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Ramé

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Capítulo 26

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25 de Diciembre de 1862

Querido Sougo:

Me siento muy feliz por esta hermosa Navidad. La primera que paso a tu lado, junto al delicioso aroma a pavo y los sonidos de las campanas y villancicos navideños. La brisa del viento comienza a danzar entre medio de las campanillas que suenan clamando el llamado del ángel. El calor de la chimenea y la cálida unión de nuestras familias me llenan el alma.

Aunque no estoy completamente feliz, Sougo. Si bien, tu compañía me anima bastante, la ausencia de mi madre y mi hermano me deja un profundo vacío.

Papi no hace nada más que mirar por la ventana esperando ver algo que le llame la atención. Sus ojos rasgados me dicen lo mucho que extraña a mami. Puedo escuchar su llanto a través de su mirada. Incluso Eromes se da cuenta, ella exige atención que nunca obtendrá de él. Pero aun así, termina obligándose a seguir con su infeliz vida.

Tomas mi mano al ver hacia donde van mis ojos y comprendes mi acongojo, un apretón me da esa indirecta. Te lo agradecí con una sonrisa antes de seguir con nuestra charla.

Me hablaste de cosas triviales y consultaste mis gustos, cada vez quieres saber más de mí y yo de ti. Pero tu rostro se crispa cuando digo una mentira, ¿Acaso sabes cuándo lo hago?

Joven Okita, lo buscan en la puerta― te sorprendiste al recibir una noticia como esa, ¿Y cómo no hacerlo? Estábamos en vísperas de Navidad, ¿Quién andaría por esas horas en la calle?

Te espere mucho tiempo, bastante, diría yo.

Cuando regresaste no tenías la misma tranquilidad que antes. Te veías decaído y preocupado.

¿Quién era?― Quise saber.

Una amiga― Me respondiste.

Nunca había escuchado de una chica en tu círculo de amigos. Intente volver a preguntar, pero no podía cuestionar tus asuntos. Mire al piso pensando en una manera para preguntarte sin tener que ofenderte, pero…

Es un asunto privado― volviste a decir cerrando la conversación. Ni siquiera me permitiste volver a preguntar. ―Lo siento― te disculpaste al poco tiempo por tu respuesta cortante.

Quería preguntar nuevamente, pero comprendo que no debo meterme. Aun si me siento inquieta y curiosa.

Una hebra color azabache se filtró en tu ropa sin que te dieras cuenta.

Cada vez estoy más preocupada.

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03 de Junio de 1869

Kagura permaneció recostada en su lecho, estaba totalmente agotada. Su esposo se encontraba a su lado, recuperando el aliento después de una excitante sesión de sexo. Se sentían satisfechos de poder desatar sus deseos perversos y su desorbitante amor.

Las sabanas estaban completamente arrugadas, cubriendo lo justo y necesario. El pecho descubierto de Sougo, subía y bajaba mientras sus brazos descansaban a los costados. Kagura estaba boca abajo, dejando ver su espalda cubierta, levemente, por sus cabellos rojizos. Desde la posición del castaño, se podían ver los pechos de Kagura presionados contra el colchón, debía admitir que era una muy buena vista.

La intensidad de sus miradas y la sonrisa que se dedicaban, todo era perfecto para ellos. Kagura recordó el hermoso rubí en su collar, la intensidad con la que su esposo la miraba le recordaba a ese hermoso relicario, donde el mar se sumía en las profundidades del fulgor del fuego.

― Quiero una fotografía familiar― dijo repentinamente mientras se giraba y cubría su torso expuesto con las sábanas blancas.

No fue difícil de deducir sus palabras. Su pedido iba a ese collar que había adquirido como regalo para ella.

― No tengo una de tu madre. No creo que el artista que contrate pueda pintarla en un tamaño tan pequeño― aclaro, pensando que se refería a su progenitora.

Ella rio por su comentario. Sougo no se daba cuenta de lo que realmente le estaba pidiendo.

Acomodando el brazo de él alrededor de su cintura, Kagura lo atrajo hacia ella para que no perdieran el contacto. Gustoso, acepto su invitación sin quejas. Su esposa solía mimarlo de vez en cuando en la intimidad de su habitación.

Unas caricias, besos y varios roces gráciles contra su piel, eran las muestras más grandes de gratitud que ella le daba.

― Quiero una fotografía junto a ti―le sonrió tiernamente― Tu eres mi familia, Sougo― él no pudo evitar contagiarse de esa sonrisa que ella le daba. Su esposa cada día lo alegraba mucho más.

La rodeo con ambos brazos y busco su rostro para poder besarla. Aunque, claro, nunca conto con que la bilis de ella los interrumpiera. El gusto repulsivo en su boca y la merienda de la tarde golpeando contra su garganta, Kagura se alejó instintivamente de Sougo reclamando escapar al baño.

El Okita se sorprendió por esa reacción tan abrupta de ella, pero solo pudo percibir su cuerpo escapar con rapidez de las sabanas de su cama, para después escuchar las arcadas y el sonido de su vomito caer contra el váter.

Preocupado por ella, se levantó de la cama. Con sus pantalones a medio cerrar, camino la distancia entre su cuarto y el baño. Kagura se encontraba arrodillada mientras volvía a vomitar.

― ¿Te encuentras bien?―una estúpida pregunta, pero era lo único que se le ocurrió al encontrarla en tal estado.

