¡Buenas tardes! Sí, ya llegué para traerles cosas suculentas XD Bueno, no tanto. Pero al menos el misterio está servido en charola de plata :D ¿Y alguien dijo AbuMoka?¿Alguien pidió más incógnitas?¿Nadie? Pues ni modo, porque eso es lo que les traje con la actualización… Y nada, estoy sumamente feliz de que el calvito siga con vida y las cosas hayan tomado otro rumbo :D
*Mitsuki.- Pues creo que esté fic no tiene ni un momento en que pierda lo interesante XD Apuesto a que estarás ansiosa por la continuación.
*Lu89.- Ya ves, Oshin tiene amigos influyentes y fuertes que a Kamui le gustaría mandar al otro mundo por mera diversión X'D Y creo que con este capítulo quedará más claro el AbutoxMoka(?).
*I love Okikagu.- Pues qué te puedo decir XD El bienestar de Oshin va y viene, y siempre es muy impreciso. Y sí, imagino que quedó muy obvio eso de su relación con Tentei y asociados (ahora saber que él es el viejo inútil que siempre mencionaba jajaja). Umi y ella tendrán rato para conocerse mejor XD.
Capítulo 26
Crossing Field
Lo que originaba esa mueca en sus labios y en el resto de su cara no era la comida que le había sido servida, sino más bien la persona que arribó hasta donde él y el resto de sus camaradas se encontraban merendando pacíficamente, sin molestar a ningún miembro del Hokusei.
—¿No deberías estar moviéndola la cola a tu capitán mientras lo sigues a todas partes? —sí, allí estaba esa hostil mujer que había conocido por azares del destino y que continuaba con ese mal genio ante él y el resto de los de su especie.
—¿No crees que es muy temprano para que estés alzando la voz de este modo? —nunca se imaginaría que encontraría otro dolor de cabeza peor que Kamui y Oshin juntos. ¿Es que por qué razón esa mujer era tan altanera frente a los Yato?
—Quejarse no es propio de un hombre de verdad —al diablo que nadie le hubiera invitado a sentarse alrededor del círculo social de esos tíos; ella tenía los pantalones bien puestos para hacerlo e importarles un bledo lo que todos pensaran—. Entonces, ¿qué es lo que están planeando, eh? Su capitán quiere pelear contra el nuestro.
—Es un idiota, no nos compares con él —se defendía Abuto mientras bebía un poco de cerveza—. Nosotros no tenemos intenciones de enfrentarnos a tu tripulación. Sería masacre asegurada.
—¿Desde cuándo los Yato le rehúyen a una batalla?
—No se trata de eso —aseguró, clavando su mirada en la chica. Es que mira que estaba empezando a cabrearle—. A ninguno de nosotros nos molestaría vernos inmiscuidos en una pelea con personajes tan particulares como todos ustedes. Pero tenemos nuestras propias prioridades y no estamos para estar malgastando vidas a lo estúpido.
—Piensas bastante bien las cosas…Me sorprende que ese pelirrojo sea su capitán —criticó.
—Algunos tenemos muy mala suerte.
—Por cierto, ¿cuál es tu nombre? —cuestionó sin quitar sus carmesí pupilas de él—. Es cansado dirigirme a ti simplemente como el perro faldero del sádico ese.
—..Abuto…—respondió de mala gana—. Nunca pensé decir esto, pero preferiría que esa latosa boticaria estuviera aquí y no esta mocosa fastidiosa…Incluso las peleas verbales con ese idiota resultan mejor.
—Mi nombre es Moka. Y soy la capitana de la Segunda División del Hokusei —se presentó con formalidad, dejando completamente extrañados a todos. ¿De verdad una chiquilla como esa tenía un cargo tan importante? Ahora pensaban que el segundo escuadrón no era la gran cosa teniéndola a ella como cabecilla—. ¿Por qué están mirándome como si me hicieran menos, eh malditos barbaros?
—Bueno, es que estamos sorprendidos de que…luciendo tan joven, puedas ser la líder de un escuadrón. Y más si este pertenece al famoso Hokusei —el castaño ya era todo un maestro en arreglar las malas situaciones para salvar el pellejo de todos—. No es que estemos diciendo que seas débil ni nada por el estilo.
—No soy una niñita, tengo veinticinco años —estableció con cierta molestia—. Pero puedo demostrarles lo fuerte que soy si tantas ansias tienen —y por si dudaban de su decisión, ya había liberado su particular hacha y estaba dispuesta a enfrentarse a quien diera el primer paso.
