25º Reencuentros

Durante el trayecto hasta Longbourn, el señor Darcy entabló conversación con su cuñada, con la intención de descubrir cual era la situación real que tenía con su esposo. Lydia le narró, sin entrar en detalles, como había sido su vida desde el día en que abandonó el hogar de sus padres tras la recuperación de Lizzy. Darcy, al enterarse de lo ocurrido, se mostró escandalizado ante las atrocidades que le relataba la hermana pequeña de su esposa.

El escuchar describir todo aquello con la serenidad y calma con la que lo estaba haciendo Lydia le hizo entender a Darcy la madurez que había adquirido durante ese tiempo. Se notaba que el sufrimiento y la desdicha la habían vuelto una mujer más sensata y racional, y al estar embarazada había adquirido un sentido de la responsabilidad que nadie que la hubiera conocido con anterioridad hubiera creído posible en ella.

En Longbourn, estaban todos en el salón conversando cuando escucharon el sonido de los caballos y las ruedas de un carruaje acercándose. Rápidamente, Kitty y Mary se asomaron a la ventana para ver de quien se trataba.

-¡Es un carruaje de Pemberley!- Anunció Kitty, reconociendo de inmediato aquel coche.

-¿De Pemberley?- Preguntó Elizabeth con nerviosismo.

-Tu esposo se habrá cansado de estar solo en casa- Le dijo con suavidad su padre, mirándola con ternura- Quizá haya venido a buscar tu perdón.

-Eso espero- Le respondió en el mismo tono. De inmediato, todos salieron para dar la bienvenida al recién llegado.

Cuando el carruaje paró ante la entrada de la casa, ya todos estaban aglomerados esperando. La puerta de la calesa se abrió, dando paso a un sonriente Darcy, que descendió con rapidez. Pero en lugar de caminar hacia ellos, extendió la mano para ayudar a bajar a su acompañante.

-¡Lydia!- Gritó Kitty, asombrada de ver a su hermana- ¿Qué haces aquí?- Dijo saliendo a su encuentro.

-¿Lydia?- La señora Bennet la siguió, emocionada de verla- ¡Qué sorpresa tan maravillosa!

El resto aun estaba en la puerta, esperándola con una sonrisa en el rostro. La mirada de Lizzy se dirigió entonces hacia su marido, que desde que había descendido no había apartado la vista de ella. La señora Bennet y Kitty arrastraron a Lydia hacia el interior de la casa, Darcy besó la mano de su esposa en señal de saludo y aprecio, y a continuación, el resto se internó en la casa también.

Darcy se sentó cerca de su esposa, frente a Lydia, dispuesto a ayudar a su cuñada a explicar el motivo de su estancia sin decir nada que pudiera alterar a los demás. Ya se encargaría de hablar con Elizabeth más tarde.

-¿Cómo es que has venido con el señor Darcy?- Preguntó su madre, realmente impactada por ese hecho.

-El señor Darcy vino a casa a ver a Wickham, pero él no estaba- Les explicó- Le han mandado junto a todo el regimiento al continente.

-¡Oh, Dios mío!- Exclamó alterada la señora Bennet- ¿Y te dejó desamparada donde quiera que estuvierais viviendo? ¿En qué estaba pensando?

-No tiene importancia mamá- Dijo de inmediato, no queriendo entrar en detalles sobre aquel hecho- La verdad es que he estado muy poco tiempo sola porque el señor Darcy llegó a los pocos días de su marcha- Siguió narrando- Supo por una carta mía que necesitaba que me ayudara y no dudó en venir a verme- Continuó tergiversando un poco las cosas.

-¿Por qué necesitabas su ayuda?- Preguntó esta vez el señor Bennet, esperándose lo peor del marido de su hija pequeña.

-Estoy embarazada- Dijo sin más, ante el asombro de todos. El silencio se hizo en toda la casa. Todas las miradas se dirigían a la señora Wickham, que sonreía inmensamente- Por vuestra reacción voy a empezar a pensar que no os alegráis por mí.