Su amada había dejado de descomponerse por el sexo desde que arreglaron sus diferencias. Pensó que eso ya no volvería a suceder, no comprendía las causas de su malestar en esos años pasados y mucho menos en ese mismo presente.

― Sí, creo que me sentó mal el té― murmuro con asco. Kagura podía encontrar el sabor asqueroso de la manzanilla en su boca, mezclado con el olor hediondo al vomito― Ya se me pasara―

Hace mucho que no bebía de esa infusión. La alegría de ver a su hermano y su esposa junto a Sougo, la lleno tanto de dicha que olvido, incluso, la causa de su desprecio por esa bebida caliente.

Volviendo a su habitación, el castaño trajo consigo un vaso de agua para que pudiera enjuagar su boca. Dándole tiempo para que se cepillara los dientes, el Okita se mantuvo al lado de ella, acompañándola hasta que terminara.

― Esto me trae recuerdos― murmuro para sí mismo, aunque la pelirroja consiguió escucharlo.

― Supongo― se levantó del piso con cuidado, ayudada por su esposo que sujetaba su cuerpo con ambas manos evitando que cayera― Solías darme mucho asco en el pasado― dijo burlona― Creo que enterarme de tus andadas con Gin, me provoco arcadas― se mofo de él. Sougo no estaba muy contento con sus palabras.

¿A qué se refería con que le daba asco? Además, volvía a sacar el tema de Sakata y esa supuesta relación clandestina. Frunciendo el ceño, le aclaro su descontento con respecto a su comentario.

― ¿De dónde sacaste esas idioteces?― La ayudo a recostarse en la cama mientras la cubría con las sabanas. Esos tratos de él, sacaban más de una sonrisa de ella.

― Bueno…―lo vio desvestirse nuevamente antes de tomar su lugar a su lado― Es tu culpa, Sougo―se dio vuelta dándole la espalda― Usualmente prefieres perder todo tu tiempo con él y no conmigo― dijo sincera mientras sus celos picaban en su pecho― Siempre tienes que hablar en secreto con él, le pides ayuda a él y compartes gustos con él…―suspiro dolida― Y yo quiero tenerte para mi―

Era cierto que mantenían una relación pasional e intensa dentro de la habitación, pero también era verdad que fuera de las paredes de su alcoba, Sougo no estaba mucho tiempo con ella. Cuando tenía el tiempo suficiente para acompañarla en sus tardes de ocio, ese idiota de la permanente aparecía para interrumpirlos y pedir que hablaran en privado. Las quejas de ese hombre iban desde la pasión de sus jefes en la oficina, pasillos u otros lugares donde podrían ser encontrados en pleno acto. Hasta conversaciones cotidianas, como su guerra con las hormigas y las escasas galletas que Otose le dejaba, a propósito, para él.

Aunque habían días que era el mismo Sougo quien pedía para hablar sobre temas económicos. Desde que descubrió que era un letrado, se decidió a explotarlo por el silencio que había mantenido para con él.

No había ninguna relación extraña entre ellos dos. Pero, ahora que la escuchaba, comprendía que ella tenía razón. No estaba siendo justo, el tiempo que tenían era escaso. Decidió que de momento le daría toda la paz que pudiese.

― Kagura―la abrazo brindándole cariño― Lo siento, no hay nada más que temas de trabajo de por medio. No te crees una confusión. Te demuestro siempre que te amo y puedo expresarlo mucho más si eso no te basta. Eres lo más importante para mí. Yo jamás te engañaría con ese idiota, a mí no me gustan los…― sus disculpas murieron cuando la escucho reírse suavemente.

¿Se estaba burlando de él? molesto, la dio vuelta para verla aguantar la risa. Esa esposa que tenía era una mujer molesta.

― Oye, ¿Se puede saber qué haces?―estiro una de sus mejillas reclamando una respuesta decente.

― Lo siento, Sougo―se rio sin tapujos demostrando la gracia que le provocaba― Pero te veías tan lindo tratando de defender tu masculinidad― estirando un poco más su mejilla, desaprobando su argumento.

― De cualquier forma― soltó su rostro dejando a una divertida pelirroja sobándose el rostro― Vamos a dormir― se reclino, dándole la espalda, solo para apagar el candelabro ―Es mejor que descanses y…― su voz se cortó al sentir una deliciosa humedad en su espalda y hombro.

Bajo su mirada y vio las manos de su esposa arañar su torso, mientras sentía la lengua juguetona de ella pasar por su espalada hasta llegar al hombro. Mordiendo su piel, sus manos bajaron mucho más, topándose con un bulto que comenzaba a crecer.

― Veo que no soy la única que no quiere dormir― murmuro divertida contra su piel.

Dándose la vuelta para enfrentarla, acomodo sus manos alrededor de su cuerpo atrapándola debajo de él.

― ¿Tienes ganas de trasnochar otra vez?―pregunto divertido. Tenía tantas ganas como ella de volver a entregarse a la pasión. Pero la imagen de su esposa corriendo, en dirección al baño, no se lo permitía― ¿Segura que estas bien? Hace un momento estabas vomitando― estaba preocupado.

Kagura tenía una pequeña duda con respecto a su malestar. No quería decírselo aun porque no estaba del todo segura. Ni siquiera lo pudo consultar con Nobume la pasada tarde, aquello era un secreto solamente de ella.

