Capítulo 25: El Principio.

P.O.V. Bella

¡Crack!

El sonido de la desaparición conjunta de Harry, Ron y Hermione, resonó a cinco metros fuera de la casa, junto con el bosque.

Miré a Ethan, y sonreí, suplantando el sentimiento de angustia y preocupación qué Harry había dejado al irse otra vez. Sin embargo, no estaba enojada por no decirme que plan tenían con Griphook preparado.

-estaré adentro... – anuncié en un murmullo. Sentí qué mis padres asentían.

Ethan tenía tan sólo una semana y media, y sus jitos todavía eran negros. Síntoma de que su clor de ojos no era definido aún. Sirius me siguió detrás.

-iré a la Madriguera y veré cómo están mis chicas. – dijo tranquilamente, mientras se acercaba a la chimenea.

-cualquiera qué conocería al Sirius Black qué estudiaba en Hogwarts con 15 años, se quedaría con la mandíbula colgando al saber qué tiene una hija y una novia estable y qué le ama mucho. – dije riendo.

-pero con la satisfacción qué yo me declaré enserio a mitad de sexto año y no cómo Cornamenta, qué fue al séptimo año. – dijo maliciosamente. Sonreí. – Dile a Lupin qué en una hora lo quiero aquí, - le dije severa. Abrió desmesuradamente los ojos, y me miró con un poquito de miedo. - ¿Entendido, tiíto? – le dije inocentemente. Afirmó con la cabeza aprensivamente. - ¡Perfecto! – dije saltando después de dejar a Ethan en su coche. – Ve, y salúdame a "tus chicas" – dije divertida.

-¡Sí mi Capitán! – dijo en saludo militar. Me reí. – Señorita, -dijo haciendo una reverencia exagerada, agarró un puñado de polvos Flu, y se fue en una llamarada verde. Segundos después, la chimenea se volvió a llenar de llamas verdes, y, en ellas, apareció Edward.

-¿Cómo van las cosas por acá, Bella? – me preguntó acercándose a mí y plantándome un beso suave. - ¿Y Harry?

-Se acaba de ir a continuar la misión. – me encogí de hombros y solté un suspiro de nostalgia. La misión... no... No podía ir... tengo que cuidar a Ethan.

Instintivamente, posé mi vista en él. Su carita, tan inocente, tenía los ojitos cerrados. Desde qué nació, nunca abrió sus ojos. Y era muy raro. Con la vista puesta en el equipo de música, me acerqué al susodicho aparato, y la música de Beethoven se escuchó en toda la estancia a un volumen imperturbable para Ethan.

-¿para estimular su cerebro? – susurró Edward en mi oído. Asentí con una sonrisa. – Si qué eres la indicada... – dijo con regocijo.

Me reí con una risita tranquila pero con un volumen bajo para no despertar al niño.

-pues tu el indicado – le dije con simpleza. Lo miré con fijeza y ternura. Puse mis dos manos a los lados de su rostro, y lo acerqué. Tuve qué ponerme de puntillas para besarlo, ya que él es más alto.- humm... – murmuré complacida. – mucho mejor... hace dos días qué no lo hacía...

Cómo si fuese una muñequita del cristal más fino qué tuviese en sus manos, me guió hacia el sofá, haciéndome sentarme en sus piernas. Sus brazos me rodearon por la cintura y su mentón descansó en mi hombro.

-... cómo llevará Lunático lo de ser padre... – se escuchó decir a papá, qué charlaba con mamá. Venían de la cocina.-me gustaría verlo cambiar un pañal... – dijo tentado.

-¿Para qué? – preguntó mamá divertida ya sentada en la falda de papá en un sillón individual. – si ya viste cómo cambiaba de bebé a Bella – dijo riéndose. - ¿te acuerdas cuando le hicimos cambiar a Harry a Sirius? ¡Fue épico! – y rompió a reír junto con papá.

Salté de inmediato.

-¡Ni se les ocurra pensar en mí cuando era una bebé o revelo en qué año mamá se enamoró de papá! – entrecerré los ojos, ocultos por mis gafas ligeramente cuadradas. Mamá entrecerró los ojos amenazadoramente.

-no te atreverías... – dijo mamá con voz peligrosa.

-¡Pruébame! – le desafié divertida. – mamá se enamoró de papá a los...

