Una decisión puede cambiar tu vida

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Capitulo 73: Por cumplir una promesa.

Era lo más profundo del bosque, lo más oculto y encerrado, uno de esos lugares donde no podrías llegar a menos que estés muy perdido o simplemente necesites algo de soledad, sí, era eso lo que necesitaba, soledad, tranquilidad, un lugar donde finalmente pudiera meditar como era correcto, Kiseki sólo necesitaba estar consigo mismo. De pronto, un estruendo, el puño de Kiseki había quedado incrustado en la corteza del árbol, pero aun así la rabia no desaparecía, tenía los dientes apretados y el fleco oscurecido, su respiración era agitada, era evidente que se estaba aguantando destrozar todo lo que tenía al frente, pero la rabia era demasiada, por más que apretara su mandíbula no podía aguantarse, aparto su puño para luego lanzar el otro, luego volvió con el otro y luego lo mismo, y lo mismo, y lo mismo, la única razón de que ese tronco no cayera destrozado era porque media más de lo que cualquier árbol pudiera medir, enormemente alto, enormemente grueso, sumamente firme, sumamente resistente, tuvo suerte…

- ¡Esto es una mierda! - Gruño el youkai al dar su ultimo puñetazo y separarse de la victima, luego dio un grito aterrador que espanto a todo ser vivo que anduviese cerca, respiro cansado, observando siempre al cielo con desolación, cayó rendido, no tenía ganas de nada más, ni de gritar, ni de golpear, nada…

- …Yo… Yo jamás quise que pasara esto… se supone que yo simplemente iba a… - No se atrevió a decirlo en voz alta, posó su ante brazo sobre su rostro par tapar su frente - ¿…Cuándo fue que llegue a esto? … Es una mierda… - terminó susurrando.

Realmente había pensado por un momento que todo estaba bien, que todo iría bien, que su destino había decidido cambiar y que lo que le tocaba vivir simplemente había sido borrado de las paginas del gran libro siendo olvidado para siempre, pero en el fondo, siempre supo que ese día llegaría, aunque jamás se imagino que sería tan duro, que se le vendría encima de un momento a otro, que llegaría el punto en que no podría controlarlo y que todo se desbordaría, ese día… finalmente lo había alcanzado, y, ya no podía fingir que no lo sabía.

- Quizás… si ella no existiera- la imagen de Kagome se le vino a la mente como un rayo de luz - … todo sería mucho más fácil… quizás, ni siquiera me importaría… quizás … no me culparía…

Luego silencio, un amargo y largo silencio…

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- No te preocupes, ya ha pasado, no estoy molesta ni me duele, estoy bien…- trato de animarlo.

- Lo sé… - Siguió pensativo.

- ¿Qué ocurre?

- Te prometo… - Comenzó a hablar como si le costase decir lo que iba a decir - … Prometo que nunca volveré a tocarte o a hacer alguna cosa que sea dolorosa y te llegue a dañar, prometo que lo que paso hoy jamás volverá a pasar… Nunca más volveré a hacerte daño… Lo juro.

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- Se lo prometí… - Susurró - en ese momento estaba seguro, pero ahora… me avergüenza decir que me arrepiento… - saco el brazo de su cara - … Me arrepiento… Es… Es demasiado difícil… Pero es lo único que puedo hacer, es la única forma en que puedo cumplir lo que le prometí… de otra forma… seguiré dañándola… - Cerro sus ojos un momento - … Ya veo, está decidido, no habrá otra opción… - volvió a abrirlos con lentitud aun aguardando la melancolía - …Estoy seguro de que será fácil para ella, lo superara, egoístamente esto sólo me preocupa a mí… - Se puso de pie con extremada lentitud, como si no quisiera avanzar, como si no quisiera existir, como si sus acciones le pesaran demasiado - mejor me encamino antes de que me arrepienta…

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- ¿No sabes dónde se ha metido Kiseki? - Preguntó Kagome a Tei mientras éste le daba sorbos a su té.

- No, no lo he visto, pensé que estaría contigo en el pueblo.

- No, yo tampoco lo he visto en todo el día, de hecho, creo que desapareció ayer en la noche - recordó – ha estado actuando muy extraño desde nuestro encuentro con los inmortales - Tei la miro atento.

- ¿De verdad no te molesta? - Le preguntó mientras recibía una mirada confusa.

- ¿Qué cosa?

- Estuvo a punto de matarte…

- No era su intención, estoy segura de que él jamás sería capas de eso en su completo juicio - sonrió.

- Al menos puedo ver que sí te has dado cuenta de sus inestabilidades emocionales - bromeó un poco.

- Él es complicado, pero así lo conocí ¿No? Debería estar acostumbrada - respondió bajándole el perfil a la situación, notó que Tei la miraba con seriedad.

- … No lo hagas, no es bueno… no es bueno que te estés atando demasiado a él… Aléjate… - Si no hubiera sido por su rostro, la chica hubiese jurado que le estaban gastando una broma.

- ¿Por qué me dices eso…?

- Sólo escúchame… Aléjate…

- Iré a buscarlo - se apresuró a decir para salir de aquel lugar, no entendía por qué él decía eso, pero tampoco quería escucharlo. Era un poco tarde para decirle que se alejara…

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- K...Ka… - Kiseki aún mantenía sus ojos cerrados, todo indicaba que hablaba desde sus pesadillas.

- Imposible… - Susurró Lu.

- Kago...me – volvió a pronunciar - por favor…perdo…name.

- ¿Perdóname? - Aquellas palabras se clavaron en la mente del hanyou, rápidamente, aprovechando la distracción del inmortal saco fuerzas y lo lanzo lo más lejos posible del lugar, luego de esto se subió donde se encontraba el youkai - ¿Perdonarte? ¿Qué es lo que ella tiene que perdonarte? - preguntó de forma angustiosa, la verdad estaba frente a él y necesitaba saberla, necesitaba sacársela - ¡Vamos, respóndeme! ¡¿Qué mierda le hiciste a Kagome?! ¡¿Por qué tiene que perdonarte?! ¡Respóndeme imbécil!- hubiera continuado con su forcejeo inútil, pero Lu volvió a aparecer detrás de él para atacarlo.

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- Maldición… - El hanyou apretaba los puños - ¿Qué es lo que tiene que perdonarle Kagome? ¿Qué fue lo que ese infeliz se atrevió a hacerle? - La duda lo estaba carcomiendo, por alguna extraña razón aquello también le hacía recordar sus funestos sueños, lo hacía temblar de pies a cabeza, imaginar a Kagome en ese estado era lo peor que pudiera haber en el mundo, fuese como fuese tenía que averiguar qué era lo que estaba ocultando Kiseki.

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Era la tercera taza de té que se tomaba Tei desde que Kagome había salido de ese lugar cuando sintió que alguien ingresaba a la cueva.

- ¿No lo has encontrado?- pregunto Tei llevándose una sorpresa al darse cuenta de que no era la persona que esperaba- pero miren quien esta aquí, el desaparecido al fin decide aparecer- notó su mirada melancólica- ¿Qué ocurre? - Preguntó con preocupación.

- Se acabó… me largo… - Declaró.

- ¿Te largas? ¿Lo decides así de fácil? ¿Simplemente te largas? ¡¿Acaso se te olvida que tienes que ayudarme con Kagome?! - Estaba enfadado, realmente no esperaba aquel comportamiento de parte del youkai.

- Me largo Tei, si esto sigue así…

- ¡Prometiste ayudarme!- gruño.

- ¡Lo sé, lo sé, pero también prometí no dañarla!

- ¡No la dañaras Kiseki, es simplemente su destino, es algo que tiene que pasar, no es tu culpa, no puedes dañarla por algo que ella es!

- ¡No te estoy hablando de la estúpida leyenda del Pan-Ku! ¡Te estoy hablando de mí! – Grito con furia - si sigo aquí… Seré yo el que la lastime… - Agacho la cabeza - sabes que lo haré… Saber que lo de hace unos días volverá a ocurrir – volvió a mirarlo, pero esta vez con total determinación - ¡Si no me largo ahora, será demasiado tarde! ¿Entiendes? Es mejor así… Mientras antes mejor… Y no he venido hasta aquí a pedirte una autorización, he venido a informarte, no me interesa lo que tengas que apelar, ya tome mi decisión… Está es la última vez que me ves.

- ¿Y ella? ¿No vienes a despedirte de ella?

- No soy bueno para eso, es mejor que no me vea… - Se dio media vuelta y salió sin remordimientos de aquel lugar.

Sería difícil, pero estaba seguro que era lo mejor que podía hacer… No volvería a verla nunca más, el ultimo recuerdo que se llevaría de ella sería el de verla dormir pasivamente la noche anterior, probablemente sería el recuerdo más preciado que tendría durante el resto de su vida.

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Llevaba un buen rato tratando de encontrar a Kiseki por los alrededores sin éxito alguno, estaba preocupada, había estado actuando extraño desde la ultima vez que se encontraron con los inmortales, sabía que era a causa de que estuvo a punto de matarla y perdió el control por completo. Tenía que apoyarlo, sentía que algo extraño le estaba pasando, recordó constantemente la escena de él en aquella torre, deseaba que se atreviese a contarle lo que estaba pasando, deseaba saber qué es lo que querían los inmortales de Kiseki. Cansada de buscar, decidió volver al lago con la esperanza de que él ya hubiese vuelto o que al menos no tardara en volver. Fue entonces cuando lo vio, se encontraba saliendo del lago, corrió a ver como se encontraba, estaba muy feliz de verlo, pero había algo extraño…

(Apoligize - One Republic)

Iba saliendo del lugar, se supone que ahí, en la conversación con Tei, había acabado todo, pero ella había decidido aparecerse, sorprendiéndolo, arruinándolo todo… Ella se acercaba con una gran sonrisa en el rostro, pero se detuvo a unos cuantos pasos, había visto la melancólica expresión del chico, sus miradas se cruzaron en el silencio, Kagome había comenzado a entender su actitud, sin embargo, no dijo nada, él la seguía observando como si le estuviera pidiendo perdón con la mirada. Finalmente quito sus ojos de ella y reanudo su camino, pero en el momento en que cruzó a un lado de ella la hizo paralizarse por completo.

- Sólo así cumpliré la promesa… - Dijo de paso para luego seguir avanzando.

Aquellas palabras le hicieron comprender al instante lo que estaba sucediendo, se estaba despidiendo, aquella era su despedida, él se marcharía y no lo volvería a ver jamás, finalmente no habían sido los inmortales los que se lo arrebataron sino que él mismo tomo esa opción, se iba y ni siquiera podía decirle adiós, realmente… él nunca había tenido la intención de decirle adiós.

- ¡¿Así nada más?! - Se volteo para enfrentarlo cuando él ya hubo avanzado bastante - ¿No me dirás por qué no podrías cumplir tu promesa? ¡¿Acaso aún ahora no puedes decirme la verdad?! ¡Ni siquiera tuviste la jodida intención de despedirte!- pero él no se detuvo, no se inmuto, sólo siguió con su camino como si no la estuviera escudando - ¡Dime algo! - Pero no dijo nada, simplemente desapareció.

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- ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué se ha ido?! - Kagome había entrado totalmente enfurecida en la cueva, Tei seguía tomando su té.

- Veo que te lo has encontrado… - Dejo el té a un lado – desafortunado incidente para él.

- ¡¿Para él?! ¡Y qué hay de mí! ¡Ni siquiera planeaba despedirse, no tenía la más mínima intención! ¡Apuesto a que ni siquiera tuvo la decencia de dejarme un recado contigo ¿No?! - Tei guardo silencio - …Veo que tengo razón ¡Ni siquiera eso! ¡Es un cobarde, es un cobarde!

- No ha sido una decisión fácil para él…

- ¡Claro que ha sido fácil! ¡Irse sin despedirse, sin decir el porqué es lo más fácil del mundo!

