Cris: muchas, muchas gracias por lo del capítulo anterior, sobre todo porque no fue fácil decidir el castigo y en muchas ocasiones tuve que cortar lo que había escrito porque, aunque me gustara, no servía de nada. Creo que quedó bien así. Je... que Saba sea el personaje que más te llama la atención... no duiría que fue predecible, si no, entendible, sobre todo después de leer los reviews en donde los comentarios son casi siempre para Saba, o teniéndolo mucho en cuenta y eso me encanta porque no me gustan las historias en las que el protagonista es tan pero tan bueno que debe metese entre tus ojos... y todos deben identificarse con él y toda esa historia. Es un muchacho peligroso, sí y está más rebelde que en su primera versión... me emociona mucho que puedas crear un vínculo (aunque sea chiquito) con los personajes.. y si la gente que lee este fic lo hace también... no sé... me daria un infarto de la alegría. Más gracias x leer y espero que este capítulo también te guste.

Andrew Black¡Gracias! Y bienvenida... que bueno que te haya gustado la historia! Creo que también leiste Antes del Silencio... muchas muchas gracias por poder leer las dos. ¡Y gracias por identificarte con Pandora! La verdad es que el personaje también me gusta muchísimo y me gustó mucho escribir sobre ella, sobre sus defectos, sobre las cosas buenas que tenía, sobre los errores que cometió, sus resentimientos, todo. Cambiando de historia... ejeje... sí, la relación entre Artemis y Saba es bastante peculiar... espero. Me gusta jugar con la línea que hay entre amistad y algo más, que se ha vuelto bastante borrosa entre los dos, a pesar de que Saba tenga novia y no creo que ellos lo sepan, lo que sucede es que la amistad que forjaron cuando eran más niños (y los dos muy inocentes) fue tan fuerte, que los lleva a hacer cosas que escandalizarían a los demás, pero a ellos les parece completamente normal. Artemis se apoya mucho en Saba, es una de las personas más importantes en su vida y lo mismo para Saba. En fin, me voy en palabras. Cuidate mucho y grcias de nuevo. Ojalá que la historia te siga gustando.


El problema de Sami

Las cosas no mejoraron para los Stormenhand de tercer curso después de aquella situación en la habitación de los calderos. Lila Elmira, por ejemplo, se había vuelto aún más desconfiada con ellos, además, en las últimas clases de encantamientos demostró un considerable avance en sus facultades al petrificar a cuatro tortugas recién transformadas (puntos extra para ella por combinar de buena manera dos materias) con un solo movimiento de su varita. Metiche, desconfiada y peligrosa. Los castigados se miraron de reojo cuando el profesor Dimber felicitó a Lila por ser tan eficaz, mientras ellos pensaban que lo más probable era que Elmira se imaginara a esas tortugas con cabezas humanas: las suyas… por eso Hada y Otto evitaron encontrarse con ella entre pasillos, durante las comidas y a toda hora, en general. Pero no era la única, las burlas a los Stormenhand no cesaron, es más, aumentaron, porque una de las admiradoras de Saba se había escabullido hasta las mazmorras luego de que la profesora Gabrián las echara y los había visto entrar a la habitación de los calderos, la única razón por la que un grupo de alumnos entraría a esa habitación era para limpiarlos… y al minuto siguiente todo el club de fans de Saba lo sabía y al día siguiente, toda la escuela. "Schnuppermault¿es verdad que tu primo lejano es un elfo… doméstico?", "Hemos descubierto el secreto más grande de los Stormenhand: Rebeldes de día, limpiadores de noche", e insultos por el estilo abundaron a partir de entonces. Lo único bueno de eso era que ya no tenían que soportar solos las burlas.

Pero definitivamente lo peor era el humor de la profesora Gabrián que se volvió seco con el tiempo y se contagió a los profesores involucrados, que ya habían anunciado sus respectivos castigos y advertencias, y no se cansaban de hacer hincapié en la profunda desilusión que su comportamiento les causaba. Claro que los Stormenhand de tercer curso no se esforzaron por ganarse la simpatía de su tutora de nuevo (por mucho que Greg Easthouse llorara y suplicara), al contrario, desde que pusieron un pie fuera de la habitación de los calderos, se declararon enemigos de ella. Las clases de Artes Oscuras y Defensa nunca fueron tan divertidas.

.-.150 puntos menos…- suspiró Artemis.

Ella y Saba estaban en el gimnasio esperando a Sami para una sesión de magia clandestina. Saba estaba colgado de una de las vigas más altas del gimnasio, viendo a Artemis entrenar. Se había pasado casi toda la noche así, corriendo de un lado para otro, haciendo flexiones, mancuerdas y luego había obligado a Saba a pelear un par de veces con ella, hasta que el elfo se cansó y le dijo que si seguía entrenando, la iba a petrificar. Artemis aprovechó para practicar su velocidad intentando que los chispazos que salían de la varita de Saba no la alcanzaran.

.-.Te estás esforzando demasiado- le dijo Saba, desde su viga, cuando faltaban cinco minutos para la medianoche- vas a ver como antes del Pre-Torneo vas a colapsar y ahí sí que no vas a poder participar-

Artemis, que estaba atacando a un muñeco de tela empotrado en la pared, pareció no hacerle caso, así que Saba continuó.

.-.Esto hace que duermas en tus otras clases, no pienso cubrirte de nuevo en Transformaciones si te quedas dormida mañana-

.-. ¿En serio?- Artemis habló sobre el sonido del acero chocando con el saco de cuero.

.-.No- admitió su mejor amigo-pero si me preguntas, esa es la razón por la que estás tan baja en ese curso, realmente no es tan difícil-

.-.Lo es para mí-

.-.Porque te quedas hasta la madrugada entrenando esgrima-

Artemis se detuvo y miró hacia arriba, a la coronilla de Saba.

.-.Nos estamos quedando para practicar otra cosa. Además, tú no tienes ciento cincuenta puntos menos en el total, así que…-

.-. ¿Mejor me quedo callado?-

.-.Qué crees-

.-.Que te estás esforzando demasiado-

.-. ¡El Pre-Torneo es en menos de dos semanas!- gruñó Artemis- es momento de corregir mis errores. Cuando tenga descansar lo voy a hacer, tampoco soy idiota-

Saba se quedó callado y Artemis siguió atacando al muñeco de tela. Por supuesto que su mejor amigo no tenía razón, tenía que aprovechar todo el tiempo posible para practicar esgrima si quería rendir bien en el Pre-Torneo y no iba a dejar que unos puntos estúpidos la molestaran. Debía practicar. Además, hacer esgrima la distraía de todo lo que estaba pasando, de la situación rara entre los Stormenhand que soportaba a penas un poco más que la anterior: todos parecían extraños los unos con los otros, como si supieran algo muy vergonzoso de cada uno de ellos. Ya no peleaban, cierto, se defendían en ocasiones, cierto, pero no hablaban entre ellos y cuando lo hacían eran demasiado formales. Y, lo que menos soportaba Artemis era pensar en eso, odiaba preocuparse por la situación, por los demás que no fueran Saba y Sami. No quería pensar en nadie más y la esgrima le daba justamente eso.

.-.Fleance nos gritó en la práctica, a Ru y a mi- contó Saba, casualmente- casi parecía mi madre cuando se enoja de verdad. Nos dijo…-

.-.Te mereces los 150 puntos menos, por dejarte atrapar-

Artemis se sobresaltó cuando dejó de oír a Saba y lo primero que hizo fue mirar a un lado, evitando la mirada de ese alguien más que seguramente estaría frente a ella. Cuando lo hizo, se percató de que ya no estaba el gimnasio, si no en una especie de Sala Común con un fuego moribundo y muebles muy viejos. Cerró los ojos con fuerza e intentó volver a oír la voz de su mejor amigo, que debía estar por ahí, en algún lado.

.-. ¿Qué estás haciendo?-

Artemis cerró los ojos con más fuerza aún.

.-.No me voy a ir hasta que me hables- le advirtió Harry, que estaba sentado frente a ella.

.-.Tienes que irte- le dijo Artemis, sin mirarlo.

.-. ¿Por qué¿Ya no quieres que te visite?-

No. No. Para nada. Artemis miró a Harry para corregirlo y sus ojos verdes brillaron con mucha fuerza dentro de ella. Justo lo que intentaba evitar.

.-.No es eso- admitió quedamente, mientras sentía como toda la entereza y la decisión escapaban de ella.

.-. ¿Entonces?-

.-.No deberías estar aquí-

Harry se puso de pié y caminó hacia Artemis, quien se preparó para dar pasos atrás, pero no fue necesario que lo hiciera, porque en ese mismo momento, los centímetros que los separaban se convirtieron en largos e interminables metros y la sala común ya no parecía sala, si no un pasillo bastante acogedor.

.-. ¿Qué estás haciendo?- chilló Harry.

No… no creo… que sea lo mejor que te quedes. No. Deberías irte. Dilo Artemis, vamos dilo.

Artemis sólo lo miró. Los pies de Harry empezaron moverse, como si estuviera caminando, pero él seguía en su lugar. No te quiero cerca, no te quiero cerca, no te quiero cerca.

.-.Esto no es justo, yo he estado contigo siempre- le dijo Harry, con la voz entrecortada- ¿a quien le hablabas de tu papá? Y de todo lo demás ¿no te acuerdas?-

.-.Sí- respondió Artemis, porque era cierto, Harry siempre había estado con ella.

.-. ¿Entonces?-

.-.Era de noche-

.-.Ahora también-

.-. ¡Pero no estoy dormida!-

Y él, él, él no era más que un sueño. No era normal soñar cuando uno no estaba dormido, así que no se podía aparecer así nomás como si fuera a hacerlo algún día en la escuela, porque probablemente jamás lo haría, porque él sólo la visitaba cuando ella dormía, porque no existía.

.-.Eso no te molestaba antes- recordó Harry- déjame acercar…-

.-.No-

.-.Perfecto- Harry dejó de avanzar- entonces adiós-

No.

Artemis se estremeció y Saba, cuya voz había vuelto de un momento a otro, la miró.

.-. ¿Mal pensamiento?- le preguntó.

Artemis negó lentamente.

.-.No fue un pensamiento- le dijo, dándole una mirada que Saba comprendió al instante, pero antes de que pudiera decir nada, las puertas del gimnasio se abrieron de par en par y él se subió a la viga mientras que Artemis corrió a esconderse dentro del armario de los protectores.

.-.Soy yo- dijo una voz suave.

. pidió Artemis, aunque sabía quien era.

.-. "Hanna Marianne apesta"- dijo Sami apareciendo tímidamente por la puerta, luego cerrándola con rapidez y poniendo sobre ella un encantamiento de alarma.

Artemis y Saba salieron de sus escondites y la saludaron, ella le devolvió el saludo solamente a Artemis porque, a pesar de que hubieran pasado semanas, todavía seguía molesta con Saba por no haberle contado a tiempo que era novio de Hanna Marianne y por haber "perpetrado un maligno plan calculado con antelación, que involucraba la manipulación de su amistad"

.-.Pensé que la contraseña era— empezó Saba, pero Sami lo interrumpió.

.-.No saben lo que escuché- les dijo, mientras iban hacia ella- los fantasmas están comentando por todas partes lo que le pasó a Aristóteles- Sami sonrió deleitada ante las miradas atentas de Artemis y Saba- y creo que ustedes tendrán la primicia, bueno, yo la tuve y se las estoy dando, porque nadie más sabe ¿Saben como sé? Porque nadie ha comentado. En fin, iba caminando cuidadosamente, cuando de pronto veo a un par de fantasmas al final del pasillo por el que tenía que salir para llegar aquí, enfrascados en una disquisición, no era mi intención espiarlos, que quede claro, pero tenía que pasar por alguna parte para llegar, así que mientras contorsionaba mi cuerpo para hacerme espacio tras una estatua, oí que los fantasmas decían que Aristóteles estaba muy enojado, entonces mi cuerpo se detuvo y alcancé a oír perfectamente el resto: Aristóteles está molesto porque al parecer, el domingo hizo un escándalo tremendo en uno de los pasillos y los delegados lo siguieron para tranquilizarlo, pero resulta que perseguía a unos estudiantes y les gritaba las cosas más horribles que obviamente los asustaron… a final de cuentas los delegados no atraparon al fantasma, pero sí hablaron con los profesores del asunto y el profesor Dimber fue a buscar a Aristóteles al Castillo Viejo… los fantasmas dijeron que jamás habían escuchado al profesor Dimber hablar tan enojado ¿Saben qué le dijo? Que se había pasado de la raya al intentar lastimar a los alumnos y le prohibió aparecerse en el Castillo Joven hasta que meditara sus actos-

.-.Por eso no hemos visto a Aristóteles en estas semanas- dijo Saba, que ya estaba junto a Sami.

