HOLLYWOOD


La traducción es mía. Como siempre, Ariana beteo este capitulo.


"Creo en los besos, en besar mucho. Creo en ser fuerte cuando todo parece que va mal. Creo que las chicas felices son las chicas más lindas. Creo que mañana es otro día y creo en los milagros". -Audrey Hepburn

CAPÍTULO VEINTISEIS

Permanezco de pie sobre la cima de las escaleras, escondida y escucho cuando Edward abre la puerta de enfrente. Aguanto la respiración por un segundo.

–¡Edward, hombre! –dice una perezosa voz masculina… La voz de un extraño.

Suspiro en alivio.

–Brady… ¿Qué estás haciendo aquí?

–La señora Walters me contó que la casa de los Cullen la estaban ocupando. Pensé que serían tus padres, así que quise asomarme y decirles hola. ¡Pero en vez de eso te encuentro a ti! Hombre, no te he visto como en ¡tres años! Amigo, te has puesto más musculoso. Mira eso. Como el jodido Vin Diesel o algo.

–Hey, amigo, te extrañé y todo, pero no es el momento adecuado… –comienza Edward con calma.

–¿Qué? Oh, espera, no estás solo, ¿no es así? ¿Quién es la chica?

–Alguien que mis padres desconocen, así que apreciaría que te guardaras eso de que estuve aquí la próxima vez que hables con ellos.

–Hecho –el chico dice, arrastrando las palabras–. Así que… ¿puedo conocerla o qué? Vamos, hermano. Esta noche es víspera de Año Nuevo. Tienes que llevarla a algún lugar. Salgamos juntos. Mi chica y yo vamos a ir al Sunset Lounge. Ven con nosotros.

–Realmente no creo que…

–Tú nunca le dices que no a una fiesta. ¿Qué pasa? Esta chica debe traerte loco o algo. Vamos, ¡no te he visto en siglos!

–Brady, realmente no creo que sea una buena idea…

–¿Por qué? ¿Qué pasa?

Escucho a Edward suspirar… Un suspiro familiar de cansancio.

–No lo sé. Es solo que no creo que ella quiera salir esta noche. Le prometí que solo seriamos nosotros dos…

–Eso es una porquería, amigo. Sé que me estás mintiendo. Eso no ha cambiado mucho.

–Bien –Edward cede con brusquedad–. Iré a preguntarle.

–Genial. Esperaré.

–¡Dios santo! Olvidé cuán jodidamente fastidioso eres –dice Edward, pero puedo sentir que está sonriendo un poco.

–Uh, uh. Solo ve a preguntarle a la chica que te trae loco si puedes salir esta noche.

Edward resopla, y un momento después él está arriba de las escaleras, tomándome del brazo, arrastrándome en silencio hasta la habitación. Él cierra la puerta detrás de nosotros.

–¿Escuchaste todo eso?

Asiento con la cabeza.

Las manos de Edward corren por su rostro

–Dime que no quieres ir.

–Creo que deberíamos –contesto, cruzándome de brazos.

–¿Qué?

–Si estás tan listo para escapar y estar conmigo tan abiertamente, vamos.

–Esto es diferente.

–¿Por qué es diferente, Edward?

–Él me conoce. Él conoce a mis padres.

–¿Y crees que si nos mudamos a algún otro lugar, mágicamente podrás evitar para siempre a tus padres? ¿Crees que ellos nunca querrán visitarte? ¿Crees que nunca más hablarás con ellos? ¿Qué tal si, en algún futuro, nos casamos o algo? Entonces tendrás que decirle a la gente que conoces. Esto no es diferente.

La nariz de Edward se dilata. Su barbilla se contrae. Pero él sabe que tengo razón. Él es terco pero aun así es inteligente también.

–Mierda –dice finalmente, pasando sus manos por su cabello–. Alístate entonces.

Y con eso, me deja sola.


Traigo puesto un vestido blanco de cóctel con lentejuelas doradas sobre los hombros. El copete de mi cabello está levantado y tengo rizos propios de los años cuarenta. Estoy interpretando y luciendo un rol.

