XXVI. Un paso adelante.
Estando en la sala de clases, el profesor pocas veces se daba el trabajo de observar a su alrededor, por ejemplo, desde la ventana, para saber qué era lo que ocurría durante aquel tiempo en que los alumnos se las pasaban fuera de esas cuatro paredes. No malinterpreten, ya que muchas veces no lo hacen porque están preparando los materiales para la clase siguiente, o están escribiendo en sus apuntes aquellos puntos que ellos consideraron importantes de la clase que vieron recientemente.
Ese era el caso del profesor Simmons, que en esos momentos estaba ordenando la sala de clases para las siguientes horas de trabajo con sus queridos estudiantes. Ese día se sentía relativamente contento porque había podido avanzar más de lo que esperaba en una de las materias, y aunque no quería cantar victoria aún, sentía que el resto de la jornada podía ser igual de productiva si es que los niños estaban lo bastante callados como para ser escuchado lo bastante fuerte.
Fue, mientras ordenaba su sala, que dio una mirada por la ventana, que tenía la panorámica del patio donde sus alumnos solían jugar en el recreo. Lo que vio no le llamó mayormente la atención, no al menos en un primer momento, por lo que continuó con lo que estaba. Fue sólo momentos después que su cerebro pareció reaccionar ante tal peculiar imagen, por lo que dejó de hacer todo y se acercó a la ventana, notablemente curioso.
No era extraño para él que sus pupilos estuvieran todos reunidos, sentados en una de las bancas de madera. Así era desde que Gastón había establecido tener reuniones tácticas en algunos de los períodos libres. Simmons sabía que en otro momento todos (incluidos los niños) hubieran alegado por una decisión así (comprendía perfectamente que sus minutos libres eran sagrados, después de estar trabajando en clases), pero todos estaban tan entusiasmados por la posibilidad de clasificar a la final, que prácticamente le hicieron caso sin chistar.
En fin, no fue eso lo que llamó su atención, sino que la presencia de dos de sus alumnos. Conocía a ambos, y sabía muy bien que los dos habían tenido un año completamente diferente. Mientras que Arnold había tenido la alegría de recuperar a sus padres, y de ser hijo único, a ser el hermano mayor (aunque aún no nacía el bebé), Helga había tenido que enfrentar problemas familiares que seguramente no eran adecuados para su edad, pero que había logrado superarlos más que nada por la fuerza interior que la niña tenía. En cierta manera, no podía evitar sentir admiración por ella.
Arnold estaba sentado al lado de Helga (lo que en cierta manera, no era novedad, ya que siempre el muchacho había intentado tener una mejor relación con aquella que en cierta manera consideraba como su verdugo), se notaba que ninguno de los dos estaba atendiendo a lo que decían sus compañeros, conversaban muy tranquilos. Lo que finalmente hizo sonreír a Simmons, fue que él tenía un brazo sobre los hombros de Helga, y la atraía hacia él con cierto gesto amigable.
Le llamó la atención que ella no lo rechazaba, y que continuaran conversando tranquilamente los dos. Se dio cuenta que el gesto de Helga no tenía nada que ver con el que se veía anteriormente cuando Arnold (o algún otro) la tocaba. No tenía el ceño fruncido, no parecía querer lanzar lejos al otro, sino todo lo contrario. Parecía no querer que la soltara.
Después de observarlos un poco más, volvió a su trabajo. Se sentía contento por sus alumnos, sobre todo por Helga, que parecía estar sanando poco a poco de todas las heridas que ese año le había hecho. Pero, lo mejor de todo, es que parecía que estaba madurando (aún más), siendo capaz de recibir cariño por parte de aquel que quiere, sin hacer mayor escándalo ni avergonzarse por ello.
El sonido del timbre le dio a entender que el receso había terminado, por lo que muy pronto volverían sus alumnos a clases. En días como este, era que se sentía contento por tener un grupo como ese bajo su tutela, y era que se sentía completamente comprometido con ellos.
-Escuchen muy bien, esto es lo que vamos a hacer…- dijo Gastón, cuando por fin pudo tener la atención de sus amigos, después de un rato de estar esperando que se callaran.
