Capítulo 26: Merlina la heroína
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Merlina tuvo que estar toda la noche en Hogsmeade vigilando la entrada de la discoteca para que nadie se atreviera a salir y se mandara a cambiar para otro lado. Varias parejas de estudiantes se llevaron una mala sorpresa cuando la vieron allí parada con los brazos cruzados y cara de reproche. Filch, por otro lado, la reemplazó en el castillo para echarles un ojo a los más pequeños. Aunque, claro, habría preferido estar allá: en algún momento se podría haber escapado y haber visitado a Severus.
El resto de la semana fue perfecta. Merlina por fin tuvo un tiempo de paz: Malfoy no le dirigió la palabra en ningún momento. Severus, por otro lado, estaba más cariñoso que nunca, tomando en cuenta su ironía y sus bromas pesadas de siempre. La joven se daba aires de superioridad por haber despertado el lado amable de Severus. Sin embargo, sólo ella lo notaba. Con el resto de la gente era el mismo. O tal vez su orgullo le impedía demostrar que si su humor, últimamente, estaba de mil maravillas.
El día de regreso de los alumnos que habían estado de vacaciones en sus casas también tuvo que ir a esperarlos a la estación para llevarlos sanos y salvos al castillo. Llegaron a las ocho menos quince de la mañana. Vio bajar a sus amigos de Gryffindor cargados de regalos para ella.
—Después me los entregarán —les dijo—. Pueden llevarlos a mi despacho si no nos encontramos antes.
Fue contando uno por uno a los jóvenes y pasó lista. Algo le pareció fuera de lugar: había uno demás. Volvió a hacer lo mismo dos veces más, hasta que todos la comenzaron a mirar con mala cara.
—Un momento —solicitó rogando por paciencia. Miró a cada una de las caras y sus ojos se clavaron en una cara robusta con expresión idiota — ¿Goyle, en qué momento te fuiste de vacaciones?
El muchacho la miró con la boca abierta.
—Eh... anteayer tuve un... problema.
Vaya, sabe hablar... y yo pensé que no tenía esa facultad.
— Qué extraño —comentó —juré haberte visto con Malfoy ayer... En fin, vamos. Suban a los carros.
Merlina, de todas maneras, no se sorprendió de haberse confundido con la repentina ida de Goyle. Quizá había visto a Crabbe y no a él; eran tan parecidos, los dos igual de tontos... Debió haber obtenido un permiso especial del director, porque ella no lo había ido a dejar a la estación. Y prefirió no haberlo hecho tampoco.
Se subió a un carruaje que se ubicaba al final de todos, sola. Partieron.
Pasaron las verjas de los cerdos alados y se detuvieron ante las puertas de roble. Merlina hizo un último conteo y los alentó a entrar. Todos, o la mayoría, ingresaron directamente al Gran Comedor para desayunar. Los otros que estaban en el castillo llegaban de diferentes puntos para ir a comer.
Entró por la puerta principal y se fue a sentar a su puesto. Le hizo un gesto afirmativo a Dumbledore para darle a entender que todo estaba bien. Mientras comía se puso a conversar con Pomona, quien le hablaba tristemente de sus plantas.
— Lo único que quiero es que pase el frío —decía —, la mayoría de las plantas se están secando. Pedí a Filius que les hiciera algún encantamiento de resistencia, pero no resultó del todo.
Hubo un ruido de aleteos y por las ventanas entraron cientos de lechuzas con el correo para sus dueños. Unas llevaban regalos, otras cartas y otras el diario dominical El Profeta.
Merlina estaba a punto de masticar un trozo de pan con mermelada, cuando un grito con su nombre la hizo detenerse.
— ¡MERLINA!
La joven miró hacia adelante, con la boca abierta. Dos jovencitas de la mesa de Gryffindor se habían puesto en pie sin avergonzarse por el escándalo. Todos miraban sorprendidos. Ginny y Hermione llegaron con la mitad de El profeta cada una. Sus rostros eran de terror puro.
— ¿Qué...?
— Merlina —masculló Hermione sin aliento, entregándole su mitad del periódico —, tienes que verlo, es horrible...
