26. Desapareces mi miedo
-¡Tú, idiota!- chilló uno de los Mortífagos.
Sirius peleó contra todos sus instintos de levantarse y salir corriendo hacia donde estaban sus amigos. No estaba en forma como para atacar a cinco Mortífagos él solo. Se forzó a quedarse completamente quieto, esperando que su momento llegara.
Los Mortífagos se movieron hacia Remus y Hermione, quienes estaban parcialmente cubiertos por la piedra caída. –Se supone que no deberían de estar heridos,- dijo otro Mortífago. –Se suponía que debíamos de capturarlos y llevarlos con el Señor Oscuro.- Empezaron a levantar las piedras de Remus y Hermione, sacándolos lentamente.
Sirius miró, quedándose quieto y chocando sus dientes por el dolor del brazo. Ya casi habían terminado de quitar todas las piedras, cuando todos los Mortífagos se agarraron los antebrazos al mismo tiempo. Se miraron rápidamente y luego salieron apresuradamente del cuarto.
Sirius esperó por unos segundos antes de sentarse. Se paró con lentitud y se tambaleó hasta llegar con Remus y con Hermione. Hizo lo que pudo para terminar de quitar las rocas que quedaban. Remus estaba cubriendo a Hermione, así que Sirius no pudo verla.
Sirius dejó salir un suspiro angustiado. No estaba seguro de si debía mover a Remus o no, pero en las posiciones de ese momento, no podía decir qué tan lastimados estaban.
Finalmente, respiró hondo y rodó a Remus para quitarlo de encima de Hermione. Para su alivio pudo ver que Remus respiraba. Inspeccionó su cuerpo y notó que su pierna estaba en un ángulo raro. Definitivamente estaba rota y se veía muy mal. Revisó que Remus no estuviera sangrando y se tranquilizó cuando vio que no había sangre a su alrededor.
Una vez que estuvo seguro de que Remus estuviera en una posición cómoda volvió su atención a Hermione. Había sangre en un lado de su cara y estaba cubierta por polvo. Sirius le acarició el cabello con cuidado. –Hermione,- dijo con un nudo en la garganta. Inclinó un poco su mejilla hacia su boca y se alegró al sentir que respiraba con suavidad.
Sacó su varita y susurró, -Enervate,- luego esperó. –Hermione, despierta,- rogó con una voz débil. –Por favor despierta.
Hermione tosió y después hizo una mueca por el dolor que sintió. Abrió sus ojos lentamente. Podía ver a Sirius sobre ella.
-Oh, gracias a Dios,- dijo Sirius aliviado.
-¿Qué pasó?- preguntó Hermione. Intentó sentarse, pero el dolor era demasiado intenso y se cayó débilmente.
-Los Mortífagos nos atacaron,- dijo Sirius. –La pared que está detrás de ti se derrumbó. Sino fuera por Remus,- no pudo seguir hablando, pues ya tenía otra vez un nudo en la garganta.
-Remus,- dijo Hermione débilmente. -¿Está bien?
-Ahí está,- dijo Sirius con suavidad.
Hermione volteó su cabeza hacia la izquierda para ver al amor de su vida recostado a unos pies de ella, pálido y quieto. Verlo tan quieto le dio la extra energía que necesitaba para enderezarse y gatear hasta él. Sirius la siguió lentamente, sosteniendo su brazo derecho todo el tiempo.
-Remus,- susurró. Acercó su cabeza al pecho de él y escuchó. Podía sentir su corazón palpitando rítmicamente contra su mejilla. Alzó la mirada a su cara y colocó una de sus manos en ésta. Palpó en busca de su varita y alzó la mano para despertarlo.
-Yo no haría eso,- dijo Sirius rápidamente.
-¿Por qué?- preguntó.
Sirius apuntó su pierna con una mueca. Hermione miró. Estaba doblada en una posición rara, obviamente rota. –Va a sentir mucho dolor si lo despertamos,- dijo Sirius. –Y no va a poder hablar.
-Tenemos que ir por ayuda,- dijo Hermione débilmente.
Sirius asintió con aceptación.
-¿Qué les pasó a los Mortífagos?- preguntó ella.
-No estoy seguro. Pretendí estar fuera de todo, esperando el momento para atacar. No parecían muy preocupados sobre mí. Después de que esa pared cayera sobre ustedes, los Mortífagos los empezaron a desenterrar. Dijeron que se suponía que ustedes no podían resultar heridos. Y de repente todos se agarraron el brazo y se fueron rápidamente del cuarto. Una vez que se fueron, terminé de desenterrarlos. Estaba tan seguro de que...- ya no pudo continuar la frase. Había estado tan seguro de que los encontraría a los dos muertos.