-ya, Bella – dijo Edward, divertido. – no importa... de todos modos, sabré cómo eras tarde o temprano. –dijo sin borrar la sonrisa. – igual, al aprender Oclumancia y perfeccionarla (cómo tus padres) dejo de escuchar su mente. Cómo Harry siempre tuvo problemas con eso, se me es difícil de leer su mente... es difuso lo qué percibo de la cabeza de él.

-ah... – dije simplemente. Me dirigí a mis padres. – ya están prevenidos. – le dije sonriéndoles.

Después, los cuatro, estallamos a carcajadas en bajo nivel.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

-... y decía ¡Prefiero salir con el calamar gigante antes qué contigo, Potter! - suspiró Sirius con nostalgia, mientras papá lo miraba con malas pulgas. – Ese día, la primera vez qué se lo dijo a Cornamenta, fue épico... – sacudió la cabeza con aire divertido. – hasta Quejícus se echó a reír...

-Hazme el favor de limitarte a decir Quejícus o su nombre de pila en esta casa, Sirius. – le dije seria. – después de lo qué hizo, jamás volverá a ser mi profesor favorito. – repliqué. Vi a mamá mordiéndose en labio inferior.

En la sala, quedo un silencio sepulcral

-¿No dijo tío Remus cundo venía o nosotros tenemos qué ir para la casa de tía Dromeda? – dije para cortar el silencio.

-no... – dijo papá con la frente arrugada. – él dijo que venía para acá por Red Flu. – asentí. A paso lento, caminé hacia donde estaba el coche de Ethan para ver si había despertado. En efecto, tenía los ojos abiertos en par en par. Pero no fue por eso qué ahogué un grito de sorpresa. Ese ahogo, fue por ver los ojos del niño. Era como si de fondo, tuviese los ojos marones, cómo mi papá. Pero había motitas de verde esmeralda, mezclado con dorado. Eran raros y hermosos.

Edward, que me miró al haber escuchado en grito ahogado, camino a paso humano hacia mi lado. Cuando los vio, abrió la boca hasta su máximo punto.

-Es... son... ah... – dijo incoherentemente. Trague saliva.

-Son hermosos – dije en un susurro. – mamá... – le llamé.

-Por Merlín santo... – dijo en mi mismo tono cuando le miró a los ojos. – es... son... especiales... James – dijo ella con voz neutra. – ven acá. – papá repitió la acción de mamá. Abrió desmesuradamente los ojos.

-¡son los ojos más raros y especiales qué he visto en mi vida! – dijo tío Sirius cuando los vio. Belle aclaró la garganta. – Eh... después de ti cariño... – dijo cariñosamente a Arabella. Sonrió complacida, y yo me eché a reír.

-Ya te tienen domado, Sirius/tío – dijimos papá y yo al mismo tiempo. Y estallamos a carcajadas.

Me agaché ligeramente sobre el coche donde estaba Ethan y lo cargué. Cuando me erguí, las llamas de la chimenea desaparecieron dejando a la familia Lupin en la sala. Se me iluminaron los ojos.

-¡Tío Remus! – exclamé de felicidad. Detrás de él, apareció Tonks con Teddy. - ¡Dora! ¡Teddy! – caminé hacia mamá y le di a Ethan, para ir directamente a Teddy. Lo observé.

Su carita era angelical, un aire Dora cuando tenía unos meses. Su pelo era una mata de color turquesa y sus ojos eran cómo la miel, iguales a los del tío Remus.

-hola Ted-Ted – le dije haciéndole muecas, una risa silenciosa hizo aparecer. Enseguida su pelo se tornó pelirrojo con manchas oscuras. Y sus ojos, los cambio a los míos, Verdi-castaños. – se parece mucho a ti, tío Rem-Rem – le dije inocente por el apodo nuevo. Papá y tío Sirius ahogaron una risa. -¿Qué pasa, Sir-Sir? – le pregunté a Canuto. Él me miró mal. Papá ya estaba riendo a mandíbula abierta.

-Cállate, Jamsie-pooh – le dijo mamá con voz infantil con tono de burla. Papá interrumpió su carcajada en seco.

-¿Por qué demonios no les dije a las chetas esas qué no quería ningún club de fans? – susurró papá abochornado. – me hubiese ahorrado mucho hoy.

-Pues déjame decirte, Cornamenta, qué ese fan-club tuyo lo dejaste correr para darle celos a la pelirroja. – atacó tío Sirius con burla.