- Debía irse.

- ¡Quiero saber por qué! ¡¿Por qué piensa que me hará daño?! ¡Tú le has metido esa idea en la cabeza!

- No tengo necesidad de influenciarlo en una respuesta que él sabe mucho mejor que yo…

- ¡¿Pero por qué?! ¡Necesito que alguien en este lugar me de una respuesta! ¡No pueden seguir actuando alrededor mío y no decirme qué está pasando! ¡Sobretodo si dicen que es por mi bienestar!

- Él simplemente se ha ido, acéptalo y sigue viviendo, es todo. Hazte a la idea de que nunca existió un sujeto llamado Fugimi Kiseki, porque nunca más volverás a verlo o a escuchar su nombre, hazte a la idea de que nunca fue real o quédate con el crudo recuerdo de alguien que nunca volverá… - contesto con frialdad mientras volvía a tomar su té.

- … Me voy a la cama.

¿Nunca volver a verlo? Eso había dicho Tei y lo había dicho con tanta seguridad, de seguro era cierto, de seguro Kiseki se encargaría de desaparecer por completo, de marcharse sin dejar ni un rastros de su presencia, el mundo lo olvidaría, ella lo olvidaría, él deseaba que todos lo olvidaran, pero… ¿Por qué…? Aún no lo sabía y nadie quería decírselo, jamás lo sabría...

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El bosque estaba frondoso había estado todo el día buscando el lugar que Tei le había señalado, se hacía tarde, estaba cansada y el hambre que sentía causaba que su estomago se quejara, pero finalmente a la distancia logró ver el templo que buscaba.

- ¡Al fin! - Corrió emocionada hasta el lugar, llamo repetidas veces esperando una respuesta que nunca llegaría, decidió entrar.

Deslizo la puerta con sumo cuidado, entro y volvió a cerrarla, observo el templo con detenimiento para encontrarse en su centro una joya del renacimiento color púrpura, se acercó rápidamente y la tomo sonriente.

- He encontrado la primera sin siquiera buscarla.

Sintió el brusco deslizar de la puerta.

- ¡¿Quién demonios eres tu?!

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Despertó de un susto. Aquel grito se había sentido tan real, aún sentía el escalofrío.

- He soñado con el día en que lo conocí… - Susurró sobre la almohada - curioso… Lo que más me agrada de la apariencia de Kiseki son sus ojos - la mirada dulce se le vino a la mente - pero cuando le he conocido… sus ojos fueron los que más me atemorizaron… curioso…

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- ¡Devuélveme eso, devuélvemelo ahora! - Gritaba.

- ¡Esto no te pertenece! - Grito Kagome.

- ¡Claro que es mio, si eso estaba en ese templo, es mio! ¡Tú lo has sacado de ahí! – Grito - ¿Qué acaso vienes de tu aldea sólo a robarme eso del templo? Te aviso que no sólo vienes a perder el tiempo, sino que también la vida.

Las voces retumbaban en su cabeza, sintió frío.

- ¿Tu eres el demonio que vive en el templo?

- Sí.

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Kagome se abrazaba a sus rodillas, el frío recorría su cuerpo con mayor intensidad al igual que las voces.

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- ¿Cómo te llamas?

- Eso a ti no te interesa.

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Era evidente que ya se había hecho de noche, podía ver dormir a Tei en un rincón.

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- Y dime ¿Qué edad tienes?

- No te incumbe.

- Oh, bueno… ¿Cómo conseguiste esa joya?

- No te incumbe.

- ¿Vives solo allá en el templo?

- No te incumbe.

La chica se abrazó aún más a sus piernas.

- ¡¿Y se puede saber qué es lo que me incumbe?!

- Nada, absolutamente nada. Ahora cállate, eres demasiado chillona.

- ¡Y tu un testarudo!

Sus ojos se entristecieron.

- ¿Quieres comer algo? Aquí cerca hay un río… - la voz era dulce.

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Se abrazó con mayor fuerza, el frío no cesaba.

- Eres un testarudo… - Susurró.

Luego lo decidió, el frío no se le pasaría a menos que se moviera, se puso de pie, se vistió y avanzo hasta la salida.

- No vayas, no compliques más las cosas - la voz de Tei la asalto - déjalo como está…

- No puedo… - Salió lo más rápido que pudo.

Lo había decidido, no dejaría que ese tipejo se fuera así nada más, lo haría volver y suplicarle perdón por ser alguien tan inconsciente y testarudo. No, él no se iría, ella no se olvidaría de él, lo encontraría y creía saber dónde, ahora sólo quedaba que él no estuviese tan apresurado con su paso y que ella hubiese ganado dotes de chica súper rápida con tatas excursiones en el bosque.

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- ¿Qué te pasa?

- Eehh… No sé como decírtelo.

- ¡Habla ya!

- Hace como una hora que me tomaste la mano para irnos y todavía no me la sueltas…

- ¡¿Lo justo?! ¡¿Lo justo?!

- Sí Kiseki, lo justo.

- ¡Pues yo no creo eso! ¡Esto nada más lo haces porque aún lo quieres! ¡Lo quieres tanto que babeas por él y eres capaz de traicionarnos a Tei y a mí, lo único que te importa es él!

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- Siempre ha sido un tonto – gruñía Kagome mientras corría entre los árboles, debía darse prisa si es que quería alcanzarlo. Definitivamente no se escaparía.

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- Discúlpame… yo… yo nunca quise tratarte así, lo que te dije, quiero que sepas… Kagome quiero que sepas que nada es cierto.

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Sonrío un poco para luego ponerse seria nuevamente - tal como lo hizo esa vez va a tener que pedirme disculpas, pero esta no se la perdonare tan fácilmente… - Luego siguió con su apresurado caminar bajo el cielo nocturno.

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El día había llegado y con el también llego al lago una inesperada visita, Inuyasha se encontraba fuera de la orilla esperando a que Tei se asomara, sabía que él reconocería su presencia y saldría, no paso mucho tiempo esperando cuando la predicción se cumplió.

- Kagome no está por aquí… - Habló Tei al momento de salir del agua.

- Lo sé, no siento su aroma, así es mejor, no he venido a hablar con ella…

- Tampoco se encuentra Kiseki.

- No me interesa hablar con ninguno de los dos, quiero hablar contigo y no pienso irme hasta que me des una buena explicación - respondió el hanyou con firmeza.

- Veo que es un tema serio… ¿De que se trata?

- Kagome ¿Qué ocurre con ella?

- No te entiendo.

- ¡Sí me entiendes! - Gruño – sabes perfectamente de lo que te estoy hablando ¿Qué es lo que le ocultan a Kagome? ¿Qué es lo que pasa con ella? ¡Quiero que me lo digas ya!

- No es algo que te incumba.

- ¡Claro que me incumbe! Si se trata de ella siempre me importara, ya estoy arto de sus juegos me dirás lo que ocurre ¡Ahora!

- ¿Para qué? ¿Para ir corriendo a contarle toco? ¿Para desesperarte porque querrás ayudarla y no podrás? No, no creo que sea necesario que sepas nada - estas palabras hicieron que Inuyasha se enfureciese aún más, y, ciertamente, no es un hombre de mucha paciencia, se abalanzó contra el y lo jalo de las ropas del pecho.

- ¡Déjate de estupideces! ¡La vez que nos atraparon en las raíces escuche perfectamente a un Kiseki inconsciente implorándole perdón a Kagome! ¡Claramente esto no es un juego, necesito saber qué pasa!

- No es que quisiéramos dañarla… simplemente es algo que estaba escrito en su destino… - dijo con tristeza - créeme que quisiera que no fuese así.

- ¡Te creo! ¡Pero dime qué es lo que pasa! - Gruñó soltándolo con brusquedad.

- ¿…Alguna vez habías escuchado sobre mitología china?

- ¿Y eso qué tiene que ver con Kagome? - Respondió desentendido con el tema.

- Bueno, te contare la historia del Pan-Ku.

- ¿Pan-Ku?

- Al principio sólo existía el Caos encerrado en un enorme huevo negro. Estaba formado por las fuerzas del Yin, femenina, oscura y fría, y el Yang, masculina, clara y caliente, que se relacionaban entre ellas. Dentro de ese huevo vivía Pan-Ku creado por esas fuerzas, y estuvo durmiendo en el durante 18.000 años hasta que un día despertó y al estirarse lo rompió. (Otras versiones dicen que cogió un hacha enorme y la empleó para romper el huevo). De los trozos que quedaron, los pesados (parte oscura) se quedaron abajo y formaron la tierra y los más ligeros (parte clara), flotaron y formaron el cielo.
Pan-Ku se quedó en el medio para impedir que las dos partes se unieran. La Tierra durante otros 18.000 años seguiría creciendo más y más, al igual que Pan' Ku. Hasta llegar al momento en el que la tierra y el cielo no podían crecer más y Pan-Ku se agotó tanto que falleció. De cada parte de su cuerpo nacieron las cosas que ahora forman parte de nuestro mundo: su cuerpo y sus miembros se convirtieron en 5 grandes montañas, su aliento se transformó en el viento y las nubes, su voz en el trueno, un ojo se transformó en el sol y el otro en la luna. Sus músculos se transformaron en fértiles campos, sus lágrimas los ríos y mares, su sangre formó el agua y sus venas caminos. Las estrellas las formaron su pelo y su barba, y la vegetación salió de su piel. Su médula se transformó en jade y en perlas. Su sudor se transformó en la fina lluvia y el rocío. Se decía que cuando estaba contento brillaba el sol y cuando estaba enfadado todo se nublaba. Y, finalmente los parásitos del Pan-Ku, pulgas y piojos, se convirtieron en los humanos y demonios.

- ¿Qué se supone que tiene que ver esa historia con Kagome?

- Es una parte que no muchos conocen. La historia cuenta que luego de que haya tantos parásitos inservibles en el mundo, nacerá un nuevo Pan-Ku a repararlo todo…

- ¿Dices que es Kagome? - Él asintió - ¡Espera! ¿Cómo estás tan seguro de que es ella?

- ¿Recuerdas el templo Sukim? Donde encontraron una joya que resplandeció haciendo brillar a todas las otras en los puntos diferentes que estaban.

- Quieres decir que…

- Sí, esa era la ultima manera de confirmarlo, veras, el nuevo Pan-Ku jamás tendrá la energía suficiente para hacer el nuevo cambio, por eso se crearon las joyas del renacimiento, ellas la ayudaran a cumplir con el cometido, es por eso que ellas la reconocieron… - Guardo pausa para seguir hablando - …El mundo esta lleno de demonios asesinos, cuando Kagome actúe, todos estos personajes se borraran de la faz de la tierra…

- Eso es imposible.

- Tú lo has visto ¿No? Me refiero al mundo de Kagome, ahí no hay demonios ¿No te has preguntado por qué?

- No lo sé, se extinguieron o algo así…

- ¿De verdad crees eso de los demonios? ¿O que los humanos los derrotaron? La única explicación de que el mundo de Kagome sea así es que ella actúo en el pasado, su mundo es así, seguro, gracias a ella.

- Dime… esto aún no termina ¿No? Cual es el pero, la parte mala de la historia, dilo rápido.

- ¿Qué no oíste la leyenda?

- Sí, la oí perfectamente, no soy sordo - dijo un tanto molesto.

- Si oíste para qué me preguntas… ¿Qué es lo que ocurre con el Pan-Ku una vez hecho su trabajo? – Preguntó con seriedad, Inuyasha quedo pensativo, trataba de recordar qué era lo que le había dicho, finalmente recordó, quedo paralizado.

- Muere….

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Capitulo 74: Bajo la lluvia

- ¿Alguien sabe dónde se ha metido Shii? - Preguntó Shippo luego de haber terminado de devorar sus alimentos.