—Oi, oi, baja esa cosa. Es peligrosa y podrías hacerte daño —intervenía Abuto—. No tiene sentido que peleemos entre nosotros. Tampoco necesitas demostrarnos tu fuerza.
—…Hmp…—torció el entrecejo pero terminó considerando su petición—. A todo esto, ¿dónde está Oshin?
—Eso mismo quisiera saber… Aunque nuestro estúpido capitán tampoco está por ninguna parte —él miraba en todas las direcciones pero no hallaba esa pelirroja cabeza por ninguna parte—. Espero que no vaya a cometer ninguna estupidez…
—Aunque si se le ocurre hacer algo indebido, todos se le irán encima —alegaba la peli azul.
—Y eso es lo que realmente me preocupa… Esto podría volverse un mar de sangre —suspiró deseando fuertemente que ese hombre se comportara por primera vez en su vida.
Le habían prohibido abandonar el fuerte, pero nunca mencionaron nada de caminar por los alrededores para desentumir sus piernas y despejar un poco su constipada mente. Además, le sentaba de maravilla porque podía detenerse a hablar con sus viejos camaradas; literalmente había vuelto a casa después de una larga ausencia.
—Pensábamos que te veríamos un poco antes, Oshin —Joben se había encaminado hasta ella con intención de charlar—. Veo que te has rodeado de personalidades particulares.
—Diría que son más una molestia que otra cosa —inquirió con una sonrisa burlona—. ¿Qué tal has estado?¿Qué dice tu esposa?
—Ah, todavía sigue indignada porque no le compré ese collar que tanto quería. No pierde oportunidad para echármelo en cara. Hasta me ha mandado a dormir a otra habitación —relató con cierta burla—. Las mujeres como ellas son demasiado complicadas…
—Siempre ha tenido un carácter especial… Hasta yo misma estoy sorprendida de que te hayas casado con ella —se quedó completamente callada en cuanto notó el semblante azul del dragón—. No me digas que…
—Veo que están muy entretenidos platicando a sus anchas, como si no existieran preocupaciones —en efecto, ahí estaba la persona de quien se encontraban cuchicheando; esa misma que era del mismo tamaño y especie que Joben.
—También estábamos hablando sobre eso, ¿verdad, Oshin?
—Por supuesto. Nosotros siempre somos serios para esta clase de asuntos —le siguió el juego espléndidamente bien—. También hacíamos mención de que eres una mujer ejemplar. Ya que siempre estás para Joben en los momentos difíciles y cuando llega la hora de pelear no dudas en entrar al campo de batalla.
—Eres todo lo que un capitán de escuadrón podría necesitar mi bella florecilla de loto.
—Eso es una verdad que no les discuto… De este modo es que somos los Amanto del Clan Ryuu —alguien estaba muy orgullosa de su especie—. Por cierto, Oshin.
—Dime.
—Creo que lo mejor que podrías hacer es darle un tour completo a ese Yato… Está bastante inquieto y ha estado vagando por los alrededores. Y creo que a Raiko no le ha simpatizado demasiado —eso era lo que temía escuchar la pelinegra.
—Díganme que no ha estado buscando una manera de provocar a Tentei…—pedía.
—Ya nos enteramos de que se confrontaron abiertamente ese par. Y eso puede ser sumamente problemático… No toleraremos que alguien intente ir por la cabeza de nuestro capitán. Ni siquiera si es amigo tuyo —hablaba Joben con toda la razón de su lado.
—Iré a verlo y tratar de entretenerlo con algo más para que no nos dé más problemas —ella que pensaba ingenuamente que podría estar en paz. Grave error.
Gracias a que todos le dieron pistas sobre el paradero del pelirrojo, no le tomó más de quince minutos encontrarlo. Y aunque temía por lo peor, al final todos sus temores cayeron al suelo; el Yato se hallaba sentado tranquilamente fuera de la entrada norte del fortín.
—¿Desde cuándo te volviste un vigía? —el oji azul estaba trepado sobre un saliente rocoso que permitía una observación idónea de la gran planicie que se extendía kilómetros a la redonda.
—Tú conoces muy bien a ese samurái. ¿Cómo puedo provocarlo para que se enfrente conmigo? —interrogó, mirándole desde lo alto.
—Es un viejo inútil. No es tan fuerte como piensas —dijo tranquilamente—. De modo que no desperdicies tu tiempo en ir por su cabeza.