-¿Por qué siempre tenemos que llegar a este momento?- suspiró Rhonda, con cierto hastío en su voz -¿va a ocurrir esto siempre antes de cada partido?
-Respondiendo a tu primera pregunta: sí, siempre vamos a llegar a esto porque es importante que conversemos antes, y además, sería mucho más corto si es que ustedes se dediquen a conversar menos. ¿Qué les cuesta escucharme cinco minutos?
-Quizás si hablaras de temas que realmente nos interesan…- murmuró Rhonda, Gastón la quedó mirando con seriedad.
-Prefiero ignorar lo que acabas de decir- replicó el niño, después de unos momentos –en fin, mañana es la semifinal, y deberían tomar esto más en serio, porque no pudimos practicar a causa de la lluvia.
-Ah, si, casi lo olvidamos…- dijo Helga, con algo de burla en su voz. Como estaba sentada a un lado de la ventana, pudo ver cómo las gotitas de agua prácticamente se unían a las posas de agua que habían en la calle (por no decir que estaban casi inundadas). Habían estado casi toda la semana preparándose para ese final entrenamiento, suspendido cinco minutos antes a causa de la fuerte lluvia que comenzó a caer sobre ellos cuando se estaban preparando.
No sabía si tomarlo como buena o mala suerte… no habían entrenado, pero estaban todos reunidos en casa de Arnold, tomando jugo y comiendo galletas, pero hablando de fútbol. A ratos no entendía cómo una persona podía tener sólo ese tema de conversación, entonces se acordaba de lo que sentía ella por otros deportes, como el beisbol o el fútbol americano, y podía entenderlo sólo un poco mejor… sólo un poco.
-Yo creo que estamos bien- sonrió Nadine, tratando de alivianar un poco la pequeña discusión que había entre Gastón y Rhonda –hemos llegado bastante lejos, a pesar de los problemas que hemos tenido- agregó luego, mirando su pierna, aún enyesada.
-Pero tienen que pensar que ahora será más difícil- dijo Gerald, sonriendo levemente –considerando que sólo quedan dos partidos para que terminen el torneo- esta vez la emoción se reflejó en su mirada -¡ya quisiera saber si tenemos el premio o no!
-Vamos de a poco- dijo Arnold esta vez, sonriendo por las palabras de su amigo –no hay que presionar a las chicas. Primero tienen que ganarle al equipo de mañana, y después pensaremos en la final… y después pensaremos en el premio.
-Sí que eres aguafiestas, Arnold- replicó Sid –no puedes evitar que soñemos con ese viaje…
-Deberían pensar en la poca fe que le tenían a las chicas al comenzar- replicó Arnold, sonriendo de medio lado –quizás empezando por eso, pensarían más en agradecerles por dónde han llegado, que presionarla por llegar a la final, y ganarla.
-¿No podemos hacer las dos cosas?- preguntó Stinky, y la mayoría de ellos se largó a reír, mientras que Helga hacía ojos al cielo.
-No creo que eso sea compatible- dijo Gastón sonriendo –en fin, volviendo al partido de mañana… que antes que pregunten, no creo que suspendan porque esté lloviendo- se escuchando algunas propuesta por parte de las niñas –tenemos que hacer la reunión.
Los niños comenzaron a hablar, aunque no tan serio como le hubiera gustado a Gastón. Desde el pasillo, eran escuchados por algunos adultos, que se notaban de lo más divertidos con cada cosa que ellos decían.
-No puedo creer que tomen tan en serio un partido de fútbol- dijo el señor Poposhka, bebiendo un poco de café con gesto despreocupado.
-Debe ser por el premio- comentó Miles, sonriendo levemente –a cualquiera lo entusiasmaría un viaje para todo el curso al lugar del país que quieran.
-Sí, creo que tienes razón…- asintió el otro, pensativo.
-Me alegra que estén comprometidos con el partido- sonrió Stella –cuando Arnold me comentaba acerca de las reuniones, nunca imaginé que fueran a ser así… en cierta forma, es divertido.
-Es verdad…- asintió Miles, escuchando algunas risas de los niños –y lo mejor es que pareciera que se divierten mucho.