Cuando bajo las escaleras, lo hago de forma lenta y con un movimiento de caderas ya practicado. Vuelvo a aquella diferente versión de mí de forma muy fácil, y se siente bien; es como ponerte tus tacones favoritos y saber que luces divina.

Edward está atando su corbata cuando bajo.

Y su amigo, Brady, levanta su mirada hacia mí y nunca vuelve a apartarla.

–Hola –murmuro, mi sonrisa solo por poco se nota en mis labios. Acorto la distancia entre los dos y extiendo mi mano con gracia–. Soy Bella.

Los ojos de Brady están un poco abiertos. Él es lindo como el típico surfista, pero puedes notar que tiene dinero en su muy impecable traje color arena. Con una mano él aparta sus rizos dorados como el sol de sus ojos cafés, y con la otra toma la mía.

–Uh, hey. Soy Brady.

–Encantada de conocerte –digo, y luego miro a Edward.

Él me está mirando con intensidad, por un lado con cautela y por el otro con curiosidad. Pero a pesar de todo eso, ahí sigue estando ese oscuro y caliente de seo que hace que mi corazón se estremezca.

–Así que… ¿tú eres la novia? –Las cejas de Brady se levantan un montón, y entonces observa a Edward y agrega–: Ya veo por qué te trae loco.

Edward le muestra su dedo de en medio.

–Que halagador –digo secamente pero con una sonrisa gentil. Miro a Edward de nuevo–. ¿Listo para irnos?

–Sí –contesta, terminando con su corbata y colocándose su oscura chaqueta. Él luce infinitamente hermoso, y sonrío en alivio cuando me ofrece su brazo.


Caminamos a través de una tenue luz dorada, una música sensual, lujos e invitados muy ricos. Chicas muy hermosas se voltean para ver a Edward, pero en seguida se alejan cuando ven nuestros brazos entrelazados.

Me siento aliviada, y el ritmo de mi corazón es tranquilo porque él es mío, al menos por ahora, al menos por esta noche

Brady se encuentra con su cita en la barra y nosotros lo seguimos. Ella es alta y exótica y habla muy poco inglés. Pero la forma en la que él la mira es completamente dulce y enamorada, y pienso que incluso si la chica tuviera sobrepeso y estuviera llena de granos y con el cabello rizado, él se sentiría orgulloso de llamarla suya. Él está en el séptimo cielo en el momento en que la ve.

–Siobhan, este es Edward, un amigo mío de la universidad. Y ella es Bella, su novia.

Brady nos señala a cada uno.

Siobhan sonríe con gracia y aprieta nuestras manos.

–¿Dónde se conocieron? –pregunta Edward. Él les sonríe amablemente, pero su mirada está en otro sitio, escaneando la habitación. Está nervioso e inquieto.

Estar conmigo de esta forma, con alguien que él conoce, lo hace sentir incómodo, fuera de lugar.

Me lastima un poco.

Y tiene un poco de sentido también.

–En el mar. ¿Ya sabes que manejo ese negocio de las tablas de surf? Bueno, yo estaba en Australia con la compañía, y ella estaba allí modelando. La vi en la playa usando un bikini blanco, nunca lo olvidaré, y me pasé todo el día tratando de controlar mis nervios y hablarle. Pero finalmente lo hice. Fui casi un completo idiota, pero algunas chicas consideran eso lindo, ya sabes. Gracias a Dios.

Siobhan se carcajea deliberadamente, y empuja a Brady en broma.

Les sonrío.

–¿Dónde se conocieron ustedes? –pregunta Brady, arqueando sus cejas.

Edward se tensa un poco, pero su expresión calmada y de abogado nunca flaquea.

Pero él es un fiscal. Él trabaja más con la verdad y la honestidad, y soy yo la que finalmente responde la persistente y peligrosa pregunta de Brady.

