Nos aferramos al dolor porque es todo lo que nos queda.

Entre la bruma de dolor, levanta la mirada, no toma su mano, se pone de pie. Desea tanto despertar. Esa mujer está sonriendo, no lo entiende… Sigue llorando, nadie va a entenderlo nunca.

El aula está oscura como siempre, recuerda estar junto a Ron, sus manos acariciándola, la madriguera Weasley, él… Aquella mujer avanza entre las mesas, velas iluminan el lugar de manera lúgubre, está más frío que de costumbre, sin saber porque Pansy la sigue.

Lleva puesto un vestido largo que parece hecho de harapos oscuros, cuando camina parece que flota.

— Nunca estoy segura de quien va a llegar… Pero siempre sé que será alguien —se vira para abrir un estante, dice un conjuro extraño que Pansy no reconoce.

— Profesora Collingwood —susurra la morena—, lamento...

Ella se vira y le sonríe— No lo lamentes —sus dientes con manchas oscuras y sus movimientos de serpiente parecen relucir debajo de la luz de las velas—, es interesante como funciona el destino ¿No crees? —Pansy no se mueve, mira la nada— Yo creí que moriría, Potter —concluye con una mueca de desprecio.

La slytherin la mira, abre la boca ¿Como lo sabe?

— ¿Por eso estás aquí, no es así, querida? —avanza tan rápido que parece volar hasta ella, toma una de sus manos y la observa, hace patrones con el índice sobre la mano de Pansy—, ¿eso es lo que quieres? —ríe de manera maniaca. Sus ojos se desorbitan y brillan— Muy bien, lo haremos—. Vuelve al estante.

Pansy no comprende, quiere hablar pero no lo entiende. Todo parece brumoso y absurdo, la cabeza le da vueltas, siente mucho sueño.

— Yo no buscaba nada, profesora —susurra, contiene las ganas de llorar.

Angél se detiene, sisea la cabeza de abundante cabello rastoso— ¿Entonces no quieres que Weasley vuelva?

Todas sus ideas se esfuman, la profesora la observa con atención, avanza a ella— ¿Él… Puede… Volver?

Ríe mostrando todos los dientes, asiente— Por eso estás aquí. Me buscabas sin buscarme —pasa el largo dedo índice con una puntiaguda uña negra por sus labios—, esa es la forma más honesta de destino. Estar justo ahora aquí, es tu destino.

Llora— Haz que vuelva.

La profesora ríe— Tres preguntas: ¿Harías cualquier cosa por él?

Respira profundo— Sí.

— ¿Entregarías tu vida a cambio de la de él?

Las lágrimas se siguen deslizando— Sí —solloza.

— ¿Por qué?

Cierra los ojos, se muerde el labio inferior, algo en ella tiembla antes de hablar— Porque… Porque… —no puede terminar.

Angel le acaricia la cabeza— Lo entiendo. Va a doler.

— No importa —su tono es firme a pesar del llanto.

"La forma más honesta de destino" retumba cada palabra en su mente lentamente como si se adormilara, la profesora se acerca, coloca una varita larga y puntiaguda como una espina en la sien de la chica, ella no se mueve "dolerá", piensa… La imagen de Ron al borde de una torre, con ojeras, el cabello despeinado sobre la cara, los ojos hundidos de tanto llorar, los labios partidos, la piel más pálida y la expresión de locura; nada puede doler más.

— Si fracasas… Nada cambiará y habrá sido en vano —sisea la profesora, Pansy siente que se va perdiendo en la nada—, aunque duela, sigue intentando.

Siente que algo frío sale de su cabeza, luego ve a la profesora depositar un hilo blanco que cuelga de su varita en una especie de fuente de piedra caliza, no tiene idea de que pasa, ni de que es ese artefacto, de pronto no tiene ganas de llorar, ni de reír, como si las emociones se hubieran vaciado de su cuerpo.

El liquido en la fuente brilla, la profesora hace un ademán, como si quisiera indicarle al agua que subiera, el agua lo hace. Sube lentamente saliendo de aquel objeto y va hasta la chica, la rodea flotando en el aire, parece un huracán a su alrededor. Lo último que Pansy puede ver es a su profesora difuminándose en la acuosidad de las imágenes a su alrededor, sonríe y le dice adiós. Cree escucharla decir "suerte"

Siente que se ahoga, el agua entra en su boca, nariz, oídos, presiona su cuerpo y saca todo el aire, los pulmones duelen más que nunca, quiere gritar pero no puede, no ve nada, no sabe nada.

