26. El primer partido
Los días pasaban rápidos con tanta actividad, deberes de todas sus asignaturas, tácticas para mejorar su juego y entrenamientos de quidditch, búsqueda en la biblioteca de la pócima, charlas con Emy para ver si averiguaban algo sin que ella se diese cuenta, reuniones con Sirius para que les ayudase a realizar un método de rastreo que pudiera dar con Percy y por las noches, observar el mapa para ver como Emy desaparecía un día tras otro. No había noticias, por parte de los señores Weasley, de que hubiesen avanzado en la búsqueda de su hijo pero sí hubo una gran noticia que no podían decir a nadie.
Una tarde de viernes, al final de la clase de Estudios No Mágicos, Emy les pidió que se quedaran allí un momento. Al poco llegó Remus y más tarde se les unió Arabella y Ginny. La pareja de profesores, cogidos de la mano y con una enorme sonrisa en la cara, les anunciaba que, por fin, se unían en matrimonio el próximo uno de noviembre. La noticia conmocionó a los chicos, los tres les felicitaron fervientemente para luego acribillarles a preguntas, que aún no podían contestar por no estar los temas resueltos. Hermione deseaba con todas sus ganas que Ron ya estuviese de vuelta para entonces. A Sirius y a Emy les tocaba ser los padrinos y habían prometido, cada uno por su lado, comportarse adecuadamente con el contrario el día de la boda.
Eso daba a Harry la esperanza de que volviesen a estar juntos porque, cuando parecía que se calentaba la relación, una nueva discusión enfriaba de nuevo el asunto. Y es que el repugnante profesor de Historia parecía meterse siempre por el medio, si no era con un cumplido en medio de los pasillos, era con un impresionante ramo de rosas rojas o una caja con alguna joya, que Emy siempre rechazaba, pero daba igual, porque a Sirius ya le había sacado de sus casillas y no tenía ojos para ver los desplantes que Emy le hacia a Wilcox.
La mañana del sábado en que se jugaba el partido, primera contienda del curso, fue la primera que sobró prácticamente todo el desayuno en la zona en la que se sentaban Hermione y los integrantes del equipo.
- ¿No me decíais siempre "Ánimo Harry, tienes que comer para hacer un buen partido"? Pues ahora comer algo vosotros – Dijo Harry en tono burlón
Los demás ni se molestaron en contestar pero Ginny no se quedó con las ganas de darle un pellizco en la pierna a su novio. Harry no es que estuviese tranquilo, siempre estaba tenso en un partido y más si era contra Slytherin o el primero de la temporada, pero no tenía el tono verdoso de sus compañeros en la cara. Llegó el momento de irse a los vestuarios, Hermione, Lavander y Patil les desearon suerte a todos. Ginny y Alyson estaban en medio de un ataque de nervios, mientras que Colin y Neville parecían haber abandonado su cuerpo en el vestuario y no respondían a estímulos. Solo Seamus y Dean tenían una reacción medianamente normal ante un acontecimiento como aquel, aunque su nivel de adrenalina debía superar con creces los límites permitidos. Harry se subió a un banco y comenzó a dar su discurso pero nadie le hacía caso, así que optó por sacar su varita y, con ella, hacer que sonara un estruendoso bocinazo, captando así la mirada de todos.
- Bien, ahora que ya me prestáis atención. Quiero deciros que estoy seguro que hoy haremos un gran partido. Los motivos son, primero, porque hemos entrenado dejando el alma en ello y segundo, porque somos uno de los mejores equipos de quidditch que he visto en mucho tiempo. Cada uno tiene talento suficiente para estar aquí pero no basta con eso, hay que ser un equipo y estar atento a cada punto del partido, tenemos que abandonar los nervios, las expectativas y centrarnos en lo que ya hemos conseguido en los entrenamientos, ser los mejores. HOY VENCEREMOS A SLYTHERIN PORQUE NADIE PUEDE GANAR AL LEON ¡GANAREMOS!
- ¡GANAREMOS!
El mejor amigo de Colin, y compañero de Alyson y Ginny, era el nuevo locutor de los partidos de quidditch, pertenecía a Hufflepuff pero era un hincha secreto de los de Gryffindor.
- Buenos días, chicos y chicas de Hogwarts, soy Ryan Walls y os voy a retransmitir el partidazo del año, Gryffindor contra Slytherin
Los gritos de los alumnos de las diferentes casas sonaron en el estadio.
- Ahí salen los integrantes del equipo verde ellos son: guardián Tacher, golpeadores Goyle y Crabbe, cazadores Bulstrone, Stone y Hamer y capitán y buscador Malfoy
Las banderas de la casa ondearon bajo los bramidos y silbidos de ánimos de los chicos y chicas de Slytherin.
