¡Hola! ¿Me extrañaron? ¡Porque yo sí! Les pido una disculpa por las demoras. La verdad sea dicha, durante estas dos últimas semanas he estado persiguiendo una relación de larga distancia con una chica que me vuelve totalmente loco. Más aunque ella fue la primera que expresó su interés, al parecer no pretende formalizar nada conmigo así que mi esfuerzo fue en vano T_T. Oiga por lo menos no me dio la depre.
En fin, esa fue una breve historia de mi vida. Por lo pronto, para compensar, les traigo un capítulo un poco más largo que los demás, tan solo espero no haber perdido la idea original. Aún no reviso la ortografía, pero espero que no hayan muchos errores. Hoy la contestación de los reviews será muy breve porque tengo prisa, y acá entre nos, si estoy un poco depre por no llegar a nada con mi amada del otro lado del océano T_T.
KIMIKO INAVON: Y tras decirme que actualizo más rápido me desaparezco por casi un mes, jajajajaja. En fin, este capítulo de seguro no te parecerá tan corto, que lo disfrutes. Y jajaja, tus delirios por Aioria, créeme que sé lo que estoy haciendo, confía en mí. Y hablando de Aldebarán, lo veras pronto.
dafloveaioros: Hola Dafne, gracias por tu review. Lo de Milo y Saori y el embarazo en breve te lo resuelvo, aunque creo que no me salió del todo muy bien, jejejejeje. La verdad, a estas alturas con tantas ideas que tengo para la serie de Hades creo que si me voy a extender de los 40.
Isagamboa: Hay Isa, ya sabes que me encantan tus reviews, pero por esta ocasión tendré que ser breve. Lamento haber caído en mis viejos errores pero te agradecería que me dijeras cuales son esos errores en lugar de decirme que ya metí la pata, jajajajaja, es enserio, ayúdame a ver dónde me estoy equivocando para poder mejorar. Y no te preocupes, tu review no me molesta.
Sanathos Ananke: T_T me escribiste un review muy largo y bonito pero por la prisa no puedo darte el detalle que te mereces, perdóname pero tengo mucha hambre y vamos a salir a cenar tacos de trompo T_T. (Aja, y desperdicias el tiempo divagando). En fin, comprendo tu indignación por los Caballeros de Plata, pero igual eran malos en la serie original, y tenía que hacer algo con ellos, no podía simplemente ignorar su existencia. Mephisto no sale en este capítulo pero si Saga, espero que te guste, y perdona mi poco detalle en este review… muero de hambre…
Metis-domo: espero que ya te encuentres mejor de salud. Tranquila, no tienes que soltarte a leerlo todo de un jalón, descansa y recupérate. ¡Y Muchas gracias por el review!
akcres: Perdona la tardanza, ya expliqué porque arriba, no volverá pasar te lo aseguro, a menos que de pronto Ekatherina me diga que si, en cuyo caso tendré un retraso de dos semanas más, jajajajaja.
Neroxius: T_T, sé que eres nuevo dejando reviews en mi historia, y agradezco que te la hayas leído toda, ya sé que está muy larga, pero ya me están apresurando y no puedo darte mucho detalle de tu review tan bueno. Lo de Kardia me temo que te lo debo, para poder hacer a Milo usar la aguja ardiente tendría que tener la enfermedad de Kardia o ser un signo fuego, pero es agua, por lo que no podré hacer lo que me pides, pero tomé una idea similar en este capítulo con una persona que no es Kardia pero que espero les agrade volver a saber de él. De Camus no te preocupes, ya tengo algo planeado para él y será épico.
EDITADO: 15/05/2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya).
Saint Seiya: Guerras Doradas.
Saga de Poseidón.
Capítulo 6: El Renacer de Ares.
La Atlántida, el Templo de Poseidón. 28 de enero de 05 N. G.
—¡Explosión de Antares! —la batalla había comenzado. Milo de Escorpio, forzosamente declarado como el dios de la Brutalidad en la Guerra tras haber asesinado a Ares en Lemuria, levantaba su puño en contra de Poseidón, el dios de los mares. Su estrella guardiana, Antares, había desencadenado el poder furioso de la constelación de Escorpio. Las columnas se caían, los azulejos se partían, todo el templo era arrasado. Pocas veces eran las que Milo desencadenaba la fuerza destructiva del cosmos como en ese momento. Su estilo de batalla era muy diferente, era técnico y metódico. Pero su furia hoy alcanzaba incluso el nivel del dios de la Brutalidad en la Guerra anterior—. ¡Pulverizaré tu cuerpo! ¡Yo mismo te enviaré al Tártaros!
—Ya he estado en el Tártaros —frente a Milo, y envuelto en una explosión de cosmos escarlata, se encontraba inmutable el dios de los mares. Poseidón aceptaba la afrenta de Milo, pero no necesitaba moverse para evadir la intensidad de su destructivo cosmos. Milo de Escorpio era débil para él—. Te lo he dicho… la única razón por la que fuiste capaz de derrotar a Ares era porque el incompetente de mi sobrino temía a la estrella roja, Antares. Su temor fue tal que sus miedos se convirtieron en una realidad. Yo no poseo miedo —aclaró Poseidón, que entonces movió su mano, forzando al cosmos de Milo a disiparse, sorprendiendo al Caballero de Escorpio—. No eres nada… aún… —y Milo se mordió los labios iracundo, y comenzó a lanzar sus agujas, que no encontraban su blanco.
—¡Aguja Escarlata! —gritó Milo, y su aguja fue absorbida por ondas frente a Poseidón. Milo podía sentir estas ondas a pesar de no poder verlas gracias a su ceguera. Era un vacío de cosmos, que tan solo se tragaba y extinguía a sus agujas, era diferente de atacar a Ares, que tan solo detenía las agujas en el tiempo gracias al Dunamis de Cronos—. No puedo tocarlo —agregó Milo sorprendido—. Entonces… si mi aguja no puede atravesarte ella misma. ¡Tendré que clavártela personalmente! —Milo se abalanzó en contra de Poseidón, que no se movió y permitió que Milo golpeara su escudo. Ondas de luz rodearon su dedo, se extendían por todo el templo en ruinas, e iluminaban los alrededores de un azul tenue, como si el mar se hiciera presente en el aire, y protegiera a Poseidón con su fuerza—. ¿Qué ocurre? Siento el correr del océano. Se siente como si una corriente me impidiera acercarme al dios de los Mares.
—No es una corriente simplemente —aclaró Poseidón—. Todo el océano, cada gota que lo alimenta, se interpone en tu camino y te impide el paso. Nada puede tocarme. Para lastimarme… tendrías que perforar a través de todo el océano, y aun si lo hicieras tendrías que perforar a través de mi armadura antes de poder golpearme —y Milo comenzó a comprender la abismal diferencia—. Mi paciencia se agota. Antes de que decida regresarte la afrenta, te doy esta última oportunidad de rendirte. Si es que la niegas, te aseguro que no me importará en absoluto cuan valioso seas, Milo de Escorpio, te mataré —y Milo retrocedió unos cuantos pasos.
—¿Porque soy tan importante? —preguntó Milo iracundo. Aunque la verdad era que intentaba conectar sus ideas. Había derrotado a los dioses con anterioridad, a Hyperión de Taiken, dios del Érebo, a Margarites Dracon, el Dragón de Perla, e incluso se enfrentó a Cronos quien debiera ser más poderoso que Poseidón. Ares había sido su prueba definitiva de que era capaz de derrotar a los dioses, pero Poseidón parecía superarlos a todos—. ¡Habla!
—Una ofensa más, y te encontrarás frente a las puertas del Tártaros —agregó Poseidón furioso—. Milo de Escorpio, es imposible asesinar a los dioses —y Milo sonrió con malicia, pensando que Poseidón intentaba asustarlo, las pruebas estaban del lado de Milo—. ¡Piénsalo! ¡El Dunamis que absorbiste de Hyperión en la Nueva Titanomaquia debería haberte dejado las cosas en claro! ¡Fuiste un dios! ¡A pesar de que extinguiste esa fuerza de Dunamis y la condenaste de regreso al Tártaros!
—Hice lo que tenía que hacer —aclaró Milo—. No era un dios. Ese poder, ese Dunamis, se me fue entregado pero eso no me convertía en un dios —y Poseidón lo negó con la cabeza—. ¿Acaso pretendes que crea que Hyperión fue parte de mí hasta ese momento?
—Eras el nuevo cuerpo de Hyperión —explicó Poseidón—. Pero lo liberaste para salvar a Europa de la gran marejada. Pero hay otros dioses en tu interior. Margarites Dracon vive en tu pierna derecha —y Milo comenzó a comprenderlo—. Claro que, Margarites Dracon no es un dios verdadero… pero si Margarites Dracon reside en tu interior, como una bestia que lucha a tu lado cada vez que declaras tu ataque de Asesino de Dragones… ¿qué pudo haberle pasado a Ares? —y Milo comenzó a sudar frio, comprendiendo lo que Poseidón intentaba decirle—. ¿Ya lo entendiste? Tú eres el dios Ares. Eres el dios de la Brutalidad en la Guerra —y Milo enfureció—. Siéntelo. Tu ira ha crecido más de lo que es común. Cuando asesinaste a Ares, te convertiste en su nuevo recipiente. ¡Tú eres Ares! ¡Y es cuestión de tiempo para que el dios de la Brutalidad en la Guerra reclame tu cuerpo como suyo! A no ser que seas asesinado… o aceptes tu papel como en nuevo señor de la guerra, arrebatándole el derecho a Ares… puedo darte ese privilegio, pero solo si me sirves —ofreció Poseidón.
—Entonces… soy el nuevo cuerpo del dios de la guerra —y Poseidón asintió—. Ya veo… ese maldito… lo asesiné y aun así el muy miserable se apoderó de mi cuerpo —y Milo se mordió los labios iracundo, pensando que en su interior el dios de la guerra comenzaba a consumirle el alma, tratando de apoderarse de su cuerpo.
—Aún está dormido —aclaró Poseidón—. Pero no tardará en despertar. La guerra lo despierta, Milo de Escorpio… pronto Ares será quien dicte tus acciones… —y Poseidón entonces abrió sus ojos de par en par mientras observaba una aguja que impactó su escudo con violencia, y amenazó con golpear su armadura—. Aunque momentáneamente, logras conectarte a su cosmos y lograr este tipo de cosas —admiró Poseidón.