La pelirroja creía que no padecía una enfermedad, sino que transitaba una etapa hermosa. No deseaba sacar conjeturas antes de tiempo, requería del informe médico para poder contárselo.

No tenía de que preocuparse.

― Muy bien― le sonrió acariciando el rostro― Mi malestar se fue junto a las arcadas, ahora tengo suficientes energías para pasar la noche―rápida, lo tumbo a un costado quedando ella sobre él― Si quieres, puedo demostrártelo―

Él rio antes de atraerla hacia su cuerpo para besarla.

― Estoy ansioso por verlo, Kagura―

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Hijikata se encontraba en la entrada de la mansión Okita esperando a que la voz de Suzuran levante de su letargo a su cuñado. Pasadas las diez de la mañana, Sougo aún no se encontraba despierto, eso era bastante sorprendente. Le recordó a su etapa de niño, donde el castaño no se levantaba hasta el mediodía.

Desde que se había casado, incluso mucho antes, cuando comenzó una relación estrecha con Tokugawa Soyo, Sougo había dejado de dormir tantas horas. Prefería levantarse temprano y escapar de sus obligaciones, primero de su compromiso y luego de su matrimonio.

Bajando por la escalinata, mientras soltaba un sonoro bostezo sin ningún miramiento, Hijikata sonrió al encontrarse con el idiota niño Okita Sougo. Había vuelto a ser un despreocupado, un dichoso y feliz despreocupado.

― ¿Qué ocurre, Hijikata? Aún es temprano para ir a trabajar―miro su reloj de bolsillo secando las lágrimas de su bostezo.

Toshi se rio de su comentario tan fuera de lugar.

― Eres un mocoso despreocupado― musito con una sonrisa. Verdaderamente, no podía dejar de recordarlo a como era en el pasado― Hoy es tu día libre― el más joven lo miro con la boca abierta. No lo había recordado.

Incluso, la noche pasada, termino lo más rápido que pudo con su amada solo por su trabajo. Se maldecía por no haber continuado un poco más.

― Entonces, ¿A qué se debe tu visita?―

¿Una razón? No tenía una en específico. Los días en la empresa Kondo eran muy tranquilos, incluso encontraba al joven Okita disfrutando de su trabajo. Nadie podría creer que ese mismo sujeto, semanas atrás tenia ojeras de tanto trabajar y arrastraba su cuerpo con muchísima pesadez hasta la empresa.

Los cambios en su personalidad y humor eran notorios, por eso decidió verlo en su hogar, el sitio que más lo fastidiaba. Todavía estaban las imágenes de un castaño que prefería mantener más tiempo al lado de su padre que en la comodidad de su hogar. El Sougo que estaba delante de él contrastaba demasiado con el chico de hace unos años atrás.

― Haz cambiado― musito.

Pensó que lo ignoraría o se haría el desentendido, pero grande fue su sorpresa cuando lo vio ensanchar su sonrisa.

― Soy feliz― realmente no se esperaba ese tipo de respuesta de su parte.

― Lo noto― acepto tranquilo prendiendo su pipa.

Hijikata no estaba preparado para algo así, pero el abrazo angelical de Mitsuba sobre su espalda, esa calidez que solo ella podía transmitirle, lo hizo sentir una paz absoluta. No había nadie detrás de él, pero estaba casi seguro que ella sonreía gratamente por la felicidad de su hermano. Y si ella era feliz, él también lo era.

― Joven Okita, la joven Kagura aún no despierta― Suzuran apareció en escena bajando las escalinatas. Esa anciana era como una madre para ellos. Severa pero con una delicadeza que te hacia obedecerla sin llegar a enojarla.

― Déjala por hoy, ayer tuvo muchos problemas…― de repente sus ojos dejaron esa alegría al rememorar las palabras de Gintoki y Shinpachi. Su asqueroso padre había intentado abusar de su esposa ― Por cierto, Hijikata…― se giró sobre su eje para enfrentarlo unos momentos― ¿Estas libre hoy?―

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Kagura había descansado muy bien, se sentía con bastantes energías. No quería ver la hora porque imaginaba que sería tarde, solo esperaba que Sougo aún no se hubiese ido a trabajar, a ella le gustaba despedirse de él.

Se vistió tranquilamente. Escucho las voces de Gin y Shinpachi junto a Otose mientras hablaban de una mezcla extraña, iban desde las plagas del jardín hasta las delicias que la cocinera de la mansión hacía.

Termino de vestirse y abrió la puerta para salir de su alcoba.

Sougo no era un hombre muy ruidoso, así que no espero escucharlo desde su habitación matrimonial. Tal vez estaba encerrado en su oficina arreglando sus papeles, o en el jardín riéndose de las desgracias de sus jardineros.

En pleno camino, sin llegar a las escaleras, Kagura se topó con su mayordomo. El anciano le dio una noticia que no se esperaba.

― Lo siento, pero el joven Sougo salió junto al señor Hijikata― Jiiya le dio la, no tan grata, noticia de su partida ―Me dijo que el día de hoy no iría a la empresa, pero tenía unos asuntos pendientes que resolver. Volverá temprano, al menos eso espera él―

Si no trabajaba, ¿A dónde pudo haber ido? No esperaba que se fuera sin avisar y mucho menos sin obligaciones de por medio. Pensó que después de su plática, durante la noche, aprovecharía para estar junto a ella.

