Capitulo 26: "Confrontación"

Extendió una mano y se sirvió más té, intentando sobre todas las cosas parecer relajada y, bueno, un poco alegre si era posible. Se llevó la taza a la boca volviendo a reposarse contra el mueble, rodeada por el brazo de Sesshomaru que descansaba en el espaldar sobre sus hombros. Ella bajó de nuevo la taza y volvió su atención a la charla de las madres, que hablaban y reían animadamente.

- De verdad extrañaba todo esto. América puede ser increíble, pero prefiero mi país ante todo…- Decía Izayoi mientras suspiraba levemente con resignación – Quisiera convencer a mi esposo de regresar, pero es un tanto difícil considerando todas sus responsabilidades allá.

- Es comprensible – Asintió Naomi – Pero al menos te quedarás una temporada por aquí, no es así?

- Por supuesto – Izayoi le envió una cariñosa mirada a Sesshomaru y él le sonrió en respuesta – Si a mi hijo no le importa tenerme como huésped por un tiempo.

- Tendré que pensarlo seriamente, madre – Bromeó él sacándole algunas risitas a los demás.

- Y en caso de que se rehúse, siempre eres bienvenida aquí – Agregó el abuelo felizmente.

- Es bueno ver que todos siguen igual de amables y serviciales - La mujer desvió los ojos a Souta que permanecía sentado entre su madre y abuelo – Vaya, pequeño Souta, veo que has crecido unas cuantas pulgadas…- El niño asintió orgulloso e Izayoi miró entonces a Kagome, que bebía aun un poco ausentada – Y tú, mi niña – Kagome alzó el rostro rápidamente - me alegra ver que creciste hermosa justo como lo predije…no sabes mi sorpresa al enterarme de la relación entre tú y Sesshomaru.

- Oh, nosotros también nos sorprendimos – Acotó la Señora Higurashi– Pero Sesshomaru no tuvo problemas en hacerse sentir como de la familia…pronto nos acostumbramos a la idea de verlos juntos…

Izayoi rió levemente observando con extraña picardía al par - ¿Y no hay planes de boda?

Eso generó reacciones variadas. Souta pegó un respingo, Naomi rió ensoñadoramente, al abuelo le dio un repentino ataque de tos y los demás sólo observaron a la pareja que parecía haberse tensado ante el escrutinio de todos.

Kagome fue la primera de los dos en reaccionar. - ¿Boda? – Murmuró con una nerviosa sonrisa – No…no hemos hablado de eso…

La Señora Taisho asintió en comprensión, pero no dejó su esperanzada expresión – Me encantaría que me dieran la noticia…al menos sé que Sesshomaru no tendría problemas con su suegra – Rió ella enviándole una cómplice mirada a su vieja amiga.

El abuelo carraspeó sonoramente, cruzándose de brazos – Se que Sesshomaru y mi nieta llevan tiempo juntos y se conocen muy bien, pero aun creo que es muy pronto para hablar de matrimonio.

- Deja de ser tan protector papá. Kagome ya no es más una niña – Regañó suavemente su hija, mirando luego a la otra mujer con entusiasmo – Además Izayoi, según tengo entendido, pronto vas a estar ocupada planeando otra boda…

Ahora fue el turno de una pareja distinta para ser el centro de atención.

- Es cierto! – Dijo Izayoi alegre observando a los dos jóvenes sentados juntos en otro de los sofás que hasta entonces habían permanecido en silencio – Estoy muy emocionada sobre eso, espero que pronto se decidan y den una fecha!…y tampoco tengo que preocuparme sobre qué tipo de suegros tendrá Inuyasha…los padres de esta jovencita son excelentes personas. Oh, ella es modelo, saben?

La Señora Higurashi y los demás miraron entonces a la muchacha al lado de Inuyasha. Más de uno notó el perturbador parecido entre ella y Kagome, pero nadie dijo nada sobre ello. - Hacen una pareja muy hermosa – Animó la mujer.

Ambos sonrieron levemente – Muchas gracias – Murmuró la muchacha.

- ¿Cuál es tu nombre? – Preguntó curioso el abuelo.

- Kikyo Daishi – Respondió ella.

- Es un lindo nombre – Sonrió el hombre desviando los ojos a Inuyasha – Bonita, educada y modelo…chicas así no abundan en estos días… ¿Dónde la has encontrado muchacho?

Inuyasha observó un momento al anciano mientras procesaba su pregunta, luego miró a la chica a su lado. Tardó un poco en responder, pero eventualmente le envió una tenue sonrisa y habló calmadamente para todos, sin notar la mirada que cierta persona le envió por el rabillo del ojo – más bien ella me encontró a mí. Estudiábamos en la misma universidad y nos veíamos regularmente…al principio sólo fue una buena amistad y…pues…ahora aquí estamos… – Kikyo sonrió y asintió en acuerdo.

- ¿Por cuanto tiempo estarán aquí? – Preguntó Naomi.

- Bueno, de hecho, nos mudamos… - Dijo Kikyo dejando un poco sorprendidos a los demás.

- Así es. Ambos hemos terminado nuestros estudios, así que pensamos que era hora de regresar – Agregó Inuyasha – Mientras nos organizamos bien nos estamos quedando en un apartamento cerca de aquí. No queríamos irrumpir en la casa de mi hermano…

- Eso quiere decir que estarán por aquí a menudo – Concluyó el abuelo.

- Por cierto, Souta…- Inuyasha llamó al niño que enseguida lo miró – si no mal recuerdo… antes de irme dijiste que te volverías un experto en artes marciales y me darías una patada en el trasero.

El jovencito amplió los ojos – Yo dije eso? – Inuyasha asintió – Bueno, tal vez no sea un experto…pero he mejorado…recuerdas esas tardes cuando me enseñabas? Tenías más paciencia que Buda!

- No eras tan difícil – Sonrió Inuyasha antes de que Souta saltara con una nueva idea.

- Inuyasha! ¿¡Sabes montar patineta?

El parpadeó lentamente. Iba a responder cuando de pronto Kagome se levantó del sofá y se acercó a la mesa para tomar la bandeja de tazas vacías.

- Mejor me llevo esto…- Dijo ella apenas, se giró y avanzó rápidamente. Todos siguieron su rastro, pero después de que de desapareció por la puerta volvieron a sus respectivas conversaciones.

Ella entró a la cocina y dejó la bandeja en la encimera con un golpe un tanto más fuerte de lo normal, y aun así no la soltó. Sus manos aferraban las asas tan fuertemente que sus nudillos palidecieron.

Se sentía enferma.

Si había algo que odiaba en el mundo, era tener que sonreír y fingir estar bien cuando a todas luces no lo estaba. Parecía que se asfixiaba en ese lugar, pero todos ellos ignoraban lo que estaba sintiendo…incluso él…que no había vuelto a fijar su vista sobre ella desde que llegó.

