Mohinder cogió a la niña en brazos y ella rodeó su cuello con sus pequeños bracitos, como si tuviera miedo que al dejarlo ir, el profesor se le fuera a escapar. Se acurrucó ahí, sintiéndose segura y feliz, como siempre que estaba con su padre.

"Mañana es el cumpleaños de papá. ¿Vamos a hacer una fiesta?" Preguntó la niña totalmente emocionada.

"Claro que si, como todos los años y esta va a ser la mejor, porque va estar todo el mundo."

"¿El tío Nathan también?"

"Me lo prometió por teléfono, dice que no habrá ninguna reunión más importante que estar con nosotros. También me ha dicho que tiene un regalo para ti también."

"¿Para mi?" La niña rió ilusionada y Mohinder la completó extasiado, pues no podía dejar de mirar a su hija cuando le mostraba aquella encantadora sonrisa. "¿Qué es?"

"Eso tendrás que preguntárselo a él. Venga, vamos a preparar la fiesta que hay mucho que hacer."

La puerta del enorme apartamento se abrió en ese momento. Peter volvía a casa hablando por teléfono, como todos los días, estaba tan implicado en su trabajo, que todo el mundo contaba con él.

"No, lo digo en serio, el nuevo scanner llegará mañana, lo prometo, y dile a señora Pattinson que no se preocupe por su hija, que se pondrá bien. Ya se que tiene cancer pero puedo apostarte lo que quieras a que se recupera."

"Lo has visto en uno de tus sueños ¿verdad? ¿Algún día les dirás a tus subordinados cual es tu método para saber quien se va a salvar y quien no?" Mohinder, sabiendo que Peter no le iba a contestar a su pregunta, pues nunca lo hacía, con la niña todavía en brazos, fue hasta Peter y le besó en los labios. "Bienvenido a casa, espero que te acuerdes de la fiesta de mañana."

"Mañana soy todo tuyo."

"Es una pena que no digas eso mismo cuando me dejas plantado en la cama por una emergencia." Dijo Mohinder, agradecido de que Eli fuera demasiado pequeña como para entender lo que eso significaba. "Ya tengo tu regalo y se que te va a encantar. Ni se te ocurra intentar leerme la mente para saberlo."

Mohinder se llevó a la niña hacia su habitación mientras Peter le seguía con la mirada. Se sorprendía de todo lo que habían pasado juntos y como ahora, eran capaces de llevar una vida completamente normal, estar casados y tener una hija increíble.

Ninguno de los dos se sorprendió, cuando descubrieron que Eli, cuando apenas tenía un año, era capaz de respirar debajo del agua de la bañera. Al fin y al cabo los dos habían esperado que la niña desarrollara alguna habilidad siendo hija biológica de Mohinder.

Para Peter aunque, Mohinder nunca había querido creerlo, la niña tenía sus mis mismos ojos negros y enormes de los que él se había enamorado y conforme pasaba el tiempo, todavía encontraba más parecidos entre ellos.

Las cosas parecían haberse arreglado, aunque debido a todo lo que había vivido, sabía que cualquier cosa podía romper la normalidad y volver a poner su mundo patas arriba. Aunque, también tenía que reconocer que alguna vez había sido para bien.

Su corazón había enloquecido nada más conocer a Mohinder, había perdido la razón la segunda vez que lo había visto. Se había atrevido a acostarse con un hombre cuando el profesor reapareció en su vida y dos años después decidieron casarse. Un año más tarde, el profesor le dijo que sería maravilloso tener un hijo y él se dio cuenta que estaba deseando formar una familia con Mohinder.

Todo había cambiado en su vida sin darse cuenta, su vida de soltero en el pequeño apartamento, se había transformado en una estupenda vida de casado y padre de familia, en un enorme apartamento en el centro de la ciudad.

Aunque todavía pensaba que había que tener mucho cuidado antes de arriesgarse con un problema que se planteara, Peter ya no tenía el mismo miedo que antes a perder a Mohider.

No se lo se trataba de que el profesor hubiera aprendido a canalizar su fuerza, su tremenda fuerza, sino que ya lo había usado en momentos delicados. Jamás olvidaría aquella noticia de periódico, en el que parecía el profesor bajo el rótulo, ciudadano anónimo, salva a joven de un intento de agresión sexual.