–Nos conocimos en Nueva York. Resulta que Edward y yo acabamos en el mismo bar una noche para unos tragos, y nos llevamos bien.

De repente mi mente se llena con imágenes de un bar elegante y miradas furtivas. Imagino sutiles coqueteos y frases sugestivas, sin un rastro de culpa, o miedo o de estar haciendo algo mal.

Las cosas serían muy distintas si esa hubiese sido la forma en la que nos hubiéramos conocido.

Los ojos de Edward encuentran los míos, y una mirada a sus oscuros ojos verdes me hacen darme cuenta de que él está pensando en lo mismo.

Un par de tragos después, Edward está muchísimo más relajado.

Él bromea sin esfuerzo con Brady, y los dos interactúan y se conectan con la facilidad que tienen dos muy buenos amigos.

Es un lado diferente de Edward, al menos para mí. Nunca lo había visto con sus amigos. Nunca lo he visto de otra forma, o de otra manera. Y pensar que nunca lo haré, me parte el alma.

Así que simplemente trato de disfrutar este lado libre suyo por ahora, mientras lo tengo.


–Entonces, ¿a qué te dedicas, Bella? –pregunta Brady unas horas más tarde cuando ambos, él y Edward, ya están un poco borrachos.

He estado bebiendo del mismo mojito por lo que me parece una eternidad, aunque nada me encantaría más que poder desaparecer con ellos en esa burbuja de feliz ebriedad.

Pero no puedo por preguntas como esta.

Mis mentiras suelen ser precisas y rápidas, y no lo serán si me emborracho.

–Soy una interna en una revista de moda en la ciudad –digo, la mentira se desliza en mi lengua suavemente.

La mirada de Edward está en mí, puedo sentirla, pero no dejo de mirar a Brady cuando él asiente con la cabeza y me sonríe tontamente.

–Oh, eso es genial. Muy genial. ¿Dónde te graduaste?

–Pratt

–Guau. Una chica artista. Nunca pensé que serian de tu tipo, Edward –comenta Brady, golpeando la espalda de Edward–. A ti siempre te gustaron las chicas fáciles con muy pocas ambiciones.

Edward vuelve su mirada a él, y Brady golpea su mano contra su boca.

–Oopss –murmura detrás de su mano.

–Oh, ¿de verdad? –pregunto con dulzura.

–Era joven y estúpido –responde Edward, encogiéndose de hombros, y luego me regala una sonrisa ebria y torcida.

Ruedo los ojos y sonrío.

–Sí, sé que puede ser muy difícil de creerlo ahora, Bella, pero Edward solía divertirse mucho, antes de volverse todo un abogado y es mierda. Cuando nos conocimos por primera vez en Yale, todas las noches, él iba a una maldita fiesta.

–¿Qué pasó? –cuestiono, haciéndome la confundida.

Edward pellizca mi pierna debajo de la mesa, haciéndome saltar y sonreír.

–El último año, pasó –comenta Brady profundamente, asintiendo con la cabeza y sosteniendo su bebida para rellenarla–. El tomó toda esa angustia adolescente que tenía y se convirtió en un hombre formidable. Convirtió toda su energía caótica en algo constructivo, ya sabes. Él siempre fue competitivo, pero nunca tenía control. Pero estaba jodidamente hecho para hacer algo por el mundo. Podía sentirlo, hombre. Podía sentir que tenía potencial.

Edward rueda sus ojos.

–Brady cree mucho en visiones, energía y toda esa mierda –murmura él para mí.

–¡Hey! –Brady lo señala y lo mira borracho–. Estoy en un buen lugar espiritual, ¿puedes tú decir lo mismo?

–Mira, mira. –Siobhan, quien creía que estaba demasiado borracha para siquiera intentar hablar inglés, alza su mirada, tirando de la manga de Brady.

Todos nosotros miramos hacia donde ella señala, y yo me maravillo.