- Hace poco la vi caminar hacía el bosque… - Contestó Sango mordiendo sus palillos - dijo que iba a dar una vuelta porque estaba un poco aburrida.

- Hablando de desaparecidos, Inuyasha no estaba por ninguna parte esta mañana… - Comentó la anciana Kaede.

- ¡Es cierto! ¿Dónde se habrá metido? - Se preguntaba Shippo.

- De él no hay que preocuparse, sabe cuidarse perfectamente, de seguro debe estar resolviendo algún asunto por ahí…- contesto el monje mientras comía.

- ¿En otras palabras crees que fue a ver a Kagome?

- Yo no he dicho eso… - Contestó haciéndose el tonto.

- Últimamente lo he visto bastante deprimido - comentó Sango dejando a un lado su tazón de arroz.

- ¡Y no es para menos! También lo estaría si yo fuera él y Kiseki pasara todo el día cerca de Kagome - dijo el pequeño zorro mágico.

- ¿Realmente creen que Kagome se esté enamorando de ese chico? - Preguntó curiosa la anciana.

- Es posible - contestó Sango.

- No lo sé, pero la señorita Kagome no se ha olvidado de Inuyasha, aunque no niego que se ve que hay algo muy especial entre la señorita y Kiseki.

- Pobre Inuyasha... - Comentó un Shippo melancólico.

- Nada de pobre, él solo se ha buscado esto, ahora que asuma las consecuencias, Kagome tiene derecho a ser feliz como ella quiera serlo – dijo la exterminadora con voz rotunda.

- No seas así Sango, nuestro hanyou se ha dado cuenta de su error y esta arrepentido ¿Más vale tarde que nunca, no? Tanto como la señorita e Inuyasha merecen ser felices con quien sea… - Dio un suspiro - sólo espero que aquello llegue pronto.

- Tiene razón - comentó la anciana.

- Creo que ya se han puesto demasiado melancólicos, mejor me iré a buscar a Shii - dijo el zorro saliendo de la pequeña cabaña.

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(Keane - A Bad Dream)

Acababa de oscurecerse el día, las estrellas no alumbraban el camino, la lluvia parecía avecinarse peligrosamente sobre la joven miko que corría entre los árboles sintiendo que su objetivo ya no estaba muy lejos. No parecía importarle el agotamiento ni su dificultoso respirar, ni el frío, ni el miedo de encontrarse con algún demonio cuando no portaba su arma consigo, lo único que le interesaba era encontrar ese lugar y, finalmente, lo vio… Se detuvo bruscamente para recuperar el aliento perdido. Ahí estaba, hace mas de tres meses que lo había visto, el pequeño templo donde conoció a Kiseki, se quedo completamente paralizada, las dudas surgieron en ella como la marea rompiendo en el arrecife ¿Y si no estaba ahí? ¿Y si ni siquiera pensó en pasar por ahí? ¿Y si ya estaba demasiado lejos? ¿Qué haría? ¿Qué haría si no lo veía? ¿Cómo reaccionaría, qué pasaría con ella? ¿Podría no romper a llorar como una niña? ¿Y si ya no lo volvía a ver?... Inhaló profundamente.

- Vamos, tu puedes Kagome, si no vas todo este recorrido habrá sido por nada… - Dio un paso, el temor de no encontrarlo había incrementado en un solo movimiento - ¡Vamos muévete Kagome! Si no lo encuentras al menos sabrás que intentaste detenerlo - con aquella determinación dio los pasos necesarios para quedar frente a los escalones del pequeño templo - ahora sólo tienes que subir tres escalones - pero aun pensando en esto su cuerpo se había vuelto a paralizar - ¡Vamos, son sólo tres escalones tu puedes! - Se animaba mentalmente.

Luego de un evidente temblar logró subir los escalones requeridos, ahora sólo quedaba deslizar la puerta y todo se acabaría. Acerco su mano a la fría madera, saboreo sus labios y trago saliva, su corazón latía a mil por hora, había llegado el momento, deslizo la puerta con rapidez dejando que el repentino viento se abriera paso en el lugar.

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- ¡¿Pero dónde se habrá metido Shii?! No puedo encontrarla por ninguna parte - decía un desanimado Shippo en medio del bosque- me preocupa, ya esta demasiado oscuro, además de que pronto se pondrá a llover ¿Dónde estará? - Se quedo quieto al escuchar una voz a la distancia.

- Me tienes esperando desde hace un buen rato.

- Esa voz… es ¡Shii! - Dijo alegre de haberla encontrado.

- Lo siento, he tenido un pequeño percance de camino acá – una voz masculina.

- Pero… está con alguien - decidió acercarse hasta las voces de forma sigilosa, pensó - ¿Quién será la otra persona?

- ¿Y cuales son las noticias que me traes? - Pronunció aún molesta por la espera.

- Noticias que te aseguro te arreglaran ese mal humor - respondió en una sonrisa.

Shippo observaba detrás de unos arbustos.

- Basta de rodeos Li T'eih-Kuai dime lo que has venido a informarme.

- ¡¿Li T'eih-Kuai?! Pero... ¿Que ese no es uno de los 8 inmortales, el camaleón? ¡¿Qué esta haciendo con Shii?! - Pensó Shippo con frustración.

- Se acabó, esta enorme espera ya ha llegado a su fin, muy pronto volveremos a estar reunidos y el líder regresara con nosotros…

- ¿Hablas en serio? ¿Quieres decir que ya está todo listo?

- Sí, Lu ha decidido usar la técnica secreta.

- Le he dicho que lo hiciera hace mucho tiempo, pero…

- Es muy arriesgada, podemos arruinarlo todo, si no sale como es debido veremos todo perdido, la única razón por la que ha decidido usar ese método es que estamos en contra del tiempo…

- Pronto será la fecha en que el Pan-Ku actúe…- concluyó la chica con seriedad.

- Así es, daremos todo en este último paso.

- Sí, tenemos que hacerlo, pero antes… - Soltó una pequeña pulsera de su muñeca, lo cual hizo que mostrara su verdadera forma, una hermosa mujer de tez blanca, cabellos azabaches, ojos anaranjados de forma gatuna y bellos ropajes rojos chinos - …Tengo algunos asuntos pendientes con el hombre del lago – sonrió maliciosamente.

- Veo que esa pulsera todavía te funciona muy bien, de cualquier manera, no tendremos tiempo para tus juegos.

- Tranquilo será rápido, además, nos conviene, considéralo una suerte de venganza - dijo en tono burlón.

- ¿Pero qué esta pasando aquí? ¿Acaso Shii es una de los 8 inmortales, de nuestros enemigos? ¿Eso quiere decir que estuvo todo este tiempo engañándonos? - Continuó pensado con duda el pequeño.

- Deberás consultar tus planes con Lu.

- Estoy segura de que estará totalmente de acuerdo ¿Podrías avisarle a Kou-Lao que necesitare de su ayuda?

- Aún está herido, no se ha logrado recuperar bien de los ataques que le ha dado ese hanyou.

- ¿El entupido de Inuyasha? Descuida, será algo privado, él no aparecerá, será solo algo entre nosotros y ese supuesto dios, el papanatas de Kou-Lao no necesitara esforzarse en nada - dijo entre rizas.

- ¡No puede ser! Es cierto ¡Shii es una traidora! Quiero decir ¡Una espía! ¡Todo este tiempo nos ha engañado, debo avisarle a los demás! – Pensó alarmado, comenzó a retroceder lentamente, pero para su poca suerte en el proceso piso una pequeña rama, la cual se triso completamente ante su peso, no paso más de un segundo antes de que Shii apareciese tras él y Li por delante.

- Pero que veo… Un pequeño mocoso entrometido- comentó la chica en una risa maliciosa - no tienes idea de en dónde te has metido.

- ¡Eres una traidora! ¡Confiamos en ti y resultaste ser el enemigo! - Chilló Shippo.

- Aww~ No sabes lo mal que me estoy sintiendo en estos momento - dijo burlona.

- ¡Bruja! - Chilló

- Sí, soy una bruja y deberías temerme mucho - contestó en una forma tan lúgubre que hizo temblar al pequeño niño.

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La corriente de viento y el frío lleno todo el lugar, Kagome aún estaba de pie en el marco de la puerta observando a un hombre de espaldas que contemplaba el sitio dónde alguna vez había estado una joya del renacimiento, el frío lo hizo voltearse.

- ¿Qué haces aquí?

Quería sonreír, deseaba sonreír, pero sabía que aún no era el momento.

- Vine a buscarte.

- No debiste - pronunció con un poco de dolor en su rostro.

- Sí debía… No puedes irte así ¡De ninguna forma! Por eso he venido aquí para que me pidas perdón por tu acto tan desagradable y que regreses conmigo - declaró.

- ¿Perdón? Si regresara contigo tendría que pedirte perdón, aunque no lo creas ahora deberías agradecerme por mi decisión.

- ¿Agradecerte? ¿Qué cosa? ¿Qué te hayas ido de una forma tan cobarde?

- Planeaba irme de la mejor manera posible para ti.

- ¡¿Y tú qué sabes que es lo mejor para mi?! – Le grito – eso no era lo mejor para mi, lo mejor para mi es que regreses y dejes la idea de marcharte para siempre.

- Tú no sabes lo que es mejor para ti, con que me pidas que vuelva eso queda claro - dijo en una risa quebrada.

- ¡Basta! ¡Tan sólo eres un egoísta! ¡Sólo has pensado en ti, dices que lo haces por mí, pero no te creo, lo hacer sólo por ti! Solo buscas lo más cómodo para ti, ni siquiera te importo.

- Me importas – aseguró – por eso me voy.

- Si te importara no te hubieras tratado de marchar sin una despedida.

- ¿Y de qué hubiese servido? - Ella enmudeció – de nada, y lo sabes, me hubieras gritado hasta el cansancio y esa hubiera sido una despedida bastante triste, es mejor quedarse con los buenos recuerdos…

- Deseo que regreses - susurró.

- No deberías desearlo…

- Como quisiera que afrontaras tus problemas y no te fueras por el camino más fácil…

- ¿Fácil? – Dijo con aire incrédulo.

- Sí, fácil, esto es completamente fácil para ti, ni siqui…- de inmediato su voz fue apagada por una masculina.

- ¡¿Fácil?! ¡Por dios Kagome! ¿De verdad crees que esto es fácil para mí? – Claramente aquel comentario lo hizo enojar más de lo debido - ¡Que estupidez! ¡Soy yo él que esta completa e irrevocablemente enamorado de ti! ¡Soy yo el que no ha pasado ni una sola noche sin soñar contigo, soy yo el que se queda embobado mirándote, soy yo el que sonríe cuando tú sonríes, soy yo el enamorado! ¡Completa y absurdamente enamorado! ¡¿Y tienes el descaro de decirme que esto es fácil para mí?! ¿Crees que esto te duele más a ti que a mí? ¡No tienes idea de cómo me estoy sintiendo! ¡De lo difícil que es! ¡Por dios! ¡Eres tu la única persona que ilumina mis días y me estoy destrozando hasta los huesos sabiendo que todo volverá a la oscuridad sin ti! ¡Cada maldito paso que doy alejándote es como una daga clavándome! Ciento que no respiro, que me desvanezco, que se me acaba la vida aun teniendo la eternidad por delante… Me estoy muriendo sin estarlo… - Su mueca de dolor parecía sólo incrementarse - ¿Fácil? Te tengo noticias Higurashi Kagome, esto es lo más difícil que he hecho en mi vida… - Tan pronto término de hablar un trueno se hizo presente iluminando la noche, la lluvia comenzó - ahora es mejor que te duermas, si querías una despedida, bueno, la tendrás, pero mañana… - Se dirigió hasta un armario.

- Pero…

- Te daré tu despedida, pero no regresare contigo - deja un futón en el suelo.

- Kiseki…

- Sólo duerme ¿Si?