—¿Estás protegiéndolo de mí? —soltó con tono burlesco—. Aunque no sería sorpresa porque es tu superior después de todo.
—No lo hago precisamente por eso —en cierto modo sus palabras desconcertaron al joven—. ¿No quieres que te muestre la nave principal?
—Las naves son aburridas~
—Esta no lo es en lo más mínimo. Además, no tendrías que caminar demasiado para llegar hasta ella.
—No la veo por ninguna parte.
—Eso es porque no eres lo suficientemente observador —le echó en cara con saña—. ¿Qué clase de idiota intenta derrotar a un enemigo sin siquiera conocerlo? Bueno, es algo que harías tú sin duda alguna.
La boticaria empezó a caminar por la cuesta abajo que había frente a ellos y en cuestión de un par de metros se detuvo. Sacó algo de su bolsillo derecho y lo extendió al frente, como si esperara que encajara en alguna apertura invisible.
Fue como una breve pero intensa chispa. Como ese brillo que acompaña a las estrellas fugaces cuando están ofertando su último aliento de vida; pero el espectáculo no terminaba allí, existía algo más que estaba a punto de suscitarse.
Delgadas líneas se prolongaban incesantes, entrecruzándose, perdiéndose en la distancia, trazado rápidamente algo que comenzó sin una forma precisa y que ahora se había convertido en un todo. En uno que se encontraba brillando con los tonos de la aurora boreal y que se extinguían de manera abismal para dejar admirar aquel enorme barco espacial que ocupaba una gran parte de toda esa llanura.
—No creo que haya muchas naves que sepan hacer esto —ante la pelinegra se alzaba una pesada compuerta; la misma que permitiría el descenso de aquella plataforma metálica.
—Sí que es gigantesca —chifló el pelirrojo en cuanto levantó su cabeza hasta la parte más alta, justo donde se hondeaba tan particular bandera—. No había visto una nave con un mecanismo de camuflaje como tan avanzado como este —un simple salto fue suficiente para llegar hasta donde ella se encontraba.
—Todas las maravillas tecnológicas con las que goza cada una de nuestras naves se deben al Clan Renho —al fin comenzó a subir por esa rampa y el pelirrojo seguía sus pasos a la par—. Su tecnología es de las mejores que hay en todo el universo.
El interior no podía ser en lo más mínimo decepcionante. Le quedó claro en cuanto sus pies se adentraron en las entrañas de ese navío intergaláctico mientras las puertas se cerraban a su espalda.
Cuando miraba hacia lo alto podía contemplar prácticamente el inmenso cielo de la Tierra, como si pudiera alcanzarlo con sólo estirar sus manos; alguien parecía maravillarse por la vista del oscuro universo que no le importó dejar una parte del techo con esos gruesos cristales.
Luego estaban los pasillos laterales que contenían numerosas habitaciones. Probablemente alguna de ellas pertenecía a algunos miembros de la tripulación o poseían una tarea en específico. Asimismo estaba esa escalera central que permitía el acceso a las siguientes plantas.
—Esta es la nave nodriza y como puedes ver es innecesariamente amplia —hablaba Oshin para quien continuaba curioseando como niño pequeño—. Cuenta con cinco plantas perfectamente definidas y repartidas. Así como dos pisos inferiores a los cuales se accede siguiendo los corredores que ves a tus lados.
—Esto solamente refleja que son numerosos miembros dentro de la tripulación —bueno, tal vez no había sido mala idea curiosear la embarcación de esos hombres.
—La primera planta contiene la enfermería, la biblioteca, un taller de máquinas, así como un hospital a escala para atender a los heridos, y el almacén de alimentos —informaba para alguien que no estaba poniéndole mucha atención que digamos—. En el segundo piso está el comedor, la cocina y la lavandería. En el tercero tenemos las habitaciones y creo que hay una pequeña cafetería y otras cosas —es que había estado un año ausente y las cosas podrían haber cambiado un poco—. En el cuarto está la sala de máquinas; desde allí se maneja la nave —y ya que Kamui había empezado a subir para dirigirse a los siguientes niveles, ella hizo lo mismo—. En el último piso está el cuarto de Tentei.
—Se requieren de bastantes recursos para tener un monstruo como este.
—Hay dos pisos inferiores. En uno de ellos resguardamos el armamento y los botines obtenidos…. El otro funciona como un hangar para las naves exploradoras.
