Color Gris: Retorno.

—¿De visita? No, Dios, no.—Eren frunce el ceño y también los labios.

—Creo que ambos son lo suficientemente adultos como para evitar peleas, ¿No? Han pasado diez años desde la última vez que se vieron.

Durante todo este tiempo, es la segunda vez que se de ella, después de que dejara el país simplemente desapareció, como si jamás hubiese existido, una vez hable con su madre para saber cómo estaba, fue cuando me entere que se había ido y ahora que se de sus deseos de volver, no sé bien que fue de ella, si termino la universidad, si está casada, desempleada, lo que dudo ya que es muy inteligente, pero en realidad no sé qué fue de ella en todo este tiempo.

—Pues no la quiero aquí. —Recrimina.

—Qué pena, es mi casa, son mis reglas, si no quieres verla enciérrate en tu habitación o ve con Armin.

Hace una mueca de desagrado, frunce más el entrecejo e infla las mejillas, parece una ardilla muy enojada por sus nueces.

—Para compensarlo te llevare por un helado, ¿Te parece?

Su semblante se relaja y parece pensárselo un instante.

—Está bien, ¿Podemos ir a nadar después?

—Lo que sea solo deja de poner cara de amargado, te saldrán arrugas.

30 de marzo (cumpleaños de Eren)≈

—Trata de no hacer asquerosidades, ¿Quieres?

—Es mi pastel, puedo hacer lo que yo quiera.

—Sí, pero no solo tú…

—Ya, Levi, déjalo estar, es su cumpleaños después de todo, deja que haga lo que quiera.

—Lo consientes demasiado, Kushel, por eso es un niño mimado. —Interviene Kenny. —Si yo lo educara sería un hombre y no una nena berrinchuda.

—No soy una nena, anciano.

—Eren.

—¿A quién le dices anciano? Mocoso, estoy en mi mejor forma.

—Forma de pasa, querrás decir.

—Eren.

—Ya, ustedes dos parecen niños. —Mi madre se cubre los labios para evitar reír.

—No es gracioso, Kushel, ese niñato me faltó al respeto, necesita disciplina.

—Y tú una mordaza, hablas mucho.

—Eren, ya cállate, solo empeoras todo, solo parte el maldito pastel.

—Pero es que él empezó, siempre me molesta, parece fósil.

Desde la adopción de Eren, tanto el cómo Kenny siempre se la viven peleando, discuten y se gritan, cuando Eren era pequeño, Kenny se aprovechaba de sus mejillas, las estiraba hasta hacerle llorar o hasta que mi madre lo golpeara con la sartén, lo que era más probable, pelaban con las almohadas como si fuera una batalla real, eso muchas veces provoco que el pequeño Eren saliera volando gracias a la fuerza y velocidad de la almohada de Kenny pero no lloraba se levantaba del piso y se lanzaba a golpes contra el anciano, por mi parte jamás hice nada, solo me sentaba y observaba el espectáculo, ya que siempre llevaba mi madre a defenderlo. Si Eren se caía y lloraba, era culpa de Kenny. Si Eren se fracturaba era culpa de Kenny. En fin cualquier cosa que a Eren le sucediera y terminara mal era culpa de Kenny y tenía que pagarlo con mi madre molesta por fastidiar a su pequeño niño.

—Ya pediste tu deseo, cariño. —Dice mi madre mientras le palmea la espalda.

—Oh, cierto.

Se pone una vela, mi madre se encarga de prenderla y después de cerrar los ojos y pensar por un instante sopla la flama con energía, todos aplauden, Kenny hace uno de sus comentarios sarcásticos y Eren comienza de nueva cuenta con los insultos.

—Bien partamos el pastel.

Mi madre parece muy emocionada, sonríe demasiado y está demasiado atenta a cada detalle del festejo.

—Dios, mi niño ya es grande. —Murmura varias veces.

—Yo soy tu hijo. —Digo mientras le ayudo a lavar los platos pasteleros.

—Vamos no seas celoso, cariño, también estuve muy emocionada en todos tus cumpleaños, pero la diferencia es que no pude disfrutar del todo tu adolescencia, siempre estuve trabajando y tú estuviste muy lejos y ahora con Eren es como volver a reiniciar. —Me dedica una sonrisa resplandeciente.

Como ha sido una comida muy sencilla, por petición de Eren, no dura demasiado, solo unas cuantas horas, los únicos invitados son Kenny, mi madre y Armin, Riko ha dicho que después le mandara su regalo, ha tenido que salir por algunos asuntos.

Mi madre se tiene que ir antes de las siete de la tarde porque mi padre ha tenido un problema, con ella también Kenny se despide y cuando solo estamos los tres, Eren y Armin se dedican a jugar con el x-box hasta que por supuesto la madre de Armin habla para pedirle que regrese a casa.