Pero quien si le había dado un poco más de atención había sido su prometida. Kagome la encontró observándola en silencio, con seriedad…como si la examinara… y aun habiéndola sorprendido haciéndolo la chica no había desviado sus ojos…al contrario…le había enviado una penetrante mirada…esa mujer le producía escalofríos. Parecía ser de hielo, pero se derretía en sonrisas cuanto Inuyasha se acercaba para decirle algo o la besaba cariñosamente.

- Mierda…- Masculló, sintiendo rabia consigo misma por estar así de alterada…pero es que no era justo…ella había rehecho su vida, lo había enterrado junto con sus recuerdos…y de repente él se aparecía allí prácticamente sin aviso…era casi como si se estuviera burlando de ella ¿Por qué había tenido que regresar? ¿Por qué no se había quedado en América con su perfecta novia y su perfecta vida?

Kagome suavizó su agarre en las asas y su mirada, pensando más profundo.

Quizás…quizás sólo estaba dolida… Quizás…en el interior…realmente había estado esperando que al verla él le sonriera como antes…que la abrazara y le dijera cuanto la había extrañado… Quizás inconscientemente había estado deseando que fuera así…por eso había dolido más de la cuenta esa indiferencia y esa mirada fría con la que la saludó…

Se pasó ambas manos por la cara queriendo quitar cualquier rastro de tristeza y respiró hondo varias veces. Iría de nuevo a esa sala, se sentaría y sonreiría como siempre, y le sería igual de indiferente a él. Así quería que fueran las cosas? Pues así serían.

Se giró en sus talones determinada a salir de la cocina, pero al doblar en la puerta se detuvo en seco, a escasas pulgadas de volver a tropezar con cierta persona. El también se detuvo al verla.

Por un momento se miraron. Kagome era incapaz de respirar o si quiera parpadear. Secretamente se sintió bien de estar viendo esos ojos dorados que había extrañado desquiciadamente de nuevo frente a ella, pero eso se rompió cuando él medio sonrió y habló casualmente, con la misma intimidad con la que le hablaría a la chica que vende golosinas en el centro comercial.

- El baño está en el mismo lugar, verdad?

Kagome se recuperó rápidamente, le costo un instante encontrar su voz, pero eventualmente lo hizo, de forma automática. – Si, al final del corredor bajo las escaleras.

- Gracias. – Dijo simplemente y la pasó en su camino. Kagome permaneció muda en la misma posición, mirando al frente, duro.

¿Por qué era que se sentía como si le hubiera hablado a un completo desconocido?

Un fuerte y pesado suspiro escapó de su pecho luego de unos momentos, se dio palmaditas de ánimo mentales y retomó su camino hacia la sala con los demás. Sólo debía soportar ese calvario un poco más…y luego ellos se irían…esperanzadamente…

- ¡Maeko!

La regordeta mujer levantó perezosamente la vista del catalogo de suscripciones para servicios de spas y masajes a domicilio justo para ver a un irritado Houyo inclinarse sobre el módulo de la recepción. Le envió una aburrida mirada antes de volverse al catalogo y pasar la página.

- ¿¡Se puede saber por qué sigues archivando los contenidos del gabinete de mi consultorio según tu propio alfabeto? ¡Estuve a punto de darle el tratamiento equivocado a un paciente!

- Eso te sucede por no estar pendiente de tu talonario de prescripciones! ¡No vengas a echarme la culpa a mí!

- ¡ES tu culpa! A estas alturas deberías saber la diferencia entre Calpol y Colpol!

- Uno es para la fiebre e infecciones en el pecho y el otro es un fuerte tratamiento para el herpes genital y el cual voy a echar en tu almuerzo si no te largas ahora!

- ¡Juro que el consejo médico sabrá de esto!

- Oh, por favor…Estoy en medio mi descanso…

Houyo gruñó – Tu descanso no es hasta las 6 de la tarde!

De pronto Kagome los pasó ignorándolos y luciendo inusualmente estresada. Llegó a un alto junto al filtro de agua en la esquina y bebió a grandes sorbos antes de resoplar fuertemente y girarse para regresar por donde vino, pero se detuvo frente al escritorio y miró ansiosamente el tarro de golosinas de la repisa, enterró de una vez su mano en él, sacando un puñado de dulces y continuando su rápida caminata hasta perderse en el corredor.

Houyo levantó una ceja extrañado – Quizás tiene baja el azúcar?

- Aquí están, si si, los tendrás todos, pero debes calmarte primero cariño…- Dijo Kagome en la misma forma dulce y melosa en la que le hablaría a un adorable perrito, con la diferencia de que en realidad le hablaba a un niño de cinco años totalmente histérico, mientras la Señora Kitsune, madre del pequeño, permanecía a un lado con expresión derrotada.

Bien, en momentos como este era que Kagome seriamente se re-planteaba el tener hijos algún día…

- ¡No quiero! – Chilló el niño una vez más girando la cara en dirección opuesta a las golosinas. Kagome podía jurar que el hospital entero podía escuchar sus gritos. Ella respiró con paciencia y se arrodilló para estar a su altura.

- Es por tu bien. Has estado enfermo y es necesario saber lo que sucede contigo…no tienes que ver si no quieres, mami te abrazará mientras dura…

El niño pareció calmarse levemente, se sonó y la miró – V-va a doler…

Kagome sacudió la cabeza – Te prometo que no…será como…la picadura de una hormiga…

El llanto volvió más fuerte – ¡No me gustan las hormigas!

- ¿¡Cómo rayos puedes temerle a las hormigas! – Kagome le lazó una desesperada mirada a la madre, ella sólo se encogió.

- Hace tiempo calló sobre un hormiguero…fue un poco traumante para él…

Kagome estaba por preguntar si también le temía a los conejos, pero lo dejó y se levantó decidida a continuar. No tenía todo el día y su poca paciencia se estaba agotando. Llevaban en eso más de media hora.

- Abrace a su hijo y manténgalo quieto!

La mujer lo hizo e inmediatamente el niño comenzó a balancearse y retorcerse para deslizar su cuerpo fuera de la silla. Kagome preparó la jeringa rogando mentalmente que al pequeño no se le ocurriera voltear y ver en el preciso instante en el que se acercaba con la brillante aguja.

- ¡Noo! ¡Mamá!

- No durará nada cariño – Intentó la madre mientras Kagome se apresuraba a ajustar una banda de presión sanguínea en el antebrazo, pero el niño aun no se calmó.

- Mami te recompensara llevándote a Wc Donalds si eres valiente! – Ofreció Kagome intentando estabilizar su brazo.

El niño lloró más fuerte. - ¡No quiero !

- Entonces a la tienda de juguetes!

- ¡No quiero un juguete!

En ese punto, la paciencia de Kagome se quebró.

