Los personajes son de SM. La historia es mía.


Capítulo 26

- ¿Te gusta este? – le mostré un pote de helado de crema con chocolate pero él negó con la cabeza -. ¿No te gusta la crema?

- No, no me gusta el chocolate.

- ¡¿No te gusta el chocolate?! – solo me di cuenta de lo chillona que salió mi voz cuando Mike alzó sus cejas -. Eso es raro - murmuré devolviendo el helado al congelador, comencé a rebuscar entre los distintos sabores que tenía el supermercado pero después de saber que no le gustaba el chocolate, nada me parecía una buena idea -. Veamos…

Removí un par de potes de helado, vainilla, lúcuma, tres leches… más chocolate. Nada parecía una buena idea, de pronto, me vi con la mitad del cuerpo metido en el congelador deseando que me tragara y no me hiciera quedar como tonto, otra vez, delante del hijo de mi chica.

- Edward… apúrate… tengo ganas de ir al baño.

- Ya voy – gemí con frustración, yo no estaba, de ninguna forma preparado para estar cerca de un niño de seis años, y mucho menos de uno que ni siquiera me caía bien -. ¿Te gusta de fresa? – señalé un nuevo pote de helado.

- No – volvió a negar el pequeño demonio -, me gusta más la frambuesa.

Me abstuve de rodar los ojos. Así que en cambio, apreté los dientes y tomé el de frambuesa, se lo mostré a Mike y en vez de recibir un asentimiento de su parte, recibí un encogimiento de hombros, supongo que eso era mejor que nada.

- Paguemos esto y vamos al baño – estiré mi mano para que la tomara pero no lo hizo, supongo que no quería verse como el niño que era.

- Yo no voy a baños públicos – murmuró sonrojándose un poco.

Tuve que sonreír, en eso nos parecíamos – Bien, entonces apuremos porque a mí también me entraron ganas y tampoco voy a baños públicos.

Nos apresuramos a pagar y cuando creíamos que ya estábamos listos para irnos a casa de Bella, un grito me hizo detenerme en el estacionamiento. Aunque no quisiera tomé la mano de Mike y me giré hacía la mujer, que no conocía, y gritaba mi nombre.

- Tú eres Edward Cullen – me apuntó en cuanto llegó a mi lado -, te vi en la semana de la moda y ¡Dios!... ese último vestido… ¿crees que podrías hacer uno igual pero en blanco?, llevo como… tres meses buscando un vestido para mi matrimonio y aun no encuentro nada y estoy comenzando a desesperarme porque de verdad… - hizo un gesto tan ridículo que no pude interpretarlo -, siento que sin el vestido perfecto no me puedo casar y entonces voy a quedarme soltera y mi novio…

- ¡SEÑORA! – gritó Mike a mi lado cortando el monologo sin fin de la mujer -, de verdad tengo ganas de ir al baño y usted solo está consiguiendo que me den más ganas.

- Oh… - la mujer solo miró a Mike así que aproveché el momento.

- Lo siento mucho señorita, pero si necesita contactarse con Cullen´s, debe hacerlo a través de mi asistente, Jessica Stanley, yo ahora de verdad debo irme… lo lamento.

- Claro… no sabía que tenía un hijo…

Solo le sonreí, tomé nuevamente la mano de Mike y lo llevé hasta el auto, dejé las compras, que caían en solo dos bolsas a sus pies y abroché el cinturón de seguridad del asiento trasero.

- Creo que deberíamos conseguir una silla especial.

- Cumplo siete en tres semanas, no la necesito.

Asentí y le sonreí – Sí, supongo que sí.

Cuando lo vi seguro, me apresuré a rodear el auto y sentarme en mi lugar antes de que la loca volviera, cuando entramos a la carretera, comprobé a Mike por el espejo retrovisor y lo noté evidentemente contrariado.

- ¿Qué pasa Mike?, ¿esa señora te asustó?

- Es la segunda vez en el día que piensan que soy tu hijo – murmuró sin verme, estaba demasiado concentrado en sus manos.

Traté de ordenar mis ideas antes de hablar pero no lo conseguí, así que traté de ser práctico – Es más fácil suponerlo y luego buscan rasgos similares y por eso lo dan por cierto.

