Aquello no quedaría así, debían hablar sobre lo acontecido minutos antes en el estudio. En los meses que ya llevaban de relación lo había comenzado a querer como nunca imaginó que haría, por tal razón no le gustaba cuando discutían. Sabía que ella tenía una gran participación en el hecho de que estuviese molesto, después de todo, a nadie le agradaba quedarse a medias.

Mientras subía las escaleras sujetando la barandilla con fuerza, no pudo más que pensar en apaciguar de alguna manera la cólera de Sasuke, no era de sus pasatiempos favoritos, pero estaba consciente de que en esa oportunidad alguien debía mediar y sería ella, le tocaba, de alguna manera. Al llegar al último escalón se detuvo con el corazón latiéndole precipitadamente. Estaba nerviosa y ansiosa a la vez.

Suspiró con profundidad antes de dirigirse a tomar el lustrado pomo. Abrió la puerta con serenidad, asomándose con lentitud en el interior. La habitación estaba vacía, pero se adentró de lleno en ella al escuchar el sonido de la ducha. Lo esperaría.

Se sentó en la cama y acarició sus brazos a causa del frío, al parecer Sasuke no había encendido la calefacción en la habitación ese día.

Intentó cubrirse más con su camisa, pues se había vestido en su totalidad antes de ir en su busca, y junto sus piernas como una forma para combatir la baja temperatura. Se entretuvo detallando la habitación del azabache, en la que tantas veces había estado ya, y que seguía tan ordenada como siempre.

El frío se disipó cuando el vapor salió en grandes cantidades del cuarto de baño. Por el umbral apareció el azabache, aún con el ceño fruncido y en completa y gloriosa desnudez. Se detuvo al verla sentada en su cama, atravesándolo con sus exóticos ojos jade.

Ciertamente no esperaba encontrarla ahí, pero el hecho le agradaba. Que las cosas cambiaran para variar estaba bien. Se detuvo a medio camino hacia el armario y le devolvió la mirada con la misma intensidad y por un momento el corazón le latió con rapidez dentro de su pecho.

-Sasuke.

Él se mantuvo de pie, escudriñándola, aguardando a que hablara, pero nada se escuchó dentro de esas cuatros paredes. Los segundos pasaron y se mantuvieron así, en un completo y muy incómodo silencio. Apretó su mandíbula cuando, viéndola tan hermosa sobre su cama, su virilidad comenzó a despertar de nuevo. Sabiendo como acabaría, se giró y por fin hizo lo que había sido su objetivo desde un inicio, ir por una toalla. Regresó en sus pasos y se adentró a la tibieza del baño, ésta vez sin cerrar la puerta.

Una invitación silenciosa, ¿tal vez?

Sakura apretó sus puños. No, definitivamente no se le había pasado el enfado, ni siquiera le había dicho una palabra.

Esa actitud no era propia en él, por lo que intuía que el grado de su enojo no era bajo.

Hombres.

Esperaría a que se terminara de duchar para hablar de una vez por todas. Con eso en mente, se lanzó sobre el mullido colchón, rebotando un poco al hacerlo. Sopló un mechón de cabello rosa que le caía sobre el rostro y se puso a pensar. Quizá si él estuviese al tanto de su pasado, no se disgustaría por su forma de hacer las cosas. Pero no, no quería tocar el tema. Había jurado no hacerlo nunca más. Encontraría otra forma de erradicar la incómoda situación, sí, eso haría.

Aspiró la esencia natural de Sasuke, la cual estaba firmemente adherida a las sábanas bajo ella. Tan masculina y atrayente, justo como su portador.

Sopeso lo que le diría cuando saliera de nuevo y ya con sus argumentos firmemente planteados, esperó por un largo rato.

Quizá podría ser su impaciencia pero ya estaba notando que tardaba más de lo normal.

¿La estaría evitando acaso?

No, no creía que se tratara de eso, aún así se incorporó y caminó hasta la puerta entreabierta. Tocó una vez para hacerle saber que seguía ahí afuera, pero no obtuvo respuesta alguna. Golpeó de nuevo y el resultado fue el mismo, con la única diferencia que la madera cedió un poco, dejándole percibir el interior. Ya cansada de esperar, se adentró en el lugar, el vapor se había disipado casi en su totalidad, dándole pese a su vestigio, una clara visión del entorno. Dio un paso más, el azabache seguía bajo la regadera, refrescándose, su oscuro cabello se le pegaba a la nuca, su ancha espalda se veía brillante gracias al agua que marcaba aún más los músculos en su descenso, su firme trasero estaba a plena vista y por un segundo se mordió el labio, deseosa y a la vez apenada por llegar como si nada. Retrocedió. Esperaría en la cama, o en la cocina. En cualquier otro lugar si no quería lanzársele encima como en ese preciso momento moría por hacer.