Una voz retumba en su cabeza, fuerte, penetrante: "Entregadme el tesoro de vuestro pasado" dice.

Siente la piedra del suelo golpear su espalda, tose como si acabara de salir del mar, su uniforme está seco, tiembla, todo alrededor arde… Ahora entiende el dolor.

Desorientada alcanza a ver que las antorchas de un pasillo están encendidas, está en el castillo… Pero ¿Cómo? ¿Dónde? Le toma un momento incorporarse, se da cuenta que es el pasillo que lleva al Gran comedor y está desierto, temblando, con el uniforme perfectamente puesto, se mira… El dolor desaparece.

Respira agitada, camina hasta el gran comedor, Daphne está sentada junto a Alden, Theo lee en la mesa de las serpientes, sin tratar de ser cautelosa, mira a la mesa Gryffindor, ahí está Ron, come como siempre lo hace y habla con Potter de vez en cuando, da un paso hacia esa dirección. Quiere correr, abrazarlo, llora sin poder evitarlo. No sabe que pasa, tiembla.

Daphne le hace señas y se acerca a las chicas.

— ¿Qué tanto miras, Parkinson? —dice Alden.

Pansy se imagina clavando el cuchillo que usa para cortar la carne en el corazón de la chica de ojos verdes, se sienta en medio de ambas… Reconoce aquel momento.

— El juramento —susurra.

Las chicas la miran extrañada— Creo que Parkinson al fin se volvió loca —dice Alden riendo.

Puede escucharla masticar, beber, no puede dejar de ver a Ron, está vivo ¿Qué debe hacer? ¿Correr y advertirle? ¿Matarse ahí mismo? ¿Huir de Hogwarts? Sólo podía recordar vagamente a Conllingwood diciendo, "sigue intentando". Intenta levantarse, un dolor agudo le invade el estómago, se queja con fuerza mientras vuelve a sentarse.

Alden se alarma. Pansy no comprende… "sigue intentando"… Eso es.

— Por Merlín, Parkinson ¡Ve a la enfermería! —grita Alden, parece honestamente preocupada.

— Yo puedo acompañarte, Pansy —dice Daphne.

La morena niega dos veces… Cada cosa que intente hacer diferente, provocará un dolor agudo en su cuerpo y cambiará una parte del destino. Mira a Alden, reúne fuerza para sonreír. Luego mira a Ron fijamente.

— Parece que quieres comerlo —susurra Alden en su oreja.

Pansy voltea a mirarla, no dice nada, la chica ríe.

— Te apuesto veinte mil galeones, a que...

Pansy se levanta— No. —Dice secamente, todo su cuerpo tiembla ante la oleada de dolor que sabe, sentirá— No apostaría contigo aunque mi vida dependiera de ello —en su tono hay furia.

Sale del gran comedor dejando a sus compañeras con la boca abierta, en cuanto atraviesa la puerta, escucha ruido de olas golpeando la costa, cierra los ojos, huele a sal. Una ola gigante entra por el fondo del pasillo y la golpea, el ahogo vuelve a su cuerpo, sus brazos están extendidos en forma de cruz mientras flota dentro de la burbuja de agua, siente como si los estiraran en direcciones opuestas, arde hasta los huesos.

Una vez más, cae. Su pecho se estampa tan fuerte que rebota sobre sí misma, tose de nuevo, no hay nadie alrededor. Está sobre césped. Quiere llorar, parar la tortura, renunciar a todo… Cuando alza la mirada, alcanza ver una cabellera pelirroja, se da cuenta que está casi frente al lago y Ron de nuevo, está vivo.

Aquella voz casi macabra se escucha de nuevo "Entregadme el fruto de vuestros esfuerzos".

Logra ponerse de pie, quiere correr, abrazarlo, algo quema en su interior… Se siente natural avanza a él, quiere resistirse, quedarse ahí, pero no puede hacerlo. Cada vez que hace lo que recuerda el dolor cede… Él está ahí, aventando piedras de forma muggle, se coloca a su lado con expresión perdida.

