Los personajes pertenecen a Glee y la historia a S.
Gracias como siempre por leer y comentar, en especial a: EatsBooks, Ana, SoLoney82 y a Juanita Fantasy. Intentaré actualizar de lunes a viernes, un capítulo por día. Como entenderéis no es fácil meter situaciones románticas en medio de todo el caos, y más si las Faberry y Brittana llevan unos cuantos años sin verse, pero os adelanto que en breves habrá BESO, y quizás un poco más. Y más adelante escenas muy subidas de tono.
PUNTO DE VISTA DE QUINN
Quinn bufó de frustración, y su enloquecida mirada cayó sobre la botella de gasolina de plástico rojo. Se inclinó hacia adelante, aguantando la puerta con el hombro y se metió la mano en el bolsillo del pecho. Allí, bajo una de las balas de la escopeta…
Sacó el mechero que había encontrado en el tren, dando gracias por haberlo cogido, y alzó la botella de gasolina. La esposa suelta golpeó contra el plástico. No estaba llena ni hasta la mitad.
Dios, espero que sea realmente gasolina.
Algo golpeó la puerta como si fuera un ariete. Quinn salió rebotada, pero se lanzó de nuevo contra ella, con el hombro dolorido, mientras desenroscaba el tapón de la botella con una mano temblorosa. La criatura fue horrible y extrañamente silenciosa al volver a cargar contra la puerta, golpeando con fuerza suficiente para mellar el metal.
El mareante olor a gasolina llenó el pequeño cubículo. Quinn arrancó el rollo de papel higiénico de la pared… y la puerta se abrió de golpe, arrancada de cuajo por otro potente golpe inhumano. La criatura estaba allí, balanceándose, con su extraño ojo buscando a Quinn, clavándose en ella.
La rubia alzó la botella mientras recuperaba el equilibrio y se salpicó de gasolina. Sacudió la botella hacia adelante y lanzó su contenido sobre el pecho de la criatura.
La reacción fue inmediata y repugnante. El cuerpo comenzó a retorcerse, a temblar, y un chillido agudo inundó la sala. No era una voz, sino miles de diminutas criaturas aullando al mismo tiempo. Un fluido oscuro y espeso empezó a manar de cada supuesto poro del cuerpo y el rostro.
Quinn le lanzó una potente patada y la cosa se tambaleó hacia atrás, aún cohesionada, aún chillando, y con el sonido clavándose en cada rincón de la sala. Quinn no sabía si la gasolina sola sería suficiente, y no se iba a quedar a verlo. Abrió el mechero, le dio a la rueda y sujetó el rollo de papel higiénico sobre las llamas. Un segundo después, el papel ardía.
Quinn saltó fuera del cubículo y esquivó al monstruo chirriante. En cuanto lo hubo sobrepasado, se volvió y le lanzó el papel en llamas. Éste golpeó al hombre-sanguijuela justo por debajo de la clavícula, y el enloquecedor chillido se intensificó durante un horrible y ensordecedor segundo mientras las llamas lo envolvían, antes de que se deshiciese en mil trozos ardientes. Una especie de charco negro y llameante se formó sobre las losetas del suelo, y los grititos individuales fueron muriendo en cuestión de segundos.
Unas cuantas sanguijuelas se retorcieron saliendo de las llamas, pero estaban desorganizadas y se deslizaron subiendo por las paredes sin ningún orden y reptando junto a los pies de Quinn. Ésta retrocedió, alejándose de ellas y del burbujeante fuego, mientras volvía a guardarse el mechero en el bolsillo y se acercaba a la puerta.
De vuelta en el corredor, respiró hondo, soltó el aire lentamente y agarró la radio. Ya no le importaban los planes de Rachel. Iban a reunirse lo antes posible y salir a toda prisa de este lugar aunque tuvieran que agujerear las paredes con sus propias manos.
PUNTO DE VISTA DE RACHEL
4 de diciembre
Cuando comenzamos, tenía mis dudas, pero esta noche lo estamos celebrando. Finalmente lo hemos logrado, después de todo este tiempo. Vamos a llamar Progenitor al nuevo virus que hemos creado. Es una idea de Ashford, pero me gusta. Comenzaremos a probarlo inmediatamente.
23 de marzo
Spencer dice que va a crear una empresa especializada en investigación farmacéutica, quizá en la rama de producción de medicamentos. Como siempre, él es el empresario del grupo. Su interés en el Progenitor es sobre todo económico. Quiere vernos alcanzar el éxito, lo que significa que nos sigue financiando, y mientras siga firmando cheques, puede hacer lo que le dé la gana.
19 de agosto
El Progenitor es una maravilla, pero sus aplicaciones aún no están probadas. Justo cuando pensábamos que teníamos documentada la velocidad de amplificación, cuando tenemos media docena de pruebas que dan el mismo resultado, todo se viene abajo. Ashford sigue apostando por trabajar sobre los números de la citosina, y vuelve a ello una y otra vez, pero está soñando. Debemos seguir mirando por otros lados.
Spencer sigue pidiéndome ser el director de este nuevo centro de formación. Quizá sea por el negocio, pero se está poniendo intolerablemente insistente. En cualquier caso, me lo estoy pensando. Necesito un lugar donde poder explorar adecuadamente las nuevas posibilidades del virus, un lugar donde nadie interfiera conmigo.