Cuando estaba por retirarse escuchó un sonido muy familiar. Un jadeo. Se detuvo en el acto, levantando las cejas con sorpresa, regresó su vista hasta el cuerpo masculino, notando un ligero cambio en este.

El movimiento de uno de sus brazos.

Otro sonido proveniente de sus labios se escuchó, un poco más elevado que el anterior y ella distinguió como la cabeza de Sasuke era inclinada hacia atrás.

Acaso...

Era doctora, debía ser inmune a cualquier acción realizada por el ser humano, pero no podía, no con él.

Entendía su motivo, había estado completamente erecto al salir del estudio, solo había recurrido a una forma para aliviarse. Pero, que la condenaran si estaba mal, no podía alejar su vista.

¡Se estaba masturbando frente a ella!

Sin saberlo, quizá, pues seguía de espaldas.

Los fuertes y definidos músculos de sus hombros y espalda se tensaban con cada movimiento, estaba aumentando paulatinamente el ritmo de sus caricias. En ese momento ansió recorrer el tramo de piel, lentamente, con las uñas, afianzándose un poco, como sabía que le gustaba. Se quedó embobada ante la visión y el sonido cuando un gemido inundo el lugar, nunca dejaba de sorprenderla. Aquel hombre era complejo, sí, pero perfecto para ella.

Joder, sí.

Lo detalló con suma atención y apretó sus muslos, su excitación regresó con gran fuerza y verlo en tales condiciones no ayudaba, en lo absoluto, pero al segundo siguiente de hacerlo, ladeó su rostro cuando el movimiento se detuvo.

Él se giró y pronto la taladró con su mirada ónix. Ella enrojeció, pero no se movió, ni hizo el intento. Estaba verdaderamente eclipsada por dicha escena, mucho más cuando, sin despegar la vista de sus ojos aturdidos y lujuriosos, el azabache retomó el movimiento de su mano.

Las rodillas le fallaron, era mucho para su lívido desesperado. Nunca pensó que admirar a un hombre mientras se daba placer frente a ella fuese tan sensual. Un escalofrío le recorrió la columna con electrizante rigor cuando en un susurro ronco, varonil y muy erótico, la llamó.

-Sakura... -Arrastró cada sílaba con dificultad, disfrutando de las expresiones en su sonrojado rostro. Apretujó la punta de su erección levemente y sus dientes chirriaron. No le faltaba mucho para el clímax. No obstante y pese a las inmensas ganas que tenía de cerrar los ojos y dejarse llevar, en ningún momento le quitó la mirada de encima. Quería llamarla, pedirle que se encargara, pero al final decidió no hacerlo. En cambio, siguió acariciándose de arriba hacia abajo, separando más sus piernas y aumentando la velocidad, imaginando por un momento que no era su mano, sino la de ella, al igual que su lengua, recorriéndole la totalidad de su extensión y acariciando con sus labios. Su miembro palpito ansioso por el pensamiento. Le había costado muchos litros de agua fría, casi congelada, poder calmarse, al terminar se había calentado con el agua a mayor temperatura y así logró su cometido. Hasta que la vio sobre su cama, mordiéndose el labio y recorriéndolo con una mirada acuciosa que seguramente no sabía que portaba. Tenerla ahí, presenciándolo todo y detallando como clavaba la mirada en su erguido sexo a intervalos, lo empujo cada vez más a la cúspide del placer.

Su glande estaba húmedo por el agua y el líquido pre-seminal, anticipando lo que sucedería a continuación al estremecerse sus testículos.

-Sasuke-kun... -Fue su turno de escuchar como en un gemido quedo y necesitado, susurraba su nombre.

Se corrió con ferocidad al instante, que ella lo llamará así y más, en ese tono, siempre lo ponía a cien. Se apresuró a colocar la palma de su mano extendida sobre la punta para así evitar que su semilla se esparciera por toda la ducha, pese a que la misma era muy grande.

Su respiración agitada inundó la estancia y se dedicó a estimularse para liberarse por completo, con movimientos perezosos y lentos en los que ella nunca dejó de centrarse.

Al pasar el tiempo y volver en sí después del furioso clímax, soltó su miembro y se giró para lavarse con rapidez. El agua se encargó de eliminar cualquier rastro de su culminación gracias a la corriente que se formaba bajo sus pies. Cerró la llave y salió de la ducha, se secó con la toalla que anteriormente había cogido del armario y se detuvo frente a ella.

Sakura seguía pasmada y muy, muy estimulada ¿qué había sido todo aquello?

El pelinegro salió, dejándola sola y confundida, a la par que agitada y con extremidades temblorosas en medio del lugar.

Pasado el periodo de desorientación, apretó sus puños y lo siguió.

Él se encontraba abrochándose el botón de un pantalón oscuro y aunque la observó con el rabillo del ojo, se mantuvo en silencio.