Desea no hablar. No puede evitarlo.

— ¿No es algo infantil? —dice con voz ronca. Llora.

Ron voltea a verla, su cara se alarma al ver su llanto, está a punto de hablar.

— Me refiero — susurra, la garganta duele, su nariz congestionada no le permite hablar— a lanzar… piedras —llora con más fuerza, solloza— Ron.

El dolor se hace intenso, no debió decir su nombre.

— ¡¿Estás bien?! ¡¿Qué pasa?! —ella cae en el césped, él la rodea con los brazos— ¡Debo ir a pedir ayuda!

Hazlo, hazlo, hazlo.

— ¡No me toques! —grita con histeria— ¡Lárgate, Weasley! —logra verlo— ¡Vete! ¡¿Me oyes?! ¡Vete!

El chico la suelta y corre al castillo, ella lo ve alejarse… Huele a sal de nuevo, no puede dejar de llorar mientras el agua vuelve, esta vez siente que le arrancan la columna vertebral, la sensación de tener una aguja en cada poro de su pie la invade, el dolor la rodea, la absorbe. Deja de respirar. Acepta la muerte. Entonces acaba.

El dolor de la caída no es nada comparado con el de su alma abandonando su cuerpo. De nuevo abre los ojos en el castillo, es de noche, hace frío… Sabe exactamente que día es y lo que pasará.

En cuanto logra ponerse de pie, siente su mano rodeando la cintura, aspirando su aroma. Si sigue así, el dolor desaparecerá, todo cuanto ama está ahí, Ron la vira para quedar frente a ella y dan algunos pasos para que su espalda tope contra la pared, Pansy siente ganas de llorar y lo besa.

Ahí está, en la primera vez que le hizo saber a Weasley que era correspondido, cuando lo incitó para que la siguiera fuera del comedor, no puede evitar besarlo, acariciarlo, enredar sus dedos en los cabellos que no volverá a tocar, se separa lentamente, tiene pocos minutos antes de que la agonía surja de sus entrañas nuevamente.

Aquella voz vuelve a palpitar en su cabeza "Entregadme la prueba de vuestro dolor".

Llora— Mereces algo mejor que yo, Ron —dice entre cortada, el frío empieza a extenderse por su cuerpo.

— Pansy… No sé que estoy haciendo —intenta soltarla—, pero no quiero parar.

— Basta Weasley —el llanto le impide seguir hablando—, te casarás, tendrás hijos y no me necesitarás en tu vida —le acaricia el rostro—… Me enamoré de ti hace muchos años —sonríe—, siempre serás mi primer amor —lo empuja levemente y le regala un último beso antes que él se separe de su cuerpo.

El chico se va desvaneciendo lentamente, todo a su alrededor se torna borroso, luego sus extremidades se sienten como témpanos de hielo, todo su cuerpo se va congelando, presiona tanto que crujen sus costillas y deja de respirar.

De pronto, no hay dolor, sólo oscuridad. Su cuerpo se siente lánguido y suave, parece que careciera de huesos, está entumida. Intenta mover los dedos de los pies, hasta que lo logra, luego los de las manos. Se da cuenta que está sobre una superficie suave y tiene poca ropa.

Respira profundo una vez y logra abrir los ojos. Está en su habitación en la mazmorra de las serpientes, tiene puesta su pijama. Le duele todo el cuerpo, sin embargo no es de una manera peculiar, sino como si hubiese corrido un maratón. No sabe que día es. La cabeza le da vueltas.

— ¡Ron!

Se coloca zapatos y corre con todas las fuerzas que quedan en su cuerpo, el día está nevado, sabe que es el mismo día… Trata de llegar hasta la torre de las lechuzas donde encuentra la silueta de un cuerpo en la nieve, se tapa la boca con ambas manos ahogando un grito, llora nuevamente.

— No funcionó, no funcionó, no funcionó.

Es casi media noche, vuelve al castillo, a la misma habitación donde vio por última vez a la profesora Conlingwood, todo es igual a como lo recuerda ¿por qué aún tiene los recuerdos? Abre las puertas de par en par, la profesora la observa.

— ¿Disfrutaste el viaje? —sisea.

