o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o. .o..o.o.o.o.o.o.o.o. ..o.o.o.o.o.o.o..o.o.o.o.o.o.o.o.o..oo..oo..o.o.o. o.o.o.o
Hola! Aquí vengo con el siguiente capi. Quiero agradecer a todos los que me seguís leyendo, a pesar de la larga ausencia que tuve por aquí… esta vez vengo con un capítulo bastante cortito!
Por cierto… ahora mismo con todo el tiempo que pasé sin actualizar, no recuerdo si te contesté, Emily potter: muchísimas gracias por tu preocupación, siento haberte preocupado, de verdad… pasé una temporada algo rara en la que ni escribía ni si quiera entraba en internet, pero todo está bien, de veras. Muchas gracias por tu apoyo y preocupación, lo agradezco muchísimo, y de verdad que siento haberos dejado así de tirados…
forever potterhead girl muchísimas gracias por tu comentario en el capi anterior! te veo muy nerviosa jajaja. Tranquila, ya verás como al final se soluciona todo. Aquí tienes el siguiente capi, que no creo que te tranquilice mucho, pero ya vendrán más, no te preocupes ^^
Muchos besitos para todos!
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o. .o..o.o.o.o.o.o.o.o. ..o.o.o.o.o.o.o..o.o.o.o.o.o.o.o.o..oo..oo..o.o.o. o.o.o.o
Capítulo 26: Pánico:
Todo ocurrió increíblemente rápido:
James sacó con furia la varita de su bolsillo, al tiempo que vociferaba incoherencias dirigidas hacia Snape; al mismo tiempo, Snape se percató de golpe de la presencia de su enemigo, y también se apresuró a sacar su varita, concentrado en su objetivo.
Parecía que ninguno de los dos se había dado cuenta todavía de la presencia de las otras tres chicas.
Una mirada aterrada acompañada de un estridente grito de terror tiñó el aire, en el momento en el que Lily se percató de la situación.
Asustado e impresionado, James se dio la vuelta, y encontró a su novia mirándolo fijamente, como queriendo parar el tiempo. Esta décima de segundo de distracción le valió al hábil Snape para lanzarle una maldición: una cortina negra comenzó a salir a gran velocidad desde la varita del Slytherin, pero antes de que el rayo pudiera siquiera rozar a James Potter, Lily se interpuso en su camino: por nada del mundo dejaría que le pasara algo a su James. La maldición de Snape le dio de lleno, y como a cámara lenta, y chillando de pánico chorros de sangre a presión comenzaron a salir por toda la extensión de su cuerpo. Un impresionado y profundamente arrepentido Severus Sanape retrocedía hacia atrás lentamente, pasito a pasito, con las manos en el aire y los ojos desorbitados… no podía creerse lo que le acababa de hacer a Lily…. Porque esa no era Candy Meyer, era Lily Evans. En el momento en el que la maldición impactó contra ella, su cuerpo comenzó a cambiar: el efecto del hechizo se había roto, volvían a ser el cuerpo y la cara que él tanto amaba y deseaba…
James simplemente…no reaccionaba. No podía pensar, no podía respirar. Una enorme oscuridad comenzaba a oprimirle el pecho. Sin embargo, esta sensación duró décimas de segundo, porque justo antes de que Lily fuera a caer contra el suelo, James la cogió por la cintura, y la depositó suavemente en el pavimento, con amargas lágrimas en los ojos.
- ¡LILY, LILY! ¡DIME ALGO, LILY POR DIOS, LILY! - gritaba desesperado mientras la zarandeaba violentamente.
- ¡LILYYYYYYYYYYYY!- lloraba encima de su débil cuerpecito.
Mary y Morgan, al igual que Snape estaban totalmente paralizadas. Todavía no entendían cómo su amiga Candy se había convertido en Lily, y la conmoción les impedía razonar.
James observaba desesperado cómo su novia, ya incosciente no dejaba de sangrar… y no reaccionaba. Sólo podía estar allí, encima de ella, cuidarla, protegerla, intentar que la hemorragia parara.
Comenzó probando algunos sencillos hechizos, pero ninguno funcionaba. Estaba más que claro que era obra de la magia negra.
Magia negra…. De pronto, se acordó del culpable de aquella situación. Como pudo, les hizo un gesto de acercamiento a las dos chicas, y al oído les susurró:
- Cuidad de ella. Voy a encontrar la solución… cooomo sea.
Las impresionadas Mary y Morgan ocuparon la anterior posición de James, y comenzaron a intentar poner soluciones… pero nada funcionaba.
Al mismo tiempo, un furibundo e impactado James se levantaba, y se daba la vuelta lentamente, muy lentamente en dirección de Snape. Se acercó al paralizado chico, y mirándole fijamente con la mayor rabia del mundo a los ojos, le puso la varita junto al cuello.
Snape, paralizado hasta entonces, comenzó a separarse de él. Pretendía huír. Pero James fui más rápido, y con una fuerza sobrehumana lo empotró contra la pared, con su cara a medio centímetro de la de su enemigo.
- ¡Ahh!NO, NI HABLAR!- vociferaba James. - Se un hombre, maldito desgraciado, y ven aquí. ¡Haz algo, cúrala, tienes que parar esto! ¡NO TE DAS CUENTA DE QUE MORIRÁ SI SIGUE SANGRANDO ASI!
- Yoo no quería…. Yo noooo… no sabía, yo… ella… Lily…- balbuceaba Snape.
- ¡Déja de hablar, y cúrala de una maldita vez, no hay tiempo!- le gritó un desesperado James.
Pero antes de que Snape contestara, una imponente y alta figura se interpuiso entre ellos: con un sencillo y potente hechizo, los mantuvo separados con una fuerza invisible, al tiempo que se apresuraba a agacharse junto a la maltrecha Lily, y con un ágil movimiento de brazos dispersaba a la multitud, que aunque ninguno de los implicados se había dado cuenta, los había rodeado atraídos por los gritos.
Albus Dumbledore, más serio y temible que nunca comenzó a pronunciar palabras en una extraña lengua encima del cuerpo de la pelirroja, al tiempo que describía suaves círculos con la varita.
James seguía llorando, pero algo por dentro lo tranquilizaba: Albus Dumbledore estaba con Lily… estaba completamente seguro de que saldría de ésta.
- Ha perdido mucha sangre…- comentó Dumbledore cuando se aseguró de cortar la hemorragia completamente.- Lo mejor será trasladarla inmediatamente a la enfermería, yo mismo me encargaré. Potter, puede acompañarme si lo desea. Vosotros tres- dijo señalando a las dos chicas y a Snape.- Espérenme en mi despacho. Inmediatamente- zanjó con una temible mirada.
Y dicho esto, se marchó, alto e imponente, llevando a la pobre Lily en brazos, acompañado por un tembloroso y preocupado James, y dejando tras de sí un gran charco de sangre, tres alumnos desolados, arrepentidos e impresionados, y una asombrada y asustada multitud de curiosos.
