~N/A: ¡Hola! Sé que es raro que no haya actualizado en cuanto llegó medianoche, pero no tenía el capítulo en Doc Manager y no estaba en mi casa. Respecto al capítulo: este es un poco más emotivo y "dramático" que los anteriores, pero no os asustéis porque no pasa nada malo y todo lo que contaré era necesario para que la historia avance. Más adelante volveremos a la diversión, pero ahora toca que varias personas tengan conversaciones sinceras.
Respecto al fic, aviso a navegantes: Vamos por el 26 y tengo escrito hasta el 29-30 (no recuerdo en cuál me quedé exactamente); eso significa que dentro de poco nos quedaremos sin capítulos escritos. Como siempre me pasa, no sé cuándo podré volver a actualizar, y os cuento por qué: estos meses están siendo difíciles porque estoy buscando trabajo para poder subsistir, así que estoy muy agobiada. He encontrado varias clases particulares de inglés y van a contratarme en una academia, así que el tema del dinero ya está solucionado, pero tengo que centrarme en lo verdaderamente importante, ya que es lo que me da de comer. De todas maneras, no os preocupéis, que terminaré el fic a ser posible antes de que termine el año :)
Muchas gracias a todas las personas que siguen apoyándome, vuestras bellas palabras siempre me animan a seguir. N/A~
DIARIO DE UN ROMANCE ACCIDENTADO
XXVI. Confesiones
Draco se sentó en su silla mientras Theo hacía lo mismo en la silla de enfrente de su mesa.
—¿Qué pasa? Parece que esté en una entrevista de trabajo —bromeó Theo.
Pero Draco no le devolvió la sonrisa. Odiaba lo que estaba a punto de hacer, pero era lo correcto. Últimamente estaba aprendiendo a pedir perdón y a tener en cuenta las opiniones ajenas. Por mucho que él deseara lo mejor para su amigo, no era su vida y no podía influir para moldearla a su antojo. Si las cosas salían mal para Theo, ya tendría algo que aprender de sus errores. Y juntos podrían fundar un club de despechados por las hermanas Granger.
—Tenemos que hablar de una cosa.
Theo frunció el ceño y se cruzó de brazos. Se conocían desde hacía bastante tiempo para que supiera leer las expresiones de Draco.
—¿Qué pasa? ¿Qué he hecho?
Su amigo suspiró. Se miró las manos que se sujetaban al borde de la mesa. Draco se obligó a relajarse. Pedir perdón no podía ser tan difícil, ¿no? Al menos con Hermione había aprendido a sobrellevar los insultos. Especialmente cuando sabía que eran acertados y totalmente legítimos.
—Tú nada. Fui yo. Bueno, y tu hermana —añadió. No pensaba cargar él solo con la culpa—. Es sobre Luna.
El solo nombre de la chica hizo que su amigo se incorporara en la silla y se echara hacia delante. Ahora Draco sabía que tenía su plena atención.
—¿Qué habéis hecho?
—¿Te acuerdas de que te dijimos que habíamos visto a Luna besando a otro hombre? —Theo asintió con expresión dolida—. ¿Y que no creíamos que correspondiera tus sentimientos en el mismo grado? —Otro asentimiento—. Pues no era verdad.
Theo se levantó y se quedó mirándolo con expresión acusadora.
—¡¿Qué?!
Draco lo imitó y se giró para mirar por la ventana.
—Bueno, en su momento sí que creía que era verdad, pero últimamente me ha dado por pensar y creo que Pansy exageró con lo del beso. Y después de lo mal que lo ha pasado Luna, también creo que sí que estaba enamorada de ti.
Cerró los ojos, esperando los gritos, pero estos nunca llegaron. Cuando se dio la vuelta, vio que Theo había vuelto a sentarse y miraba al infinito con expresión consternada. Hasta para enfadarse era demasiado bueno.