Pensativa, dejo al anciano con sus deberes mientras seguía su ruta hasta el jardín. La luz brillante la encandilo demasiado, tuvo que desviar la mirada del horizonte para no enceguecerse.

― Vaya, al fin te despiertas― la voz de Gin era inconfundible. Aun si no lo veía directamente pudo sonreír por ese comentario mordaz.

― Gin, se mas educado― lo regaño la maternal voz de Shinpachi― Buenos días, señora Okita― consiguiendo un poco de nitidez los encontró cerca de las flores de su madre, regando las hermosas flores de la mansión― ¿Durmió bien?―

Sakata enarco una ceja, ¿Enserio se lo estaba preguntando?

― Esa no es una pregunta para quien pasa la noche en vela, Shinpachi― aunque… si lo pensaba bien, ese cuestionamiento que hizo podría significar que su pequeño era más inocente que los ángeles. Acaricio su cabeza con cariño, como si le dijera a su can que era un buen niño ― Tu pureza me encandila― el joven jardinero tomo ese comentario como una burla de su parte y comenzó una discusión.

Kagura los observo en silencio. Ella nunca hubiese pensado que después de unos cuantos años de sufrimiento se vería recompensada de esta forma.

Años atrás tenía a su abuela detrás suyo, marcando sus errores y omitiendo sus aciertos. Recordándole su procedencia, que era hija bastarda de su padre, que gracias a ella y a la benevolencia de Eromes estaba allí.

Parecían siglos, los que pasaron, cuando rememoraba el dolor y el odio que albergaba en su marchito corazón. La tristeza se disipo y el odio floreció en paz y alegría. Ella no era la misma de hace años y su esposo tampoco lo era.

Sus amigos y conocidos influyeron gratamente en su camino, pero terminaron siendo ellos quienes tomaron las decisiones finales. Kagura estaba más que satisfecha con su vida.

Todavía sentía el apoyo de las tres personas que aprecio y amo, pero que ahora no se hallaban a su lado. El maternal tacto de su madre, la comprensión en la mano de Mitsuba y los pequeños deditos del hijo que jamás conoció.

¿En algún momento sería capaz de confesarle aquello a Sougo?

Estaba perdida en sus pensamientos, nublándose de sus memorias, recordando sus pérdidas cuando el paisaje comenzó a tornarse extraño. Las voces a su alrededor se convirtieron en eco y las siluetas dejaron de serlo para convertirse en una bruma sin forma y oscura.

― ¡Kagura!― El grito de Gintoki se escuchó fuerte y claro.

Recostada en el sofá, la pelirroja comenzó a ver los rostros preocupados a su alrededor, ¿Qué había pasado?

― ¿Te encuentras bien?― Shinpachi ayudo a levantarla mientras entregaba un vaso de agua― Te desmayaste en medio del jardín― explico los hechos.

Tratando de comprender lo que ocurría, ella se tomó unos segundos antes de emitir una palabra. Sus dudas crecían.

Otose se acercó junto a Catherine, traían una vianda con varios bocadillos. Lo primero que pensaron era que a falta de alimentos había sufrido un desmayo. A esas horas la chica solía comer su almuerzo, pero su desvelo retraso su alimentación, aun no tomaba su desayuno.

― Debes alimentarte bien―regaño levemente Otose.

Kagura se lo agradeció con una sonrisa y ´´Lo siento´´ de su parte.

― En unos momentos saldrá el cochero― aviso Jiiya― Traeremos al doctor para que la revise, así que descanse― pidió el anciano.

Mordiendo una galleta con desgana siguió sumida en sus propios pensamientos ¿Y si era lo que ella pensaba?, ¿Y si estaba en lo cierto? Sus labios se curvaron ansiosos de buscar una respuesta.

Recuperando de apoco las energías, la esposa del Okita se decidió a tomar cartas en el asunto.

― No se preocupen― ¿Quedarse esperando? Jamás, ella ira en busca de una respuesta― Detén al cochero, por favor― su pedido dejo sorprendido a todos.

― Pero necesita atención medica― respondió descreído Jiiya. Esa niña, porque a sus ojos aún seguía siendo una niña, no comprendía la seriedad del asunto. Sin saber la causa de su desmayo, necesitaban ayuda profesional.

Y ella lo sabía. Kagura no quería esperar al doctor en su mansión. No sabía cuándo, su esposo, podría volver. No es como si tuviera un horario fijo. Ella tenía la sospecha de que se trataba su ´´malestar´´ y no quería esperar la noticia allí, con la probabilidad de que Sougo llegue antes. Prefería ir hasta el centro médico y sacarse sus dudas. Quería ser ella quien le dé la noticia, si es que sus sospechas eran acertadas.

― Lo sé―acepto tranquilamente― Shinpachi y Gin me acompañaran a ver al doctor― tomo unas galletas para el viaje― Ni una palabra de esto a Sougo, ¿Entendido?― pidió risueña mientras sus empleados asentían en conjunto.

Para Otose y Suzuran no fue difícil deducir la causa de su emoción, era Jiiya quien estaba completamente extrañado ¿Desde cuándo ir al médico sacaba una sonrisa? Se preguntaba. Shinpachi y Sakata estaban en una situación muy similar a la del anciano. Ninguno comprendió esa alegría de la pelirroja. Los jardineros pensaron que se golpeó muy fuerte la cabeza, cuando cayó desmayada, o que la demencia toco a su puerta.