Peter le quería hasta rabiar y sabía que aquel sentimiento era mutuo. Mohinder estaba completamente enamorado, aunque su amor ahora estuviera dividido, entre su hija y Peter.

Ahora que no lo veía tan a menudo por el trabajo de los dos, Peter echaba de menos a su hermano. Nathan estaba todo el día el despacho oval hablando con el presidente sobre los derechos de la gente con habilidades y lo cierto era que se había tomado muy en serio el trabajo de portavoz de aquella gente.

Por su parte, Peter había conseguido trabajo en una clínica y tras haber salvado, de forma milagrosa, para los que no le conocían a unas cuantas personas, había conseguido ser el director más joven del lugar. Mohinder le había dicho que no estaba bien usar los poderes para el beneficio personal.

"Si fuera para mi beneficio personal, hubiera jugado hace mucho tiempo a la lotería. Pero no puedes llamarlo así cuando veo que es lo que puede salvar a la gente y yo, simplemente les salvo la vida. No quiero nada a cambio, ni reconocimiento, ni dinero, simplemente veo lo que va a pasar. Algo bien tenía que haberme dejado mi madre."

Así, la vida de los dos había cambiado radicalmente, pues en el caso de Mohinder, había decidido, al menos por un tiempo, quedarse en casa y cuidar de la niña.

"¿Quién necesita una niñera cuando puedo hacerlo yo?"

"¿Y tu trabajo?"

"Peter, he cometido muchos errores por culpa de mi trabajo y no quiero que mi vida personal se resienta por ello. Si busco trabajo en algún laboratorio estaré allí todo el día y me perderé los mejores años de Eli y cuando me quiera dar cuenta, tu y yo seremos dos extraños que tan sólo se saludan a la hora de ir a dormir."

"¿Lo quieres sacrificar todo por mi, por nosotros?"

"No estoy sacrificando nada, porque me he dado cuenta que vosotros sois todo lo que me hace feliz."

Dos años después, Mohinder no había vuelto a pensar en su antigua ocupación. La genética no le importaba ya, pues a cada vez que miraba a su hija se daba cuenta que no necesitaba más genética que la que le unía a su hija o la que no existía entre Peter y él, pero que ninguno de los dos necesitaba para estar enamorado.

- o -

"Mohinder," Llamó Peter a su marido. "Mañana durante la fiesta quiero dar una noticia y quiero saber si estás de acuerdo. Ven siéntate." Mohinder le hizo caso en silencio y él se sentó a su lado. "He estado pensando en nosotros y quiero que demos un paso más."

"No te sigo."

Peter cogió las manos de Mohinder. "¿Por qué no tenemos otro hijo? Y esta vez, quiero ser el padre biológico. Jamás me había preocupado por lo que se sentiría al ser padre, pero al verte a ti con Eli…"

"¿Quieres darle un hermano? Eso es genial, llevo mucho tiempo pensando en ello, pero con tu trabajo…"

"Me voy a tomar un año libre, voy a escribir un libro sobre nosotros, la gente especial, quiero que todo el mundo nos vea como gente normal. Nathan ya lo sabe y el dinero no va a ser problema, está todo controlado."

"Vámonos de vacaciones para celebrarlo, llevemos a Eli a Disneyworld y celebremos allí que vamos a ser uno más."

"Bueno en realidad va a ser una más."

"Ahg, Peter no hacía falta que me desvelaras eso." Peter bajó la mirada avergonzado, pero Mohinder, sonriente se levantó y empujó a su marido contra el respaldo del sofá. "Mira que eres tonto. Tu sólo bésame, que dentro de poco no vamos a tener tiempo libre pera esto cuando llegue el bebé."

Mohinder sonrió. La vida siempre cambiaba, todo era distinto cuando miraba a su alrededor. Un momento estaba soltero, recién llegado a New York para buscar al asesino de su padre y ahora estaba a punto de ser padre otra vez.

Las cosas siempre podían salir mal, pero en ese momento los dos estaban de acuerdo en algo, eran los hombres más felices del mundo.