Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TOCANDO FONDO
CAPÍTULO 25
Bella
Llevaba un mes fuera del centro.
Un mes en los que había tenido altibajos, no por sentir la necesidad de drogarme o algo similar, sino por haber sentido miedo de no poder enfrentarme a todo.
Los trámites para obtener la guarda legal de Leah estaban perfectamente encaminados. Semanalmente me realizaba pruebas y análisis para constatar la ausencia de drogas en mi organismo y, desde luego, todos los resultados habían sido negativos.
Las primeras dos semanas, Tanya se había quedado a dormir conmigo en mi departamento y realmente no me había dado cuenta de cuánto me había ayudado, hasta que se había marchado.
La primera noche que dormí sola, me desperté unas seis veces durante la noche. Sentía ruidos extraños, me parecía que alguien me observaba, o tenía pesadillas en las que me veía frente a una gruesa línea de cocaína o una montaña de pastillas, o viendo a los Cullen alejarse llevándose a mi hermana consigo.
Después de la primera noche, las siguientes fueron más fáciles, y para cuando cumplí mi primer mes fuera del Betty Ford, ya lograba dormir una noche completa sin sobresaltos.
Los días eran más ocupados. Tanya me había convencido para inscribirnos en un curso de repostería y allí nos pasábamos las mañanas, intentando cocinar dulces y tartas que pasaran de comestibles a increíblemente exquisitas.
—Dios, Bella —suspiró Tanya comiéndose un cupcake que acababa de decorar con un glaseado azul —Está buenísimo. ¿Qué le has puesto? Tiene un sabor picante raro.
—Lleva jengibre —expliqué sonriente
—¿Jengibre?
—Sí. Idea de Esme. El otro día hizo pan de jengibre y eso me dio la idea.
—Esme, Esme, Esme, ¿Cómo no? —respondió Tanya burlona —Te estás apegando mucho a esa mujer.
—Es la madre que me hubiera gustado tener —confesé con un suspiro.
—¡Uy, no! —se mofó mi amiga —Estarías demasiado cerca de convertirte en una incestuosa —rió obligándome a sacarle la lengua.
—No hay nada entre Edward y yo. Solo somos amigos.
Era la verdad. Edward y yo nos habíamos convertido en amigos y no éramos más que eso, pero yo valoraba enormemente su amistad.
Desde que me había disculpado con él por besarle, hacía ya casi tres semanas, habíamos hablado por teléfono casi a diario y nos habíamos visto algún fin de semana en casa de su madre.
Él me apoyaba y me aconsejaba siempre que lo necesitaba y yo sabía que podría siempre contar con él. Aunque a veces prefería mantenerme a distancia, para no confundirme.
No me estaba resultando sencillo.
—Sí, claro. Te lo tirarías si pudieras. —aseguró Tanya.
—Tiene novia —aclaré una vez más, como tantas veces había hecho en esas semanas —Está enamorado de su novia y, lo creas o no, yo no soy de las que se meten con los hombres con compromisos. —dije sin poder evitar pensar en Marco Vulturis y todos aquellos tipos con los que me había ido a la cama sin importarme sus relaciones o parejas —Bueno, en realidad la nueva yo, no es de ésas —me corregí haciendo reír a mi amiga.
Esa tarde, después de cocinar cupcakes con Tanya, mi amiga se marchó a Alaska a visitar a sus tíos.
Después de que Tanya se marchara, y de limpiar la cocina y los trastos que habíamos utilizado para preparar nuestros cupcakes, llené la bañera y me hundí en el agua perfumada hasta quedar completamente relajada.
El agua empezaba a perder su calidez cuando el timbre del departamento me sorprendió. Salvo Tanya, no solía recibir visitas no anunciadas tan tarde.
Salí de la bañera y me puse el albornoz antes de dirigirme a la puerta del departamento.
Jacob Black me miraba desde el otro lado con su típica sonrisa radiante.