—Entonces soy un dios —aclaró Milo con una sonrisa sombría—. El dios de la Brutalidad en la Guerra. Poseidón, debo agradecerte por darme las herramientas para derrotarte —y el cosmos de Milo comenzó a incinerarse—. Si Ares crece en mi interior, eso significa que su cosmos me pertenece y está despertando. Voy a usarlo para asesinarte —le apuntó Milo.
—Solo acelerarás el proceso. ¿De qué sirve que me derrotes si eso vuelve a despertar a Ares? —pero Milo volvió a lanzar sus agujas, y estas rebotaron en contra de su escudo, aunque al final, Poseidón blandió su tridente, bloqueando una aguja que traspasó su escudo—. ¡Insolente! Estás abusando de tu suerte. No puedes realmente controlar el cosmos de Ares. Son solo destellos de su fuerza los que se liberan de forma impredecible y generan estos falsos milagros. Tú realmente no puedes traspasar mi escudo —le recordó Poseidón.
—No me voy a convertir en Ares… Poseidón… —y el cosmos de Milo se intensificó. Brillaba de un escarlata intenso, y al final, esta intensidad fue tal que logró restaurarle la vista, aunque sus ojos ahora eran rojos, idénticos a los de Ares. El dios de la guerra estaba despertando—. Si soy el cuerpo de Ares, y el usar su cosmos es lo único que me llevará a la victoria… entonces… no tengo más opción que el destrozar mi cuerpo para que esté inservible cuando el miserable de Ares intente reclamarlo. Cumpliré con el destino de los Caballeros de Escorpio, Poseidón —y Poseidón escuchó una risa malvada resonar por todo su recinto, Ares estaba despertando, y respaldaba a Milo con su cosmos—. ¡Hoy es el día, en que encontraré la batalla que me dará muerte! —y el cosmos de Milo creció, y cuando lanzó su siguiente aguja, Poseidón la recibió de lleno cuando esta se clavó en su hombrera. No lo había tocado, pero había perforado su escudo.
Soporte Principal.
—¡Milo! —gritó Saori, que en esos momentos nadaba a la cima intentando respirar con normalidad. El agua ya golpeaba la punta, pronto Saori tendría que encender su cosmos para mantenerse con vida. Su bebé muy probablemente resistiría también por un tiempo, Shaka lo había llamado un semidios antes de que él al igual que Afrodita, Shura y Aldebarán, hubieran caído inconscientes por ser abatidos por las cascadas eternas de su castigo divino—. Ares… ese cosmos que sentí… era Ares, Milo… ¿acaso en verdad te estas convirtiendo en el dios de la Brutalidad en la Guerra? —y Saori fue golpeada violentamente por el agua que le impactaba el rostro. Escasos minutos la separaban de ser envuelta en su totalidad por el agua—. Milo… por favor escúchame… no debes ser corrompido. ¡Por ningún motivo Ares debe de renacer! Sería doloroso… Saori te perdería… y Athena no tendría oportunidad de detenerte… por favor resiste… yo aún no me he dado por vencida.
Pilar del Océano Ártico.
—¡Maestro! —gritó Hyoga, que en esos momentos fue impactado con violencia por el puño de Camus, que lo lanzó en contra del Pilar, donde Hyoga sintió que su armadura comenzaba a despedazarse, en parte por las bajas temperaturas que habían cuarteado su armadura, y en otra parte por la fuerza del Pilar—. He sentido el cosmos del Maestro Milo… pero eso es imposible, solo Poseidón tiene un cosmos tan fuerte. Pero si es así, entonces eso significa que Milo en estos momentos enfrenta a Poseidón.
—¿Milo? —preguntó Camus sorprendido, y miró en dirección al Soporte Principal—. No es posible… yo debía convertirme en el asesino de Milo de Escorpio. ¡Hyoga! ¡Me has negado ese derecho con tu continua interferencia! —enfureció Camus, y Hyoga lo observó con cierta debilidad mientras intentaba incorporarse—. No puedo permitir que Poseidón asesine a Milo… debo ser yo… tengo que ser yo… —y lágrimas comenzaron a caer de los ojos de Camus.
—¿Maestro Camus? —se sorprendió Hyoga—. Maestro… usted esconde algo… puedo sentirlo… —sin embargo, Camus reunió su fuerza congelante en su mano y la lanzó en contra de Hyoga, que evadió la ráfaga, rodó por el suelo, y se posó frente al cuerpo congelado de Isaac de Kraken—. ¡Maestro! ¡Si he de combatirlo le juro por Athena que lo haré con toda la intensidad de mi cosmos! ¡Pero debo saberlo! ¿Por qué desea tanto la muerte de Milo de Escorpio?
—¿Desear su muerte? —y Camus enfureció—. No deseo su muerte… la necesito —y Hyoga no lo comprendió—. Por salvar vidas… por restaurar la tierra… el dios de la Brutalidad en la Guerra no debe existir… Athena es sabiduría, pero su sabiduría está corrompida. ¡Es mi deber restaurar el equilibrio en la tierra! —y Hyoga comenzó a comprenderlo—. ¡Hyoga! ¡Jamás le di en verdad mi espalda a Athena! ¡Pero el Santuario está corrompido! ¡Debe repararse! ¡Poseidón me ha prometido restaurar la tierra a su antigua gloria! ¡Purificarla! ¡Milo no tiene lugar en ese paraíso simplemente porque él es el nuevo dios de la Brutalidad en la Guerra! ¡No deseo su muerte! ¡Jamás le desearía el mal a mi mejor amigo! ¡Deseo salvarlo de su destino al convertirme en su asesino! —y Hyoga lo comprendió, pero comenzó a elevar su cosmos desafiando al de Camus—. Solo Milo debe morir. ¡Hyoga!
—No… maestro —agregó Hyoga, que entonces colocó sus manos en la posición de la Ejecución de Aurora—. No debe… Milo… puede que sea el nuevo dios de la Brutalidad en la Guerra. Pero esa es una carga que el maestro deberá afrontar… y aceptar —y Camus comenzó a retroceder, sintiendo el cosmos de Hyoga sobrepasar al de los Caballeros Dorados—. Maestro… usted desea purificar el mundo, y lo admiro por ello, pero ha tomado el curso equivocado. La purificación no viene del exterminio masivo de la vida humana para traer el recomienzo. Poseidón desea inundar el reino de Athena, estos Pilares son prueba de ello. Si purificar al mundo, requiere de la sangre de inocentes… entonces hemos perdido la visión de paz de Athena.
—¿Visión de paz? —preguntó Camus—. ¡Athena es también una diosa de la guerra! —agregó Camus—. Será sabiduría… pero su sabiduría está corrompida… debo restaurarla… Athena… debe separarse de Saori Kido… Athena debe renacer como una diosa verdadera, de paz y de sabiduría sin predilecciones mundanas como el amor e ideologías humanistas contaminadas —y Camus comenzó a colocar sus manos en la pose de la Ejecución de Aurora—. Si tu convicción es tan grande… Hyoga… si en verdad eres capaz de depositar todas tus esperanzas en que el mundo es capaz de cambiar, y que la purificación es el camino equivocado… entonces… Hyoga… sobrepasa mi cosmos, y dame muerte con tu siguiente movimiento.
—Maestro Camus… —y Hyoga lloró por unos instantes, antes de que sus lágrimas se congelaran en su rostro, y al final, desató su técnica definitiva—. ¡Ejecución Aurora! —gritó el Caballero de Acuario, y su cosmos iluminó los cielos, desafiante y decidido.
—¡Ejecución Aurora! —gritó Camus, y en ese momento las lágrimas también adornaron sus ojos, y ambos ataques chocaron, inclusive, a impresión de ambos, no solo se congeló el aire y los alrededores del Pilar, convirtiendo al Pilar del Océano Ártico en una Antártica artificial, sino que ambos pensaron haber sido capaces de congelar el tiempo mismo—. Hyoga… —habló Camus sumamente herido—. He recibido… tu determinación… —y Camus bajó los brazos, mientras su Armadura destrozada comenzaba a caerle en pedazos, congelada por el poder de Hyoga—. De haber estado usando… la Armadura de Acuario… seguro me habrías dado muerte… pero la Escama de Poseidón es más fuerte que el Oro… sería un cadáver congelado como lo eres tú ahora, querido Hyoga… si la Escama no me hubiera salvado —y Camus cayó al suelo, y su piel estalló en sangre por la debilidad, pero el caballero comenzó a ponerse de pie sin la protección de su armadura, y a observar los cuerpos inertes de sus 2 discípulos frente a él—. Perdóname… Hyoga… por no comprenderlo. Ahora… debo de llegar junto a Milo… descansa ahora… mi querido discípulo… —y Camus comenzó su lento caminar, en dirección al Soporte Principal.
Senda al Pilar del Pacífico Norte.
—Puedo sentir el cosmos de Milo —habló Aioria, que en esos momentos corría en dirección al Pilar del Pacifico Norte, y comenzaba a sentir la temperatura intensificándose—. Milo… sé que puedes valerte por ti mismos… pero… ¿enfrentar a Poseidón tú solo? ¿En verdad eres capaz de enfrentarte a un dios de la Trinidad Divina Griega? —y Aioria detuvo su camino—. ¡No me importa lo arrogante que seas, escorpión inútil! ¡Reclamaré mi armadura nuevamente e iré en tu encuentro! ¡Tan solo debes resistir! —fueron las palabras de Aioria, mientras nuevamente corría en dirección al Pilar donde la temperatura se intensificaba.
Pilar del Pacífico Norte.
—¡Vientos Huracanados! —gritó Bian, que en esos momentos sudaba exhausto por la intensa batalla que había estado sosteniendo en contra de Ikki de Leo—. Tus técnicas de batalla… son impulsivas… se basan únicamente en la fuerza bruta y en desencadenar todo el poder de tu cosmos… —continuó Bian, y entonces vio a Ikki correr con su puño en alto—. ¡No me permitiré ser derrotado por un maldito caballero novato! ¡Barrera de Aire! —gritó Bian, que en esos momentos movió sus manos y creó su barrera, en la cual se impactó el puño de Ikki envuelto en llamas—. ¿De dónde sacas tanta fuerza?
—Me has hecho perder el tiempo, Bian —agregó Ikki con una sonrisa arrogante en su rostro—. No he recibido entrenamiento alguno para domar al León Dorado. Pero créeme que comprendo el poder de esta Armadura Dorada, y del poderoso ser que ha decidido combatir a mi lado. El señor de las bestias. ¡Crearé mis propias técnicas! ¡Me convertiré en un Caballero Dorado a mi propia imagen! ¡La melena de este León ondea como llamas del mismo infierno! ¡Colmillo Ardiente! —gritó Ikki, y su puño envuelto en llamas dibujó un León agresivo que mostraba sus colmillo de fuego, y golpeaban la barrera de Bian, destrozándola, y golpeando el rostro del General de Hipocampo, lanzándolo en dirección al cielo.