Merlina tomó las hojas y las puso ante sus ojos.
Una gran foto de un hombre de pelo castaño y ojos claros como el hielo, con expresión de locura ocupaba la mitad de la portada. Leyó el titular y la noticia. Se sintió mareada y con ganas de vomitar.
Justo en ese instante, Dumbledore recibía una carta también, casualmente con una información similar.
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REO LOGRA HUÍR DE AZKABAN
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Craig Federic Ledger, hombre de 23 años (foto), ha sido el segundo preso en tres años que logra escapar de la frívola celda 320, de Azkaban, el día sábado 3 de Enero, cerca de las horas de la madrugada.
No se encontraba en una sección de alta seguridad, pero estaba bien protegida por guardias profesionales. Por el poco tiempo que llevaba allí, ya se había logrado caracterizar por su mal genio, sus pensamientos maniáticos e instintos asesinos y depravados. En los momentos de almuerzo o recreación, cuando la mayoría de los reos se reunían, tenía largas conversaciones con ex partidarios del Innombrable, en especial con Lucius Malfoy y Rodolphus Lestrange, a quienes logramos entrevistar.
"¿Ustedes sabían que pensaba escapar de la fortaleza?", les preguntó nuestro corresponsal.
"Sí, pero jamás nos dijo cuando", contestó Lestrange.
"Él decía que pensaba matar a su mujer y que iba a buscar venganza en Hogwarts, o algo así; cosas de un idiota mal de la cabeza", añadió Malfoy.
Por otra parte, el personal de seguridad del Ministerio de Magia, intentará comunicar a Albus Dumbledore sobre lo ocurrido. Rufus Scrimgeour se reunirá con...
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Merlina no siguió leyendo. Se sentía enferma. Negó con la cabeza, como queriendo no creerlo. Cerró los ojos mientras sentía la palpitación de su corazón en sus propios oídos.
—Merlina —la llamó Dumbledore. Tenía una cara de preocupación tremenda. Severus la miraba con los ojos bien abiertos.
Los oídos se le taparon y todo se convirtió en una mezcla de colores. Severus había tenido razón y ella no le había dado suficiente importancia. Qué descompuesta se sentía. Se desmayó.
Despertó diez minutos más tarde en el despacho de Dumbledore, sentada en un sillón. Había varias personas ahí dentro. Uno era Rufus Scrimgeour, el propio Ministro de Magia, más dos magos gigantescos y Severus que estaba a su lado y la miraba asustadísimo. No se había despegado de ella ni un segundo. Los otros discutían sobre la seguridad del colegio.
— Podemos custodiar las entradas con Aurors y podemos poner un escolta a la señorita Morgan —explicaba uno de los magos desconocidos.
Merlina miró a Severus y le tomó la mano.
—Tenías razón —susurró. Se sorprendió a oír su voz ronca — Tenías razón... No debería... No entiendo cómo... Pensé que Hermione iba a ser leal... Me siento frustrada.
Severus miró hacia el grupo para asegurarse que no lo vieran y le dio un fugaz beso en los labios.
—Ya verás que todo estará bien —le dijo —. No debe haber llegado muy lejos, ya lo atraparán...
Merlina no sabía qué contestar.
—Ya ha despertado —dijo Dumbledore.
Severus y Merlina se soltaron las manos rápidamente. Se pusieron de pie y fueron hasta allá.
—Albus... —dijo intentando mantener el aliento — No comprendo cómo...
—Estará a salvo, señorita —le dijo Scrimgeour —. Ya lo hemos arreglado con su director: cuatro magos especializados en la entrada, uno ubicado en el vestíbulo y un escolta para usted, por el tiempo que sea necesario para que atrapemos a Ledger.
— No te preocupes tanto —le aconsejó Dumbledore —, recuerda que nadie puede aparecerse y desaparecerse en Hogwarts. Escapó anoche y está loco, y si no recibió ayuda, no puede haber llegado muy lejos —era prácticamente lo mismo que Severus le había dicho.
Merlina asintió sin estar completamente segura.
— ¿Cuándo llegarán los refuerzos? —indagó Merlina.
Rufus miró su reloj de bolsillo.