-¿Se agarraron sus brazos?- repitió Hermione en pregunta.
Sirius asintió. -¿Por qué? ¿Qué significa?
-Es la marca. Cuando Voldemort quiere reunirlos toca la marca de otro y a los demás les quema. Se supone que deben de aparecerse inmediatamente. Pero claro, no pueden aparecerse en Hogwarts, pero imagino que preestablecieron un lugar para verse.
-¿Qué crees que signifique?- preguntó Sirius.
-No lo sé,- contestó Hermione. –Pero no creo que sea algo bueno.- Repentinamente se dobló hasta sus pies, haciendo muecas de dolor.
-¿Qué pasa?- preguntó Sirius, su voz llena de preocupación.
-Creo que me rompí un par de costillas,- jadeó Hermione. –Por lo menos espero que eso sea lo único.
-Quizás deberías de quedarte con Remus, en lo que yo voy por ayuda,- sugirió Sirius.
-Aunque odie tener que dejarlo, creo que tenemos que hacerlo,- replicó. –Es obvio que tu brazo está roto. ¿Cómo te vas a defender si te encuentras con cualquiera de los Mortífagos? Tenemos que traerle ayuda. Además, sellaré la puerta tras nosotros. Debería de estar bien por un par de minutos.
-Está bien, vamos,- dijo Sirius rápidamente.
Salieron y Hermione selló rápidamente a Remus en el cuarto. Dudó por un momento, sin estar segura de que estuviera haciendo lo correcto. Sirius colocó su mano sana en el hombro de ella. –Estará bien. Estaremos de regreso en poco tiempo. Vamos a la Enfermería. Con suerte encontraremos a alguien ahí.
-¿Y si no hay nadie?
Sirius encogió los hombros. –Entonces haremos lo que podamos por él.
Se movieron a hurtadillas por el castillo. Estaba inquietantemente callado. Cada paso era una agonía para Hermione. Sirius la miró con cautela. -¿Estás bien?- le preguntó.
Ella asintió. Hablar le hubiera quitado demasiada energía. Llegaron a la Enfermería sin haber parado, pero no había nadie. Estaban a punto de irse cuando oyeron voces en el pasillo. Sirius empujó a Hermione a un clóset de pociones, apenas lo suficientemente grande como para que cupieran los dos. Hermione tuvo que ahogar un grito de dolor amenazando con salir de sus labios.
-El Señor Oscuro dijo que la chica todavía estaba en el castillo,- dijo uno de ellos.
-¿Cómo puede estar tan seguro, si el chico que estaba en la oficina de Dumbledore destruyó el mapa?- replicó el otro.
-Porque ella no estaba entre los alumnos que estamos reteniendo en Hogsmeade,- le devolvió el primero.
-¿Cómo sabe que esos niños no la están protegiendo? Ella podría esta justo debajo de su nariz.
-Tú y yo sabemos lo persuasivo que el Seños Oscuro puede ser. Confía en mí, ella no está ahí.
Hermione y Sirius escucharon con horror. El chico en la oficina de Dumbledore sólo podía ser James y habían atrapado a los Gryffindors en Hogsmeade. Hermione pensó que se iba a marear. Había enviado a todos sus amigos directamente a unas trampas. Se acercó a Sirius, recargando su cabeza en el hombro de él para prevenirse a sí misma de soltar un sollozo. Él puso su brazo bueno alrededor de ella suavemente, intentando consolarla.
-Así que espera que nosotros inspeccionemos el castillo. La chica Granger podría estar en cualquier lugar. Y además, ¿qué la hace tan importante? Sólo en una estudiante. ¿Por qué el Señor Oscuro se ha obsesionado tanto con ella?
Sirius apretó más a Hermione y ella soltó el aire que tenía en dolor. Se quedaron congelados y esperaron, pero aparentemente los Mortífagos no los habían oído porque continuaron su conversación.
-Ese pequeño Pettigrew ha hecho que el Señor Oscuro crea que ella es más que sólo una alumna. Al parecer ella tiene información de quiénes son sus seguidores y cuáles serán sus planes.
El otro Mortífago se rió burlonamente. -¿Así que ahora nos estamos apoyando en información que traen los niños?