― Hombres― musitaron resignadas en conjunto, Otose y Suzuran, al verlos confusos por las acciones de su señora. Catherine solo se rio de esos tres pobres idiotas, por no comprender la situación. Era muy obvio para no poder darse cuenta.

Tomando su sombrilla, salió de la mansión con sus dos ´´guardaespaldas´´ en dirección al centro médico. La intriga la mataba, solo esperaba que sus sospechas sean verdad y no una simple ilusión creada por su añoranza.

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Para el castaño no fue sencillo su día. Si bien, no había tenido horas laborales, tuvo que moverse por todo Londres para conseguir los dichos documentos que lo llevarían a ejecutar su plan.

En compañía de Hijikata, partió rápidamente hasta la mansión Yamazaki. Ubicada a las afueras de la ciudad, su querida madre descansaba en su cómoda hamaca. No quería molestarla con temas del pasado, traumas que su asqueroso progenitor le causo. Fue directamente a hablar con su primo acerca de las cartas que ella había encontrado.

― ¿Las tienes?― pregunto al joven, tiernamente apodado, Zaki.

Las cartas de las que Sougo hablaba tenían que ver con las amantes de su padre. Eran mujeres más jóvenes que, durante la flor de su juventud, mandaban cartas poéticas, románticas y eróticas a Takahiro.

― La abuela las tiene archivadas― explico el joven― Nunca quiso crear mas revuelo con aquel asunto― explico dudoso― Sabes que ´´El qué dirán´´ es lo que importa―

Lo comprendía, pero en ese preciso momento necesitaba de esas cartas para demostrar la culpabilidad de su padre. Exponer lo libidinoso que era delante de la sociedad ´´Puritana´´ era lo peor que podría ocurrirle. Estaba decidido a hundirlo por su atrevimiento con la mujer que más amaba.

Hijikata se mantuvo en silencio mientras escuchaba el relato del castaño. Escuchar la causa de sus intenciones hizo comprender a Sagaru que debían hacer algo al respecto. Tomando esos sobres partieron nuevamente en busca de otro testigo.

― ¿Que planeas hacer con todo esto?, ¿Realmente lo demandaras?― pregunto, no tenía mucha fe de que algo así pudiese ocurrir. Ese hombre era poderoso, fácilmente podría mover algunos hilos y salir ileso de todo ese embrollo.

― Hijikata, hace tiempo que no estas al día en los temas económico ¿Verdad?―pregunto seguro de sus palabras― La empresa Okita está en descenso, pronto caerá junto con otras mal gestionadas― explico tranquilo asombrando a su acompañante― Sus amistades poco querrán hacer algo. El viejo se descuidó y… no dudo en hundirlo― mostrando sus dientes le dio la clara indicación de que seguiría con su plan sin detenerse.

Encarcelado era un sueño muy grande para él. Se conformaría con destruirlo socialmente y terminar de cortar sus contactos con la cúpula eclesiástica y la corona.

― Además…―volvió a retomar la palabra― Se lo merece. Él se metió con muchas personas― recordó el día del incidente con Matako― Y ahora se atrevió a acercarse a Kagura―

Si le preguntaran al Okita Sougo del pasado, solo diría que no lo soportaba, pero que ansiaba mucho su aprobación. Quería que lo mirara directamente sin darle la espalda, una muestra de afecto de su parte. Ahora no podía mirarlo sin sentir asco, esas ansias de ser aceptado habían muerto y solo quedaba la mismísima nada. Para él, Takahiro era igual que una insulsa roca, donde antes buscaba su cariño ahora no sentía ninguna emoción por él.

― La quieres― afirmo con una sonrisa ― Siempre esperaste por tu padre y ahora eres capaz de enfrentarlo por ella― recordaba las muchas veces que ese chico se aguantaba su desprecio por esperar una mísera sonrisa. Los puños cerrados y la mirada llena de impotencia junto a sus lamentos silenciados le decían más de lo que quería saber, Sougo nunca le haría frente aunque quisiera.

Aunque nunca pudo estar más equivocado.

Con la denuncia de Takasugi, diez años atrás, y Matako, estaban preparados para enfrentarse al dueño de la empresa Okita.

― ¿A qué se debe tu visita?― pregunto ese viejo, en cuanto llegaron a su despacho, sin un ápice de culpa o pudor por lo que su hijo pudiera saber. Confiado de que él no le haría nada siguió con sus asuntos, firmando y apilando sus papeles sin mayores problemas ― ¿Vuelves a mí, para implorar tu reinserción?― se mofo victorioso― Seré piadoso, te devolveré el puesto que tenías, solo que tendrás trabajo extra hasta pagar el tiempo que estuviste ausente. Pero no lo hare contigo, Hijikata―señalo al esposo de su hija― Lo lamento por la memoria de Mitsuba― se mofo sin más, aun si hablaba de su difunta niña.

― Toma― entrego en mano un sobre, ignorando todo el monologo que solto.

Aceptando dudoso el sobre, lo miro severo al ver que no tenía nada escrito a su alrededor, ¿De qué se trataba?