—En cinco minutos, para ser exactos.
Así fue. Bajaron al vestíbulo y recibieron a tres brujas y cuatro magos. Todos tenían caras de fortachones.
Las tres brujas, más uno de los magos, estarían puestos en las entradas. Partieron de inmediato hacia allá. Un mago de pelo ondulado quedó para el vestíbulo.
—Él es Unferth Linfox —le presentó el ministro —, será tu guardián.
Merlina estrechó la mano con un hombre cuarentón, de rostro relajado y párpados caídos, como si fuera un desinteresado. Tenía peinado de libro abierto. Sonrió amablemente con unos regulares dientes. Merlina frunció los labios.
— Señor ministro —dijo Severus con su melodiosa voz cuando Merlina y Unferth se soltaron las manos — El hecho de que sea guardián de la Señorita Morgan significa que la acompañará absolutamente a todos lados ¿no?
—Sí.
— ¿Pero el baño, el dormir y esas cosas? —indagó ella comprendiendo la indirecta del profesor.
Merlina le echó una furtiva mirada a Severus quien estaba entre Dumbledore y el ministro. Parecía furioso. Tal vez pensaba preguntar lo mismo.
Scrimgeour soltó una carcajada.
— Podrás ir al baño sola, pero antes él tendrá que registrarlo, para mayor seguridad. Para cuando duermas, él estará en la puerta de tu cuarto alerta a cualquier cosa inusitada que suceda. Aunque tenemos la certeza de que no ocurrirá nada, pero uno nunca sabe. Ya antes han burlado la seguridad de Hogwarts.
Merlina abrió la boca, pero no sabía qué contestar. No le agradaba la idea de tener a un desconocido en su cuarto y menos le gustaba a Severus. Tenía las manos crispadas como si deseara aplastar un cuello.
—Si no queda otro camino... —dijo la joven al final.
—Excelente —comentó Scrimgeour —. Desde ahora estarás constantemente vigilada, adonde vayas. Sé que suena incómodo, pero ya verás que será para mejor. No tardaremos en encontrar a Ledger.
Dumbledore se fue con Scrimgeour hacia los terrenos; seguramente para despedirlo. Quedaron Severus, Linfox y ella.
Merlina dibujó una sonrisa falsa. Quería hablar con Severus, pero no delante de él.
— ¿Y? —preguntó al aire.
—Hablen —dijo Linfox —. No tengo problemas. Estoy acostumbrado a este tipo de cosas. He protegido a famosos, a gente reconocida, políticos... No es la única.
—Ah, perfecto —dijo Severus con ironía —. Muy bien, señorita Morgan —dijo con evidente envidia —, me encantaría que fuera a ayudarme esta noche a preparar mi clase de mañana, siempre que su guardaespaldas se lo permita.
Merlina lo miró con tristeza hasta que se retiró y la dejó sola con Linfox. El hombre estaba con las manos en la espalda mirando hacia el frente. Ella no sabía qué hacer. Dio un paso. El hombre avanzó también.
Esto será una pesadilla, pensó subiendo por la gran escala.
No se equivocó. El hombre no hablaba nada y se limitaba a seguirla para todos los lados como una sombra, y por lo mismo decidió permanecer despierta merodeando por ahí a tener que acostarse en su cama, en la presencia de un desconocido. No temía a que le fuera hacer algo, pero era totalmente vergonzoso. Carraspeaba frecuentemente y a cada momento se tenía que sonar con estruendosos ruidos. Y eso prefería hacerlo sin compañía.
Pasó tres veces al baño, pero de la sala de profesores. Él registraba y luego la esperaba afuera.
Para cenar se ubicó tres metros tras ella. Los alumnos miraban con curiosidad al sujeto, aunque a esas alturas todos estaban al tanto de que por Merlina habían puesto gente que cuidara los lugares claves del castillo. Merlina ahora se enteraba que debía ser un real fastidio ser reconocido en el mundo. Pobre Harry.
Filch estaba más furioso que nunca y gruñía por nada.
