Capítulo XXVI – La voz de la Espada
Pay limpiaba el suelo de madera del salón principal con mucho afán. Había llovido toda la semana en la aldea y aún seguía lloviendo. La abuela Impa la obligaba a limpiar el suelo una y otra vez, era un trabajo agotador y que no tenía mucho sentido, ya que con tanta lluvia, se ensuciaba demasiado rápido y era un gasto de energía.
—Aún te oigo protestar —decía Impa, mientras tomaba un sorbo de su té.
—No es verdad, abuela. Sólo estaba pensando en mis cosas en voz alta —negó Pay, que seguía afanada en la limpieza.
—Créeme si te digo que hay trabajos mucho peores que limpiar el suelo, deberías estar agradecida. Estos jóvenes de hoy…
De repente, hubo un crujido de madera en el exterior. Pay se puso en pie y dirigió una mirada a su abuela, que seguía impasible.
—¿Quién vendrá a estas horas y con lo que está lloviendo?
—Puedo hacerme una idea. Anda, abre y prepárate para volver a limpiar el suelo.
Pay dejó la limpieza por un segundo y se acercó temerosa a la puerta de entrada. La abrió, y la oscura silueta de un hombre apareció detrás.
—Link… ¿eres tú? —preguntó Pay, al descubrir que se trataba del joven hyliano que había estado en casa hacía tiempo.
—¿Sabíais que venía? No me ha dado tiempo de tocar a la puerta… —se sorprendió Link, retirándose la capucha para mostrarse mejor.
—Estamos aburridas de pasar el día en casa con tanta lluvia, hasta el más mínimo chasquido del exterior nos parece apasionante —intervino Impa, desde el fondo de la sala.
Link se quitó las botas, las armas y la capucha hyliana. Lo dejó todo en manos de Pay, que se apresuró para recibirle.
—¿Ocurre algo? —preguntó Link a Pay, que lo observaba con una expresión extraña.
—No… para nada —dijo ella sonrojándose como era habitual —es que estás muy cambiado. Voy a guardar tus cosas, puedes pasar adentro y hablar con la abuela.
Link se adentró en el interior de la casa. Aceptó una taza de té que le ofrecía Impa, y se sentó sobre un cojín en el suelo, muy próximo a ella.
—Parece que ha sido un largo viaje el tuyo —dijo Impa, observándole en detalle.
—Así es. He cruzado todo Hyrule desde la región de Hebra. Llevo tres días sin dormir —dijo él, pegando un sorbo a su té.
—Y sin bañarte.
—Sí, lamento mi aspecto. No tenía tiempo que perder.
—No te preocupes, sólo era una broma —dijo Impa, y sonrió, mostrando un millón de arrugas —Pay te preparará un baño caliente y podrás descansar. Porque es eso lo que has venido a hacer, ¿me equivoco?
—No te equivocas. Y también venía a decirte que lo que me habías encomendado, ya está hecho.
—¿Es cierto? ¿Has devuelto a las cuatro Bestias Divinas a la normalidad? —se admiró Impa.
—Así es.
—Te perdimos la pista cuando te alejaste de la Montaña de la Muerte. No es sencillo enviar y recibir mensajes desde el sur del reino, anegado de densos bosques tropicales y bordeado por el desierto de Gerudo al oeste. Muchos mensajeros se pierden en el camino. Aunque me consta que Dorphan ha estado muy pendiente de tu misión, tal vez a él si le hayan llegado noticias.
—Para ser sincero, no lo sé —admitió Link —ha sido un viaje duro y lleno de inconvenientes, no sé si Riju y Tyto han tenido ocasión de informar de mi paso por sus territorios.
—Bueno, ya no tiene importancia. Lo importante es que has conseguido algo grandioso, Link. Y veo que has recobrado tu túnica azul en el camino, me alegra ver que la llevas puesta —dijo Impa, observando la casaca azul de elegido que llevaba Link.
—Sí, es que la había olvidado. Pero ya la recuerdo.
Impa sonrió satisfecha, captando de inmediato el doble significado de las palabras de Link.
—¿Y ahora irás al castillo de Hyrule?
—Antes tengo que recobrar la Espada. Iba en dirección al bosque de Kolog, pero me he desviado para traer noticias. Queda menos de una luna para que Ganon despierte, así que me iré de aquí con la primera luz del alba.
—Sí, todas las señales parecen indicar eso —dijo Impa con pesar. —Siento no poder ayudar en lo que resta de tu misión, ahora todo lo que puedo hacer es meditar y rezar a la Diosa Hylia para que te bendiga.
