a pedir que yo pelee contigo y no quiero que salgas con tu clásico "yo no peleo con niñas" —refutó Akane que tenía el ceño fruncido.

La chica le dejó el tazón de sopa cerca de él, dio las gracias por la comida y se levantó yéndose por donde se fue su papá, dejando a Ranma solo.

—Akane, me volveré más fuerte que tú, cueste lo que me cueste… —dijo Ranma, bajó su mirada hacia el tazón—. No me perdonaría que algo te pasara porque yo no pude protegerte.

Escuchó un grito femenino y a continuación los insultos que Akane le lanzaba a su papá, algo le ha de haber hecho para que la chica se escuchara tan molesta, vio como el cuerpo de Akane caía al río y de ahí salía a flote un rubio a quien el gi le quedaba más pequeño.

—¡Maldito viejo! —el rubio se quitó el gi para quedar en camiseta y bóxer y se fue corriendo.

—¡No, Akane, espera! ¡Sólo fue una broma! —escuchó del señor Soun.

Ranma parpadeó un par de veces, tenía los ojos bien abiertos y una gota de sudor resbalaba por su nuca, ¿qué estaba pasando? Sólo escuchaba como se derrumbaban algunos árboles, los gritos de batalla de Akane chico y otros gritos de dolor por parte del señor Tendo.

—¡Ya basta, Akane! Ahora sí pelearemos en serio, no tendré piedad de ti y mucho menos ahora que eres hombre —señaló Soun que llegó a donde estaba Ranma.

—¡Por mi está perfecto, viejo estúpido! —respondió Akane que apareció al segundo.

Los dos se veían retadoramente, Soun se colocó en pose de combate, llevando su pie izquierdo un poco hacia atrás, su puño derecho a la altura de su pecho hacia adelante, el puño izquierdo a la altura de su cintura hacia atrás, sus ojos negros brillaron y una sonrisa altiva se hizo presente en su rostro. Akane simplemente se quedó ahí parada, cruzando los brazos a la altura de su pecho y mostrando una sonrisa arrogante.

El señor Tendo se le lanzó a Akane, era la primera vez que Ranma miraba al hombre con verdaderas ganas de pelear con alguien y se impresionó por la aura de batalla que desprendía, incluso llegó a preocuparse por Akane.

El rubio se movía de un lado a otro eludiendo los puñetazos y patadas que el señor Tendo pretendía darle, Akane detuvo con la palma de la mano un golpe que iba hacia su rostro, atrapó el puño de su padre, se agachó dándole un golpe en el costado con el perfil de su mano y luego una patada en sus corvas, Soun perdió el equilibrio, momento en que Akane lo alzó para arrojarlo contra un árbol.

—¿Qué piensas rendirte tan pronto, viejo inútil? —preguntó Akane a su padre que se levantaba del golpe recibido.

—Claro que no, sólo calibrara tu velocidad y veo que has mejorado —sonrió el señor.

—Lástima que yo no puedo decir lo mismo de ti, viejo, te estás volviendo más lento —contestó Akane sonriendo con petulancia.

—¿Eso crees, mocosa? —Soun apareció frente al rubio, dándole un rodillazo en el vientre, arrojando al joven a un par de metros—. ¿Sigo siendo lento? —enarcó una ceja.

Akane chasqueó la lengua, se pasó la mano por la boca limpiándose la saliva que escupió por el golpe.

—Como una tortuga, anciano —respondió Akane.

Ranma miraba como los dos se golpeaban, era impresionante verlos pelearse así, en la casa no se demostraban como tal, a lo mejor porque no querían destruir la casa como estaban destruyendo esa parte, cada vez el claro donde se quedaban se estaba haciendo más grande. Suspiró hondamente, ojala pudiera tener esa fuerza que esos dos tenían.

Soun estrelló contra una roca del rio donde se le vio hundirse y luego salió flotando como panda con los ojos hechos remolinos y mostrando un letrero donde se rendía ante la pelea, luego mostraba otro cartel diciendo que Akane era la mejor.

—Oye, Akane, ¿no crees que deberías de ayudarlo antes de que se vaya a caer por la cascada que está más adelante? —señaló Ranma a panda que era arrastrado por la corriente del río.

—Nah, déjalo, le caerá bien refrescarse un poco más —Akane no le importaba lo que fuera a pasarle a su padre.

—Pero puede lastimarse.

—Sale vivo de mis golpizas, caer de una cascada no es nada —respondió el rubio que se cruzó de brazos y cerró los ojos, sonriendo con victoria.

—Mide como 30 metros de altura…

—¿30 metros? —repitió Akane que abrió un ojo, el chico de la trenza asintió—. ¡Ey, viejo, sino quieres caer de una cascada de 30 metros, será mejor que despiertes!