- Y ahora el equipo de los leones, un fuerte aplauso para el guardián Longbottom, golpeadores, Finnigan y Thomas, como cazadores, el estupendo Creevey y las guapísimas Johnson y Weasley, y un aplauso aún más fuerte para su capitán y buscador, el gran Harry Potter
El estadio estalló en un griterío y aplauso grandioso para dar la bienvenida al equipo favorito de los espectadores, solo un leve murmullo de quejidos de los contrarios se percibía.
- Los capitanes se dan la mano y el arbitro, el profesor de vuelo y magnifico jugador de quidditch, Viktor Krum, libera la snich, las bludger y la qualffle ¡COMIENZA EL PARTIDO!
Harry se lanza en picado hacia el suelo y da una vuelta a una velocidad de infarto. Draco no entiende la jugada pero decide perseguirle y cuando llega al suelo, Harry se eleva de nuevo haciendo una espectacular espiral. Mientras Dean y Seamus se lo pasan bomba mandando pelotazos a los cazadores de Slytherin y las chicas se pasan tan rápido la qualffle, que tienen a sus contrincantes cabreados. Cuando estaban apunto de marcar, Ginny, en vez de tirar a los aros, hace un tiro trasero que recoge Colin y lo mete en el aro superior y central inaugurando el marcador. Dos jugadas más parecidas a aquella y los del Slytherin estaban más quemados que la pipa de un indio. Comenzaron a cometer faltas pero el nuevo arbitro, no estaba por la labor de pasar ni una sola, así que se pitaron cuatro penaltis a favor de Gryffindor. El marcador a la media hora era de 100 a 30. El pobre Neville intentaba con toda su alma defender, de la mejor manera, los aros pero los nervios y los abucheos le impedían realizar su trabajo con la misma eficacia que en los entrenamientos.
El partido seguía en juego y Slytherin fue remontando a 130 a 90. Harry deseaba con todas sus fuerzas encontrar la snich y poder así terminar de una vez por todas, no le hacía mucha gracia que los jugadores de Slytherin fuesen a por su chica e intentaran tirarla de la escoba y mucho menos que Draco volase tras ella diciéndole alguna barbaridad. Cuando el partido iba a cumplir su hora de juego, Harry vio en el suelo, zigzagueando, la pequeña pelota dorada y bajó a toda velocidad hacia allí pero Draco no quiso volver a quedar como un gilipollas y se quedó en la zona donde estaba. Para cuando se dio cuenta que no era una falsa alarma, era demasiado tarde, Harry alcanzaba, una vez más, la ansiada pelota alada y daba por terminado un partido, que él estaba seguro iba a ganar, con un resultado prometedor para ganar la copa de ese año, 350 a 140 para Gryffindor. Harry, de pie en medio del estadio, mostraba triunfante la snich, cuando se le acercó Draco por la espalda y le habló en voz baja para que nadie más lo oyera.
- ¡Qué Harry! ¿Ya te has tirado a tu novia? Seguro que sí, se ve que es de las que lo ponen fácil
Draco dejó de sonreír cuando vio la cara de Harry al girarse, sus ojos verdes se habían oscurecido y su tez mostraba un aspecto diferente, más rudo, más maligno, más oscuro. Por inercia Draco salió corriendo. Harry fue tras de él dándole caza y tirándole al suelo para propinarle un tremendo puñetazo y así hubiese seguido sino hubiesen llegado Colin, Dean y Seamus para sujetarlo. Inmediatamente bajaron Emy, Sirius, Snape y Remus, los cuatro separaron a ambos equipos que ya habían comenzado a pelearse entre ellos. Emy se ocupó de Harry y, en cuanto le vio la cara, comprendió que su estado era difícil de animar, así que, sin más, se lo llevó a los vestuarios tirando de él por el brazo.
- Debes tranquilizarte
- Ese hijo de puta, un día le voy a callar de una vez por toda su asquerosa bocaza
- ¡Harry, basta! ya tenemos bastante, sólo es un capullo que quiere picarte y encima ahora es la víctima
- ¡Víctima ese! Es una víbora, maldita serpiente rastrera
- ¡Harry! ¿Estás bien? – Ginny entró corriendo en los vestuarios y vio lo mismo que Emy, sus ojos oscurecidos, su tez marcada y ensombrecida – Cariño, tranquilízate – Ginny se acercó despacio a él y le abrazó
- ¡Oh, Gin! Tú siempre me transportas – Le dijo suavemente Harry al oído, hundido en sus brazos
- Harry, hemos ganado, ese capullo ni ha visto que ibas a por ella, solo es eso, un capullo, ahora dúchate, te vendrá bien, y luego vamos a celebrarlo – Ginny le dio un beso en los labios y le sonrió
- Me encanta veros así - Emy se acercó a ellos y fue a abrazar a ambos pero una nueva descarga de electricidad lo impidió
- Esto ya es mosqueante – Exclamó Harry - ¿Es que ahora no puedes tocar a Ginny? ¿Por qué?