—Ya has hecho suficiente por mí —sonrió Link.
—No sé mucho acerca de lo que ocurrió en el bosque con tu espada —dijo Impa, pensativa —La princesa Zelda me contó hace cien años que la había dejado en el pedestal, para que recobrase todo su poder. Fue la última vez que la vi. Vino a la aldea en una tarde lluviosa, como la de hoy. Todos nos escondíamos del Cataclismo, Prunia estaba aquí para despedirse de mí, pues decidimos que Rotver, Prunia y yo debíamos vivir en lugares separados por si el Cataclismo atacaba, para no morir los tres de un solo golpe. Aún hay algunas tardes como esta, en las que creo verla de nuevo como un espejismo entrando por esa puerta, con el pelo húmedo y los pies cubiertos de barro, mi pobre muchacha. Aquel día, cuando su alteza se acercó a nosotras, supimos que ya había despertado el Poder Sagrado. Dentro de su fragilidad, me pareció más poderosa que nunca, una intensa luz dorada surgía desde su interior como una llama inagotable, nunca había visto nada igual. Más de cien años desde ese día, por la Diosa… qué rápido pasa el tiempo.
—Ella hizo lo correcto yendo al bosque de Kolog. —dijo Link, que había vuelto la cabeza hacia la entrada durante la narración de Impa —La Espada es la única capaz de dañar la oscuridad de Ganon, ahora lo sé. Aunque no imagino los peligros por los que tuvo que pasar hasta dejar la Espada en el corazón del bosque.
—La princesa me habló de una voz, surgida del interior de la Espada. Fue esa voz la que le pidió actuar de esa manera. —intervino Impa —Con los años, he investigado el asunto junto a mi hermana. No hay muchos escritos sobre el origen de la Espada, no muchos más que lo que se indica en el Tapiz Sagrado, es un tema socavado en el tiempo. Sin embargo, hará unos diez años llegó a mí un libro muy antiguo del que no teníamos registro alguno. Apareció enterrado en unas ruinas cercanas a la aldea de Onaona, junto a otros objetos misteriosos. La antigüedad del libro parece mayor incluso que el tapiz, y pusimos todo nuestro empeño en descifrarlo.
—¿Y qué decía el libro?
—Hablaba de un héroe muy anterior al de hace diez mil años. Uno que cayó desde los cielos. Sé que puede parecer fantasioso, te pido algo de indulgencia con estos temas —dijo Impa, pensando que Link se reiría con su relato. Sin embargo, él permanecía serio y atento a la historia.
—¿La Espada también cayó de ese lugar?
—Según algunos pasajes del libro, hubo una guerra inmensa que obligó a la Diosa Hylia a separar un fragmento de tierra y elevarlo a los cielos, así que es posible que sí, que la Espada surgiese en ese lugar, y descendiese junto al héroe. Al parecer, el arma estaba habitada por un espíritu de luz que se comunicaba con el héroe, pero a su vez, era un arma incompleta. El héroe tenía que someterse a un duro juicio antes de que la Espada alcanzase la totalidad de su poder y lo aceptase como "maestro". No habría dado crédito a todas estas historias, son demasiado antiguas y muchas veces la verdad está mezclada con la fantasía de trovadores y cuentacuentos. También había oído por otras fuentes de conocimiento el rumor de que la Espada era capaz de comunicarse con el héroe, pero… esto va un paso más allá. La princesa me dijo que "la Espada le habló", y eso me ha hecho pensar en que tal vez, parte de la historia sea cierta.
—No recuerdo haber oído nunca la voz de la Espada… no en el tiempo que me perteneció —dijo Link —Pero sí sé con seguridad, que el hecho de sacarla del pedestal es algo duro. Es una misión que podría reclamar mi vida.
—¿Crees que estás preparado para hacerlo? —preguntó Impa, sin ocultar su temor.
—No lo sé. Aunque he recuperado casi todos mis recuerdos, siento que ya no soy el mismo que era antes. No soy el mismo joven torpe e inocente que sacó la Espada como si se tratase de un juego. Ahora todo es muy distinto aquí dentro —dijo Link, señalándose el pecho con el dedo —Hay fuerzas oscuras habitando nuestro mundo, y todos los poderes ancestrales se han desatado. Sé que, aunque tenga más fuerza física y mental que hace cien años, podría morir en el intento.
—Link, si en tu intento de sacar la Espada ves que tu vida peligra… no lo hagas. Seguro que hallamos un modo menos arriesgado.