- ¡ENTONCES TE LLEVARA Y TE ABANDONARA EN UNA CASA DE CUIDADO INFANTIL Y SERAS ADOPTADO POR UNA PAREJA DE VIEJOS QUE TE SOBREPROTEGERAN Y NO TE DEJARAN SALIR A JUGAR NUNCA MAS EN TU VIDA!

Ante eso el niño finalmente se detuvo, quizás tan perplejo como la madre, pero le dio el tiempo suficiente como para deslizar la aguja en la vena y llenar la jeringa.

- ¡Ouch! – Gimió él niño aun con el brazo extendido y la cara escondida en el estómago de su madre – DUELE MUCHO!

- Ya terminé…- Gruñó Kagome desde la repisa en donde colocaba el contenido en un tubo de ensayo. El niño parpadeó y miró su brazo tentativamente.

- ¿Ya?

Kagome se acercó y colocó un algodón sobre el piquete - Flexiona - El niño flexionó el brazo para mantener ahí el algodón y Kagome se levantó con un pesado suspiro - ¿Lo ves? No moriste! – Le dijo como si fuera una sorpresa que nadie esperaba.

- Muchas gracias…- Murmuró la madre aliviada – Por lo general esto lleva más tiempo…

- ¿Enserio? – Preguntó incrédula mientras una pequeña mano se extendía cobradora hacia ella.

- Mis dulces…? – El niño la miró. Kagome sacó el puñado de caramelos del bolsillo de su bata y resistió la urgencia de estampárselos todos en la boca, en vez de eso los dejó en su mano con una sonrisa de mejilla a mejilla.

- Bueno, podemos irnos ya? – Preguntó la mujer.

- ¡Dios, si! Ejem, Digo…ya está todo listo…puede pasar por el resultado de los exámenes mañana temprano, pídalos en la recepción.

- Gracias una vez más, es muy buena. Vamos Shippo – La mujer tomó la mano del pequeño y lo encaminó hacia la salida – Ya sabemos a quien buscaremos cada vez que te enfermes…- Dijo ella, sin notar el tic que se le desarrolló en el ojo a cierta enfermera.

- Ujum… –Murmuró él sin dejar de chupar un caramelo de fresa – Mamá, vamos a Wc Donalds, no?

La mujer dejó de sonreír tan felizmente – Uhm, despídete…- Dijo en vez.

- Adiós!

Kagome ondeó enérgicamente una mano - ¡Adiós!- Dijo y al verlos desaparecer finalmente por la puerta agregó – Pequeño engendro de Satán…

Después de organizar el desastre (provocado por la pataleta del niño) y de marcar algunas pruebas y tubos de muestra salió de la habitación, caminando despreocupadamente hasta la recepción. Se detuvo y miró totalmente incrédula una vez que llegó. Realmente aun estaban peleando?

- ¡No fui yo quien robó tu portalápices de Hello Kitty! ¿Qué haría con él en primer lugar? – Se defendió Houyo.

- Lo mismo que hiciste con mi CD de The Pussycat Dolls?

- ¿Qué!

Kagome carraspeó mientras se acercaba – Disculpen? – Houyo se giró de una vez hacia ella luciendo extremadamente exasperado.

- ¡Kagome! Dile que no soy un ladrón!

Maeko se infló - ¡Una vez conseguí una pluma negra que había perdido en un cajón de tu consultorio!

- Ajá! Entonces SI hurgas en mis cajones!

- ¡Ese no es el punto!

- ¿Hola! – Kagome gritó y ambos la miraron – Lamento interrumpir esta pelea de amantes, pero necesito firmar algunas formas… y aquí está una de las muestras de sangre que deben ser examinadas.

Maeko se bufó arrogantemente mientras tomaba la muestra y le pasaba algunos papeles y una pluma a Kagome – Prefiero tener algo con mi abuelo antes que con este…intento de hombre…

Houyo hirvió silenciosamente – Morirás sola y virgen.

- ¿¡Quien dijo que era virgen?

Kagome se escudó preparándose para la tercera guerra mundial cuando de pronto alguien entró por las puertas automáticas principales. Todo quedó en silencio. A Houyo prácticamente se le desplomó la quijada, mientras que Kagome parpadeó lentamente.

Era una joven de alrededor de la misma edad que ellos. Cabello rojizo y brillante hasta la cintura y grandes ojos verde aceituna.

- Dios…- Murmuró Houyo tontamente antes de darle una seca mirada a Maeko – Esa sí es una mujer…

- No te conviene involucrarte con ella – Maeko se cruzó tranquilamente de brazos.

Houyo la ignoró y se tensó de pronto – Viene hacia aquí…

- Buenas…- Saludó la joven cuando estuvo con ellos – Quisiera reservar una cita con el Dr. Houyo Uchida.

- Soy yo…- Saltó él son una amplia sonrisa – En qué puedo servirte?

- Oh – La chica sonrió tenuemente – Verá, últimamente he experimentado fuertes mareos y dolores de cabeza, y también algo de debilidad… me preocupa que pueda tratarse de anemia y-

- En ese caso no hay que esperar más…hay que reservar una cita cuanto antes, Mae- Se giró y notó que la enfermera había desaparecido, pero Kagome seguía ahí y lo observaba con expresión expectante – Kagome, toma los datos de…- Houyo la miró.

- Ayame Tenjou – Dijo ella rápidamente.

Kagome y Houyo se vieron pensativos un instante ¿Dónde habían escuchado ese apellido?

- ¿Y para cuando deseas la cita? – Preguntó Kagome anotando algunas cosas en la forma.

- Podría ser hoy, si es posible.

Houyo asintió seria y decididamente – Sí, es posible – Kagome levantó la mirada - Podríamos comenzar con un examen de sangre. Por favor, sígame hacia la sala de revisión.

Ayame sonrió felizmente y se dejó guiar, pero una rápida mano sujetó la solapa de la bata de Houyo y arrastró hacia atrás.

- ¿Qué crees que haces? – Siseó Kagome cerca de rostro – Acabo de mirar tu agenda y no estás precisamente libre para ella!

Houyo le ondeó una mamo a Ayame para que se adelantara y miró Kagome con una risita - ¿Te refieres a la Sra. Akatsuka? Bueno, ella no es mucho problema…tiene principio de alzheimer, hoy sólo venía por su prescripción de tratamiento…encontrarás sus datos y los de la última revisión en mi consultorio - El juntó sus manos en rezo ante la contenida expresión de Kagome – Vamos, podrás encargarte de ella.

- ¡No puedo! No estoy autorizada para prescribir medicamentos!

- Oh, puedes… con el permiso del Doctor – Houyo se señaló felizmente con su dedo pulgar y se alejó antes de que Kagome pudiera estrangularlo.