—Esta agresividad… el León está furioso… este caballero ha domado a la bestia… —habló Bian, y en ese momento reaccionó y comenzó a reunir su cosmos alrededor de sus brazos—. No me permitiré la deshonra de la derrota. ¡Acabaré contigo aún si eso significa hundir mi cosmos hasta las profundidades mismas del océano! —declaró Bian, y el Hipocampo se dibujó tras su espalda—. Serás un guerrero valeroso. Pero la ira descontrolada no llegará a doblegarme. ¡Aliento del Señor de los Mares! —gritó Bian, y el puño envuelto en llamas de Ikki se disipó, siendo tragado por poderosos vientos de tormenta que comenzaban a rodear el Pilar del Pacífico Norte—. ¡Es tu fin! —gritó Bian, y de su mano se desprendieron los torbellinos, que golpearon el cuerpo de Ikki y lo lanzaron al cielo.
—¡Esta tormenta! ¡Es como sentir la ira misma del señor de los mares! —gritó Ikki mientras los vientos lo azotaban en contra del Pilar del Pacífico Norte, y el Caballero de Leo comenzaba a caer al suelo sumamente adolorido—. Por unos instantes… el cosmos de Bian sobrepasó al mío… pero eso es imposible… mi nivel es muy superior al suyo —habló Ikki mientras se ponía de pie con debilidad.
—De no ser por tu Armadura Dorada, tu cuerpo habría sido destrozado por mi ataque —habló Bian mientras caminaba en dirección a Ikki con tranquilidad—. Caballero… me ha sorprendido tu corazón de batalla y tu feroz ímpetu. El León en verdad ruge con intensidad en tu corazón. Pero no debiste subestimarme. ¡La ira de Poseidón reside en mí ser! ¡Sus vientos extinguirían incluso las flamas del inframundo! —e Ikki comenzó a ponerse de pie. Una mirada de odio le envolvía los ojos, y un hilo de sangre le caía de su frente—. ¿Te pones de pie a pesar de haber sido abatido en contra del Pilar del Pacífico Norte? —preguntó Bian.
—Te lo he dicho, Bian, no tengo tiempo que perder contigo —y el León volvió a rugir con intensidad—. No me importa que tan fuerte crees que seas. Yo derrotaré a quien sea que se pose en mi camino. Mi hermano Shun está en peligro y no me impedirás ir en su encuentro.
—¿Tu hermano? —preguntó Bian—. Dragón Marino seleccionó personalmente a nuestros oponentes. Todos cayeron victimas de su ataque dimensional. El hermano del que tanto te preocupas lo más probable es que esté muerto. Yo me preocuparía más por mí mismo —y Bian corrió en dirección a Ikki e intentó golpearle el mentón, solo para que Ikki bloqueara su golpe con su mano derecha con muy poca dificultad—. ¿Cómo? —reaccionó Bian.
—No puedo sentir el cosmos de mi hermano por la confusión que genera Poseidón y sus Pilares, Bian —aclaró Ikki, que entonces forzó su cosmos a estallar con violencia, empujando a Bian lejos del Pilar del Pacífico Norte—. Pero él está vivo, y te juro que voy a encontrarlo. ¡Pero antes de eso acabaré contigo! ¡Rugido de Fuego! —gritó Ikki, y de sus manos se soltó un torbellino de vientos de fuego, muy similar al ataque desencadenado por Bian.
—¡No imitarás mi técnica! ¡Aliento del Señor de los Mares! —reaccionó Bían con su propio ataque. Los torbellinos de viento, agua y fuego chocaron. Los elementos apuntaban a que Bian tendría la ventaja, más en la distracción encontró a Ikki lanzándose en picada en su contra con su puño envuelto en llamas, usando los vientos de Bian para impulsarse con mayor velocidad—. ¡Surca mis vientos con la gracia de un ave! ¡Este sujeto! ¿Qué clase de caballero es?
—¡Soy el verdugo de los infieles! —gritó Ikki—. ¡Mis flamas consumirán tu cuerpo, Bian! ¡Colmillo de Fuego! —gritó Ikki, que entonces atravesó el pecho de Bian con la fuerza de su puño que inclusive le traspasó la espalda—. Jamás debiste interponerte entre mi camino hacia mi hermano —aclaró Ikki, que entonces pateó el cuerpo de Bian lejos de su brazo, y comenzó a caer con gracia frente al Pilar del Pacífico Norte, donde se posó orgulloso de su hazaña, mientras el cuerpo de Bian golpeaba el suelo con violencia—. ¡He vencido! —gritó Ikki—. Ahora dime quien es el General que se enfrenta a mi hermano. ¿A quién seleccionó Dragón Marino como su oponente? —y Bian comenzó a incorporarse con debilidad—. ¡Habla antes de que la muerte te reclame! —gritó Ikki.
—Ser derrotado… por un caballero tan brutal… es un orgullo como a la vez una deshonra… —habló Bian con debilidad, y mientras de su boca caía la sangre de sus órganos perforados—. Dragón Marino… eligió los combates que más nos favorecieran… en tu hermano ha visto debilidad y miedo… su oponente es Eo de Scilla —confesó Bian con debilidad y mientras su cuerpo comenzaba a fallarle y se estrellaba de cara al suelo—. Lo encontrarás en el Pilar… del Océano Pacifico Sur… si no te apresuras no lo lograrás… —e Ikki se apresuró a correr en dirección al Pilar mencionado—. ¡Espera Caballero! —gritó Bian, e Ikki comenzó a elevar su cosmos, solo para ver a un Bian cuyos ojos se ahogaban en lágrimas—. Di todo de mi… por proteger a mi dios… y tú te preocupas únicamente por tu hermano… debo saberlo… ¿es acaso tu hermano más importante que la diosa de la Paz y de la Sabiduría en la Guerra? O desconocen ustedes los Caballeros Dorados… que Athena está por morir dentro del Soporte Principal.
—¿Qué has dicho? —preguntó Ikki—. Escuché un mensaje de Shaka cuando uno de los Pilares comenzó a colapsarse. Nos encomendó derribar estos Pilares, y créeme que volveré para hacerlo en cuanto encuentre a mi hermano. No sé donde entra Athena en todo esto.
—Entonces… con mi último aliento de vida te lo voy a explicar —habló Bian—. Athena… se encuentra sellada en la cámara principal del Templo de Poseidón, dentro de un Pilar llamado el Soporte Principal —e Ikki miró a Bian impaciente—. Mientras ustedes pensaban que eran solo una tropa de invasión… la verdad era que Poseidón los había engañado. Athena está aquí en la Atlántida, y a menos que los 7 Pilares sean destruidos, el Soporte Principal no cederá —e Ikki entonces miró al Pilar del Pacífico Norte iracundo—. Volveré a preguntarte… caballero… ¿qué es más importante? ¿Tu querido hermanito… o la diosa de la Sabiduría en la Guerra a la que has jurado proteger? Te aseguro que no tienes el tiempo de salvarlos a ambos —e Ikki se mordió los labios iracundo.
—Ni tú el tiempo de verme lograrlo —y Bian intentó levantar la cabeza con debilidad—. Muérete sin duda en tu ser, Bian. Mi hermano es lo más importante para mí únicamente después de Athena —e Ikki incineró su cosmos, y lo lanzó en contra del Pilar del Pacífico Norte—. ¡Colmillo de Fuego! —gritó Ikki, que golpeó el Pilar con todas sus fuerzas sin llegar a hacerle daño—. Ni una grieta.
—Caballero… has hecho la decisión correcta —habló Bian con lágrimas en sus ojos, y entonces se puso de pie con debilidad—. Ve y únete a tu hermano… yo me encargaré… de derribar este Pilar… —e Ikki se mostró sorprendido—. No voy a vivir por mucho tiempo… jamás conocí la hermandad… ni el compañerismo… siempre viví por mi deber y ese deber era asesinar en el nombre de Poseidón… el regente de los mares es mi dios después de todo… pero… yo también soy un humano… y al menos… ¡Le debo esto a la humanidad! —gritó Bian—. ¡Ve por tu hermano! ¡Y júrame que jamás te convertirás en el sirviente sin rostro de un dios que no sea justo! ¡Y te juro que a pesar de mis heridas! ¡No moriré sin derribar este Pilar! —y Bian incineró su cosmos, e Ikki se mostró sorprendido por la fuerza restante del cosmos de Bian.
—Lo juro —habló Ikki, que entonces corrió en dirección al Pilar del Pacífico Sur, y en el camino encontró a Aioria, que se mostró sorprendido del verlo dejar el campo de batalla, y al General del Pacífico Norte lanzando su cosmos en contra del Pilar que protegía—. ¡No tengo tiempo de explicarte! —gritó Ikki—. Solo déjalo en sus manos.
—Espera Ikki —gritó Aioria—. Si me pides que lo deje en sus manos así lo haré. Pero necesito mi armadura para salvar a mi propio hermano de cosmos —e Ikki se mordió los labios, no deseando desprenderse del poder de la Armadura de Leo—. ¡Ikki! ¡Ya probaste ser digno de mi armadura! ¡Pero yo aún no he muerto! —e Ikki vio la Caja de Pandora con la Armadura del Fénix, y una sonrisa se le dibujó en su rostro—. ¡La próxima vez que utilices mi armadura! ¡Pretendo que uses al menos el Plasma Relámpago! —aseguró Aioria con una sonrisa.
—¡Nunca voy a llamarte maestro! —agregó Ikki, que entonces se desprendió de la Armadura Dorada, que comenzó a vestir a Aioria. El Fénix entonces salió de la caja y vistió a Ikki de igual manera—. Será un orgullo volver a vestir al León Dorado, pero el Fénix siempre será mi mayor arma —y ambos corrieron en direcciones distintas, Ikki dirigiéndose al Pilar del Pacífico Sur, y Aioria en dirección al Soporte Principal.
Templo de Poseidón
—¡Aguja Escarlata! —gritó Milo, y en ese momento Poseidón fue forzado a blandir su tridente e impedir que las agujas volvieran a tocarlo—. ¿Puedes sentirlo, Poseidón? Te aseguro que yo sí puedo sentirlo. ¡El cosmos del dios de la Brutalidad en la Guerra comienza a hacerse presente! ¡Yo soy, el dios de la Guerra! ¡Aguja Escarlata! —continuó gritando Milo, y Poseidón enfureció y arrojó su cosmos en contra del Caballero de Escorpio, que terminó impactando el trono del señor de los mares con fuerza al ser lanzado, y derribándolo—. Eso… fue en verdad doloroso.