-Y vaya los celos qué le daban a Lily... – comento mi padrino.

-¡Remus! – exclamó mamá. Largué una carcajada. Me estaba divirtiendo a lo lindo con los comentarios de 1973/77 - ¡Cállate ya! – gimió mamá desesperada y molesta con tío Remus. Eso atinó a qué mi risa subiese de tono. – ni qué alguien le hubiese dado una patada a la Señora Norris. – protestó. En eso, me callé y me ruboricé. Todas las miradas se posaron en mí.

-no... – susurró papá. - ¿dime, qué no le diste una patada en el culo a esa asquerosa gata?

-¿Puedo mentir diciendo no? – pregunté con una vocecilla. Y de sopetón, los merodeadores, mamá y Tonks, se carcajearon. -¡Oh! ¡Ya paren de reír! – les dije apenada.

-Cuéntame, hijita mía de mi corazón, - dijo papá entusiasmado cuando pudo zafarse de la risa. - ¿Por qué lo hiciste, mi mini-merodeadora?

-Pues... – dije todavía abochornada. – fue cuando quise ir a ver bien el retrato de la Señora Gorda en tercero... cuando Sirius intentó cargarse a Pettegrew – hice una mueca, cómo todos, al mencionar el apellido de la rata traidora. – cómo no tenía la capa, utilicé la escusa de ir al baño con Percy... quince minutos esperé en qué Percy se diera la vuelta para qué no me viera. ¡Quince! – bufé. – cuando se dio vuelta, salté silenciosamente hasta el otro lado de la puerta del Gran Comedor y empecé a caminar ligero... una escalera antes de llegar al retrato de la dama Gorda, la gata fea esa se cruzó y me miró con esos ojos maliciosos. Y antes de qué me diera cuenta, ella ya se estaba yendo para ir a avisarle al squib de Filch. Me enojé, al estilo Evans (según Sirius, qué me vio), y corrí hacia ella y le di tal patada que terminó parada a dos escaleras del nivel del Gran Comedor. – mamá, papá, Remus, Sirius, Arabella y Dora se echaron a reír. – Claro, después de eso, me largué a correr. – me encogí de hombros. – después le dije a Percy que estaba agitada porque me caí, y al escuchar qué alguien venía, vine corriendo. Así qué... no le mentí del todo. Pero ya... – me quejé, abochornada. - ¡dejen de reír! – exclamé.

-Oh, Bella...-dijo papá sacándose una lágrima de risa. - ¡Tú si qué eres Merodeadora! – Exclamó con orgullo.

-A diferencia de Harry, -dije más tranquila, ya qué las risas cesaron. – yo merodeaba por el castillo por diversión. En cambio mi hermano-pelusa (entiéndase, Harry) se iba a merodear por el castillo para averiguar lo qué ocultaban los profesores. Cómo: La piedra filosofal, visitar a Hagrid para darle apoyo moral por la noche, averiguar porque el nombre de un "muerto" – hice comillas con los dedos en la última palabra. – aparecía en El Mapa del Merodeador, averiguar la primera prueba del Torneo de los Tres Magos, de noche, para enterarse de que eran dragones, acompañar a Hagrid antes de ser despedido injustamente al bosque prohibido para qué les presente a su medio-hermano Grawp, - a este paso, todos estaban asombrados. – Averiguar qué era lo qué trama Malfoy Jr. en el compartimiento de Prefectos con la capa y terminar petrificado y con una nariz rota y... creo qué... averiguar qué Snape era espía del pelón sin nariz y con ojos de vampiro carnívoro. – ante la última frase, todos se acercaron a reír por lo "del pelón sin nariz y con ojos de vampiro carnívoro", riéndome con ellos. – oh... y en sexto año, caer en cuenta de que se había enamorado de su mejor amiga. – cuando todo se tranquilizó y qué Teddy y Ethan hayan comido, todo quedó en silencio.

A mi mente vino la imagen de Jacob. Torcí el gesto. Tengo qué enviarle una carta con una foto de Ethan y explicándole qué no era ningún monstruo.

-¿En qué piensa mi Bella? – preguntó Edward casualmente. Me reí. - ¡Oh, vamos! ¡Cuéntame! – dijo acariciándome el pelo.

