Bien, acá seguimos. Espero que les guste y pues espero que escribir sin cometer errores. Me gustaría tener internet al menos en la laptop y así no me equivoco tanto.

Tomo en consideración la sugerencia de un buen amigo, para prepararles una sorpresa en éste fic.


Sabía que tenía que acostarse temprano, pero realmente se encontraba cómoda, acurrucada entre los brazos del doctor y bajo una cálida manta, mientras el hombre continuaba contándole anécdotas de su vida. Ginny ya se había ido a dormir y al final tenía un poco de tiempo a solas para conversar.

Sentir su aroma tan dulce e hipnótico, sus brazos alrededor de ella, casi como su padre habría hecho en el pasado. Para consolarla.

- ¿De verdad, la señorita Evans dijo eso? - preguntó, tratando de no reírse y hacer mucho ruido.

- Sí. ¡Dijo que debía leer más, solo porque no tenía ni idea de la última moda de Paris!

- Fue muy grosero de su parte. - dijo Sprout frente a ellos, en el sillón hondo que Snape había ocupado antes. Miró su reloj y sonrió dulcemente. - bien, ya es hora de dormir. Jovencita, tiene que descansar.

Protestó pero no pudo ocultar un gran bostezo y se estiró entre los brazos del cirujano.

- Está bien, Sprout tiene razón y necesitas descansar, reponer energías. Si no, no podrás sanar adecuadamente. La piel necesita regenerarse para poder cubrir todas esas heridas.

Asintió mientras el hombre se inclinaba para besar la parte posterior de su cabeza y susurrarle las buenas noches. Sonrió contenta y esperó para que Sprout la alzara en brazos y lentamente la condujera hasta su habitación. Al cerrarse la puerta, la mujer descendió con una sonrisa entre sus labios.

- No creí que fuese a admitirlo, pero creo que al final sí eres un buen prospecto para Hermione. Creo que ustedes dos podrán ser realmente felices y, además, ¡mira su expresión de ilusión! Y... ¡mira la tuya, especialmente!

Sonrió también, acomodando su traje de gala negro y mirando en dirección a las escaleras y su habitación.

- Realmente me gusta, es algo que jamás había sentido antes. - confesó. - es joven, es hermosa, es inteligente y muy dulce. ¿Crees que realmente me merezca una esposa como ella? Crees que pueda amarme tanto como yo la amo a ella.

- Pues... no lo sé. - dijo la mujer mientras lo acompañaba hasta la entrada de la hacienda. - pero si sigues siendo tan atento como ahora, estoy segura de que pronto lo descubrirás. Solo una mujer tonta, se resistirá a tales cortejos.

Se despidieron con un cortés "buenas noches" y de camino a la cabaña y la habitación de la joven Ginny Weasley, mientras corría para escapar de la nieve, no dejaba de sonreírse a sí mismo.

No podía creerlo, tenía que ser un sueño. ¡Cuánto la amaba y cuánto deseaba formar una familia con ella! Luego de quitarse el traje y la nieve de encima, simplemente se arrojó a la pequeña cama y respiró hondamente. Ni atención había puesto, a todo lo que le rodeaba. Simplemente se había inclinado sobre la cómoda para apagar la lámpara a gas y cerrado sus ojos, listo para dormir y soñar con ese día.

El día de su boda, aquel día de la propuesta. Día donde pudiera exhibir el anillo de bodas más caro que pudiera conseguirle. Nada era suficiente para ella, a su modo de verlo.

Jamás había deseado que el tiempo pasara. Siempre se había sentido viejo y que tal vez morirá solo, sin una mujer a su lado para formar una familia y tener hijos a los cuales poder educar.

Pero en ese momento sólo soñaba con aquel día. El compromiso, el día que pudiera lucir un hermoso anillo de bodas. El más costoso que pudiera encontrar, ya que prácticamente nada en el mundo le hacía justicia.

Y al escuchar ruido en la habitación y sentir que su mejor amiga ya se encontraba en la cama, Ginny Weasley despertó de inmediato y llena de una curiosidad que ya se esperaba.

- Por favor, cuéntamelo todo. ¿Se besaron? ¿Te dijo alguna cosa que deba saber antes de que tu madre se entere?