—No pienso permitir que despiertes al dios de la Guerra, Milo de Escorpio —y Poseidón lanzó relámpagos en dirección a Milo, que se quejó con intensidad, víctima del dolor cuando los relámpagos comenzaron a romper su temple—. No soy igual a Ares. No te permitiré reunir tu fuerza de cosmos y hacerme frente. ¡Te fulminaré antes de que puedas siquiera acercarte al nivel del dios de la guerra! —y Poseidón lanzó una esfera de agua al cielo a través de una apertura causada por Milo en su templo cuando desencadeno su ataque de Explosión de Antares—. ¡Diluvio Universal! —declaró Poseidóno, y un torrente de agua bajó del cielo, e impacto a Milo con violencia, hasta el punto de que su armadura comenzó a ser perforada en varias secciones—. Sucio mortal —agregó Poseidón con desprecio—. ¡No eres nada!
—Soy más que nada… Poseidón… —habló Milo, sus ojos iluminados de un rojo intenso que encendía su ira—. Soy… el pináculo de la destrucción misma —aclaró Milo, su cabello tornándose de un negro oscuro e intenso—. ¡Soy sangre! ¡Soy batalla! ¡Soy brutalidad! ¡Soy la guerra misma! ¡Alala! —gritó Milo, y Poseidón enfureció y fue lanzado por el tremendo ataque que no provenía de Milo, sino de Ares.
—¡Ares! ¿Cómo te has atrevido a levantarme tu puño, sobrino infeliz? —se quejó Poseidón—. Has osado revelarte ante mí. Jamás debí haber confiado en tu ser, consentido de Hades —agregó Poseidón mientras apuntaba su tridente en dirección a Milo, que tan solo sonrió con malicia—. Arrodíllate ante mí, y te perdonaré esta ofensa.
—Pero querido tío. Yo jamás me arrodillaría ante nadie —y en ese momento, la sonrisa de Ares se borró—. ¡Aguja Escarlata! —gritó de repente, y Poseidón se sorprendió cuando una aguja le derribó el casco, enfureciendo al señor de los mares—. No pienso… permitir que te apoderes de mi cuerpo… Ares… —y Poseidón comprendió que Milo volvía a obtener el control—. Te derroté antes… y volveré a hacerlo… no me permitiré fallarle a Saori —y Milo se dio la vuelta, y apuntó su aguja en dirección al Soporte Principal—. ¡Explosión de Antares! —su aguja impactó la estructura, pero fue incapaz de dañarla—. ¡Maldición! —habló Milo, y entonces sintió que el tridente de Poseidón le atravesaba la espalda y el pecho—. ¡Yeaaaaargh!
—Tus esfuerzos han sido admirables. ¡Pero no eres nada! —gritó Poseidón, y entonces lanzó a Milo por las escalinatas, bañándolas en su sangre—. Humano insignificante. ¡Esta es la última vez que te metes en mi camino! —y Poseidón colocó su tridente en posición vertical con la punta apuntando al rostro de Milo—. ¡Te arrancaré la cabeza! ¡Muere! —y Poseidón bajó su tridente, y tanto sangre como escombro se levantaron del suelo.
Senda al Pilar del Océano Atlántico Sur.
—¡Milo! —gritó Mu, y Tetis de Sirena alzó la guardia frente a Mu—. El cosmos de Milo se incineró por unos instantes antes de desaparecer. ¿Qué Hades está pasando? —y Mu entonces observó a la Marina de Poseidón elevar su cosmos en su dirección—. No lo hagas… solo terminarás muerta por mi mano.
—He mantenido mi guardia en alto en todo momento pero te niegas a atacarme —habló Tetis—. El nivel dorado es muy superior al mío. Pero no pretendo quedarme de brazos cruzados mientras Poseidón corra peligro —y Mu lo negó con la cabeza—. No eres rival para mí.
—En realidad, Tetis… lo es… —se escuchó una voz, seguida de la dulce tonada de una flauta—. Este caballero, a pesar de sus evidentes heridas, muestra una fuerza de cosmos tan alta que ridiculizaría a algunos de los Generales Marinos. Es por eso, que he decidido hacerle frente —fue en ese momento, que Mu se percató de que un General de Poseidón se encontraba sentado sobre una roca frente a ellos. Y Hasta ese momento había estado tocando la flauta—. Caballero de Aries… antes de que se volviera a levantar la barrera de Poseidón, corrías en dirección al Pilar del Pacífico Norte… pero te perdiste en el camino —explicó el General—. Terminaste en los Territorios de Sorrento de Sirena.
—Antes de que el cosmos de Poseidón volviera a incinerarse perseguía el cosmos de Aldebarán de Tauro —aclaró Mu, que en ese momento comenzó a caminar ignorando a Sorrento para sorpresa de Tetis—. Con tu permiso… debo encontrar a mi amigo.
—Aldebarán de Tauro… un oponente noble y poderoso —aclaró Sorrento, y Mu se dio la media vuelta y lo observó curioso—. Tuve el placer de enfrentarme y derrotar a Aldebarán de Tauro. Al menos hasta que Poseidón me impidió matarlo —y Mu cerró sus manos en puños—. Si buscas a Aldebarán… me temo que se encuentra sellado dentro de uno de los Pilares de Poseidón, un poco más al norte, donde se encuentra el Pilar del Océano Pacífico Norte, esta senda te llevará al Pilar del Pacífico Sur, erraste en tu camino.
—Entonces volveré por donde vine —aclaró Mu, y comenzó a retirarse—. Te pido una disculpa por el inconveniente, y agradezco la explicación —y Tetis se mostró sorprendida por la actitud de Mu, que comenzaba a retirarse.
—Un momento caballero… me temo que estamos en guerra, por lo que no puedo permitir que sigas tu camino, aún si Tetis actúa como tu guía —y la Marina de Poseidón se mostró insultada por aquel comentario—. Poseidón me negó mi derecho de asesinar a Aldebarán de Tauro, pero me conformaré con probar mi gloria en tu contra. Si eres tan amable, te pido que me sigas en dirección a mi Pilar. Será un excelente escenario de batalla, a menos que no desees salvar a Athena —agregó Sorrento.
—Escuché que la han encerrado dentro del Soporte Principal de labios de Tetis —y la Marina se avergonzó de su lengua floja—. ¿Qué debo hacer para salvarla? —preguntó Mu, y Sorrento sonrió ante eso último.
—Es muy simple, caballero —agregó Sorrento—. Tan solo debes de derrotarme, y destruir mi Pilar —y Mu asintió—. No es todo lo que hay que hacer, pero sin duda será tu aportación en caso de que logres derrotarme —y Sorrento comenzó a retirarse, y Mu lo siguió impaciente, sabiendo que desperdiciaban tiempo valioso.
Pilar de Océano Ártico.
—¡Hyoga! —gritó Shiryu tras su llegada al Pilar del Océano Ártico, donde encontró a un Hyoga congelado y que a duras penas se mantenía con vida—. Hyoga, reacciona por favor —suplicó Shiryu, que entonces posó su mano sobre la hombrera de Hyoga, que se despedazó al contacto—. ¡Hyoga! —se preocupó Shiryu.
—Shi… Shiryu… —habló Hyoga con debilidad, y Shiryu se alegró de escucharlo—. Fui… débil… fui… fui muy débil… no aprendí nada…me anclé a mis sentimientos… no pude… yo no pude matar a mi maestro… —y Shiryu se mostró confundido—. Tenía el poder para hacerlo… pero… el maestro Milo me enseñó a confiar en mis sentimientos… le perdoné la vida al maestro Camus.
—¿Ca… Camus de Acuario? —y Hyoga asintió con debilidad—. Entonces… el cosmos que sentí en verdad pertenecía a Camus de Acuario… ¿dónde está? —preguntó Shiryu buscándolo con la mirada.
—Ha ido a asesinar al maestro Milo —habló Hyoga, que entonces intentó moverse solo para que su armadura comenzara a cuartearse—. No puedo seguirlo… debo… reunir mi cosmos y liberarme… te juro que lo alcanzaré… y esta vez… le daré muerte.
—Tenemos una misión más importante que el redimirte en contra de tu maestro, Hyoga —habló Shiryu—. Shaka me ordenó destruir estos Pilares. No hay tiempo que perder —y Shiryu sacó un arma de su armadura, uno de los tridentes, y en ese momento, Hyoga le tomó del brazo—. ¿Hyoga? —preguntó Shiryu.
—Así como lo has dicho, no hay tiempo que perder —habló Hyoga—. Reuniré mi cosmos… me liberaré de estos hielos tan fríos… y derribaré el Pilar yo mismo —y Hyoga tomó el tridente en su mano—. Adelántate… Shiryu… una vez que derribe este Pilar… alcanzaré al maestro Milo en el Soporte Principal —y Shiryu estuvo a punto de quejarse—. ¡Solo hazlo Shiryu! ¡No me impidas restaurar mi honor de caballero! —y Shiryu asintió.
—Lo comprendo, Hyoga —y Shiryu dejó su tridente en manos de Hyoga y comenzó a correr en dirección al Pilar del Pacífico Norte —Hyoga, comprendo bien tus sentimientos… yo también tuve la desgracia de enfrentarme a mi propio maestro —comunicó Shiryu a Hyoga con su cosmos mientras se alejaba—. Pero no es vergüenza el enfrentarte a tu maestro. Hay que encontrar el equilibrio entre el deber y el corazón. Estoy seguro de que llegarás a encontrarlo.
—Si… Shiryu… —habló Hyoga, elevando su cosmos de un dorado intenso alrededor del tridente que le había otorgado el Caballero de Libra—. No me permitiré volver a fallar. ¡Lanza Dorada de Libra! —y Hyoga cortó el Pilar a la mitad, y este se despedazó bajo la fuerza de su cosmos.
Soporte Principal.
—¡Imposible! —gritó Poseidón. Frente a él, Milo de Escorpio seguía con vida. La punta del tridente de Poseidón tan solo había rasguñado superficialmente su mejilla. Pero esta vez, Milo no había sobrevivido por su velocidad o agudeza de sentidos, sino gracias a una lanza de un color rojo sangre, que había detenido el Tridente de Poseidón a escasos centímetros de que este se clavara en su rostro—. ¿Cómo es esto posible?