—Por eso no hay que confiarle los trabajos a mocosas como tú —le gruñó —, traen sólo problemas. Ahora todas las vidas del colegio estarán en peligro. Bueno, unas cuantas muertes puede que no sean tan innecesarias. Algunos se las tienen bastante merecidas…
Merlina lo ignoró. No quería hacerse más mala sangre de lo que ya tenía.
Llegaron las diez y media de la noche y todavía no encontraba la forma de deshacerse de su guarda espaldas. Ambos estaban con la varita encendida en medio del pasillo del segundo piso. Se moría por ir a ver a Severus. No obstante, la vela de su cerebro se encendió cuando vio un tapiz muy conocido. El primer día de trabajo se había encontrado con él y llevaba directamente a las mazmorras. Ahora o nunca, pensó.
— ¡Aaaah! —gritó apuntando hacia la pared de enfrente con ojos de huevo — ¡Una araña gigante! ¡Mátela!
— ¿Qué? —Linfox se dio vuelta.
Merlina, sin perder el tiempo, se metió bajo el tapiz y se internó por el agujero. Comenzó a correr escaleras abajo antes que la encontrara. A lo lejos se oían gritos. El corazón se le encogió, temiendo lo peor. Corrió, corrió y por fin llegó frente a la puerta del despacho de Severus, donde era que salían los gritos desgarradores, llenos de ira y resentimiento, y otros que reflejaban dolor puro. Merlina, paralizada se quedó escuchando unos segundos, sin saber qué hacer.
Alguien gemía del dolor por lo bajo. Luego se callaba.
— ¡Dime dónde está esa maldita o te sigo golpeando, hijo de puta!
— No te diré nada… nada. Haz lo que quieras… El castillo es grande y puede estar en cualquier lado… —se oía la segunda voz apenas, desmayada, lejana.
— No te hagas el gracioso conmigo… ¡DIME! ¡DIME DE UNA VEZ!— gritó una voz conocida. Se le cayó el alma a los pies, sabiendo a quienes pertenecían esas voces.
— No te diré…
— ¡Crucio!
La voz volvió a gritar, desesperada. Merlina sacó su varita y abrió la puerta.
— ¡NOOOOOOOO! —gritó y avanzó un poco — ¡EXPELLIARMUS!
Craig Ledger salió volando y cayó contra algunos muebles. Pociones, ingredientes y libros se le fueron encima. Todas las horas sacrificadas que dispuso Merlina para ordenar se dirigieron al infierno, pero eso era lo más irrelevante de todo el caso.
Severus estaba en el suelo, inerte. Sólo el dedo índice de la mano izquierda se movía. Parecía haber sido golpeado también, porque tenía la cara hinchada.
Se arrodilló.
—Severus, Severus... —le llamó golpeándole la mejilla sana con suavidad. No contestaba, y el labio le sangraba, pero aún así, tenía los ojos entreabiertos y la miraba.
Craig salió bajo los libros con cara de desquiciado.
— ¡QUE ALGUIEN ME AYUDE, POR FAVOR! —gritó Merlina a todo pulmón. Se paró y apuntó con la varita a Craig.
— ¡Viniste a rescatarlo! —Se burló Craig —Tuve que golpearlo para quitarle su varita. ¡Lo torturé con su propia varita! Yo no tenía la mía...
— ¡QUÉDATE DONDE ESTÁS! —Aulló Merlina. Necesitaba ayuda. Se arrepentía de no haber bajado con Linfox.
Craig miró el techo como presintiendo algo.
— ¡No se quedará así, Lina! —dijo poco después.
— ¡Quédate donde estás o te...!
— ¿Me vas a matar?
— ¡SÍ! —la barbilla le tiritaba.
Craig la miró con escepticismo.
—No serías capaz... mira cómo te tiembla el brazo. Tú no matarías a nadie.
Era cierto. Merlina jamás podría matar a alguien. Craig soltó una carcajada y salió corriendo de allí, seguramente para escapar. Sus gritos se debían haber escuchado a esas alturas. No sabía cómo había logrado entrar Ledger, pero no le importaba. Se arrodilló nuevamente al lado de Severus. Lo sentó y lo abrazó.
— ¡Severus, por favor, despierta! —chilló acariciándole la espalda.
