26

Lexa

Seis años antes

Mi habitación es de Costia ahora. La habitación de Costia es mi habitación. Nos graduamos. Nos mudamos juntas. Ahora estamos en la universidad.

¿Ves? Tenemos esto bajo control.

Lincoln trae la última de las cajas desde el coche. —¿Dónde quieres esta? —pregunta.

—¿Qué es? —le pregunta Costia.

Él le dice que parece una caja llena de sus sostenes y ropa interior. Ella se ríe y le dice que la ponga al lado de mi tocador. Lincoln lo hace. A Lincoln le gusta Costia. Le gusta que ella no me esté reteniendo. Le gusta que ella quiera que obtenga mi título y termine la escuela de aviación.

Costia quiere que yo sea feliz. Le digo a Costia que seré feliz mientras la tenga a ella.

Me dice—: Entonces, siempre serás feliz.

Mi papá todavía me odia. Mi papá no quiere odiarme. Están tratando de aceptarlo, pero es difícil. Es difícil para todos. A Costia no le importa lo que todos piensan. Sólo le importa lo que yo pienso, y sólo pienso en Costia.

Estoy aprendiendo que no importa cuán difícil sea una situación, la gente aprende a adaptarse a ella. Mi padre y su madre no lo aprueban, pero se adaptarán.

Costia podría no estar preparada para ser mamá, y yo podría no estar lista para ser mamá, pero nos estamos adaptando. Es lo que tiene que suceder. Si la gente quiere la paz dentro de sí misma, es necesario.

Vital, incluso.

IIIIIIIIIII

—Lexa.

Me encanta mi nombre cuando sale de su boca. Ella no lo desperdicia. Sólo lo dice cuando necesita algo. Sólo lo dice cuando tiene que ser dicho.

—Lexa.

Lo dijo dos veces.

Realmente debe necesitar algo. Me doy la vuelta, y está sentada en la cama. Me mira, con los ojos abiertos.

—Lexa. —Tres veces—. Lexa. —Cuatro—. Duele.

Mierda.

Salto de la cama y agarro nuestra bolsa. Ayudo a Costia a cambiarse la ropa. La ayudo hasta el coche.

Está asustada.

Yo podría estar más asustada que ella.

Sostengo su mano mientras conducimos. Le digo que respire. No sé por qué le digo eso. Por supuesto, ella sabe respirar.

No sé qué más decirle.

Me siento impotente.

Tal vez ella quiere a su mamá.

—¿Quieres que los llame?

Niega con la cabeza. —Todavía no —dice—. Después.

Sólo quiere que seamos nosotras. Me gusta esto. Yo sólo quiero que seamos nosotras, también.

Una enfermera la ayuda a salir del coche. Nos llevan a una habitación. Le consigo a Costia lo que sea que necesite.

—¿Necesitas hielo?

Se lo traigo.

—¿Quieres un trapo frío?

Se lo traigo.

—¿Quieres que apague el televisor?

La apago.

—¿Quieres otra manta, Costia? Pareces tener frío.

No le traigo una manta. No tiene frío.

—¿Quieres más hielo?

No quiere más hielo.

Quiere que me calle.

Me callo.

—Dame la mano, Lexa.

Se la doy.

La quiero de regreso.

Me lastima.

Dejo que la sostenga de todas formas.

Está tranquila. Nunca hace un sonido. Sólo respira. Es increíble.

Estoy llorando. No sé por qué.

Te amo condenadamente mucho, Costia.

El doctor le dice que ella casi termina. La beso en la frente.

Y sucede.

Somos madres.

—Es una niña, pueden tener un momento con ella. Luego vamos a examinarla. —dice el médico.

Ella la está sosteniendo. Está sosteniendo mi corazón.

Ella deja de llorar. Trata de abrir los ojos.

Costia llora.

Se ríe.

Me agradece.

Costia me agradece. Como si ella no fuera la persona que creó esto.

Costia está loca.

—La amo tanto, Lexa —dice. Ella todavía está llorando—. La amo mucho.

—La amo, también —le digo. La toco. Quiero sostenerla, pero quiero que ella la sostenga incluso más. Se ve hermosa sosteniéndola.

Costia me mira. — Su nombre será Anya

Esperaba que fuera una niña para así poder tener este momento. Esperaba poder decirle que también me encanta el nombre de Anya, porque sé que a ella le va a encantar.

—Su nombre es Anya.

Ella comienza a llorar.

—Es perfecto —dice, sus palabras mezcladas con lágrimas.

Está llorando demasiado fuerte ahora. Quiere que yo la sostenga.

Me siento en la cama con ella y la tomo.

La estoy sosteniendo.

Estoy sosteniendo a mi hija.

Costia apoya su cabeza en mi brazo, y ambas la miramos fijamente. La miramos fijamente durante mucho tiempo. Le digo a Costia que tiene su cabello castaño oscuro.

Costia dice que tiene mis labios. Le digo a Costia que espero que tenga su personalidad. Ella no está de acuerdo y dice que espera que sea como yo.

—Ella hace la vida mucho mejor —dice ella.

—Claro que sí.

—Somos muy afortunadas, Lexa.

—Lo somos.

Costia aprieta mi mano.

—Tenemos esto bajo control —susurra Costia.

—Tenemos esto muy bajo control —le digo.

Anya bosteza, y nos hace reír a ambas.

¿Desde cuándo los bostezos se volvieron tan increíbles?

Toco sus dedos.

Te amamos demasiado, Anya.

IIIIIIIIIII

Disclaimer: Estas palabras y estos personajes los tome prestados. Gracias