.-.Exacto. Aristóteles se está escondiendo en algún lugar porque dicen que Dimber realmente lo asustó. Nadie sabe dónde, yo creo que en el Castillo Viejo-

.-. ¿Por eso nos citaste aquí? Pensé que era porque últimamente el Castillo Viejo está infestado de escregutos enormes-

.-.No, los cité aquí ayer y me acabo de enterar de lo de Aristóteles, fue sólo una feliz coincidencia y esa es la última pregunta que te respondo porque todavía estoy molesta contigo, veelfo desconsiderado- Sami le gruñó a Saba y luego miró a Artemis con una gran sonrisa- por eso es una suerte que el profesor Altair deje abierto el gimnasio hasta tarde para que practiquen para el Pre-Torneo ¿no?-

Artemis se encogió de hombros. No se sentía muy bien traicionando la confianza del profesor Altair, pero tenían que practicar su magia en alguna parte y el Castillo Viejo estaba muy lejos como para poder salir de ahí de madrugada, era peligroso… y quedarse en el gimnasio también, pero Saba y ella habían descubierto una viga falsa en el techo, que era en realidad una puerta del conjunto de pasillos secretos de Stormenhand… aunque probablemente entrenarían ahí a pesar de no haber descubierto nada.

.-.No nos podemos quedar hasta más de las dos- advirtió Artemis- el profesor Altair manda a unos fantasmas a revisar-

Sami asintió y se adelantó.

.-.Felizmente no les interesa que los castiguen o no- les dijo con una sonrisita que los dejó helados, mientras iba acomodando el espacio con colchonetas.

Artemis y Saba se miraron con el ceño fruncido, pensando y repensando lo que Sami acababa de decirles. Estaban consientes de lo que les pasaría si alguno de los profesores los descubría haciendo magia en la escuela a la medianoche, fuera del toque de queda. Sabían que sólo bastaba que a un fantasma se le antojara adelantar la guardia para estar fritos… y, sin embargo, seguían ahí y no tenían intención de irse. Por una fracción de segundo eso les dio miedo.

.-.Y miren ustedes, yo también soy una rompe reglas después de todo- dijo Sami, haciendo que los chicos despertaran.

Cierto. Sami se había vuelto capaz de quebrar todas las reglas existentes con tal de tener esas sesiones de magia clandestina. Y de Pensadero.

.-.Ya. Ya Están las colchonetas y no creo que necesitemos muchas porque no tenemos mucho tiempo y sabemos los expelliarmus a la perfección, así que no vamos a darnos de golpes contra el suelo- Sami corrió hacia su morral y sacó un cuadernito pequeño, en donde anotaba los hechizos que ellos iban haciendo- flipend… protección de primer nivel… episk… mobili… aurea… bolas perseguidoras… ¡AJA! Que les parece si practicamos el patronus- propuso, volviéndose radiante hacia sus amigos, que parecían trolls aturdidos, parados en medio del gimnasio sin saber qué mas hacer.

.-. ¿Patronus?- preguntó Saba, despertando- ¿están hablando en serio? Pensé que ese día quedamos en que era una tontería ponernos a practicar un encantamiento que no dominaríamos jamás-

.-.No me acuerdo- dijo Sami, sin mirar a Saba- además, será una tontería para las varitas mal preparadas y sus dueños sin habilidades ni ambición, porque a Artemis le va muy bien-

Artemis miró a Sami con los ojos muy abiertos. Se suponía que no le iban a decir a Saba que estaban practicando el patronus.

.-. ¿Están practicando el patronus a escondidas?- preguntó Saba, indignado.

.-.Probablemente- respondió Sami, diplomáticamente.

.-. ¿Lo estás haciendo?- el elfo miró a Artemis directamente a los ojos.

Ella asintió, resignada al sermón que se le abalanzaba.

.-. ¿Tú?- pero en lugar de eso, recibió el rostro sorprendido de Saba, como si no creyera que ella fuera capaz de hacerlo.

Ella lo miró severamente. ¿Por qué era tan sorprendente que ella estuviera practicando el patronus y que tuviera buenos resultados? No buenos como excelentes, a decir verdad, pero Sami y ella habían avanzado bastante por su propia cuenta, sin ningún tutor y su progreso era digno de consideración, al menos para su mejor amigo.

Artemis estiró su varita mirando a Saba, recordó cuando le dieron a Apollus y dijo Expecto Patronum lo más claramente que pudo, a continuación, una nube plateada se materializó, pequeña pero brillante y parecía luchar por tomar forma. Lo hizo por unos segundos, ante la mirada sorprendida de Saba y luego desapareció.

.-. ¿Y?- preguntó Sami, obviamente encantada por haber dejado mudo al elfo- ¿qué te pareció? Aunque la nube estuvo más chiquita que de costumbre, Artemis-

.-.Intenta recordar cosas felices cuando estás molesta- respondió ella.

.-.Es cierto. ¿Pero viste como estaba tomando forma? Creo que va a ser un gato o un animal parecido-

.-. ¿Cuánto tiempo llevan practicando?- preguntó Saba, atónito.

.-.Unas semanas… un mes y medio o algo así- respondió Sami- ¿por qué? No me digas que estás interesado-

Saba se quedó en silencio mientras veía a Sami alzarse victoriosa sobre él.

.-. ¿No se suponía que no ibas a hablarme?- respondió el elfo.

.-.Ah, como quieras- espetó Sami violentamente- Artemis, ponte a hacer esos ejercicios de concentración que probamos la semana pasada, tu nube está perdiendo forma-

Artemis asintió y fulminó con la mirada a Saba por poner de mal humor a su mejor amiga. Él sabía perfectamente que la dictadora que Sami tenía adentro despertaba cada vez que alguien la hacía enojarse… y él se había abocado a eso.

Se alejó de los dos a zancadas y trepó rápidamente hasta el techo del gimnasio, en donde no buscó su viga preferida, si no la que estuviera más alejada de ellos, para no oírlos pelear. Se puso de cabeza en un dos por tres, cerró los ojos y empezó a practicar las respiraciones que Sami le había enseñado, mientras el sonido de su voz chillando se mezclaba a las risotadas irónicas de Saba.

La madrugada siguiente repitieron el plato y la siguiente, hasta que, a cuatro madrugadas de que Saba se enterara que Artemis y Sami practicaban el patronus, él se decidió a anunciarles que les haría compañía. Sami bufó sonoramente, pero luego sonrió para sí misma unos segundos, oculta en la nube del patronus de Artemis. Sus peleas con Saba se hicieron cada vez menos frecuentes hasta casi desaparecer e incluso confabularon para obligar a Artemis a dejar de entrenar esgrima tan seguido.

.-.Déjenme entrar al gimnasio-

Faltan cuatro días, tengo que entrar a entrenar.

.-.Lo siento, Artemis- dijo Sami, abriendo los brazos con mayor decisión, ella y Saba habían llegado al punto de pararse frente a la puerta del gimnasio con los brazos abiertos para no dejarla pasar- pero es más importante que descanses ahora. Te has estado preparando muy bien por los últimos meses…-

.-.Déjenme entrar-

.-.Tienes que re-po-sar- recalcó Saba.

.-.Y hacer tus tareas de otros cursos tampoco te mataría-

.-.Si no me dejan pasar, yo…-

Pero justo cuando Artemis planeaba mostrarles su varita, alguien apareció tras ella.

.-. ¿El gimnasio está cerrado?- preguntó ese alguien con una voz femenina conocida.

Artemis se volvió para ver de quien se trataba y se encontró con la sonrisa amigable de Alina Hamal, la pelirroja sobrina del director que era parte de la Sociedad Secreta del Salto.

.-.Ah… no, pero…- empezó Saba, poniéndose rojo- lo que pasa es que…-

.-.Hola Alina- saludó Sami y Artemis se preguntó de dónde se conocían, pero luego recordó que ambas eran de Valthemoon y que los Valthemoon se conocían entre todos- lo que pasa es que en estos últimos días Artemis, aquí presente…- Sami señaló a Artemis y ella tuvo que actuar como si no conociera a Alina de la nada, después de todo, Sami no sabía que las dos hacían El Salto- que es amiga mía y de este chico que se llama Saba- señaló a Saba- ha estado practicando demasiada esgrima con la excusa de que el Pre-Torneo es muy pronto y ha estado descuidando sus demás materias. Lo único que queremos es que se tome un tiempito libre para que descanse y no le pierda la pista a sus demás cursos. Sí o no que estamos en lo cierto-

.-.Bueno- empezó Alina- por una parte entiendo a Artemis, es verdad que el Torneo está cerca y es normal que quiera practicar-

.-.Sí, pero si la vieras… eso no es practicar, es matarse-

.-.Hay mil cosas más que me distraen, Sami- admitió Artemis, refiriéndose, obviamente, a sus prácticas clandestinas de magia.

Sami frunció tanto el rostro que sus ojos, sus labios y sus mejillas casi estuvieron sobre su nariz. Artemis le echó una rápida mirada a Saba pidiéndole ayuda y antes de que él empezara a tararear una canción tranquilizante en élfico, Sami habló.

.-. ¿Se conocen?- preguntó, asaltada por una súbita duda.

.-. ¿Artemis y yo? Sí, desde primer curso- respondió Saba.

.-.No tú- espetó Sami- y ya puedes dejar de cantarme tu cancioncita que no me va a hacer efecto. Me refiero a ustedes dos, Alina y Artemis ¿ya se conocían?-

¿Qué? Cómo. Ni siquiera se habían mirado, lo único que Alina hizo fue tutear a Artemis y ya y por eso nadie habría implicado que se conocían desde antes.

.-.No, bueno, la he visto entrenando esgrima, pero no nos hemos hablado- respondió Alina- ¿por qué lo dices?-

.-.Ah, es que… Artemis no habla frente a alguien que no conoce-

.-. ¡¡¡AUXILIO!!!-

Artemis, Saba, Sami y Alina interrumpieron el silencio incómodo que se había formado entre ellos y se voltearon para ver que pasaba.

Alguien acababa de gritar a voz en cuello y empezaba a dar de alaridos desesperados… una niña vestida de blanco, Darkenlord, corría desesperada hasta el pórtico del Castillo, mientras señalaba hacia atrás, hacia el Bosque.

Un chico que estaba cerca también empezó a gritar y a señalar al frente.

Artemis y Saba se adelantaron, no veían nada… y tres personas más empezaron a gritar, cuatro, cinco. En menos de un segundo el claro, que era generalmente un lugar pacífico, se había convertido en una olla de gritos desesperados sin aparente razón, mientras una turba temblorosa y espantada de estudiantes corría hacia el pórtico del Castillo Joven.

Sin previo aviso, Artemis y Saba empezaron a correr en dirección opuesta, hacia los lindes del bosque, lugar que todos señalaban… pero no tuvieron que llegar ahí para comprender lo que estaba pasando. Artemis se detuvo en seco, trastabilló y tuvo que agarrarse de Saba para no irse de espaldas al suelo, lo que aterrorizaba a los alumnos se deslizaba ágilmente hacia ellos: tres Lámpades que venían desde la oscuridad del Bosque hasta el claro, con los ojos brillando intensamente.

Sami y Alina llegaron tras ellos unos instantes después. Cuando Sami las vio, chilló y se aferró del brazo de Artemis.

.-.Regresemos- le dijo- tenemos que llamar a la profesora Gabrián-

.-.Son Lámpades ¿verdad?- preguntó Alina.

Artemis y Saba asintieron. Eran Lámpades, pero se veían diferentes a las que vieron en segundo año. Las tres que se arrastraban hacia el claro parecían ser más grandes, sus ojos brillaban más, ansiosos, como si estuvieran hambrientas… pero… ¿cómo habían llegado ahí? No era de noche, no había pasado el toque de queda y… aunque alguien hubiera hecho Fuego de Lámpade y se hubiera empapado con eso, con correr fuera del Bosque estaba a salvo. ¿Por qué las Lámpades habían llegado hasta ahí?

Los gritos se hicieron cada vez más y más fuertes, conforme las Lámpades eran más visibles. Artemis sentía a toda la escuela moverse a sus espaldas, mientras ella estaba petrificada, intentando pensar en un movimiento, algo para salir de ahí sin que las Lámpades los notaran… y al mismo tiempo luchaba contra una voz que le decía que tenía que hacer algo para detener a las Lámpades. ¿Cómo iba a detenerlas ella sola? Pero no había profesores a la vista y ella ya estaba ahí cerca, tenía que hacer algo. Sí, huir. Quedarse. Poner a salvo a Sami y luego hacer algo…

.-.No hay rastro de Fuego de Lámpade por ninguna parte- dijo Sami, cuya voz temblorosa parecía recuperarse ante lo extraño de la situación- no hay jarrones ni pasto mojado-

.-.Esa no es la única razón por la que las Lámpades pueden venir- acotó Alina.

.-.Ah, cierto, El Tratado- admitió Sami, lentamente- pero si lo querrían violar, sería conveniente que lo hicieran de noche, no a plena luz del día, cuando los profesores pueden verlos-

¿Qué Tratado¿Por qué los Valthemoon sabían tanto?

.-. ¿¡Hamal!?- oyeron gritar desde atrás.

.-.Es el profesor Gamma- susurró Alina, aliviada- entonces los profesores ya están aquí. Ustedes vayan al Castillo, yo distraigo a las Lámpades-

.-. ¡Hamal, trae a quien esté contigo hasta aquí!- gritó el profesor Gamma.