Él sol finalmente se está poniendo, y rompe el cielo con colores dorados y cálidos como el naranja y el rosa. Todo el firmamento está en llamas, y los imponentes rascacielos de Miami se vuelven oscuras siluetas contra los últimos rayos del día. Pronto, todo se volverá de un neón fresco y la noche se volverá glamurosa, pero por ahora, el mundo es brillante y caliente y apasionado.

Todo el mundo en el ostentoso salón se levanta para observar.

–Vamos a acercarnos –dice Siobhan, tomando el brazo de Brady.

–Okay. –Él se levanta a tropezones y luego se vuelve hacia nosotros–. ¿Vienen?

–Podemos verlo desde aquí –murmura Edward. Él tiene una mano descansando sobre mi rodilla, debajo de la mesa y, mientras habla, sus dedos acarician mi piel de forma gentil, dándome calidez y haciéndome flotar.

–Está bien –contesta Brady, encogiéndose, y entonces se marcha con su novia quien, cómicamente, es más alta que él–. Los observo correr hacia la esquina del salón, donde el resto de las personas se han juntado para ver la puesta de sol con hostigo. Y veo todas las diferencias entre Brady y Siobhan

Ella es alta y delgada, él es bajito y fortachón. Ella tiene un elegante cabello rojizo oscuro y ojos felinos, y él tiene un cabello ondulado y su mirada es tan dulce como la de un chico californiano. Pero ellos se toman de la mano mientras ven la puesta, y ambos se recuestan el uno sobre el otro de forma encantadora, y eso es todo lo que importa.

Sonrío gentilmente y busco debajo de la mesa, encontrando la mano de Edward sobre mi rodilla, y entrelazo nuestros dedos.

Su pulgar me acaricia con pequeños círculos, y ambos permanecemos sentados en silencio mientras el mundo se vuelve oscuro.

Siento su mirada concentrada en mi perfil, pero yo no quito mi mirada de los últimos rayos del sol. No puedo.

De repente soy consciente de que esta es nuestra última noche aquí, y me pecho se contrae con ese pensamiento. Casi no puedo respirar cuando pienso en volver a la escuela, de fingir, de seguir viendo a mi madre, de no tener a Edward todo el tiempo.

Por poco estoy tentada a tomar su oferta y estar lejos, pero entonces pienso en que es imposible. Pienso en las consecuencias de las decisiones tomadas a la ligera. Toda mi vida es consecuencia de ello.

Entonces Edward se inclina hacia mí. Puedo sentir sus labios contra mi oído. Los siento moverse y formar palabras silenciosas.

–Te amo.

Es simple y repentino, pero al menos no me asusta.

Amor es la palabra perfecta para describir lo que siento por Edward. El amor es abrumador, es la fuente de mi dolor y mi felicidad. Es lento, desesperante, y a veces imposible.

Pero me alegro de tenerlo.

Me alegra estar aquí con él, ahora, y eso es todo lo que necesito para que las preocupaciones del mañana se evaporen.


–¡Whoa! ¡Es aquí! ¡Pare! ¡Pare justo aquí! –le grita Brady al taxista.

El auto frena en seco, y el hombre nos mira a través del retrovisor.

–Lo siento –dice Brady humildemente, mareado por los mojitos. Él le tiende al conductor un rollo de dinero que puede ser demasiado, y luego sale del auto con Siobhan tropezando a su lado.

Edward y yo los seguimos, pero ambos estamos estables. Él emborrachamiento de Edward se ha evaporado de algún modo, y yo nunca lo estuve.

–Aquí es –grita Brady victorioso mientras nosotros permanecemos de pie en la calle llena de gente en plena víspera de Año Nuevo.

La mano de Edward está sobre mi espalda, un poco más abajo de lo que puede considerarse decente, y él le suspira a Brady y trata de disuadir a su amigo una vez más.

–De verdad. Bella y yo tenemos que irnos mañana. Creo que deberíamos regresarnos a la casa…

–Sé qué es lo que quieres hacer –murmura Brady, entrecerrando sus ojos de forma juguetona–. No engañas a nadie con eso de querer regresar temprano a casa para dormir. No. ¡Es la maldita víspera de Año Nuevo, hombre! ¡Vamos! Al menos quédate con nosotros hasta media noche. Solíamos divertimos mucho.