—No hay otra forma. A Ganon sólo se le puede herir con su propia magia oscura, o con la luz. La luz de la princesa y la de la Espada. Por eso aparece así en tus tapices sagrados y en todas las leyendas que hemos oído alguna vez. Lo pude comprobar cuando luché contra el espíritu en la cima de Hebra. Ningún arma común podía dañarle, aunque le clavase el puñal con todas mis fuerzas en las entrañas. —relató Link, mientras Impa lo observaba en silencio —Sólo pude acabar con él cuando usé su propia magia en su contra. Fue un enorme golpe de fortuna.
—Cielos, ahora eres mucho más sabio que yo —se admiró Impa.
—Para nada, tampoco hay que exagerar —dijo Link, sonrojándose levemente —Es sólo que este viaje, me ha enseñado muchas cosas. Y ahora, por primera vez desde hace mucho tiempo, sé exactamente lo que tengo que hacer sin que nadie me lo diga.
—Jamás habría previsto que tu evolución fuese tan grande, Link. Lo has hecho realmente bien —insistió Impa.
—Hay algo que también he aprendido, hace poco, en la cima de esa fría montaña. —dijo Link con un aire más sombrío —Y es que todo pende de un hilo, y nuestros planes podrían llegar a fracasar. Ya fracasaron hace cien años, uno tras otro, todo se derrumbó como un castillo de naipes. Y existe un gran riesgo de que las cosas no salgan bien por segunda vez. Por eso tenemos que estar preparados. Si yo cayese, tenéis que atacar el castillo de Hyrule con todas vuestras fuerzas. Vosotros tendréis que dirigir un ataque contra el Cataclismo, no importan las profecías ni lo que está escrito, todo puede cambiar.
—Un ataque coordinado con tan poco tiempo sería casi imposible, Link —dijo Impa —además yo confío en ti, confío en que nada de eso sea necesario.
—Y te lo agradezco, daré todo lo mejor de mí mismo. Pero Impa, tenemos que preparar un plan B. Ya he hablado con los orni para que estén preparados en caso de necesidad, y ellos se coordinarán con las Gerudo. Pero necesito que tú te pongas en contacto con los demás sheikah para hacer algo parecido, con la ayuda de los goron y los zora.
Impa se quedó pensativa, dándole vueltas a la propuesta de Link. Él la dejó envuelta en sus pensamientos cuando se marchó a descansar. Sabía que su plan pillaría desprevenidos a los sheikah. Llevaban cien años sin pensar en la guerra ni en los días oscuros que les había tocado vivir. Aunque los sheikah eran versados en las artes marciales, también se trataba de un pueblo tranquilo y pacífico, que evitaba el conflicto a toda costa. Pero la realidad era que miles de guardianes campaban a sus anchas por las llanuras de Hyrule. La realidad era que un paso en falso podría terminar con su vida, como ya había sucedido hacía cien años, y por eso había elaborado una estrategia alternativa junto a Tyto y Teba, antes de abandonar la región de Hebra. Los sheikah tendrían que tomar partido.
Pay le había preparado la habitación grande de la buhardilla, como la vez anterior, cuando llegó a la aldea arrastrándose y enfermo como un perro abandonado. No había pasado tanto tiempo desde aquel día, pero a él le pareció una eternidad. Su baño también estaba listo. El agua estaba tan caliente que el pequeño cuarto se había llenado de vapor. Link se desnudó y se metió en el agua. Las heridas y rasguños que se había hecho le escocieron, Pay debía haber puesto sales minerales en el agua. Link se frotó los brazos y piernas, notaba los músculos agarrotados, al borde de la extenuación. Realmente estaba al límite de sus fuerzas, el viaje de vuelta a través de las llanuras y bosques de Hyrule había sido frenético. Prefirió no comer ni dormir para detenerse lo mínimo imprescindible, cabalgar bajo el frío y la lluvia si eso le llevaba antes a su próximo destino. Aún le dolían las caderas y las piernas después de tantas horas a caballo. "Tal vez no debería haber sido tan imprudente, ahora no me puedo mover del dolor que tengo" pensó, mientras trataba de relajarse.
Tengo un mal presentimiento.
Link abrió los ojos y se puso en pie, en medio de la bañera. Había oído la voz de la princesa Zelda con claridad. Lo único es que no estaba seguro de si le había hablado en realidad, o era parte de una ensoñación, estaba demasiado distraído y cansado como para discernir una cosa de la otra. Respiró profundamente y volvió a meterse en el agua, serenándose. Entonces se dio cuenta de que se le sobrevenía un recuerdo de su pasado, para su decepción, el incómodo silencio seguía presente desde la distancia del castillo de Hyrule. Cerró los ojos y se dejó llevar por las imágenes que habían decidido volver a su cabeza por cuenta propia.