En cuanto solté esas palabras me di cuenta que no eran ni de cerca las ideales para el momento, y aunque Mike fuera un pequeño demonio exasperante, también solo era un chico de seis años que nunca había conocido a su padre y que sabía, en su inocencia, que nunca iba a hacerlo.

Así que, haciendo uso de mi madurez, volví a aclararme – Además – comencé -, nos comportamos como un padre y un hijo – él por fin dejó de verse las manos y me vio a mí, en esos momentos sí que me pareció el niño que era y no el pequeño que trataba de hacerse el grande -, ya sabes, peleamos, discutimos y al final nos sonreímos.

- Me gusta pelear contigo… y aunque todavía no me caes muy bien… algo me dice que no te voy a odiar por siempre.

Lo miré con el ceño fruncido y solté esa pregunta que tanto me había estado mordiendo - ¿De verdad tienes siete años?, porque no te comportas como un niño de tu edad.

Los ojos de Mike se abrieron e inmediatamente se voltearon hacia el camino, yo traté de concentrarme en la carretera frente a mí pero la actitud de Mike me hizo imposible hacerlo.

- Mike… - comencé a disculparme.

- Yo… mi mamá me llevó al sicólogo cuando tenía cuatro años… un día estaba viendo un documental con mi abuelito Charlie sobre la teoría de la evolución de Darwin y a la hora de la cena le conté todo a mi mamá… no soy superdotado pero uso una mayor parte de mi cerebro que el resto de los niños de mi edad… irónicamente, el sicólogo mencionó la palabra índigo… ¿has escuchado hablar de los niños Índigos, Edward?

Me quedé helado, ni siquiera fui capaz de mirar a Mike por el espejo retrovisor, nunca había conocido a ningún niño índigo pero si sabía un poco sobre ellos, se que estaban mayormente evolucionados, tantos mental como espiritualmente.

Suspiré y agradecí que el camino hubiera terminado, estacioné con cuidado, apagué el motor y las luces, pero no abrí las puertas. Cuando miré a Mike por el espejo retrovisor él ya me estaba mirando, así que le dije lo único que se me ocurrió.

- Eres un niño muy especial, Mike… Es importante que lo sepas.

- Pero, también me doy cuenta de las cosas mejor que otras personas, y eso no siempre es lo mejor.

- Siempre he creído que es mejor saber que vivir en la ignorancia – le sonreí.

- Solo no lastimes a mi mamá, Edward, porque pese a que me gusta odiarte, no quiero hacerlo en serio.

- No te diré que nunca le haré daño porque los dos sabemos que eso es un ideal casi inalcanzable, pero sí puedo prometerte que haré todo lo posible por no hacerlo y que cuando pase, haré hasta lo impensable por resarcirme.

- Bien – me sonrió -, pero ahora deberíamos bajarnos porque dudo mucho que te guste tener un auto con olor a pis.

No alcancé a abrirle la puerta a Mike antes de que saliera corriendo al departamento de Bella, lo seguí de cerca con la bolsa llena de compras. Bella me esperaba con la puerta de su departamento abierta y con una mueca en su rostro.

- No debí dejarlo que te acompañara.

- Quería hablar conmigo – le sonreí y besé sus labios incitándola a que por fin cerrara la puerta.

Pasé de largo por su lado y dejé las compras en la encimera de la cocina – Edward…

- Tu hijo es muy inteligente.

Me di media vuelta, apoyándome en la encimera y la miré, pero solo me pude concentrar en su labio inferior que se vio apresado entre sus dientes – Los sicólogos dicen que es más inteligente que los otros chicos de su edad.

- ¿Por qué no me lo habías dicho?

- Mike es especial… muchas veces se comporta como alguien de veinte años pero a veces parece un nene de pecho… no lo sé, no quería que pensaras que es raro.

- Amor – estiré mi mano y la tomé de la cinturilla de su jeans acercándola a mí -, necesitamos tener confianza en estas cosas, y ya que Mike será algo contaste en nuestra vidas y si me quieres en la tuya, debes hacerme participe de él, aunque te juro que entiendo a la perfección si prefieres que mi relación con tu hijo sea mínima hasta que decidamos qué camino seguir.