-¡Claro que nos alegramos!- Se apresuró en añadir Lizzy- Es solo que nos ha sorprendido la noticia- Se levantó y fue hasta su hermana para abrazarla- ¿Como no nos íbamos a alegrar?

-Gracias- Le susurró mientras le devolvía el abrazo antes de añadir- Cuando puedas habla con tu marido, se lo merece.

Elizabeth se apartó de ella ligeramente y la miró a los ojos. En ellos pudo ver que algo había ocurrido y, por sus palabras, supo que su esposo la había ayudado. Ella asintió y se apartó, dejando que el resto de damas le dieran la enhorabuena. El señor Bennet también la felicitó, aunque no pudo disfrutar de la noticia tanto como le hubiera gustado por saber quién era el padre de la criatura.

Un rato después, mientras todos se deshacían en atenciones a la futura madre, Darcy se sentó junto a su esposa y le tomó la mano. Esta no la rechazó, lo que le dio esperanzas de poder entablar una conversación con ella.

-¿Sería posible retirarnos a algún lugar tranquilo para hablar?- Le preguntó impaciente. Ella solo asintió y, disculpándose con los demás, salió de la mano de su esposo camino a su dormitorio.

Una vez arriba, ella se sentó en el pequeño sofá que había y lo miró fijamente, esperando que él dijera alguna cosa. Sin embargo, Darcy se dedicó a observarla, sonriente y tranquilo. ¡Era tan feliz sólo con verla!

-¿Puedes explicarme que ha sucedido para que aparezcas sin avisar con Lydia?

-¿Por qué supones que ha ocurrido algo?- Preguntó él, acercándose a ella, pero permaneciendo en pie.

-Lydia me ha dicho que hablara contigo, que te lo merecías. Eso sin duda quiere decir que ha sucedido algo.

-Tienes razón- Le tomó la mano- Te lo contaré si me prometes no interrumpirme hasta el final.

La joven, ante esas palabras lo miró con suspicacia pero finalmente se relajó y aceptó su propuesta, después de todo, ambos querían arreglar las cosas.

-Está bien, te doy mi palabra.

-El mismo día que recibí tu misiva informándome de la partida de Richard, llegó también una carta de tu hermana- Le explicó reteniendo aun su mano- Al ver que era de Lydia, pensé que podía haber ocurrido algo que necesitara mi intervención, así que reconozco que pese a que iba dirigida a ti, la abrí y la leí.

-¿Leíste mi correspondencia?

-Recuerda que has prometido no interrumpirme- Le dijo, apretándole la mano para que lo dejara acabar. Ella se tragó las palabras que iba a decirle y lo escuchó- Sé que estaba invadiendo tu privacidad y tu intimidad, pero temía que sucediera algo malo, así que si, leí la carta. En ella Lydia explicaba que su marido la estaba maltratando de las formas más horribles que puedas imaginar.

-¿Maltratando?- Elizabeth se llevó la otra mano a la boca, conmocionada.

-Así es- Besó sus dedos- Después te dejaré que la leas, si así lo deseas- Ella asintió, temblando al pensar en su hermana- Al final del todo te pedía consejo porque estaba embarazada y no sabía cómo iba a sobrellevar esa situación, pues le daba miedo confesárselo a su esposo- Lizzy dio un pequeño grito de horror- Por eso fui a verlos, pretendía tener una conversación con Wickham para acabar con todo aquello.

-¿Y qué ibas a hacer? ¿Volver a sobornarle para que dejara de lastimar a mi hermana?

-Aunque él no lo mereciera, pensaba usar mis contactos para conseguirle un mejor puesto de trabajo, uno donde no tuviera que viajar, y donde no tendría problemas económicos- Le explicó, dejándola impresionada- También planeaba buscarles alojamiento cerca de aquí, para que Lydia pudiera estar más próxima a tu madre. Pero también pensaba dejarle bien claro a ese indeseable, que si quería conservar todo aquello no podría ponerle un dedo encima ni a tu hermana ni a su hijo- Lizzy lo escuchaba maravillada- Sin embargo, cuando llegué, él ya había partido hacia Francia y tu hermana estaba sola y magullada en casa, así que pensé que lo mejor era traerla aquí hasta que volviera su marido y entonces hacerle mi oferta.