—¿A qué se supone que se dedica en realidad el Hokusei? —solamente conocía los rumores, pero nada concreto.
—Diría que son bastante multifacéticos —no sabía muy bien por dónde comenzar la explicación.
—¿Por qué no dejas que yo mismo se lo explique, Oshin? —al parecer no estaban solamente ellos dos. Ese pelirrojo había aparecido tras descender desde el último piso hasta donde se encontraban.
—Te advierto que deja de poner atención después de unos cuantos minutos —indicaba la boticaria.
—Supongo que no me hará mal escuchar lo que un sujeto como tú tenga que decirme —para él lo más cómodo era tomar asiento sobre uno de los escalones que tenía a su alcance—. Y bien, ¿qué lo motivó a formar esta tripulación?
—Un motivo como tal no existió. Al menos no al comienzo —Tentei descendió un par de peldaños y colocó su atención en quien le guardaba unos enormes deseos de confrontarle—. Después de haberme retirado de la guerra contra los Amanto estaba asqueado sobre el gobierno, sobre todos esos hombres de poder que habían vendido a su patria en la primera oportunidad —masajeó su barbilla y sonrió con cierta osadía—. Al descubrir que había un mundo más allá de la Tierra, sentí enorme curiosidad. Por lo que quise conocerlo, explotarlo, y si las circunstancias lo ameritaban…dominarlo.
—Oh, eso es ser bastante avaricioso… Aunque no hay nada de malo en tener una gran ambición.
—Como tú con tu sueño guajiro de ser el Rey de los Piratas —cuchicheó la pelinegra.
—Y no me costó mucho trabajo encargarme de hacerme de una de sus naves y lograr que los que estaban dentro siguieran mis órdenes —continuaba hablando el hombre sin preocupación alguna—. Pero si quería continuar explorando el vasto universo, tenía que conseguir un mejor medio de transporte y hacerme de camaradas fuertes o terminaría siendo aplastado por los inclementes adversarios que me esperaban —nunca podría olvidar esos tiempos, porque estuvieron marcados de dificultades y peligros constantes. En más de una ocasión su pellejo estuvo en peligro—. Me tomó cerca de diez años formar por completo al Hokusei y desde ese momento nos hemos mantenido firmes ante cualquier adversario.
—Es relativamente poco tiempo si consideramos que fue una sola persona la que se encargó de crear toda una tripulación conformada por especies que no solamente eran diferentes a ti, sino que se encargaron de invadir tu planeta y dominarlo —versaba Kamui para ese viejo—. No he probado las fuerzas del resto de tus escuadrones, pero al menos el que está dirigido por ese chico es bastante prometedor.
—Oh sí, ya me contaron que intentaste pelear en serio contra Raiko —espetó jovial—. Mi tripulación cuenta con cuatro escuadrones principales. A estos se le unen unos más chicos y se complementan.
—El Primer Escuadrón está liderado por Raiko y está conformado totalmente por miembros del Clan Yato. El segundo tiene de capitana a Moka y además de Renho, cuenta con individuos del Clan Dakini…—enumeraba para quien ahora sí parecía estar atento a sus palabras—. El Tercer Escuadrón está a manos de Joben junto con otros del Clan Ryuu y del Clan Tokague… Y por último, pero no menos importante, tenemos al Cuarto Escuadrón con Roko como mandamás; la mitad pertenece al Clan Shinra y el resto a terrícolas.
—Bastante variedad —alguien estaba emocionándose más y más.
—Es mejor tener un poco de todo, ¿no? —su momento de inmovilidad había terminado. Ahora parecía muy interesado en continuar descendiendo—. Todas las especies poseen debilidades y cualidades. Lo mejor que se puede hacer es aprovechar ambas y crear algo realmente formidable.
—Entre más te conozco, más interesante me resultas, Tentei —confesó el Yato con una sonrisa risueña y conteniendo sus ansias por echársele encima—. Pero si te enfrento en estos momentos, entonces toda mi diversión se perderá y volveré a aburrirme.
—¿Realmente lo crees de esa manera? —le interrogó desde la primera planta—. Allá afuera hay más enemigos temibles de lo que te imaginas… Ni tú ni yo tenemos aún el derecho de denominarnos como los más fuertes del universo.
—Mmm… En eso concuerdo totalmente contigo.