Saba y Sami suspiraron aliviados, mientras Artemis estaba a medio camino de hacerlo… porque había empezado a sentirse mal por huir.

Ni siquiera es huir porque las Lámpades no vienen por mí. No. Y ya no soy la única, ahora hay profesores tras nosotros, clasificados para enfrentarse con criaturas como esta, no yo, yo soy una alumna, no está mal que tenga miedo, no, no es miedo, es precaución, no está mal que sea precavida y que evite enfrentarme a las Lámpades porque ellas son más fuertes que yo. No está mal que sea una cobarde por correr a los brazos de los profesores sólo porque las Lámpades me dan miedo. Cobarde. Cobarde. Cobarde. No hay nada de malo con ser cobarde. No. Cobarde.

Justo cuando empezaban a darse la vuelta para regresar, el gorgoteo de las Lámpades empezó. Artemis recordó aquella vez en el Bosque… la mano de Sami apretó con fuerza su brazo mientras ella volvía a darles la cara.

.-.No las mires a los ojos- le susurró a su mejor amiga- y todo va a estar bien-

.-.Tenemos que retroceder lentamente- aconsejó Saba- si no están molestas, no tienen por qué atacarnos-

Mientras retrocedían, Sami soltó el brazo de Artemis y se plantó sobre sus pies tan de pronto que Artemis tropezó con ella y cayó sentada al pasto.

.-. ¿Qué…?-

Cuando Artemis levantó la cabeza para ver a Sami la encontró con la mirada perdida, la boca un poco abierta y el cuerpo inclinado hacia delante. Sus puños se apretaban y luego se soltaban, como si estuviera amoldando macilla entre ellos. Artemis siguió el recorrido de sus ojos y notó que no estaban clavados en los de la Lámpade, así que suspiró aliviada, no estaba bajo ninguna clase de hipnosis. Tal vez estaba sólo asustada.

.-.Sami, retrocede- le dijo Alina Hamal.

Pero, sin previo aviso, Sami corrió como un bólido hacia las Lámpades

.-. ¡NO!- gritó Artemis, intentando sujetarla de las piernas, pero fue Sami fue tan rápida que no la alcanzó- ¡Sami!-

Artemis se puso de pié mientras empezaba a correr tras Sami.

.-. ¡Artemis!- llamó Saba.

Sami. Sami. Más rápido. Sami.

Tenía que detenerla. Artemis desenfundó su varita e intentó apuntar hacia su mejor amiga mientras corría, pero era imposible, Sami había tomado mucha ventaja y la distancia entre ella y las Lámpades empezaba a volverse nada.

.-. ¡Sami!- le gritó, para que se volteara. No estaba encantada cuando empezó a correr, eso quería decir que la oía, que podía detenerse si gritaba más fuerte- ¡SAMI!-

Sami se detuvo, Artemis hizo lo mismo. Las Lámpades habían dejado de avanzar.

.-. ¡ARTEMIS!- oyó el grito de Saba, desde atrás.

Sami dio un par de pasos hacia delante. Estaba cerca de ellas y su gorgoteo se hacía más y más ansioso, ya la habían visto.

.-. ¡SAMI!- gritó Artemis.

Pero era demasiado tarde. Las tres Lámpades ya tenían sus ojos sobre ella y Sami las miraba fijamente… sus brazos estaban caídos, sus piernas, flojas; todo su cuerpo parecía sostenerse de sus ojos… perdidos, como muertos. Artemis empezó a correr hacia ellas mientras veía a su mejor amiga perder la expresión del rostro y a las Lámpades acercarse más y más.

.-. ¡Sami!- gritó una vez más, era inútil.

Sintió una especie de puñalada helada en el pecho. Ver a Sami perder la expresión era como verla morir y ella no daba con nada inteligente para librarla. Artemis aumentó la velocidad, mientras las Lámpades avanzaban más y más hacia Sami. Pero ella empezó a retroceder, con zancadas que no eran suyas… retroceder cada centímetro que las Lámpades avanzaban y poco a poco, Sami se fue internando en el Bosque con ellas.

.-. ¡NO!- rugió Artemis.

La perdió por un segundo de vista.

¡NO!

Y dejó de pensar.

Empezó a correr más rápido que nunca, forzando sus piernas al máximo, mientras apretaba su varita en la mano derecha. Todos los gritos que le precedían se borraron, todo lo que estaba pasando dejó de pasar y sólo era ella, corriendo hacia el Bosque, internándose en el Bosque, buscando a Sami.

Cuando entró se detuvo abruptamente. No veía a su mejor amiga por ningún lado. Dio un par de vueltas sobre su eje hasta que la encontró: estaba de pié, con la cabeza ligeramente levantada hacia las tres Lámpades, que gorgoteaban emocionadas y hacían brillar sus ojos con más intensidad. Artemis corrió hacia ellas y cuando estuvo cerca gritó el nombre de Sami tan fuerte, que las Lámpades se distrajeron y la miraron unos segundos.

Artemis quitó la vista de inmediato, pero, de repente, todo se puso borroso.

Era de noche y el viento corría fuerte. Alguien esquivaba los árboles rápidamente y se hacía paso entre el bosque, persiguiendo una luz. De pronto se detuvo.

A Artemis le costó unos segundos regresar a la realidad. Sus ojos borrosos le mostraron a Sami a unos metros de ella… y a escasos centímetros de las Lámpades, cuyos ojos brillaban con más intensidad que nunca, parecían dementores, enormes dementores que se iban a llevar toda la energía de Sami, que la iban a matar. No. No lo iba a permitir.

Dementores…

El entrenamiento con el tío Remus y las tazas de chocolate ante la chimenea cuando era de noche. Correr bajo la lluvia, hacer esgrima. Sami estaba muriendo. No. Sami… de nuevo. Las tazas de chocolate y cuando le dieron a Apollus y todas las aceitunas que él le había llevado. Tenía que salvar a Sami. De nuevo. Recuerdos felices. No era fácil, tenía que sacar a Sami de ese lugar antes de que las Lámpades… De nuevo. Saba y Sami con ella, riendo, la esgrima, Apollus llevándole aceitunas. El vuelo de los Stormenhand. La vez que vio a su papá.

.-. ¡Expecto Patronum!

Una nebulosa plateada sin forma definida salió disparada de la varita de Artemis y atacó a las Lámpades, haciéndolas retroceder unos pocos pasos. El patronus fue bastante débil, pero al menos le dio la oportunidad de correr hacia Sami y sacarla de ahí.

Mientras corría fuera del Bosque, con su mejor amiga a cuestas, Artemis oía el gorgoteo ansioso de las Lámpades y sentía su respiración en la nuca, haciendo que se le erizaran los pelos y obligándola a correr cada vez más rápido. Cada vez más a tientas, porque, por alguna razón, su vista estaba borrosa. Cada cuanto blandía su varita para crear obstáculos que aumentaran la distancia entre ellas y las Lámpades, pero las criaturas parecían viajar en su espalda, como Sami. Y seguro por eso pesaba tanto. Era demasiado, sus brazos dolían, los encantamientos que hacía eran débiles, estaba mareada y sus piernas ya no aguantarían más. Pero tenía que salir del Bosque.

Esquivó un árbol que se metió de pronto en su camino y tuvo que agarrarse de otro para no caer de bruces. Sami se resbaló unos centímetros de su espalda, Artemis la acomodó como pudo y siguió corriendo. La Lámpade estaba detrás de ella, podía sentir el frío que emanaba, como los dementores en Azkaban.

Pensó en voltearse, en conjurar un nuevo patronus porque era lo único que se le ocurría para dejar a esas horribles criaturas atrás, pero cuando volvía a concentrarse en recuerdos felices, vio un haz de luz entrando con fuerza entre los árboles. El claro estaba a pocos metros. Aseguró a Sami sobre su espalda y terminó como pudo esos últimos metros, ordenándole a sus piernas que avanzaran, que dejaran de temblar, que la sostuvieran con fuerza.

Empezó a trastabillar peligrosamente. Su corazón palpitaba más rápido de lo que podía controlar y el aire no entraba bien a sus pulmones. Una rama la hizo tropezarse, pero se agarró del tronco de un árbol a tiempo, nuevamente, se levantó como pudo y siguió corriendo, pero sus piernas ya no le hacían caso.

Y, de pronto, vio una figura plateada yendo directamente hacia ella… un lobo grande, con las fauces abiertas.

Se hizo a un lado bruscamente para esquivar el patronus y se fue de bruces contra el suelo. Ya no podía moverse más, pero tampoco se preocupó por las Lámpades… sabía que el lobo patronus se había encargado de ellas.

Sintió al cuerpo de Sami bajar del suyo y se incorporó como pudo para ver a su mejor amiga.

.-. ¿Sami?-

Sus ojos estaban abiertos, su rostro lucía pálido y sudoroso, como si Aristóteles acabara de entrar en ella, pero no estaba en shock… respiraba con normalidad y hasta sacaba la lengua cada cierto tiempo para humedecerse los labios. Sin embargo Sami no miró a Artemis, ni a los lados, a la estampida de patronus que pasaban junto a ellas… tampoco miraba al cielo, aunque su cabeza estuviera dirigida a él. Parecía mirar dentro de ella.

Artemis le pasó una mano por la frente. Al menos no se había puesto a correr en círculos como Otto el año anterior… tal vez eso significaba que no estaba mal, que no había visto nada.

.-. ¡Artemis!-

.-. ¡Sodeburg, Black!-

Artemis levantó la cabeza y vio a Saba y al profesor Gamma corriendo hacia ellas… y fue la primera vez, desde que cayó con Sami a cuestas, que tuvo conciencia de que había llegado al claro.

Saba se hincó junto a ella cuando llegó y la abrazó muy fuerte. Ella se dejó abrazar, era un alivio sentir el calor de su mejor amigo.

.-.Tenemos que llevar a Sami a la enfermería- le dijo.

.-.No es necesario- musitó Sami, incorporándose lentamente.

.-. ¡Sodeburg!- exclamó el profesor Gamma cuando llegó- Black ¿están bien?-

.-.Sí profesor- respondió Sami, bajito- es sólo que…- tomó aire con mucho esfuerzo- Artemis y yo estábamos… caminando por el Bosque cuando… vimos a las Lámpades-

Era fácil comerse una historia de Sami porque, para los profesores, ella nunca mentía, así que Gamma asintió y miró a Artemis. Ella se sobresaltó, no porque la mirara para que corroborara lo que Sami había dicho, si no porque que la miraba con una expresión indescifrable que no podía sacudirse de encima… y como no tenía idea de lo que era, supuso que era mejor no bajar la mirada antes de que él hiciera lo propio.

.-.Schnuppermault, llévate a Sodeburg a la enfermería- dijo el profesor Gamma finalmente.

.-.Sí profesor- dijeron los dos al unísono, Artemis un poco más fuerte para que el profesor se diera cuenta de que ella también podía hacerse cargo de su amiga.

Cuando se puso de pié, Artemis sintió un hincón en las piernas que casi la hace irse de bruces de nuevo, pero Saba la sostuvo disimuladamente del brazo, justo antes de que temblara y, cuando pudo incorporarse, todos los sonidos que habían desaparecido desde antes de que entrara al Bosque, volvieron a ella en menos de un segundo, como una cachetada, junto con la completa visión de lo que pasaba.

Casi todos los alumnos estaban apostados en el pórtico del Castillo Joven, flanqueados por fantasmas que evitaban que cualquiera de ellos saliera, pero que al parecer no eran necesarios, porque todos estaban tan atentos como inmóviles, mirando el espectáculo que sucedía delante de ellos, hacia el que Artemis, Saba y Sami se aproximaban caminando lentamente: todos los profesores estaban fuera, excepto la profesora Gabrián, hasta donde Artemis pudo ver; junto a unos cuantos alumnos de últimos cursos, entre los que estaba Alina Hamal, formando todos una larga línea de defensa, mientras intentaban dispersar a las criaturas que por lo general estaban en el Bosque y que salían de él pasado el toque de queda, pero que, en ese momento, parecían querer invadir el Castillo Joven.

Escregutos de gran tamaño, como los que abundaban en el Castillo Viejo desde las últimas semanas, nubes negras formadas por doxys hiperactivas y chillonas (que eran las más difíciles de espantar), animales antropomorfos que parecían gnomos y otros que Artemis nunca había visto en su vida y que eran pequeños como gatos, delgados y alados, especialmente belicosos. No parecía que los profesores pudieran perder el control de la situación, pero tampoco que fueran a terminar con todo sin esforzarse. Tal vez ella debía ir a ayudarlos.

Artemis vio a los profesores Altair saltar y esquivar a las criaturas antropomorfas y encantarlas con verdadera dedicación, estaban tan concentrados en la pelea y sus movimientos eran tan precisos que se veían increíbles. Uno de ellos, probablemente Pólux (por su cara seria) ayudaba a Viper con un par de esos gatos alados belicosos, cuando se volvió de la nada, como si hubieran girado su cabeza con un lazo, tiró su varita hacia delante y disparó un rayo turquesa, Artemis lo siguió y vio el momento exacto en el que impactaba en una criatura que estaba a punto de atacar al profesor Cástor, muchos metros más allá.