-Sí…
Una hora después y la reunión había acabado… aunque la verdad, de reunión había tenido poco. Más que nada se habían dedicado a conversar de cualquier cosa, y de vez en cuando hacían uno que otro comentario acerca del equipo de fútbol. Después de un rato, cada uno decidió irse a su casa, pensando en lo que tendrían que hacer al día siguiente, sobre todo las niñas, para poder asegurarse estar en la final del campeonato. Saber cuál de todas estaba más emocionada, era difícil de saber.
-¿Te imaginas ganamos?- le decía Gastón a Helga, mientras caminaban lentamente por la calle, a pesar de la lluvia -¿a dónde te gustaría ir?
-A cualquier parte que haya sol- contestó Helga, sonriendo un poco. Su amigo también lo hizo, divertido por su respuesta –es en serio.
-Me imagino que sí, ha estado nublado bastante tiempo, con todo eso del invierno- asintió Gastón –por cierto, ¿vendrás a mi casa esta noche? Mamá dice que cocinará algo que te guste.
-¡Claro que sí!- sonrió Helga de oreja a oreja –estaré ahí en un rato, ¿si? Dile que no se preocupe.
-Genial- dijo Gastón –en mi casa te adoran.
-Y a mi me encanta estar ahí- dijo Helga, con tono ligero, deteniéndose en la puerta de su casa, que estaba cerrada –nos vemos al rato.
-Adiós, Helga- dijo el otro, caminando hacia su casa que, por cierto, no quedaba muy lejos de la de Helga.
Helga había pensado que, como sólo quedaban cuatro equipos participando en el torneo de fútbol, que habría mucho menos público observándolos jugar. A penas llegaron al lugar del evento, se dio cuenta que estaba equivocada. Había mucha más gente que las veces anteriores, incluso.
Y por eso mismo, sintió que su estómago se retorcía un poco.
-Esto es… ¡estupendo!- dijo Rhonda, sonriendo ampliamente -¿ven eso? ¡Hay periodistas por todas partes!
-Considerando que quedan sólo dos fechas para que termine el torneo, es un tanto obvio que hayan más periodistas…- dijo Phoebe, tratando de no demostrar que estaba sintiéndose nerviosa –están los mejores cuatro equipos de todos…
-No puedo creen que me vayan a grabar jugando- dijo Rhonda, con cierto tono vanidoso –después de los partidos quedo tan sudada que preferiría que no lo hicieran.
-En ese caso, puedes salir corriendo cuando termine el partido- sonrió con burla Helga, sobre todo cuando la otra le devolvió una mirada no muy amable -¿qué? Eres tú la que está diciendo esas cosas, tienes que ser consecuentes…
-Ya no se pongan a discutir- las detuvo Gastón –vamos a ubicarnos, tienen que calentar antes que empiece el partido.
Caminaron unos cuantos metros, y después de hacer unas cuantas preguntas sobre la cancha en la que jugarían, se ubicaron en la banca correspondiente para su equipo. Ahí se encontraron con un sonriente profesor Simmons, que los esperaba.
-Que bueno que ya llegaron- les dijo, animoso como siempre –niñas, empiecen a arreglarse y a calentar, no falta demasiado para que comience su partido.
-¿Cómo se llama el equipo con el que jugaremos?- preguntó Arnold, que como era el "entrenador asistente" tenía que ir con el equipo.
-Sep- Gastón respondió –creo que se llaman…
-¿No se supone que son las "Hanna Montana"?- dijo Helga, y luego soltó una risa de burla –vaya el nombre idiota… sólo falta que se pongan "Las hechiceras de Waverly Place"- dijo, riéndose aún más.
-Y así se llaman- dijo Gastón, causando la risa de Arnold por la cara de incredulidad que Helga tenía –y el otro es… "Young Justice"
-No puedo creerlo…- murmuró Helga, haciendo ojos al cielo.
Ella y las demás niñas se acercaron a la cancha a calentar, mientras que el equipo de "Hanna Montanna" hacía lo mismo. Justo en esos momentos, al lugar llegaban los demás compañeros de las niñas, y se ponían muy cerca de la banca de sus amigos.
