Hola mis lectores les recuerdo de que ya casi stamos llegando al final jeje y espero no me abandonen..

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 26

Había ido bien. Alice se dejó caer en la cama mientras evocaba el ensayo. Había salido perfecto.

La noche del día siguiente. La noche del día siguiente, a esa misma hora, estaría en su camerino. Veinticuatro horas. Rodó de espaldas y se quedó mirando al techo. ¿Cómo diablos iba a aguantar la espera de aquellas veinticuatro horas?

Jasper no le había devuelto la llamada. Giró la cabeza para mirar el teléfono que descansaba sobre la mesilla. Solo había hablado unas cuantas veces con él desde que salió para Filadelfia, y en todas había percibido que nuevamente estaba intentando distanciarse de ella. Quizá ya lo había conseguido.

A un bailarín el dolor nunca le era ajeno. Lo sentía, se sumergía en él y lo superaba. Un desengaño amoroso podía ser bastante más difícil sobrellevar que una contractura, pero lo superaría. Sobreviviría. Siempre había tenido a gala ser una superviviente.

Su familia estaba allí, a su lado. Se levantó de la cama y fue hacia el armario. Se cambiaría, se cosería una sonrisa a la cara y sacaría a su familia a dar una vuelta por la ciudad. No todo el mundo tenía tanta suerte como ella, se recordó mientras se desnudaba. Contaba con una familia que la quería y que no la abandonaría jamás.

Estaba en la cima de su carrera. E incluso aunque el éxito se le cayera de las manos, seguiría bailando. Si tuviera que volver a los clubes, a actuar en pequeñas poblaciones, lo haría gustosa. Sería igualmente feliz.

Alice Cullen no necesitaba un hombre que completara su vida, porque su vida ya estaba completa. Le gustaba ser quien era, y estar donde estaba. Si Jasper decidía salir de su vida, ella se... De repente se apoyo en el armario, suspirando. Sí, era muy posible que se convirtiera en la persona más desgraciada del mundo. Pero no, no quería que él la salvara o protegiera de nada. Necesitaba que la amara, y aunque dudaba que Jasper pudiera comprenderlo, necesitaba que él la dejara amarlo.

Cuando oyó que llamaban a la puerta, Alice ya estaba peligrosamente cerca de la depresión.

-¿Quién es?

Bella.

Sin atarse el cinturón de la bata, fue a abrir. Allí estaba Bella, tan bella como siempre, vestida con un elegante vestido blanco.

-Oh, tú ya estás lista. Yo ni siquiera he empezado a vestirme.

-Me he dado prisa porque quería charlar un rato contigo antes de salir.

-Antes de que me digas nada, tengo que decirte que estás maravillosa. Quizá sea Edward, quizá sea el clima del campo, pero lo cierto es que nunca habías tenido tan buen aspecto.

-Quizá sea el embarazo.

-¿Qué?

-Lo descubrí poco antes de que saliéramos de casa -la tomó de los hombros, entusiasmada-. Voy a tener otro bebé.

-Oh, Dios mío. Bella, eso es maravilloso. Creo que me voy a poner a llorar.

-De acuerdo. Pero sentémonos antes.

Alice buscó sin éxito un pañuelo en los bolsillos de la bata.

-¿Cómo ha reaccionado Edward?

-Se ha quedado de piedra -se echó a reír Bella mientras se sentaban en la cama-. Escucha -le tomó las manos-. Esta noche, durante la cena, vamos a hacer el anuncio oficial.

-Me alegro tanto por ti -la abrazó, emocionada.

-Lo sé, lo sé. Pero ahora quiero que me cuentes algo. Cuando me llamó Rose, me dijo que estabas loca por un tipo...

-Lo estaba -musitó Alice-. Pero ya no. No es de mi estilo.

-¿Quién es? -le preguntó Bella, descalzándose.

-Se llama Jasper Withlock.

-¿De Discos Withlock?

-Exacto. ¿Cómo lo sabes?

-Todavía sigo manteniendo cierto contacto con la industria del espectáculo. Y Edward trabajó con él en un libro, hace algún tiempo.

-Sí, me lo dijo Jasper.

-¿Y?

-Y nada. Lo conocí, me enamoré de él e hice el ridículo -intentó mantener un tono de voz ligero y desenfadado, y a punto estuvo de conseguirlo-. Y ahora aquí estoy, sentada y esperando a que suene el teléfono como una quinceañera.

-Cuando tenías quince años, no tuviste muchas oportunidades de ser una quinceañera.

-Es un hombre bueno, Bella. Dulce y bueno, aunque jamás se definiría a sí mismo con esas palabras. ¿Puedo hablarte de él?

-Ya sabes que sí.

Empezó el relato por el principio, sin olvidarse de nada. Bella la escuchó con su calma y serenidad habituales. Se lo contó todo: el amor, los compromisos, el trauma que había sufrido Jasper durante su infancia.

-Como ves, por mucho que lo ame, no puedo cambiar lo que le sucedió. Ni tampoco su capacidad, o su disposición para sentir.

