Y síiiiiiiiiiiiiiii nueva actu. Para recompensaros por el parón de la semana pasada...Bueno, a ver qué tal va la cosa. Chicas, os tengo que dar las gracias, oooooootra vez, sí, por leer y por comentar. Ya sabéis la ilusión que me hace...

Y bueno, pues eso, que a ver si me gano un lametón hoy ( ;) )... ¿vemos a ver cómo le va a nuestro vampiro preferido?


Cap 25. Ni un minuto más

POV Edward

Un caos de pensamientos comenzó a pasar por mi mente. Todos con Bella como protagonista. Inmediatamente me sentí alarmado.

—Edward, por fin.—gritó Alice.—Bella lleva todo el día intentando hablar contigo.—Está mal, está muy mal, Ed.—pensó para mí.

—¿Qué le pasa?.—gemí, viendo en la mente de Alice las imágenes de una Bella muy alterada.

—Leyó la prensa de hoy.—se acercó Jasper.

Rápidamente comprendí. Me odiaba, ella me odiaba, me temía, estaba aterrada.

—No, Ed.—negó Jasper percibiendo mi respuesta.—Ella se siente culpable.

—¿Culpable?.—susurré.

—Sí.—continuó.—Cree que te viste obligado a hacerlo por ella, como venganza o algo así.

Solté de golpe el innecesario aire que acumulaba en mis pulmones. Una vez más, Bella era capaz de sorprenderme. ¿Culpable? ¿Ni horrorizada, ni aterrorizada, ni asqueada? ¿Culpable?

—Por eso quiere hablar contigo, para pedirte perdón por lo que te ha hecho.

—¿Y qué me ha hecho?.—no lograba entender lo que Alice y Jasper me mostraban en sus mentes. Nunca imaginé que Bella reaccionara así. Claro, que nunca hacía nada de lo que yo esperaba.

—Ella cree…—intentó disimular una sonrisa.—que te ha convertido en un monstruo.

Nadie pudo evitar reírse. Aunque yo lo hacía por motivos diferentes.

Estaba aliviado.

—Dios…—susurré tirándome del pelo hacia atrás, en un gesto con el que intentaba aplacarme.

Quizá sí que hubiera alguna posibilidad. Desde luego, no había nadie en el mundo tan poco predecible, tan auténtica y tan valiente como Bella. Lo que me recordó…

—¿Habéis hablado con ella?.—pregunté dirigiéndome a Alice y a Rose.

—A penas.—respondió Alice.—Cuando llegamos estaba a punto de tener un ataque de pánico, y Jasper tuvo que intervenir. Después se marchó corriendo a buscarte.

—No antes de darme las gracias, claro.—sonrió este último.

—¿Las gracias?.—pregunté de nuevo atónito ante el recuerdo de Jasper. Él asintió.

—No sé cómo se dio cuenta, pero supo que algo tuve que ver con su repentina tranquilidad.

Sí, esa es mi Bella. Observadora, y dispuesta a dar crédito a lo inimaginable.

Hay algo más.—me asaltó el pensamiento de Jasper. Le miré invitándole a continuar.—Hubo más, Edward. Otro sentimientos más fuertes. Satisfacción, complacencia, orgullo, deleite…—me sonrió al notar la chispa de esperanza que apareció en mi mirada.—Claro que, no me hagas mucho caso…qué sabré yo…

—Claro, claro…—le respondí en voz alta, escondiendo una sonrisa y agradeciéndole enormemente que compartiera conmigo su percepción, porque sólo él, con su conocimiento de los sentimientos de Bella, podía darme el respaldo y la seguridad que me hacían falta justo en esos momentos.

No recuerdo la última vez que sentí nervios, pero sí sé que aún era humano. Cien años adormecido, cien años envuelto en una bruma de falsa tranquilidad, de falsa calma. Y ahora despertaba de golpe a la parte más humana que quedaba en mí, con todo lo que ello suponía. Deseo, angustia, incertidumbre, rabia, anhelo, una necesidad desbordante de sentirme completo…Y nervios, también nervios.