Nuevamente ahí estaba ese semblante doloroso, esa mirada dura y melancólica, tan sólo el pensar que ella lo había provocado la hacía sentirse la peor alimaña que pisaba la tierra, verlo así era un castigo, aquello la abofeteaba mil veces en la cara y aun así no quitaba la agonía de haber provocado aquel rostro.

Hizo lo que le pedía, estiro el futón y se metió en él para dormir o al menos tratar de hacerlo, no quería hacer que gritara más, no quería aumentar su amargura, dejaría el problema por lo menos por esa noche, ya que él aún no se había quitado de la cabeza la idea de irse, le había dejado claro que le haría el favor de la despedida y que luego se iría, quizás debía asumir que los planes ya estaban hechos.

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Un trueno sacudió y comenzó a mojar la tierra, aquello sólo hacía pensar al niño que peor día que ese no tendría nunca, primero, odiaba los truenos, segundo, de seguro atraparía un resfriado ya que en poco tiempo había quedado cubierto de agua, tercero y quizás lo más destacable, estaba rodeado por dos temibles inmortales, un chico lúgubre de ojos rojos y amenazantes que lo miraba como una pequeña cucaracha viscosa que merecía ser pisoteada, y una hermosa chica castaña con ojos de gatos que hace tan sólo unas horas atrás era la muchacha más gentil, rubia y alegre que hubiese conocido, hace unas pocas horas la creía su amiga, hace unos segundos ella sólo quería matarlos a todos, y actualmente, la de doble personalidad, traidora o espía quien sabe cual de las tres sino es que todas, planeaba como deshacerse de él.

- ¡¿Qué vas a hacerme?! - Chilló Shippo.

- No lo sé, aún lo estoy pensando… - Respondió llevándose su mano al mentón.

- Mátalo… - Dijo Li sin una pizca de arrepentimiento, aquello hizo que el zorro temblara.

- No… - Pronunció la chica tan pronto surgió la idea de la muerte, Shippo dio un suspiro aliviado - sería sumamente aburrido, sin embargo, no podemos permitir que ande suelto por ahí de seguro arruinaría todo nuestros planes con aquella bocaza que se gasta.

- ¡Claro que te arruinare los planes bruja malvada!- volvió a chillar siendo callado por un pisotazo de ésta.

- Me parece que podría usarlo para un acto de impacto - dijo un tanto emocionada - sí, será muy divertido, de seguro los otros se vuelven locos buscándolo ¿Me imaginas apareciendo con él? Diciendo – junta sus cejas y cambia a una voz grave diciendo - ¡Tengo un rehén, no muevan ni un músculo! - Sonríe ampliamente - ¡Sí! Realmente sería divertido.

- Sabes que no necesitas un rehén para enfrentarlos… - Comenta, a diferencia de ella, aburrido.

- Lo sé, pero he dicho que sería divertido, tendría un secuaz llamado Kou-Lao detrás de mi amenazando al pequeño con una cuchilla – reía tan solo imaginándose la escena, Shippo no podía creer la bipolaridad de la inmortal.

- No se prestara para eso y tu tampoco - dijo severo - no tenemos tiempo para escenas…

- Sí, tienes razón, no me alcanzara el tiempo para esa escena, pero si para la ya planeada - sonrió maliciosamente para luego recoger a Shippo de debajo de su zapato.

- ¡Suéltame! ¡Suéltame!

- ¡Pero como chillas! – Gruño la chica - si no te callas le diré a Li que te mate - en ese preciso momento Shippo enmudeció - así esta mejor, mucho mejor… ¿Me haces algo donde llevar al crío? – Esta vez se dirige a su compañero.

Sin mayores palabras Li T'eih-Kuai toma una hoja del arbusto junto a él para luego transformarla en una jaula pequeña de madera. Tal como podía cambiar su forma a la que él quisiese podía cambiar la forma de todos los objetos que lo rodeaban.

- Vaya que sí eres útil - comenta la chica mientras toma lo que antes solía ser una hoja y mete dentro a lo que llamaba "el entrometido".

- ¡Cuando salga de aquí, lo vas a lamentar!

- Cuando salgas, serán tus amigos los que lo lamentaran, lamentaran ser tan estúpidos y no haber visto la verdad siendo que la tenían frente a las narices, ridículos e ingenuos - se burlo la chica.

- ¿Qué estás planeando?

- Eso es una sorpresa pequeño, pero descuida, la veras en primera fila, sólo espera y veras… - luego hace un queja y mira su ropa- pero miren nada más, si estoy toda mojada, en fin, creo que es momento de volver- le pasa la jaula a Li T'eih-Kuai – mañana me lo devuelves junto a Kou-Lao.

- ¡Espera! ¡No puedes hacerme esto! - Lloraba Shippo.

- Creo que ya lo hice - sonrío burlona mientras regresaba a su forma de Shii - es tiempo de volver con mis amigos- dijo con ironía refiriéndose a Inuyasha y los otros.

- Es tiempo de que me vaya - dijo Li antes de desaparecer con su rehén.

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(Evanescence - Hello)

La noche ya estaba avanzada y su cuerpo sentía el peso de la corrida maratónica realizada aquel día, los brazos de Morfeo la esperaban gustosos y la verdad es que ella estaba deseosa por ir con ellos, pero no podía, no era que le hubiera comenzado un ataque de insomnio, sino que tenía un presentimiento, el presentimiento de que si se dormía lo perdería todo, que lo lamentaría de una forma considerable, por eso no dormía, sólo fingía hacerlo para no molestar a Kiseki quien dormía tras ella en un rincón o al menos eso es lo que ella creía hasta que lo sintió ponerse de pie, estuvo quieto un largo tiempo, tanto así que por un momento creyó haber escuchado mal, sus lentos y livianos pasos se acercaron al futón, Kagome trató de fingir el sueño más profundo que podía mientras él se agacho junto a ella, acerco su mano y quito los cabellos de su rostro, la estaba contemplando, la contemplaba atentamente, sin perderse nada de ella, su mano se aventuro con suavidad hasta el tibio rostro de la miko, sus dedos se deslizaban desde su sien hasta su mentón una y otra vez no deseando despertarla, pero aun así ella podía percibir la tristeza en el youkai.

- Deseo que seas feliz… por toda la eternidad… - Susurra tan bajo que era increíble que Kagome hubiese sido capas de oírlo, luego sus labios rozan dulcemente su mejilla.

Tan sólo ese pequeño acto hizo que un calor y una vibración inconcebible recorrieran el cuerpo de la chica, su estomago estaba hecho un revoltijo, pero la única que podía percibirlo era ella, era su secreto, su pequeño momento.

Pero tal como su cuerpo percibió la dulce cercanía, también percibió la amarga lejanía. Kiseki se puso de pie de inmediato y lo próximo que percibió Kagome fue que sus pies se alejaban, la puerta fue abierta dejando entrar por un momento el frío y el ruido aun más intenso de la lluvia, luego todo volvió a como era antes, la puerta había sido cerrada, pero ahora estaba sola, sola… aquello había sido la despedida, él se estaba marchando… para siempre…

Se sentó en el futón con la respiración agitada, aquello le había llegado como un balazo en la cabeza, tan rápido, tan inesperado. Estaba angustiada, no sabía qué hacer, su cuerpo había comenzado a temblar por la ansiedad, no entendía qué le pasaba, pero había comenzado a llorar sin percatarse, sus ojos se inundaron de lagrimas y sus mejillas estaban empapadas, la perdida… se sentía tan vacía, tan amarga… tenía que detenerla, no creía poder seguir con aquel sentimiento en su pecho. Sin molestarse en ponerse los zapatos se pusó de pie y corrió hasta la puerta, la deslizo fuerte y grito.

- ¡¿Por qué?! - Afortunadamente él no había llegado muy lejos, tan sólo unos metros, metros que se detuvo en recorrer tan pronto escucho la voz de Kagome - ¿Por qué lo haces?

- Tengo que hacerlo… - Susurró débilmente.

- No, no tienes qué, puedes quedarte…

- No, no puedo…

- ¿Y tu mejor solución es engañarme para que me vaya a dormir y así poder irte? – Le restregó dejándole ver que aquello la había herido.

- Yo… lo siento… - Había comprendido cómo se había sentido.

- ¿Lo siento? ¿Es todo lo que puedes decir? ¿Y qué hubiese pasado si yo me hubiese despertado en la mañana? ¡Sin ninguna explicación, sin nada! ¿Te has puesto a pensar en cómo me hubiese sentido?

- Sí… lo pensé – Kagome no supo bien si agradecer su franqueza o darle un golpe en la cara por ser tan inconsciente - … Perdón si fui egoísta, pero el hecho de la despedida me destroza más todavía.

- Entonces no te despidas y quédate.

- Me gustaría, realmente me gustaría… - Sonríe al pensarlo - pero creo que ya conoces mi respuesta.

- Por favor, no te vayas… - Susurra.

- Entra y duerme, mañana todo acabara… - Responde mientras se voltea y comienza a caminar sin importarle lo empapado que se encontraba, sólo quería salir de ahí.

- No, Kiseki… - El llamado fue suave, pero al ver que no se detenía lo intensifico - ¡No! - Pero el continuaba avanzando.

La desesperación se apodero de ella, se estaba marchando y por más que tratara de convencerlo no podía, ni siquiera la lluvia lo detenía. Bajo los tres escalones con rapidez y corrió en calcetines por el barro hasta alcanzarlo y amarrase a la espalda de Kiseki, al fin algo lo había hecho detenerse nuevamente. Se quedaron quietos un momento, un dulce y largo momento, la lluvia los empapaba a ambos, pero el frío no parecía haber aparecido en ese instante.

Con el flequillo húmedo y cubriéndole los tristes ojos Kiseki rompe el silencio - ya es hora de que me vaya… - Susurra débilmente mientras sostiene las manos de Kagome y trata de zafarse de su abraso, pero fue imposible, tan pronto lo hizo ella se aferro aun más a él.

- ¡No! ¡Por favor, por favor, sólo quédate, no te vayas, no me dejes! ¡Por favor no me dejes!

- Por favor… te lo suplico, no lo hagas más difícil… - Continuaba tratando de zafarse de su agarre, pero ella se negaba a ceder un centímetro.

- No, no, no voy a dejarte ir – negaba desesperadamente con la cabeza.

Finalmente él dejo de intentar alejarla, sus rendidos brazos cayeron bajo sus hombros y dijo:

- …Vas a hacerme llorar ¿Lo sabías?... - Susurró débilmente mientras sus ojos aún se escondían en su flequillo, Kagome abrió los ojos sorprendida - …De verdad lo harás, si sigues así lo harás. No quieres verme llorar ¿Cierto? - Ella negó rápidamente con la cabeza, él no la veía, pero sabía perfectamente que ella no quería verlo así - entonces… por favor, suéltame…

Estaba dudosa, sabía que tan pronto lo soltara él podría salir corriendo y no ser visto nunca más, pero finalmente lo hizo, lo soltó y retrocedió un poco, no quería verlo llorar, realmente eso acabaría con ella.

- Gracias… - Susurró al sentirla más lejos, luego avanzo unos pasos y se dio la vuelta para verla - has sido lo mejor que me ha pasado en la vida- pronunció con dulzura mientras le sonreía.

- No, no lo hagas, no te despidas- respondió leyendo la entrelinea "adiós".

- ¿No lo entiendes? Es lo mejor, tu podrás superarlo, es tan sólo un capricho que te ha dado, crees que esto realmente te afecta, pero no es así, ahora podrás estar con Inuyasha- no lo decía de una manera irónica, deseaba lo mejor para ella - podrás estar con él y está vez no habrá nada que pueda separarlos, podrás estar con él por siempre, podrás ser feliz como lo mereces, todo será perfecto, él te ama, tu lo amas, no dejes pasar más tiempo, ve y se feliz, ve con él… - Realmente le estaba sonriendo abiertamente, aun siendo que le dolía, le dolía la despedida y le dolía el hecho de imaginarla con Inuyasha, pero no le importaba, lo único que le importaba era ella, ella y su mas absoluta felicidad.