-¿De verdad vas a hacer eso por ellos?- Él asintió con una calma en su rostro y una mirada desconocidas en él ante el tema de Wickham- ¿Por qué?

-Porque sé lo importante que es para ti que tu familia esté bien. Sé que quieres a tu hermana por encima del hecho de que se casara con su marido, y yo te quiero a ti por encima del sentimiento que me genera ese hombre- Le dijo arrodillándose ante ella- Respeto a Lydia y por ello he pensado que esa solución os haría felices a las dos.

-No puedo creer que vayas a hacer algo así- Le cogió el rostro entre las manos- Es lo más maravilloso que has hecho por mí en mucho tiempo- Y sin más lo besó.

Aquel beso fue tierno y delicado, lleno de sentimiento. Fitzwilliam sintió todo el amor que ella le profesaba, y él le transmitió cuanto la amaba y la había echado de menos.

-¿Significa esto que estoy perdonado?

-Estás casi perdonado, pero aun tienes que hacer algo más- La tristeza y el abatimiento invadieron sus ojos, pero ella sonrió con picardía mientras se ponía en pie y caminaba hasta el lecho- Aun debes resarcirme por todos los días que he estado sin ti por tu castigo.

-Mi adorada Elizabeth- Dijo acercándose a ella rápidamente, con una luz en sus ojos que hacía semanas que no tenía, la luz de la felicidad y la dicha- No sabes las ganas que tengo de acceder a tu petición.

Durante un buen rato estuvieron encerrados en su habitación, demostrándose el amor que sentían y recuperando el tiempo perdido. Hasta que la niñera llamó a la puerta con el pequeño William en brazos, desesperado por estar con su madre para que lo alimentara.

En lugar de salir, Darcy permaneció dentro de la alcoba mientras su esposa daba el pecho a su hijo. Admirando tan bella imagen, sintiendo una felicidad extrema al saber que los dos eran suyos, y que nadie podría hacer nada por evitarlo.

Una vez el pequeño hubo acabado, Lizzy entregó el niño a su padre, quien lo recibió con los brazos abiertos y sonriente. Haciéndole carantoñas y lanzándolo al aire, bajaron al salón donde los demás seguían cuidando a Lydia como si esta fuera una invalida. Ella, lejos de sentirse agobiada como le había ocurrido a Elizabeth, agradeció todas esas atenciones, pues le hacían sentir el cariño y el amor que le había sido negado durante mucho tiempo por su esposo.

Aunque Darcy tenía mucho trabajo que hacer en Pemberley, decidió permanecer en Longbourn unas semanas, pasando tiempo con su familia política, pues sabía que era importante para Elizabeth ver que realmente los quería y le importaban. De ese modo, él soportó pacientemente todos los cotilleos que su suegra contaba durante las comidas, y la música incesante de Mary cuando se ponía al piano. Pero al mismo tiempo, pudo disfrutar de charlas amenas con su suegro, y paseos por los alrededores con Kitty, Lizzy y el pequeño.

Las noticias que llegaban del frente no eran nada alentadoras para Kitty y Lydia. Y durante los días siguientes al 15 y 16 de Junio, que fueron los primeros días de contienda en Waterloo, en los periódicos solo hablaban de numerosas bajas por parte de ambos bandos. Sin embargo, dos días después del día 19 de Junio, los periódicos publicaron la noticia de la victoria de las tropas aliadas y el fin de la contienda.

Un suspiro de alivio invadió Longbourn, pensando que si no habían recibido noticias por el momento, era más que probable que tanto el Coronel Fitzwilliam como Wickham pronto estarían de camino a Inglaterra sanos y salvos.