Ella se quedó humeando y mascullando una serie de cosas, diciéndole adiós a su descanso cuando Maeko se acercó sosteniendo una taza de café, con una sospechosamente placentera expresión mientras tomaba asiento frente al ordenador, a tiempo para escuchar el último de los insultos hacia el joven doctor.

- Tranquila, él tendrá su merecido…- Murmuró Maeko casualmente. Kagome le dio una fastidiada mirada.

- ¿Por qué lo dices?

Maeko alzó ambas cejas y se señaló enfáticamente – Maeko Tenjou…? – Le dijo con un claro tono de "Duh".

La realización golpeó a Kagome que tuvo que llevarse una mano a la boca para contener sus repentinas ganas de reír, mientras sus hombros comenzaban a temblar. De pronto ya no se sentía tan enojada hacia Houyo…al menos disfrutaría con su reacción al enterarse de precisamente quién podría ser su potencial cuñada…

La señora Akatsuka no era tan fácil como le había dicho Houyo. Era una linda abuelita y sonreía mucho, pero Kagome no podía extenderse en una charla con ella porque de pronto la miraba y le preguntaba "¿Quien eres?".

Pero sí fue fácil mantener su paciencia esta vez. Aunque estaba estudiando pediatría, usualmente le gustaba más tratar con personas de la tercera edad. Eran dóciles e inocentes, y en algunos casos realmente conversadores…le gustaba cuando veía ánimo y vitalidad en ellos…después de todo ella esperaba llegar hasta ese punto algún día…

- Nos vemos luego, Sra. Akatsuka – Despidió amablemente viendo como la despistada anciana se alejaba – No olvide tomar sus medicamentos, (Quizás algo complicado para alguien con Alzheimer) uno después de cada comida…su doctor la estará esperando el próximo lunes! ¡y la salida no es por ahí!

Luego de auxiliar a la mujer en su erróneo camino hacia el tejado y de encaminarla hacia la verdadera salida, suspiró agotada. Se dio cuenta de que ahora no tenía mucho que hacer. Pensó en ir a la cafetería por un sándwich de pollo, pero a decir verdad no tenía mucho apetito… así que a la final sólo fue por un café y por algunas muestras de sangre y luego se dirigió al laboratorio del segundo piso. Podía examinarlas ya que estaba desocupada…

Cuando entró al lugar se encontró con que estaba desolado y sonrió plácidamente. Un poco de tranquilidad no estría mal.

Se sentó en el escritorio colocando la taza de café a un lado y organizó cuidadosamente las pruebas de sangre antes de preparar el microscopio para el uso. Decidió examinar la prueba del pequeño-demonio-encerrado-en-el-cuerpo-de-un-niño-de-cinco-años primero, así que con cautela tomó una placa de vidrio y dejó caer algunas gotas de sangre antes de deslizarla bajo la lente del microscopio, acercándose con un ojo entrecerrado y girando la pequeña perilla para enfocar. Se concentró luego en anotar rápidamente los resultados en una plantilla a su lado, cuando de repente hizo un interesante hallazgo y sonrió malvadamente.

- Ohh, tenemos alta glucosa por aquí…- Murmuró mientras anotaba feliz – No más dulces para ti mocoso…

Pero justo cuando alcanzaba por otro espejuelo la puerta se abrió estrepitosa rebotando en la pared al tiempo que un muy mortificado Houyo pasaba seguido de Maeko.

Kagome hizo una mueca de dolor.

- ¿Qué no tienes rondas que cubrir mejor que hacer mi vida un infierno? ¡Te pondré una orden de restricción! Estás loca!

Maeko se infló ofendida – Pero si fuiste Tú quien fue a gritarme a la recepción!

- Pudiste haberme advertido que era tu hermana! Quizás eso me habría detenido de invitarla a salir!

- Oh, el lindo y pacífico Doctor está alterado? Quizás necesita una inyección de morfina?

- Necesitaré los sedantes si sigo viendo tu rostro...

- Bueno, esperare la llamada y con gusto los aplicaré. Juro no matarte de una sobredosis - Luego de eso Maeko sólo rió fuertemente y salió del lugar, no sin antes agregar un "Adiós, cuñado!" Que hizo estremecer al joven.

Houyo se sentó pesadamente sobando el puente de su nariz cuando se percató de la silenciosa presencia de Kagome al otro lado de la habitación. Estaba ligeramente encorvada, parecía haber estado esforzándose en pasar desapercibida.

- Kagome! Ahí estas…no podrás creerlo, adivina quien resultó ser la hermana de esa chica Ayame…

- Tengo mis hipótesis…- Gruñó Kagome por lo bajo.

- Maeko! – Continuó él mientras sacaba algunos papeles de un cajón y caminaba hasta sentarse cerca de ella – ¿Quien lo diría? No se parecen en nada. Bueno, quizás en el cabello, pero en cuanto a personalidad son totalmente diferentes…

Kagome resopló mientras anotaba algunos resultados – Aun la invitarás a salir?

- Por supuesto. Se que Maeko realmente pensó que desistiría al enterarme del cruel parentesco, pero sólo por molestarla no lo haré – Sonrió – Además, Ayame no está nada mal…

Kagome lo miró un segundo antes de volver a preparar otro espejuelo y deslizarlo bajo la lente del microscopio, comenzando otra examinación – Pensé que habías dicho que querías estar solo por un tiempo.

- Nunca dije que quería algo serio…ella tampoco parece quererlo de todas formas…- Respondió él casualmente mientras comenzaba a llenar los certificados de salud en sus manos – Además podría conseguir buen sexo de esto…no estaría nada mal viendo como Tsubaki no me dejó tocarla los últimos meses que estuvimos juntos, así que estoy algo necesitado…

Kagome había dejado de prestarle atención al microscopio para mirarlo plenamente, a punto de sonreír. – Realmente se me hace difícil creer que eres el mismo Houyo de antes…es decir…cambiaste mucho…- Dijo y rápidamente agregó – Para bien…

El se encogió levemente – Bueno, aprendí de momentos duros…- La miró – Taisho y tú me ayudaron…en cierta forma…

Rápidamente ella dejó de sonreír ante esa mención.

- ¿Sucede algo? – Preguntó Houyo.

- No…es sólo…- Kagome miró duro y en silencios por unos momentos, pero eventualmente decidió que podía confiar en él – Es Inuyasha. Regresó – No escuchó ningún sonido aparente, así que ladeó el rostro completamente para poder ver su reacción. El estaba mirando muy levemente asombrado y pensativo hacia la pared - ¿Y…no dirás nada? – Preguntó ella cuidadosamente.

- Con que es eso. Taisho ha regresado a tu vida…- Murmuró él, y de pronto sonrió – Creo que esto de pondrá muy divertido…

- ¿Qué? – Kagome saltó ofuscada - ¿De qué hablas? No es nada divertido! Regresó con su prometida, la misma chica con la que me engaño!