—Estoy igual de horrorizado que tú, Poseidón —exclamó Milo iracundo—. Al parecer Ares no desea ver su cuerpo de repuesto destrozado e inservible, y por ello me ha brindado su lanza sagrada, Brotaloigos —y Poseidón retrocedió—. Athena sin embargo, ha prohibido el uso de armas. Usarla probablemente sea la única oportunidad que tengo de derrotarte —y Milo se puso de pie con la lanza sagrada en su mano, y Poseidón se mordió los labios admirando el arma—. Esta lanza me causó un mundo de dolor. Usarla en tu contra sería sumamente satisfactorio —y Poseidón subió su tridente en señal de defensa—. Y sin embargo, eso sería la voluntad de Ares —y Milo se dio la media vuelta, y lanzó la lanza en dirección al Soporte Principal, pero la lanza terminó estrellándose en contra de este sin llegar a perforarlo siquiera, y después cayó al suelo clavándose en este sin causarle daño alguno al Pilar. Poseidón entonces intentó atravesar a Milo nuevamente con su tridente, más en esta ocasión Milo logró evadirlo, y le clavó personalmente una aguja a Poseidón, la segunda de las 14, pero igual que con Ares, las agujas no impactaban el cuerpo del dios gracias a su escudo divino—. Ese maldito escudo.
—Tu insolencia ha rebasado mi paciencia, Milo de Escorpio —y Poseidón reunió su cosmos en su mano derecha, más antes de lanzarlo en contra de él, Poseidón sintió una fuerza tremenda encenderle su cosmos ya de por sí enorme—. El Pilar del Océano Ártico ha sido derribado.
—¿Camus? —habló Milo con debilidad y tristeza al pensar en que su amigo partía nuevamente al Tártaros—. Descansa… mi querido amigo… deja el resto en mis manos… —susurró Milo, y entonces corrió lejos de Poseidón y en dirección al Soporte Principal—. Si ya se derribaron 2 de los Pilares entonces el Soporte Principal debe de haberse debilitado —Milo tomó la lanza nuevamente, y con esta golpeó el Soporte Principal, que nuevamente no se rasgó siquiera. Pero una luz dorada se disipó de la lanza, rodeando al Soporte Principal por unos instantes, y revelándole a Milo sus interiores, donde miró a Saori esforzándose por las últimas bocanadas de aire antes de ser tragada enteramente por el agua. Se había acabado el tiempo, Saori tendría que usar el cosmos de Athena para sobrevivir—. ¡Saori! ¡Resiste! ¡Voy a sacarte! —gritó Milo, y Poseidón sonrió malévolamente.
—¿Me das la espalda por la diosa Athena? Que arrogancia —agregó Poseidón, y Milo continuó golpeando el Soporte Principal con su lanza—. Ella aún tiene tiempo. Con su cosmos sería capaz de sobrevivir al menos 12 horas más —y en ese momento, Milo se percató del como Saori lloraba dentro del Soporte Principal—. Claro que… su bebé muy probablemente no resista ni la mitad del tiempo.
—¿Be… bebé? —habló Milo, y entonces vio reflejado en el Soporte Principal a Saori que posaba su mano en contra de la pared que él hasta esos momentos había golpeado con su lanza. Un profundo dolor la invadía, y con su otra mano se frotaba el vientre—. ¿Sa-Sa-Saori? Estas… tú estás… —y Milo cayó sobre sus rodillas, conmocionado por la noticia, y con sus ojos envueltos en lágrimas—. Un hijo o hija… producto de mi afrenta a los dioses… Saori… te he irrespetado… pero esta afrenta, no me trae sufrimiento —y Milo elevó su cosmos, y se posó orgulloso frente a Poseidón—. No puedo romper el Pilar aún, resiste Saori, voy a sacarte —y la constelación de Escorpio brilló con gran fuerza a espaldas de Milo—. Poseidón, aún si encuentro la muerte en esta batalla, te juro en el nombre de Athena que sacaré a Saori de ese Pilar. Ni los dioses me negarán el derecho a ser un padre. Será mi más grande afrenta a los dioses.
—¿Te mofas de los dioses? —agregó Poseidón—. ¡Maldito blasfemo! ¿Acaso no te cansas de tu propia arrogancia? ¡Los dioses somos los únicos seres perfectos! ¡Y tú, sucio mortal! ¡Continúas escupiendo en el nombre de los dioses! ¡Levantas tu puño en contra de ellos! ¡Te conviertes en asesino de dioses! ¡Usurpas los tronos del Olimpo! ¡Irrespetaste incluso a la diosa de la Sabiduría en la Guerra! ¡Plantaste tu semilla en su ser! ¡Y yo en mi infinita misericordia pretendía aceptarlo y convertirte en un verdadero dios a mi servicio! ¡Pero tus insultos, son imperdonables! —Poseidón elevó su cosmos alrededor de su cuerpo, aplastante y poderoso.
—Poseidón, déjame decirte algo, maldito infeliz —y Poseidón enfureció—. He estado condenado, desde el momento mismo en que acepté la Armadura de Escorpio —y Milo entonces colocó su mano sobre el Pilar, como intentando tocar la de Saori que le devolvía el gesto del otro lado—. Cuando se me entregó esta armadura… se me dijo que me convertiría en el protector de Athena. Combatiría en Guerras Santas, contra Poseidón y contra Hades. Desde ese momento, supe, al igual que todos mis hermanos Caballeros Dorados, que estaba condenado a una vida de entrega, y al sufrimiento eterno en la muerte. Después de todo, ya sea en batalla o por vejez, llegaré al reino de Hades a ser torturado únicamente por ser un Caballero de Athena —y Saori dentro del Pilar, bajó la mirada adolorida—. Nosotros los caballeros… ya estamos condenados… entonces dime, Poseidón. ¿Si seré castigado de todas formas en muerte, porque no sacarle el mayor provecho a la vida escupiéndoles en el rostro a quienes me darán penitencia sin previo juicio? —y Poseidón no mencionó palabra alguna. Se mantuvo inmutable, a pesar de que su ira se intensificaba—. La vida… Poseidón… es lo más preciado para un ser humano… y con ella, haré mis milagros. Moriré sin arrepentimiento alguno.
—Te diré de lo que has de arrepentirte… Milo de Escorpio… —agregó Poseidón, que nuevamente comenzó a reunir su cosmos primordial, y forzaba a toda la Atlántida a estremecerse—. Te arrepentirás de atentar en contra de los dioses. Hades se encargará de destrozar tu alma. ¡Pero yo pulverizaré tu cuerpo! —agua se alzó de la tierra, y como serpientes marinas rodearon a Poseidón, que posó su mano frente a Milo, y permitió que las aguas se concentraran dentro de una pequeña galaxia en su palma—. ¡Colapso Torrencial! —gritó Poseidón, y la galaxia estalló en una lluvia que se dirigía hacia el cielo, destrozando la armadura y el cuerpo de Milo.
Pilar del Océano Atlántico Norte.
—¿Dónde estoy? —habló Saga de Géminis débilmente, mientras por fin despertaba de su largo sueño solo para encontrarse a sí mismo atado por cadenas alrededor del Pilar de Océano Atlántico Norte, cuyas aguas le golpeaban el cuerpo constantemente—. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué me siento tan débil?
—Tal parece que el cosmos de Poseidón por fin te ha despertado —escuchó Saga, que entonces observó con desprecio al General de Dragón Marino, que se posaba orgulloso frente a su Pilar, admirando su trofeo de guerra—. Y sin embargo, es una sorpresa siquiera el que hayas despertado. Utilicé mi cosmos a su máximo esplendor para poder sobrepasar tu dominio dimensional y hacer mi voluntad. Tu mente debió haber vagado por las dimensiones hasta que Poseidón asesinara a Athena.
—¿Quién eres? —preguntó Saga iracundo—. Posees un poder dimensional terrible. Mi mente vagó por las dimensiones sin encontrar el camino de regreso a mi cuerpo hasta que el terrible cosmos de Poseidón fue capaz de despertarme —agregó Saga, que comenzaba a forcejear con las cadenas que lo rodeaban—. ¿Quién eres que fuiste tan ingenuo para dejarme con vida en mi momento de debilidad, en lugar de acabar con mi vida como debiste haberlo hecho?
—Solo te devolví la misma miserable misericordia con la que tú me pagaste, hermano —explicó Dragón Marino—. ¡Encerrado en una prisión! ¡Sin derecho a juicio! ¡Juzgado y condenado por su propio hermano! ¡Deseaba que comprendieras ese sufrimiento! —y Saga abrió sus ojos incrédulo—. ¿Qué se siente, Saga? ¿Qué se siente ser aprisionado por aquel ser a quien alguna vez llamaste tu hermano? —Dragón Marino se quitó el casco, revelando su rostro idéntico al de su hermano, pero de cabello ligeramente más claro.
—Kanon —habló Saga con calma, una calma que aparentemente no fue del agrado de Dragón Marino, que entonces lanzó su cosmos en contra de Saga, golpeándolo violentamente en contra del Pilar al que estaba encadenado—. No me arrepiento de tu encierro… hermano… lo tenías merecido —y Saga nuevamente lo golpeó con su cosmos.
—¿Por qué? ¿Por pensar en convertirme en un dios? —preguntó Dragón Marino—. Hace 15 años, fuiste rechazado por Shion, el Patriarca del Santuario en ese entonces, cuando te postulaste para ese puesto. Aioros se ganó el derecho, y tú fuiste rechazado —pero Saga se mantuvo tranquilo, pese a recordar el día en que Shion le entregó ese derecho a Aioros de Sagitario—. Tú debiste haberte convertido en el Patriarca, y yo debí haberme convertido en el Caballero de Géminis. Y sin embargo, el derecho de ambos nos fue negado.
—No lo merecíamos —intentó razonar Saga—. Te juro hermano, que incluso hoy mi corazón se encuentra en pena al pensar que se me negó el derecho a ser Patriarca —confesó Saga, y entonces continuó—. Pero no lo merecía antes, ni lo merezco ahora. Por eso abandoné esa posición de poder que solo podría corromperme, y acepté el ser tan solo un Caballero Dorado —explicó Saga—. Mi odio era muy alto… pude haber hecho cosas impensables como las que me propusiste. Por eso no puedo ser el Patriarca —confesó.
—¡Solo intentaba ser justo! —gritó Kanon—. El día en que fuiste rechazado por Shion, te propuse arreglar las cosas. Tan solo debíamos asesinar al anciano, tomar su lugar. ¡Nadie se daría cuenta! ¡El viejo ya había cumplido con su misión en la tierra!
