Nanny y Abuelo Pitufo


Capítulo 26: Demasiado


Nanny observó su reflejo en el espejo. Admitía que el peinado era hermoso, Pitufina había hecho un buen trabajo en el mismo, pero no le gustaba. Llevó su mano hasta su cabeza y deshizo el peinado. Si hubiera tenido unos cientos de años menos no habría tenido problema, pero no era así y consideraba que era excesivo.

—¿No te gustó?

—Soy demasiado vieja para este tipo de cosas —respondió Nanny no se veía enojada, pero sí cansada.

—Pero te veías tan bonita. Estoy segura de que a Abuelo Pitufo le gustaría.

—¿Por qué querría tener una cita con un cascarrabias como él?

—Porque en el fondo lo quieres —respondió Pitufina, se notaba convencida de lo que decía.

—Ingenua Pitufina. Abuelo Pitufo y yo somos como el agua y el aceite, no pitufamos.

—Y los dos son demasiado pitufiorgullosos. Solo tienes que darle una oportunidad, no te vas a arrepentir.

Aquellas palabras no lograron convencer a Nanny. Entendía que las intenciones de Pitufina eran buenas, pero seguía pensando que nada de eso funcionaría. Muchas veces solían discutir, incluso cuando eran jóvenes. Ni siquiera estaba segura del motivo por el que había aceptado, aunque dudaba que estuviera relacionado con lo que Pitufina había dicho, especialmente porque Pitufina no era su favorita.

—Estoy segura de que se divertirán mucho —Pitufina empujó a Nanny impidiéndole que pudiera escapar, algo que en varias ocasiones consideró.

Chef y Goloso habían preparado un almuerzo especial para ellos. Abuelo Pitufo se encontraba jugando ajedrez con Filósofo. Esto le hizo pensar que no estaba enterado de los planes de Pitufina. Pensamiento que descartó al escuchar lo que dijo el pitufo de gafas.

—Ya llegó tu cita, será mejor que los deje a solas —Filósofo se apresuró en recoger el ajedrez y se retiró junto a Pitufina.

—Tenía la esperanza de que no formaras parte de esta locura —comentó Nanny mientras tomaba asiento.

—Lo mismo digo. Supongo que esos jovencitos son demasiado convincentes.

—Y soñadores ¿por qué será que se pitufa a pensar que quienes discuten es porque se gustan?

—Pitufimisterioso.

Ambos callaron. Durante varios minutos permanecieron en silencio y únicamente hablaron cuando Sassette apareció con una bandeja llena de galletas de pitufresas. Se marchó poco después de que la colocara sobre la mesa. Nanny sabía que no se había demasiado lejos y que, al igual que otros pitufos, estaba pendiente de todo lo que ocurría entre ella y Abuelo Pitufo.

—Es demasiado —se quejó Nanny —, pero no nos dejaran ir hasta que pitufemos una cita.

—¿Qué es demasiado?

—Todo, la cena, el que organicen una cita, somos demasiado viejos para eso tipo de cosas.

—Habla por ti, tal vez no sea un pitufin, pero todavía estoy en la flor de la juventud.

—Pero si ni siquiera recuerdas lo que desayunaste —comentó Nanny de forma burlona —, admítelo, ya estás pitufado.

—No será que eres tú la que está pitufada —respondió Abuelo Pitufo con el mismo tono de voz —, siempre te ha gustado llevarme la contraria.

—Por primera vez te daré la razón, pero que no se te haga costumbre. Aunque eso no cambia el hecho de que tu memoria está fallando. Si no puedes recordar lo que pitufaste en la la cena de la noche anterior, como esperas recordar lo que ocurrió siglos atrás. Es eso o quieres presumir cuando cuentas tus pitufianécdotas.

Durante algunos minutos, Nanny y Abuelo Pitufo mantuvieron la mirada fija en el otro. Ninguno se veía dispuesto a ceder ante el otro. No muy lejos, los otros pitufos los veían preocupados. Cuando organizaron esa cita, pensaron que las cosas funcionarían y aunque acostumbrados a verlos discutir, esperaban que dejaron de hacerlo, al menos por esa ocasión.

—Debería intervenir —comentó Pitufina, con su dedo señaló a varios pitufos —, busquen un instrumento y toque una melodía romántica.

—Tengo una canción especial para la ocasión —Armonía no fue seleccionado, pero eso no evitó que se ofreciera.

—Tratemos de llevar las cosas por lo pitufo —comentó Nanny después de una larga pausa, la batalla de miradas no terminó —, será la única forma que nos dejen ir.

—Supongo que en esta ocasión es mi turno de darte la razón. Estos jovencitos son demasiado pitufiobstinados.

No discutieron, pero tampoco hablaron. Se limitaron a comer lo que Chef y Goloso habían preparado. Ocasionalmente se reían, querían convencerlos de que la estaban pasando bien. El ver a los pitufos cerca les recordaba que, en caso de discutir, no podrían terminar con esa situación.