—¿Jacob? —pregunté sorprendida en cuanto abrí la puerta para encontrarme con quien había marcado una gran parte de mi vida. —¿Qué haces tú aquí?
—¿Cómo estás, preciosa? —dijo entrando en el departamento sin esperar a ser invitado —Supe que estabas viviendo aquí y se me ocurrió venir a verte —dijo sonriendo.
Temblé cuando lo vi.
Todo lo que yo estaba intentando dejar atrás estaba representado en ese hombre que acababa de volver a mi vida.
—¿Cómo supiste que estaba viviendo aquí?
—Todo se sabe —rió dejándose caer en el sofá del salón con desparpajo, a la vez que sacaba una cajetilla de cigarrillos de su chaqueta y encendía un cigarrillo.
—¿Quién te lo dijo? —insistí.
—Quil te vio ayer bajando de un coche frente a este edificio y me imaginé que estarías instalada aquí.
—¿Conocías este departamento? —pregunté sorprendida.
—Sí —reconoció sonriendo con petulancia —Y bien, nena, ¿cómo estás?
—Bien —dije sentándome en el sofá frente a Jacob.
—Dicen que estuviste en el Betty Ford...
—Salí hace un mes.
—Vaya, Bella, es genial. Imagino que habrá sido una mierda, ¿no?
—Fue duro —reconocí —Demasiado, pero lo estoy superando.
—Es genial, preciosa —dijo Jacob levantándose de su lugar para sentarse junto a mí —Eso tenemos que festejarlo —sonrió cogiendo la cajetilla de Marlboro que había dejado sobre la mesita de café.
De la cajilla sacó un cigarrillo de marihuana y lo encendió antes de que yo pudiera decirle que no lo hiciera.
Dio una amplia calada y me entregó el porro.
—No quiero —dije intentando no oler siquiera el humo que despedía —Y preferiría que tú tampoco fumaras aquí.
—Venga, cariño. ¿Cuánto llevas limpia?
—Poco más de cuatro meses.
—¿Cuatro meses? —exclamó sorprendido —Oh, nena, sin dudas te mereces fumártelo tú solita —insistió poniendo el porro sobre mis labios.
—¡No quiero, Jacob! —grité poniéndome en pie y alejándome de él.
—Vamos, Bella, te lo has ganado.
—¿No lo entiendes? Estoy limpia y quiero mantenerme así. Podría perder a mi hermana.
—¿Tu hermana? ¿Aún sigues insistiendo con lo de tu hermana? —preguntó condescendiente recostándose en el sofá y dando una amplia calada al porro.
—¿Qué quieres decir? —gruñí —Desde luego que insisto con lo de mi hermana. Estoy tramitando la custodia legal de Leah y no me la darán si me drogo.
—Eso son idioteces. La zorra de Renée tenía vuestra custodia y todos sabemos que era una zorra. Incluso Seth consiguió la custodia de Leah y la tuya y era un tipo perdido. Lo lleváis en los genes, Bella, lo mejor que puedes hacer es olvidarte de tu hermana. De cualquier forma acabará convirtiéndose en una zorra, lo heredará de su madre, como tú.
—¿Quién coño te crees tú para hablar así de mi familia? Tú no sabes nada de mi madre, ni de mi hermano. —rugí sintiéndome indignada.
Jacob se había portado como un maldito cabrón cuando mi hermano había muerto. Ni tan solo se había preocupado por acudir a su funeral.
Jacob sonrió con una sonrisa sarcástica que no logré comprender, pero me ponía nerviosa ver la forma en que miraba con condescendencia.
—¿Qué me miras así? —rugí entrecruzando los brazos sobre mi pecho.
—De verdad no tienes ni idea, ¿verdad? —dijo burlón.
—¿De qué estás hablando?
—Probablemente yo conocía a tu madre y a tu hermano, más que tú misma.
—¿A qué coño te refieres?
—Tu hermano y yo manteníamos una relación. —dijo confundiéndome y extrañándome.