Pansy está furiosa— ¡No funcionó! ¡Maldita sea! ¡Vi a Ron…! —sus ojos se llenan de lágrimas.

La profesora sonríe— ¿Estás segura?

No.

Vio su silueta, no a él.

Sin darle tiempo de contestar, vuelve a correr entre los pasillos, atravesando fantasmas, despertando cuadros que duermen plácidamente, recibiendo gritos e insultos de los más gruñones. Tiene que verlo, si ha funcionado él debe estar...

— Sobrevivirá —escucha.

Se esconde en un recoveco del pasillo de piedra mientras dos chicas con uniforme de quidditch de Gryffindor caminan sosteniendo escobas y ríen.

— No fue un mal entrenamiento —dice una.

Las voces se hacen más tenues— Estaba tratando de impresionar a su prometida, espero que mañana que despierte adolorado todavía piense que vale la pena —responde la otra.

Quidditch, tratando, sobrevivirá, sobrevivirá.

Sale de su escondite despacio, camina dudosa hasta la enfermería, Neville Longbottom está ahí junto a la hermana de Daphne Greengrass, no recuerda su nombre. El Gryffindor le da instrucciones que no alcanza a escuchar, ambos se marchan en direcciones opuestas. Espera un momento, al confirmar que no hay nadie, decide avanzar. Las antorchas a su alrededor se apagan, entra en la enfermería.

Ahí, en una camilla, está él, antes de que pueda acercarse, abren la puerta. Se queda de pie, inmóvil.

— ¿Puedo ayudarte? —dice Neville.

Ella no responde, él se acerca hasta que queda de frente, siente ganas de vomitar, sin embargo no hay miedo, vergüenza, ni ningún otro sentimiento que pueda reconocer.

— ¿Te sientes mal? —pregunta al ver que está pálida.

— Necesito algo para el dolor de cabeza —dice ida.

El Gryffindor se separa para buscar, le entrega una pastilla blanca que se asemeja a un dulce redondo. Ella la toma sin pensarlo, su vista se queda en la nada.

— ¿Has estado bebiendo? —pregunta Neville. No obtiene respuesta— No hay nada de que avergonzarse, lo entiendo.

Quiere llorar una vez más, abre la boca para contestar, nada sale, el chico pone una mano sobre su hombro— Debo ayudar a Astoria —señala una camilla— Puedes recostarte un momento si quieres. ¿Esta bien?

Pansy asiente. No se mueve.

Espera escuchar la puerta a su espalda, luego camina hasta la camilla de Ron, se sienta en un lado y se acomoda para abrazarlo, llora y se aferra a su cuerpo. Escucha su corazón, siente el vaivén de su pecho subiendo y bajando.

— Ron —susurra—, Ron.

Los recuerdos difusos aparecen en su mente… No puede prestarles atención, se va quedando dormida. Sueña con dragones de grandes cabezas que la queman con el aliento, después sólo hay oscuridad. Sigue sin sentir nada. Busca el cuerpo que acariciaba antes de dormir y no lo encuentra.

Abre los ojos lentamente, ella está en otra camilla de la enfermería… El sol le molesta en la cara.

Se incorpora, no hay nadie más— Sol —susurra. Levanta la mano como si quisiera tocar los destellos amarillos y atraparlos, no recuerda cuando fue la última vez que vio el sol.

— Te moví anoche —dicen.

Ella ve hacia la puerta, se toca la cabeza que palpita.

— No sé que recuerdas, pero te quedaste en una camilla ocupada —prosigue con cautela. El chico deja un uniforme, en los pies de la camilla— Le pedí a tu amiga Daphne que trajera un uniforme para ti, así no tendrás que ir hasta la mazmorra.

La Slytherin asiente— Gracias, Longbottom.

El chico afirma y se retira. Pansy decide vestirse. No comprende que ha pasado, recuerda cada uno de sus pasos, sabe que Ron está vivo, no puede comprender como.

Sale de la enfermería, por los grandes vitrales se filtra la luz del sol, tiene que taparse la cara, ve círculos rojos por todas partes, traga saliva. Ya no hay dolor en su cuerpo, no siente nada. Daphne la está esperando.

— ¡Pansy! ¡Me alegra tanto que estés bien! —la chica la abraza y luego se separa abochornada. Caminan— También que hayas vuelto, muchos se fueron, no estábamos seguros si tú volverías, es obvio que Malfoy lo haría...