-No lo olvides, fue Pettigrew quien le aportó el mapa al Señor Oscuro. Nunca hubiéramos podido planear un ataque tan efectivo al castillo sin él. Además, los otros estudiantes dicen que están al mando del Seños Oscuro confirmaron que la chica llegó muy misteriosa y sospechosamente a Hogwarts y nuestros propios esfuerzos para descubrir información de ella dieron un nada como resultado. Dudo mucho que su nombre sea Hermione Granger.
-Yo no llamaría el ataque efectivo aún. Dumbledore sigue vagabundeando por ahí. No va a ser fácil hasta que el Señor Oscuro haya tenido un duelo con él.
-Dumbledore se fue,- dijo el primero de los Mortífagos con arrogancia. –Corrió en cuanto vio nuestro número.
-Ingenuo,- le escupió el otro Mortífago. Continuaron su conversación, pero Sirius y Hermione ya no la pudieron oír porque cada vez se alejaban más.
Sirius abrió la puerta del clóset y ayudó a Hermione a salir.
-Tienen a James y a Lily,- susurró Hermione.
-Lo sé,- dijo Sirius con el ceño fruncido en la cara, -y a los demás Gryffindors también.
-Tenemos que ayudarlos,- dijo Hermione. Estaba empezando a apanicarse. ¿Qué había hecho Voldemort una vez que James destruyó el mapa? ¿Qué le estaba haciendo a Lily en ese momento? Mientras Hermione empezó a considerar todo lo que pudo pasarles o les podría estar pasando a los papás de Harry se empezó a hiperventilar. Había querido salvarlos, ¿qué tal si había acortado aún más sus vidas?
-Lo sé,- repitió Sirius, frotándose la cabeza pensativamente. Sirius se paseó por unos segundos antes de volver hacia Hermione. Estaba pálida como había estado la noche que la sacó del lago. Ella se quedó donde estaba y Sirius corrió hacia ella, sosteniéndola.
-Hermione, tienes que permanecer bien. Nos necesitan, todos ellos.
-¿Y si están muer...?- empezó Hermione afligidamente.
-No lo digas,- interrumpió Sirius. –No lo están. Vamos a salvarlos. Pero te necesito. No me puedes dejar ahora.
-Pero todo es mi culpa. Los oíste. Están tras de mí. No los quieren a los demás. Me quieren a mí. Oh, desearía nunca haber regresado.
Sirius la miró sin poder decir nada. Luego la condujo a una silla y la obligó a sentarse. Una vez que ella estuvo sentada, él fue hacia el armario de las pociones y buscó entre las muchas pociones que Madame Pomphrey tenía guardadas. Sacó el Skele-Gro y lo abrió, antes de tomarse media botella.
-¿Qué estás haciendo?- gritó Hermione. -¡No puedes tomarte tanta poción!
-No tengo tiempo para tomarme la pequeña dosis y esperarme toda la noche. Necesito poder usar mi brazo ahora.
-Es peligroso tomar tanto,- dijo Hermione.
Sirius estaba a punto de responder. Pero un dolor tan agudo cruzó todo su brazo tan fuerte, que gritó. Hermione saltó y corrió hasta él, dándole su mano para que la apretara, cosa que él hizo y ella estaba segura de que ella misma tendría que usar el Skele-Gro para reparar sus propios dedos. Ya casi pasaba un minuto entero cuando el dolor empezó a ceder. Sirius respiró honda y lentamente. Luego le pasó el resto del Skele-Gro a Hermione.
Ella lo miró llena de duda, pero aceptó la poción y se tomó lo que le quedaba sin pensarlo. Tosió por el sabor amargo que tenía y esperó. No estaba decepcionada. El dolor le pegó como un cuchillo en su pecho y ella se dobló. Sirius la sostuvo mientras lágrimas rodaban en la cara de ella por tener los ojos tan apretados.
Cuando se acabó finalmente, le dio a Sirius una mirada mordaz. -¿Te sientes mejor?- preguntó descaradamente. Ella le entrecerró los ojos y él rápidamente se levantó. De nuevo, fue al armario de pociones y sacó otra botella de Skele-Gro. –Creo que deberíamos de invitar a Remus a unirse a la fiesta,- dijo balanceando la botella ante Hermione. Ella asintió y se levantó, haciendo una mueca por el dolor muscular en uno de sus lados.