—No, Kanon —habló Saga con calma—. Asesinar al Patriarca no era la respuesta. Tan solo no estábamos listos. Aioros de Sagitario sí lo estaba… odié a Aioros de Sagitario con cada fibra de mí ser… pero… debía aceptar esa realidad. Estuve a punto de cometer el pecado, encontré al Patriarca vulnerable y débil, tratando de leer en las estrellas sobre la llegada de Athena. Estuve tan cerca de acabar con su vida y apoderarme de su poder. Pero no lo hice. Y en estos momentos comprendo por fin, que Aioros fue el mejor Patriarca de los 2. Dio su vida por derrotar a Cronos.
—Fue un tonto —fueron las palabras de Kanon—. Era un plan perfecto. Asesinarías a Shion, me entregarías tu armadura, y después asesinaríamos a Athena. El Santuario sería nuestro. Seríamos dioses en la tierra. Pero te negaste, y hoy Athena va a morir de todas formas, y Poseidón reinará sobre la tierra. ¡Nosotros deberíamos ser los dioses de la tierra! ¡Tenemos el poder! ¡Éramos el Caballero Dorado de Géminis más poderoso de todos!
—Y es por esas ideas retrogradas tuyas, que te encerré en la prisión del Cabo Sunión —y Kanon enfureció al escuchar esas palabras—. ¿Cómo lograste escapar? Cuando regresé a liberarte, simplemente ya no estabas. Sabía que tenías el poder de sobrevivir, pero nadie jamás podría escapar a la prisión de Cabo Sunión por sí mismo, sus barrotes fueron hechos con los restos del Paladio de Athena que suprime el poder del cosmos de quien lo toca —explicó Saga.
—Esa prisión era horrible —agregó Kanon mientras recordaba el día en que Saga lo encerró en una prisión cercana al Santuario pero de cara a la costa. Una prisión donde los Atenienses castigaban a los criminales de guerra, lejos del oído de cualquier soldado del Santuario. Una prisión en la falda de los acantilados Atenienses que era eternamente golpeada por las olas del mar embravecido, y que mientras caía la noche, forzaba a la marea a subir hasta enterrar bajo el agua a quienes castigaba dentro—. Fueron días interminables… la marea subía hasta que el agua me llegaba al cuello, pero también volvía a bajar, alguien estaba cuidándome, Saga. Pronto descubrí, que la pared en la que me recargaba todos los días despedía un cosmos profundo y poderoso —y las memorias invadieron la mente de Kanon, que se vio a sí mismo golpear las paredes lodosas y fangosas, hasta encontrar detrás el tridente del señor de los mares—. ¡Poseidón me salvó en incontables ocasiones! ¡Descubrí su Santuario y su armadura! ¡Y me hice pasar por unos de sus Generales por el solo deseo de poder! ¡Inclusive intenté el hacer la guerra entre el Santuario y Poseidón! ¡Pero el señor de los mares despertó antes siquiera de que yo pudiera hacer mi voluntad y me convertí en un peón a su servicio! ¡Mi único deseo siendo el destruirte, Saga! ¡Puede que no me haya convertido en un dios! ¡Pero al menos podré vengarme! —y Saga se mantuvo determinado ante sus palabras.
—No hay nada de qué vengarse… Kanon… cosechas lo que has sembrado por el odio latente en tu corazón —y Kanon se mordió los labios, iracundo por el comportamiento insensible de su hermano—. Dime algo… Kanon… antes mencionaste que Athena moriría. ¿Qué te hace pensar que así será? —y Kanon sonrió con malicia.
—Es simple —comenzó Kanon—. Athena se encuentra en la Atlántida en estos momentos —y Saga abrió sus ojos de par en par al escuchar eso ultimo—. Has estado inconsciente, abatido por las aguas de mi Pilar que te han debilitado. Por eso no sabes lo que ha estado ocurriendo. ¡Estamos en guerra! ¡Athena es la prisionera de Poseidón quien la ha encerrado dentro del Soporte Principal! ¡Los 7 Pilares inundan la tierra al mismo tiempo! ¡Y solo podrá Athena ser salvada si se rompen los 7 Pilares! ¡Pero ya es tarde! ¡Athena va a morir! —y Saga se mantuvo en silencio—. He destruido tu mundo.
—No… Kanon… —aclaró Saga, y su cosmos comenzó a intensificarse—. Si un mundo ha sido destruido, ese ha sido el tuyo. ¡Ahora sé lo que ha de hacerse! ¡La Otra Dimensión! —conjuró Saga su técnica, y en ese instante su cuerpo fue tragado por las dimensiones—. ¡Kanon! ¡Al servicio de Athena me he enfrentado a dioses poseedores de un dominio dimensional mayor incluso al nuestro combinado! —habló Saga. Su voz resonaba por todos los alrededores del Pilar, pero Kanon no podía verlo—. Iapeto de Xiphos, dios de las Dimensiones, fue sin duda el maestro de todas las dimensiones, y fui yo quien le dio muerte. Ahora, hermano, te pagaré con esa misma moneda —y Kanon se dio la vuelta, solo para encontrar a Saga detrás de él—. ¡Explosión de Galaxias! —se escuchó su grito, y Kanon fue incapaz de evadir el poderoso ataque de Saga, y planetas enteros arrasaron con él hasta forzarlo a estrellarse con el Pilar—. ¡Hoy terminaré lo que empecé hace 15 años! ¡Y esta vez, no habrá misericordias!
—¿Piensas que me dejaré intimidar por ti, hermano? —gritó Kanon, que en ese momento elevó su cosmos—. ¡Mi dominio de las dimensiones te noqueó por casi un día entero! ¡Tu cuerpo está debilitado por las aguas del Pilar del Océano Atlántico Norte! ¡Soy más poderoso que tú! —y Kanon movió sus manos en forma de triángulo—. ¡Y te lo voy a demostrar al darte muerte! ¡Triángulo Dorado! —las dimensiones se distorsionaron, y la Atlántida entonces cayó sobre el dominio de tormentas dimensionales que comenzaban a distorsionar el cielo.
Senda al Pilar del Océano Pacífico Norte.
—Las dimensiones comenzaron a distorsionarse. Esto seguro es obra de Saga —habló Shiryu, que cada vez se encontraba más cerca del siguiente Pilar. Más en ese momento, vislumbró a un caballero que corría en su encuentro—. ¡Ohko! —gritó Shiryu, y su compañero y rival se incorporó para correr junto al Caballero Dorado de Libra—. Me alegra que te encuentres a salvo.
—No quiero escuchar esas palabras viniendo de ti, Shiryu —habló Ohko con rudeza—. Shaka me envía con un mensaje. Sin importar qué, los Pilares deben ser derribados aún si esto le entrega a Poseidón un Dunamis —y Shiryu asintió—. Si los 7 Pilares no caen, entonces Athena morirá ahogada dentro del Soporte Principal.
—Ya había intuido parte de lo que me cuentas, Ohko —agregó Shiryu, y ambos entonces llegaron al Pilar del Océano Pacífico Norte, donde encontraron a Bian de Hipocampo sumamente malherido, pero elevando su cosmos lo más que le era posible—. Un General de Poseidón —gritó Shiryu, y Ohko de Dragón se adelantó—. ¡Espera Ohko! —gritó Shiryu.
—¡De ninguna manera! ¡No permitiré que continúen arrebatándome la gloría! —gritó Ohko, que entonces intentó golpear a Bian, solo para percatarse del intenso cosmos y arrepentirse en el trayecto—. Este cosmos… pero… su cuerpo está totalmente destrozado. ¿Cómo es posible?
—Intenté decírtelo, Ohko —agregó Shiryu—. Nadie que pueda seguir de pie en ese estado, puede ser un ser maligno —y Shiryu vio las quemaduras en el cuerpo de Bian—. Este General de Poseidón, fue brutalmente abatido por Ikki de Leo… lo único que lo mantiene con vida es el cosmos, en el momento en que este se extinga… —comenzó Shiryu.
—Moriré… —explicó Bian con debilidad—. Le prometí a Ikki de Leo… que derribaría este Pilar antes de morir —y tanto Shiryu como Ohko se percataron del cómo Bian se tambaleaba entre la vida y la muerte—. Pero ya no me quedan fuerzas… he usado hasta la última pisca de mi cosmos… no puedo… yo… no puedo… si muero ahora… jamás me lo perdonare —y Shiryu entonces le ofreció a Bian una de las piezas de la Armadura de Libra, la tonfa—. ¿Qué es… esa arma…? —se preguntó Bian, y Shiryu cerró sus ojos momentáneamente, admirando al General frente a él—. ¿Con ella podré?
—No lo sé con certeza… todo dependerá de la fuerza de tu cosmos —agregó Shiryu, y el General comenzó a elevar su cosmos alrededor de la tonfa—. ¿Estás seguro? Muy probablemente no sobrevivirás al impacto —y Bian observó a Shiryu con detenimiento.
—Por caballeros que son capaces de preocuparse… incluso por sus enemigos… es más que obvio que yo estaba luchando para el bando equivocado —agregó Bian, que entonces se lanzó en contra del Pilar y lo impactó con violencia. Su puño se rompió tras el golpe, y sus ojos se tornaron blanquecinos, Bian murió únicamente tras darse cuenta de que el Pilar se agrietaba y era derribado.
—Que encuentres la paz… General de Poseidón —agregó Shiryu mientras levantaba a Bian, y lo cargaba lejos de los escombros que caían tras el Pilar ser destrozado—. Algo sale de los interiores del Pilar —agregó Shiryu, que en ese momento vio una luz dorada iluminar la base del Pilar, y a un caballero caminar fuera de este—. Un momento… ese es… —agregó Shiryu con alegría.
—¡Ya era hora! —gritó Aldebarán de Tauro sumamente molesto—. ¿Qué Hades les pasó por la cabeza? ¿Saori se encuentra en peligro y hasta ahora comienzan a derribar Pilares? —y Shiryu entonces se dio cuenta de lo débil que se encontraba el Caballero de Tauro—. ¿Cuántos Pilares han sido derribados? —y Aldebarán cayó sobre una de sus pesadas rodillas.
—Con este ya son 3 —y Aldebarán se mordió los labios—. Aldebarán. Todos pensábamos que habías muerto. Tu armadura… —comenzó Shiryu, que entonces sintió una luz dorada iluminar el cielo, mientras el Toro Dorado galopaba al encuentro de su dueño y lo vestía de dorado—. ¡Aldebarán! ¿Acaso tú…?