Houyo parpadeó – Y eso qué? Más interesante aun…creo que tu aun sientes algo por él…o no?

- Cállate! – Gruñó ella y se giró exasperada – Todo lo que hubo entre nosotros murió hace mucho, lo sabes…él la tiene a ella y yo tengo a Sesshomaru. Además, él no actúa muy amigable conmigo…creo que ahora hasta me detesta… ¡No es que me importe, claro!

- Pienso que deberías replantearte esta situación…- Dijo Houyo tranquilamente, ella lo miró – Sabes que él te hablará tarde o temprano, y aunque lo niegues, tu vas a tener que estar lista para enfrentarlo – Frunció perspicazmente – No se qué, pero algo me dice que no ha terminado.

Ella quería reírse en su cara y decirle lo loco que estaba, pero se detuvo cuando la mirada de Houyo pareció suavizarse y profundizarse sobre los papeles.

- Una vez ese chico me gano y te perdí…- Murmuró - Se bien que aunque me gustaría, no puedo intentar nada contigo porque mi tiempo pasó hace mucho…así que si tengo que verte enamorada de otro, honestamente preferiría que siguiera siendo ese Taisho…

Kagome lo miró asombrada – Houyo…

- Pero…como sea…- Houyo sonrió de repente – Esa es sólo mi opinión. Tú eres quien decidirá más adelante.

- Yo…- La muchacha bajó la mirada y suspiró – No creo que haya nada que decidir…en realidad…

De repente el sonido de su teléfono móvil los alertó a ambos. Ella lo sacó del bolsillo de su bata y miró la pantalla antes de sonreírle al Doctor – Debo atender, es Sesshomaru. – Houyo asintió y ella rápidamente se llevó el teléfono al oído – Hola? Amor… Si… si… claro, estoy en el trabajo ahora…uh? Qué?

Su sonrisa fue muriendo lentamente. Houyo se percató de la forma en que ella tragaba y fruncía - Ir a cenar con tu hermano y su novia? – Ella se llevó el cabello lentamente tras su oreja, Parecía debatirse internamente, pero al final respondió, no luciendo demasiado segura – Bueno…creo que podría estar lista a esa hora…si…en mi apartamento…nos vemos…

Ella cortó la llamada y bajó el móvil hasta descansarlo contra su pierna, mientras sus ojos se fijaban duramente en el frente.

Houyo parpadeó – Kagome, estás bien?

- Inuyasha propuso que saliéramos los cuatro esta noche…a un restaurante exclusivo…

- Oh…

De pronto Kagome dejó caer un puño de frustración sobre el escritorio, haciendo que los tubos de ensayo temblaran peligrosamente.

- ¿Por qué! ¿Tengo que ser forzada a estar cerca de ellos tan pronto? – Puso una mano en su cara – No lo entiendo! Por qué Inuyasha propone algo como eso?

- Quizás quiere verte – Ofreció Houyo útilmente, pero Kagome no pareció tomarlo bien.

- ¡Que no! – Espetó ella.

Houyo resopló con paciencia y giró su silla para mirarla con más atención – Entonces, quieres decir que real, realmente no tienes ningún tipo de ansias por verlo? Sé sincera conmigo, Kagome…

Kagome le mantuvo la mirada defensiva y acaloradamente durante unos buenos diez segundos, por unos momentos parecía lista para hablar, pero de nuevo cerraba su boca con impotencia. Finalmente ella se rindió y sus hombros se hundieron cuando exhaló fuertemente.

- Y qué si es cierto que en el fondo quiero verlo…- Murmuró quedamente – Ir por esa razón no tendría ningún sentido, no es cierto? – Ella apretó su teléfono en su puño - El está feliz con esa mujer ahora…y yo quiero estarlo con el que es mi novio…y no puedo serlo si continúo pensando en él, menos si continúo viéndolo…porque…lo acepto…me duele verlos juntos…me duele ver que es feliz con ella después de todo lo que yo sufrí…él me olvidó sin importarle nada, así que no veo la razón de aceptar estar cerca ahora – Ella frunció decididamente – Quizás Inuyasha olvidó el pasado, pero yo no, y no puedo estar bien con eso. Lo mejor es que llame a Sesshomaru y le diga que no podré estar libre para la noche – Dijo mientras rápidamente marcaba su número y pegaba el aparato a su oreja, pero sin aviso el teléfono fue rápidamente deslizado fuera de su agarre. Ella parpadeó rápidamente a tiempo para ver a Houyo desviar la llamada con presionar una tecla y dejar el teléfono lejos de su alcance – O-oye!

- Debes ir. – Le dijo él seriamente.

- ¿Qué? Te dije que no pu-

- Tienes que madurar ya, Kagome! – Dijo Houyo fuertemente ganándose una sorprendida mirada – Te dije antes que no puedes huir de tu pasado! Inuyasha es tu pasado, ve y enfréntalo ahora! Por algo él a regresado a tu vida justo cuando creías que las cosas estaban bien para ti! Quiero que vayas, lo encares, y termines ese capítulo que quedó abierto – El levantó un dedo cuando ella abrió la boca para protestar – No intentes negarlo! Lo se, te conozco, nunca dejaste de sentir nada por ese hombre! Así que deja de esconderte del mundo real y enfrenta tus verdaderas emociones. Punto!

Kagome lo observó girarse y organizar los certificados en el escritorio. Su corazón latía fuerte. Realmente no sabía que decir…

- Yo terminaré esos exámenes…- Houyo la miró después de un momento – Ve a casa y alístate para esa cita.

Ella no se movió ni pudo quitar su pasmada mirada de la suya hasta que él le hizo un gesto con la mano para que saliera y le diera espacio en la silla junto al microscopio – Vamos.

- Oh, si – Rápidamente su puso de pie y caminó hasta la puerta, pero se detuvo antes de salir –...gracias…- Murmuró.

Houyo señaló la mesa – Toma esos certificados y déjalos en recepción cuando salgas, dile a Maeko que los mande junto con las pruebas del Doctor Yoshimura a los laboratorios centrales.

Kagome asintió obedientemente y tomó los papeles para volver a la puerta, no sin que su oído captara un suave "De nada". Ella le envió una cálida sonrisa sobre su hombro, y entonces salió de allí.

Llegó a su apartamento y tiró su bolsa como siempre sobre la mesa. Se sentía ansiosa, no quería decir emocionada. Debía mantener su cabeza fría. Avanzó por la sala hacia su recámara pensando en elegir algún atuendo adecuado, pero se detuvo en su camino cuando pasó frente al espejo y su reflejó se apareció frente a ella.

Hizo una mueca de disgusto y se acercó un poco más con ojos críticos. Definitivamente se había descuidado últimamente. Su cara estaba pálida sin una gota de maquillaje más que un ligero labial rosa, sus ojos casi apagados y su cabello falto de brillo y seco en las puntas.