- ¿No podemos hablar mañana? Si mi madre descubre que me he acostado muy tarde y no me he podido despertar para despedirme de ella, la poca confianza que nos tenemos... volverá a flaquear.

- Por favor...

- Pues no nos besamos, puesto que la señorita Sprout estaba allí para vigilar. Sin embargo, nos acurrucamos junto a la chimenea y me contó un par de historias de su vida. Luego me dio un beso en la parte posterior de la cabeza y me susurró "buenas noches" y para ti también, puesto que imaginó que estarías despierta y me interrogarías al respecto.

Ambas rieron y se acomodaron para al fin dormir y poder despertar temprano por la mañana.

Jamás se había sentido tan contenta, que pudiera recordar, y no dejaba de pensar en su padre constantemente. Protegida, amada, segura. Todo eso que había sentido mientras había conocido a su padre en vida.

¿Acaso su amor y el amor de su padre, eran parecidos en algún sentido?

No podía esperar hasta el amanecer y descubrirlo. Poder pasar más tiempo y conocer mejor al hombre que ansiaba poder cortejarla hasta el matrimonio.

Y al amanecer, realmente no podía despertar. Estaba tan cansada que de no ser por los imperiosos movimientos de una mano sobre su brazo, seguiría durmiendo largo y tendido.

- Vamos, Hermione, despierta. Antes de que tu madre nos mate a ambas por no despedirnos.

Apenas y pudo sentarse, ahogando un bostezo y aún con los ojos cerrados, estiró sus brazos para que su mejor amiga pudiera quitarle el largo camisón blanco que usaba como pijama. No podía ni ver, pero pensaba haber escuchado el agua correr en la tina.

- Muy bien, cepilla tus dientes. Yo tengo que servir el café para la señorita Sprout y el doctor Snape.

Abrió los ojos de par en par y se sonrojó de inmediato, mientras su mejor amiga sonreía.

- ¿Se quedó? - dijo con estupefacción, en tanto que Ginny asentía muy contenta.

- Se despertó muy temprano por la mañana y ya estaba en el salón, cuando yo desperté. ¡Me ganó y eso es prácticamente imposible! Parecía tener dudas de si quedarse y despedirse de ti y de tu madre o si marcharse. Quizá le ayudé un poco, sugiriéndole que se quedara ¿Y quieres saber algo más? Me da la impresión de que o durmió desnudo o en calzones. Su ropa no tenía ni una sola arruga...

- Ginny... ¡por dios!

- He planchado tu ropa por años y sé darme cuenta si tiene alguna arruga. Y la verdad, si no supiéramos que pasó la noche con nosotras, ni nos daríamos cuenta. Luce tan elegante como anoche. Ahora... toma un buen baño, antes de que tú madre nos mate.

Y por ende, estaba retrasada para servir el café matinal. Su hermano Ronald Weasley, se encargaba de servir a los invitados.

- Señor Snape, si me permite un par de palabras. - dijo el joven pelirrojo y el hombre asintió, mirándolo detenidamente. Ron se sonrojó ligeramente ante la mirada atenta del doctor sobre él.

- ¿En qué puedo serle útil?- preguntó el hombre, arqueando una ceja ante el joven pelirrojo.

- Hermione y yo, hemos sido amigos durante años. - tragó fuertemente, nervioso. - y creo que debo advertirle que ella ya ha sufrido suficiente y advertirle que si no la cuida como es debido. - guardó silencio al darse cuenta de que su patrona emergía del piso superior y bajaba las escaleras, mirando la reunión con curiosidad.

- Creo que... ¿tienes competencia? - susurró Sprout por lo bajo, antes de que la mujer se sentara frente a ellos y Ron le sirviera un poco de café.

- Dónde está tu hermana. - preguntó la mujer y antes de que Ron contestara, Ginny bajaba las escaleras a prisa. Completamente arreglada y luciendo un par de crinejas y un vestido floral, muy de campo.

- Lo siento por la demora, señora Minerva. - dijo la joven, sonrojada. - Hermione está tomando un baño y sabe lo que se me dificulta a veces, ayudarle con su propio peso y caminar.

- Te he dicho que siempre que Hermione quiera desplazarse, que le avise a alguno de tus hermanos. Son mucho más fuerte y seguro podrán levantarla sin dificultades.