Edward baja su cabeza y me mira a mí en cuestión.

Él me lo va a dejar a mí.

Brady está en lo cierto. Desde que dejamos el Lounge, Edward no ha sido exactamente sutil con sus intenciones conmigo. En un momento en el coche, Siobhan pilló su mano debajo de mi vestido. Tuve que quitarla rápidamente y regresarla a mi rodilla, pero ella solo me sonrió en complicidad.

Culpaba al alcohol por sus acciones flagrantes, pero podría ser algo más. A veces se sentía como algo más, como si esta intensa atmósfera no fuera a disiparse. Ha estado entre nosotros desde su confesión en el Lounge.

No hay otra cosa que desee más que regresar a la casa y me muestre lo mucho que me ama.

Pero Brady está prácticamente suplicándome con ojos de perrito. Y siento un poco de piedad.

–Falta solo una hora para la media noche –digo, rindiéndome.

–¡Genial! –Brady grita en la entrada de este club al que nos está trayendo. Él vigilante le echa un vistazo y de inmediato abre el cordón para nosotros–. Por aquí, amigos míos –nos apresura Brady, agarrando el brazo de Siobhan y adentrándola al club.

Edward me da una mirada de reproche.

Le sonrío y bato mis pestañas de forma juguetona. Le susurro al oído:

–Podemos coger luego.

Su mirada se oscurece, y él me pellizca el trasero cuando me alejo de él, bailando y riendo.


El club es ruidoso y caótico, con luces neón.

Edward le grita a Brady por encima de la música electrónica y sin sentido.

–¡No estamos vestidos como para un club!

Él señala los trajes que ellos están usando, y los vestidos elegantes que nosotras las chicas traemos puestos.

–¿Y qué? –Brady deja caer su cabeza hacia atrás y se carcajea, las luces oscuras hacen que sus dientes brillen de un tono azul.

Edward rueda sus ojos.

El resto de la noche gira en torno a un ambiente de baile y alcohol. Él club está repleto, y luego la cuenta regresiva comienza. Todo el mundo empieza a gritar los números. Todo Miami lo hace.

Y entonces es Año nuevo, y Edward me besa.


Nos tropezamos en la oscuridad de la casa, carcajeándonos y agarrándonos el uno con el otro.

Los dos estamos algo borrachos. No pude resistir la tentación.

–Te he deseado toda la noche –Edward susurra contra mi cuello, haciéndome sonreír y estremecer.

Desde atrás, sus brazos me envuelven alrededor de mi cintura, tomándome fuertemente mientras me guía hacia las escaleras.

Tengo la mente un poco desorientada, y el latido de mi corazón un poco agitado.

Estoy frenéticamente enamorada.

Edward me levanta y me coloca sobre su hombro cuando mis pasos lentos colman su paciencia. Me río, mi estómago está repleto de mariposas.

Finalmente llegamos a nuestra habitación. Fuera, la luna ilumina la playa y es impresionante. La luna nos ilumina a nosotros también, bañando todo con su suave luz plateada.

Edward me coloca en el suelo, y lentamente me dirijo hacia la gigantesca ventana, para mirar fuera. Escucho a Edward removerse detrás de mí, probablemente se está quitando la corbata.

–¿Cómo haces eso?

Me giro y me recuesto contra el frío vidrio, sonriendo.

–¿Hacer qué?

El deseo sobre el rostro de Edward ha cambiado levemente, y ahora él parece un poco más a la defensiva. Hay una arruga entre sus dos cejas, mientras se deshace de su corbata.

–Mentir. ¿Cómo es que mientes tan bien?

–¿A qué te refieres? –pregunto, haciéndome la que no sabe.

–Le mentiste a Brady toda la noche sin pestañear. Jamás te equivocaste. He visto un montón de personas mentir antes, y usualmente, en algún momento, siempre se descuidan. Pero tú no. Eres como una profesional.