Se apresuraron a regresar donde Remus, quien seguía inconsciente. –Creo que primero deberíamos de acomodar la pierna,- dijo Sirius severamente.
Hermione asintió lentamente. Buscó algo para usarlo como tablilla. La primera cosa en la que paró su mirada fue en una de las escobas de los chicos. La recogió y la llevó al escritorio que estaba en el frente del salón. Rompió la escoba con fuerza, partiéndola exactamente por al mitad.
Corrió hacia Sirius de nuevo, quien había terminado de enderezar la pierna de Remus. Miró a Hermione con horror. –Mejor que ésa no sea mi escoba.
Ella rodó los ojos y la ató a la pierna de Remus. –Mejor levantarlo ahora,- se dijo Hermione a sí misma. Alzó su varita y murmuró, -Enervate.
Los ojos de Remus se abrieron y su cara inmediatamente se contorsionó por el dolor. –Shh,- dijo Hermione con suavidad. Pasó su mano por la frente de él. –Estoy aquí y estarás bien.
-Qué pasó,- dijo apenas pudiendo hablar, como con un nudo en la garganta.
-Esa pared se cayó sobre ti,- dijo Sirius. –Y tu pierna está rota.
Él asintió. –No tenías que decirme eso,- dijo débilmente. Alzó la mirada a los ojos llenos de preocupación de Hermione. -¿Estás bien?
-Sí,- replicó con suavidad de nuevo. –Estoy bien, gracias a ti.
-Remus, necesitamos que te tomes esta poción,- dijo Sirius, interrumpiendo su momento cariñoso. Hermione tomó la poción que él tenía.
-¿Qué es?- preguntó Remus.
-Es Skele-Gro,- contestó Hermione. –Necesitas tomarte como media botella.
Remus la miró escépticamente. -¿Sabes lo peligroso que es?- preguntó.
Ella asintió. –Sirius y yo ya lo hicimos. Es demasiado doloroso, pero arregló nuestros huesos.
Remus le permitió a Hermione que lo pusiera en una posición de sentado. Ella llevó la poción a los labios de él y él se la tomó. Luego ella puso sus brazos alrededor de él y él la sostuvo. Sintió que su pierna ardía en fuego, pero el dolor se fue.
-¿Crees poder pararte?- preguntó Sirius después de unos minutos. Remus asintió y dejó que ambos, Sirius y Hermione, lo ayudaran a levantarse. Probó su peso en su pierna, pero se dio cuenta de que no podía quedarse parado sin ser ayudado.
-Te ayudaremos,- dijo Hermione. –Pero tenemos que apresurarnos.
-¿Por qué?- preguntó Remus. Sirius y Hermione intercambiaron una mirada. -¿Qué pasó?- preguntó de nuevo.
-Voldemort tiene a James y a Lily y al resto de los Gryffindors,- dijo Sirius quedamente.
Remus digirió las noticias. -¿Y qué hay de los maestros?- preguntó.
-No sabemos,- replicó Hermione.
-¿Dumbledore?
-Oímos a dos Mortífagos diciendo que había huido,- contestó Sirius.
-No puede ser,- dijo Remus. –Nunca nos abandonaría.
-Pensamos igual que tú,- dijo Sirius. –Pero también pienso que en este momento no podemos contar con él para rescatar a los demás. Ni siquiera sabemos si él ya se enteró de que los demás han sido capturados.
-Entonces tendremos que hacerlo nosotros solos,- dijo Remus resueltamente.
-Hay una cosa que sí sabemos,- dijo Hermione. –De alguna manera, James se las arregló para destruir el mapa, así que no podemos ser seguidos a través del castillo.
-Sí, pero destruimos nuestra única salida a Hogsmeade,- dijo Sirius.
-No era nuestra única salida,- discutió Remus. Ambos intercambiaron una mirada de que ya sabían qué seguía. –Debemos tener mucho cuidado. Estaremos expuestos en nuestro camino al Sauce Boxeador.
-Podemos lograrlo,- dijo Hermione, emocionada de que al fin tuvieran un plan.
-No hay que perder el tiempo entonces,- dijo Sirius. Pasó su cabeza bajo uno de los brazos de Remus y Hermione hizo lo mismo del otro lado y luego los tres salieron hacia el pasillo.
Lograron llegar a la entrada del castillo sin ser vistos, aunque notaron que habían pasado cerca de unos doce Mortífagos o más. Estaban horrorizados por el estado en el que estaba el primer piso. Había hoyos en todas las paredes y estaba más vacío que nunca. Hasta el aire se sentía quieto. Hermione sentía que toda su magia había sido chupada.