—¿De qué hablas? Ya sé que teníais una relación. Todos la teníamos. Cualquiera hubiera pensado que formábamos un grupo de amigos, aunque con la muerte de Seth, algunos de esos amigos dejaran mucho que desear —dije con retintín.
—No me refiero a eso.
—¿Y a qué te refieres?
—Por Dios, Bella, con todo lo que hemos vivido y la vida que hemos llevado, ¿no te has enterado aún? Yo me follaba a tu hermano —sentenció haciéndome tremolar.
—¿Qué dices? Eso es una estupidez. Seth no era gay.
—Tal vez no era gay pero le encantaban las pollas bien gordas bien enterradas en su agujero...
Furiosa me incliné sobre el sofá mirándole claramente amenazante.
—No te atrevas a hablar así de mi hermano —ordené entre dientes.
—Tanto como le gustaba a tu madre que la azotara mientras me la follaba —explicó Jacob sonriente.
Mi estómago se revolvió con sus palabras.
—Tú nunca te follaste a mi madre —susurré asqueada con los ojos llenos de lágrimas.
—Vaya si lo hice. Lo hice durante años hasta que murió. —aseguró y tristemente no tuve muchos motivos para dudar de sus palabras —Me follaba a tu madre mientras le contaba con todo lujo de detalles la forma en que te follaba a ti.
—Eso es enfermizo. —dije con desagrado dejándome caer en el sofá.
—¿Tienes dudas de que tu madre estuviera enferma?
—Ella lo estaba y tú también. ¿Seth lo sabía?
—Yo nunca se lo dije pero supongo que se lo imaginaría. Seth solo quería que tú nunca te enteraras que él y yo follábamos juntos.
—¿Por qué?
—Porque temía defraudarte —explicó riendo.
—No creo nada de lo que dices.
—¿Cómo puedes dudarlo, Bella? —me respondió levantándose de su lugar para sentarse a mi lado —¿Cómo puedes dudarlo después de todo lo que has visto? Tú eres quien eres gracias a la familia que has tenido y la forma en que has crecido y has sido educada. Nunca podrás dejar los excesos porque son parte de ti —murmuró Jacob colando su mano bajo mi bata para tocar mi pecho desnudo y apretando el pezón para endurecerlo. —Esto es lo que somos, Bella —agregó besando mi cuello mientras deslizaba su mano sobre mi vientre desnudo para alcanzar mi pubis.
No pude soportarlo. Me sentía asqueada y sin lugar a dudas estaba anonadada, y no pude soportarlo.
Me alejé de Jacob, poniéndome en pie a la vez que ataba el cinturón de mi bata.
—Vete, Jacob —ordené sin mirarle —Vete y déjame en paz.
—Venga ya, Bella, tú sabes que tú y yo somos iguales y no podemos evitar esto.
—Yo no soy igual a ti. ¡Vete, Jacob! No quiero volver a verte. ¡Vete y no te cruces en mi vida nunca más! —grité furiosa.
—Como quieras. Ya sabes dónde encontrarme cuando te canses de tu vida aburrida y monacal —dijo abandonando el departamento.
Cuando me volteé, vi un paquete de cocaína que había dejado sobre la mesita de café.
Temblorosa y aterrorizada por el temor a no saber resistirme, llamé a la única persona que podría ayudarme a no caer.
Edward Cullen.
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Besitos y gracias por leerme.
Adelanto:
—Dios, Edward, lo siento. Siento mucho haberte llamado… pero… Dios, Edward, tengo miedo.
—Por favor, Bella —rogué —Dime qué sucede, por Dios.
—Es Jacob —me explicó gimiendo
—¿Qué sucede, Bella? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estás? —pregunté a la vez que buscaba mi ropa en el suelo y me la ponía sin soltar el teléfono que sostenía entre mi rostro y mi hombro.
—Estoy en casa…
—¿Estás en casa? —me extrañé —¿Jacob está contigo?
—No, acaba de marcharse…
—¿Qué sucede, Bella? ¿Te ha hecho algo Jacob?
