Lo siento, lo siento.

Sé que he durado una eternidad pero en serio la universidad me tiene ocupada, así que aquí está. Espero que les guste y tengan piedad de mí por haber actualizado tan tarde. Mañana justamente tengo un parcial y tengo bastante miedo, así que me puse a escribir para distraerme un rato de mis obligaciones, y este fue el resultado. Lo sé, sé que Alexy se merece un premio por troll y la verdad es que ese es un rasgo que adoro de él (y de Rosa).

Sin más.


Disclaimer. Los personajes pertenecen a Beemoov y a ChiNoMiko. La historia es de mi propiedad. Digan no al plagio.


INTERMEDIO

Por Noomsu


Capítulo veinticinco

—Espera, espera… Fue a buscarte a casa, te ayudó con la mudanza… ¡¿Y tú no quieres perdonarlo?!

Le envié una mirada de advertencia a Rosalya, para que bajara la voz. Estábamos en el instituto, en el patio, gastando una clase libre que teníamos en común. Había un par de alumnos más, que de inmediato voltearon a ver ante el alarido que pegó mi amiga. Ella se cruzó de brazos, claramente indignada, y me miró fijo para presionarme a darle una respuesta.

— ¿Qué?—repliqué, encogiéndome de brazos—. No es tan simple, Rosa.

— ¿No es tan simple?—repitió— ¿Lo dice la chica que me ha ayudado a arreglarme con Leigh como treinta veces?

—Han sido sólo dos—dije, quedito, agachando la mirada.

La escuché suspirar.

—No sé qué estás esperando.

—Espero que confíe en mí—me defendí.

—Vale, que confíe en ti—se burló—. Estás esperando que Melody haga su jugada y termine por aprovechar tu estúpido berrinche para sacarte ventaja. Porque, déjame decirte, me parece que el rubito ha sido demasiado insistente contigo en ese aspecto. Le gustas en serio, y tú estás aquí creyendo que no confía en ti.

Se levantó, sacudió un poco su ropa y luego me ofreció la mano para ayudarme. Acepté de mala gana, a sabiendas de que ella tenía razón, y ambas nos dirigimos a la clase siguiente: Lengua. Cuando entramos al salón Alexy y Armin ya estaban al fondo, Kentin justo dos puestos frente a ellos y Melody en uno de los asientos de adelante. Me senté junto a ella, sonriéndole un poco, y Rosa detrás.

En mi cuello se exhibía a la perfección el collar que Nathaniel me había obsequiado, y en mi bolso estaba también "Nunca olvides que te quiero", y él mismo me sorprendió leyéndolo cuando entró a la clase. Nos miramos unos segundos, pero aparté la mirada en cuanto empecé a sentir que mis mejillas ardían. Rosalya soltó una risita nada disimulada, mientras el delegado carraspeó un poco antes de sentarse a mi lado. Me tentó la idea de estirar mi mano y tomar la suya, pero me contuve. Quería arreglar las cosas, por supuesto, pero no quería seguir viviendo en las sombras.

La clase pasó rápido, entre las explicaciones de la profesora y las lecturas que nos dejó, y cuando me di cuenta era hora de volver a casa. Rosalya me miró con el ceño fruncido, casi advirtiéndome que si no hablaba, ella lo haría por mí. Aunque, a decir verdad, no me emocionaba mucho la idea de tragarme el orgullo y hablar con él.

Los días seguían pasando, y aunque realmente quería arreglar las cosas, algo me lo impedía. Quizá era el nuevo brillo de felicidad en los ojos de Melody o lo intimidada que me hacía sentir Ámber cada vez que pasaba cerca de mí, o tal vez era sólo que era una maldita cobarde y no quería dar el primer paso. Pero fuera lo que fuera, tenía a Rosalya de los nervios.

Era viernes, y por alguna razón, teníamos la tarde libre. Rosa se había ido casi volando al sonar el timbre para verse con Leigh, los gemelos habían faltado al instituto y no tenía nada interesante que hacer en casa. No había tarea ni exámenes pronto, así que literalmente podía vegetar todo el resto de la tarde.

— ¿No quieres acompañarme a un lugar?—ofreció Kim, con una sonrisa un poco extraña, al toparme en los casilleros—. Claro, si tienes tiempo.

— ¿A un lugar?—inquirí, no muy segura— ¿Por qué tanto misterio?

—Quizá porque es una sorpresa, niñita—me guiñó un ojo. Si bien era extraño que Kim se postulara como voluntaria para salir un viernes por la tarde, era aún más raro el misterio que se traía—. Oh, vamos, te divertirás. A veces es bueno despegarse de los libros un rato.

—Vale, vale—refunfuñé. Terminé de guardar mis cosas y me volteé a ella, que todavía estaba acomodando lo suyo—. Iré contigo, sólo espero que no me lleves a una sex shop.

—Oye—me golpeó el hombro, mientras reía—. ¿Es ese el concepto que tienes de mí?

—No—admití—, pero con todo este misterio tengo derecho a suponer lo que sea.

Con esa frase, comenzamos a caminar hacia la salida del instituto. Como me mantenía en las sombras, casi tuve que pegarme a Kim como una sanguijuela para no perderme porque no era realmente muy buena con la orientación, así que la idea de perderme en la ciudad no era grata.