.-. ¡Artemis, Saba!- oyeron, entre chillidos y gruñidos.

Artemis se volvió y vio a la profesora Ater saltando a un par de escregutos para poder llegar junto a ellos. Sus mejillas estaban rojas y sudadas y su túnica estaba aún menos prolija que de costumbre.

.-. ¿Están bien?- les preguntó, parecía preocupada.

Artemis y Saba asintieron.

.-. ¿Y tú Sodeburg, estás bien?-

.-.Sí profesora, gracias- respondió Sami, aunque a penas podía levantar la cabeza.

La profesora Ater asintió y entonces sucedió lo que pasaba muy pocas veces al año: la vieron molesta y adulta. Parecía extraña desde un principio, pero Artemis supuso que era normal, porque lo que estaba pasando no sucedía diariamente, sin embargo al verla tan cerca… su rostro no era el mismo.

.-.Mejor entren, tienen que ir a la enfermería- les dijo, con la voz grave- tú también Artemis… come un poco de chocolate, estás más pálida-

Los tres dejaron a la profesora Ater, que corrió hacia la fila humana nuevamente.

Sami jadeó y Artemis sintió un considerable aumento en el peso que estaba cargando. Su mejor amiga ya no podía sostenerse a sí misma.

.-.Ya llegamos- le susurró a Sami y parecía que llegarían en poco, hasta que vieron de cerca el tumulto infranqueable en el pórtico del Castillo Joven: los alumnos casi se pisaban unos a los otros para ver lo que sucedía en el claro más de cerca, no había separación entre filas y columnas, no había filas ni columnas, es más, era difícil saber cuál era el fin de una persona y el inicio de otra… y a cada segundo salían más curiosos a ver qué estaba pasando.

Artemis suspiró… en esos casos era bueno saber volar.

.-.Sostén a Sami- le dijo Saba a Artemis después de un bufido decidido.

Él se puso delante de ellos con la espalda derecha y la impresión de estar esforzándose bastante. Artemis se preguntó por qué hacía eso hasta que su mejor amigo puso un pié en el primer escalón del pórtico… y la multitud de alumnos más los fantasmas, de manera casi automática, se partió en dos para dejarlo pasar.

Artemis y Sami pasaron tras él, entre la jungla de miradas y suspiros, pero de una impresionante quietud. Es más, algunos de los que les daban paso ni siquiera miraban a Saba, si no que seguían con los ojos puestos en lo que sucedía afuera, pero tampoco rompían filas, como si Saba hubiera conjurado una muralla que los retenía.

Ni Artemis ni Sami pudieron dejar de verlo, aún cuando su rostro estaba tan rojo que parecía a punto de estallar, aún cuando caminaban penosamente hasta la enfermería, aún cuando llegaron, pero ahí dejaron de hacerlo, porque ni bien Miss Grapehood asomó sus ojos de bludger por la puerta, soltó un grito que en realidad era un llamado de atención e hizo que los tres entraran de inmediato a la enfermería y que se sentaran en las camas y que abrieran grande los ojos y la boca para que ella los examinara.

.-.En realidad Miss Grapehood- interrumpió Saba, cuando la enfermera le revisaba las orejas puntiagudas de elfo- son ellas las que tienen que ser revisadas, yo estoy perfectamente bien-

¿EllaS? Artemis se giró bruscamente a fulminarlo con la mirada, pero no pudo hacerlo, porque ya no había un solo Saba, si no tres, cuatro, cinco y al ver al sexto tuvo que agarrarse de la cama para no irse hacia atrás.

.-.Es sólo Sami- dijo Artemis a pesar de todo.

.-.En realidad no es tan grave- admitió Sami, que estaba sentada al lado derecho de Artemis- si tuviera algo para la migraña y los mareos… se lo agradecería mucho, Miss Grapehood-

Artemis y Saba la miraron atentamente. Sami se veía más descompuesta de lo que jamás la habían visto y eso que era una de las personas con la salud más frágil que conocían. Estaba pálida, sus labios resecos y sus ojitos se habían curvado hacia abajo, como si los tuviera dormilones. Ojeras aparecieron bajo ellos, rojas, como las que tenía en época de exámenes… y toda ella estaba encogida, como si necesitara un gran abrazo.

Artemis no pudo contenerse y lo hizo, la abrazó muy fuerte, recordando el miedo que sintió cuando las Lámpades se la llevaron hacia el Bosque.

.-.Tienes fiebre, Sami Sodeburg- le dijo Miss Grapehood, entrando entre Artemis y Sami- alta y no es el tipo normal de fiebre… ¿has estado practicando algún tipo de magia que no debías o has tenido contacto con alguna criatura mágica?-

Sí, las dos. Artemis soltó a Sami y miró a Saba con culpa.

.-. Con Lámpades, Miss Grapehood- admitió Sami, avergonzada- las que salieron…-

.-. ¿Te atacaron esas Lámpades?- preguntó la enfermera, haciendo sus ojos excepcionalmente grandes- se están volviendo salvajes… es extraño… el año pasado tuve también a un niño con fiebres que ni se imaginan, que también fue atacado por una Lámpade. Lo siento mucho querida, pero vas a tener que pasar la noche aquí…-

Artemis dejó de escuchar porque de pronto se encontró inmersa en el recuerdo de Otto corriendo en círculos, enloquecido… y eso la hizo sobresaltarse. Recordaba lo que pasó después, el presentimiento, la visión que Otto tuvo, que fue la razón por la que lloró durante semanas, la Lámpade lo hizo ver algo de su futuro, algo malo, una muerte… ¿de quién era?... lo recordaba, la muerte de alguno de sus familiares ¡De su abuela! Y en efecto, su abuela murió. Y alguien dijo que el profesor Bridge había dicho que las visiones que las Lámpades regalaban nunca eran mentira.

¿Sami habría visto algo?

.-. ¿Tienes escalofríos?- preguntó Miss Grapehood a Artemis, acercándose peligrosamente- a ver, deja que te tome la temperatura-

Pero no pudo, porque Artemis se puso de pié inmediatamente. Le dolía la cabeza y probablemente estaría un poco caliente, pero se había prometido jamás volver a ese lugar, detestaba la enfermería más que cualquier otra cosa de la escuela… lamentablemente, cuando quiso dar un paso, sus piernas no respondieron, sintió el cuerpo entumecérsele y se cayó.

Saba se agachó para recogerla mientras la enfermera se llevaba a Sami a una cama y le advertía que volvería en un segundo para hacerle lo mismo.

.-.No pienso quedarme- le dijo a su mejor amigo.

.-.Tienes que. Al menos dejar que te de algo, no estás bien- respondió Saba, en susurros.

.-.Me siento bien-

.-.Mentira. Es imposible que estés bien, Artemis, conjuraste un patronus, lo vi desde lejos… y sabes que esas cosas cansan. Además, te pusiste a correr con Sami a cuestas y hace días que no descansas bien por entrenar… sería mejor que te quedes para que recuperes energía-

.-.Me siento bien-

.-. ¿Cuántos Saba ves?- preguntó Saba, seriamente. Artemis se quedó callada- no seas necia, estás agotada-

A regañadientes, Saba logró que Artemis aceptara quedarse. Miss Grapehood le dijo que tendría que pasar toda la noche ahí, porque había gastado mucha energía de pronto y que si no hacía lo que ella decía, le diría al profesor Pólux Altair que no estaba lista para el Pre-Torneo. Artemis gruñó. Lo único que le faltaba, más Morganas Gabrián tratando de impedirle participar en el Pre–Torneo de esgrima.

La acomodaron en la cama contigua a la de Sami, quien no les dirigió la palabra hasta que se quedó dormida, o fingió hacerlo. Su palidez le preocupaba, pero más que nada le inquietaba que no hubiera dicho una sola palabra, Sami jamás se quedaba callada. Tal vez estaba pensando en la visión que las Lámpades le habían regalado… ¿qué habría visto?

Artemis la miró largamente preguntándose qué hubiera pasado si ella se hubiera perdido para siempre.

.-.Es lo mejor- le dijo Saba, sentado a su lado- además, deben haber cancelado las clases de la tarde. Tienes que descansar, Artemis-

.-.No se me ocurrió nada más para ayudarla- admitió ella, de la nada. Aún miraba a Sami.

No tenía idea de qué hacer para quitarle a esas criaturas de encima, estaba a punto de embestirlas ella misma… pero el patronus llegó a su cabeza y no le interesó que el suyo fuera una nube amorfa y debilucha, tenía que hacerlo grande y fuerte para defender a su mejor amiga.

.-.Prometimos no mostrárselo a nadie- admitió Saba, con la voz un poco estricta.

.-.Ya sé-

.-.Yo te vi y estaba unos pasos más adelante que el profesor Gamma, supongo que él no te vio porque no dijo nada… y Alina te hubiera visto de no ser porque se fue a ayudar unos segundos antes… ¿Qué crees que habría pasado? Te hubieran preguntado cómo hiciste para aprender ese encantamiento y no iban a creer que lo aprendiste tú sola, pero si lo hacían sería peor, porque eso haría que dejaras de ser una Invisible. Buena para los encantamientos avanzados, mejor amiga de un amante de los avens- Saba hizo que Artemis volteara a verlo- Sabes que hay gente que nos está buscando por lo que hacemos todos los años, te habrías aventado de frente a ellos. ¿Y cómo crees que lo tomaría la tutora? Expulsándote-

Artemis asintió. Todo eso era verdad… no lo había pensado antes, cuando lo único que quería era salvar a Sami.

.-. ¿Y Sami?- preguntó- no la iba a dejar sola-

.-. ¡Nos tenías a nosotros dos!- recordó Saba- yo pude haber hecho…-

.-.Pero no lo hiciste. No estaba pensando ¿qué quieres que te diga? Casi la fastidio, sí¡Pero no sabía qué más hacer!- Artemis dejó de mirarlo, por un segundo sintió que una mata pesada de cabello caía sobre un ojo suyo y ella ocupaba el lugar de Ru Hugin durante aquella discusión con Ghana en la habitación de los calderos. Así que eso se sentía… sacudió la cabeza, no tenía tiempo para pensar en Ru- estás hablando como si lidiar con las Lámpades fuera divertido- le dijo a Saba, quedamente.

.-.Ya sé que…-

.-.Son como dementores-

.-.Justamente por eso- Saba suspiró- mira, ya pasó y ya no tenemos por qué seguir discutiendo, pero tienes que…-

.-.Si me dices trabajar en equipo, mejor te vas-

Saba se paró de un salto, resoplando como un toro, y dio zancadas fuertes hasta la puerta de la enfermería. Cuando llegó, se volteó un poco y el perfil de pájaro que tomaba cuando se enojaba ya era un espectro bajo su propia piel.

.-.No te creas Ru- ladró.

Luego salió azotando la puerta.

Artemis se puso de pié inmediatamente, se agarró de la cama para no irse de bruces, porque todo el piso de movió bajo ella y, mientras sentía a su cabeza latirle con más intensidad que nunca, caminó hasta la puerta de la enfermería, la abrió de un solo aventón, sacó la cabeza y dio un grito que le removió el cerebro:

.-. ¡PENSÉ QUE ME CONOCÍAS MEJOR!-

Saba, que no estaba tan lejos, se volvió.

.-. ¡YO TAMBIÉN!- le respondió.

.-. ¡Señorita Black!-

Artemis no pudo seguir gritándole a Saba porque Miss Grapehood la descubrió y la hizo levitar hasta su cama mientras le daba una perorata sobre lo irresponsable e infantil que era y cómo no dejaba de serlo a pesar de ya cumplir catorce años. La deportista más inconsciente. La paciente más desconsiderada… y que su pobre cuerpo sufría por una dueña a la que parecía no interesarle en lo absoluto porque disponía de él como se le daba la gana.

La voz chillona de la enfermera hizo que el dolor de cabeza se agudizara, al igual que la falta de fuerza en sus músculos. Era el cansancio del patronus, Artemis lo reconocía perfectamente, sólo que estaba multiplicado mil veces… Miss Grapehood interrumpió su discurso para darle de beber una poción que la iba a hacer dormir y recuperar fuerzas mientras lo hacía. Por suerte, pensó, porque no podía estar así de cansada para el Pre-Torneo.

Artemis cerró los ojos mientras miraba a Sami descansar y cuando los volvió a abrir, horas más tarde, lo primero que vio fueron los ojos celestes de Saba, que parecían perdidos en un pensamiento, pero ni bien se dio cuenta de que Artemis había despertado, la miró fijamente.

.-. ¿Cómo estás?- le preguntó.

.-.Bien- respondió ella, igual de seria que él- ¿tú?-

.-.También, estuve un rato con… por ahí. Ya es hora de cenar, te traje aceitunas-

"Con por ahí". Con Hanna Marianne, era un hecho. Y parecía bastante más tranquilo que horas antes… seguro se habían estado besuqueando y abrazando por los pasillos… Artemis prefirió no imaginárselo y en cambio levantó el cuello para buscar a Miss Grapehood y preguntarle si estaba bien comer aceitunas.