― ¿A qué viene esto?― pregunto abriendo la carta sin despegar su mirada severa de su hijo― ¿Una carta de recomendación?― volvió a cuestionar sin conseguir una respuesta a sus dudas― Te dije que tendrías el mismo puesto de…― quedo en silencio al desplegar su contenido ― ¿Qué significa esto?― el sello al final de la hoja era sinónimo de severos problemas.

― Es una demanda―aclaro lo obvio mientras explayaba una gratificante sonrisa― Teniendo a Hijikata de testigo, Okita Takahiro quedas notificado. Te espero en el juzgado―

El ambiente se volvió denso. La tensión entre padre e hijo no se diseminaba y los ojos enfurecidos y severos del anciano no se alejaban del joven Sougo. Sintiendo la victoria en su paladar, el castaño se reclino divertido en su asiento. La satisfacción de verlo enfurecido era tan grande que no podía dejar de sonreír.

Takahiro no lo creía absolutamente. Su estúpido hijo, el niño mimado de su madre que solo recolectaba fracasos y caminaba lento detrás de él, mirándolo con desdén y reproches, ¿Ese mocoso lo estaba demandando? Comenzó a reírse de lo estúpido que sonaba todo aquello.

― ¿Me demandaste?― pregunto irónico ― ¿Eres capaz de hundir a tu padre junto con la empresa familiar?, ¿Quieres enterrar por siempre el legado Okita solo por un simple capricho?― estaba perdiendo la cabeza, esa situación le resultaba cómica y absurda, ¿Quién intentaría hacer algo así? Solo su incompetente hijo. Golpeo el escritorio antes de comenzar a llenarse de ira, su humor cambiaba drásticamente ― ¿Sabes lo influyente que soy?― grito iracundo.

― Mis intenciones no son hundir el legado Okita, eso se hundirá por tus propias acciones― lo miro serio sin sentirse perturbado por la actitud tan fuera de sí de su padre― Mi única intención es contigo―apoyo su índice sobre su pecho haciendo presión― Si gano o pierdo no me importa mucho, la prensa tiene sumo interés en este caso. Me basta con saber que será un completo escandalo donde se manchara tu buen nombre―

¿Hablaba enserio?, ¿Planeaba destruirlo como hombre? El repudio social era lo más temido en su época. La reina y la pequeña masa de adinerados de la alta sociedad despreciaban a aquellos que eran manchados por las palabras punzantes del desprecio. ¿Podía defenderse? Claro que podía, pero la sonrisa de su hijo demostraba que tenía lo necesario para destruirlo.

Sintió miedo de caer en el rechazo, tanto que estaba al borde de la locura.

― ¿Por qué?―musito angustiado mientras bajaba la cabeza.

Sougo tomo sus cosas y estaba preparado para marcharse junto a Hijikata.

― ¿Realmente lo preguntas?―era estúpido creer que no se daba cuenta de lo que hacía ― Mamá, Matako y…―mordió sus labios antes de que el fastidio y el asco lo inunden― Kagura―

Fue ese último nombre el cual le saco una sonrisa. ¿Tanto por eso?

― ¿Armaras todo este embrollo contra tu padre por esa mujerzuela?― se rio abruptamente. Sougo lo advirtió con la mirada, pero Takahiro se relamió pensando en lo herido que podría dejarlo ― ¿Tanto placer te da para que te vayas contra tu padre? Si es así deberías de compartir un poco de lo que disfrutas― comento lascivo.

Sougo se hartó de escucharlo e impulsivamente lo tomo del cuello de la camisa chocándolo contra la pared. Lo golpearía aunque fuese lo último que hiciera.

― ¡No se te ocurra volver a decir eso!― amenazo tratando de calmar sus impulsos.

― Sougo, cálmate― la voz de Hijikata y su mano en el hombro llegaban a calmarlo bastante. Pero no lograba soltar a su decrepito progenitor.

― Es una pena que hubiesen llegado esos tipo― lo estaba provocando, Toshi lo sabía― De lo contrario podríamos tener una conversación de lo buena que es―

No lo aguanto, quería callarlo de una maldita vez. Tomando todo el impulso que tenía presiono su puño derecho con fuerza dispuesto a golpearlo. Sacándole el aire, el impacto contra su estómago lo dejo tirado en el piso.

― Sougo, te estaba provocando, con esto puede contrademandar― lo recrimino Hijikata.

― No lo hará― la sonrisa satisfactoria de su padre quedo estática antes de que su hijo se acuclillara a un costado de su cuerpo.

― ¿Crees que por ser mi hijo no te demandare? Acabas de golpearme― volvió a reír.

― ¿Y tú sabes que Mitsuba no es mi única hermana mayor?― tanto su acompañante como el dueño de la empresa Okita quedaron enmudecidos por sus palabras― Y tampoco soy el segundo, ni el ultimo de tus hijos― esta vez era Sougo quien disfrutaba de la situación― Demándame y traeré a las mujeres que dejaste embarazadas durante tu matrimonio con mamá. Mientras yo pago una suma importante por ese golpe que te di, tu terminaras haciéndote cargo de los hijos que dejaste tirados por ahí, maldito viejo―

Las cartas fueron de mucha utilidad, dentro tenían varios datos importantes. No se sorprendió de los reclamos por paternidad que había entre esas hojas, ni de los innumerables comentarios acerca de sus hijos bastardos.