-Vamos,- los urgió Sirius quedamente. Se movieron lo más silenciosamente que pudieron hasta el Sauce Boxeador. –Quédense aquí,- ordenó Sirius. Se fue burlando todas las ramas del árbol hasta llegar a apretar el nudo. Una vez que el árbol se quedó quieto, Hermione ayudó a Remus a avanzar. Entraron y siguieron su camino directo a la Casa de los Gritos.
Observaron el pueblo desde las ventanas y vieron que había dos Mortífagos fuera de Honeydukes.
-¿Qué opinan?- preguntó Sirius.
Remus encogió los hombros. –Debe de haber más, en algún lado, quizás adentro.
-Pero no tantos más,- dijo Hermione. –Creo que la mayoría de ellos están en el castillo buscándome.
-¿Qué?- siseó Remus.
Hermione y Sirius intercambiaron una mirada de preocupación.
-¿Por qué crees que te estén buscando a ti?- preguntó Remus.
-Oímos a unos Mortífagos hablando,- confesó Hermione. –Al parecer Peter hizo que Voldemort pensara que yo soy una espía o algo así.
-Quién sabe lo que está pasando en al cabeza de ese idiota,- añadió Sirius.
-No puedes salir, entonces,- le dijo Remus a Hermione.
-Tengo que,- protestó Hermione. –James y Lily me necesitan. Tengo que asegurarme de que estén bien.
-No sabemos lo que Voldemort te podría hacer si te encuentra,- dijo Remus fieramente.
Sirius lo miró boquiabierto a él y hasta los ojos de Hermione se abrieron más. Remus nunca había dicho el nombre de Voldemort. Ninguno de ellos lo había hecho excepto Hermione. Sintió una inexplicada oleada de orgullo a través de ella y repentinamente el miedo que había sentido se empezó a disipar. Hermione lo besó con solidez, radiante a él. Él estaba perplejo, pero complacido.
Para no quedarse afuera, Sirius añadió. –Hermione no tiene miedo de V... Vol... Voldemort.- Respiró hondo. –Y yo tampoco.- Hermione le sonrió con calidez y lo besó en la mejilla. Sirius se sonrojó, tosió y luego se aclaró la garganta. –Necesitamos un plan,- dijo mirando sus pies.
Remus y Hermione aceptaron con aceptación y esperaron. Sirius suspiró. –Bien, supongo que los tienen atrapados en Honeydukes. Tenemos que entrar de alguna manera. Creo que podemos encargarnos de los dos tontos que están ahí afuera.
-Tenemos el elemento sorpresa,- dijo Hermione. –Podríamos simplemente entrar con nuestras varitas afuera y esperar lo mejor. Voldemort es muy arrogante. Puede que no tenga tantos Mortífagos a su lado. Puede que piense que no es necesario enfrentándose a unos adolescentes.
-Es peligroso,- dijo Remus con suavidad. –Pero puede ser nuestra única esperanza.
-Okey,- dijo Sirius, sacando su varita. –Hagámoslo.- Fue a ayudar a Remus de nuevo, pero Remus negó con la cabeza. Dio unos pasos inseguros él solo e intentó no mostrar ningún signo de incomodidad. Estaba cojeando notablemente, pero era capaz de caminar sin ayuda. Ambos él y Hermione tenían sus varitas afuera mientras seguían a Sirius hacia fuera de la Casa de los Gritos.
Desde la protección de un grupo de árboles Remus y Sirius apuntaron sus varitas a los dos Mortífagos y los aturdieron. Cayeron sin hacer ruido y los tres amigos se acercaron más a Honeydukes.
Se asomaron por una de las ventanas y pudieron ver a todos los Gryffindors sentados en el suelo de la tienda de dulces. También pudieron ver un montón de Ravenclaws y de Hufflepuffs y hasta unos cuantos Slytherins.
-Al parecer están trayendo a los alumnos aquí,- comentó Sirius. –Pero no veo a James.
-Ni a Lily,- añadió Hermione.
Remus hizo un sonido chistoso con su garganta. -¿Qué?- susurró Hermione.
-Ahí están,- dijo Remus.
Hermione vio cómo una figura alta e imponente salía a la vista. Estaba agarrando a James. James se veía pálido, pero desafiante. –Aún no veo a Lily,- dijo Hermione, casi llorando.
