Título: Love is lawless
Claim: Crow Hogan/Sherry LeBlanc
Notas: Post-series.
Rating: T
Género: Romance/Humor
Tabla de retos: Leyes de Murphy
Tema: Hay dos clases de personas, las que se preocupan de las cosas y las que se ocupan de ellas.


Sherry despertó una mañana tras oír el tráfico atorándose justo enfrente de su apartamento; los días habían seguido sucediéndose sin menores cambios desde la última vez que había hablado con Crow e incluso hasta sus mismos compañeros, cuando la veían, evitaban hablar de él y se guardaban las burlas. Era un cambio que le gustaba bastante, la prensa estaba tragándose sus palabras poco a poco; pero no para dejarla en paz, sino para enfocarse ahora en Yuusei.

La mujer hundió el rostro en su almohada, buscando la calidez de las sábanas frente a una mañana fría y tormentosa; o quizás sólo buscaba escapar de su propio bochorno, al recordar lo embarazoso que había sido todo el asunto, desde su cita —y el posterior beso—, hasta esas declaraciones que hacían trizas su autoestima.

¿Que a ella le gustaba Fudou Yuusei? Quizás había actuado ciertamente muy atrevida la primera vez que tuvieron un duelo; pero no había sido voluntariamente, ni mucho menos porque tuviera sentimientos escondidos por él. Su apariencia siempre había sido elogiada por los hombres y le había granjeado muchos favores a lo largo de su vida, por eso pensó que con Yuusei funcionaría, pero nunca hubo más intención que conseguirlo en su equipo tras sus acciones. Luego... ¿Qué quedaba? ¿Su preocupación ante la profecía de Z-ONE?

Bueno, ¿y quién demonios no iba a preocuparse cuando le dijeran que un amigo querido iba a morir? ¿Quién no iba a querer evitar la catástrofe y advertir a esa persona? Y aún así, a Crow Hogan le había dado la impresión de que se moría por Yuusei, cosa nada cierta. Eso hería su orgullo. Nunca había sido catalogada como una enamoradiza ni había sido obvia en sus sentimientos por nadie —si es que alguien de verdad le llegó a gustar alguna vez—, y aún así...

Golpeó la almohada con furia contenida, tratando de tomar valor para lucir el mismo rostro serio de siempre; para seguir con lo que le gustaba, las finales del torneo.

¿Por qué había terminado todo así? ¿Y por qué no le gustaba del todo?

Crow no la conocía bien, tenía esa excusa a su favor. El castigo recibido era demasiado, siempre lo pensaba. No le importaba lo que dijera la gente, o eso suponía.

Entonces, ¿por qué no acabar con todo ello?

Tomó el teléfono que descansaba sobre su mesita de noche y tras suspirar con desagrado comenzó a marcar el número. Más le valía a ese cuervo disculparse, porque sólo de esa manera ella le diría que quería hacer las paces.