- No te vayas… - Ella seguía implorando.

- Dime una razón… ¡Dime una buena razón para que yo me quede! - Ella quedo muda - ¿Ves? No hay ninguna, ninguna suficiente… Es lo mejor, sabes que es lo mejor.

- No te vayas… - Repitió.

- ¡Una razón! ¡Dime una! Basta, ya término ¡No tienes ninguna razón! ¡Esto es lo mejor y punto!- se volteó rápidamente y comenzó a marcharse, para nunca volver, para nunca, nunca regresar.

(Naim, Yael - Lonely)

El corazón de Kagome se estaba agitando, lo estaba viendo darle la espalda y continuar andando, jamás volvería a ver su rostro, su tan hermoso rostro que tanto adoraba, no volvería a oír su voz ni sus gritos ni reprensiones, nunca más, su respiración aumento, estaba agitada, desesperada ¿Qué sería de su vida ahora? ¿Cómo seguir? ¿Qué haría? ¿Volver con Inuyasha? Lo pensó, por un rápido momento que se desvaneció tan velozmente como apareció, no, no quería, de pronto se dio cuenta de que eso no la haría feliz, no la haría estar mejor ¡No era lo mejor! Pero sí sabía que lo peor sería no verlo más, no volver a ver a Kiseki, su estómago se retorcía de dolor tan sólo al imaginar toda una vida sin verlo nunca más, sin oírlo, sin sentirlo, entonces comprendió… comprendió qué era lo que ella deseaba, qué era lo que la haría feliz, de pronto no tuvo ni una sola duda, todo fue claro y perfecto, tenía una razón, la perfecta e innegable razón que le había costado tanto entender y la grito, la grito queriendo que él y todo el mundo se enterasen.

- ¡TE AMO! - Su voz hizo parecer que todo se detenía, la lluvia ya no tenía peso alguno, la huida no lo tenía, se detuvo y se dio la vuelta incrédulo ante el mensaje que habían recibido sus oídos - te amo – volvió a repetir Kagome sin ningún signo de dificultad en su voz, sin ningún signo de falsedad o inseguridad.

Él la miro paralizado, no sabía si ella realmente era sincera o estaba usando aquel método únicamente para que se quedara, sí, para él eso era más probable, sólo que era demasiado cruel para su enamorado corazón, ella estaba siendo cruel… Kagome notó esto en su mirar.

- No estoy mintiendo, te amo… te amo - aseguró tratando de borrar las dudas en el rostro del chico.

- Estás confundida… - Aseguró mientras ella negaba con la cabeza- no te engañes, tu quieres a Inuyasha, yo sólo soy la piedra en tu zapato – comentó con una ligera mueca en sus labios.

- Yo amaba a Inuyasha, pero eso se acabó, ya no siento eso por él… Creo que desde hace tiempo… es sólo que me apegaba tanto a su recuerdo que no podía ver lo importante que te habías vuelto para mi, más importante que él, no me di cuenta que me estaba enamorando… Que me enamore de ti… - Lo miro fijamente - …Eso es una buena razón para que te quedes.

- Sólo dices eso porque te has encariñado y no quieres que me vaya, no te engañes… No seas cruel y no me hagas pensar que lo que dices es verdad porque me duele… Sólo estas actuando con desesperación.

- Sí, estoy desesperada, no quiero que te vayas, no quiero que me dejes ¡La desesperación me ha hecho entender lo que siento! O al menos me ha hecho aceptarlo – contestó de inmediato – no te estoy engañando, por favor créeme, jamás jugaría con una cosa así, no sabiendo lo que tu sientes… No puedo imaginar qué sería de mi vida si te vas, no quiero imaginarlo, no quiero vivirlo, no te vayas, quédate conmigo…

- Es difícil creerlo ¿Sabes? - Contestó suavemente – pero aun siendo verdad, no puedo quedarme, te hice una promesa, te dije que jamás volvería a hacerte daño y la única forma en que pueda cumplirla es marchándome, yéndome lejos de ti y ser como si nunca hubiese existido.

- ¿Cómo si nunca hubieses existido? - Aquello le sonaba absurdo- Imposible, imposible… Jamás podría ocurrir tal cosa, pienso en ti siempre, que te vayas sólo hará que te piense aún más, me hará extrañarte, añorarte y sufrir… Con irte no conseguirás que te olvide, no, si realmente querías causar eso debiste irte hace mucho tiempo antes de que mi vida dependiera de tu existencia, antes de que te amara, por que ahora eso ya no tiene caso alguno… por eso, por favor, rompe tu promesa.

Kiseki estaba mudo, una parte de él estaba saltando y festejando de alegría por escuchar todas esas palabras de los labios de Kagome, sólo quería correr hasta ella abrazarla y besarla hasta el amanecer, gritarle en el oído que también la amaba, desde hace mucho tiempo que nunca había sentido, y nunca sentiría, algo más fuerte que lo que sentía por ella, que si ella estaba con él su mundo era perfecto, que si ella lo aceptaba no se marcharía, que se quedaría por siempre, pero la otra parte, exactamente la razonable y cuerda, estaba incrédula, negándose a tragarse todas la palabras, pensando que era demasiado bueno para ser cierto, sin mencionar el hecho de que estaba determinado a irse por el propio bien de la miko, que si se quedaba la lastimaría, le haría daño y si eso ocurría jamás podría perdonárselo, ella era todo para él y antes de perderla y verla sufrir prefería desaparecer y aguantarse el dolor de no verla nunca más.

- Deseo que seas feliz por toda la eternidad… Me dijiste eso ¿No? - Citó Kagome - ¿Realmente lo deseas?

- Es lo que más deseo en el mundo… - Respondió con sinceridad.

- ¿Entonces por qué te vas?

- Por eso… porque quiero que seas feliz por toda la eternidad - sonrió con dulzura.

- Te equivocas, la única forma en que yo puedo ser realmente feliz es estando contigo - las palabras salieron con suma seriedad.

- Kagome… - Estaba preparado para negar su afirmación, pero ella se le adelanto.

- Sólo quiero que me escuches – pidió – dices que tu mayor deseo es que yo sea feliz, que lo único que te importa de verdad es que yo este bien, quieres lo mejor para mi, eso lo sé bien, yo también quiero lo mejor para ti, y para mi. Y espero que me creas cuando te digo que la única forma en que yo puedo ser feliz, feliz como tu realmente lo deseas, es estando contigo, porque si tu te vas ahora todo eso se va a derrumbar, si tu te vas lo perderé todo porque te perderé a ti, tu lo eres todo ¡Para mi lo eres todo! Tan sólo pensar que te marcharas, que no volveré a ver tu rostro, tu boca, tus ojos, es tan doloroso que me cuesta imaginarlo, si tu desapareces de mi vida esta se me acaba en el instante en que te desvanezcas. Quiero estar contigo, por siempre, la única forma de que yo sea feliz por toda la eternidad es que pase toda la eternidad a tu lado…

- Nada dura para siempre, existe la muerte - aseguró.

- Lo sé, pero aun así quiero pasar toda mi vida en la tierra contigo, vivir cada momento a tu lado, pasar mil aventuras, caminar las distancias más largas, correr las distancias más cortas, reír hasta no poder más, cantar cien mil canciones, quiero que hablemos desde nuestra infancia hasta lo que estamos sintiendo el uno por el otro, quiero guardar silencio para que nos dediquemos a mirar al otro, sin hablar, sólo decir todo lo que sentimos con una mirada, sí, quiero mirar tus ojos por siempre, quiero despertar y mirarlos a un lado, que me tomes de la mano y me digas con una sonrisa "buenos días", quiero dormirme todas las noches abrasándote, quiero conocerlo todo contigo y, si quisieras, podríamos tener niños, quizás una niña y un niño o todos los que tu desees, los criaríamos con cariño y luego lloraríamos al verlos partir, envejeceríamos juntos, claro que a mi se me notaria un poco más – ríe – quiero amarte toda mi vida al igual que discutir toda la vida para que al termino de cada discusión me besaras hasta dejarme sin aliento… y cuando llegue el momento de morir, quiero volver por ti, sostener tu mano y decirte "por toda la eternidad" luego te llevaría donde fuese que vayan las almas que pisan la tierra, no me importa si fuera un buen o un mal lugar, si tu alma me acompaña ese lugar será completamente perfecto para mi, porque tu eres mi felicidad, tu eres todo lo que me importa, quiero estar toda mi vida y más allá de ella contigo, por siempre y para siempre, sólo tu y yo… Así que por favor, no te vayas, rompe tu promesa, destrúyeme, hazme pedazos ¡Destrózame por completo no me importa!

Lo había dicho todo, absolutamente todo y, él estaba ahí, de pie sin decir nada, mirándola con ojos de niño ilusionado, teniendo la discusión mental más grande e importante de su vida, finalmente había comprendido que ella no estaba confundida y mucho menos mentía, lo que dijo le había quedado claro, ella lo amaba tal como él la amaba, ella deseaba lo mismo que él deseaba "una eternidad juntos". Su rostro notaba la alegría mezclada con la angustia, parecía que podía ser tan fácil, sí, ella lo creía tan fácil, no sabía que no lo era, podía ser cualquier cosa menos fácil, ella no estaba en su posición, ella no sabía las cosas que él sabía ¿Qué hacer? ¿Qué decisión tomar? Si tomaba la primera opción, marcharse, la estaría secretamente salvando, pero a misma vez la estaría haciendo infeliz y de paso haciéndose infeliz a sí mismo. La segunda opción, quedarse, la estaría haciendo feliz, él sería feliz, estarían juntos, pero estaría corriendo el riesgo de lastimarla, no era completamente seguro, había una mínima posibilidad de que aquello no ocurriera, pero si ocurría se lamentaría aún más allá de la muerte ¿Estaba bien arriesgarse por esa mínima posibilidad? ¿Estaría bien irse sabiendo que la separación los destrozaría a ambos de una manera inimaginable?

Lo único que se escuchaba era el sonido de la lluvia al caer, la vista de ambos estaba centrada en la del otro.

- No me harás daño, no temas, si te quedas no me harás daño… - Kagome rompió el silencio sabiendo que tenía que aclararle aquello, estaba segura que era lo que más le estaba preocupando a Kiseki, como siempre, él sólo pensaba en el bien de ella- Y si lo haces no me importa... no me importa si soy consumida por ti mientras estés a mi lado.

Kiseki apretó los puños y los dientes, la miró con suma tristeza para luego esconder sus ojos en su flequillo, había tomado una decisión y la chica se había dado cuenta de ello. No le dio el tiempo para decir nada, no pudo apelar… el desapareció en un segundo, se había ido.

- ¡KISEKI! – Grito en vano sosteniendo su estomago y ahogándose en el llanto.

El dolor… sentía las cuchillas en su estomago, sentía la agonía dentro, era horrible, tanto que tuvo que caer de rodillas para tratar de aguantarlo. Lloraba y lloraba, pero la calma no regresaba, gritaba, gritaba de dolor, gritos mezclados con llanto la estaban ahogando, pero aun así no podía detenerse, simplemente era imposible.

Creía estarse muriendo. Sí, muriendo.

Muriendo en vida.

Él se había ido…

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Capitulo 75: Presentimientos.