Al final toda la casa estaba sucia, había trastes llenos de chantillí y cosas por el estilo regadas por todos lados, iba a ser una larga noche.

Eren me ayudo a limpiar la sala en silencio, recogió los trastes para llevarlos al fregadero y barrio la basura, deshaciéndose de ella, al final yo me dedico a lavar el resto.

—Te ayudo. —Dice acercándose hasta donde estoy.

—No es necesario, si quieres ve a tu habitación a abrir tus regalos, después de todo es tu día. —Comento mientras preparo el jabón.

—Oh, no importa me he divertido mucho. —Sonríe y moja el estropajo en el jabón tomando un plato. —Gracias por la fiesta, me ha gustado.

—Lo sé, siempre ha sido así todos los años. —Tomo una cacerola y quito las partes quemadas de la comida.

Nos quedamos en silencio por un rato, enjabonando los platos y cucharas y enjuagándolos después, de vez en cuando noto que las manos de Eren tiemblan y otras en las que suspira demasiado, no creo que deba leer mentes para saber qué es lo que pasa por su mente en ese instante.

—Ya hemos hablado de eso. —Susurro.

Él se gira, mirándome sorprendido.

—Yo…

Alzo la vista.

—¿Qué fue lo que pediste de deseo esta vez? Supongo que nada diferente a lo habitual, ¿Me equivoco?

Vuelve a suspirar, gira su rostro, fingiendo poner atención de nuevo a lavar trastes.

—¿Por qué te molesta tanto?

—Creí que ya lo habías comprendido. —Contesto.

—Aunque esta vez estas equivocado, no he pedido lo de siempre.

—¿Ah no? ¿Entonces?

—No puedo decirlo, no se cumpliría entonces.

—Sigues creyendo en eso…

—Sigo teniendo esperanzas.

Su voz se corta al final, como si quisiera ocultar que empezara a llorar en cualquier momento, se gira y talla con debilidad la superficie de un pequeño plato, después abre la llave para ponerlo debajo del agua. Es el último de todos.

Me seco las manos en una toalla pequeña, veo el reloj que está arriba del refrigerador, son las diez de la noche, es la primera vez que iré a dormir temprano.

—Bien, mañana…—Me veo interrumpido abruptamente cuando Eren torpemente toma mi rostro y pega sus labios a los míos, me toma por sorpresa que no sé qué hacer, tiene los ojos apretados y frunce la nariz. No se mueve ni hace nada, solo que queda pegado a mí.

—Eren. —Le doy un pequeño empujón alejándolo, me mira con la cara roja y brillante, desvía la mirada y sale de la cocina a toda velocidad.

Una semana después.≈

Mikasa manda un mensaje a mitad de la tarde diciendo que está a pocos minutos de llegar, me tengo que esforzar por cocinar algo no tan común para recibirla, es algo así como un tratado de paz después de que nosotros termináramos en tan malos tratos. Aunque eso signifique soportar el pésimo carácter de Eren por todo lo que resta del día, contesta por todo, rueda los ojos constantemente, no hace nada por acomodar su habitación, en fin… un malcriado de primera. Por supuesto… la llegada de Mikasa no es el único factor para su mal humor.

—Al menos trata de fingir poner buena cara.

—Esta es la única que tengo. —Contesta sin separarse de la pantalla de la televisión.

Arqueo una ceja y entonces voy a la conexión para quitar los cables de la consola y la televisión.

—¿Por qué lo quitas?

—Mi casa, mis reglas… ¿Lo olvidas? No creas que por ser más alto que yo y con peor carácter vas a lograr lo que tú quieras, puedo patearte el trasero en cuestión de segundos y mostrarte lo que es la disciplina.

Veo como pasa saliva, parpadea un momento antes de separar los labios, listo para contestarme pero es interrumpido por el timbre de la casa.

—Ve a abrir.

—No quiero.

—¿Qué?

Aprieta la mandíbula y con gesto molesto azota los controles sobre el sillón y se levanta agresivamente, da pisotones hasta llegar a la puerta y abrir.

—A pero si es el niño moja camas. —Mikasa entra a la casa antes incluso de que se le indique. —¿A que me han extrañado?

—En realidad no, esperábamos que tu avión se estrellase. —Contesta Eren de forma aburrida.

—Eren.

—Es la verdad y lo sabes.

Mikasa me dedica una mirada interrogativa con una ceja arqueada.

—Con que así lo has educado, ¿Eh? —Luego se encoje de hombros y se acerca a saludarme directamente, se cuelga de mi cuello besando mi mejilla.

—Creo que estas demasiado cerca, Mikasa.

Ella sonríe y se recarga sobre mi hombro.

—¿Ah si?

No todo es como parece.

Recta final.

Gracias por leer.

"Parlev"