Definitivamente diferente a como lucía esa mujer llamada Kikyo. Ella tenía clase y estilo, y era inusualmente hermosa…sin duda se esmeraba por representar a su novio…en cambio ella…realmente no se esforzaba mucho para lucir bien ante Sesshomaru, aunque él regularmente le decía que le gustaba cómo se veía…pero aun así se sintió levemente culpable.

Así que no se quedó a pensar más y luego de ducharse salió otra vez del apartamento, en dirección al salón de belleza que quedaba a unas cuadras de su edificio.

- Kagome! – Saludó una de las empleadas al verla entrar al local – Tiempo sin mostrar tu cara por aquí.

Kagome pagó su servicio y rápidamente la chica lavó eficientemente su cabello y luego la guió a una de esas acojinadas sillas púrpuras de espera.

Afortunadamente no la hicieron esperar demasiado, así que cuando la llamaron ella bajó la revista Cosmopolitan (en la que leía un artículo muy interesante en la sección de Amor y Deseo) sobre la mesita de centro y se acercó hasta sentarse frente al gran espejo.

- ¿Qué quieres esta vez? – Preguntó la sonriente chica.

- Uhm…lo mismo de siempre…supongo…quizás puedes cortar las puntas un poco…

- Bien – Asintió ella preparando las tijeras - ¿Quieres algo en tu flequillo?

Kagome rápidamente batió la cabeza, le gustaba su flequillo tal cual estaba - No, gracias, el flequillo está bien.

La chica se dispuso a cortar diligentemente. Pequeños mechones de cabello negro caían al suelo cuando de pronto ella suspiró - Tienes un cabello muy bonito…- Comentó apreciativamente – Deberías hacerte algo especial esta vez.

- Algo especial? – Kagome parpadeó – Como qué?

- Si, tú sabes, como aquella vez que te hice un alisado… te veías tan hermosa al final...

- Uh, si?...- Kagome miró arriba, recordando aquella ocasión en que tuvo que acompañar a Sesshomaru a uno de esos importantes eventos de promoción. El le había dicho hacerse algo especial y había estado falta de ideas, así que a la final optó por un completo alisado. Algo con lo que mucho tiempo atrás se habría visto alucinada, pero ahora honestamente le daba igual…hacía mucho que había aprendido a estar bien con sus ondas naturales…pero pensándolo…no estaba mal un cambio de vez en cuando…- Me parece bien…

- ¿Por qué tardan tanto?

Inuyasha resopló y no se movió de su posición de brazos cruzados sobre la mesa – Llegamos hace cinco minutos…

Un bufido irritado llegó en respuesta y él decidió ignorarla. Después de todo estaba acostumbrado a la impaciencia de Kikyo. Luego de un rato ella se removió en el asiento a su lado.

- No entiendo por qué estabas empeñado en citarlos con nosotros – Dijo ella de pronto. El la miró levemente.

- ¿Y por qué no? Llevo años sin verlos, no está mal querer hacerlo ahora que estoy aquí.

- ¿No será que más bien quieres verla a ella? – Kikyo fue directa, enviándole una gélida mirada. El hombre se enderezó un poco para poder fijar ojos con ella, frunciendo profundamente.

- No empieces con eso – Gruñó - Pensé que ya lo habíamos hablado. Entre esa mujer y yo no hay nada. Es la novia de mi hermano ahora.

Ella ladeó el rostro levemente aliviada, pero sin quitar su genuina expresión de fastidio – Más te vale – Murmuró y de pronto sonrió al pensar en algo y se volvió a él, con una mirada penetrante y seductora – Después de esto tendrás que recompensarme, sabes como…

Inuyasha sonrió sensualmente acercándose a ella. Le encantaba cuando ella se ponía atrevida. Estaba por responder cuando notó con interés quienes eran las personas que entraban en ese momento por las puertas.

- Wow…- Kagome observó casi tímida a su alrededor. Era el restaurante chino más ostentoso que había visitado. Con llamativas y vistosas decoraciones en rojo y dorado, grandes dragones como guardianes en la entrada y algunos otros diseñados magistralmente sobre las paredes, hermosa iluminación, elegantes columnas marmoladas y dos concurridos pisos.

De pronto se felicitó mentalmente por su buen tino al momento de escoger su atuendo: abrigo negro abierto sobre un vestido de cóctel amarillo. No era demasiado extravagante, pero estaba bien para la ocasión.

- Bonito lugar – Dijo Sesshomaru a su lado mientras observaba en ambas direcciones, hasta captar el brazo extendido de su hermano – Allá están ellos, vamos.

Kagome tembló levemente mientras él posaba una mano en su espalda para guiarla a la segunda planta. Subieron algunos escalones y entonces Kagome pudo verlos a ambos, y por un instante, tuvo la impresión de que Inuyasha había apretado su mentón, y que la había mirado…enojado?

Ella hizo una leve mueca ante esa extraña reacción, pero se obligó a sonreír cuando llegaron a su lado.

- Buenas noches – Saludó Sesshomaru, los otros dos respondieron de igual forma.

- Tomen asiento – Indicó Inuyasha sonriente - Es bueno verlos de nuevo…creo que no tuvimos mucho tiempo para conversar la ultima vez.

- También lo creo. Mamá y la Señora Higurashi no dejaron de hablar en todo momento – Respondió el otro – Gracias por la invitación ¿Los hicimos esperar?

- No en realidad.

Inuyasha sonrió levemente. Kagome se sentó y decidió permanecer callada mientras los hermanos hablaban tranquilamente. También notó de nuevo esa incómoda mirada de Kikyo, pero decidió ignorarla…y desde que tampoco quería dejar mucho tiempo su mirada en Inuyasha decidió que era una buena opción observar la planta baja del restaurante, cosa fácil, porque la mesa estaba situada justo junto al barandal.

Luego de un momento ladeó el rostro hacia los hermanos. Se le hacía un poco difícil pensar que alguna vez habían sido como perros y gatos. Ahora ambos eran unos hombres hechos y derechos, ya no había cabida para peleas y berrinches infantiles. No cundo ambos eran los herederos del importante legado Taisho que su padre había construido con esfuerzo a través de los años, y menos ahora que tendrían que trabajar juntos.

- ¿Fueron a Nagata?

- Si, antes pasamos unos días por allá – Inuyasha se encogió – Obviamente no ha cambiado. Bueno, hay una nueva plaza, pero no es mucho.

Sesshomaru asintió y pareció pensar algo – ¿Recuerdas cuando nos escondimos en el parque de la plaza Hachiko?

Inuyasha sonrió divertido al recordar – Por supuesto. Planeamos acampar ahí por tres días…creo que tú estabas enojado con mamá y querías darle un susto.

- No, ese eras tú.