-Tienen que ganar- decía Sid, como si lo estuviera encargando a un ser superior –por favor, que ganen… ¡necesitamos ese premio para las vacaciones!
-Debemos tener fe en ellas- dijo Gerald –después de todo, ahora Phoebe también está jugando, así que el equipo está mucho mejor- todos lo quedaron mirando con cierta incredulidad -¿qué?... no pueden negar que es verdad.
-Sí, seguro…- dijo Sid, haciendo ojos al cielo. Gerald lo quedó mirando con seriedad –no te enojes, pero tienes que reconocer que al final la única que es fundamental en el equipo es Helga, es la que mejor juega de todas y la que dirige el juego.
-Sí, por eso Gastón quería que fuera la capitana, y con razón… ella hace bien ese papel- agregó Stinky –y no quiero que Nadine se enoje o algo así, pero todos sabemos que es verdad.
-No me enojo- dijo la niña, sonriendo levemente. Debido a que estaba enyesada, y que no podía jugar, prefería ver el partido con sus compañeros de escuela y no en la banca, con Arnold y Gastón –yo no estaba de acuerdo cuando me dieron la capitanía, pero había tal discusión entre Rhonda y Gastón, que de verdad preferí quedarme callada.
-Y te aseguro que yo hubiera hecho lo mismo- dijo Harold, y varios asintieron repetidamente.
Pasó el rato y, una vez que la hora fue la indicada, se decidieron a jugar. El primer equipo había sido las "Hechiceras de Waverly Place" en contra de "Young Justice", y las ganadoras habían sido las segundas, siendo ellas las primeras finalistas. Inmediatamente después de ese partido, vino la segunda semifinal.
Si bien todas las niñas (incluidas las del otro equipo) estaban entre nerviosas y ansiosas cuando comenzaron a jugar, estaban tan concentradas en el juego que muy pronto eso no les importó. Tenían otros asuntos más inmediatos en los que preocuparse, por lo que muy pronto el nerviosismo pasó a segundo plano, literalmente, y se enfocaron completamente en el partido.
Helga se dio cuenta por qué razón las otras niñas habían llegado a la semifinal, ya que se notaba que tenían mejor nivel que las últimas con las que habían jugado (o quizás ellas también aprovecharon los días de vacaciones para practicar, igual que ellos), pero aún así, no se dejó amedrentar por este pensamiento, y seguía completamente el juego tanto de sus compañeras como de las niñas del otro equipo.
Sentados en la banca, Arnold, Gastón y Simmons seguían el juego, los dos primeros bastante concentrados para notar posibles mejoras que sus compañeras necesitaban. El profesor, tan nervioso que estaba que se comía las uñas de los dedos de la mano.
Tanto así, que en un tiro del otro equipo al arco de sus alumnas, simplemente se tapó los ojos con las manos, incapaz de ver cuál fue el resultado de tal acción.
-Señor Simmons- dijo Arnold, después de unos momentos (a la vez que Gastón como podía se aguantaba la risa que tenía) –no fue gol…
-¿Ah si?- se destapó inmediatamente los ojos, y sonrió con alivio cuando se dio cuenta que el juego continuaba –uf, menos mal. ¡No puedo creer que me asusten de esta manera! Si ocurre esto nuevamente me va a dar un ataque…
Gastón y Arnold se miraron nuevamente, el primero con unas ganas de reírse que a penas podía disimular.
El primer movimiento importante para los dos equipos fue un poco después de la mitad del primer tiempo. Habían sacado las del equipo "Hanna Montanna", después de un mal tiro por parte de Helga (desde su ubicación a un lado del arco), y mientras avanzaban, Phoebe fue lo bastante arriesgada como para interrumpir un pase entre ellas, y poder robarse el balón. No se puede negar que el grito de felicidad por parte de Gerald se escuchó en casi todas partes (y la posterior risa de sus compañeros también). La niña le dio un pase a Rhonda, quien a penas la alcanzó y la desvió lo suficiente como para que Lila la tomara, y no la niña del otro equipo.
Y Lila fue lo bastante atrevida como para tirar con fuerza, sin importarle el pelotazo que pudiera recibir la arquero del otro equipo.