—Por favor, vámonos. Es que… no sé, creo que algo malo va a pasar, lo noto aquí, en el estómago. —insistió Zelda, tratando de captar sin éxito su mirada.
—Podemos intentar escapar por donde hemos venido, pero nos verán.
Link tenía toda su atención centrada en el ejército de guardianes que los separaban de la muralla exterior de Hatelia. Era un terreno amplio, pero irregular, había un pequeño bosque y también grandes charcos causados por las lluvias de los últimos días.
—Tengo miedo. Nunca nos hemos enfrentado a tantos enemigos a la vez. —confesó ella, agarrándole la mano.
Él no podía pensar en otra cosa que no fuera atacar y terminar con aquellos enemigos, apenas era consciente de la súplica desesperada de su compañera. Su mente estaba diseñada para la batalla, cuando se aproximaba el momento, todo él se contraía y no había nada más en el mundo que el enemigo y el filo de su espada. Olvidó el tacto de la mano de la princesa, que oprimía la suya con desesperación, y también la caricia de los besos que se habían dado apenas unas horas antes y le habían acompañado como un hormigueo continuo hasta ese instante. En esos momentos todo pasó a un segundo plano, sólo existía el peligro.
—Link, no me estás escuchando.
—Ahora —susurró él, y se abalanzó contra cinco guardianes que había tras una roca.
El primero cayó de inmediato, no había advertido su presencia. Cortó las patas de otro de ellos con un tajo, y después lo destruyó al clavar la espada en su ojo, el mayor punto débil de aquellos artilugios. La espada se quedó encasquillada en otro guardián, y tuvo que hacer palanca con la pierna para soltarla. Mientras él liberaba el arma, parecía que un brazo mecánico iba a caer sobre él cuando una piedra impactó con violencia y enorme puntería en el ojo del guardián. Link giró la cabeza y vio que la princesa también luchaba a su lado, arrojando piedras y cualquier cosa que encontraba en el suelo para ayudarle.
—¡Vamos, vamos hacia los árboles! —dijo él, y ella saltó como pudo entre el enjambre metálico en el que estaban metidos para seguirle.
Corrieron frenéticamente hacia la arboleda, perseguidos por más guardianes que surgieron de otros lugares. Detrás de ellos los guardianes apuntaban y disparaban a un lado y a otro errando, pero generando aparatosas explosiones a un lado y a otro. Link saltó y cayó a un profundo charco. Zelda tiró de su brazo arrastrándole por el fango para ayudarle a ponerse en pie de inmediato.
—Gracias —dijo él con dificultad —ya falta poco para llegar a los árboles.
Cuando alcanzaron la arboleda, pararon para recobrar el aliento. Los guardianes que los perseguían parecían desorientados, era difícil apuntar su láser entre los árboles y matorrales, y la lluvia también favorecía la imprecisión de los disparos.
—Link… mira ahí —dijo Zelda, con un deje de pánico en la voz.
Una horda de guardianes imposible de contar venía desde el lado opuesto, se apresuraban desde las murallas de Hatelia hasta la arboleda. Estaban atrapados.
—Puedo con ellos —dijo él, levantando de nuevo la Espada para mostrar su convicción.
—No, espera…
Se arrojó a una nueva batalla, más encarnizada que la anterior. Zelda lo seguía pegada siempre a su espalda, e intervenía como le era posible, ayudándole para que no tropezase y distrayendo a los guardianes para que los golpes de Link fueran más certeros. Hubo un disparo que impactó con fuerza en la pierna de Link, haciéndole dar un inmenso alarido y caer al suelo.
—¿Estás bien? ¿Puedes ponerte en pie? —le dijo ella tirando de él para apartarle de nuevos disparos.
—Sí, sí puedo.
—Link tienes que parar, no puedes aguantar así mucho más, ¿no te das cuenta?
—Volvamos a los árboles —dijo él, ignorando las palabras de la princesa.
—Tu pierna está sangrando mucho.
—No es nada, vamos, sigamos adelante.