Las nubes estaban más negras que nunca y la lluvia parecía no tener hora de parada, Kiseki estaba al lado del camino, nuevamente descargando su rabia contra la corteza de un árbol, apretando los puños y los dientes deseando que todo este problema desapareciera. Hace unos minutos había decidido simplemente desaparecer, no decir nada ya que si decía adiós no creía poder aguantarlo, si lo hacía la vería mal por su culpa, por eso había preferido huir y no ver su reacción, pero aun así no había conseguido llegar muy lejos, tuvo que detenerse, algo lo hacía querer detenerse, nuevamente estaban las mismas dudas, el ¿Qué hacer? Retumbaba como bomba en su cabeza. Otra vez golpeaba enrabiado la corteza para luego mirar el camino de regreso y luego el de marcha, dos caminos con pros y contras, y cualquiera que tomase podía lastimar a la persona que amaba.

Arriesgarse… arriesgarse a regresar y que la mínima posibilidad de que lo peor no ocurriera y el eternamente pudiera cumplirse, pero ¿Y si eso no ocurría? Si de todas formas la mínima posibilidad no se hacía presente… ¿Era correcto arriesgar tanto?

Definitivamente la lluvia no ayudaba a solucionar su problema…

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Había dejado de llorar, había dejado de gritar, pero el dolor en su estomago no cesaba, había llorado tanto que creía que nunca podría volver a hacerlo. Su cuerpo temblaba ligeramente por el frío, estaba totalmente empapada y aun así los deseos de ponerse de pie no regresaban, su vista estaba fija en el suelo preguntándose qué sería de ella ahora.

- Kiseki - susurraba una que otra vez llamándolo en la soledad.

El frío llego a tanto que se hizo insoportable, con suma dificultad y con el peso de la perdida a cuestas trató de levantarse, se veía perdida con los ojos hinchados y pálida, se quedo quieta por unos momentos preocupada de mirar al anochecido horizonte, aquel horizonte que le había quitado al hombre amado, desvió la mirada y se volteo.

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- Cuando pienso en la situación, odio saber que hay alguien en el mundo que me conoce tanto como para saber mis pensamientos, para saber lo que hay dentro de mi, me siento perseguido, incomodo, no me gusta la idea de que alguien me conozca tanto, pero… - Suavizo su voz y su mirada.

- ¿Pero qué?

- Pero cuando pienso que esa persona eres tú… Siento algo que no debería ser… En vez de enfurecerme y ponerme como un loco, siento que la idea me agrada, que hasta me hace feliz, y, me enfurezco por sentirme bien… - Kagome guardo silencio, sabía que por más que le insistiera lo contrario nada lo sacaría de su idea - ¿Qué me has hecho? - Pronuncio el youkai en un triste susurro. Palabras que no dejaron de sorprender a la chica.

El silencio reino entre los dos, no sabían qué más poder decirse, no había qué decirse. Kiseki comenzó a acercársele con timidez poniendo una de sus manos en el rostro de la chica para acariciarlo, pronto estaban ambas manos en el rostro de ella. El chico se le acercaba con lentitud, ella lo notó, pero no pudo detenerlo por más que creyó que era lo más correcto, más bien, no quiso hacerlo. El chico la seguía observando tiernamente hasta el momento en que topo sus labios con los de ella, la cual no tardo en corresponderle. Aquel beso fue diferente a cualquier otro que se hubiesen dado en el pasado, no había sido rápido como aquel que le había dado el chico para sorprenderla y salvarla de un mal espíritu o el que ella le había dado por la alegría de verlo con vida, tampoco había sido un beso conformista como el que le había dado él para que dejase sus lagrimas atrás o aquel beso lleno de ira que le había dado al confesarle lo que el creía un sentimiento no deseado, era uno que tomaba su tiempo, que se dejaba sentir, lleno de sentimientos, de ternura, amor… era algo que Kagome jamás pensó que se podía expresar a través de un beso, por un momento se sintió en las nubes.

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(The scientist - Coldplay)

El recuerdo la remeció cruelmente…

Aquello había ocurrido hace algún tiempo en aquel acantilado donde lucharon contra las grandes aves monstruo para defender la aldea de Aya. Llevo sus dedos hasta sus labios volviéndole a la memoria el dulce sabor de aquel beso, no pudo evitar sonreír ligeramente para luego borrar por completo cualquier rastro de felicidad en su rostro al recordar que el chico había desaparecido para siempre. Su brazo cayó de forma pesada decidiendo olvidar aquel recuerdo que sólo le traía amargura por la ausencia. Sus pies se movieron casi arrastrando hasta las escaleras del templo, decidió pasar el resto de la noche ahí o al menos hasta que durase la llovizna, ya que de todas maneras no creía poder dormir. Dio un hondo y doloroso suspiro antes de subir cada escalón de manera resignada, finalmente en el último de ellos antes de que pudiera poner un pie dentro del templo algo la detuvo.

- ¡Kagome!

El sonido entro melodiosamente por sus oídos causando que su respiración se detuviera por un segundo para luego continuar normalmente al suponer que aquel dulce sonido había sido producto de su imaginación y el deseo de volver a oírlo. Retomo la idea de entrar en el templo para ser detenida nuevamente por el dulce sonido… dos veces, la había detenido dos veces. Sentía que la probabilidad de que esa voz no fuese más que una simple ilusión era mínima, pero algo en ella le gritaba que tuviera fe y creyera, su respiración volvió a detenerse al igual que su cuerpo. Finalmente ahí estaba nuevamente ese dulce sonido…

- ¡Kagome!

Sus piernas temblaron mientras se giraba hacía la voz… no había nada, la lluvia cubría demasiado sin dejarle ver más allá, pero aun así volvió a oírlo.

- ¡Kagome! - Grito su nombre y esta vez se escucho más fuerte que las veces anteriores, todo indicaba que se estaba acercando.

De pronto pudo verlo… a la distancia una silueta se acercaba con paso acelerado, ansioso por llegar, ansioso por verla. Volvió a gritar su nombre una vez más y esta vez la chica pudo ver perfectamente el rostro de quien la buscaba.

- Kiseki… - Susurró antes de derramar unas cuantas lagrimas de felicidad.

No podía creerlo, él estaba ahí, corriendo para encontrarse con ella luego de que había decidido marcharse para siempre ¿Se había arrepentido? No lo sabía, no sabía nada, sólo sabía que él estaba ahí y que de un momento a otro aquello la hizo sentir la mujer más feliz del mundo. No lo pensó más, ni un segundo más, bajo rápidamente los tres escalones y comenzó a correr con todas sus fuerzas para encontrarlo, al ver esto Kiseki supo que ella había sufrido tanto como él esa corta, pero dura separación, que no importaban los segundos que pasaran si eran lejos del otro esos segundos se volverían un completo infierno. Amaban y necesitaban al otro de una manera indescriptible.

Ambos corrían hasta el otro hasta que finalmente chocaron en un apasionado y profundo beso bajo la lluvia. Sus manos buscaban sus cuerpos de una forma desenfrenada, necesitaban sentir que estaban ahí, que era real y que no se desvanecerían de un momento a otro.

Kiseki acarició su rostro y separa sus labios momentáneamente para decir con respiración agitada - por toda la eternidad.

Al escucharlo decir esas palabras no pudo evitar sonreír emocionada a misma vez que repetía - por toda la eternidad - volvieron a besarse sin la más mínima intención de separarse.

La lluvia parecía que los había separado hace unos momentos atrás y ahora era la lluvia quien los reunía nuevamente con la promesa de amarse por la eternidad, el más bello y puro amor que podría ofrecerse a alguna persona y, era de ellos, solamente de ellos y no estarían dispuestos a compartirlo con nadie.

Kiseki tomo en sus brazos a Kagome mientras ella enredaba sus piernas en sus caderas llevándola hasta el templo que habían abandonado hace un rato sin dejar de besarla, simplemente no podía dejar de hacerlo, era algo demasiado embriagador para él, y para ella… Se despojaron de las estorbosas ropas y se permitieron demostrar su amor únicamente con la noche de testigo…

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- ¡¿Dónde te habías metido?! - Interrogo Sango al ver llegar a Inuyasha quien no se veía muy bien - ¡Responde! - Insistió.

- ¿Desde cuando te tengo que estar dando explicaciones?

- ¡Desde que estoy sumamente preocupada por todos!- grito al borde del llanto, esto hizo reaccionar a Inuyasha a hablar con menor brusquedad.

- ¿Qué ha pasado?

- Primero haz desaparecido tu – respondo el monje mientras daba una ligera caricia en la espalda de Sango tratando de calmarla – luego Shii no da señales de vida siendo que sólo iba a dar un paseo por el bosque hace horas y Shippo ha ido a buscarla desde hace un buen rato y aún no aparecen…

- Al menos ya sabemos dónde esta uno de los desaparecidos - comenta la anciana indicando a Inuyasha.

- De seguro sólo andan por ahí y se han quedado en algún lugar protegiéndose de la lluvia, no exageres… - Comentó el hanyou sin animo, aún tenía en mente la conversación que había tenido con Tei.

- ¡No! - Chilló Sango - esta vez es diferente ¡Estoy segura!

- ¡¿Pero que bicho le ha picado?! - Comentó Inuyasha extrañado de la reacción tan sobre protectora de Sango.

- Está nerviosa e imagina cosas… - Contestó el monje.

- ¡No imagino nada! ¡Esto está mal!

- ¡Sí! ¡Definitivamente esta mal que te pongas así de histérica por nada! - Contestó el hanyou.

- ¡No es por nada! - Chilló aun más fuerte.

- Dice que ha tenido un mal presentimiento… - Informo el monje.

- ¿Qué payasadas son esas? - Se burló.

- ¡Ninguna payasada! ¡Lo siento en mí! Estoy segura de que algo muy malo esta por ocurrir – decía mientras temblaba - Inuyasha… Por favor créeme, debemos encontrar a Shippo, esto no esta bien, siento como si este hubiera sido el ultimo buen día que tendremos y que desde ahora todo cambiara…

- ¿Cambiara? ¿A qué te refieres con eso?

- ¡No lo sé Inuyasha! Pero lo siento… - Lo miro directamente a los ojos – algo muy malo va a pasar- sentenció la chica e inmediatamente la imagen de Kagome se vino a la mente del hanyou.

- Tomen algo para cubrirse de la lluvia… - Habló acercándose a la salida.

- ¿Por qué? - Preguntó el monje.

- Saldremos a buscar a Shippo y a Shii… - Dijo finalmente saliendo de la cabaña dejando a un atónito monje.

- ¡Gracias, Inuyasha, gracias! - Chilló Sango poniéndose de pie mientras tomaba todo lo necesario y salía.

Había pasado un buen tiempo desde que se adentraron en el bosque en busca de los dos personajes extraviados, la lluvia ya había finalizado y aún no lograban encontrar nada.

- Maldición, este resiente clima no me deja olfatear bien - se quejo Inuyasha refiriéndose a que no podía encontrar los dos aromas conocidos.

- Inuyasha… - Habló en monje - ¿Qué estuviste haciendo? - Preguntó preocupado por lo que estaba ocurriendo. Sango escuchaba atenta la tardía respuesta del hanyou.

- Estada dando una vuelta por ahí, necesitaba pensar un poco…

- ¿Ha ocurrido algo? - Preguntó la chica mientras él guardaba silencio, por esto decidió insistir más afondo - ¿Ocurrió algo con Kagome?

- ¡Sango! - La reprendió el monje.

- ¡Qué! ¡Sólo quiero saberlo, estos sentimientos me tienen alterada!

- Pero aun así no puedes... - No pudo continuar, Inuyasha lo interrumpió.

- Miroku déjala… - Aquellas palabras dejaron impactados a ambos, incluso Kirara miro atónita desde el hombro de Sango – sí, ocurrió algo con Kagome - continuó diciendo mientras se detenía y los miraba.

- Inuyasha… - El monje estaba anonadado, era demasiado extraño que Inuyasha se animara a hablar con ellos sobre Kagome aún más si tenía esa cara de tristeza.

- ¿Qué fue lo que ocurrió? - Insistió Sango.

- Sango parece que tienes razón- comenzó diciendo mientras ella lo miraba confusa - … Creo que algo terrible esta por pasar…

- Se claro Inuyasha - habló Miroku con seriedad.