El profesor parecía un muñeco de trapo. Su cabeza estaba sobre el hombro de Merlina.
En ese instante llegaron Linfox, Dumbledore y el hombre que custodiaba el vestíbulo.
— ¿Qué ocurrió? —preguntó Albus con voz potente.
— ¡Ha entrado, Albus! ¡Craig entró y atacó a Severus!
— ¿Dónde fue?
— ¡No sé, no me preocupé, ha escapado! ¡Severus está herido!
—Linfox, ayuda a Merlina a llevar a Severus a enfermería —ordenó Dumbledore, con ojos centelleantes — Fortag —dijo refiriéndose al otro hombre —, acompáñame.
Merlina usó el encantamiento camilla para llevar a Severus. Nunca había ascendido escaleras en tan poco tiempo. Linfox corrió tras ella.
— ¡Madam Pomfrey! —Gritó tendiendo a Severus en una cama.
Se prendieron las luces. Poppy salió en bata, con ojos pequeños, de su habitación.
— ¿Qué ocurre? ¿Por qué el escándalo?
— ¡Han herido a Snape!
Poppy se puso a actuar de inmediato. Le dio cerca de siete pociones y le vendó el brazo derecho, que lo tenía fracturado. Le aplicó pomadas en la cara porque le estaban comenzando a aparecer moretones.
—Por favor, Madame Pomfrey, deje que me quede con él... —suplicó. Le daba lo mismo si se enteraba todo el mundo sobre su relación con él. Ya no valía la pena ocultarla, si el que no debía saber nada se había enterado.
—Éste hombre necesita descanso, Merlina. Sin duda ha recibido cerca de cinco maldiciones Cruciatus y más de seis golpes brutales en todo el cuerpo.
— Por favor... —miró a Linfox — Yo me quedo con él, y que mi guardaespaldas custodie la entrada de la enfermería.
Pomfrey cedió al ver la cara de plegaria de la joven.
—Está bien. Puedes quedarte, pero no lo fuerces a nada. Debe despertar en el momento dado.
Merlina asintió y le besó una mano.
—Gracias... —susurró.
—Y, en cuanto a usted, tendrá que quedarse fuera de la enfermería.
Linfox no replicó y se fue tranquilamente.
—Cualquier cosa, me llamas —dijo Pomfrey y se volvió a su cuarto, apagando antes las luces.
Merlina le acarició el rostro a Severus. Él, que siempre se había visto fuerte e intocable, estaba en una situación completamente contraria. Su piel ya no tenía color y estaba magullado por todas partes, y con ese camisón blanco que le había hecho aparecer Poppy a cambio de su toga negra, lo hacían ver como un ángel.
Ella lo había rescatado ahora. Por fin le tocaba pagar por todos las salvaciones que él había hecho hacia ella. Le habría encantado, claro, no haberlo hecho nunca y verlo sano y salvo, con una sonrisa burlona en su fina boca. ¿Ese era el precio que tenía que pagar para demostrar su valentía?
Se mordió el labio y se apoyó en la silla. No pudo pegar un solo ojo, no con su amante así, en ese estado.
Cerca de las tres de la mañana oyó susurros. Linfox hablaba con alguien en la puerta. Esa fue la única vez que se despegó de Severus y fue a ver qué ocurría. Dumbledore estaba ahí.
—Merlina —le dijo al verla —, buscamos por todo el castillo. Pedimos ayuda a prefectos de casas y a premios anuales y no encontraron absolutamente nada. Ha escapado.
Merlina se sintió desfallecer, pero se mantuvo en pie.
—Por ahora todas las visitas a Hogsmeade han quedado canceladas y las vacaciones de Semana Santa también. No permitiremos que nadie más salga y entre del castillo.
Merlina afirmó otra vez.
—Dumbledore... tengo que decirte algo, en privado.
—Espera aquí, Linfox.
Tomó a Merlina del brazo y entraron juntos a la enfermería. Se sentaron en las sillas, al lado de Snape.
—Craig atacó a Severus—susurró — porque tenemos una relación... —se cubrió la cara.
Albus le acarició el hombro.