Kikyo rió levemente - ¿De verdad lo hicieron?

- Lo intentamos – Respondió Inuyasha – La policía nos encontró al final del primer día. Pero no nos reprendieron…después de todo teníamos cinco y ocho años…

- Creo recordar que nos castigaron por un mes.

- Si? – Inuyasha parpadeó antes de caer en cuenta – Oh, no tienen hambre ya? Podemos hacer los pedidos…

La carta le ofrecía tantas cosas que no podía decidirse por algo en especial. Kagome la re-leyó, y no pudo evitar notar como Kikyo se acercaba indecisa a su novio e Inuyasha sonreía galantemente y la ayudaba a decidir algo juntos. Ella gruñó y miró rápidamente a Sesshomaru inclinándose hacia él.

- Amor, ¿que pedirás tú?

- Estaba pensando en unos langostinos flambeados…- Murmuró él observando la carta – Tienes problemas para decidir? - Kagome asintió con un leve sonrojo.

- ¿Quizás lo mismo que tú?

- Podrías…pero la idea es pedir variedad, no crees? – El volvió a mirar las opciones – Pide otra cosa y luego compartiremos… - Kagome asintió dócilmente. Entonces él señaló un nombre – Mira, fideos con almeja en salsa roja…se ve bien la fotografía, que dices? - Kagome estuvo de acuerdo rápidamente.

- Y puede traer una botella de vino por adelantado, gracias – Le dijo Inuyasha al garzón antes de que este se fuera con todos los pedidos, se volvió a los demás y sus ojos cayeron justo en Kagome, que no había hablado demasiado desde su llegada, no era como si él le hubiera dirigido la palabra antes – Y…Kagome…me dijeron que ahora trabajas en un hospital.

Tomo unos segundos poder reunir todo su coraje y sonreír con normalidad. Se sentía algo raro que él le hablara directamente – Es cierto. En el hospital Keio de Shibuya.

- Oh, no queda algo lejos de tu casa? – Preguntó él.

Kagome se encogió – Sesshomaru me lleva y me trae siempre que lo necesito – Dijo ella, enviándole una sonrisa a su novio – Además tengo un apartamento cerca del hospital para los días en que no puedo volver. Ah, si, y ahora trabajo con Houyo…te acuerdas de él?...- claro que te acuerdas de él… gruñeron sus adentros.

Inuyasha sonrió, pero Kagome notó cómo su mirada se hacía más severa en ella – Houyo, como olvidarlo…- Dijo - Y…que tal Miroku y Sango? Los has visto? – Cambió el tema.

- Los veo regularmente. Sango tiene un contrato como diseñadora de interiores y Miroku ahora está en la escuela de leyes…

- Por supuesto. No podían quedarse para siempre en esa tienda de helados…los visitaré cuando pueda.

- Una diseñadora de interiores dices? – Kikyo tomó parte en la conversación, interesada y arrimándose a Inuyasha – Podríamos acudir a esa amiga tuya cuando necesitemos diseñar el interior de nuestra futura casa, no lo crees querido?

- Claro amor. Es una buena idea…- Inuyasha la besó gentilmente.

Kagome aguantó la urgencia por desviar la mirada. Pero se quedó ahí sonriendo firmemente.

- Aun no tienen indicios de una fecha para la boda? – Preguntó Sesshomaru. Ambos se apartaron levemente, pensando en eso.

- Bueno, si las cosas siguen así, podría ser a principios del año que viene…- Dijo Kikyo felizmente. Inuyasha sólo la miró, y hubiera olvidado asentir en acuerdo si ella no le hubiera lanzado una mirada.

- Nosotros esperaremos hasta que me gradúe. Pero definitivamente lo haremos…- Kagome sonrió ampliamente arrimándose también a Sesshomaru. Que se vio sorprendido en un principio, pero luego la estrechó complacido – Ya lo he pensado todo Sessh – Murmuró juguetona – Quiero tres hijos…

Instantáneamente Inuyasha dejó su sonrisa. Kagome aun abrazaba a Sesshomaru, pero pudo ladear el rostro y fijar ojos con él, desafiante. Ella sabía que él recordaba ese comentario que le había hecho la noche antes de marcharse.

- Esperaré con impaciencia hasta volver, y cuando lo haga nos casaremos – Kagome se había enderezado con un rojo intenso esparciéndose en su rostro…él rió ante eso – Sí...y ya lo pensé. Quiero tres hijos.

Definitivamente debía recordarlo, por que su expresión se tornó de pronto muy incómoda y seria.

- Voy al tocador, vuelvo enseguida – Kikyo se levantó e Inuyasha le dio espacio para que pudiera salir.

- ¿Y dime qué tal Nueva York?

Kagome agradeció que Sesshomaru comenzara una nueva conversación, pesando que se habría puesto nerviosa ante algún silencio ahora. Inuyasha volvió a ignorarla y a hablar calmadamente con su hermano, pero entonces ella notó a un chico que subía las escaleras y venía en dirección a ellos. Era el joven que supervisaba el estacionamiento.

- Disculpe, señor – Dijo el chico cuando llegó junto a ellos, dirigiéndose a Sesshomaru – Vera, su auto se encuentra mal estacionado, me están pidiendo que le avise moverlo de allí…si es tan amable.

- Claro…- Sesshomaru se levantó sin notar la mirada aterrada de Kagome – Ya vuelvo…- Les dijo a ambos mientras se iba siguiendo al jovencito.

Luego de eso, la mesa calló en un silencio tan pesado que podía ser cortado con un cuchillo.

Kagome siguió con la mirada a Sesshomaru hasta que desapareció de vista, principalmente porque no quería voltearse y encarar a Inuyasha. Demonios…se sentía tan tonta al estar así de nerviosa…respiró fuerte y tragó lentamente dándose valor antes de poder ladear el rostro hacia él. Como lo esperaba, la estaba observando cautelosamente con esos ojos fríos y desconocidos para ella, mientras mantenía ambas manos entrelazadas frente su boca.

Por unos momentos, no hicieron nada más que mirarse...hasta que finalmente él abrió su boca.

- Lindo cabello…fue lo primero que noté cuando te vi.

Por alguna extraña razón, eso no parecía un cumplido…no con esa nota de sarcasmo... pero ella no estaba por dejarse intimidar – Gracias.

- ¿Es Sesshomaru quien te pide que lo pongas así?

- En ocasiones. Me gusta complacerlo… – Contestó con simpleza.

- Personalmente, me gusta como te ves con tus ondas…aunque creo habértelo dicho hace tiempo.

Kagome frunció, tratando de que sus mejillas no se tiñeran por ese comentario. Idiota. Qué podía importarle a ella su opinión sobre cómo prefería su cabello?