—¡JA JA JA JA JA! ¡No me permitiría perderme la diversión! ¡Tengo cuentas pendientes con ese tal Sorrento de Sireno! —se quejó Aldebarán molesto—. ¿Dónde está? ¡Ha llegado el momento de la revancha! —y Shiryu no supo qué responder.
—No sé dónde está Sorrento de Sireno, pero sé de labios de Natassia que ha enviado a Geki de la Osa Mayor al Pilar del Atlántico Sur —y Aldebarán observó a Ohko, y agradeció sus palabras—. Señor Aldebarán. Pienso que Natassia envió a Geki a ese Pilar para combatir a Sorrento en su nombre.
—¡No tendrá que hacerlo! —agregó Aldebarán—. ¡Ese serenito se atrevió a agarrar al Toro por los cuernos! ¡Es momento de demostrarle que tan fuerte es en verdad Aldebarán de Tauro! ¡Yo mismo viajaré a su Pilar y le propinaré tal paliza que se arrepentirá de haberme menospreciado! —y entonces Aldebarán recibió de manos de Shiryu un escudo—. ¿Tu escudo?
—Para derribar los Pilares —explicó Shiryu—. Si nos dividimos, recuperaremos el tiempo perdido. Tras derrotar a Sorrento en el Pilar del Atlántico Sur, derriba con esto el Pilar —y Shiryu entonces le entregó a Ohko unos nunchakus. Confío en que podrás blandir esta arma con orgullo —agregó al mirar a Ohko.
—No necesito tu confianza —agregó Ohko con molestia y tomó la vara en su mano—. Me dirigiré al Pilar del Pacífico Sur entonces. De ser necesario derrotaré al guardián de ese Pilar yo mismo.
—Me dirigiré al Pilar del Atlántico Norte entonces —agregó Shiryu—. Buena suerte, caballeros. No nos permitamos el ser derrotados ante la amenaza del señor de los mares.
Pilar del Atlántico Sur.
—Otro Pilar ha sido derribado —agregó Sorrento mientras sentía la tierra estremecerse—. Tal parece que los Caballeros de Athena son realmente rivales de temer —y Sorrento miró a Mu con detenimiento, y Tetis mantuvo su distancia—. Es momento… pero antes de comenzar, debo preguntarte. ¿Planeas enfrentarme sin armadura?
—No tengo otra alternativa —explicó Mu—. Mi armadura se encuentra en reparación, por lo que expondré mi cuerpo a cualquier penitencia que deba pasar por Athena y por mi amigo Aldebarán —explicó Mu, y Sorrento se mostró conmovido.
—¿Dices eso a pesar de haber entregado la mitad de tu sangre por resucitar tu armadura? —espetó Tetis con preocupación, misma que Sorrento detectó—. ¡Es un suicidio! —insistió ella.
—¡Los Caballeros de Athena siempre luchamos sin temor a perder nuestras vidas! —se escuchó un grito ajeno, y de pronto, Geki de Osa Mayor cayó de la cima de los arrecifes de coral cercanos, y con su mano cerrada en un puño intentó noquear a Sorrento, que colocó su flauta en el camino e impidió que Geki cumpliera con su cometido—. ¿Qué ha ocurrido?
—Es de muy mala educación interrumpir una confrontación —agregó Sorrento, y entonces lanzó a Geki de la Osa Mayor a un lado con rudeza—. No interfieras en mi batalla —agregó Sorrento, y Tetis entonces se abalanzó en contra de Geki y comenzó a impactarlo con violencia—. Dejemos que nuestros compañeros se diviertan. Ambos tenemos mayores preocupaciones —y Mu asintió. Mas en ese momento se llevó una sorpresa muy grata al ver que Sorrento se desprendía de su armadura—. Mi principal tarea es la de proteger a mi Pilar y servir a Poseidón. Pero al igual que con Aldebarán cuando lo enfrenté y derroté en Lemuria —y Geki se sorprendió de escuchar esas palabras, mientras continuaba evadiendo y combatiendo a Tetis—. A los Caballeros Dorados les debo mi respeto. Desarmado peleas, desarmado pelearé yo. Pero claro que, me niego a derramar la mitad de mi sangre para equilibrar la balanza, ni me desprenderé de mi flauta para esta batalla.
—Has hecho suficiente, caballero —agregó Mu, que entonces elevó su cosmos—. Agradezco tu entendimiento de mi debilidad, pero ten por seguro que aún si no lo hubieras decidido igual me hubiera enfrentado —y Sorrento asintió y preparó su cosmos—. ¡Revolución de Polvo Estelar! —gritó Mu, y la batalla dio inicio.
Soporte Principal.
—¡Aaaaah! —gritó Milo en pena mientras la galaxia circular de torrentes primordiales le desgarraba la piel y lo lanzaba en contra del Soporte Principal. La Armadura de Escorpio había sido destrozada. Ya solo quedaban las protecciones de las piernas y los brazos. Milo sabía que la armadura había muerto y no le brindaría más su fuerza. Estaba solo en contra del señor de los mares, y su cuerpo no resistiría mucho.
—No me explico cómo es que continuas con vida, Milo de Escorpio —enunció Poseidón mientras Milo caía pesadamente frente al Soporte Principal, en un charco de su propia sangre—. Los dioses te han abandonado, tu criatura mitológica ha sido destruida, tu armadura se ha caído en pedazos. ¡No eres nada! ¡Y continúas debilitándote mientras que con cada Pilar que es destruido, mi cosmos crece! —y Poseidón recibió el poder del Pilar que había sido derribado recientemente—. Me acerco cada vez más a desarrollar un Dunamis idéntico al Dunamis primordial del que gozaba en la era mitológica. Y tú, Milo de Escorpio, te acercas cada vez más a las puertas de la muerte.
—Ponte… de pie… —se suplicó Milo a sí mismo—. No puedes perder todavía… Saori… el bebé… si no luchas por ti al menos lucha por ellos —y Milo por fin se incorporó, solo para recibir una esfera de fuerza cósmica de un azul intenso que se estrelló contra su cuerpo, y lo lanzó como si hubiera sido azotado por un rio en contra del Pilar, donde Milo dejó regada su sangre, y Saori Miraba impotente a su esposo ser castigado tan brutalmente—. Sa… Sa… Saori… y Milo se desplomó contra el suelo.
—Muere… tan solo muere y se castigado por Hades por tu afrenta —habló Poseidón, pero Milo nuevamente intentó incorporarse, elevó su cosmos y se lanzó en contra de Poseidón, esta vez con su puño envuelto en luz de cosmos dorada—. Has perdido inclusive la voluntad de conjurar tus técnicas de batalla. Eres una vergüenza —y Poseidón lanzó su cosmos en su contra, y Milo clavó sus piernas en el suelo para evitar ser impactado nuevamente contra el Pilar—. El esfuerzo que empeño en tu castigo es apenas una fracción de mi verdadero poder. Y tú ya agotaste el tuyo —y sin embargo, una luz escarlata iluminó la mano derecha de Milo.
—Mientras más débil… mientras más cercano a las puertas de la muerte… un Escorpio solo puede volverse más fuerte —y Milo cerró su mano en un puño, y Poseidón frunció el ceño por primera vez impresionado—. ¡Destello Escarlata! —gritó Milo, y la explosión de lanzas escarlatas se dejó sentir por toda la Atlántida.
Explanada Principal del Templo de Poseidón.
—¡Maestro! —gritó Natassia sorprendida de sentir el poderoso cosmos de Milo estallar de esa forma—. Lo ha entregado todo. ¿Dónde están el resto de los Caballeros Dorados? ¡El maestro Milo morirá si esto continúa! —lloró Natassia, y en ese momento sintió un cosmos frio golpearle la espalda—. ¿Maestro Hyoga?
—¿Maestro Hoyga? —se escuchó la voz de Camus de Acuario, que llegaba débilmente ante Natassia de Corona Boreal—. Ya comprendo… el maestro de maestros me llamaban… pero todos mis discípulos siempre terminaron en una fría tumba —prosiguió Camus, y Natassia retrocedió unos pasos—. Has montado guardia fuera del Templo de Poseidón. ¿Dónde se encuentra Milo de Escorpio? —preguntó Camus.
—Tú debes ser Camus de Acuario —agregó Natassia, y Camus la observó con detenimiento—. Mi nombre es Natassia de Corona Boreal… y fui entrenada por Milo de Escorpio antes de recibir enseñanzas de mi maestro, Hyoga de Acuario.
—Ya derroté a Hyoga de Acuario —habló Camus, y Natassia se sorprendió tanto, que abrió los parpados revelando sus lechosos ojos ciegos—. ¿Qué oportunidad tiene el discípulo, donde el maestro fracaso?
—Respóndete a ti mismo esa pregunta, Camus de Acuario —habló Natassia con frialdad, y Camus se sobresaltó de escuchar esas palabras—. ¿Qué esperanzas tiene el maestro que le ha fallado a Athena… de derrotar al discípulo que le es fiel?
—No pienso enterrar a más discípulos —agregó Camus iracundo—. Apártate. Debo ir a con Milo de Escorpio a saldar mi deuda a conmigo mismo —ordenó Camus.
—No me apartaré —explicó Natassia, que entonces elevó su cosmos—. Te enfrentaré y venceré con las enseñanzas del maestro a quien tanto desprecias —y Natassia apuntó con su dedo en dirección a Camus—. ¡Aguja Zafiro! —gritó Natassia, y Camus evadió con cierta dificultad una aguja de hielo que fue lanzada en su dirección, y se mostró sorprendido por la técnica que acababa de presenciar—. ¡Seré una Acuario! ¡Pero mi primer maestro fue Milo de Escorpio! ¡Y pese a no ser merecedora de su armadura! ¡Me considero a mí misma tan brutal como el escorpión mismo! ¡Soy capaz de enfrentarte como un Escorpio lo haría! ¡Destello Zafiro! —lanzó la fuerza de sus lanzas, y Camus cubrió con su cuerpo el impresionante ataque.
Senda al Soporte Principal.
—¡Destello Esmeralda! —gritó Jabu, que en esos momentos bombardeó a Seiya con explosiones de cosmos de color esmeralda en formas de lanzas bien afiladas. El caballero discípulo de Milo de Escorpio había logrado hacerle frente a Seiya, quien poseía un cosmos de Caballero Dorado.