.-.Se fue a repartir chocolate a todas las salas comunes, hay mucha gente nerviosa- le dijo Saba- me dejó a cargo de ustedes. Son la dos únicas heridas del incidente de hoy… todo el mundo está hablando de eso-

.-. ¿De nosotras?-

.-.No, del incidente- Saba le estiró un saquito de cuero- toma una-

A Artemis se le iluminaron los ojos cuando vio el pequeño saco que siempre usaba para llevar sus aceitunas. Inhaló y dejó que el olor amargo la cautivara. Tomó una y con el primer mordisco, una sensación de tranquilidad, que no había logrado la poción que le dio la enfermera, recorrió todo su cuerpo y ya no pudo estar molesta con Saba.

.-.Gracias- le dijo, en serio.

.-.Le traje las cosas vegetarianas que le gustan a Sami, pero Miss Grapehood dijo que seguro no iba a despertar en toda la noche-

Artemis se volteó a ver a su mejor amiga, había soñado con ella toda la tarde. Al girarse, notó que el dolor de cabeza había desaparecido, dejando en su lugar una especie de adormecimiento cerebral incómodo, que la hacía sentirse perdida.

Sami tenía los ojos cerrados suavemente y sus mejillas ya estaban rosadas. Artemis casi podía jurar que no tenía pesadillas, porque el gesto de su rostro era plácido, incluso parecía estar a punto de sonreír.

Suspiró aliviada de que estuviera a salvo, porque no sabía que haría sin Sami a su lado.

.-.Lo que importa es que está bien- dijo Saba, finalmente.

Artemis asintió.

.-.También van a suspender las clases mañana- contó Saba- pero nos vamos a tener que quedar en la Isla todo el día, porque va a haber una junta de emergencia con las criaturas y nadie puede aparecerse por el Bosque-

.-. ¿Van a hablar con las Lámpades?- se extrañó Artemis.

Saba se encogió de hombros. Artemis hizo lo mismo mientras se metía una aceituna bastante gorda a la boca, pero se la sacó de inmediato porque oyó pasos rápidos en el pasillo y escondió el saco de cuero bajo su almohada para que Miss Grapehood no lo viera… no estaba segura de que comerlas fuera una buena idea y no quería que la enfermera le volviera a llamar la atención.

Pero los pasos se hicieron más rápidos y luego aparecieron otros. Dos personas caminando apuradas por los pasillos.

.-.No es Miss Grapehood- dijo Saba, mientras sus orejas puntiagudas temblaban.

De pronto los pasos se detuvieron. Los dos amigos se encogieron de hombros y cuando Artemis estaba a punto de volver a meterse aquella aceituna en la boca, oyeron un gruñido. Ella y Saba se pusieron de pié automáticamente y tantearon su camino hasta la pared que estaba pegada al pasillo.

.-. ¿Quién crees que eres para jalonearme de esa manera, Ursa?-oyeron

¡Era la voz de la profesora Gabrián!

Artemis y Saba retrocedieron, por cautela… si la profesora Gabrián los encontraba espiando seguro los expulsaba… pero a los segundos volvieron a pegar los oídos a la pared, solo que esa vez se cuidaron de guardar todo el silencio posible.

.-.Sabes perfectamente lo que te voy a decir, que lo estoy diciendo en serio y que te conviene volverlo a escuchar- dijo la profesora Ater, con una voz tan ronca que casi no la reconocieron, parecía morder cada palabra.

.-.Deja de hacerte la interesante, tengo cosas importantes que hacer… y francamente estás siendo un obstáculo-

.-.No me eches ninguna culpa Morgana, sabes que toda la culpa de lo que pasó la tienes tú-

Las dos mujeres se quedaron en silencio, mientras que Artemis y Saba hacían esfuerzos supremos para no soltar ningún sonido. ¡No podían creer lo que acababan de escuchar! La profesora Ater era capaz de comerse un escreguto vivo antes que echarle la culpa a la profesora Gabrián… lo sabían por todos los recuerdos que habían visto de ellas dos cuando eran niñas y porque, aún de adultas, la profesora Ater se esforzaba bastante porque su tutora le tuviera alguna especie de consideración.

Debía ser algo muy serio. Debía costarle mucho.

.-.No voy a permitir que me responsabilices por eso, Ursa. Sobre todo cuando tu juicio está claramente parcializado-

.-.Esto no tiene nada que ver con lo que me guste o no, Morgana. Hace meses que está pasando lo que te advertí que pasaría si no había Salto. Los escregutos del bosque empezaron a crecer y a aumentar, te lo dije, te lo mostré, pero no me hiciste caso y hoy tres Lámpades furiosas salieron hasta el claro, espantaron a todos los alumnos que pudieron y atacaron a dos alumnas!- la profesora Ater no gritaba, pero su voz contenida sonaba más temible que cualquier bramido- ahora están descansando en la enfermería, pero claro que no lo sabías, porque ni siquiera has ido… si no hubiera sido por una de ellas y por el patronus de Gabriel, quién sabe lo que les pudo haber pasado. Las Lámpades no son escregutos, sabes que hasta pueden matar a las personas, igual que muchas criaturas que viven en el Bosque y que se alimentan del Centro. Lo sabes. Eres de la Trinidad, esa debería ser una de tus prioridades…-

.-.No tienes idea de cuales son mis priorida…-

.-.Y fue lo primero que te dije cuando suspendiste El Salto- continuó la profesora Ater- te dije que si ese poder contenido en el Centro no se liberaba con alguna actividad mágica, habría problemas. Te expliqué que por eso el profesor Wayra había creado El Salto. Pero tú no escuchaste. Y seguiste aplazando y persiguiendo a mis chicos y mientras tanto todo ese poder se fue concentrando y alimentando tanto a esas criaturas hasta que crecieron y enloquecieron. Y lo seguirán haciendo hasta que el poder se libere de una manera u otra, Morgana… y si no lo hace, vas a tener que lidiar con más que con un grupo de revoltosos a los que les gusta hacer caída libre. Y lo peor es que, por una tontería, vas a poner a todos alumnos en peligro-

Artemis y Saba se quedaron de piedra, esperando la respuesta de la profesora Gabrián.

.-.Ater- empezó su tutora lentamente, segundos después- no vuelvas a faltarme el respeto de esa manera, no vuelvas a intentar culparme de algo que pasa en esta escuela. Sí, soy parte de la Trinidad y por eso creo que tengo mayor noción que tú, una simple profesora inmadura, de lo que le hace bien o no a la escuela. Te pediría que te dejes de caprichos y me dejaras trabajar en paz ¿quieres?-

.-.No es mi intención empezar una pelea, lo único que quiero es que tengas en cuenta lo que te dije-

.-.Ay por favor, Ursa-

.-. ¿Qué?-

.-.Es obvio que estás diciendo todo esto solamente porque la has tomado conmigo. Francamente no sé cuándo vas a olvidarte del asunto de la bendita carpeta esa… y, claro, con esto encontraste la mejor oportunidad que tenías para hacérmelo recordar-

En el silencio de la profesora Ater, Artemis casi pudo escuchar su exclamación ofendida… e imaginó sus ojos abiertos hasta los límites.

Oyeron los tacones de la profesora Gabrián alejarse rápidamente, orgullosos, pisando el silencio de la profesora Ater con la facultad para humillar que sólo su tutora tenía; luego ni un solo sonido por segundos y finalmente, los pasos solitarios y pesados de la profesora Ater empezaron, poco a poco, a convertirse en una carrera hacia fuera.

Artemis no tenía palabras, igual que Saba, es más, ni siquiera podía empezar a describir lo que había pasado porque oía mil voces dentro de su cabeza, cada una con una pregunta, todas hablando a la vez sin llegar a un acuerdo. Un centro. La profesora Ater. La tutora. Odiaba a la tutora. Los ojos grandotes de Ursa. Magia. Heridos. Lámpades. El Salto. Apple Eastouse. Las persecuciones. La profesora Ater lo sabía todo, a pesar de que ellos hubieran querido ocultárselo. Un centro y el Salto. ¿Saltar al centro?

Intentó decirle algo a Saba pero no salía nada de su boca, mejor dicho, salían demasiadas cosas de su boca que, combinadas, eran un nada, un gruñido. Lo único que tenía claro era que, para variar, habían puesto sus orejas en donde no debían.

Lentamente y sin hablar Artemis y Saba fueron hacia la puerta de la enfermería, la abrieron maquinalmente y Saba dio dos pasos adelante, hacia fuera.

.-. ¿No quieres que me quede?- le preguntó a Artemis.

Ella se encogió de hombros.

.-.Mejor no- dijo al cabo- tal vez no te dejan regresar-

.-.Cierto- admitió Saba, con el tono atontado que tanto él como Artemis tenían- buenas noches, entonces-

.-.Buenas-

.-.El toque de queda empieza a las nueve-

.-.Gracias-

.-.Buenas noches-

.-.Buenas-

Artemis cerró la puerta y oyó los pasos pesados de Saba como un sonido lejano entre sus pensamientos ruidosos y explosivos, que estaban tan mezclados y se formaban a tanta velocidad que le era imposible asirse de uno y enfocarse en él. Con los ojos muy abiertos hasta la madrugada, los sintió explotar en su cabeza como maíz y justo cuando pensaba que iba a concentrarse en uno, se iba, se dividía o se transformaba en otro y cuando intentaba agarrarse de ese, desaparecía o se dividía o se transformaba y así con todos. Un centro. Ursa Ater. La profesora Gabrián. Siempre se habían llevado mal, era obvio, no sólo por cómo se trataban cuando eran adultas, si no por todos los recuerdos del Pensadero. Tal vez no era una buena idea seguir viendo los recuerdos de la profesora Gabrián, porque los hacía ponerse de un lugar y su tío Remus siempre le decía que una persona cambia cuando crece. Claro que él estaba en Hogwarts y ella en Goldenwand y él no se había dignado a escribirle y tal vez fuera porque no tenía lechuza. Pero Apollus podría ir, para eso ella tendría que escribirle primero. Jamás fue buena para escribir, no como Saba que escribía muy bien. Ni siquiera era buena para hablar. Como la profesora Gabrián. Y los profesores Altair se habían desempeñado como campeones en esa mañana… ¿y si era por eso? Si su odio era por el profesor Altair… por cuál… porque los cuatro eran muy cercanos de jóvenes y era obvio que a la profesora Ater le gustaba el profesor Cástor. No, qué idiotez, ni que todos fueran como Hanna Marianne.

Sus sueños fueron casi tan enredados como sus pensamientos, por eso Artemis durmió a intervalos y hasta muy temprano. Se puso de pié, se cambió de ropa, ató su saco de aceitunas en su cinto, le dio un beso a Sami en la frente y se despidió de Miss Grapehood repitiéndole mil veces que ya no le dolía la cabeza y que se sentía más que bien. Mentira, por supuesto, porque tenía una jaqueca que la mareaba, pero sabía que eso era por las mil preguntas que seguían explotándole, por eso, mientras trepaba a uno de los agujeros secretos para entrar a la red de pasillos ocultos, cambió su ruta mental.

Caminó en completa oscuridad por los pasillos, estaba tan distraída que hasta olvidó prender su lumus, volteó tres veces a la izquierda en los tres pasillos que se le presentaron (no tuvo que verlos, los conocía de memoria) y saltó la charca que se formaba todas las noches de invierno en los zócalos exteriores del Castillo Joven, en la unión de las enormes piedras que eran la base con el pasto húmedo.

Respiró el frío aire de la mañana y sintió cómo su mente se iba aclarando. Sonrió por dentro, le encantaba ese viento y el cosquilleo que producía, la sensación de incertidumbre, el presentimiento en la boca del estómago. Los pensamientos explosivos fueron tranquilizándose poco a poco a medida que ella fue respirando más profundamente y avanzando con pasos decididos que luego se hicieron zancadas y terminaron como una carrera. No se molestó en ajustarse la capa, no le incomodaba el frío y adoraba al viento, sólo se subió la capucha y continuó corriendo hasta que llegó a una enorme puerta de madera… entonces suspiró profundamente: el gimnasio.

Hacer esgrima era la solución perfecta para silenciar a todos esos pensamientos molestos y concentrarse en algo, para relajarse… necesitaba hacer esgrima… y una de sus fantasías siempre había sido practicarlo a muy tempranas horas de la mañana, con el viento helado golpeándola… era la solución perfecta, ya casi sentía al dolor de cabeza desapareciendo poco a poco.

Abrió la puerta del gimnasio y su solución perfecta se convirtió en el problema perfecto.

Él estaba ahí, parado en medio de todo y también en medio de sus pensamientos, con la espalda derecha y la espada recta, segura, como una extensión de su brazo, en perfectos noventa grados. Era ancha, su espalda. Estaba atacando a alguien, lo sabía, dándole el último respiro antes de acabar con él, con la pesadilla, con el mal recuerdo y aunque ese contrincante fuera imaginario, él lo miraba con tanta decisión y tanta fuerza que Artemis sabía que estaba ahí, frente a él, temblando, muriéndose de miedo. Tal vez por eso ella también se puso a temblar, no porque tuviera miedo, si no porque por un segundo se sintió presa de esa mirada llena de fuerza… aunque sólo viera un ojo.