- Es Kagome… ¡Ella esta perdida! - Gruño con dolor mientras apretaba los puños y les contaba la visita que le había hecho a Tei.

- ¿Estás seguro…? - Sango no podía creer lo que había escuchado.

- Seguro, me he dado cuenta que todo calza casi perfectamente…

- Esto sí está mal… - Contestó la chica con gesto de dolor.

- Espera, has dicho casi… ¿Entonces hay una posibilidad de que no fuese así?

- No, no es eso, estoy completamente seguro que lo que me contó Tei es verdad, pero…

- ¿Cuál es la duda Inuyasha?

- Kiseki - dijo con firmeza.

- Inuyasha este no es momento para tus celos - se adelanto la exterminadora.

- ¡No es eso! – Respiro hondo, aún asimilaba la verdad y ahora debía aclarar sus ideas a sus amigos- el punto es ¿Qué royo pinta en todo esto él? Digo, esta ayudando a Tei ¿No? Pero…

- ¿Por qué? - Miroku había decidido terminar con la oración.

- ¡Exacto! ¿Por qué?

- ¡Ey! No hablen así, él se ha enamorado de Kagome, de seguro esta sufriendo tanto como nosotros…

- No he dicho que no a eso Sango, pero en un principió eso no era así y quisiera saber que motivos tenía Kiseki para ayudar con una cosa así a Tei.

- Eso es una muy buena pregunta… - Decía el monje pensativo.

- Hay algo que no les he dicho… - Declaró el hanyou.

- ¿Algo que no nos haz dicho? - Preguntó Sango queriendo saber más.

- Si bien al principió sospechaba de Kiseki por su cercanía con Kagome… Luego me di cuenta de que de verdad era un tipo bastante extraño y que no traía nada bueno consigo, no digo que sea un mal tipo, eso lo admito, lo he conocido un poco más últimamente, y bueno, no es malo, pero…

- Kagome - asertó Sango.

- Sí… Supongo que me segué un poco por eso – admitió - el punto es… Que aunque sea un buen tipo y todo, esconde algo, y, cada vez que lo pienso siento que es algo grande, muy grande.

- ¿Qué cosa? - El monje estaba sumamente interesado en el problema.

- Creo que él conocía perfectamente a los ocho inmortales.

- Eso es absurdo Inuyasha – declaró la exterminadora apoyada por Kirara.

- Dejemos que Inuyasha termine con su teoría…

- Creo que los conocía y que esta huyendo de ellos ¡Por eso siempre nos atacan!

- ¡Eso es todavía aún más descabellado! - Interrumpió Sango con sus brazos cruzados.

- ¡No! ¡No lo es! ¡Sólo piénsenlo! – Inuyasha estaba decidido a convencerlos - la primera vez que nos atacaron fue Ts'Ai-Ho manipulando a la serpiente y ¿A quien ataco? ¡A Kiseki! La segunda vez nos atacaron en el pozo, fue Kuo-Chiu con su ogro de arena quien quería impedir que Kagome regresara ¿Por qué? ¡Porque de seguro querían hacer enojar a Kiseki! Y ¿Quién fue quien sabía cómo derrotarlo? ¡Kiseki! Luego en el lago… nos atacó Kou-Lao ¿Y a quien quería? ¡A Kiseki!

- Espérate, en lo ultimo, que yo recuerde nos atacaron a todos… - Comentó Sango.

- Lo mismo pensé yo Sango, pero luego cuando caímos en él agua él…

.-

- ¡¿Dónde está?! - Preguntó el hanyou.

- Ya basta tonto, tú nunca podrías ganarle.

- ¡Jah! Que tu no pudieras no quiere decir que yo tampoco.

- Vaya que sí eres testarudo, no te metas en los asuntos que no te incumben.

- ¡Para tu información nos atacó a todos, lo que quiere decir que sí me incumbe!

- ¿Qué? ¿Acaso además de tonto eres ciego?

- ¡Qué tratas de decirme con eso!

- Pues piensa ¿No?

.-

- ¡¿Inuyasha eso realmente ocurrió?!

- ¡Si te lo estoy contando es porque si! – Gruño - no lo entendí en un principió, pero cuando me di cuenta de que todos los movimientos de Kou-Lao eran para separarnos de Kiseki y para dañarlo a él todo me quedo claro ¡Iban por él! - Luego recordó como Kou-Lao lamento la muerte de Kiseki, aquello era realmente confuso y no lo entendía en lo más mínimo, pero decidió no mencionarlo… - Luego esta el caso que ocurrió después de lo ocurrido en la aldea de Aya, donde atacaron las aves monstruos, donde nos volvieron a separar y volvieron a atacar a Kiseki, pero esta vez fue nuevamente Kuo-Chiu y un nuevo sujeto llamado T'eih-Kuai que cambiaba de forma- parecía estar convenciendo a sus amigos- Luego un día con Kagome seguimos a Kiseki y nos llevo a una extraña torre donde ¡Nuevamente! Aparecen los inmortales Kou-Lao, Ts'Ai-Ho, Kuo-Chiu y una mujer gata de nombre Hsiang-Ku ¡Ellos no sabía que Kagome y yo estábamos ahí! Pero sí sabían que Kiseki estaba ahí, de hecho ¡Nuevamente trataron de atacarlo! Luego cuando fuimos a ver a Kagome aparecieron Tung-Pin y ese lunático agresivo Hsiang-Tzu ¿Y a quien atacaron?

- A Kiseki - dijeron Sango y Miroku al unísono.

- ¿Comprenden mi punto ahora?

- Perfectamente y creo que tienes razón…

- Además, si se supone que Kagome es el Pan-Ku ¿No deberían los inmortales buscarla a ella? Digo… ¿Por qué tener prioridad en Kiseki antes que en el Pan-Ku? - Preguntaba Sango.

- Eso es lo que no entiendo desde que Tei me confeso todo, no tiene sentido…

- A no ser que lo que oculte Kiseki sea tan grande que merezca el interés de los inmortales, digo, quizás sea aún más urgente que la señorita Kagome.

- ¿Pero qué? ¡Qué es! - Gruño Sango.

- Eso es lo que tenemos que averiguar - afirmó el hanyou.

- ¿Chicos? - La voz de Shii interrumpió el tenso ambiente. La cual, por cierto, no había alcanzado a oír nada de las deducciones de Inuyasha.

- ¡Shii! - Chillaron todos.

- ¿Qué estás haciendo aquí? - Preguntó Inuyasha.

- Lo siento, me he perdido - mintió en una mueca.

- ¡¿Y Shippo?! ¡¿No lo haz visto?! ¡Vino a buscarte!

- ¿Shippo? – Negó con la cabeza - no, no lo he visto.

- ¡Andando! ¡Tenemos que encontrarlo! - Dijo Miroku.

- Pero quizás sólo está paseando por ahí y…

- No, Shippo es demasiado cobarde para pasear por estas horas, es demasiado tarde…

- No creen que deberíamos esperar en la cabaña por si…

- ¡No! Además ya estamos lejos, por cierto, tu también estabas bastante lejos… - Comentó la exterminadora.

- Sí, ya he dicho que estaba un poco perdida… - Dijo con una sonrisa tratando de no ser descubierta.

- Eso es lo de menos, ahora debemos encontrar a Shippo - Inuyasha continuó con el paso.

- Maldición - pensaba la rubia.

.-

.-

Tei se encontraba contemplando el lago nocturno mientras mostraba una cara de suma seriedad.

- Tengo un mal presentimiento… - Susurraba apretando los puños - algo no anda bien…

Todos tenían planes y pésimos presentimientos esa noche, pero realmente nadie se imaginaba la magnitud de lo que estaba por pasar, definitivamente aquella noche sería la ultima en calma para muchos.

Todo estaba por cambiar…

.-

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(Bedshaped - Keane)

Esa mañana el sol resplandecía de una forma maravillosa, no habían mayores rastros de la lluvia que unos cuantos charcos en los cuales revoloteaban y cantaban las aves del bosque. Todo estaba en calma, aún en calma… El templo estaba sumergido en el silencio a pesar de que Kagome ya había despertado, no quería moverse, tenía miedo de despertar al joven que se encontraba durmiendo abrasado a su estomago, apenas si se atrevía a respirar por miedo a que el movimiento de esto molestara demasiado a la cabeza durmiente que se apoyaba en él. Tenía la sensación de que cuando él despertara toda la magia acabaría, estaba segura de que en el segundo en que abriera los ojos se arrepentiría de todo lo sucedido y saldría arrancando del lugar sin antes dejar el corazón de la chica hecho pedazos, o que le gritaría una ruma de palabras que ella no podría comprender, como siempre, se iría hecho una furia y de paso no lo volvería a ver en su vida. De pronto sintió que el chico la abraso mientras se acurrucaba aún más, deseo detener el tiempo y quedarse para siempre en ese momento, lastima que aquellas ansias se quebraron cuando los labios de Kiseki se separaron y produjeron el dulce sonido para Kagome.

- Creí que nunca dejaría de llover… - Dijo sin alejarse ni un centímetro de ella.

Kagome creía que quizás aún no lo asimilaba… Algo en ella le apretaba el pecho y le decía que se preparara para lo peor, que él carácter de Kiseki le había enseñado a siempre estar preparada, que de él podía venir cualquier reacción, que él podía destruirlo todo en un segundo.

- Todo está en calma…

- Es porque ha dejado de llover… - Respondió con temor.

- No… No me refería al ambiente, me refería a mi – se aferro más a ella – tu haces que toda mi tormenta se vuelva calma… - Aquello la dejo atónita ¿Acaso aún estaba soñando? ¿Por qué no salía corriendo? ¿Por qué no hacía lo que ella suponía? - Kagome… - Habló en un tono serio - ¿De verdad lo deseas?

- ¿Que si lo deseo?

- La eternidad… - Contestó - toda la eternidad – no necesitaba decir más, con esas simples palabras podían saber exactamente de qué estaban hablando.

- Toda la eternidad… - Repitió ella dulcemente.

El chico sonrío aunque ella no pudo verlo, ya que aún reposaba su cabeza en su estomago – me alegra… Creo poder acostumbrarme a la calma - luego se levanto un poco y se traslado a un lado de Kagome mientras movía las mantas, la miro con una sonrisa y acariciándole el rostro dijo – buenos días…

Sólo en ese momento el sol salió realmente para la miko, aquello quería decir que él se quedaría, se quedaría con ella y lo mejor de todo es que planeaba que fuese para toda la eternidad, sonrío ante el hecho de que toda la vida que había imaginado con él el día anterior podía ser posible, de hecho se encargaría de que así fuese, no lo perdería de ninguna manera.

- Buenos días - respondió antes de acercársele y besarlo suavemente.

- Créeme… es el mejor de todos – contestó volviéndola a abrasar y a besar.

- Te amo - dijeron de forma simultanea para luego mirarse detenidamente. De pronto una idea surgió en el youkai, la idea que creyó que serviría para permanecer con ella para siempre.

- Vámonos… - Susurró.

- ¿Irnos? - Preguntó confundida.

- Sí, vámonos lejos, sólo tú y yo, nadie más.

- Pero… ¿Y Tei? Nosotros lo estábamos ayudando con…

- ¿De verdad quieres estar conmigo?

- Eso no tienes ni que preguntármelo - aseguró.

- Entonces… Esta es la única manera, si nos quedamos para ayudarlo estoy seguro de que no podremos estarlo.

- ¿Por qué lo dices?

- Porque lo sé - aquello lo dijo con tanta seguridad que a la miko no le quedo duda alguna.

- Sólo con una condición…

- ¿Condición? - Aquello no le había agradado del todo.

- Nos despediremos, iremos y nos despediremos de él…

- Pero…

- Por favor, si no fuera por él no sé que sería de mi, le debo demasiado ¡A él le debo conocerte a ti! Tengo que despedirme de él y darle las gracias por todo y disculparme por no poder continuar.