La batalla en los árboles no fue la mejor opción. Había guardianes a un lado y a otro, y a pesar de la lluvia se iniciaron algunos incendios en los árboles derribados por los guardianes. Link tiró de la princesa hacia el lugar por donde habían entrado, el fango y las charcas abundantes parecían entorpecer un poco las patas de los guardianes. Mientras asestaba un golpe en una de las bestias mecánicas, Link advirtió una mella en la hoja de la Espada Maestra. "No es posible, he debido imaginármelo" pensó, y siguió en su afán por derribar a aquellas cosas. Tras un nuevo golpe, sintió que la hoja vibró por completo, como si fuera a resquebrajarse en cualquier instante, y le fallaron las piernas de la impresión.
—Basta, basta ya —dijo la princesa con un deje de desesperación en la voz, mientras tiraba de él para alejarlo como podía de la batalla.
Ella no entendía que tendría que quedarse luchando hasta el final de las consecuencias, no había una salida fácil a la presencia de los guardianes. La herida de su pierna sangraba en abundancia, y la vista comenzó a nublársele, viéndose envuelto en una creciente debilidad. "Tengo que aguantar, un poco más. No puedo permitir que nada malo le pase a ella". Haciendo un esfuerzo sobre humano se puso en pie, pero cuando levantó la vista, era tarde. Un guardián se había abalanzado sobre ellos y les apuntaba con el láser a punto de disparar. Había perdido el escudo y la Espada estaba mellada, así que lo único que se podía mediar entre la muerte de la princesa y el disparo del guardián, era su propio cuerpo.
—¡No! —gritó ella.
Lo apartó de un empujón para interponerse entre él y el guardián, y entonces algo ocurrió. Él no pudo verlo bien, las fuerzas le fallaron tanto que apenas podía mantener la cabeza erguida, pero sí lo sintió. Un poder inmenso brotó del interior de Zelda, y bloqueó a todos los guardianes que quedaban en pie, de un solo golpe.
Quiso decirle algo, "¿ves? Lo has conseguido", pero apenas podía respirar, la boca le sabía a sangre. Su mundo se fue oscureciendo, hasta que ya no vio ni sintió nada más.
Link salió del baño y fue hacia el dormitorio. La herida invisible de su pecho le ardía como si alguien le estuviera quemando con un hierro al rojo vivo. Sabía que cada vez que sintiese miedo e inseguridad, aquella herida volvería a doler para recordarle sus horas de oscuridad, y cómo el miedo le podía conducir a peligros aún mayores.
Al fin había podido recordar sus últimos momentos al lado de la princesa Zelda, aquella fue la última vez que la vio con sus propios ojos, la última vez que sintió el tacto de su piel contra la suya. Había cometido cientos de errores, le habría gustado poder volver en el tiempo para decirse a sí mismo "no, no es una buena idea" o tal vez "agarra a la princesa de la mano y sal de ahí lo antes posible". Pero ya era tarde para todo eso, tal y como le había dicho el viejo Sasaik, "el pasado es lo único que no puede cambiarse".
La hoja de la Espada se había ido quebrando poco a poco a lo largo de la batalla, y eso también le hizo darse cuenta de hasta qué punto su espíritu estaba unido al de aquel objeto, fuese o no habitado por una voz que nunca había llegado a oír.
Se metió en la cama y logró dormir profundamente, en una larga noche en la que no tuvo sueños, o no logró recordarlos. Antes de que el alba despuntase, ya se había equipado por completo. En lugar de salir por la puerta, optó por escapar por la ventana de la buhardilla. No era un modo elegante de partir, pero no quería más despedidas, y tampoco deseaba despertar a Pay y a Impa. Recuperó su caballo de los establos y con el primer rayo de sol, puso rumbo al Bosque de Kolog.
Nota:
Hola queridos lectores presentes y lectores sheikah!
Me gustaría comentar que tal vez este capítulo es un poco extraño, porque no añade demasiada evolución a la historia, es uno de esos capítulos puente. Es así por dos motivos, el primero es que si lo dejaba unido a lo que viene a continuación se convertía en un capítulo excesivamente largo. El segundo motivo es que tenía ganas de narrar la última escena en la que Link y Zelda están juntos, antes de que él caiga derrotado. Lo hice de forma indirecta en el fanfic de "Leyenda del Despertar" y también muy indirectamente en el final del capítulo "El santuario perdido", pero no había terminado de contar esa importante escena como me gusta y al final me he animado a hacerlo, de ahí que me haya quedado más largo de lo que tenía pensado escribir en un principio.
Es todo! También me he anticipado un poco a la publicación, pero es que ya tenía este trozo acabado y quería ponerlo cuanto antes. Cada vez falta menos, llegamos a la recta final de la historia :)
Un fuerte abrazo!