-Sasuke. -Llamó cuando él terminó su labor y se preparaba para colocarse una camisa azul clara. La favorita de Sakura.

-¿Ajá? -La indiferencia la golpeó con más intensidad que una pared de concreto. No le gustaba su actitud, así que cruzó los brazos sobre su pecho y arqueó una ceja, pendenciera.

-Sigues molesto.

No era una pregunta sino una afirmación.

El descendiente de los Uchiha se preparó para responder cuando su teléfono sonó. Acercándose hasta el aparato y bajo la atenta mirada jade, atendió.

-¿Si? -Sakura esperó, sintiéndose frustrada y un poco irritada. El pelinegro se movió por toda la habitación con su típica agilidad y elegancia mientras respondía con palabras cortas y concisas lo que sea que estuviese escuchando del otro lado del auricular.- Está bien, voy para allá.

Guardó su teléfono y procedió a buscar una corbata a juego con su vestimenta.

«Su padre.»

Deducirlo fue tarea fácil ya que desde que Fugaku y Sasuke habían llegado a lo que podría llamarse un acuerdo concerniente al absurdo ultimátum, el mayor lo llamaba por asuntos de la empresa familiar y en ocasiones el azabache acudía, por lo que se vestía con traje. Como en ese instante.

-¿Pasó algo? -Indagó.

-No. -Se detuvo un instante en su búsqueda de la corbata adecuada.- Sólo tengo que resolver algunos asuntos.

-Entiendo... Déjame ayudarte. -Se ofreció cuando él comenzó a perder la calma frente al cajón. Caminó hasta detenerse a su lado y tomó un pulcro trozo de tela gris, la examinó detenidamente y después se la extendió.- Ponte ésta.

Él la sostuvo entre sus dedos y la detalló.

-Gracias. -Pronto la corbata estuvo perfectamente arreglada en torno a su cuello, resaltando aún más la inmensa belleza de la que era poseedor.

-Y... ¿Cuándo se te pasará el enfado? -Aunque podría parecer sarcástica, la realidad era que quería abordar el tema y conseguir una solución. No le gustaba la situación a las que los había conducido el percance en el estudio.

Sasuke estaba terminando de arreglarse cuando ella se lo preguntó, por lo que cerró sus ojos y se giró antes de dar unos pasos en su dirección.

-No estoy enfadado. -Respondió y con un encogimiento de hombros recalcó-: Ya no.

La acotación la sorprendió.

-¿No? -Él negó ligeramente y sonriendo, Sakura se acercó aún más y acarició la nariz ajena con la suya mientras aplicaba fugaces besos a su rostro.- Me alegra.

Sasuke tomó posesión de su cintura y buscó sus labios para besarlos con pericia, entreabriéndolos para inmiscuir su tentadora lengua en la cavidad y acariciarla hasta el cansancio. Ella lo aceptó gustosa. Eso estaba mejor. Llevó una de sus manos a la nuca y profundizó la unión, mordisqueando y lamiendo su labio inferior esporádicamente. Al separarse sus ojos se encontraron, solo en ese momento se dio cuenta que los ojos ónix no dejaron de observarla distinto.

Seguía molesto pese a su negación.

-Debo irme. -Habló él con voz profunda y acto seguido deshizo el agarre de su cintura.

-¿Seguirás con esto? Por favor, Sasuke. Déjate de tonterías. -Se quejó.

La tensión creció en el espacio compartido.

-¿Yo?

-Sí, tu. Madura, por Dios. Me negué a tener relaciones sin protección, ya está, pero no por eso tienes que tomar esa actitud.

-No menciones la madurez, Sakura. En vez de eso, explícame de una vez, ¿por qué te niegas a hacerlo? -Contraatacó con la mandíbula apretada.

-¿Qué?

-Ya me escuchaste.

-Deberías agradecérmelo... ¡No quiero arriesgarme!

-¿Es ese el motivo? -Su tono de voz fue gélido.- ¿El verdadero o se trata de otra excusa?

Sakura abrió sus ojos con perceptible estupor reflejado.

-¿De qué hablas? -Balbuceó contrariada.

-De que no soy idiota. Hay algo más, solo espero que me lo digas. -Ella se tensó en respuesta.- ¿Y bien?

-Te estás confundiendo...

La mirada que le dirigió le dio a entender que no se fuese por ese camino, él sospechaba de su actitud y ella con su nerviosismo solo reafirmaba su modo de pensar.

-Llegaré tarde. -Se inmiscuyó cuando ella no dijo más.

-Yo también. -Coincidió saliendo de la habitación con el ceño fruncido.

Bajó las escaleras con rapidez y a la misma velocidad se encaminó a la puerta de entrada, con esa vaga respuesta salió de aquella casa. No hubo beso, ni un hasta luego, ni nada en esa despedida que la volviera agradable y cálida, como acostumbraban ser.