Mientras él habla, se acerca, entrecerrando sus ojos.

Mis cejas se arquean lentamente.

–No era como si pudiera decirle la verdad, ¿o sí?

-No. Fue solo cómo le dijiste todas esas mentiras… Lo hiciste perfectamente.

Edward retira la corbata de alrededor de su cuello y la avienta a la cama. Pero sus ojos siguen sobre los míos.

Y parece estar sospechando.

Me siento fruncir el ceño.

–No sé qué es lo que quieres que diga.

–No sé qué quiero que me digas –me responde, y veo un destello de conflicto y confusión… De que todo está mal–. ¡Dios, Bella! Hay tanto que simplemente no se de ti. Desearía que tan solo me lo dijeras.

–No puedo.

–¿Por qué no?

Me siento irritada y puedo contener la frustración solo un poco.

Ardo con la verdad y el deseo de soltarlo todo.

Y estoy aplastada con la carga de guardármelo.

–No puedo –repito, negando con mi cabeza.

–¡Solo sé honesta, Bella, maldita sea! ¡Solo dímelo! Tengo suficiente con esa mierda de las mentiras en el trabajo. Tú dices que no sé nada, así que dime algo. Lo que sea, Bella. Solo dímelo.

–¡Edward, no es mi secreto para contar!

Él pasa sus manos a través de su cabello. El movimiento es rudo y agitado.

–¿Qué significa eso, siquiera?

–Que no me lo pidas. No me pidas que te cuente cosas que se suponen que no puedo. No me pidas que te cuente cosas que harán que me odies.

Edward se calma.

Así que yo también.

Su mirada está repleta de incredulidad.

–¿Odiarte? No voy a odiarte.

Lo observo profundamente y sin vacilaciones. Le estoy diciendo la absoluta y completa verdad cuando hablo.

–Lo harías. Tú me odiarías.

Ambos nos miramos por un momento, que se siente una eternidad.

Y entonces gruñe, irritado y enojado. Él se vuelve y me da la espalda, sus manos van a su cabello otra vez.

Mi pulso es pesado y agitado.

–Por favor, no –susurro. Corro tras él y lo tomo del brazo, tratando de girarlo para encararlo, pero él no me deja–. Por favor, Edward. No te enojes conmigo. No en nuestra última noche.

–Me ocultas algo –murmura entre dientes–. Lo estoy arriesgando jodidamente todo. Y tú me ocultas algo, ¿no crees que merezco saber?

–¡Por supuesto que lo sé! –le grito–. Pero no voy a decirte algo que te hará pensar diferente de mí, que te hará odiarme…

–¡Eso es algo irónico, Bella! –Edward me grita en respuesta, girándose hacia mí bruscamente. De inmediato él me toma de mis antebrazos y me agita un poco. Él me está agarrando fuertemente, de la forma que me encanta–. Tú podrías decirme que mataste a alguien y no me importaría, maldita sea. Incluso sabiendo que tienes diecisiete, incluso sabiendo que no deberíamos estar juntos, que no podemos estar juntos… Todo eso ni siquiera es suficiente para evitar que pierda un poco del control que tengo.

Él me empuja contra la pared, haciendo que el cuadro al lado de mi cabeza se caiga. Y entonces él está encima de mí, hermoso, enojado, lleno de lujuria y de amor, la luz de la luna lo cubre.

–Me tienes tan jodido.

Me lo quedo viendo, los latidos de mi corazón los siento en todos lados, pulsando cada centímetro de mi muy acalorada piel.

–Bésame –susurro–. Es nuestra última noche. No quiero hablar de esto en nuestra última noche. –Y cuando no se rinde, continúo, mi tono cambia de la súplica al reto-– Pensé que me deseabas. Pensé que querías follarme…

Eso llama su atención. Él es competitivo hasta la médula, él no puede resistirse a un reto.

De repente, sus manos están en mi cabello, jalándolo hacia atrás de forma ruda.