- Si tanto te gustan las ondas, deberías decirle a Kikyo que las lleve - Respondió, y seguidamente se pateó mentalmente por decirlo tan bruscamente…seguro había sonado celosa. Inuyasha levantó las cejas con diversión.

- No. Considero que mi novia se ve increíble tal como está. Jamás pensaría en cambiar algo de ella…me encanta así.

Kagome logró forzar una buena sonrisa ante eso, sacudiendo el efecto de sal-en-la-herida que había provocado esa expresión de devoción hacia la mujer.

- Que bueno que pienses así – Dijo - Realmente se ven bien juntos. Espero que sean felices por el resto de sus vidas.

El garzón se había acercado a la mesa y dejado la costosa botella de vino en el centro.

- Agradezco tus buenos deseos – El sonrió dejando ver todos sus blancos dientes mientras se servía una copa – Y va lo mismo para ti y mi hermanito... que sean muy, muy felices juntos… ¿Gustas? – Preguntó señalando el vino, ella asintió cortamente, observándolo verter el vino en una copa para ella.

- Gracias…- Murmuró ella aceptándola.

- Sip, esto es bueno – Dijo el plácidamente – Nadie pensó que terminaría así…pero al final todo se resume. Tú eres feliz, y yo soy feliz…– Kagome no dijo nada, él se inclinó un poco en la mesa y alzó su copa – Creo que hay que brindar por eso, cuñadita.

Ella estaba sintiendo algo extraño en su pecho. Precisamente no era feliz en ese instante, no cuando quien se mostraba ante ella tenía esas miradas y comentarios lascivos que le dolían. Pero aun así, Kagome alzó su copa.

- Por ser felices – Dijo él chocándola levemente con la de ella.

- Por ser felices…- Repitió bajo su respiración.

Sesshomaru y Kikyo llegaron no mucho después, así como los pedidos. Una vez más la tranquila y ligera conversación de antes volvió e incluso Kagome intercambió algunas palabras con Kikyo cuando le pregunto algunas cosas sobre su salario de enfermera (sin importar si era educado o no, pero aun así a Kagome no le molestó mucho responder), mientras un plato de galletas de la fortuna era dejado en la mesa.

Kagome no pudo evitar notar la muy molesta e irritada mirada que puso Inuyasha al leer el contenido de su galleta, pero fue sólo un corto instante, porque luego él resopló arrugando el papelillo y lanzándolo a un lado.

El tiempo siguió transcurriendo mientras charlaban sobre los negocios, la familia, las cosas en América, los padres de Kikyo (personas que apostaban mucho en la relación entre su hija y el joven empresario), entre otras cosas, mientras Kikyo regularmente regañaba a Inuyasha por estar bebiendo más de la cuenta, pero a él no parecía importarle. Todos miraban algo perplejos como seguía llenando su copa, y como decidía por su cuenta que era necesaria otra botella.

- ¡Que estoy bien! – Dijo él, y contradictorio a lo que decía le costó un momento enfocar la vista en Kikyo, que intentaba quitarle la copa. El sonrió y miró a Sesshomaru – Esta mujer! Se preocupa tanto…Por qué las mujeres son así, eh? – Preguntó. Kikyo hizo una mueca al escuchar que hablaba lento y arrastraba las palabras.

- Inuyasha, suelta la copa – Siseó ella.

El rió como si hubiera escuchado un chiste - ¿Por qué? Déjame ser felizz! Relájate…- La estrechó tomándola por la cintura – Si te dejas de preocupar haré que te pongas muy contenta cuando lleguemos a casa…siempre lo consigo no?

Kikyo parpadeó sonrojándose, tratando sutilmente de apartarlo – I-Inuyasha…

- Sii! Sesshomaru, tú deberías contentar a Kagome también!

- Suficiente – Kikyo se levantó con un frunce y lo obligó a levantarse también, mirando un poco apenada al par – Creo que es hora de irnos, discúlpenlo, se emocionó un poco con la bebida.

- No hay problema – Sonrió Sesshomaru.

- ¡Qué? Nos vamos ya? Si esto se estaba poniendo interesante! Kagome, dile a tu novio que se vuelva a sentar!

- Vamos! – Refunfuñó Kikyo empujándolo.

Todos se levantaron de la mesa, justo cuando Kagome iba a seguirlos notó un diminuto y arrugado papelillo junto al pie de una de las sillas. Se agachó y lo tomó guardándolo en el bolsillo del abrigo.

Lograron sacarlo del restaurante e introducirlo en el asiento del copiloto de su Porsche a pesar de sus insistencias de que estaba lo suficientemente bien para manejar, pero al menos ya no estaba negándose a todo, ahora sólo se veía indiferente y mareado.

- ¿Estarán bien? – Preguntó Sesshomaru desde la puerta del auto.

- No te preocupes, puedo cuidar de él – Dijo Kikyo batiendo una mano – Fue entretenido. Nos vemos pronto.

- Nos vemos – Despidió él.

Kagome estaba justo detrás, y antes de que Sesshomaru cerrara la puerta Inuyasha la miró. La miró con ojos levemente adormilados, pero penetrantes y profundos, logrando que retuviera el aliento. Sabía que habían querido decirle algo, pero no sabía qué…

Mientras corrían por la autopista, Kagome sacó el papelillo de su bolsillo y lo estiró con cuidado, esforzándose en leer las pequeñas palabras a pesar de la oscuridad. Del tiro sintió deseos de encogerse y sollozar.

"La distancia no es más que una prueba de amor. Solo los amores verdaderos se mantienen unidos hasta el final."

- ¿Todo bien? – Preguntó Sesshomaru al volante. Kagome lo miró y le dio una débil sonrisa.

- Si…

Sesshomaru se veía algo más serio y pensativo de lo normal.

- Inuyasha me llamó y me convenció de vernos aquí…acepté sólo por cortesía…pero si por mi fuera, te mantendría lejos de él.

- ¿Qué? – Ella abrió los ojos.

- Kagome – Dijo él sin apartar la mirada del frente, pero aun así la joven sentía que tenía toda su atención sobre ella – Dime que ya no sientes nada por mi hermano.

Un frío sudor perló levemente su frente mientras desviaba la mirada a la ventana y la fijaba en el oscuro paisaje. Tragó, su garganta estaba seca, pero pudo responder de todas formas.

- Al único que quiero es a ti…a nadie más – Murmuró. El hombre pareció estar satisfecho con su respuesta y no volvió a interrogarla.

Pero mientras seguían el camino, la culpa se cernía dolorosa sobre ella…había tenido que mentir…

Continuará…


Gracias por leer y por sus opiniones. Las aprecio bastante. Y para quienes pregunten cuanto falta, vuelvo y repito que no mucho, no se exactamente cuanto! Sólo déjenme escribir TTOTT.

U.u Hice novillos hoy…nada bueno…luego me darán mi reprimienda.

Nos vemos. ^_^