Sasuke reprimió las ganas de ir por ella con dificultad. Solo quería que confiara en él, aún si tuviese que recurrir a esa estrategia, pero no había funcionado, el ruido de la puerta principal al cerrarse le indicó que fue un terrible error.

Sakura, por su parte, no podía estar más decepcionada con Sasuke por no entender, o entender mucho, fuese el caso que fuese, pero más con ella por no tener las agallas y contarle todo. Bien sabía que no estaba preparada. Ingresó a su auto con ligera rudeza y abandonó el hogar del azabache, mientras conducía no pudo evitar pensar en todo, al instante recordó aquel fatídico día, el dolor, las lágrimas y por último la sombría noticia...

Un sollozó escapó de su garganta y previniendo un accidente por el deplorable estado en que sabía que pronto se encontraría, estacionó en el primer lugar que encontró. Podría dar rienda suelta a sus emociones gracias a la música de moderado volumen y a sus vidrios oscuros, aunque no es que lo necesitase mucho, la calle estaba casi solitaria. Cruzó sus brazos sobre el volante y apoyo su frente en ellos, sin más, lloró desconsolada, por el pasado, por Sasuke, por aquel día, por todo. Cargar con el peso de una perdida era devastador y aunque había aprendido a lidiar con ello, cada cierto tiempo aquella desagradable sensación regresaba con más fuerza para afianzarse en su pecho y carcomerle el corazón. Se trataba de un dolor agudo, casi agonizante que le robaba el aire y la hacía sentirse vacía, triste, perdida... Golpeó el volante con fuerza y gracias a ello la corneta sonó estrepitosamente, no le dio importancia y repitió la acción una vez más, para luego seguir llorando y maldecir entre sollozos que desgarraban su garganta.

Minutos después y al estar un poco más calmada se recostó en su asiento y respiró profundamente, reposando las manos en su vientre.

-¿Hola? -Escuchó como alguien tocaba la ventanilla de su auto, seguramente pensando que se trataba de alguna maniática irresponsable o cualquier otra cosa no muy buena. Observó al sujeto que estaba inclinado desde afuera y se apresuró a limpiar su rostro y eliminar cualquier rastro de lágrimas, por último se cubrió con unos lentes de sol que siempre llevaba en la guantera.

Bajó la ventanilla al recomponerse lo mejor posible.

-¿Sí? -Su voz se escuchó ronca y decaída, justo como se sentía.

-¿Se encuentra bien? -Se trataba de un hombre que aparentaba ser contemporáneo en cuanto a la edad, de cabello negro, pero bronceada y mirada... Extraña, casi siniestra.

La incomodidad la recorrió y por un instante odio haber bajado el cristal.

-Sí, gracias. -Respondió con cortesía.

-Oh, ya veo. Me extrañó ver un auto estacionarse frente a mi lugar de trabajo -Señaló a su espalda con un dedo-, y que no bajara nadie, más aún cuando la bocina sonó. -Explicó el extraño, recorriéndola con su mirada oscura y maliciosa.

No se trataba de una buena persona, intuyó Sakura al instante. Pese a su tono amistoso, había algo mal en esa persona. Podría ser lo que los demás llamaban corazonada pero algo en su interior le decía que lo mejor era salir del lugar.

-Lamento las molestias... Creo que son problemas de corriente, ya iré a que lo revisen. Gracias. -Comenzó el ascenso del vidrio pero el recién llegado lo detuvo.

Su espalda se puso recta de inmediato.

-Deberías revisar tu llanta también. -Dijo.

-¿Disculpe?

-Se pinchó. La delantera a mi lado. -Sakura se detuvo a pensarlo. Al salir de casa de Sasuke no vio nada extraño, aunque tampoco es que se hubiese fijado en exceso.

-Gracias de nuevo por avisarme. -Intentó despedirse de nuevo.

-No deberías conducir así.

-Iré con cuidado, tengo prisa, adiós.

-Sería mejor que bajaras y la vieras.

«¿Cuál es su insistencia?»

-Estoy corta de tiempo pero estaré pendiente. -Y sin más que sus nervios de acompañante, arrancó. Miró por el retrovisor al alejarse unos metros, el hombre seguía de pie en la esquina, observando el auto con fijeza.

Pasadas unas cuadras y el susto, pudo respirar con más tranquilidad. La idea de que probablemente se tratase de un delincuente o algún hombre con malas intenciones le rondaba por su cabeza. ¿Por qué, si no, habría insistido para que bajara?

Se pasó una mano temblorosa por la frente, la cual estaba perlada de sudor. Seguía sintiéndose inquieta y de tanto en tanto miraba para atrás y suspiraba al no encontrarse con nada sospechoso.