—¿Y por qué…? Sé lo que Pansy cree realmente de juntarme con gente «por debajo de nuestro estatus social», mi nivel de estupidez no llega tan lejos… ¿Pero tú? —Theo levantó los ojos y lo miró. Parecía dolido, y a Draco no le extrañaba. Si hubiera estado en su lugar y le acabaran de decir que la persona en quien más confiaba del mundo lo había separado de la chica de la que estaba enamorado, Draco saldría por la puerta y no volvería nunca.
—Porque en ese momento pensaba que era lo mejor para ti. —Era cierto: Theo era su mejor amigo y una de las personas más puras y confiadas que conocía. No quería que le hicieran daño. Aunque ahora veía que había sido peor el remedio que la enfermedad.
—¿Y no se te ocurrió que era mi vida y que no tenías por qué inmiscuirse? —Las palabras le resultaban familiares.
—¿Has hablado con Hermione de esto? —inquirió Draco.
—Veo que tú también —respondió Theo, entrecerrando los ojos—. No sabía que teníais tanta confianza como para hablar de mi vida sentimental.
Draco inspiró hondo.
—Y no la teníamos, pero resulta que fue uno de los motivos por los que me rechazó cuando me declaré a ella en marzo —confesó. Era liberador poder decírselo por fin.
La mandíbula de Theo estuvo a punto de desencajársele del sitio de tanto que abrió la boca por la sorpresa. Se levantó otra vez y se acercó a él.
—¿¡Y me lo cuentas así, ahora!?
Draco sonrió y se encogió de hombros.
—Estabas demasiado ocupado con tus propios sentimientos para dejar que te preocuparas por los míos.
—Sabía que si alguien podía llamar tu atención, sería ella —dijo con una sonrisa. Lo fulminó con la mirada—. Pero me ofende que no me contaras nada. Tienes que aprender a confiar más en mí —lo sermoneó.
—Sí, sí, lo sé. Me hubiera evitado muchos disgustos.
—¿Así que Hermione Granger, eh? Y te rechazó. —Por un momento, había olvidado el tema de Luna.
—Y no de la mejor de las maneras. Nada que no mereciera —explicó Draco vagamente con una mueca—. Pero eso ya está olvidado.
—Y una mierda —respondió su amigo mirándolo a los ojos con seriedad—. O Hermione no estaría aquí. ¿Estás seguro de que no siente nada por ti?
Draco apartó la mirada.
—Sus palabras exactas fueron «El último hombre del mundo del que podría enamorarme». Pero da igual, ese no es el tema que nos interesa ahora. —Tenía una habilidad sorprendente para evitar tocar conversaciones que no le interesaban—. ¿Qué piensas hacer con Luna?
Theo suspiró y se dejó caer en el sofá que tenía Draco junto a la ventana.
—No lo sé, tío. ¿Tú qué me recomiendas?
Draco sonrió, pero negó con la cabeza.
—Creo que no soy el más indicado para dar consejos sobre el amor, como he demostrado. Pero yo hablaría con ella antes de que sea demasiado tarde.
Los ojos de Theo estaban fijos en la ventana.
—No sé qué decirte. Yo creo que ya se ha olvidado de mí.
Draco se quedó pensativo. No quería hacerle esto a Hermione, pero le debía a Theo ser completamente sincero con él.
—Mira, mi último consejo es que busques un blog en internet. Se llama Diario de una vida ordinaria. Creo que lo encontrarás muy útil. Y te iluminará en algunos aspectos.
Theo frunció el ceño sin comprender, pero se encogió de hombros y asintió. Draco esperaba sinceramente que su amigo recopilara el valor necesario para hablar con Luna; al menos él tenía alguna oportunidad.
Esta vez, cuando llamaron a la puerta, Hermione se puso alerta, pero era Lyra. La chica llevaba pantalones largos ceñidos de color blanco y una blusa roja. Le sonrió mientras entraba, pero dejó la puerta abierta.
—Mi hermano quiere hablar contigo; me ha pedido que te diga que vayas inmediatamente.
Hermione frunció el ceño.