-Lo siento -le pasó un brazo por los hombros, conmovida-. Sé lo muy doloroso que esto puede ser. Solo puedo decirte que estoy absolutamente segura de que, si él te ama leí suficiente, tú podrás hacer verdaderos milagros. ¿Sabes? Edward no quería amarme, se negaba. Y lo cierto es que yo tampoco quería amarlo a él. Ambos habíamos decidido no arriesgarnos nunca a volver a contraer ese tipo de compromisos. Era una decisión muy lógica, tomada por dos adultos responsables -sonrió, apoyando la frente contra la de Alice-. Pero el amor lo trastocó todo. Y lo barrió todo excepto lo que realmente importaba.

-He intentado decirme eso mismo. Pero, Bella, él fue sincero conmigo. Desde el principio me dejó claro que no quería comprometerse. Que la nuestra sería una relación casual. Fui yo quien rebasó la línea, y quien tuvo que hacer los ajustes necesarios.

-Eso es muy lógico. ¿Qué le ha pasado a ese optimismo que siempre te ha caracterizado, Alice?

-Me temo que me lo he dejado en casa.

-Entonces ve a buscarlo. Esto de llorar a escondidas y autocompadecerte no es propio de ti. Tú siempre te has plantado en las situaciones difíciles y no has cejado hasta que las has resuelto a tu manera.

-Esto es distinto.

-No, no lo es. Siempre he envidiado tu confianza, tu seguridad en ti misma. Yo, al contrario que tú, siempre he tenido miedo de fracasar.

-Oh, Bella...

-Es cierto, y no puedes decepcionarme ahora. Si lo amas, silo amas de verdad, entonces plántate y no cedas hasta que él admita que también te ama.

-Tiene que sentirlo primero, Bella.

-Yo creo que lo siente -la sacudió cariñosamente de los hombros-. Ese hombre está loco por ti, lo que pasa es que es incapaz de reconocerlo, ni ante él mismo ni ante ti.

La esperanza empezó a resurgir en el corazón de Alice.

-He intentado creer en eso.

-No lo intentes, créelo. Yo he padecido la peor relación del mundo, Alice. Y ahora estoy disfrutando de la mejor. No te rindas. Que me aspen si me voy a quedar aquí sentada, viéndote esperar a que te llame. Vístete -le ordenó-. Vamos a celebrarlo.

-Mandona -le sonrió mientras se levantaba-. Siempre has sido una mandona.

Jasper dejó sonar el teléfono por lo menos una docena de veces antes de colgar. Era casi medianoche. ¿Dónde diablos podría estar Alice? ¿Por qué no estaba en la cama, descansando para estar fresca al día siguiente?

¿Dónde diablos estaba?

En Filadelfia, se contestó, disgustado, mientras paseaba nervioso por su apartamento.-Estaba a kilómetros de allí, en Filadelfia, en su mundo, con su gente. Podía estar haciendo cualquier cosa, con cualquiera. Y él no tenía derecho alguno a hacerle preguntas.

Al diablo con los derechos, se dijo antes de descolgar de nuevo el teléfono. Era ella quien le había hablado de amor, de compromisos, de confianza. Y era ella quien no estaba respondiendo a sus llamadas.

Todavía podía recordar la mirada dolida y decepcionada de Alice cuando le dijo que no estaba seguro de poder asistir al estreno de la obra. La maldita reunión con la Asociación de Productores Discográficos estaba por aquel entonces planeando sobre su cabeza, y aún no había podido librarse de sus consecuencias. Estallaría un verdadero escándalo una vez aprobada la decisión de iniciar una investigación completa. Un escándalo que afectaría a todo el mundo, a cada sello, a cada ejecutiva, incluso a los que tenían las manos limpias.

A la mañana siguiente probablemente recibiría docenas de llamadas de periodistas, de cadenas de radio, de empresas consultoras, de sus propios empleados. No podía dejarlo todo colgado y largarse a ver el estreno de un musical.

Aunque no se trataba de cualquier musical, pensó mientras dejaba sonar el teléfono. No, era su musical. Colgó de nuevo. Discos Withlock patrocinaba aquella obra, y por tanto estaba obligado a proteger sus intereses. Su padre estaría allí, y con eso sería suficiente. Pero era él, y no su padre, quien presidía Discos Withlock.

¿Se estaba justificando por no ir o por sentirse tentado a ir?

En realidad, eso no importaba. Nada de eso importaba nada. Lo que verdaderamente importaba era por qué Alice no contestaba el teléfono a medianoche.

Se pasó una mano por el pelo, desesperado. Se estaba comportando como un estúpido. Intentando tranquilizarse, fue a servirse una copa y en aquel preciso momento vio la planta. Le estaban saliendo nuevos brotes, verdes y vigorosos. Las hojas viejas y marchitas se habían caído, para ser reemplazadas. Impresionado, acarició delicadamente las lustrosas hojas.

¿Un pequeño milagro? Quizá, pero solo era una planta, después de todo. Una planta muy terca, eso sí que tenía que reconocerlo. Una planta que se había negado a morir cuando debió haberlo hecho, y que había respondido con entusiasmo a la menor atención que había recibido.

Así que tenía buena mano con las plantas. Se giró en redondo y contempló su apartamento vacío. No tenía mucho sentido imaginárselo con Alice dentro. Al igual que tampoco lo tenía preocuparse demasiado por el hecho de que Alice no estuviera en el hotel. Tenía otras cosas en que pensar, otras cosas que hacer.

Pero de repente se marchó, dejando intacta la copa.


OMG sera que va a ir a buscarla? ustedes que creen? jeje

espero sus reviews.. jeje

byee