- Pues la verdad, no lo sé
- Da igual ahora, nos espera una fiesta en la sala y nos la hemos ganado
- Me temo que esto no se va a quedar así, te impondrán un castigo
- Eso creo – Dijo Harry cabreado – Ahora vengo
Harry se fue a las duchas para refrescarse y que se le quitara el cabreo. Desde allí oía diferentes voces, que supuso serían del resto del equipo y alguna de profesores. Cuando salió confirmó su temor, la profesora McGonagall les estaba echando una bronca monumental por el comportamiento tan antideportivo que habían tenido.
- ¡Harry! ¿Se puede saber qué demonios pasa por tu cabeza para que te comportes de esa manera?
- Profesora, solo me estaba defendiendo de lo que me había dicho, si lo hubiese oído usted, hubiese hecho lo mismo
- Mire, señor Potter, después de perder un partido, y más si siempre es contra el mismo rival, le pueden a uno picar de mil maneras diferentes pero la clase personal y la madurez, que ya le debería caracterizar, es la que marca la diferencia con su oponente, simple y llanamente es ser indiferente a sus comentarios, sean de la clase que sean
- Pero...
- Pero nada, todos sabemos la clase de calaña que se gasta el señor Malfoy y no por eso debemos arremeter contra él a la menor ocasión
Harry odiaba saber que la profesora McGonagall tenía razón.
- Así que no me queda más remedio que quitarles veinte puntos a cada uno del equipo y cuarenta a ti Harry, además te vas a pasar esta semana en detención en mi despacho de 9 a 11, ya te diré que debes hacer – McGonagall se dio media vuelta y se fue antes de que protestaran y les quitara más puntos
- Nuestros actos tienen consecuencias – Dijo suavemente Emy despidiéndose y yendo detrás de la directora de la casa
En el vestuario de Gryffindor se quedaron todos los componentes del equipo y lo que al principio, para Harry, parecían unas caras largas por lo sucedido, se transformó en un autentico alboroto de felicidad.
- Este ha sido el mejor día de mi vida – Exclamó Neville – He jugado al quidditch, hemos ganado y le he dado dos puñetazos a Goyle en las narices, estoy tan contento que podría llorar ¡GRACIAS, HARRY!
- ¡HARRY, HARRY, HARRY! – Dean y Seamus vitoreaban al muchacho dando vueltas a su alrededor, sonrientes y pletóricos de felicidad
- ¡Ha sido fantástico! ¡Qué partidazo! Y lo mejor, la pelea – Decía Colin pasando un brazo por los hombros del asombrado muchacho – En serio, Harry, después de todos los mamporros que nos ha tocado comernos durante el partido, ha sido genial poderles dar un puñetazo a cada uno
- ¡HARRY, HARRY, HARRY!
Ginny y Alyson se partían de risa por el baile, tipo indio, que hacían Dean y Seamus alrededor de su capitán, así que gustosas se animaron a acompañarlos y vitorear junto a ellos. Al minuto se les unió Neville y Colin, que reían a carcajadas sin saber muy bien porqué. Harry solo les miraba atónitos sin saber muy bien si habían entendido que él estaba castigado toda la semana y que, encima, acababan de perder 160 puntos para su casa pero no pudo dejar de contagiarse de su alegría y engordarla con la feliz imagen de haberle dado su merecido a Draco Malfoy. Si la fiesta ya la llevaban cuando salieron del vestuario, se intensificó el doble al encontrar a todos los alumnos de Gryffindor esperándoles en la puerta del estadio para ir todos juntos a su sala común y montar un sarao monumental. Desde que Harry había llegado al castillo, no se había mostrado muy accesible para el resto de sus compañeros de casa, que no fueran sus amigos de cuarto pero aquella tarde no tuvo más remedio que hablar con todo el mundo y además lo hizo encantado. Las bebidas y la comida corrieron a raudales durante toda la tarde, se ocuparon de hacer juegos, alguna que otra broma y un buen espectáculo de fuegos artificiales de la nueva famosa tienda "Sortilegios Weasley". La noche llegó sin que apenas se dieran cuenta y la fiesta comenzó a decaer pasadas ya las doce de la noche, de lo cual ni Hermione, ni Ginny ni Harry se percataron. Decidieron retirarse a la cama sin echar su habitual vistazo al mapa, al fin y al cabo, todas las noches ocurría lo mismo, con más o con menos vigilancia pero lo mismo.