- Eres maravilloso, Edward Cullen…

Cerré los ojos y disfruté de los dedos de Bella pasando por mis cabellos, de cómo las yemas de sus dedos se enredaban en ellos y como…

Mis pensamientos se trabaron cuando Mike decidió unírsenos. Traté de no odiarlo, de hecho ni siquiera me molestó como antes, entre los tres cocinamos y aunque el pequeño no estuvo para nada muy hablador, tampoco me lanzó alguno de sus comentarios mordaces, con razón, ahora entendía como un niño de casi siete años podía soltar palabras tan bien elaboradas y tan precisas para provocar lo que él quería.

Observé a Mike mientras ponía la lechuga de forma simétrica en el plato que Bella le había pasado, él no la arrojó como quizás lo hubiera hecho otro niño, no, él la estaba poniendo en orden.

Parpadeé varias veces y procuré que Bella no se diera cuenta de lo mucho que estaba mirando a su hijo.

- Bueno, esto ya casi está así que puedes ir llevando los cubiertos a la mesa Mike.

- ¡Claro, mamá!

Y ahí noté algo nuevo, cada vez que Mike hablaba con Bella, era otro niño, uno que reflejaba mucho mejor su edad. En silencio, me acerqué a mi chica y besé castamente sus labios para después girarme y ayudar a Mike a poner la mesa. Cuando tuvimos todo listo, Bella llegó con los platos de comida.

La charla fue banal y principalmente centrada en el colegio de Mike, el niño, cuando se soltaba era bastante sociable y algo hiperactivo, supongo que es bueno que esté más hablador a mí alrededor.

La cena ya había terminado y Mike comenzó a cabecear de tal forma que faltó poco para que se diera contra el plato, pero aunque Bella le tomó la cabeza, él ya estaba profundamente dormido.

- Deja que te ayudo.

Me puse de pie y tomé a Mike en mis brazos, este niño estaba demasiado flaco. Puse mi mano en mi espalda y pude notar muy bien sus costillas, sin quererlo, le di una mirada a Bella que ella supo evaluar sin ningún problema.

- Corre y se mueve mucho, además me cuesta que coma, pero el pediatra dice que está dentro de su peso.

Asentí y le sonreí, ¡mierda!, me estaba convirtiendo en un metiche.

Solo dejé a Mike en su cama y salí para darle privacidad a Bella junto a su hijo. La habitación era igual de pequeña que todo lo demás en la casa, y ni siquiera estaba muy personalizada, supongo que Bella de verdad no consideraba esta su casa.

Me apoyé en la pared hasta que la puerta se volvió a abrir, Bella me miraba con una enorme sonrisa – Gracias por todo esto, fue un día maravilloso.

- Gracias a ti por compartir cosas tan importantes de tu vida conmigo – llevé mis manos a sus caderas y las meneé mientras la acercaba más a mi cuerpo -, sé que por alguna razón proteges a Mike y que si me dejas estar cerca de él es porque no piensas en darme una patada muy pronto.

- De hecho – rodeó mi cuello con brazos juntando ahora nuestros pechos -, he estado pensando en no darte la patada en mucho tiempo – la forma en la que alargó la frase fue malditamente sensual.

Subí mis manos por su espalda buscando las palabras correctas – Tengo que irme.

- ¿Por qué? – su aliento rozó en mi cuello haciendo que mi miembro se terminara de erguir y que mis ojos se cerraran por instinto.

- Porque… - gemí cuando sus labios se posaron en mi mentón -, si no me voy ahora…

- ¿Qué harás Edward? – sentí la pérdida de su contacto solo para verla frente a mí con la frente arrugada –, ¿Qué harás si no te vas ahora?

- Voy a follarte malditamente fuerte.

De una zancada acorté nuestro espacio y reclamé sus labios… míos.


Hola!

Sí, soy yo, aún no iba a subir nada pero estuve de cumple y me dio nostalgia, así que aquí tienen un capítulo, extrañaba mucho FF y quise hacerme un regalo :D

En este capítulo daré gracias especial a mi beta, Erica Castelo porque me ha ayudado mucho, no solo con la ortografía sino también en todo a lo que se refiere a Mike.

Espero verlas de nuevo muy prontito.

Besos, Joha!