El cabello de Ru brillaba más por la mañana. Su piel parecía más limpia, todo él parecía más limpio durante las primeras horas del día. A Artemis empezó a latirle el corazón con fuerza, pero fue incapaz de moverse, no quería dejar de verlo, pero tendría que hacerlo porque tampoco quería que él la viera.

Ru gruñó y atacó. Artemis se sobresaltó con placer. Su ataque fue perfecto, su esgrima era buena, pero no era eso lo que le… nunca era eso, no sabía qué era en él y jamás quiso saberlo porque tenía la teoría de que mientras menos lo pensara, a la larga desaparecería… pero cada vez que lo veía, cada vez, quería seguir haciéndolo aunque fuera unos segundos más.

Ru se volvió de pronto y vio a Artemis parada en la puerta. Sus ojos negros se chocaron por segundos largos que Artemis soportó sin respirar.

.-. ¿Black?-

Ella asintió.

.-. ¿Vienes a entrenar?- volvió a preguntar Ru.

Artemis volvió a asentir, pero se quedó inmóvil en su lugar. De pronto entrenar ya no era tan buena idea.

.-. ¿Quieres hacer parejas?- Ru se encogió de hombros- quedé en encontrarme con Creixell a las seis, pero ya son como las siete…-

Con Creixell. Siempre la mencionaba, siempre estaba con ella, siempre desaparecían los dos solos. Incluso cuando las cosas volvieron a ser como antes entre Ru y Marcus, aunque Creixell y Ghana volvieron a ser inseparables… ellos dos no dejaron de verse. Y no era que a Artemis le interesara, tampoco.

.-.No. Tengo que… dormir- respondió Artemis, con la voz ronca.

.-. Como quieras-

Ru se encogió de hombros una vez más y le dio la espalda. Así de fácil, porque así debía ser y a ella no tenía por qué interesarle, porque así era y así le gustaba y así estaba bien.

. llamó por última vez, él se volteó- no le digas a Saba que me viste-

.-.No hay problema- respondió Ru con media sonrisa.

Artemis asintió y le dio la espalda. Tal vez Saba tenía razón, tal vez lo que tenía que hacer era descansar, dejar de pensar en absolutamente todo, incluso en la esgrima… en ese momento en lo que menos quería pensar era en la esgrima, porque entonces recordaría al gimnasio y su plan perfecto de quince minutos atrás y cómo Ru lo estropeó todo porque Ru lo estaba estropeando todo desde hacía bastante tiempo. Creixell. Creixell.

Saba la recibió en la sala común, estaba sentado en uno de los sillones más grandes, en bata, y tenía esa mirada de comprenderlo todo. Artemis se desarmó en menos de un segundo.

Pasaron el resto del día echados sobre el techo de una de las torres más altas de la Fortaleza de Stormenhand, con Apollus entre ellos, jugueteando con la bolsa de cuero en la que Artemis siempre llevaba sus aceitunas. No bajaron ni siquiera para almorzar y Saba faltó a su cita diaria con Hanna Marianne porque habían decidido, tácitamente, no pensar en nada ese día. Ninguna complicación y no habría nada que los sacara de ese estado. Si hacía frío, se cubrirían, si veían chispas de colores desde el Bosque (signo de que la asamblea entre profesores y criaturas no iba de acuerdo a lo planeado), se taparían los ojos. Si la Fortaleza empezaba a hundirse en el Lago de Stormenhand, ellos aguantarían la respiración.

Ni siquiera soñar. No Harry. No papá. No Ru. Nada.

A man walks away when every muscle says to stay
How many yesterdays - they each weigh heavy
Who says what changes may come?
Who says what we call home?
I know you see right through me, my luminescence fades
The dusk provides an antidote, I am not afraid
I've been a million times in my mind
This is really just a technicality, frailty, reality

La noche llegó en un parpadeo, la mañana siguiente también.

Artemis pestañeo un par de veces… su cuerpo acababa de estremecerse, pero no por algún presentimiento o sueño, como los que solía tener, no, nada de eso. Acababa de estremecerse porque, a pesar de haber tenido los ojos bien abiertos en todo momento, sentía como si acabara de levantarse. Tenía la extraña sensación de haber estado en un lugar lejano, blanco, sin cielo o tierra, suspendida en su posición… con los ojos abiertos, sí, pero presa del sueño más reconfortante que había tenido en su vida, ni siquiera uno de los sueños ocasionados por el canto de Saba se le comparaba.

Cuando sus ojos empezaron a enfocar lo que le rodeaba, la sensación se incrementó. De alguna manera lo sabía, y no a la vez. Ausente y presente. Sonrió extrañada y un poco triste porque todo tendría que terminar.

Sintió a Saba sentarse derecho a su lado.

It's time to breathe, time to believe
Let it go and run towards the sea
They don't teach that, they don't know what you mean
They don't understand, they don't know what you mean

.-.Parece que no hubo problema en la asamblea ¿no?-

A dos días de la asamblea y faltando uno para el Pre-Torneo de Esgrima, Artemis, Saba y Sami se vieron las caras por primera vez desde el incidente con las Lámpades.

Estaban ocultos en los camerinos, que se iban quedando más y más oscuros conforme iba llegando la noche. Era el único lugar que podrían usar por el momento, debido a que todas las demás instalaciones estaban siendo custodiadas por fantasmas que acompañaban a los alumnos al Castillo o al Paso… y no podían invocar ningún fuego mágico o luz, la magia después de las siete de la noche estaba prohibida hasta nuevo aviso por orden del director Hamal. Aún así, era peor que nada. Es más, la oscuridad jugaba a favor de los tres.

Las palabras de Sami se disolvieron en el espacio, ella no las repitió ni intentó iniciar la conversación de nuevo. Artemis, que estaba sentada en una esquina, la miró de reojo.

.-. ¿Cómo estás?- preguntó Saba.

.-.Bien- admitió Sami, demasiado pronto y demasiado alto- cargada de trabajos, hoy tuve que pedirle un permiso especial al bibliotecario para que…-

.-. ¿Por qué hiciste eso?- interrumpió Artemis de pronto.

Sami se sobresaltó.

.-.Porque quería hacer mi tarea- admitió, un poco cortada.

.-.Sabes de lo que estoy hablando, Sami-

.-.No, la verdad no-

.-.De ti corriendo hacia las Lámpades-

Los tres se quedaron en silencio. Lo último que Artemis vio de Sami, antes de que el día terminara oficialmente, fueron sus ojos bien abiertos intentando explicarse lo que estaba pasando. La noche los borró del camerino y su silencio se volvió largo.

Sami no iba a hablar. Artemis estaba dispuesta a quedarse todas las horas que fueran suficientes para oír lo que su mejor amiga tenía que decirle, que seguramente volvería todo lógico… pero a los pocos minutos de haberle hecho la pregunta y sin conseguir respuesta, supo que Sami no iba a decir nada. No se le hizo raro, tampoco… lo había estado suponiendo desde que se puso a pensar en el asunto.

Artemis se puso de pié y empezó a caminar hacia la puerta del camerino, estar ahí era inútil.

.-.Yo no…- empezó Sami, haciendo que Artemis se detuviera- yo no fui consiente de lo que estaba haciendo. No quise correr. Los libros dicen que las Lámpades suelen hacer esas cosas, hipnotizan a sus víctimas cuando las miran a los ojos-

.-.No estabas hipnotizada- sentenció Artemis.

.-. ¿Qué?- preguntó Saba, sonaba atónito- es imposible-

.-.No- dijo Artemis, lentamente- no las viste a los ojos hasta antes de entrar al Bosque-

Oyeron a Saba ponerse de pié y dar un par de pasos directamente hacia donde estaba Sami, cuyo silencio los tuvo en velo por segundos. Artemis esperaba que la desmintiera, que Sami dijera que sí había visto a las Lámpades a los ojos antes de correr tras ellas. Pero no lo hizo. Sami se quedó en silencio.

.-. ¿En qué estabas pensando?- exclamó Saba, de un momento a otro- ¿Tienes idea de lo que te podía pasar si las Lámpades te alcanzaban? Claro que tienes idea, lo leíste en ese maldito libro… lo que hace más estúpida tu…-

.-.Saba, basta-

.-.Gracias Artemis- musitó Sami.

.-.No te estoy defendiendo-

Volvieron a quedarse en silencio por minutos. Artemis no podía ver a Sami, pero escuchaba su respiración bajita, nerviosa… esperaba de corazón que estuviera preparando una explicación.

.-.Así que fuiste con las Lámpades por iniciativa propia- empezó Saba nuevamente, sin ocultar su enojo.

.-.Sé que no fue buena idea…-

Así que sí fue con las Lámpades por iniciativa propia. Artemis sintió un peso extraño en la boca del estómago, un nudo… y de pronto, ya no quería ver a Sami.

.-. ¿Por qué?- preguntó Artemis, casi arrepintiéndose de haber iniciado la conversación.

.-.No entenderías-

Corrí detrás de ti. Te llamé más de una vez, grité tu nombre. Te seguí hasta el Bosque, evité que las Lámpades te hicieran nada… pensé que te ibas a morir… y no, Sami, no entendería nada de nada.

Saba también se quedó en silencio.

Los pasos fuertes hacia la puerta fueron de Artemis.

.-.Ni siquiera yo misma entiendo- admitió Sami- no me vas a obligar a darte una explicación solamente porque si no lo hago te irás, Artemis. Las cosas no funcionan así. Ya no-

Artemis azotó las puertas cuando salió.

Mientras avanzaba oyó murmullos distantes, la voz de Saba y Sami en una pequeña pelea que, por primera vez desde que se conocían, no involucraba gritos ni violencia ni insultos. Segundos después Artemis volvió a escuchar la puerta. Pasos rápidos y cortos, airados… era Sami la que dejaba a Saba en esa ocasión. Volvió a escuchar los pasos con el ritmo de los de Sami sobre concreto, acababa de entrar al Castillo Joven, la única razón para hacer eso pasado el toque de queda era porque su sala común estaba ahí. La Torre de Valthemoon. Sí. Era Sami.

Artemis suspiró.

.-.Sólo estoy diciendo… te conviene que el Castillo Viejo haya sido prohibido para todos los alumnos, al menos te libraron de Aristóteles, no puedes hacer que lo castiguen sin esperar su venganza-

.-.Gordo, cuando quiera tu opinión te la voy a pedir. Además, ya te dije que yo no hice que castigaran a Aristóteles, lo único que hice fue decirle a Sarabi lo que pasó en el corredor el domingo ese y ella le dijo a los profesores-

.-.Sarabi ya no va a tener que cuidarse, entonces-

.-. ¿Hemos venido hasta aquí para hablar de algo que podrían discutir durante el desayuno?-

Artemis se quedó petrificada.

El capitán del equipo de quidditch de la escuela, Fleance, acababa de plantarse justo frente a ella, sin saber que lo hacía, por supuesto, tenía la misma cara de aburrimiento que ponía siempre que había reunión. Tras él, cuatro encapuchados más: Dan Bryce que caminaba de la mano con Alina Hamal, Bert Falcone y Adrian Acutus, ambos discutiendo.

Cuando Fleance regresó la cabeza a su lugar, se había volteado para callar a Bert Falcone y Adrian Acutus, vio a Artemis y ambos abrieron tanto los ojos que casi parecían competir por quien los ponía más grandes.

.-.No puedo creer que Sami hiciera…- Saba apareció tras Artemis, ofuscado. De pronto vio a Fleance y él deslizó sus ojos de Artemis a su mejor amigo- ¿capitán?-

.-. ¿Schnuppermault, amiga de Schnuppermault¿Se puede saber qué diablos hacen aquí?-

El resto de La Sociedad Secreta del Salto se desplegó tras Fleance como cartas de una baraja. Artemis miró a todos rápidamente… había algo raro en su sorpresa, en la manera en la que los miraban.

.-.Vinimos a entrenar- mintió Saba- pero nos pasamos un poco-

.-.Ustedes no se cansan de que los castiguen¿no?-

.-. ¿Y su fantasma custodio?- preguntó Adrian Acutus, receloso.

.-.No interesa- cortó Fleance, antes de que Artemis y Saba empezaran a balbucear más mentiras- síganme-

De pronto estaban inmersos en la corriente de la Sociedad Secreta, siguiéndolos en medio de la noche a donde quiera que ellos fueran para no tenían idea qué. Pero parecía importante. Tan importante como para que Fleance se sorprendiera de que ellos estuvieran ahí, a pesar de que formaran parte de la Sociedad. Eso era lo raro en las miradas de todos, que no los esperaban porque no los habían llamado… porque no los querían ahí.

El humor de Artemis empeoró. No tenía ganas de estar en un lugar en el que no la querían… mucho menos de tener una de sus reuniones que siempre acababan en nada. En peleas, por supuesto. No tenía ganas de separar a Saba de Adrian Acutus, ni de oír a ese Bert Falcone quejándose y muchas menos ganas tenía de volver a los camerinos y recordar a Sami, pero era ese el lugar hacia el que Fleance los estaba guiando y ella estaba tan inexplicablemente atrapada dentro de la corriente, que no pudo hacer nada para evitarlo.