Condujo por varios minutos sin dirección fijada hasta que decidió que debía ir a su casa. Estacionó en el espacio más cercano y se encaminó a la entrada más próxima. Arribó la torre de departamentos con premura pues no contaba con mucho tiempo para llegar a su lugar de trabajo. Entró y antes de que la puerta se cerrara en su totalidad ya se estaba deshaciendo de su bolso y teléfono, el cual no había sonado ni una sola vez. Él no había llamado, ni enviado un mensaje, siquiera.

Se dirigió a su habitación y se desvistió, la ducha que tomó no duró más de diez minutos, al igual que el lapso de tiempo que empleó para vestirse. Por el poco tiempo que le restaba, prefirió colocarse el uniforme al instante, se peinó su cabello y se lo colocó en una coleta alta. Se apresuró a retomar el teléfono y el bolso y abandonó la solitaria estancia.

Al llegar a la recepción se encontró con Tazuna, quien se despidió con cordialidad al abrirle la puerta.

Encendió la radio y tarareo la canción que sonaba al volver al auto, cosa que siempre la ayudaba cuando necesitaba distraerse. Poco después llegó a las instalaciones del hospital, saludó a Chiyo y a algunas enfermeras antes de dirigirse a la sección de los casilleros para guardar su bolso. Saliendo del lugar escuchó como por los altavoces era necesitado personal en emergencias, su trabajo empezaba. Llegó al sitio y se puso manos a la obra cuando vislumbro lo ajetreada que se encontraba la sala.

Un par de horas después llegó su descanso. Necesitaba un café con urgencia para no dormirse. A su lado iba Ino, quien se encontraba en un estado similar al suyo. La noche estaba siendo dura, mientras se dirigían a la sala pertinente, su acompañante habló.

-¿Te gustaría ir a un pequeño local que descubrí hace poco? Hacen unos rollos de canela exquisitos, podríamos acompañarlos con café. -Propuso su amiga haciendo gestos de deleite al ver a Sakura perdida en su mundo.

La pelirosa miró su reloj de muñeca.

-Son casi las 02:00 a.m.

-Lo sé, pero trabajan las veinticuatro horas. Además está a un par de cuadras. –La pelirosa no respondió por lo que continuó insistiendo hasta que llegaron a la puerta que buscaban pero no entraron, cosa que animó a Ino para instar una vez más.- Vamos, frentona. Quiero ir, acompáñame. Solo serán un par de minutos.

Sakura asintió, un poco de azúcar no le caería mal para combatir la somnolencia después de todo.

-Vamos. -Sin esperar respuesta, se encaminó de regreso por el largo pasillo junto a la rubia.

-Creo que iré al baño antes. -Musitó la ojiazul cuando pasaron frente a los servicios designados para los empleados.

-Yo buscaré mi bolso mientras tanto. Nos vemos en la entrada. -Y sin decir más, se encaminó al área de los casilleros.

-¡Ok! -Oyó a su espalda.

Sakura llegó al lugar y abrió su espacio proporcionado, lo primero que hizo fue mirar su teléfono. No había mensaje alguno de Sasuke.

Era un hecho, seguía enfadado. Pensar en él la hizo suspirar pesadamente, pero es que era imposible no hacerlo. Recogió su bolso con una mano mientras con la otra se guardaba el celular en el uniforme, miró la mano llena y decidió que lo mejor era no llevarlo, extrajo efectivo de su interior y cuando se preparaba para cerrar la puerta escuchó un ruido a su espalda. Giró en la dirección del sonido, quizá se trataba de otra doctora que había entrado sin hacer ruido.

-¿Hola? -Recorrió el lugar una vez más, pero no encontró nada así que no le tomó importancia.- Debo estar paranoica. -Susurró para sí misma.

Guardó los billetes que anteriormente había apartado y cerró el casillero. Se pasó una mano por el cabello para arreglarlo y no verse tan desaliñada y volvió a mirar en derredor, con una repentina inquietud afianzándose en su pecho. Tragó saliva ruidosamente y se llevó la mano hasta el corazón, el cual latía furiosamente. Asustadiza se dirigió a la puerta, mirando todo de reojo, y justo antes de abrirla, la luz se fue y todo se sumergió en la oscuridad.

Se quedó en el sitio cuando otro ruido se escuchó, no porque fuese amante del peligro sino porque sus extremidades no respondían. Unos pasos resonaron detrás de ella y volteó temerosa antes de que una mano se cerrara sobre su boca y fuese aprisionada contra la pared más cercana.

«¿Qué mierda..?»

Entonces temió lo peor, quien fuese que la tenía imposibilitada de movimiento y estampada contra la pared no podía querer nada bueno.

La luz regresó enseguida, las plantas eléctricas habían entrado en acción. Sin embargo eso no la alivio en lo más mínimo, tener a alguien a su espalda no la dejaba. Era un hombre, reconoció el cuerpo grande y moderadamente musculoso como el de uno, al igual que por su callosa mano.