Al día siguiente, en clase, estaba atento a todas las conversaciones, a todas las imágenes que me pudieran mostrar a Bella. Las ganas de verla, de comprobar todo lo que me habían dicho mis hermanos, estaban acabando con mi paciencia. Y no sé si he mencionado ya que no es una de mis virtudes…

Con la mandíbula apretada y las manos agarradas al pupitre, esperaba el momento de volver a encontrarme con ella, de sentir cómo mi piel respondía a su cercanía, cómo era consciente de su presencia mucho antes de percibirla. Era un instante mágico ese en el que se hacía tangible nuestra conexión. Y quería volver a disfrutarlo.

Me sentía más cerca de ella cada día, y a la vez, era consciente de que aún no nos habíamos acercado el uno al otro. Quizá el compartir nuestros secretos, de esa forma ficticia que estábamos usando, nos daba una falsa sensación de estar compartiendo algo…nuestro.

Fui consciente del latir acelerado de su corazón mucho antes de que entrara en clase, mucho antes de que su aroma me golpeara de nuevo dejándome hacer alarde, una vez más, del autocontrol que creía perdido cuando ella estaba cerca. Su voz me estremecía, y tuve que concentrarme de nuevo en la voz mental de Alice, que conseguía distraerme y calmarme.

Aún así, no podía evitar contar los pasos que la iban acercando a mí.

Dejó la corrección de mi trabajo sobre mi mesa. Yo, aún en la lucha interna conmigo mismo por escapar al hechizo de su olor, al hambre de su sangre, estaba tan alterado que no la había mirado. Entonces una palabra escrita en color rojo, como si percibiera un significado oculto, captó mi atención.

Vampiro.

Me cogió tan de sorpresa que casi sin ser consciente de ello, busqué sus ojos, sólo para relajarme, sólo para sentirme seguro, tranquilo. Ella me sonrió, dulce y segura, como era.

Ven a verme esta tarde, terminaba la frase.

Cerré los ojos intentando disimular mi euforia, tenía que contenerme, justo entonces, justo en ese lugar, cuando todo mi ser clamaba por llevármela de allí y hacerla mía, al fin, sólo para mí.

Había llegado el momento, y nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Miedo por ella, porque aún no confiaba plenamente en que pudiera estar a salvo conmigo, a solas. Miedo por mí, si tenía que aceptar su rechazo. ¿Cómo sería volver a la oscuridad una vez que había conocido la luz?

Pero, antes de encontrarme con Bella, fuera para bien o para mal, necesitaba hablar con mi familia, ya que, de alguna manera, este encuentro, donde iban a desvelarse tantas cosas, les competía a todos.

Como siempre, podía contar con Alice. Ya estaban todos reunidos, esperándome, casi tan impacientes como yo.

—Gracias, duende…—le sonreí al llegar.

Los miré a todos, tanteé sus mentes. Y me asombró comprobar que yo era el único que parecía tener dudas aún.

Por lo visto, mi estado emocional no había pasado tan desapercibido como yo había intentado que ocurriera. Y eso que contaba con la discreción de Jasper.

—Veo que no tendré que dar muchas explicaciones.—susurré. Esme no aguantó un suspiro escapando de una gran sonrisa.—No sé por qué estáis tan confiados. Ni yo mismo tengo ni una sola certeza.—la reñí, pero iba dirigido a todos.

—Vamos Ed, que tú no te des cuenta de las cosas, no significa que los demás seamos retrasados mentales.—Rose, sutil, como siempre.—Yo te he visto, y la he visto a ella, y os he visto juntos.—sonrió sinceramente, como pocas veces la había visto. Feliz.—Y quien no vea que saltan chispas entre vosotros, que hay una conexión más allá del entendimiento humano, es que, de verdad, está ciego.

Las palabras de Rosalie me sorprendieron. Yo era muy consciente de lo que decía, pero no pensé que para el resto de mi familia fuera tan obvio.