—¿Sabes para qué?
—Ni idea —respondió la chica—, pero creo que deberías ir ahora mismo.
Hermione se levantó y salió de su oficina. Al ver que Lyra no la seguía, se giró.
—¿Qué… Qué haces? —preguntó.
La muchacha estaba de pie en el centro de la oficina con las manos a la espalda. No se movió.
—He pensado en esperarte aquí. Quería que habláramos de los planes para el fin de semana —explicó con otra sonrisa.
—Vale. —Hermione enarcó una ceja y siguió su camino.
Recorrió el pasillo hasta el despacho de Malfoy con el corazón encogido en un puño. ¿Y si en el fondo su comportamiento de la última semana era una treta para que confiara en él y ahora iba a vengarse por haberlo rechazado? No, se resistía a creer eso.
Llamó a la puerta de Draco y esperó.
—Adelante.
Cuando entró, Draco parecía sorprendido de verla.
—¿En qué puedo ayudarte? —preguntó.
Hermione frunció el ceño.
—Creo que soy yo quien debería hacer esa pregunta. —Dio dos pasos hacia delante—. Lyra me ha dicho que querías verme.
—No —respondió él—. O sea, siempre me alegro de verte —aclaró rápidamente—, pero no he hablado con ella en toda la mañana. ¿Está aquí? —preguntó.
—En mi oficina.
Sonó un pitido. Era el móvil de Hermione, que llevaba en el bolsillo trasero. Lo cogió después de dedicarle una mirada de disculpa a Draco, y observó que era un aviso de que su nueva entrada de blog se había publicado con éxito.
—Qué raro —dijo.
Entró en su blog y vio que acababa de publicarse una entrada. Cuando empezó a leer, se llevó una mano a la boca. Miró a Draco.
—¿Qué pasa? —Este se levantó y se acercó a ella. Hermione le tendió su móvil. A medida que leía, el ceño que adornaba su frente fue intensificándose.
A quién pueda interesar:
Hola. No soy Hermione. La pobre está ahora mismo en el despacho de mi hermano. No tengo mucho tiempo para hacer esto, porque creo que en cuanto lo publique, Hermione descubrirá lo que he hecho. Soy Lyra Malfoy y esta es la historia de lo que pasó con Ron Weasley el año pasado.
Escribo esto en mi casa; tengo que llevarlo ya redactado, porque de otro modo no tendré tiempo de contar todo lo que pasó. Hermione, no me odies, pero tengo que hacerlo. Agradezco mucho que no revelaras nada cuando mi hermano te dio la carta, pero creo que ya estoy preparada para que el mundo lea lo tonta que fui.
Ron pasó muchos años en mi casa. Crecí viéndolos a él y a Draco jugar y convertirse en mejores amigos. A mí nunca me dejaron participar en sus juegos, pero Ron siempre fue amable conmigo. Siempre ha sido guapo, así que de pequeña lo miraba con fascinación. Pero después de que murieran nuestros padres, Ron despareció. No volví a verlo hasta el año pasado. Vino a casa un día que Draco estaba fuera, y dijo que quería reemprender la amistad que habíamos abandonado unos años antes. Nunca se me ocurrió que entre él y yo nunca había habido ningún tipo de amistad, pero se le veía tan contento de verme que no pensé que había nada raro.
Empezamos a quedar. Al principio eran encuentros inocentes: tomábamos un café, íbamos a la playa… Al poco tiempo me confesó que creía haberse enamorado de mí. Y yo creí estar enamorada de él. Empezamos a vernos por la noche (nunca pasó nada, no me miréis así): yo me escapaba de casa cuando Draco estaba dormido u ocupado trabajando solo para estar con Ron. Un día, me invitó a una fiesta con unos amigos. En teoría no permitían la entrada a menores, pero Ron consiguió colarme. Nunca había probado el alcohol, así que con un par de cervezas ya iba borracha. Recuerdo poco de esa noche, excepto que a la mañana siguiente estaba en mi cama con una resaca increíble y la mirada dolida de Draco sobre mí.