—¡Ya basta Jabu! ¡Saori está en peligro y tú continuas retrasando mi misión! —gritó Seiya, que envolvió sus puños de cosmos y liberó su ataque—. ¡Cometa Pegaso! —gritó, y observó a Jabu saltar al cielo y reunir la fuerza de su cosmos en su pierna derecha—. ¿El Asesino de Dragones? —se preguntó Seiya.
—¡Galope del Unicornio! —gritó Jabu, que impactó el puño de Seiya y su cometa—. Solo el maestro Milo puede usar el Asesino de Dragones —aseguró Jabu—. Pero si deseas ver una de las técnicas de mi maestro en acción, te complaceré. ¡Aguja Escarlata! —gritó Jabu, y su aguja se clavó en el pecho de Seiya—. ¡Mi sangre se ha convertido en veneno gracias a las enseñanzas del maestro! —aseguró Jabu.
—Puedo sentirlo —habló Seiya con debilidad—. Jabu. Te lo voy a pedir por última vez. Escucha a la razón —agregó Seiya—. Abre los ojos, peleas por la razón equivocada. Milo jamás levantaría su puño en contra de quienes intentan proteger a Athena. ¡Estoy seguro de que en estos momentos Milo se encuentra combatiendo a los Generales de Poseidón! ¡Incluso me atrevería a decir que se enfrentaría directamente al señor de los mares por Athena! ¿No lo entiendes? ¡Milo desobedecería incluso a Athena por el amor que siente por ella, no como humana, sino como diosa! —explicó Seiya, y Jabu bajó la mirada—. Jabu… apártate, o te juro que mi siguiente golpe terminará con tu vida.
—El maestro Milo… lo daría todo por Saori… incluso su vida… —y Seiya bajó la guardia—. Pero Saori es Athena, y si es la voluntad de Athena. ¿Qué haría el maestro Milo? ¿Qué haría el maestro si fuera la misma orden de la diosa el sacrificarse? ¿El maestro lo aceptaría? —preguntó Jabu, víctima de dolor por la confusión en su corazón.
—Jabu… tú sabes bien la respuesta —y Jabu bajó la mirada—. Milo es el más complejo de todos los caballeros. Nadie puede llegar a entenderlo del todo. A veces es solitario, a veces es un gran compañero y hermano en guerras. Pero nadie jamás puede estar seguro de lo que pasa por su mente —y Jabu asintió—. Lo único que puedes estar seguro que Milo haría, es desafiar la voluntad, incluso de la misma Athena, por lo que es correcto. Milo es un ser incorruptible.
—¿Entonces… debería levantar mi puño ante Poseidón? ¿Aún si ha sido una orden directa de Athena? —y Seiya no dijo nada, tan solo observó a Jabu—. Yo también… soy un Escorpio… Seiya… —y Jabu preparó su aguja—. ¡Y no puedo aceptar eso como respuesta! ¡Aguja Escarlata! —gritó Jabu, y Seiya corrió en su encuentro, recibió su aguja, pero aun así completó su ataque.
—¡Estrella Rodante de Pegaso! —gritó Seiya, tomó a Jabu de los brazos, giró su cuerpo junto al de Jabu, y estrelló violentamente al Caballero de Unicornio en contra del suelo, noqueándolo al instante—. Perdóname Jabu… —agregó Seiya con debilidad—. Tu cosmos es muy grande, supera incluso al de los Caballeros de Plata, incluso tal vez, sea tan alto como el de los Caballeros Dorados. Pero tu convicción no era la correcta —y Seiya se limpió las lágrimas al pensar en haber combatido y derrotado a un semejante—. Algún día lo entenderás, Jabu —y Seiya corrió en dirección a la Explanada del Templo de Poseidón, donde la aurora boreal comenzaba a dibujarse.
Soporte Principal.
—Maldición —se quejó Milo, y cayó sobre sus rodillas. La sangre le caía de múltiples heridas, su cosmos estaba totalmente extinto. Y sin embargo había fracasado, fue incapaz de derrotar al dios de los mares, que en esos momentos se posaba frente a Milo sin haber recibido daño alguno de su ataque más destructivo—. Lo he dado todo de mi… hasta la última pisca de mi cosmos fue consumida. Por más que lo deseo no puedo hacerle frente —confesó Milo, y Poseidón se posó frente a Milo, orgulloso, y sin daño alguno que mostrara los esfuerzos de Milo—. No fui capaz siquiera… de clavarle una sola aguja… me ha doblegado por completo —Saori gritó el nombre de Milo desde los interiores del Soporte Principal. Pero intentaba en todo momento no caer en la desesperación. Si su cosmos divino flaqueaba, no solo ella moriría, sino su bebé, y millones de habitantes en todo el mundo que serían azotados por el cosmos terrible de Poseidón y su diluvio universal—. ¿Qué tengo que hacer para derrotarte?
—Jamás tuviste oportunidad para empezar —habló Poseidón con serenidad—. Tus blasfemias han llegado a su fin. Negaste mi favor, negaste el servirme. Ya no me sirves de nada —y Milo comenzó a ponerse de pie nuevamente, siendo desafiante hasta el final—. Ya no te queda cosmos. Has sido derrotado.
—No te daré el placer de asesinarme mientras estoy de rodillas —fueron las palabras de Milo, y Poseidón lo miró iracundo—. Vas a fracasar… y aunque yo no esté para verlo, te juro que alguien va a detenerte —y Poseidón alzó su tridente—. Te pudrirás en el Tártaros.
—No, Milo de Escorpio —habló Poseidón, y en ese momento le clavó su tridente al pecho, fulminando el poco cosmos que le quedaba a Milo, aunque este no soltó alarido alguno de dolor—. El Tártaros te espera a ti, y Poseidón sacó su tridente del cuerpo de Milo, y el Caballero de Escorpio cayó al suelo y no se movió más. En los interiores del Soporte Principal, Saori se mostró horrorizada, y semejante expresión divertía a Poseidón—. He asesinado a tu campeón. Ya no te queda nada, Athena —agregó Poseidón, que entonces comenzó a retirarse de regreso a su trono, sabiendo que Milo no se levantaría esta vez.
—Mírate, Antares… inconsciente en un charco de tu propia sangre —se dice que cuando la muerte está cerca, hay un periodo de tiempo entre la vida y la muerte, en el que uno siente el pasar de una eternidad antes de caer en el sueño eterno. En esos momentos, Milo supo que se encontraba en ese umbral, y que Ares, el dios de la Brutalidad en la Guerra, era quien le hablaba—. No tienes idea de lo satisfactorio que es verte así de destrozado, derrotado y débil —prosiguió Ares, y Milo se mordió los labios iracundo.
—Ares… —reaccionó Milo, uno de sus ojos brillando de escarlata, y Saori dentro del Soporte Principal, recuperó algo de esperanza cuando vio a su marido moverse—. ¿Acaso no puedo siquiera… morir en paz…? —agregó Milo, su corazón latía más lentamente en cada momento.
—No si podemos hacer algo para evitarlo —habló el dios de la guerra—. He dormido en tu interior por 2 años. Soy solo cosmos dormido, insignificante sin la presea de un cuerpo el cual habitar. Podría liberarme y acabar con Poseidón por ti, y salvar a mi amada hermanita. Ya no tienes nada que perder después de todo, si me niegas habrás muerto, y yo seré encerrado en el Tártaros hasta encontrar la reencarnación.
—Entonces púdrete… y déjame morir —y la risa malévola de Ares se escuchó resonar por los rincones de la mente de Milo—. Alguien más salvará a Saori… yo di todo de mí. Poseidón te superó, Ares. No eres nada en comparación suya.
—Tengo más posibilidades que tú —fue la respuesta llena de desprecio de Ares—. Nada deseo más que el verte morir. Pero esta es la oportunidad perfecta de derrocar a Poseidón y apoderarme de su reino. No puedo restaurar tu cuerpo a su antigua gloria, mortal, pero puedo sellar tus heridas y ganar tiempo. Es mejor que nada, Antares. ¿Permitirás que Athena muera ahogada? ¿Permitirás que el fruto de tu ser vea negado su derecho de nacimiento? —y Milo enfureció—. Acéptame… funde tu cosmos al mío. Conviértete en el dios de la Brutalidad en la Guerra —se burló Ares.
—No soy ningún imbécil, Ares —y Milo comenzó a perder el conocimiento—. Si hago eso… yo dejaré de existir para cederte mi lugar. No seré más que un espectador atrapado en tu interior. Igual a como era Kyoko para Eris —y Ares rio nuevamente—. Pero… es la única forma… hazlo entonces… pero te juro, que cuando reencarne… volveré a asesinarte.
—¡Jamás perdería la oportunidad de tener mi revancha, Antares! —gritó de repente el cuerpo de Milo, y Saori se alegró. Pero su alegría fue momentánea, quien se ponía de pie no era Milo. Su cabello era oscuro, sus ojos eran rojos, y en su mano derecha cargaba la lanza sangrada, Brotaloigos, y se formaba el escudo de la guerra, Teikhesipletes, en su brazo izquierdo. Ares había renacido—. ¡Querido tío! —gritó Ares, y Poseidón se mostró sorprendido, igual que Saori que lloraba horrorizada—. Tu supuesto reinado, ha llegado a su fin.
Ya revisé la ortografía. Espero en verdad no haber roto la trama origina, la verdad es que con la tremenda gama de personajes, se me han olvidado agregar tantas cosas, pero bueno, necesitaba hacer rendir a 7 Generales de Poseidón y creo que sin duda lo he hecho hasta ahora.
Con respecto a Bian, sé que fue el primero en morir y que muchos creen que es un debilucho, pero yo veo a Bian como un Siegfried de la saga de Asgard. Fuerte y aguerrido, y tristemente errado en sus convicciones, tuvo la mala fortuna de enfrentarse a Seiya (¡aburrido!) creo que el mejor oponente para él hubiera sido Shiryu, pero eso tal vez lo digo por mi poco afecto por Seiya, como sea, no porque me desagrade un caballero lo voy a tratar mal en las Sagas, trato de mantener la historia lo más realista posible (realista hablando del nivel del anime, porque esto definitivamente no es realista). En fin, comenzaré a escribir el próximo capítulo antes de que me vuelva a dar la depre T_T (ya le dio).
NOTAS DE LA EDICIÓN DEL 2018 (Que une a Guerras Doradas con su precuela, Guerras de Troya):
1 – Cuando Saga exige respuestas sobre el cómo Kanon se escapó de Cabos Sounión, le menciona que se suponía que era imposible escapar de esa prisión ya que los barrotes estaban hechos con los restos del Paladio de Athena, que suprime el poder del cosmos de quienes lo tocan.