— Malfoy —susurra Pansy mirando penetrantemente a Daphne.

Se muerde el labio inferior— Perdona… Olvide la regla. —suspira.

¿De qué diablos está hablando? ¿Malfoy no está en Azkaban? ¿Donde está Alden? Su cabeza punza con fuerza.

Al entrar al Gran comedor todo está iluminado, todos sonríen, los profesores están en sus lugares. Va directo a su mesa, se sienta, Daphne come, a la costumbre de los grandes bocados, Theo no está… Malfoy tampoco. Busca entre las mesas sin saber que es exactamente.

Entonces lo mira. Él, sonriendo, con el cabello rubio platinado que brilla intensamente por culpa del sol, desde hace años no había visto a Malfoy reír, viene tomado de la mano de una chica pequeña, Ravenclaw.

— Es… —mira a Daphne y señala a la puerta.

— Pansy, lo siento. Traté de evitarlo… No sé qué pasó, ya se conocían o algo —se apura a contestar Daphne—. Astoria me había dicho que conoció a Malfoy cuando él estaba herido, lo llevo a la enfermería y se estuvieron escribiendo desde entonces.

— Tu hermana está con Draco —susurra.

En la mesa Gryffindor… Ron come, parece que no lo ha hecho en meses, aún tiene la venda en la cabeza, alcanza a ver a Potter, sonriendo, diciendo algo, la enana pelirroja no está y Granger lee a un lado de él… Están tomados de la mano por encima de la mesa.

¿Qué pasó?

Decide levantarse y salir, todos saben que es porque no soporta ver a Malfoy enamorado, sin embargo, se va porque comprende poco de lo que pasa alrededor, como si acabara de despertar de un macabro coma. Consiguió lo que quería, y no se siente satisfecha.

Camina entre los pasillos, no se apresura, no siente nada.

Llega hasta la puerta doble de aquel lúgubre salón que ya conoce y dónde entregó su dolor.

— No la veo tan feliz como esperaba, señorita Parkinson —la profesora se acerca a ella con curiosidad.

— No entiendo nada de lo que pasa —responde.

A la profesora se le desorbitan los ojos, una sonora carcajada sale de su boca— Nunca vi a nadie que sobreviviera a la maldición...

Pansy se exalta— ¡Maldición! ¡Creí que era un hechizo! —se acerca más a ella— ¡¿Me enviaste a hacer algo a lo que nadie sobrevive?! ¡Usted está loca!

Ella sisea— Yo no soy la que estaba dispuesta a dar todo —dice arrugando la nariz— Por amor —concluye en un tono meloso—. ¿Funcionó, verdad? —le da la espalda— él está vivo ¿o no?

Pansy cierra los ojos— Sí, lo está… No entiendo como funciona, todo es diferente.

— ¿Ha leído la fuente de la buena fortuna? —pregunta con inocencia.

— ¿Que demonios tiene eso que ver? —se cruza de brazos— Todos los niños magos conocen las fábulas de Beedle.

— ¿Me lo contaría? —la profesora desaparece y reaparece sobre el escritorio, no deja de mirarla.

La morena la mira— No recuerdo mucho… Hay una fuente mágica o algo así que cumple un deseo… Una especie de puerta se abre y entran tres mujeres y un hombre: Una enferma, una pobre y una… —abre la boca— con el corazón roto...

Angel sonríe desquiciada— ¿Cuales son las tres cosas que pide el camino a la fuente?

No puede ser… Ese estúpido cuento— Las tres cosas…

Recuerda...

Entregadme la prueba de vuestro dolor

Entregadme el fruto de vuestro esfuerzo

Entregadme el tesoro de vuestro pasado.

La morena está anonadada— Si las reliquias de la muerte eran verdad… La fuente...

— ¡Exacto! —salta desde el escritorio y hace un baile extraño sosteniendo la falda— Si, sí, sí… Pansy —se acerca a ella hasta sostenerle el rostro— Has sobrevivido a la fuente de la buena fortuna —ríe—. La diferencia, es que la fuente concede el deseo más profundo de tu corazón, si entregas lo que te pide… Y sobrevives.

Acaba el mes de diciembre.