—Soy un hombre sumamente ocupado que vino hasta la Tierra persiguiendo un viejo rumor. Pero creo que la situación no será tan simple como me la imagine… Y simultáneamente tampoco puedo permitir que ese enemigo misterioso nos aplaste a todos.
—¿Significa entonces que te quedarás para defender al planeta que te dio la espalda?
—Diría más que mi orgullo como samurái está de por medio —alegó—. No dejaré que un Amanto insolente campe a sus anchas en mi territorio. Así de simple, muchacho.
—¿Significa entonces que tendremos nuestro enfrentamiento cuando todo esto acabe?
—Si para ese momento tu cabeza aún sigue sobre tus hombros, continuaremos con lo que dejamos pendiente el día que nos conocimos.
—Más te vale no morir a la primera.
—Tengo más vidas que un gato, maldito mocoso engreído.
—Ah sí, olvidaba ese pequeño detalle que Tentei tampoco gusta de escapar de los combates y que no puede evitar ser tan competitivo… Y justamente tenían que conocerse.
Después del recorrido que le proporcionó a Kamui el resto de su día se había convertido asfixiantemente aburrido, prácticamente monótono y lo peor es que ya no encontraba más que hacer. Incluso había terminado de leer un par de libros mientras permanecía tumbada sobre un techo de teja.
—¿Qué se supone que haga ahora? Ya hasta le fui a ayudar a Moka e intenté que no matara a Abuto… Sé que ella se lleva mal con los Yato pero creo que este caso es excesivo. ¿Qué manía tiene contra ese pobre hombre? Si es el más decente de todo el grupo —suspiró por décimo quinta vez desde que concluyó su lectura—. Creo que iré a comer o qué sé yo…
—¿Por qué no vienes conmigo a Yoshiwara? —la propuesta era lo de menos. Lo sustancial era quien se lo estaba pidiendo.
—¿Qué estás haciendo aquí, Nana? —es que esa pequeña estaba sentada a su lado, con una mirada inocente—. ¿Cómo fue que atravesaste la seguridad?
—Cavé.
—Ah, con que cavaste…¡¿Cómo que excavaste?! —bueno, ahora entendía por qué se veía tan mugrosa—. Eso sí que es inesperado.
—Eso es lo que menos importa —dijo—. Vamos a Yoshiwara.
—No puedo salir de aquí. Lo tengo estrictamente prohibido.
—¿Ese samurái te lo prohibió? —ella asintió—. Es que alguien me pidió que te llevara allá.
—¿Alguien?¿De quién se trata?
Había conocido a numerosas criaturas capaces de infundir temor y respeto, así como ser consideradas como una verdadera amenaza para la vida. Pero era la primera vez que se topaba con animales de apariencia engañosa y de un tamaño que lograría que muchos se apartaran de su camino; y lo peor es que se encontraban gruñéndoles con enorme fiereza, como si se hubieran metido con todos ellos aun cuando su aparición había sido repentina.
—¿Qué se supone que son estas cosas? —Tentei no era tonto y ya tenía su espada completamente desvainada—. Ese de negro no me da buena espina. Es el más grande y parece ser el alfa de todos.
—No lo sé, pero lucen completamente sospechosos —Moka se encontraba a su lado con un arma en manos—. Podrían haber sido enviados por el enemigo. Por lo que lo mejor será asesinarlos aquí mismo.
—Oh, no tienen que preocuparse por esos perros —Abuto apareció en escena y esos Syx instintivamente movieron la cola para darle la bienvenida—. En realidad son las mascotas de esa chiquilla.
—¿De Oshin? —inquiría la Renho.
—Digamos que las adoptó después de que casi nos matan a todos —al menos ahora ya no les tenía la misma manía. Uno de ellos le había salvado de morir en las fauces de una serpiente—. Y son más obedientes de lo que creen.
—De modo que aprovechó que no estaba para hacerse de mascotas. Se ve que no ha dejado de ser caprichosa con ese tema —suspiró el pelirrojo mientras miraba a esos monstruos de la naturaleza—. ¿Qué haremos con doce perrotes como estos? Se ve que comen demasiado… Además, ¿qué tan útiles pueden llegar a ser?
—En realidad son bastante rentables —hablaba el Yato—. Son capaces de poner en problemas a un grupo pequeño de Yato… Poseen fuerza, gran resistencia, son ágiles y esos colmillos parten prácticamente cualquier cosa… El acero es como mantequilla para ellos… Y si son entrenados apropiadamente barrerán con todo lo que se les ponga en su camino.