Ginny asintió mientras retiraba las tazas vacías de Pomona Sprout y el doctor Snape. El silencio podía cortarse con un cuchillo y Minerva parecía no poder pensar en un tema de conversación que sacar a relucir en aquel momento.

- Y... señor Snape. - dijo Ginny al traer una bandeja a la mesa, con el desayuno. Huevos, tocino, pan tostado, mermelada casera y mantequilla. Lo de siempre. - tiene pensado hacer alguna cosa para fin de año, ¿cierto?

- No, no lo creo. El hospital acostumbra una cena de fin de año, pero no creo que asista. - Ginny pensaba preguntar pero Snape se le adelantó. - si Hermione tiene otros planes, por supuesto. Y su familia, pensaba invitarlos a todos.

- Y nosotros pensábamos invitarlo a usted y la señorita Sprout. Y si la doctora Tonks quisiera venir también. Me pregunto si el señor Malfoy y su familia, vendrán a la fiesta.

- No he recibido carta que me diga lo contrario, después de... - la mujer se detuvo y sacudió la cabeza para olvidar el pasado. - no desaprovechará una oportunidad para decirme que debo vender, seguramente diciéndome que al final podemos ser amigos.

Severus pensaba opinar, pero guardó silencio al escuchar leves pisadas en la escalera. Se puso en pie al darse cuenta de que Hermione trataba de sostenerse y bajar por su propia cuenta.

- ¡Hermione! - exclamó Ginny, subiendo las escaleras rápidamente. - cómo te saliste de la tina, ¡podrías resbalarte y caer! Y lograste vestirte...

- No quiero estar en esa silla todo el tiempo, es todo. - dijo la joven y Ginny se apartó en cuanto el doctor terminó de subir las escaleras y apoyar todo el peso de su amiga, entre sus brazos. Hasta levantarla del suelo, con poco esfuerzo.

- Normalmente aplaudiría tu esfuerzo, pero tengo la misma preocupación que la señorita Weasley. Una caída desde éstas escaleras, podría arruinar todo el progreso que hemos hecho. - le dijo, mientras la dejaba en el sofá junto a su madre. Con extremo cuidado, mientras sus ojos le hacían suspirar al notar la pasión que despedían.

- Supongo que continuará visitando a mi hija, mientras no estoy. - comentó Minerva con un ligero tono de angustia que podía entreverse perfectamente.

- Pero la señorita Sprout y la señora Weasley, estarán aquí. - rezongó Hermione de pronto, antes de que alguien pudiera siquiera opinar. - además, ya no soy una niña. Sé cuidarme sola, mamá.

- Eso no lo dudo, supongo. Solo evita encontrarte en colinas muy empinadas y en bicicleta.

Hermione no rió con el chiste, pero tampoco su madre. Antes de que una discusión tuviera lugar, Sprout pensó en una solución que tal vez favorecía a ambas partes.

- Le ofrezco una solución que tal vez les simpatice a ambos. Severus sugirió un buen campo de trabajo y sin embargo, yo creo que Hermione debería incursionar en la pediatría. Estoy segura de que los niños te amarán tanto como los animales. Y Nymphadora podría ayudarte a entrar en la escuela de medicina.

- Pero... mi sueño siempre ha sido el poder manejar la hacienda que mi padre nos dejó. Y no pienso renunciar a ella. Les demostraré que una mujer puede hacerse cargo y que, además, no está en ruinas. Que aún lo vale.

- Simplemente creo que también debes explorar otras opciones. Severus podría educarte en todo lo referente a la medicina.

Pero no quería desempeñarse en el mismo ámbito que su "pareja", además que no tenía interés. Sólo tenía ojos para la hacienda. Su corazón y pasión estaban con ella.

- Medicina me parece una mejor idea, que ir por ahí... atendiendo animales. Al menos te dejará más frutos y más dinero, en caso de que muera. Ésta hacienda jamás nos devolverá nuestros años de trabajo.

Y Snape meditó la circunstancia. El comercio era un área completamente desconocida para él, pero quizá podía mover un par de influencias a su favor y cumplir el sueño que ella más anhelaba. Así tuviera que pagar las deudas él mismo.