.-.No prendan ninguna luz- les dijo Fleance cuando llegaron, los hizo pasar a empujones y se aseguró de que no hubiera nadie alrededor antes de cerrar la puerta.

.-.No veo nada- dijo Bert Falcone- ¿seguro que no podemos…?-

.-.No necesitan los ojos para escuchar. Lo que les voy a decir no tomará ni un minuto, luego saldremos. Ah, no quiero que me interrumpan- advirtió Fleance- ¿ya? A ver... mañana hay Salto-

Se inició un murmullo emocionado, compuesto por exclamaciones mudas y suspiros.

.-. ¿Hablaste con la profesora Ater?- preguntó Bert Falcone.

.-. ¿Qué dije de las interrupciones?-

.-.Lo siento-

.-. ¿Mañana viernes, dentro de unas horas?- preguntó Alina- ¿o sábado?

.-.Por eso dije que no me interrumpieran- se desesperó Fleance- no el sábado, ni dentro de unas horas: mañana y un poco de pasado mañana también… la profesora Ater ha planeado nuestra reunión a la medianoche entre mañana y pasado. O sea no ahora, si no dentro de 24 horas-

¿Qué?

¿Saltar al vacío en medianoche? Eso sería como saltar al Lago de los Stormenhand que parecía el vacío. Saltar a la nada y esa vez era en serio. Sonaba… interesante.

.-. ¿Vamos a saltar en oscuro?- Bert Falcone no lo podía creer.

.-. ¿Te da miedo, gordito?- preguntó Adrian Acutus, socarrón.

.-. ¡A ver!- gritó Fleance, para llamar la atención de ellos dos- voy a mostrarles el lugar de la reunión y luego van a poder hablar lo que quieran, mientras tanto, cállense-

Dando un resoplido, el capitán del equipo de quidditch se dio media vuelta y salió de los camerinos. Todos lo siguieron. Saba la dirigió una miradita a Artemis y ella asintió… saltar de noche… ni siquiera lo estaban haciendo y su corazón ya palpitaba con fuerza. Hacer cosas de noche era completamente distinto a hacerlas de día: volar de noche significaba un peligro mayor, una emoción mayor. La oscuridad y todo lo que devenía de ello. Y la brisa de la noche, el viento helado que no tenía nada que ver con el del día.

Saltar al vacío de noche…

.-.Aquí- dijo Fleance en un susurro, todos tuvieron que acercarse para escucharlo hablar- mañana antes de las doce aquí, en este punto. Fíjense bien donde están porque nadie va a poder invocar ni una sola chispita para guiarlos, ni la profesora Ater, que nos va a estar esperando. ¿Entendido?-

Estaban justo a la mitad del claro, entre el gimnasio y los camerinos. Entre ellos y el Bosque había la misma distancia y del Paso se veían a penas unas lucecitas lejanas que se movían sobre su lugar. Bien. Artemis le dio un par de vistazos al lugar para asegurarse de captar bien las distancias, pero se quedó mirando el Bosque con sus árboles altos y tenebrosos y todos sus secretos… tan cerca de ella… y ella jamás los había visto, jamás los había buscado. Un centro. ¿De qué? La profesora Ater decía que ese Salto era importante porque un centro tenía algo que le estaba haciendo daño a la escuela. Que las Lámpades los habían atacado por culpa de ese centro… ¿o que habían salido del centro? Seguramente la profesora Gabrián había dejado un jugoso recuerdo en el Pensadero, algo sobre su juventud que explicara lo que la profesora Ater había dicho, tal vez una de esas expediciones que siempre tenían con los profesores Altair, mientras buscaban la carpeta parlante. Tal vez habían llegado al centro del bosque y descubrieron algo…

.-… ni se les ocurra acercarse mucho al Bosque. Eso es todo ¿preguntas?-

Sí. Todas. Pero Artemis no hizo una sola, es más, ni siquiera se despidió de ellos cuando casi les ordenaron (a Saba y a ella) que se fueran a la Fortaleza y a consecuencia de eso, no pudo pegar el ojo durante toda la noche. Se la pasó preguntándose a ella misma lo que le quería preguntar a Fleance y lo peor de todo fue que su mente no producía ningún tipo de respuesta, ni siquiera una disparatada o fatalista… sólo un silbido extraño y la sensación de estar cayendo al vacío.

.-. ¿Harry?- llamó. Estaba sentada en la punta de la colina verde sin árboles a la que siempre llegaba antes de dormir. Esperaba a Harry, a él le gustaba hablar cuando estaban ahí- ¿Harry?- repitió, pero nada- ¡Harry!- intentó una vez más.

Esperó unos segundos, se puso de pie pero nadie se acercaba. Seguro seguía molesto.

Lo lamentaba. Tenía muchas cosas que contarle. Lo de las Lámpades y su patronus sin forma, que iba a Saltar de noche… aún después de las peleas que la profesora Ater había tenido con la profesora Gabrián.

De pronto, Artemis se sobresaltó.

.-. ¿Sabes lo que significa?- preguntó, girando todo el cuerpo a la derecha.

Saba dormía a su lado, en la habitación de las chicas, parecía tan cómodo entre las sábanas que Artemis no se atrevió a despertarlo, así que se guardó su pregunta hasta el día siguiente a primera hora, pero no la pudo hacer, porque cuando llegaron a tomar desayuno al Comedor, se encontraron con Sami y su ceño fruncido. Y sus remilgos y su cara de irresponsable.

.-.Tenemos un problema- les dijo.

Artemis y Saba se miraron, ninguno estaba dispuesto a preguntarle cuál, es más, ni siquiera estaban seguros de querer hablarle.

.-.Es grave, si no, no me habría molestado en venir a verlos cuando sé que están…- se interrumpió a si misma- ¿me van a escuchar?-

.-.No estamos diciendo nada- admitió Saba.

.-.Bueno. Tenemos que volver a los camerinos lo más pronto posible… de urgencia-

.-. ¿Y eso por qué?-

Ella miró a Artemis y a Saba con mucha seriedad.

.-.Porque hay una gran probabilidad de que descubran que estuvimos ahí- Sami miró a los lados y bajó la voz- fuera del toque de queda-

Artemis se sobresaltó. Eso no podía pasar, no a un día del Pre – Torneo. Ella se acercó a Sami, para preguntarle si alguien los había estado siguiendo o si la habían amenazado con decir algo… pero Saba se le adelantó.

.-. ¿Cómo sabes?- preguntó.

.-.Porque…- las mejillas de Sami se tiñeron de rojo- dejé algo mío-

El corazón de Artemis dejó de latir y sus palmas empezaron a sudar. Lo menos que ella y Saba necesitaban era algún problema con los profesores, otro problema con los profesores. Con la tutora… con los delegados que seguramente le dirían a la tutora...

.-.Perdón- musitó Sami- no quise dejarlo, soy muy cuidadosa, ustedes saben que lo soy, pero estaba tan molesta que… - su voz se cortó y bajó el rostro. Había empezado a llorar- perdón, perdón-

.-.Ya, no hay necesidad…- le dijo Saba, acercándose a consolarla.

.-.Es que yo sé…-

.-. ¿Qué sabes?-

.-… yo sé que los pueden expulsar por esto, tienen muchos problemas… y si se enteran de que estuvieron fuera…-

Saba miró a Artemis, ella se encogió de hombros, era verdad lo que Sami decía… pero al verla llorar y escucharla tan nerviosa pidiendo perdón, Artemis no pudo reprimir las ganas de minimizar sus problemas para tranquilizarla… es más, ya ni estaba tan molesta con Sami.

.-.Pero lo que dejaste lo puede haber dejado cualquiera- dijo Saba- tranquilízate-

.-.Es que no… es algo muy particular- rebatió Sami.

.-. ¿Tiene tu nombre?- preguntó Artemis.

Sami negó con la cabeza y antes de que empeorara el panorama, Saba pasó un brazo sobre su hombro y empezó a canturrearle una cancioncita en élfico. Artemis esperó a que el efecto de la canción la tranquilizara y se acercó a su mejor amiga, la miró con mucha seguridad y le dijo:

.-.Si es tan importante, iremos mañana después del Pre – Torneo, cuando todos estén ocupados en otra cosa-

.-.Pero…- empezó Sami.

.-.Ningún pero- apoyó Saba- si vamos hoy y los delegados se han dado cuenta del objeto no común, probablemente estén esperando a que lo recojan… y nos atrapen-

.-.Sí, tienen razón… pero… lo siento mucho-

Compartieron en silencio el resto del desayuno con Sami y, en símbolo de su regenerada amistad, ella dejó que Saba fuera a pasar sus últimos quince minutos antes de clase en la mesa que Hanna Marianne guardaba sólo para los dos.

.-. ¿Y?- preguntó Sami, cuando ella y Artemis se volteaban un segundo antes de que Saba besara en la boca a su novia- ¿nerviosa por el Pre Torneo?-

.-.No-

Se moría de nervios: lo poco que dormía lo tenía plagado de sueños con espadas y floretes y ella quedándose parada sin poder moverse, dejando que todo el mundo la ataque. No estaba atenta a las clases, no desayunaba ni almorzaba, maldecía cada segundo el momento en el que se encontró con Ru Hugin y la estúpida decisión que había tomado de no entrenar… pero lo que puso sobre aviso a sus mejores amigos fue que, cuando Apollus le quiso dar aceitunas esa tarde, ella se negó.

.-. ¿Ni una sola?- preguntó Saba, acercándole una a la nariz, sabía que el olor amargo a aceitunas era irresistible para Artemis.

Pero ella lo alejó con la mano y Sami y Saba se sobresaltaron.

.-.Lo siento hermanito- le dijo a su lechuza un segundo después, Apollus estaba apostado junto a Artemis, dejándose acariciar - no tengo hambre-

.-.Debes estar muy nerviosa- sentenció Sami.

.-.Es eso, Apollus- Saba también le habló a la lechuza- no es que no quiera tu comida, es que no tiene hambre porque está nerviosa porque mañana es el Pre – Torneo-

.-.Él sabe- dijo Artemis.

Sami puso los ojos en blanco, aún no entendía por qué Artemis y Saba insistían en hablarles a sus animales como si fueran personas. Aunque, claro, a veces Saba fingía discutir de Filosofía Mágica con Lossentaur sólo para molestarla.

.-.Deberías calmarte un poco- aconsejó Saba- tranquilidad para--

.-. ¡Ay por favor!- lo cortó Sami, explotando por el escándalo- tú eres quien menos derecho tiene de aconsejar ¡has estado insoportablemente despistado los últimos días! Sin contar lo pegajoso…-

.-. ¿Pegajoso¿He estado pegajoso contigo, acaso?-

.-.No hablaba de mí, si no de tu bien reputada novia… todo el mundo sabe que te la has pasado besuquéandote con ella en cualquier lugar desierto que encontraban-

A Artemis le pareció que eso sonaba más como reproche que otra cosa. Pero era verdad, así que asintió, dándole la razón a su mejor amiga.

.-. ¿La estabas curando a ella de los nervios, también¡Ja! Y si funciona podríamos ponernos a ofrecer besos tuyos a cambio de dinero!! Nos haríamos millonarios en menos de una hora-

.-.Ya basta, estás insoportable- espetó Saba.

Sami le dio la espalda bruscamente. Artemis puso los ojos en blanco y se recostó en el grueso tronco del árbol en el que estaban trepados.

Las clases terminaron dos horas antes de lo acostumbrado para que los participantes del Pre-Torneo pudieran relajarse o tener una última sesión de entrenamiento, como hacían todos los años. Artemis, Saba y Sami corrieron al claro a descansar, pero había tanta gente entrando y saliendo del gimnasio y tantas admiradoras de Saba rondando que decidieron apartarse más y trepar a lo más alto de su árbol preferido, desde el que habían imaginado el funeral del profesor Wingolf, que estaba a unos metros del inicio del Bosque. Nadie se les iba a acercar ahí porque nadie se acercaba al Bosque después de lo sucedido con las Lámpades a principios de semana.

De pronto, Artemis vio a alguien vestido de amarillo cargando una enorme pizarra negra que se escribía sola. Aguzó la vista y vio el nombre de Saba dentro de una gran lista que tenía tres colores: morado, amarillo y blanco.

.-.Merlín…- susurró, sin poder creerlo.

.-. ¿Qué?- preguntó Sami. Artemis señaló al chico de Valthemoon con la pizarra y ella asintió, no parecía muy sorprendida- ah, sí… ese tipo Wilson se la ha pasado las dos últimas semanas haciendo apuestas sobre quién va a ganar el Pre-Torneo, es bueno en estadísticas y creo que se pasea por el gimnasio cuando los participantes entrenan… su meta en predecir el ganador del Torneo de Esgrima y ganar mucho dinero en el camino-

.-. ¿Qué hace mi nombre ahí?- preguntó Saba, molesto.

.-.Obviamente tus fans están votando por ti… pero… es raro que no esté el nombre de Artemis-

¿Raro? Para nada y a Artemis le encantaba que su nombre no figurara en esa lista.