Fueron palabras mágicas ya que el panda enseguida se puso a nadar en contra corriente, el animal mostraba horror en su rostro, Akane le tendió una gruesa vara a la cual el animal se aferró como si fuera un koala, el rubio levantó al panda arrojándolo contra otro árbol en el cual se estrelló y cayó inconsciente con los ojos hechos cruz.

Akane se metió dentro de la tienda y salió vestido con una playera sin manga color verde oscuro con broches amarillos, muñequeras de color amarillo que le llegaban cerca del codo, pantalones negros y sus zapatillas chinas.

—¿No piensas volver a ser chica? —preguntó Ranma, curioso.

—Más tarde, después de que me bañe —respondió el rubio—. Bueno, espero que cuando mi papá despierte tú ya te encuentres mejor y así entrenen arduamente, nos vemos al rato —metió las manos en los bolsillos y se fue de ahí pateando una piedra del tamaño de una bola de beisbol.


Akane se acostumbró a escuchar los gritos de dolor de Ranma, al principio le dio cosa que quería ir corriendo a ver lo que le sucedía pero luego recordó las palabras que el ojiazul había dicho, eso la hacía quedarse y continuar con su propio entrenamiento.

Llegó para la cena, comió en compañía de su papá y Ranma, el pobre chico lucía muy cansado y adolorido.

Después de bañarse se echó agua caliente volviéndose chica. Miró hacia el cielo, ahí en las montañas la noche lucía hermosa, estaba el cielo estampado por miles de estrellas y una gran luna llena que iluminaba aquel claro donde ellos se encontraban. Escuchó los ronquidos de su papá que dormía sobre una toalla y a Ranma también durmiendo como roca. Entró a la tienda y sacó una cobija, se la colocó a su papá.

—Te quiero, papá —susurró suavemente, plantándole un pequeño beso en la mejilla y terminó de acobijar a su padre.

Soun esbozó una sonrisita, y luego volvió a roncar. Akane se dirigió a Ranma para acomodarle la cabeza ya que la tenía bastante doblada y lucía incómodo.


Caminó hacia el árbol donde en la mañana Ranma estuvo haciendo las abdominales, subió a la rama más alta para admirar esa hermosa noche, si era posible se quedaría ahí dormida. Estaba embelesada por aquella hermosa luna hasta que escuchó el crujido de unas ramas, luego unos pasos torpes, visualizó hacia abajo, encontrándose con la silueta de Ranma.

—¡Ranma! —exclamó Akane, sorprendida de verlo.

—¡Akane! —Ranma visualizó hacia arriba.

—¿Qué haces ahí? —preguntaron los dos al mismo tiempo.

—Pues yo admiro la bella noche —respondió Akane que sonreía, por la luz plateada de la luna podían verse bien—. ¿Y tú?

—Yo, sólo vengo a entrenar, quiero hacer más de 30 abdominales —respondió el chico.

—Olvida eso por un segundo Ranma, y mejor acompáñame a ver la luna —invitó Akane que bajó a la rama más cerca del suelo.

Akane le tendió la mano, Ranma se quedó dudando por un segundo, pero luego aceptó la invitación de Akane, tomó la mano de la chica.

—No te soltaré, te lo prometo —dijo la chica.

Otra vez la chica aplicó el entrenamiento del trapecista, Ranma se dio cuenta que la fuerza surgía desde el vientre para poder soportar el peso. Akane lo hacía subir a la rama y luego ella, para después saltar a la otra rama y seguir el proceso hasta llega a la última. Ranma quedó recargado sobre el tronco del árbol y Akane estaba sentada muy cerca de él.

—¿Verdad que es preciosa? —preguntó Akane señalando la luna.

—Sí, muy hermosa —respondió Ranma que no veía precisamente la luna, sus azuladas pupilas se concentraron en el rostro de Akane.

—Me gusta venir a lugares abiertos como éstos a entrenar, porque sólo aquí puedes admirar las verdadera belleza de la naturaleza —Akane se veía tan contenta.

—Es verdad.

—Eh, Ranma —Akane volteó a verlo, Ranma se ruborizó porque desde que estaban sobre la rama él no había quitado su mirada de la chica—. ¿Tú crees que si le pides un deseo a la estrella fugaz, se cumpla?

—Este, no sé, no he tenido la oportunidad de ver una… —Ranma empezó a jugar con sus dedos, nervioso.

—¡Una estrella fugaz! —Exclamó la chica como niña chiquita, muy emocionada, tanto que tomó la mano de Ranma—. ¡Vamos, pide tu deseo, Ranma!

La chica cerró los ojos con fuerza y cruzaba sus dedos, Ranma tan sólo se le quedó viendo, pero al segundo también cerró los ojos.