Era la primera vez que estaba sola con Kim, y debía admitir que algo en ella me intimidaba. Quizá era el hecho de que parecía mucho más madura y experimentada, o que junto a ella parecía una niñita de primaria. Pero, pese a eso, bien sabía que esa no era la situación y por ello me hacía un poco de gracia el sentimiento que tenía en aquel momento.

Pasamos frente a la tienda de Leigh, pero no vimos a Rosa ni a Lysandro, tampoco al dueño. Caminamos un par de cuadras más, y cuando me di cuenta me encontraba frente a un gimnasio que había visto un par de veces a lo lejos pero al que nunca le había prestado especial atención. Miré a Kim con una ceja alzada, y ella sólo sonrió ampliamente.

Algo raro se traía entre manos.

— ¿Es realmente a este lugar al que pretendías traerme desde un inicio?—le pregunté, una vez adentro. La mayoría de la gente eran hombres, algunos haciendo cardio y otros estaban en las maquinas. Las pocas mujeres que había estaban repartidas entre la sección de aeróbicos y la bicicleta—. ¿Estás insinuando que estoy gorda?

—Que no, terca—se quejó Kim—. Acompáñame a la parte de atrás, quiero que conozcas a alguien.

«¿Será que Alexy volvió a sus andadas de buscarme otro chico?», pensé, mirando alrededor. El ambiente parecía haber cambiado drásticamente en cuanto Kim abrió la pesada puerta que daba a lo que parecía una bodega, aunque cuando entramos pude darme cuenta de que era más una arena que otra cosa. En medio había un ring, perfectamente iluminado por dos lámparas, y alrededor había algunas bancas y al fondo un par de puertas con la palabra "vestidores" en grande.

—Kim, ya dime—me crucé de brazos—: ¿Para qué me trajiste aquí?

— ¿Estás segura de que tus gafas funcionan?—replicó—. Ya vuelvo, voy a cambiarme.

Sin decirme más, se fue al fondo y me dejó sola.

El ambiente estaba tenso, y hasta entonces me di cuenta de que había dos personas luchando en el ring. Era box, un poco demasiado violento para mi gusto, pero los movimientos de ambos eran ágiles y era casi imposible no quedarme hipnotizada mirándoles.

Justo en ese momento, uno de los chicos venció al otro y luego le ayudó a levantarse. Ambos soltaron una risa cuando estuvieron de pie, y sin darme cuenta había comenzado a acercarme a ellos. No obstante, me detuve de inmediato cuando ambos se quitaron el equipo de seguridad. Era, por increíble que sonara, Nathaniel el que había derrotado al otro tipo.

—Vaya, parece que al fin te das cuenta a qué te traje aquí—dijo Kim, dándome sus cosas y sonriéndome—. ¿Sorprendida?

—No sabía que la traerías esta semana—murmuró Nathaniel, cuando cayó en cuenta de mi presencia. Pude ver el sonrojo en sus mejillas—. Al menos no lo noté mientras luchábamos.

—Si no te habría pateado el trasero—respondió el otro chico, soltando una carcajada.

Se despidió de Kim y de Nathaniel, y desapareció en dirección a los vestidores.

—A ver, déjame ver si entendí. Kim, tú haces box. Nathaniel también.

—Algo así—dijo la chica, golpeteando al rubio juguetonamente—. El rubito decidió meterse algo así como hace un mes, y se ha vuelto bastante bueno.

—Y tú sabías que vendría—le reclamé al delegado—. ¿Era esto lo que…?

—Sí—se tapó el rostro con la mano—. Lamento no haberte dicho, y lamento haberme puesto tan a la defensiva, es sólo que…

—El niño que ves aquí—se burló Kim—, no quería decirte que fui yo quien le pateó el trasero en su primera sesión y por eso los moretones.

Solté una carcajada. Más que todo por el alivio que sentía que por lo absurdo de que Kim le hubiera ganado una pelea a Nathaniel. Pero me sentía más que feliz al saber que no era nada grave, y que en realidad había sido algo así como un efecto colateral.

—Necesito un poco de dignidad, ¿sabes?—se quejó.

—Lo que tú digas, rubia—picó de nuevo Kim.

Me era un poco extraño ver bromear a ese par como si nada, pero era un alivio y me agradaba la idea de que él se llevara bien con mis amigas. Además, no podía negar que se veía guapo mientras hacía box. Incluso sin hacerlo era atractivo. La pantaloneta negra que llevaba le colgaba justo en las caderas y podía ver ese huesito, lo que hacía que me sonrojara sin que realmente lo quisiera. Estaba despeinado y sudoroso, pero por alguna extraña razón eso le hacía ver más atractivo de lo que debería.

—Así que… ¿Esto significa que sus peleas maritales están arregladas?—molestó Kim con una risita—. ¿Van a cancelar el divorcio?

—Algo así—soltamos los dos, con una risita nerviosa.


No, niñas, no pienso escribir toda la tragedia del padre de Nath. No soportaría ni escribirlo, así que tranquilidad ante todo. A decir verdad, me da un poco de risa imaginar a Kim ganándole a Nathaniel, pero es válido. Espero que les haya gustado leerlo tanto como yo disfruté escribiéndolo.

Y recuerden que a los que escribimos fanfics no nos pagan, nuestro salario son los reviews, así que no se olviden de dejar uno, por favor.

¡Saludos!