Kiseki dudo, sabía que lo más probable es que Tei no los dejaría marchar, pero si era el deseo de ella… - Está bien, iremos a despedirnos… - Sonrío a misma vez que ella lo hacía.

.-

.-

El camino de regreso fue el más agradable que tuvieron desde que se conocieron, tomados de la mano sonriendo en todo momento mientras hablaban de cosas que no tenían mayor sentido, sintiendo que tenían todo el tiempo del mundo para estar juntos, sintiéndose completos por tener al otro a un lado mirándolo fijamente a los ojos sabiendo que sus pensamientos no tenían cabalidad para caer en otras personas.

Tei se encontraba a un lado del lago cuando se sorprendió al verlos llegar de la mano, no necesito explicación alguna para entender a que se debía eso, frunció el seño y espero que estuvieran frente a él para mostrar su total desacuerdo.

- Tei hemos venido a…

- Kagome, por favor entra a la cueva y déjame a solas con Kiseki - la interrumpió en un tono serio observando al mencionado.

- Pero yo iba a decirte que… - Insistió confundida por su reacción.

- ¡Kagome déjame a solas con Kiseki! - El repentino subir de tono la dejo aún más atónita y un poco molesta.

- Cálmate Tei… - Sugirió Kiseki.

- ¡No seas idiota y no me pidas que me calme! - Gruño.

- ¡Ey! ¡Un momento, no voy a dejar que le hables así!

- ¡Te he dicho que te vayas! - Volvió a ordenar.

- No pienso irme, si tienes algo que decir es mejor que… - Esta vez fue Kiseki quien la interrumpió.

- Kagome, haz lo que él dice - pronunció mirando fijamente a Tei.

- Pero…

- No hay de qué preocuparse - sonrió – es sólo un viejo cascarrabias – luego se le acerco para darle un rápido beso en los labios y susurrarle en el oído - te amo - Kagome miro con desconfianza a Tei para luego volver a mirar a Kiseki quien dice - ve, todo estará bien – tratando de calmarla y asegurándose de que se marchara.

- Está bien… - Accedió rendida y tan pronto como se marcho las miradas de los dos hombre volvieron a chocar subiendo la tensión.

- Debes tener claro qué es lo que pretendo decirte - aseguró Tei.

- Debes tener claro que no me importa - ambos mostraban una enorme seriedad en sus ojos.

- Sabes que tiene que importarte.

- Nos vamos - declaró Kiseki sin tomar en cuenta a Tei - nos vamos a ir lejos de ti y de todos, agrádese que volvimos sólo porque ella quería despedirse de ti, si fuera por mi ya estaríamos a kilómetros de distancia.

- ¡Estás demente, no pueden irse!

- ¡Sí podemos y lo haremos!

- ¿Y qué harás con tu condición? ¡Qué harás cuando ella sepa quien eres realmente!

- Tú no sabes nada acerca de mi condición.

- Sabes perfectamente que lo sé todo - rió.

- Una cosa es creer saberlo todo y otra es saberlo realmente.

- ¿Qué quieres decir?

- ¿En serio crees que Saiyo te ha contado todo? - Rió irónicamente - ella se llevo el secreto a la tumba, nunca le contó a nadie y tú no eres la excepción. Todo lo que sabes de mi no es más que un lindo camuflaje que ella te ha inventado y yo he mantenido.

- Mientes…

- Cree lo que quieras, pero nada me va a impedir que yo me lleve a Kagome de aquí.

Justo en ese momento Kagome había regresado, no encontraba el sentido a marcharse de nuevo a la cueva siendo que habían regresado únicamente para despedirse así que regreso donde ellos, pero al momento de escucharlos hablar se detuvo y procuro no hacer mucho ruido, ya que era evidente que no se habían dado cuenta de su presencia y quería saber qué era lo que ella no podía escuchar.

- No puedes llevártela, ella tiene algo que cumplir, es su destino no puedes arrancarla de él.

- Eso no importa, alguien más podría…

- ¡Nadie más! ¡Ella es la única, es la elegida, ella es el Pan-Ku!

- La amo…

- ¡Prometiste ayudarme! ¡Te advertí que no debía enamorarte de ella!

- ¡Tu también te encariñaste con ella, no me vengas con cuentos!

- ¡Pero yo no soy el imbécil que se enamoro del Pan-Ku! - La conversación había subido de tono.

- ¿Qué quieres que haga? ¡Ya sucedió y punto!

- ¡¿Y crees que ella también te amaría si supiera la verdad?! - Aquellas palabras erizaron los cabellos de la miko ¿Verdad? ¿Qué verdad? – ¡Le mientes todo el tiempo!

- No le miento…

- ¡Pues omites! ¡Y en lo que a mi respecta es otra forma de traición! ¡Sobre ti! ¡Sobre lo que es ella en realidad! ¡No le dices nada y esperas llevártela sin que ella sepa nada! ¡La estas engañando!

- ¡Sólo quiero lo mejor para lo dos!

- ¡Sólo quieres lo más conveniente para ti!

- ¡No, eso no es verdad!

- ¡¿Entonces por qué no se lo dices?!

- ¡Se lo voy a decir, le voy a decir todo sobre mi, sobre ella, pero ahora no! ¡Aún no es el momento!

- ¡¿Piensas que ella se iría contigo si supiera la verdad?!

- Yo...

- ¡No, ella no se iría contigo si la supiera! ¡Y lo sabes! ¡Sabes que si ella supiera que es el Pan-Ku y que desde un principió tu me has ayudado en prepararlo todo para el renacer de todo jamás se iría contigo!

- ¡¿Y qué mierda quieres que le diga?! ¡¿Ey Kagome, apropósito, hay una cosa que no te he dicho, tu eres el Pan-Ku, la persona elegida para salvar a toda la humanidad y de paso cuando termines de hacer el ritual vas a morir, pero aun así quiero que te vayas conmigo?! - Grito en un tono irónico.

- ¿Qué? - La voz hizo que los dos hombres se paralizaran.

(What I've Done – Linkin Park)

No podía creer lo que había oído, no, no, no ¡No! No podía ser verdad, nada de eso podía ser cierto ¿Qué ella era el Pan-Ku? ¿Qué tenía que salvar a la humanidad? ¡¿Qué luego de eso iba a morir?! Y lo que más la estaba afectando en essos momento era lo que había dicho Tei ¡Kiseki lo supo todo ese tiempo! ¡Desde un principio y nunca le dijo nada!

- Kagome… - Kiseki habló con voz temblorosa, quería explicárselo sabía que debía hacerlo, la chica se había enterado de la peor forma posible y si no lo arreglaba ahora todo se saldría de control, pero aun así, sabiendo las consecuencias no podía decir nada, las palabras no salían de sus labios, sabía que se había equivocado, que debió haberle contado todo ese asunto hace tiempo ¡Pero no lo hizo! Y ella tenía todo el derecho de estar enojada por ello.

- Todo este tiempo… - Kagome respiro profundo tratando de no alterarse, pero era imposible - ¡Todo este tiempo! ¡Siempre ha sido una farsa!

- Kagome tienes que entender… - Trataba de aclarar Tei.

- ¿Entender? ¡¿Entender qué?! ¡¿Qué me estaban llevando a la tumba?!

- No Kagome, eso no es así... - Trató de intervenir Kiseki.

- ¡Tu no me hables! ¡Eres el peor de todos, diciéndome que me amas cuando me ocultabas semejante verdad!

- Lo sé y lo siento pero…

- ¡¿Lo sientes?! ¡¿Lo sientes?! ¡¿Cómo me dices algo así?! ¡Sentirlo no es suficiente!

- Kagome, es tu destino, te lo íbamos a contar, pero cuando estuvieras más preparada- interrumpió Tei.

- ¡¿Preparada?! ¡¿Y quien puede estar preparada para saber que tiene que morir?! ¡¿Quien te dijo que era mi destino, que derecho tienes tú de decirme eso?! - Chilló en llantos.

- ¡Kagome por favor cálmate!- la sostuvo Kiseki - te lo vamos a explicar todo.

- ¡No me toques! – Rugió empujándolo - ¡No me vuelvas a tocas en tu vida! ¡¿Cómo demonios se te ocurre no contarme?! ¡¿Cómo dices que me amas no contándomelo?!

- Sé que me equivoque, pero tienes que entender que... - Fue silenciado por una cachetada.

- ¡Cállate! ¡No me hables, no te atrevas a hablarme nunca más en tu vida! ¡Te detesto! ¡¿Cómo me haces esto?! ¡Sólo desearía que desaparecieras, desaparece Kiseki! ¡Esfúmate de la faz de la tierra! - Grito cruelmente antes de salir corriendo hacía el bosque.

Lo que le acababa de decir le había afectado, pero no podía culparla, su reacción era totalmente entendible, se acababa de enterar de demasiadas cosas que le afectaban directamente, era lógico que tuviera esa respuesta.

- De alguna manera tenía que enterarse – Tei trataba de consolarlo.

- Fue la peor…

- Sólo hay que dejar que se calme, luego volverá y podremos explicárselo todo…

Kiseki guardo silencio un momento, sabía que Tei tenía razón, pero no podía dejar las cosas así, tenía el rostro de Kagome al enterarse de todo clavado en su memoria. No podía volver a ver ese rostro, no iba a permitir que Kagome sufriera nuevamente por enterarse de una cruda verdad. Había tomado una decisión.

- ¿Qué haces? - Preguntó Tei deteniéndolo del brazo al ver que se dirigía hacía el bosque.

- Voy a buscarla.

- Te he dicho que lo dejes así, ella volverá - tan pronto Tei termino de hablar Kiseki se voltea a verlo.

- ¿No entiendes? No voy a buscarla para que regrese, voy a ir a contarle toda la verdad, sobre ella y la que tanto a querido saber sobre mi, le contare incluso lo que tu ni siquiera te imaginas. Voy a ir y le contare todo ¡Todo!

- ¿Estás seguro de que...?

- Completamente, es hora de que se entere de todo de una vez por todas, está en todo su derecho… Y si alguna vez ella quiere volver a estar conmigo, es necesario que lo sepa todo… Ahora, si no te importa – término diciendo mirando la mano que sostenía su brazo.

- Suerte… - Contestó Tei a misma vez que lo soltaba.

Tei observo como Kiseki se adentraba en el bosque en busca de la joven miko sin poder evitar que lo embargara la misma sensación de preocupación de la noche anterior, por un segundo quiso detenerlo, sintió que era su obligación, pero no lo hizo, dejo que el destino actuara sobre las piezas del tablero.

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Kiseki corría por entre las ramas de los árboles buscando la dirección por donde se había marchado la chica. Había pensado que sería más fácil encontrarla, pero todo indicaba que ese día Kagome había decidido sacar todas sus dotes atléticas y huir lo más lejos posible de él.

- No importa cuanto se esfuerce, no puede haber llegado suficientemente lejos para que no la encuentre… - Comentó con un hilo de esperanza.

Continuó adentrándose más y más en el bosque y aunque tratase de enfocarse en encontrar a la chica no podía dejar de sentirse observado, se detenía una y otra vez para mirar atentamente hacía todas direcciones para verificar si alguien lo estaba siguiendo, nada, no había nada… continuaba su búsqueda aún con la misma sensación, pero en aumento, ya se encontraba sumergido en la inmensidad del bosque y con la alarmante sensación de estar completamente rodeado, finalmente se detuvo por ultima vez en un árbol, espero y escucho detenidamente... "Crack" el sonido de una delgada rama quebrarse. Sus ojos se abrieron enormemente, finalmente comprendió qué estaba sucediendo.

- ¡Mierda! - Fue lo único que pudo escaparse de su boca.

Había comenzado la huida y la persecución.

Continuara...