30 de noviembre
Maldito sea. «Vamos a divertirnos, Michael —me ha dicho—, por los viejos camaradas y los buenos tiempos.» Es una estupidez. Lo que quiere es que el Progenitor esté listo ya. Sus «amigos» en su club de White Umbrella, con sus ridículos juegos de espías para los ricos y hastiados, quieren algo excitante con lo que jugar, algo que subastar, y no quieren esperar a que esté listo. Idiotas. Spencer piensa que en el fondo todo será un asunto de dinero, pero está equivocado. No es de eso de lo que va todo esto. Tengo que reforzar mi posición, vigilar a mi reina, por así decirlo, o me pisotearán.
19 de septiembre
¡Por fin, por fin! He creado un plásmido con ADN de sanguijuelas y luego lo he recombinado con el Progenitor, ¡y es estable! Ha sido el avance que estaba esperando. Spencer estará contento, maldito sea, aunque sólo le diré que ha habido algunos progresos, no hasta qué punto, ni cómo. Le he puesto el nombre que doy a Spencer privadamente. Lo llamaré T, de Tirano.
23 de octubre
No puedo pensar en ellos como seres humanos. Son sujetos para pruebas, eso es todo, eso es todo. Sabía que mis investigaciones llegarían algún día a este punto. Lo sabía y… no pensé que sería así.
No debo perder de vista mis objetivos. El virus-T es magnífico. Esos sujetos deberían sentirse honrados de experimentar tal perfección. Sus vidas preparan el terreno hacia un mayor conocimiento.
Sujetos experimentales. Eso es todo. Son peones. A veces hay que sacrificar los peones para conseguir un bien superior.
13 de enero
Mis mascotas han ido progresando. Con su propio ADN en el virus recombinante pensé que podría predecir cómo los alteraría la infección, pero me equivoqué. Han comenzado a formar colonias, como las hormigas o las abejas. Ningún individuo es mejor que otro, sino que trabajan juntos, con una mentalidad de colmena, uniéndose para alcanzar objetivos más elevados. Mi objetivo. Al principio no lo supe ver, estaba ciego, pero es mucho más gratificante que el trabajo con los humanos. Debo continuar estos experimentos, sin embargo… no puedo revelar que he descubierto el verdadero sentido, el valor de T y lo que representa. Spencer querría intentar apoderarse de él, lo sé. Mi rey está al descubierto.
11 de febrero
Han estado vigilándome. Entro en el laboratorio y veo que han movido cosas. Intentan ocultarlo, hacen ver que todo está igual, pero yo lo noto. Es Spencer, maldita sea su alma, sabe lo de mis sanguijuelas, lo de mi hermosa colonia, y esto, esta persecución, no acabará hasta que uno de nosotros muera. No puedo confiar en nadie… Quizá en mis dos alumnos, mis torres, ellos creen en mi trabajo, pero tendré que eliminar a algunos de los otros. El juego se acerca a su final. Ellos intentarán ir a por mi reina, pero seré yo quien gane la partida. Jaque mate, Oswell.
Ésa era la última anotación. Rachel cerró el diario y lo dejó junto al juego de ajedrez que estaba colocado en el centro del escritorio. Cuando encontró el alijo oculto, pensó que los rudimentarios mapas serían el premio. Había dos; uno mostraba lo que parecían ser los tres pisos de los sótanos del edificio, incluidas unas cuantas zonas sin señalizar que quizá condujeran al exterior. El otro parecía ser de la parte superior, con una habitación marcada como OBSERVATORIO junto a una área abierta y amplia marcada como BALSA CRIADERO. Pero el pequeño diario encuadernado en cuero, polvoriento y arrugado por los años —Rachel no sabía cuántos años exactamente, pero una de las anotaciones sobre el trabajo con sanguijuelas tenía «1998» escrito en la esquina superior—, había sido un auténtico descubrimiento. Seguramente estaba escrito por el doctor Michael, al parecer el creador del virus-T, el mismo virus que convertía a la gente en zombi y había infectado el tren y posiblemente la mitad del bosque de Raccoon, si se tomaban los últimos asesinatos como una pista.
Rachel contempló la extraña decoración de la sala, el tablero gigante de ajedrez que cubría el suelo, la mente que había detrás. Evidentemente, hacia el final se había vuelto loco con sus divagaciones sobre el ajedrez y sobre el «verdadero sentido» del virus. Tal vez hacer experimentos con personas había sido demasiado para él.
Su radio emitió la señal de llamada. En cuanto apretó el botón de recepción, la voz jadeante de Quinn le resonó en el oído.
—¿Dónde estás? Tenemos que reagruparnos, ahora mismo. ¿Hola? Ah, cambio.
—¿Qué ha pasado? Cambio.
—Lo que ha pasado es que me he topado con otra de esas personas-sanguijuelas y ésta ha estado a punto de acabar conmigo. Los zombis sé cómo manejarlos, pero esas cosas se comen las balas, Rachel. No tenemos suficiente munición para mantenerlas a raya. Cambio.
«Han comenzado a formar colonias, como las hormigas o las abejas.»
¿Quién las estaría controlando? ¿Michael? ¿O habrían desarrollado su propio líder? ¿Una reina?
—De acuerdo —respondió Rachel. Cogió los planos del sótano y del observatorio que había encontrado y se los metió bajo el chaleco mientras se ponía en pie. Después de dudar un segundo, agarró también el diario y se lo metió en el bolsillo de la cadera—. Reúnete conmigo en el rellano, donde estaba el cuadro de doctor Michael. Tal vez haya encontrado la salida, cambio.
—Voy para allá. Vigila. Cambio y corto.