Discutimos. Me prohibió seguir viendo a Ron y yo le dije cosas horribles de las que sigo arrepintiéndome. Al final, me mostró un mensaje que le había mandado Ron. Era una foto mía besándolo. Le pedía a mi hermano diez mil dólares si quería que la foto no se difundiera. En mi mundo, un mal paso puede costarte tu reputación. Yo me negué a creerlo, así que Draco hizo llamar a Ron. Le extendió un cheque con valor de diez mil dólares a cambio de borrar la foto y no volver a verme nunca más. Ron me miró, sonrió, se encogió de hombros y desapareció después de aceptar el cheque.
No sabéis lo que lloré. Al principio me negaba a dirigirle la palabra a Draco, pero con el tiempo entendí que lo había hecho por mi bien y que Ron en realidad solo me buscaba por el dinero de la familia. A pesar de eso, sigue doliéndome recordar todo lo que le dije a mi hermano. Nadie merece escuchar unas palabras tan horribles de alguien que te importa.
Esta es la verdad de lo que pasó con Ron Weasley. Sé que mi hermano no quería que lo contara, pero me debía a mí misma esto. No pienso pasarme avergonzada el resto de mi vida por algo que pasó cuando tenía quince años. Y vosotros merecéis saber qué tipo de persona es Ron.
Draco, no te enfades con Hermione, ella no sabía que iba a hacer esto. Te quiero.
L.M., 10 de mayo
Cuando Draco le devolvió el móvil a Hermione, lucía una expresión grave. Tenía las manos cerradas en puños y se quedó mirando a la nada durante varios segundos.
—Lo siento —empezó a disculparse Hermione—, te juro que yo no sabía nada…
Él negó con la cabeza.
—Lo sé, tranquila.
—Puedo borrarlo si quieres —dijo, apoyando una mano en el hombro de él.
—No. —Inspiró hondo—. Debo aprender a dejar a mi hermana tomar sus propias decisiones. Es su vida y ha decidido libremente compartir esa información. Yo no soy quien para invalidar su deseo.
Hermione sonrió y le dio un apretón.
—Vale. Me voy. Creo que necesitas estar solo —dijo, advirtiendo la lucha interna que estaba viviendo Draco en esos momentos.
—Hermione. —Se giró cuando ya estaba a punto de cerrar la puerta tras ella. Se dio la vuelta y lo miró con curiosidad—. Nunca te he dado las gracias por no difundir lo que conté en la carta.
Ella se encogió de hombros.
—No eran mis secretos. Gracias por contármelo, de todas formas.
—Si te la encuentras abajo, no le digas nada, por favor. Ya hablaré con ella esta noche.
—No seas muy duro.
Draco esbozó una pequeña sonrisa.
—Tranquila.
Lyra estaba en el salón cuando Draco llegó a casa. Su hermana se había puesto el pijama y estaba con los pies encima del sofá y la barbilla apoyada en sus rodillas, viendo la tele. O más bien, dejando que transcurriera el documental que echaban en ese momento, porque sus ojos estaban fijos en un punto situado en la parte superior izquierda de la pantalla.
Estaba esperándolo.
Cuando Draco puso un pie en el salón, Lyra cogió el mando y apagó la tele. Ladeó la cabeza y miró a su hermano con esa expresión que siempre le recordaba que su hermana solo tenía diecisiete años.
—¿Estás enfadado conmigo? —preguntó.
Draco se sentó a su lado y la abrazó. Lyra apoyó la cabeza en su hombro y pasó las manos por su espalda.
—Claro que no —respondió él—. Ya sabes que no.
Su hermana sorbió por la nariz y se enjuagó una lágrima.
—Sé que ya ha pasado tiempo y no tendría que haber vuelto a sacar el tema, pero después de leer el blog de Hermione, pensé que tenía que destapar cómo es él realmente. Y limpiar tu buen nombre —añadió.