—Ya lo sabía, Merlina, —la joven lo miró entre sus dedos —pero no porque alguien me lo haya contado —añadió al ver su mirada—, sino que me di cuenta por cuestión te actitudes. Severus había dejado hablar mal de ti y, por alguna extraña razón, pasabas algún tiempo en su despacho.
—Es mi culpa... —comenzó ella acongojada.
—No lo es. Aleja ese pensamiento de tu cabeza, ya atraparán a Ledger. Por ahora preocúpate de Severus.
Albus se puso en pie y la dejó sola.
¿Cómo se había enterado Craig quién era Severus y de que sí tenían una relación? Había gato encerrado ahí, pero no podía evitar pensar que Hermione había abierto la boca, porque era su única posibilidad. En la mañana hablaría con ella.
Tal como se prometió, esperó a Hermione en el vestíbulo a la hora del desayuno. Todos se habían enterado del ataque de Snape y de lo ocurrido en la noche, pero nadie parecía saber que tenían un romance oculto. La castaña llegó a su lado con expresión de tristeza, dispuesta a consolarla.
— Merlina...
—Confié en ti, Hermione —le susurró con voz quebrada —, te dije que no contaras nada y tú...
—Merlina, yo no he dicho nada, te lo juro —contestó Hermione impresionada.
—Tienes que haber sido tú, Hermione —Merlina tenía que atribuir la culpa a alguien; no quería creer que no había sido nadie y todo había sido una penosa coincidencia —, eras la única que nos había visto...
—No, Merlina, en serio... —Hermione comenzaba a llorar.
— ¿Sabes cómo estoy yo? Piensa las cosas antes de hacerlas... —le espetó, aunque en voz baja. Dio media vuelta y se fue sintiéndose muy mal, porque en el fondo sabía que no había sido ella. Se sentía espantosamente mal. Estuvo a punto de ir corriendo a abrazarla para enmendar las cosas de inmediato, pero necesitaba pensar.
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Pasó los dos días siguientes durmiendo en la enfermería. Tenía un feroz dolor en la espalda y en la cola por estar tanto rato sentada. Se bañaba en la enfermería y comía en la enfermería. Pomfrey seguía dándole cuidados a Severus, hasta que despertó.
— Buenos días, profesor Snape —saludó Poppy y le entregó un vaso lleno de un líquido desconocido —. Bébase esto.
Dicho eso se retiró dejándolos solos.
Severus no dijo nada y se tragó hasta la última gota. Merlina le tomó la mano buena.
— ¿Estás bien? —le susurró.
—Adolorido.
Los ojos de Severus eran tristes. Le apretó la mano.
Merlina se aproximó un poco más y lo besó. Severus le contestó con pasión, y bastante para estar débil, pero luego de un par de segundos se desprendió de ella negando con la cabeza rotundamente.
—Tenemos que hablar —dijo.
—Estamos hablando.
—No, estamos balbuceando. Ahora vamos a hablar... —susurró,
Merlina sabía que iban a tocar algún tema que la pondría triste.
—La noche en que entró Ledger a mi despacho —comenzó —, era para ir a buscarte a ti. Él pensaba que yo te delataría, pero la verdad es que no tenía idea dónde estabas, y no pensaba decirle tampoco en el caso que lo hubiese sabido. Al ver que yo no cedí, me mandó un puñetazo y... ya viste. Me quitó la varita y comenzó a torturarme. Por supuesto que me habría defendido sabiendo lo que iba a hacer, pero jamás pensé que me atacara de una manera tan muggle… y que tuviera tanta fuerza.
— Pero ya pasó, ya estás...
Severus negó con la cabeza.
—Yo estoy bien, pero esto no lo está. ¿Entiendes a lo que voy? Me torturó para intentar de matarte a ti. No podemos seguir juntos, no hasta que lo atrapen. Si es necesario estar años así...
Merlina lo soltó. Se mordió el labio con expresión de máxima tristeza.
—Es por tu bien y por el mío.
La joven no tenía palabras. ¿Severus estaba en lo cierto?
—Y si queremos evitar otro ataque —continuó buscando todas las alternativas para convencerla —, debes partir por no volver a visitarme en la enfermería y por no vernos más en nuestros despachos.