Takahiro acepto su derrota dejándolos partir delas instalaciones.

Al llegar a su hogar, después de despedirse de Hijikata, su reloj marcaba las cinco cuarenta. Había perdido toda la tarde por aquel asunto de su padre pero, al menos, Kagura no tendría de que preocuparse. Su esposa podría estar tranquila y él también.

― Joven Sougo―saludo Suzuran al verlo― Me temo que la Joven Kagura salió a pasear con Gintoki y Shinpachi, seguramente no tardaran en regresar― un bufido se escapó de su boca. Lo que más ansiaba al entrar a su mansión era verla, ¿A dónde pudo haber ido?― Me dijo que pasarían a comprar un poco de veneno, las hormigas son todo un problema― miro con aburrimiento la sala y se dejó caer en ese mullido sofá amplio que su esposa usaba con frecuencia.

― Entendido, gracias por avisarme. Me encargare de recibirla―

Con los pasos de Jiiya alejarse de la sala, Sougo aflojo su corbata y desabotono los primeros botones de su camisa. Estaba ansioso por que ella llegara. Verla entrar, ser él mismo quien la reciba a ella, y no al revés. Conversar de cualquier tema, reír por las acciones del otro, o enojarse con los comentarios ácidos que se soltaban muy de vez en cuando.

´´― Tu eres mi familia, Sougo―´´ las palabras de Kagura resonaron en su cabeza. Para ella, él era parte de la nueva familia que estaban formando. Esas palabras resultaron tan gratas para él. La amaba y ella a él.

Se imaginó unos años más adelante, él caminando en dirección al jardín con la luz del sol encegueciéndolo. La voz de Suzuran dándole la bienvenida al lado de Jiiya. El olor a las tartas y galletas que Otose horneaba. Se imaginó a Catherine arrastrando las bandejas para la merienda, con varias tazas de té y muchos bocadillos.

Gintoki y Shinpachi estaban peleando como siempre y el sonido cantarín de las risas de unos niños resonaba en las instalaciones. Uno de ellos lo llamo ´´Papi´´ mientras los otros dos usaban la respetuosa palabra de ´´Padre´´. Una reconfortante calidez lo inundo, encontrando más de lo que había soñado.

Sougo, llegaste― la hermosa voz de su esposa atrajo su atención.

Con una sonrisa maternal y tranquilizadora lo saludo al momento que él se acercaba de igual manera. Sin importarles los ojos curiosos que los viesen, se entregaron un beso de bienvenida.

Al abrir los ojos solo encontró una sala vacía y muchos libros en la estantería. Aun si el ambiente se encontraba tan apagado en comparación con su fantasía, Sougo sonrió. Algún día esperaba tener una gran familia con ella. Un hijo o una hija, no importaba, solo quería ver un pequeño con los rasgos de su madre diciéndole ´´papi´´.

El toc-toc de la aldaba lo trajo, completamente, a la tierra. ´´Kagura´´ fue lo primero que cruzo por su cabeza cuando se aproximó al recibidor. El castaño esperaba encontrarse con los azulados ojos de su esposa, su pelirroja cabellera, su piel pálida y suave, y su hermosa sonrisa. Pero no se encontró con ella exactamente.

― Me alegra poder verte de nuevo, Sougo― ahí, parada en la entrada de su mansión estaba su antigua amiga. Esa chica de la que creyó estar enamorado, Hongou Soyo ― ¿Puedo pasar? Quisiera hablar contigo― pidió la chica con una sonrisa angelical.

― Lo siento, pero…― dudo.

Para Sougo, su esposa era ignorante de su situación sentimental del pasado con esa mujer, y verdaderamente no quería crear una confusión. Estaban muy bien como para tirar todo por la borda. Pero… por otro lado estaba la culpa que tenía al no aclarar que ese amor que sentía por ella no existía. Sin saber que hacer flaqueo en su decisión.

― Sera solo un minuto―rogo con sus manos en la puerta― Veras, es sobre Hisashi― una mueca de dolor y acongojo se posó en su semblante, e hizo dudar de su elección.

― Solo un minuto―aclaro aun dudoso. Disculpándose por su trato.

El aprecio por ella aún estaba, pero no era igual que el que ella creía. No la amaba, para el castaño, era una simple amiga de la infancia.

La sala no sería una buena elección, los empleados caminaban mucho por allí. Un sitio más silencio que su oficina no existía. Caminando hasta ese lugar, Soyo junto la puerta sin cerrarla del todo y con una sonrisa triunfadora camino cerca de la ventana.

― ¿De que querías hablar?―

― Enviude, Sougo― de perfil, se podía notar la tragedia fingida en su rostro. Él no se dio cuenta de esa pequeña actuación y se disculpó por su pregunta― Era muy amable, un hombre muy honesto― comento. Dio una sutil mirada a los ojos de su amado buscando el dolor y los celos, pero solo encontró la nada misma― Es una pena que haya muerto― presiono con fuerza su puño ahogando la furia que la carcomía.

― Lo siento, Soyo― le dio el pésame correspondiente sin sentirse afecto.

Dolida por su comportamiento, ella se acercó a su cuerpo y coloco una mano en su pecho.