–¿Es eso lo que quieres? –me pregunta de forma ardiente y dominante a través de mi boca abierta–. ¿Quieres que te folle?

Sonrío mi respuesta de forma lenta y muerdo su labio inferior.

Edward me besa de forma salvaje, su lengua se adentra en mi boca, sus manos me agarran de mis caderas. Ambos estamos enojados y nos sentimos apasionados, y así es como debería ser. Es como siempre somos. Es como ambos lo queremos.

–Quítatelo –él murmura contra mis insistentes labios mientras tira de mi vestido.

–¿Por qué no me lo quitas tú mismo? –contesto.

Sus ojos se oscurecen en emoción. Cuando él me mira de esta forma, casi me hace replantearme tentarlo.

Pero yo siempre lo hago, incluso cuando sé que no debería.

Él me voltea, presionándome contra la pared, bajando el cierre de mi vestido de forma tan brusca que se rasga. Entonces se deshace de la prenda completamente, cayendo a mis pies, y Edward coloca mi cabello sobre mi hombro, besando, mordiendo, atacando mi cuello sin piedad.

Sonrío y cierro los ojos, recostándome pesadamente contra la pared mientras él deja sus marcas feroces.

Luego me voltea nuevamente y me acerca, nuestras bocas se presionan y se conectan una vez más mientras caminamos hacia la cama.

Mis labios se inclinan sobre los suyos mientras él baja sus manos y me toma de mi trasero. Rápidamente desabotono su camisa, y él se aleja lo suficiente como para quitársela. Luego él toma mi cintura, levantándome y tirándome encima de la cama.

Me río un poco y me deslizo sobre el colchón mientras él se baja la cremallera de su pantalón y se lo quita. Él estira su brazo y toma mi tobillo, haciéndome sonreír cuando me jala hacia él en la cama.

Me giro mientras me jala, recostándome contra mi estómago, en broma, no realmente intentando alejarme de él.

Pero él agarra mi cintura, atrapándome cuando gatea hacia mí, besando mi columna vertebral. Sus dientes raspan sobre la piel de mi hombro, contra mi nuca, y mis dedos se aprietan contra el edredón de felpa.

–Edward –susurro, cerrando mis ojos.

Él deja caer su peso contra mí y me hace gemir en voz baja contra las almohadas.

Él ahora es el que está jugando conmigo: está presionando su muy aparente dureza contra mi trasero, y está colocando una mano debajo de mí, entre mis piernas, y la deja ahí, inmóvil.

–Edward –digo.

Mi respiración es pesada y tengo escalofríos.

Estoy deseosa y necesitada, y estoy al borde de la súplica.

Lo cual es lo que él quiere. Él me lo dice después de un beso suave contra mi hombro. Él me lo dice a mi oído en un susurro, en una incierta voz baja.

–Quiero oírte suplicar –él dice.

Me muerdo el labio para no complacerlo.

–¿Quieres esto? –me pregunta suavemente, besando el lóbulo de mi oreja con rápidos y delicados besos–. ¿Quieres mi polla?

Él sigue moviéndose, tentándome, llevándome al punto de la locura.

Y finalmente no tengo otra opción que decir sí.


Sus empujes han sido lentos, y ahora se mueve con mucha, mucha lentitud.

–Por favor –digo contra su oreja–. Por favor, más rápido.

-No –contesta tercamente, y puedo sentir un estremecimiento correr por su cuerpo cuando empuja profundamente. Quizá soy yo la que se estremeció. Nada puede ser certero cuando estamos así de cerca.

Mis pensamientos son incoherentes y he perdido mi orgullo porque sigo suplicando.

–Edward –suplico.

–No –insiste, sus codos están a cada lado de mi cabeza. Su cuerpo se mueve sobre el mío, sus estocadas son calculadas y enloquecedoras.

Abro mis ojos y observo su tensa y complacida cara de placer. No puedo evitar inclinarme y morder su labio inferior. Él me regala su perfecta media sonrisa al estilo Hollywood, y observo cómo una gota de sudor se acumula sobre la punta de su nariz.