—¿Qué pediste? —preguntó entusiasmada.

—Yo… este, no, los deseos no se pueden decir porque entonces no se cumplen —contestó el chico, nervioso.

—¿En serio? ¡Oh!, ahora entiendo porque los míos no se cumplían, siempre los pedía en voz alta y se lo decía a mi papá —dijo la chica que miraban de un lado a otro—. Entonces este que pedí si se me va a cumplir porque no lo dije en voz alta y no se lo pienso decir a nadie —a veces Akane era tan inocente que lo cautivaba, haciendo que le diera enormes ganas de tomarla entre sus brazos y no soltarla nunca.

—Sí, se te hará realidad —Ranma se moría de curiosidad por saber qué es lo que ella había pedido, ¿estaría él involucrado en ese deseo como ella lo estuvo en el suyo?

—¡Genial! —exclamó Akane que de lo emocionada que estaba alzó la mano enérgicamente y casi cae de la rama, pero el ojiazul la atrapó de la muñeca.

La atrajo hacia él, haciendo que la cabeza de Akane quedara sobre su pecho, sus brazos inevitablemente envolvieron el delgado cuerpo de la peli azul, Akane estaba desconcertada por aquel acto de su prometido, el chico puso su cabeza sobre la de ella, embriagándose con el hermoso aroma de sus cabellos. Akane sonrió, estaba feliz de sentirse protegida por él. Ranma también sonrió, al fin la tenía entre sus brazos y no pensaba soltarla.

—La estrella fugaz sí cumple los deseos, Akane —habló suavemente Ranma.

Akane se puso roja al escucharlo, se quería morir, nunca había sentido algo así, un remolino de emociones recorrieron su cerebro y se fueron a estacionar en el estómago donde sentía mariposas revoloteando, ni que se diga de su corazón, parecía que iba a explotar de lo rápido que palpitaba, hablar en ese momento sería como echar todo a perder y es lo que menos quería, lo único certero que hizo fue aferrarse a él, como si supiera que mañana se acababa el mundo y sí se quedaba con él no pasaría nada. Se puso más roja cuando un par de palabras resonaban en su cabeza, dentro de ella había un conflicto entre decirlas o no decirlas, su cerebro le ordenaba que no lo hiciera, porque era demasiado pronto para que salieran a la luz, pero su corazón decía todo lo contrario, casi ordenándolo que tenía que decirlas. Sintió como la respiración del chico era más tranquila y que los agitados latidos de su corazón habían cesado, se separó un poco para verlo, Ranma estaba completamente dormido, se veía tan tranquilo, tan lindo con sus ojos cerrados y su boca entre abierta.

—Ranma… no sólo eres lindo cuando sonríes, también cuando duermes… —susurró Akane, acarició suavemente el rostro del chico, estaba encantada de verlo dormir tan pacíficamente, se ruborizó pero tenía que hacerlo, se levantó un poco y le dio un tierno beso muy cerca de los labios de Ranma, el chico arrugó su nariz y esbozó una ligera sonrisa— te quiero, Ranma.


Hola! Les traigo un nuevo capítulo, adaptado a cuando Ranma fue a entrenar a la montaña con su papá, pero con algo de diferencia. A partir de este capítulo Ranma ya se pone las pilas para entrenar para hacerse más fuerte y que mejor que con la ayuda de los delicados entrenamientos de Soun que trata como a una verdadera princesa a su hija. Espero que el capítulo sea de su agrado, :3 me encanta leer sus opiniones respecto a la historia y me dan cuerda para seguir escribiendo, muchisimas gracias n.n de verdad se los agradezco de todo corazón.

Muchas gracias por leerme! :)

Gracias a: Guest, akarly, akane192530, Shana, Pame-Chan neko, Cata3, Lucero, Krizz, xXx-aihiwatari-xXx, Rutabi, Dayana, suzuki n.n

Guest, perdón por ser tan cruel por tardar tanto con lo del beso de Ranma y Akane.

akane192530, muchas gracias linda, cuando leí tu comentario me hiciste que me pusiera roja -*_*-

Shana, el beso tardará unos capítulos (pero prometo que después de ése beso consciente entre los dos habrá muchos más) pero sirve como compensación momentos romanticos entre nuestros protagonistas?, respecto a cada cuando publico, lo hago cada dos o tres días.

Krizz, claro! falta Happosai, él es como la cerecita pervertida del pastel, que sería Ranma½ sin nuestro querido maestro? También Ukyo estará presente en la historia ;)

Rutabi, me cachaste U.U sí he estado viendo con mucho "sacrificio" algunos capítulos de Ranma.

Y sin cansarme de hacerlo: ¡Gracias!

Se despide con un beso y un abrazo: maxhika

nos leemos pronto n.n

bye bye