Draco le secó otra lágrima y negó con la cabeza.
—Eso me da igual. —Le importaba la opinión de pocas personas, y que unos cuantos desconocidos pensaran mal de él era el menor de sus problemas—. No tenías que hacer esto. A no ser que quieras —añadió—. Me he dado cuenta de que he sido muy egoísta. Lo siento, Ly.
Todavía recordaba la conversación que mantuvo con su hermana después de que Ron aceptara el dinero a cambio de no volver a sus vidas. Cuando Lyra por fin entendió que el malnacido de Ron solo se había aprovechado de ella, había aceptado no volver a hablar de lo que había pasado. Draco se había sentido aliviado de poder olvidar ese episodio de su vida. A él se le daba bien enterrar aquello que no le hacía feliz, pero desde un tiempo atrás hasta ahora se había dado cuenta de que los demás no eran él. No todos eran fuertes, y no todos podían hacer como si no hubiera pasado nada. Ahora veía que Lyra necesitaba hablar de Ron, sacarse todos los miedos y arrepentimiento de dentro. Y él, tontamente, había pensado que todo estaba arreglado.
—¿A qué te refieres? —preguntó ella—. Siempre te has preocupado por mí y me has cuidado; no hay nada por lo que debas disculparte.
Draco sonrió con tristeza. Su hermana confiaba tanto en él que no creía que pudiera hacer nada mal. Le hervía la sangre al pensar que alguien pudiera aprovecharse de ella de la forma en que Ron lo había hecho.
Cogió sus menudas manos entre las suyas.
—Sí, sí que lo hay. Estaba tan preocupado por mi orgullo que no pensé que tal vez necesitabas hablar de lo que había pasado. Pero quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea. —Desde que murieron sus padres, estaban solos, y Draco haría lo que fuera por su hermana pequeña.
Lyra negó con la cabeza.
—Escribirlo me quitó un peso de encima. Ahora estoy bien —ante la mirada escrutadora de Draco, asintió, como reafirmando sus palabras—, de verdad. Puede que empiece un blog yo también.
Su hermano puso cara de horror.
—¡Todavía me estoy acostumbrando a uno, no me hagas esto! —exclamó.
Su hermana rio, y Draco sonrió. Era uno de los sonidos más bonitos del mundo.
—Hablando de eso… —Lyra se mordió el labio inferior—. ¿Crees que Hermione se habrá enfadado conmigo por no pedirle permiso?
—Qué va. Tienes la asombrosa capacidad de ser tan encantadora que nadie puede enfadarse contigo aunque quiera —bromeó. Su hermana sonrió con orgullo—. Además, ya sabes que de los dos, eres su hermana Malfoy favorita.
Lyra pestañeó varias veces en su dirección y sonrió, coqueta.
—Eso estaba claro, no creo que pueda contarte como competencia. Aunque creo que últimamente estás ganando puntos. —Su hermano puso los ojos en blanco—. ¡Eh, que lo ha dicho ella misma! —se justificó—. ¿No has leído su blog últimamente?
—Le prometí que no leería nada que publicara mientras esté aquí. Para no sentirse presionada, me dijo. —Empezaba a arrepentirse y más de una vez estaba a punto de romper su promesa, pero no le gustaba faltar a su palabra si no era absolutamente necesario. Además, sentía que si lo leyera, Hermione lo sabría y se cabrearía con él. Llevaba una racha demasiado buena como para empezar a cagarla otra vez—. Pero, por curiosidad… ¿qué ha dicho? —preguntó, intentando sonar desinteresado.
Lyra soltó una carcajada y se levantó.
—Qué hambre me ha entrado de repente. ¿Me cambio y cenamos? —Tenían la norma de no comer en pijama.
Draco la fulminó con la mirada.
—No cambies de tema. —Su hermana lo ignoró—. ¡Lyra! —exclamó—. ¡No me hagas suplicar! ¡Lyra! —insistió, esta vez en tono implorante.