La desesperación se apoderó de su ser cuando detrás de ella se movieron y sin ser consciente, comenzó a forcejear frenéticamente, provocando que el atacante le aprisionara más contra la pared y le colocara un material frío y filoso contra el cuello.

-Así está mucho mejor. -Dialogó por primera vez el atacante. Una corriente de auténtico pánico sacudió su cuerpo, ya había escuchado esa voz con anterioridad pero el miedo no dejaba que identificara la fuente del mismo. La mano se mantuvo en su boca en todo momento, evitando que de ella escapase algún sonido por la fuerza que aplicaba. Sakura dejó de removerse cuando el filo se presionó más contra un lateral de su cuello. Faltaba un poco más de presión y lo atravesaría. Su corazón latió de manera errática y desenfrenada. Todo estaba mal. ¿Qué quería quienquiera que estuviese a su espalda en ese momento? Un lamento escapó de sus fauces cuando el hombre a su espalda se pegó más a ella, restregando una erección contra su trasero mientras reía de la forma más sádica que jamás escuchó. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué tenía que sucederle eso? Justo a ella, cuando nadie estaba cerca para ayudarla. Pensar en ello fue como un rayo de luz entre la espesa penumbra que representa aquella escena. Se removió contra el agarre de su mano y en respuesta fue apretada con más fuerza contra la pared. Cerró sus ojos cuando la asquerosa lengua del desconocido se deslizó por su oreja, justo donde había sido herida meses atrás y presionaba sus caderas contra ella nuevamente.- No te quedó marca alguna.

Al escuchar aquello su respiración se cortó de tajo y estuvo cerca de sufrir un colapso nervioso. Si él sabía sobre la herida era obvio que la conocía, o peor aún, quizás...

-¿Hay alguien ahí? -Llamaron del otro lado de la puerta intentando abrirla. Sakura hizo ruidos para ser escuchada pero su intento no surtió efecto y en cambio su cabeza fue sostenida por la coleta alta y estrellada contra la del individuo. Todo giró a su alrededor, estaba mareada y desorientada. Fue arrojada al suelo con violencia, tropezó contra una de las bancas de los laterales y con problema intentó enfocar, logrando distinguir al agresor. Su garganta se cerró en el acto.

Era el hombre de la tarde, el que le erizó el vello en un mal sentido, pésimo.

-¿Siempre estás llorando, eh? -Se burló él y solo entonces supo que lloraba.- Tranquila, terminaré con eso ahora mismo. -Con aura amenazante se acercó hasta donde ella se encontraba tirada y meneó su navaja de un lado a otro, dando a entender lo que sucedería a continuación.

-¿Por qué? ¿Qué te hice? -Masculló, temblando sin control.

Una sonrisa desquiciada apareció en el rostro ajeno.

-A mi nada, pero asumo que a mi jefe sí. Sino no me habría mandado a asesinarte, doctora.

El hombre avanzó con paso amenazador y Sakura gateo ante aquello, despavorida. Logró ponerse de pie gracias a la corriente de adrenalina que atravesó su cuerpo y corrió como si su vida dependiera de ello, lo cual era acertado en ese momento. Escuchó los pasos apresurados de su perseguidor detrás de sí, así que sin tiempo que perder, gritó a todo pulmón.

-¡Auxilio! ¡Estoy en los casilleros! ¡Ayuda! -Justo después de pedir socorro, fue derribada por segunda vez, con la particularidad de que ahora, tumbada en el suelo, no se dejó vencer, pateó y lanzó golpeas al aire entre gritos, no obstante, él la volvió a tomar por detrás y callando sus quejas, se preparó para atravesar su cuello. Entonces, desesperada, mordió la mano masculina, con tanta fuerza que sintió el sabor metálico de su sangre en la boca. El hombre maldijo y la soltó para tomar su extremidad sangrante y presionarla un poco, como una forma de mitigar el dolor. Ese corto descuido le permitió erguirse y seguir corriendo hasta que su tobillo fue alcanzado por la mano sana, en lo que dura una exhalación pateó su rostro con el pie disponible y con tanta fuerza como le fue posible.

-¡Maldita mujer! -La nariz también le sangró, se la había partido, o al menos lesionado. Eso le daría tiempo para huir. Con la adrenalina a flor de piel se incorporó de un salto y casi descuadró la puerta al abrirla con tanta urgencia. A su alrededor no había nadie —pues los casilleros quedaban apartados para la privacidad de los doctores— pero siguió corriendo hasta llegar a la primera esquina, donde distinguió al final a uno de los guardias de seguridad.

-¡Auxilio! ¡Gai! -Gritó. El hombre volteó a verla al instante y su rostro expresó confusión y acto seguido preocupación al entender. Corrió hacia ella y la tomó por los hombros. Lucía desorientada, agitada y herida a parte de eso tenía sangre por su barbilla y cuello.