—Ohh, eso suena bastante bien —Tentei parecía estar muy convencido con lo que esos Syx sabían hacer—. Y ya que Oshin se irá con nosotros cuando todo esto termine, no tendremos problemas de obediencia con ellos.
—Pensaba que ella se quedaría aquí en la Tierra. Con lo mucho que le gusta —mencionaba el castaño.
—La razón por la que solemos venir hasta aquí es por ella. Ama este planeta porque nació y creció en él —ilustraba el capitán—. Pero ahora que sé que Yomi se encuentra en la Tierra, no puedo permitir que vuelvan a encontrarse.
—Así que la sobreprotege como si fuera su hija —comentaba el Yato sin darle demasiado peso a su propia conclusión.
—Bueno, eso es porque la he tomado como mi hija adoptiva —Abuto tal vez se lo imaginaba, pero no esperaba que fuera a suceder—. Mientras esté con vida no dejaré que ese maldito o cualquier otro que intente arrebatarle la vida.
—Menos mal que no mencioné nada sobre ese idiota y el incidente en que la atacó estando malherida —ser tan conservador era bueno, especialmente cuando consideraba que meterse con la hija del capitán podría llevarles a ser ejecutados allí mismo—. Aunque si ese imbécil se entera de que es tan importante para Tentei no lo pensará dos veces para provocarlo a través de ella…
Había estado sinfín de ocasiones en esa tienda, pero nunca antes la había encontrado en un estado tan deplorable como el que poseía ahora mismo. Por donde quiera que viera solamente hallaba mesas destrozadas, numerosos objetos rotos y un rastro carmesí sumamente alarmante que no dudó en seguir.
Las explicaciones sobraban en ese instante. Lo que le precisaba era encargarse de taponear el corte trasversal que poseía la mujer a su costado derecho o moriría desangrada ahí mismo. Y lo peor era que se encontraba totalmente inconsciente y no reaccionaba sin importar lo que hiciera.
—Hinowa…Hinowa, reacciona, vamos —Oshin ejercía presión sobre la herida para que no continuara perdiendo más sangre.
—No creo que haya un hospital por aquí cerca —la peli blanca estaba a su lado sin saber muy bien cómo actuar o reaccionar—. Si quieres salvarla tenemos que sacarla de este sitio.
—Moverla en esta condición no es una opción y si la dejamos, morirá… Nana, tienes que ir a buscar ayuda —enfocó su mirada en la niña y esta se sobresaltó—. Sé que a ti las vidas de los seres humanos te tienen sin cuidado, pero no puedo permitir que ella muera.
—Si es lo que quieres que haga, Nana lo hará. Nana irá a buscar un médico o alguien que pueda curar a esa mujer.
—Muchas gracias —se sentía feliz de que esa pequeña hermana suya accediera a sus peticiones incluso cuando no formaba parte de su código de vida el rescatar a los débiles—. Pero procura ser cuidadosa.
—Me moveré tan sigilosamente que nadie se percatara de mi presencia —indicó antes de marcharse a toda prisa de la tienda.
—¿Será obra de los mismos sujetos que han estado secuestrando a las mujeres de Yoshiwara o este crimen lo ha perpetrado alguien más? Aunque si ese fuera el caso, ¿por qué razón la han dejado con vida?¿O es posible que Tsukuyo se encargara de salvarla y por eso no está en ninguna parte? —demasiadas interrogantes y ninguna posibilidad de obtener respuestas claras.
Su introspección cesó en cuanto escuchó esos pasos detrás suyo, aproximándose. Sabía que era imposible que Nana regresara en tan poco tiempo, por lo que le quedaba una única opción en manos; y no le agradaba en lo más mínimo.
—Al fin te hemos encontrado.
—Nuestro jefe estará sumamente conmovido cuando te llevemos ante su presencia.
Se giró con lentitud hacia quienes arribaron, hacia esos hombres trajeados con tan conocido uniforme. Sí, ahora estaba claro que quienes estaban detrás de esa serie de asesinatos eran ni nada menos que la policía que se supone debía mantener protegida la ciudad. Pero más allá de eso, ¿qué era lo que pretendían con sus acciones?¿Sembrar el miedo colectivo o crear un falso escenario de tragedia para ganarse el afecto de los ciudadanos?
Además, ¿por qué estaban buscándola específicamente a ella?
—Es hora de que le cobremos a ese viejo por lo que nos hizo hace años atrás… Pagará por habernos traicionado.