El domingo amaneció con la alegría que trae la tradicional noche de Halloveen. Para Harry era una fecha señalada, su vida siempre tenía un acontecimiento especial en esos días y solo deseaba que se quedase en la boda de Remus y Arabella. Hermione y Ginny ya tenían preparados sus trajes para el día siguiente, tenían que llevarlos al apartamento de Emy, al igual que Harry, ya que allí se vestirían los tres para ir a la ceremonia y no dar la nota en medio del resto de los alumnos, al fin y al cabo, la boda se celebraba en un absoluto secreto para que a ningún mortífago se le ocurriese arruinarla. En el apartamento de Emy también estaban Arabella y McGonagall, ultimando detalles del vestido, tocado, peinado y flores, así que tanto Hermione como Ginny se unieron a la comitiva de mimar y tranquilizar a la nerviosa novia.
Harry decidió tirarse en el sofá del salón mientras ojeaba libros de la estantería de su tía, quizás con un poco de suerte sacaba algo en claro. De vez en cuando miraba como las mujeres iban y venían entusiasmadas con su labor y no podía dejar de compadecer a la pobre Arabella, a la que volvían loca con mil maneras de peinarse y con otras tantas decisiones triviales. La boda era el uno de noviembre, festividad de todos los santos o día de los difuntos, motivo por el cual no había clase. A esa premisa se añadía otra también importante, normalmente los alumnos se levantaban bastante tarde por la resaca de la noche anterior y no solían bajar a desayunar, así que solo se empezaba a ver alguno a la hora de la comida.
Los novios querían realizar la ceremonia en un sitio más recogido, más ceremonial y no en el Gran Comedor, como era la primera idea del director, así que al final, después de muchos debates de dónde ubicar el altar para casarles, los tres decidieron, con la ayuda del resto de los antiguos directores de Hogwarts, que lo mejor sería celebrarlo en el despacho de Dumbledore, así tendrían como testigos a cientos de magos sabios y poderosos para darles sus bendiciones. De todo esto se estuvo hablando durante el domingo, pasó exactamente de esa manera, hasta que llegó la hora de bajar a la tradicional cena de Halloveen.
El salón estaba, un año más, perfectamente decorado. En las largas mesas, un sin fin de dulces y postres hacían las delicias de los alumnos, mientras que la mesa de profesores se llenaba de continuos murmullo por parte de las profesoras, incluida Emy, que bajó haciendo una excepción, y grandes carcajadas por parte de algunos profesores, sobre todo Remus, Sirius, Viktor y Hagrid. Harry se pasó la velada atento a si alguien entraba en el Gran Comedor gritando que había un trol o que un grupo de mortífagos estaba atacando el castillo o que una gigantesca araña, junto con sus millones de crías, se quería comer a los alumnos pero nada ocurrió, lo único que pasó, y que estaba totalmente previsto, es que Emy se retiró temprano a pesar de las suplicas de sus compañeras.
- No sé si es peor esta extraña calma o que ocurra de nuevo alguna desgracia propia de estas fechas
- No seas aguafiestas, Harry – Dijo Hermione mientras se reía de una broma de Neville, que estaba de un humor excelente – Disfruta de todo esto, sólo es una vez al año
- Creo que tiene razón, ahí algo que no va bien – Exclamó a media voz Ginny
- ¿Cómo qué? Yo lo único que espero que suceda en breves, es la llegada de Ron, y eso me pone de muy buen humor
- ¿Has tenido alguna premonición? – Le preguntó Harry a su novia al oído
- No, es más bien una corazonada, es un sentimiento de intranquilidad, algo se aproxima y comienzo a dar por buenos estos presentimientos
- Yo también
- ¿Qué tal chicos? – Preguntó un enérgico Sirius que parecía muy contento – Mañana será un día muy especial ¿Lo tenéis todo listo?
- Sí, ya estamos preparados – Contestó su ahijado
- Voy a preparar una pequeña broma para Remus y Arabella, es tradición, a tu padre le llenamos el baño de pájaros globo y tardó más de una hora en sacarlos, y a tu madre le metimos insectos palo por toda la cama – Sirius soltó una sonada carcajada - Tuvieron que volver a hacerla tres veces, también se lo metimos en la cómoda donde guardaba el resto de las sábanas
Solo de imaginar a sus padres en semejante situación, a Harry se le contagió la risa al igual que a Ginny. Después de que Sirius se compusiera un poco, posó una mano en cada hombro de Harry y Ginny y se despidió. Harry seguía riéndose de las trastadas de su padrino pero a Ginny se le había cambiado la expresión de golpe.