-¿¡Qué te sucedió!? ¿¡Qué pasó, Sakura!? -Los gritos que dio el guardia alertó a los demás, quienes se acercaron apresuradamente.

-En los casilleros... ¡Quiere matarme! -Gritó en medio de lágrimas.- Ayúdame, ayúdame... -Pidió sin aliento. Otro de los guardias apareció y se apresuró a ellos, Gai se puso de pie y dejando a una temblorosa Sakura en brazos de Ino y con la firme orden de que llamaran a la policía lo más pronto posible, salió seguido de Asuma en busca del atacante.

Las habitaciones comenzaron a cerrarse por seguridad, todos evitando algún posible encuentro con el asesino. La mujer de largo cabello rubio la llevó al cuarto más cercano y aguardaron junto a otros doctores a que todo pasara. La pelirosa tiritaba sin control y su cuerpo pronto empezó a sentirse cansado, descolorido y desvalido. Asuma y Gai regresaron pasado el rato y junto a ellos la policía acompañada de Sasuke.

-Lo siento, sé que debía estar pendiente de ella. -Escuchó como el fornido portero se disculpaba con recato en dirección al azabache.

Ella no le dio importancia a la actitud de Asuma, solo tuvo ojos para el hombre que rápidamente se acercó.

-Sakura. -El nombre escapó de sus labios con tono de preocupación, había recibido una llamada donde le informaban lo ocurrido en el hospital e inmediatamente acudió a su encuentro.- ¿Estás bien? -Ella se lanzó a sus brazos y lloró en su pecho mientras era abrazada enérgicamente, como una forma para infundirle valor. La apretó más fuerte contra sí y acarició su cabello con suavidad al momento que todos salían del lugar y él se sentaba con la ojijade sobre sus piernas en una de las sillas cercanas, meciéndola levemente.

-Sasuke. -Llamó ella aferrándose a su camisa y enterrando el rostro en su cuello. Necesitaba sentirlo cerca, suyo, que aplacara sus tormentosos pensamientos y que la hiciera sentir bien, como solo él podía.

Con su presencia.

-Estoy aquí, Sakura. Ya pasó. -Le susurró con dulzura.

-Tenía miedo... Quería matarme. -Lloró más fuerte al recordar el rostro cruel y perturbado de su acometedor.

-Pero no lo logró, te escapaste. Fuiste muy valiente. -Alabó. Esperó, acunándola contra sí mismo, abrazándola y meciéndola a intervalos hasta que ella dejó de sollozar en su pecho y ya sintiéndola más tranquila, elevó su rostro.- ¿Quieres contarme que sucedió?

La puerta del lateral se abrió y por ahí ingresaron dos policías. Sakura los recordaba, eran Kakashi y Rin.

-Necesitamos hablar con... -Empezó a parlamentar la oficial pero Sasuke la interrumpió de forma tajante.

-Ya han comenzado a moverse, Kakashi.

El aludido asintió y observó a la perturbada doctora, encontrándola mejor que cuando entró seguido del azabache por primera vez minutos antes. Por lo menos ya se veía que los enfocaba, cosa que lo preocupo en primer lugar porque se notaba ida minutos antes.

La compañera del peliplata miró de mala manera a quien tuvo la osadía de interrumpirla, pero no articuló palabra alguna después de eso.

-¿Quiénes? ¿De qué hablan? -Intervino una Sakura extrañada.

Sasuke y Kakashi intercambiaron miradas y acto seguido asintieron a la vez.

El momento había llegado, por fin la pondrían al corriente de todo lo que sucedía y lo que se le estuvo ocultando por tanto tiempo, lo que Sasuke definió como su propio bien.

¿Qué sucedía?

-¿Podrías relatarnos lo sucedido? -Pidió el de la máscara con calma, observándola con detalle.

Entre murmullos quebradizos y acongojados, ella dio a conocer los detalles del ataque en los casilleros y también les comentó el hecho de que ya se había topado con el individuo por la tarde, cada vez que estuvo cerca de derrumbarse emocionalmente recibió apoyo y palabras de aliento de Sasuke. Nunca podría expresar lo agradecida que estaba por ello.

-Y eso fue todo... -Dio fin a la historia, volviendo a esconderse en un costado del azabache.- ¿Lo encontraron?

Gai, quien había ingresado de nueva cuenta meneó la cabeza en señal de negación cuando todos lo miraron.

-Ya que no se ha podido dar con él, creo pertinente que vayas a casa y descanses, Sakura. -Tomó la batuta el enmascarado, mirando a Sasuke.- Asumo que estarás con ella.

-Por supuesto.

-Bien. -Asintió satisfecho.- Déjenme colocar agentes que resguarden su protección. Con su permiso. -Desapareció por la puerta poco después.

-Antes que nada -Interrumpió la compañera-, lamento si soy inoportuna, pero creo que será necesario que nos diga lo que recuerdes de su físico.