Merlina suspiró.
— ¿Y tú crees que no vuelva a atacar si no estamos juntos? —la voz de Merlina sonó más fría de lo normal.
Severus se pasó una mano por la frente.
—Si no nos ven juntos, los rumores correrán, Ledger se apaciguará y puede que regrese, pero sin la intención de vengarse. Ya sabes que está medio loco y en el fondo lo que pretendía es que no estuvieras con nadie.
—Quería matarme, tú lo dijiste —insistió Merlina.
El hombre la miró con cara de súplica.
—Por favor, Morgan, comprende…
— ¿Ahora soy Morgan, ya no "Merlina"? ¿Volvemos a lo anterior?
—No te pongas ridícula… —en otra instancia, él habría dicho eso como gracias, pero su voz estaba apagada.
—Supongo que tienes razón y espero que la tengas, porque si esto no vale para nada… —interrumpió y se puso de pie. Ahora sentía ira — Que te mejores.
Se fue.
No, Severus no tenía razón. Si querían evitar daños, unidos debían estar para luchar.
Caminó por los pasillos. Se habían suspendido las clases de pociones, por supuesto, así que había unos cuantos estudiantes merodeando por los pasillos. Merlina vio a Hermione con Ron y Harry, sentados en una banca. Se aproximó, temerosa.
— ¿Podemos hablar? —le preguntó.
Hermione miró el suelo.
—Supongo que sí —aceptó.
Caminaron hasta un lugar solitario. Merlina abrazó a Hermione y apoyó la cabeza en su hombro. La chica le acarició la cabeza.
—Sé que no fuiste tú —farfulló—, pero en ese instante no sabía qué pensar. No tengo idea de cómo ocurrió todo esto. Discúlpame.
—Tranquila... Entiendo.
—Y ahora Severus prefirió congelar o acabar, o como quieras llamarle, la relación.
Se separaron.
— ¿Por qué?
—Por seguridad —dijo con ironía.
Hermione se encogió de hombros negando con la cabeza.
— Sin embargo, Merlina, con Ginny estuvimos hablando del tema y creemos saber quién tuvo que ver con esto.
Merlina pensó, súbitamente alerta.
— No dirás que es...
—Malfoy.
— No...
—Sí. ¿Recuerdas el día que regresamos? Bien, vi algo que me pareció muy raro: dos Goyles. Sabemos que no tiene hermano gemelo. Sabemos que el padre de Draco está en Azkaban y que mantenía un cierto vínculo con Craig. ¿Si Draco, por alguna casualidad de la vida, los hubiese visto a ti y a Snape juntos y le avisara a su padre de lo que tenía que hacer? Me refiero, a decirle a Craig que tú estabas con Snape y todo eso. Snape fue Mortífago, es doble agente. Es más que conocido.
Merlina reflexionó unos segundos. La historia no era tan descabellada, y tenía mucho sentido. ¿Por qué Goyle había llegado a colegio, siendo que jamás había salido?
— Hacer una poción multijugos es fácil, aunque tarda un mes, pero si ya estás provisto de ella, no es una dificultad usarla —continuó Hermione, sabiamente —. Draco es un titiritero, así que puede haberle pedido unos cabellos a Goyle sin obligarlo y los puede haber enviado por carta. Ahora, si me preguntas cómo escapó Ledger, no sé, pero sin dementores es mucho menos complicado, y si es que el guardia se quedó dormido, no debe haber sido un problema sacarle las llaves, abrir la reja y tomarse una poción preparada.
—Tienes mucha razón... —reconoció Merlina— Mira, yo pensé que Goyle había obtenido algún permiso especial, o algo así, para salir del castillo. Nunca se lo dije a Dumbledore. Confieso que me siento peor que antes, porque yo fui la idiota que lo dejé entrar. Creo que iré a preguntarle a Albus para salir de la duda.
—Sí..., y ojalá se pudiera hacer algo.
—No lo creo, pero con saber, servirá. Muchas gracias, Hermione.
Merlina la dio unas palmadas amistosas en el brazo. Luego partieron cada una por su lado.
Así que otra vez Malfoy estaba tras ese horrible ataque... ¿no?