-Mira para abajo,- susurró Remus.
Hermione le echó una mirada a los pies de Voldemort y vio una figura delgada con cabello rojo, tirada y muy quieta. Un enojo feroz se le vino encima y apretó su varita con fuerza, haciendo que saltaran chispas rojas. Se alejó de la ventana, pero Sirius la tomó del brazo.
-Hay al menos otros cuatro Mortífagos ahí, más Vol... Voldemort,- dijo Sirius. –Necesitamos ser rápidos y exactos.
-No te preocupes,- dijo Hermione fríamente. –No fallaré.- Se movieron a hurtadillas a la puerta central.
-Listos,- dijo con movimientos de la boca Sirius. Hermione y Remus asintieron, manteniendo sus varitas en alto. Sin necesidad de otra palabra, entraron a Honeydukes y echaron sus hechizos volando. Los Mortífagos estaban tan asombrados que no pudieron arreglárselas para enviar un solo hechizo de regreso. Los estudiantes estaban gritando y había un total alboroto en los pequeños terrenos de la dulcería.
Cuando el ruido empezó a bajarse un poco, Hermione miró alrededor para ver si habían atrapado a todos los Mortífagos. Volteó a otro lado por el sonido de una risa atronadora y escalofriante.
En todos sus años nunca había estado frente a frente con Lord Voldemort. Harry había estado, y muchas veces, y le había contado lo que se sentía y cómo era, pero nada de lo que él había dicho la había preparado verdaderamente.
Voldemort era alto e imponente. Tenía una sonrisa que estaba entre una de suficiencia y una maliciosa. Su cara no era nada parecida a lo que había descrito Harry. Era demasiado suave y casi normal a la vista. Harry había descrito una cara como de serpiente. Pero éste era un Voldemort en la cima de su poder, antes de que se hubiera desvanecido por un bebé.
Parado a su lado, o mejor dicho, siendo sostenido a su lado estaba James. Tenía sangre saliendo de un lado de su boca y respiraba con dificultad. Para Hermione, fue como ver a Harry a la voluntad de Voldemort, y eso la llenó de ira.
-Déjalo ir,- dijo fieramente.
Voldemort se rió de nuevo. –Hermione Granger, supongo. Sí, puedo ver que Colagusano tenía razón. Eres una bruja demasiado poderosa como para ser una mera estudiante.- Él observó a sus Mortífagos caídos, antes de arrojar a James al piso. Él cayó al lado de Lily y gateó para checarla. James pasó su mano por el cabello de ella, pero ella no se movió. Los ojos de Hermione fueron desde James, de regreso a Voldemort desafiantes.
-Déjalos solos,- dijo temblando de ira. Cada parte de ella estaba lleno de miedo, pero se había propuesto a no demostrarlo, no mucho. Sintió a Remus y a Sirius acercarse tras ella y se sintió más segura por su apoyo, aunque también los podía sentir temblando.
Voldemort le dirigió una mirada penetrante, antes de que su mirada se dirigiera a su izquierda, donde Sirius estaba parado. Hermione pudo ver el reconocimiento en sus ojos y sintió a Sirius ponerse tenso a su lado. –Creo que conocía a tu hermano, niño,- se burló Voldemort.
Antes de que pudiera pararlo, Sirius había sacado su varita y la había apuntado a Voldemort, y lo que supo después, fue que Sirius volaba por los aires y chocaba contra una pared tras ellos. Remus agarró a Hermione y la puso tras él. Ambos tenían sus varitas y las apuntaron a Voldemort, pero de poco les sirvió. Voldemort se volteó, y antes de que estuvieran preparados, ya tenía a ambos bajo un hechizo donde cuerdas los rodearon y ataron.
El resto de los estudiantes se quejaron de donde estaban sentados. Todos estaban desprotegidos sin sus varitas y la mayoría de ellos inmovilizados por el miedo. Voldemort revivió rápidamente a sus seguidores y le ordenó a uno de ellos a recoger a Hermione. Ella sintió cómo era levantada, pero sin poder hacer nada para pararlo mientras se la llevaban de Honeydukes.
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Bien.. ¿qué les pareció? Espero que les haya gustadoo (: ya estoy empezando a traducir el otro pero es que éste sí estuvo más largo que el pasado jejej y pss no se preocupen intentaré subir lo más pronto que pueda… hay muchas cosas que me gustaría decirles!! Pèro mejor ya subo el cap, cuídense muchoo
caro :D