― Aun te amo, Sougo― musito por lo bajo― Soy libre―esta vez no oculto su sonrisa tenue― Podemos ser libres e irnos lejos de aquí…― ella se reclino intentando posar sus labios en los de él, pero fueron precisamente sus manos las que la alejaron de su cometido.

― Estoy casado―aclaro severo― Y no necesito ser libre, porque ya lo soy― no se había esperado ese tipo de rechazo y menos de su parte ―Lamento tu perdida, pero yo no dejare a mi esposa―

Mirando cabizbaja, Hongou Soyo se encontró con la silueta de Kagura en la puerta. La chica acababa de llegar de su salida. Por sus entristecidos ojos, la azabache dedujo que no consiguió escuchar el rechazo que Sougo le había hecho.

Teniendo a su amado de espaldas a la puerta, ajeno al público que tenían en la puerta, Soyo aprovecho la situación para seguir con su insistencia.

― Tú no la amas― aseguro confiada. El joven Okita trato de articular una negación pero ella tapo su boca con sus dedos― Yo lo sé, no necesitas aclararlo― le sonrió con ternura sorprendiendo a Sougo con esa negación que tenía sobre sus verdaderos sentimientos― Podemos irnos y ser libres juntos, Sougo enviude―volvió a decir como si le estuviera poniendo adelante suyo la clave de la felicidad.

― Soyo, yo…― la chica volvió a silenciarlo.

― No necesitas responder ahora mismo, piénsalo―acaricio su rostro con cuidado― Y después me das una respuesta, ¿Si?― dejándolo con la palabra en la boca, la azabache se despidió de él con calma caminando por al lado de Kagura.

― Sougo no te ama―susurro al momento de pasar a su lado, con desprecio y saña.

La pelirroja no sabía cómo tomar aquella escena. ¿Su esposo dudaba?, ¿Realmente estaba dudando?, ¿Acaso sus palabras hacia ella eran…?

― ¿Ocurrió algo?―trato de preguntar sin demostrar el miedo que sentía. ¿Qué sucedía si el volvía al lado de Soyo? Si Sougo le pedía ser libre.

Preocupado por la voz de Kagura a sus espaldas, él se giró encontrándose sorpresivamente con sus azulados ojos.

― Volvieron― era lo único que fue capaz de articular al encontrarse descubierto.

El semblante de ella no ayudaba mucho, ¿Qué había oído?

― Hace unos segundos―mintió― Me cruce con Hongou Soyo en la puerta, ¿Se le ofrecía algo?― trataba de indagar acerca del tema, pero el miedo escalo más peldaños al verlo dudar.

― Nada importante― no estaba preparado para confesarle esa extraña relación que mantuvo con su amiga Soyo durante su compromiso, realmente no estaba en condiciones para hacerlo. Tenía miedo de no ser perdonado, aun si solo los unía una simple declaración y un ilusorio amor, Sougo no quería aclarar esa parte de su vida, al menos aún no. Su relación recién comenzaba a florecer como para traer ese tema a colación.

― Comprendo― las mentiras volvieron a calar en su relación, pero ella no quería resignarse a eso. Aún quedaba la esperanza de que Sougo haya sido sincero con ella y esas palabras nunca fueron vacías. Se negaba a la idea de que él jamás la haya amado― Le preguntare que necesitaba―

Enfrentaría, de una buena vez por todas, ese asunto y cerraría esa etapa para siempre. Así y solo así, podría seguir con su vida al lado de su amado…

― Espera―pero… la mano de él deteniéndola por la muñeca no ayudo mucho a su decisión― No vayas―

Lo sintió como un balde de agua fría. Su mano, agarrándola fuerte, deteniendo su caminata. Sus palabras, pidiendo que esperara, que no era necesario acercarse a ella…

Las memorias se agolparon en su cabeza, su esposo no quería que se acerque a esa mujer. No quería que la lastime, que le haga daño, quería protegerla de ella misma. Su realidad comenzó a mezclarse con la mirada protectora de él durante su boda.

¿Por qué sucedía aquello? Una lagrima broto de sus ojos, el dolor se acrecentó. Kagura volvía a romperse por ese amor que no era para ella. Soltándose de su agarre con fuerza, comenzó a sollozar, ¡Como dolía el rechazo!

― ¿Kagura?―pregunto angustiado cuando una lagrima cayo al suelo.

― ¡Estoy harta!― grito sorprendiéndolo― Me rindo―lo enfrento sin importarle si sus lágrimas se derramaban delante de él. Estaba cansada de toda esa situación. Si nadie más sacaba su bandera de rendición, ella lo haría― Nunca te enamoraras de mí, Sougo, eres libre― tirando su alianza al piso corrió fuera de la oficina.

― ¡Eso no es verdad, Kagura!―su esposa lo encerró dentro de la habitación, cerrando con llave y escapando de él sin dejarle explicar― ¡Kagura, abre! ¡Kaguraaaa!― la angustia lo consumió, ¿Por qué todo estaba desmoronándose?

No había nada más que hacer, ella ya estaba fuera de la mansión, alejándose de él y de toda esa situación.

Aun si gritaba con todas sus fuerzas, ella no podía escucharlo.

Ella se había ido lejos deseando no volver nunca más.

― ¡KAGURA!―

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Con esto doy inicio a la etapa de drama XD

¿Deberíamos hacer la cuenta regresiva? Solo faltan 7 capítulos más.

Nos leeremos pronto, ¡Bye!