Pero lo bueno, para ellas, fue que la arquero no fue capaz de atajar la pelota, por lo que fue el primer gol. Estaban lo bastante contentas como para celebrar con todo el gol, gritándolo con felicidad. En todo caso, hay que aclarar que ellas no fueron las únicas. En la banca y entre el público, tanto sus compañeros como los familiares cercanos también celebraron con todo por las niñas, mientras que las del otro equipo trataban de superar, en cierta manera, el golpe recibido, y trataban de enfocarse nuevamente en el partido. Ya que aún quedaba bastante para poder cambiarlo.
Y la oportunidad para ellas fue a punto de terminar el primer tiempo. Después de una gran descoordinación entre Helga y Phoebe, una niña del otro equipo la consiguió, y pudo jugar lo bastante bien como para poder meterles un gol.
Fue eso mismo lo que causó que las niñas fueran al descanso bastante desmotivadas, ya que un gol a esas alturas del partido siempre era un golpe de energía, sea positiva o negativa.
-No se desanimen ahora- decía Arnold, sonriendo –aún queda partido, pueden ganar. Estoy seguro de ello.
-Sí, Cabeza de Balón, como digas- replicó Helga, haciendo ojos al cielo. La rubia se encontraba sentada en el suelo, descansando.
Fue que, estando en esa posición, vio a la distancia una cara que le llamó la atención. En un primer momento pensó que se había equivocado, pero después de verla por segunda vez (ahora mucho más atenta), se dio cuenta que no se había equivocado. A pesar de lo cansada que estaba, se puso de pie, y se acercó a ella, que la esperaba con una gran sonrisa, acompañada por Miriam y Olga.
-¿Qué haces aquí?- le preguntó la niña, genuinamente sorprendida.
-No podía perderme este partido- contestó Emily, sonriendo e hincándose en frente de Helga –y Mike tampoco quiso, está junto con Bob por ahí.
-¿De verdad?- preguntó la rubia, animada. Después de unos momentos, quedó mirando a Emily con cierta desconfianza –entonces… ¿ya no estás molesta?
-Nunca estuve molesta contigo- contestó Emily, acariciando la cabeza de la niña –creo que sólo estaba triste, porque quería que te fueras conmigo, y quizás ser una verdadera mamá para ti.
-Pero…- comenzó Helga, Emily la interrumpió.
-No, Helga- la detuvo –al final tienes razón, tú eres toda una Pataki, lo quiera o no. Y no tienes idea de lo feliz que me hace que por fin Bob y Miriam se den cuenta lo mucho que vales como hija…
-¿Sabes?- dijo Helga, después de unos momentos –tú sigues siendo mi tía favorita- agregó, y Emily se rió –además, seguiré yendo contigo en las vacaciones, así que no te preocupes.
-Es genial saberlo- sonrió Emily, y fue después de unos instantes que se decidió a abrazar a Helga. La niña respondió inmediatamente al gesto.
-Has jugado muy bien, Helga- dijo Olga –si siguen así, estoy segura que ganarán el partido.
-Ojalá que tengas razón- pidió Helga.
-Por supuesto que sí- dijo esta vez Miriam –Bob nos invitará a almorzar después del partido, así que trata que ganen, porque seguramente nos llevará a un restaurante genial.
-Ya verán que sí- contestó Helga, sonriendo ampliamente.
Comenzó el segundo tiempo, y si bien el equipo "Hanna Montana" era bueno (mejor que los otros equipos con los que habían jugado), y después de unos cuantos minutos, Helga fue capaz de afirmar lo que le había dicho a su familia: su equipo ganó, y pasó a la final.
Hola!
Me alegra por fin haber podido escribir este cap... vuelvo a pedir disculpas por la demora, y creo que ya las excusas no valen... y la verdad, ya quiero que sea viernes para salir de vacaciones de invierno de una vez. Estoy estresadísima.
Bueno, no sigo con mis dramas, espero que hayan disfrutado el capítulo y desde ya aviso... ¡Sólo queda uno!
Agradezco a los que siguen la historia, en especial a Patricia, Sakura-Selene, Shalalosa, Bkpets, que dejaron comentarios.
Eso... ¡hasta pronto!