Sasuke frunció el ceño.

-Es más que obvio de quien se trata.

-Puede ser, pero prefiero oírlo de ella. -Refutó.- ¿Entonces, Sakura?

Ella volvió sus manos en puños prietos.

-Era... Bronceado, de... Rostro cuadrado, cabello negro y ojos a juego... Siniestros. -Cerró sus ojos y el pelinegro le acarició la espalda y le tendió un vaso con agua justo cuando ella empezaba a recaer en la aprensión.- ¿Por qué yo?

Rin miró a la pareja por unos segundos, sin saber bien que esperaba encontrar.

-¿Recuerdas algo más?

-Ya está bien. -Musitó el azabache, ya no quería que afligiera a la pelirosa con sus preguntas.

-De igual forma tendrá que repetirlo en el interrogatorio, ¿lo sabe, no? -Se dirigió a la ojijade, quien asintió con pesar.

-Entonces lo hará cuando deba hacerlo, no ahora. -Para nadie era un secreto que no se llevaban bien y mucho menos cuando el equilibrio de su novia estaba en juego.

-Sasuke... -Llamó la atención Sakura cuando lo notó tan disgustado a su lado, pues ella se había bajado de sus piernas al hablar con la policía.

-Su actitud jactanciosa está de sobra, Uchiha. Recuerde que tengo un papel importante para este caso. -La tenacidad de su voz le heló la sangre a la joven doctora.

-Permitame ponerlo en duda. -Replicó, disgustado.

La oficial esbozó una sonrisa petulante y desdeñosa.

-Haga lo que quiera. -Se dio la vuelta para dejarlos solos, no sin antes pincharlo un poco más.- Lo único que no debe poner en duda, es que la ignorancia de su novia para con el caso, es por su culpa. -Expulsada la venenosa acusación, abandonó la sala.

Sakura bajó la mirada hasta su regazo y mordió su labio con desesperación, ahora que lo recordaba, Sasuke mencionó algo sobre un movimiento, cosa que daba a entender que sabía algo que ella no. ¿A qué venía todo? El ataque, que ese hombre quisiera acabar con su vida porque su "jefe" así lo quería, las palabras de Asuma, la clara reyerta que existía entre la oficial y el azabache... Nada tenía sentido. O quizá sí y no podía entenderlo porque tenía muchos cabos sueltos que atar. Si alguien podría sacarla de su ignorancia era él, eso estaba claro. Tan molesto que estuvo antes de que saliera de su casa porque le ocultaba algo... Pero él hacía exactamente lo mismo.

Múltiples sensaciones la sacudieron, incertidumbre, desconcierto, irritación, indignación... Cerró sus ojos y terminó su debate mental, solo existía una forma de saber la razón de todo.

-¿Qué no me has dicho? -Preguntó levantando su rostro para encararlo.

Sasuke se llevó un par de dedos al puente de la nariz para meditar lo que diría a continuación.

-No te dije nada antes porque quería evitar a toda costa que te preocuparas.

-Y por andar de despreocupada casi me asesinan. -Rebatió.- ¿Qué tengo que saber y no me has dicho? -Repitió.

El azabache extendió su mano para tomar la de ella, quien no se resistió pero tampoco correspondió al gesto.

-¿Recuerdas lo que escuchaste la otra vez sobre el atentado?

-Sí.

-Pues... -Alborotó su oscura cabellera, contarle la verdad no sería fácil.- La herida de tu oreja fue planeada, como una manera para vengarse de mí. Al parecer ya estaban al tanto de que éramos cercanos.

Sakura se quedó helada.

-¿Quién hizo tal cosa?

Dio un nuevo apretón a la mano femenina, dispuesto a ignorar la pregunta.

-Lo único seguro es que hoy aquel hombre fue enviado a terminar el trabajo.

-En pocas palabras... -Se llevó la mano que él sostenía a su boca.

-Te quieren asesinar porque saben que así podrían lastimarme.

-¿Por qué lo hacen?

-Por poder. Nuestro único sospechoso encaja a la perfección en el perfil del líder del trío del sonido.

-¿Trío del sonido? ¿Ellos no son los que han estado robando museos y joyerías? -Todo le parecía retorcido y extraño.

-Así es, ya los identificamos.

-Entonces el hombre que me atacó es uno de ellos. -Dedujo.

El azabache asintió.

-Zaku Abumi, ese es su nombre. -Respondió con violencia contenida.


¡Hola mis bellas lectoras! ¿Cómo han estado por aquí? ¿Me extrañaron, verdad?

Sí, como no xD.

Bueno, ya que leyeron este nuevo capítulo quisiera saber sus opiniones, criticas o sugerencias, siempre me gusta leerlas :)

¿Qué creen que ocurrirá en el siguiente? ¿Ya han armado teorías o posibles finales?

Háganmelo saber.

Saludos.