Amo su fuerza, amo la forma en que los músculos de sus brazos son duros e inquebrantables. Amo la forma en la que puede moverse así, con una aparente interminable fuerza.

Pero no amo su ritmo.

–Edward –intento una vez más, sin aliento. Entierro mis uñas por toda su espalda, arañándolo fuerte, de la forma en la que a él le gusta.

Él se remueve y me penetra de forma ruda, antes de parar y gruñir en mi cuello.

–Más rápido –digo.

Sus gruñidos se vuelven más fuertes, irritados, y él me toma de mi cintura y me gira hasta que es él quien esta recostado contra su espalda y yo estoy encima.

–Ve tan rápido como quieras, mi amor –dice.

Sonrío y me muevo encima de él, bajando y subiendo rápidamente, pero no es realmente lo que quiero. No es lo mismo cuando es él quien está encima, haciéndolo perder el control… Esa es la parte que más amo.

Edward hace una especie de gemido y se alza sobre sus codos, su frente se arruga. Sus ojos dejan de verme y concentra su mirada a ese lugar donde lo estoy tomando, una y otra vez, y él se muerde su labio inferior.

–Mierda –dice, y se deja caer de vuelta contra la cama, sus manos apretando las sábanas, su estómago contrayéndose.

Él está cerca, así que bajo el ritmo hasta que está gruñendo en insatisfacción.

Sonrío, acerco mis labios hacia los suyos y me pregunto con falsa inocencia.

–¿Voy muy despacio?

Edward gruñe peligrosamente en respuesta, y mi mundo tiembla. Edward otra vez está encima, embistiendo con toda su fuerza y sin control, muy rápido, con movimientos delirantemente rápidos y salvajes.

Mis dedos se crispan y grito su nombre.

–¿Esto es lo suficientemente rápido para ti? –me pregunta al oído, su respiración llega en entrecortadas e inentendibles exhalaciones–. ¿Es esto lo que quieres?

–Sí. –Suspiro, mis ojos se cierran con fuerza, estrellitas bailan en la oscuridad–. No te detengas.

Mi cuerpo se remueve y tiembla, y el pesado cosquilleo en mi estómago se hace más fuerte, pesado, con cada movimiento rudo, y con cada estocada y empujón. Hasta que finalmente me vengo, y se roba mi aliento, y entierro mis uñas sobre su espalda una vez más en mi bruma hermosa de puro placer.

–Mierda –susurra Edward sobre mi piel, contra mi cuello donde su rostro está escondido. Él está temblando, temblando en lo absoluto, y sus dedos se clavan en mis caderas de forma brusca, haciendo hematomas en mi piel. Y entonces el gime, en un sonido rasposo y bajo, como si estuviera dolido. Lo siento ponerse rígido y temblar, siento su duro estomago contra el mío.

Y sonrío.

Mañana es cuando esto llegará a su fin. Mañana es cuando esta perfecta vida de película se acabará.

Pero esta noche, soy la estrella vanidosa que se ganó a su hombre. Soy victoriosa y estoy repletamente feliz.

Soy Una Aventura Para Recordar.

Tengo la confianza de Marilyn y la gracia de Audrey.

Soy un glamour clásico y estoy verdaderamente feliz, y eso es todo lo que realmente importa.


N/T

*Una Aventura Para Recordar: Es una película sesentera de Cary Grant sobre eso mismo, como Edward y Bella, un amor fugitivo.

¡Tarde pero llega!

Lamento haber estado desaparecida, pero estaba en finales y no había tenido ni tiempo para respirar. Volviendo al capitulo, este sera el ultimo Bpov de la historia hasta el epilogo, que creo que hay uno. Como sea, ya solo faltan 4 capítulos :( Recuerden que si tienen preguntas pueden dejarlas por aquí... pero si comprometen el futuro del fic solo las acumulare y luego las responderé xD solo advierto!

¿Reviews? significan mucho para mi.