.-.Mira, Ghana es la segunda favorita de Stormenhand- señaló Saba- el primero es ese chico de sexto, Greenhouse-

.-.Pero la favorita total es Alina Hamal- Sami no pudo contener la emoción-¿se acuerdan de ella?- los miró prolongadamente, esperando que ellos dijeran que sí… pero ni Saba ni Artemis se movieron- la chica de Valthemoon que también quería entrar al gimnasio… siempre es la favorita, cuando estaba en cuarto, barrió con los menores y hasta le ganó al favorito, que estaba en sétimo… pero el año pasado no jugó porque se lesionó justo antes de que empezara el Pre-Torneo y ni siquiera fue entrenando, creo que estaba subiendo las escaleras de la Torre para llegar a la sala común y tropezó y se dobló el tobillo… que mala pata ¿no? Justo antes de…- Sami miró a sus mejores amigos que se iban poniendo paulatinamente pálidos del susto- ya, mejor me callo-

Y aunque lo hubiera hecho por el resto de la tarde, su voz siguió sonando en la cabeza de Artemis, haciéndola más consiente de algo que no había calculado antes: los contrincantes no eran sólo de su curso… casi la mayoría eran mayores, incluso de último año, con más experiencia que ella, con más años de entrenamiento. No les iba a ganar… y mucho menos si de camino a la Fortaleza de Stormenhand se resbalaba con una hoja y se rompía la pierna. O se fracturaba el tobillo subiendo a su habitación a dormir. Tal vez sería mejor dormir en la sala común, porsiacaso… o decirle a los elfos domésticos que la ayuden a subir las escaleras, porque, a decir verdad, siempre se tropezaba. Y más oportunidades tendía entonces, cuando su cabeza estaba llena de distracciones y de centros y de Ursas Ater y Ru y…

.-.Harry…- llamó suavemente, pero nadie apareció- Harry…-

De verdad lo necesitaba. Sólo verlo, ni siquiera hablar con él o que la tocara. Sólo quería verlo, ver sus ojos y ya… eso bastaría para tranquilizarse, pero por mucho que lo llamó, él jamás apareció.

.-.Artemis, despierta-

Saba codeó a Artemis, quien se sobresaltó al despertar y tuvo que agarrarse bien del tronco del gran árbol para no caer.

Los dos prefirieron quedarse ahí hasta que fuera hora de encontrarse con el resto de la Sociedad Secreta del Salto, para Saltar, porque así no tendrían problemas para salir de la Fortaleza de Stormenhand y no tendrían que explicarle a los fantasmas que custodiaban El Paso qué era lo que iban a hacer. Era más fácil decirles que se habían quedado dormidos en el gimnasio, después de tanto entrenar.

Se pusieron las capuchas y bajaron lo más rápido que pudieron del árbol, considerando lo oscuro que estaba y la imposibilidad de encender cualquier tipo de luz.

Antes de saltar de la última rama, Artemis recordó lo que quería decirle a su mejor amigo desde la noche anterior.

.-. ¿Sabes lo que significa?- le preguntó, segundos antes de saltar.

.-. ¿Que nos van a dar de alma en el Pre-torneo?- respondió Saba, recibiéndola.

.-.No, eso no- admitió Artemis, intentando ni siquiera pensar en eso- ¿sabes lo que significa que vayamos a hacer El Salto?-

Saba se detuvo y la miró fijamente.

.-.Que El Salto no es solamente un salto al vacío- explicó Artemis.

Saba se quedó en silencio unos segundos. Artemis también, intentando recordar la idea perfecta que tuvo la noche anterior.

.-.Claro- dijo su mejor amigo, por la manera en la que hablaba daba la impresión de que poco a poco iba descubriendo la luz en un laberinto oscuro- porque si fuera así- pensó unos segundos- no habría Salto. Hay Salto porque la profesora Gabrián lo permitió…-

.-.Y ella no habría dado su brazo a torcer con respecto a la prohibición del Salto si fuera cualquier salto- apoyó Artemis.

.-.Mucho menos después de lo que la profesora Ater le dijo… porque eso significaría que ella tenía razón. Y Gabrián preferiría dar clases desnuda antes que darle la razón a Ursa Ater-

.-. ¡Exacto! Y sólo hay una razón… lo que sea que sucedería si el Salto no se realiza es grave. Algo que tiene que ver con un centro. La profesora Ater lo dijo-

Artemis sacudió la cabeza. Seguía sonando raro. Pero el punto era que El Salto no era una simple caída libre, ni una lección de vuelo sin escoba… les acababa de quedar clarísimo que su realización escondía mucho más

De pronto, a Artemis se le ocurrió algo.

.-.Tenemos que ir al Pensadero- propuso- la profesora Gabrián siempre deja sus recuerdos después de una pelea-

.-. ¿Y qué si no los ha dejado?-

.-.No perdemos nada-

.-.Está prohibido entrar al Bosque- recordó Saba, seriamente

.-. ¿Desde cuándo te da…?-

.-.No son los profesores los que me preocupan- aclaró su mejor amigo- si no las criaturas mágicas que están dentro-

.-.Nos podemos encargar de unos cuantos escregutos-

.-.No¡Es que no son sólo unos cuantos escregutos, Artemis!- masculló Saba- si lo que dice la profesora Ater es cierto… hay algo que está volviendo locas a las criaturas, diferentes de sí mismas ¿Te acuerdas? Yo no pienso entrar al Bosque y atacarlas si nos atacan primero, no pienso hacerles daño si no saben lo que están haciendo. Y tampoco tengo intenciones de dejarte hacerles daño-

Artemis miró a Saba, boquiabierta… a pesar de que él soliera cambiar de ánimo con bastante facilidad y mucho más ese último año (quien sabía por qué), esa vez había batido un récord. Artemis estaba desconcertada, no tenía idea de qué había dicho que lo había molestado tanto y Saba se veía realmente molesto, caminando a zancadas gigantes que ella a penas podía igualar, resoplando por la nariz como un toro furioso y con ese pico de ave, herencia de su madre, apareciendo en su perfil. Hasta sus orejas puntiagudas estaban rojas.

Momento.

Pico de ave, orejas puntiagudas. Claro.

Artemis pensó el algo, pero no fue capaz de decírselo inmediatamente. No sabía si tenía razón, de todas maneras, pero creía que tenía que ver con la incomodidad que Saba estaba sintiendo consigo mismo en el último año (al menos desde que ella se dio cuenta) con los desbarajustes en el cuerpo de su mejor amigo, con que fuera más sensible que antes, como elfo, y más irascible, como veela. Ya había explotado antes, lo recordaba, durante las peleas entre los miembros de Stormenhand, sobre todo cuando discutía con Sean sobre qué eran los Stormenhand realmente. En años anteriores, Saba jamás habría gritado de semejante manera, porque era bastante calmado y pacífico… pero toda esa conmoción interior... todas esas sangres dentro…

Era un cuarto mago, un cuarto veela y mitad elfo. Más criatura que humano… ¡Ajá!... y si… por alguna ridícula razón él creía que…

.-.Tú no eres…- empezó Artemis.

.-. ¿Y si lo fuera, qué de malo tendría?- ladró, dándole a Artemis la mirada más terrible que le había dado a alguien en su vida. Ella bajó la cabeza inmediatamente.

Sus ojos brillaban furiosos en la oscuridad.

.-.Tienes razón- admitió Artemis, con una vocecita a penas audible.

.-. ¡Saba, Artemis!

Los dos se callaron. No lo notaron por la discusión, pero acababan de llegar al lugar que Fleance les había indicado la noche anterior y la profesora Ater los recibía con una sonrisa enorme.

.-.Los estábamos esperando- les dijo- que bueno que pudieron llegar sin problemas-

Artemis y Saba asintieron, atónitos por el comportamiento de la profesora. Tras ella estaban los demás miembros de la Sociedad, todos con las capuchas puestas y, por suerte, tan emocionados por El Salto que no los miraron como la otra noche, aunque hubieran llegado tarde.

Al ver a todos así reunidos, a Artemis dejó de preocuparle de Saba y empezó a sentir un cosquilleo inquietante en el estómago; se había pasado todo el tiempo pensando en lo que rodeaba al Salto que no había tenido tiempo de recordar lo grandioso que era saltar y lo mucho que había estado esperando ese momento. El viento nocturno se llevó todas las preguntas y preocupaciones de su cabeza, ni siquiera se le hizo raro que la profesora Ater no diera explicaciones de ningún tipo sobre cómo si El Salto estaba fechado siempre para las últimas semanas de marzo, se realizaba en agosto… ni sobre la persecución de la que ellos habían sido víctimas en los meses anteriores, de la que sí sabía, aunque ellos no supieran eso. Pero a Artemis no le interesó, es más, no quería que diera las explicaciones porque ni bien se unió al grupo de chicos, ansió que el ritual empezara.

.-.Espero que no le tengan miedo a la oscuridad- dijo la profesora Ater, subiéndose a su escoba (la que tenía la punta del palo color verde)- y si es que sí… bueno, qué mejor oportunidad para que dejen de hacerlo ¿no creen?-

Nadie dijo nada. La profesora le dio una patada suave al piso y empezó a flotar sobre su escoba.

.-.Bienvenidos, Sociedad Secreta del Salto- saludó. Artemis empezó a temblar de emoción, esas fueron sus primeras palabras el año anterior, eso sólo podía significar que el ritual había empezado- pueden bajar sus capuchas-

Todos lo hicieron. Artemis oyó a Bert Falcone chillar de emoción.

.-.Péguense un poco. Si necesitan algo, pídanlo ahora, después dudo mucho que puedan hablar-

Nadie se movió. Lo único que los siete miembros de la Sociedad Secreta del Salto necesitaban era Saltar.

.-.Cuando cuente tres, cierren los ojos, griten lo más fuerte que puedan y hagan presión hacia el centro del círculo. Quien esté al centro¡de nuevo Artemis! Bueno, ya sabes qué hacer. Sean más cuidadosos, está oscuro y… no se ve mucho-

No hubo ninguna risa, en su lugar, un montón de jadeos ansiosos.

.-.Uno… dos… si alguien quiere salirse diga yo… ah… no se asusten por lo que voy a hacer… ¡TRES! ¡QUIETUS!- la profesora Ater blandió vehementemente su varita justo cuando ellos empezaban a ascender a toda velocidad.

Todos gritaron con mucha fuerza, pero sin producir el más tímido sonido. Nada. Como si la profesora Ater les hubiera robado la voz con ese encantamiento. Pero eso no fue un problema, al contrario, Artemis aprovechó para gritar lo más fuerte que había gritado en su vida.

Un rebote y todos cayeron al piso.

Hacía frío arriba. Mientras Artemis se ponía de pié notó como un viento helado se escurría entre su ropa y le apretaba los huesos. Un viento muy diferente al de la mañana… un viento que le decía que mil cosas saldrían mal en ese salto nocturno.

Los miembros de la Sociedad se apretujaron entre ellos, ese viento era feroz y hacía volar sus capas incluso hasta la altura de sus cabezas.

.-. ¡Sociedad Secreta del Salto!- gritó la profesora Ater que ya volaba junto a ellos, intentando hacer visible su rostro oculto entre su cabello que volaba y latigueaba por todas direcciones- acérquese al borde de la plataforma-

Los siete dieron un paso al mismo tiempo. Cuando llegó al borde, Artemis miró tímidamente hacia abajo y tembló. Estaba todo negro, muy diferente de los saltos anteriores, realmente no veía nada, ni un asomo de los árboles que los rodeaban o del Castillo Joven, ni siquiera podía ver la punta de su nariz o la mano que ponía frente a sus ojos. Nada. Ellos podían estar tranquilamente parados en el pasto, en tierra firme, un paso ante las escaleras del Pórtico del Castillo Joven. ¿Ellos? No. Ella, porque los demás estaban ocultos en la oscuridad, igual que ella y tan silenciosos que desaparecieron. Un paso adelante ¿qué pasaría? Encontraría piso y seguiría caminando ¿no? Caminando sola… sin siquiera su cuerpo. ¿No?

.-.Ahora- la voz de la profesora Ater sonaba distante e incorpórea, como si hablara el viento- colóquense en posición. Cierren los ojos, no los abran si son inteligentes, respiren muy hondo y disfruten de su clase anual de vuelo. Pero el de verdad, sin escoba-

¿Y si no era piso lo que estaba frente a ella?

Saltar al vacío era saltar solo a una muerte segura.

Los siete dudaron un segundo. Artemis respiró profundamente… no había marcha atrás, el vacío la estaba esperando.

Saltó.

La sensación fue tan embriagante que no recordó lo que pasó después de volar, volar largamente de noche con el viento oscuro golpeándole la cara y el corazón palpitando fuera de sí. Volar. Caer primero, rodeada de nada, helada, sola, sin esperanza de salvarse, pero luego, como si le brotaran alas de la nada, empezar a volar suavemente por la noche. No. No fue suave, fue un vuelo vertiginoso, lleno de energía, raudo, desafiante. Su cuerpo dio vueltas atrapado en un remolino de viento y luego voló directo, cortando la noche.