-Estaba pensando en escribirle una última carta a Black – dije serena. - ¿Estás de acuerdo? Porque va a ser la última qué escriba para él y quiero explicarle qué no se aparezca por acá, junto con una explicación detallada de Ethan.

-Estoy de acuerdo. – me contestó sereno. - ¿Dónde vamos a vivir después de la guerra? – Preguntó después.

Hice un gesto de indiferencia.

-mientras sea cerca de mis Padres, - dije ensimismada. – va todo bien. – me paré, agarré mi varita y exclamé: - ¡Accio pergamino, tinta y pluma! – acto seguido, los objetos convocados se posaron en la mesita ratona de la sala, frente a mí.

Todo lo que quería decirle a Jacob, lo volqué en el pergamino. Solo me ocupó menos de quince centímetros.

Agarré el sobre qué me tendía Edward y guardé el pergamino dentro del sobre, junto con una foto del niño.

Detrás del sobre escribí:

A Jacob Black, La Cocina, Casa Black, La Push, Forks, Washington, .

Hechice el sobre para que vaya por sí solo a casa de Jacob, qué al instante salió volando en dirección hacia su destino.

En ese momento, una lechuza marrón, atraviesa la ventana, con el diario El Profeta Vespertino en su pico. Debe ser el diario de la tarde.

Lo agarré y le pague a la lechuza.

Abrí el diario, qué estaba doblado por la mitad, y ahogué un grito.

Robo al banco Gringott`s

Harry Potter, ¿El primero en conseguirlo?

-¡Por los calzones floreado de Merlín! – exclamé. - ¡Voy a matar a James!

-¿Por qué me vas a matar, hijita mía de mi corazoncito?-preguntó graciosamente papá, malinterpretándolo.

-no es con vos, papá... – dije con una risita. – Harry. – aclaré.

-¿Qué pasa con tu hermano?

-mira. – dije simplemente. Le tendí el diario. Cuando l agarró y leyó el encabezado, sus ojos se desorbitaron.

-¡Lily! – gritó.

-¿Y ahora qué? – dijo entrando en la sala.

-Ha-Harry logró robar Gringott`s – dijo, todavía, pasmado.

-¿QUE? – exclamó, muy fuerte, ella. Mamá se había tornado un poco roja de la furia. - ¡Ohhh! ¡Harry James Potter, estas en problemas!

-emmm... – intervine yo. – mamá, no sé si lo sabes, pero... Harry va a cumplir dieciocho años en julio. – torcí el gesto.

-¡Y a mí qué me importa! – exclamó. - ¡y pensar qué tenía mi carácter! – se indignó.

-y lo tiene... – susurré tan bajito qué solo Edward me escuchó. Se tragó la risa.

Mamá se sentó en el sofá, y respiró hondamente, para serenarse.

-¿A qué demonios fue Harry a Gringott`s? – preguntó Sirius con el seño fruncido.

-tal vez, después de la guerra, - dijo papá. Iba abrir la boca para rematar, pero me ganó. – y estoy seguro qué va a terminar, nos explica qué es lo qué ha estado haciendo todo este tiempo.

-con todo este jaleo, -dije pasiva, sonando evasiva. – me dan ganas de ir a caminar al parque. ¿Podemos ir con Teddy y Ethan, mamá? – le pregunté. Entrecerró los ojos. – Vamos todos, mami. – le expliqué.

-Si... – dijo sopesándolo. – Vamos. – y una sonrisa apareció en su bello rostro.

-¡Auuuuuu! – exclamó tío Sirius. - ¡Quema!

-¿Qué quema, Canuto? – preguntó papá.

-¡Esta cosa donde me senté! – dijo frotándose el trasero. Él seguía gimoteando de dolor. El solo no se ocultaba todavía. Sirius se levantó y saco una especie de moneda muy rara, para los muggles, del sillón. Era uno de los tantos galeones qué Hermione había hechizado para informar al ED

-Sirius dámelo. – le dije intranquila. El accedió algo extrañado. – este galeón no es común. Es una especie de comunicación con el ED – expliqué. No hacía falta explicar qué era el ED, ya se los había explicado. – debe haber un mensaje, oh... si... hay uno.

Harry en Hogwarts. Ayuda en el castillo. Por Cabeza de Puerco.

-No... – susurré. Miré a todos en la sala. – Harry esta en Hogwarts... – mi voz sonó entrecortada. – la guerra se acerca.

El rostro de todos, palidecieron.