—Edward.—reclamó Esme mi atención.—Estas últimas semanas te he visto sonreír, a veces sin motivo aparente, más veces que en todos los años que llevamos juntos. Yo no sé nada más. No me importa nada más. Si Bella es quien te da esa felicidad que he visto en ti por primera vez, yo misma me declararé si tú no te atreves.—sonrió y se acercó para darme un beso.

Las palabras de Esme me hicieron ser consciente de la persona que había sido durante estos casi cien años.

—Lo siento.—le dije a ella y luego al resto.—Siento haber sido así tanto tiempo. Realmente no sabía por qué lo era, hasta ahora. Pero yo no soy tan optimista.—señalé, sentándome junto a Esme en el brazo del sillón.—Son muchas las dificultades. Para empezar, no debo olvidar nunca que ella es humana, y no una humana cualquiera. Su sangre sigue tentándome, y es cada vez más fuerte.

—No le harás daño.—me repitió Alice, como tantas otras veces.

—Eso no puedes saberlo, Alice.—no dejaba de envidiar la rotundidad con la que Alice creía en sus visiones, cuando en cuestión de un instante…—Además, y esto os incumbe a todos, debo hablarle de nosotros.—esperé la reacción de mi familia, pero nadie se mostró desconforme con mi decisión— Debo decirle lo que somos, antes de dar un paso más.

—Eso no será problema, ella ya lo ha decidido.—volvió a interrumpirme Alice, enfatizando es timbre de superioridad que usaba al confirmar un hecho.

—Eso deja que lo diga ella, por favor.—yo sabía que todo podía cambiar en el último momento, una duda, un temor…y todo, todo cambia.—Por eso es que quería hablaros. Necesito saber si todos estáis de acuerdo en revelarle nuestro secreto.

—Pero, Edward, de verdad…—no dejé terminar a Rose.

—No es lo mismo imaginar que confirmar, Rose.

—Vaaaale, cansino.—masculló.—Por mí no hay problema.

—Ya sabes, hermano.—Emmett abrazaba a su mujer y asentía con la cabeza.

—Te puedo decir que nosotros no tenemos ninguna duda.—Alice y Jasper.

A Esme no le pregunté. Si hubiera sido un dibujo animado, estaría flotando por las nubes rodeada de corazoncitos. Negué con la cabeza y volví los ojos.

Miré a Carlisle, y lo que me transmitió su mirada dejaba atrás cualquier pensamiento que pudiera haber leído en su mente. Nunca me había mirado así. Estaba feliz, radiante. Por fin, todos completos.

—Hijo, me gustaría que por una vez te vieras con nuestros ojos—me dijo intentando contenerse, mostrarse tan apacible y tranquilo como él era.— Entonces no perderías ni un solo momento en esta estúpida conversación. Sabes que nosotros adoramos a Bella, independientemente de lo que ella sea para ti. Pero si además es ella la elegida…No puedo imaginar a nadie mejor para compartir nuestro secreto. Confío en ella.

Los miré a todos y sonreí…

—¿De verdad todos me veis…enamorado?.—dije en un hilo de voz, avergonzado, por primera vez con mi familia, en respuesta a sus pensamientos. Y cuando empezaron a pensar sus respuestas…—Vale, vale, lo capto.—reí con ellos y enredé las manos en mi cabello, estirándomelo, nervioso.

No quería perder ni un minuto más. Ya en la puerta de casa me volví a darles el último vistazo, y por qué no, a complacerles.

—Yo…—comencé dubitativo y sonreí.—La amo.—susurré justo antes de apartar por fin mi mirada y dirigirme a mi cita.

Gritos, vítores, ánimos y suspiros…muchos suspiros. Adorable, mi familia.


Ohhhhhh síiiiiiii, ahora sí que sí...ya no te escapas, P, al próximo o se confiesan hasta su número de la partida de nacimiento, o te cortamos los dedos...

(Vale, vale...), Jijiji

Beso,

P.