Sin embargo, unos días después llegaron varias misivas, una para Lydia y otra para el señor Darcy. El caballero desplegó rápidamente el trozo de papel, viendo que tenía un membrete del ejército y se puso pálido al leer su contenido. Elizabeth y Kitty lo observaron con detenimiento, preocupadas.

-¿Qué dice? ¿Le hablan del Coronel?- Preguntó la joven dama impaciente.

-Así es- Dijo levemente, intentando asimilar la noticia- Me comunican que mi primo fue herido de gravedad durante la contienda en Waterloo y que en breve será enviado a casa de sus padres, sin saber si será capaz de resistir el viaje.

-No... ¡No!- Gritó Kitty, llorando con amargura mientras su hermana la abrazaba- ¡Tengo que ir a verlo!

-Cálmate Kitty- Le pidió Lizzy- Lo verás, pero intenta calmarte, ¿de acuerdo?

-Aun no ha llegado a Inglaterra- Continuó Fitzwilliam, sobreponiéndose para consolar a su cuñada- Me aseguraré de que puedas visitarle cuando esté en casa de mis tíos- Ella asintió, incapaz de hacer nada más.

-¡AAAAAHHHH!- Se escuchó un grito desde el piso superior.

Todos corrieron a las escaleras, preocupados por el motivo de aquel alarido. Este volvió a sonar, y rápidamente todos subieron a la habitación de Lydia. Al entrar, Lizzy corrió junto a su hermana, que estaba de rodillas en el suelo, hiperventilando, con el rostro plagado de lágrimas y con la carta que había recibido estrujada en la mano.

-Lydia, ¿qué ocurre?- Preguntó su padre, consternado de verla de aquella manera.

-Wickham...- Fue lo único que salió de sus labios antes de desmayarse.

Darcy se apresuró en ayudar a su esposa, que intentaba mantenerla sentada en el suelo. Tomó a Lydia en volandas y la depositó con extremo cuidado en la cama. Elizabeth tomó la misiva de manos de su hermana y la leyó.

-¡Oh, Dios mío!- Se llevó una mano a la boca y después miró en dirección a su familia- Wickham no ha sobrevivido a la batalla.

Durante las horas siguientes, Elizabeth no se separó del lado de su hermana, sabiendo que si se ponía nerviosa podría peligrar la vida de su bebé, igual que le ocurrió a ella cuando Jane falleció. Darcy bajó junto al señor Bennet para hablar del futuro de la menor de sus hijas y del viaje que Catherine quería hacer para ver a su prometido. Mientras, la señora Bennet no hacía más que quejarse de sus nervios por culpa de las malas noticias ante Kitty y Mary.

Al anochecer, Lizzy bajó a cenar con los demás, asegurándoles que había hablado con su hermana y que parecía estar más calmada. Que a pesar de la fuerte impresión, en cierta forma, había estado preparada para esa noticia desde que lo vio partir.

Durante las horas siguientes, la señora Bennet no hacía más que lamentarse y lloriquear por su pobre niña, viéndose sola y viuda con un hijo en camino. Darcy y Elizabeth intentaban que se calmara por el bien de Lydia, que no hacía más que palidecer ante los gemidos de su madre.

-¡Basta ya, mamá!- Le pidió Lizzy- Así solo vas a conseguir que se ponga más nerviosa- Dijo sentándose junto a Lydia y tomándole las manos- En lugar de apenarse así, lo que hay que hacer es pensar en qué podemos hacer por ayudarla.

-Tienes razón- Dijo intentando calmarse, pero sin lograrlo- Tendrá que quedarse aquí con nosotros, no puede vivir sola. ¿Cómo sobreviviría?

-Mamá, eres muy amable al ofrecerme vivir aquí, pero no voy a hacerlo- Le confesó Lydia- No quiero depender de vosotros. Soy una mujer adulta, y haré frente a la situación yo sola.

-¿Y cómo vas a mantenerte? No tienes recursos- Protestó rápidamente- ¡No puedes irte sin tener algún medio para sustentarte!

-Tu madre tiene razón, Lydia- Dijo Darcy, dándole la razón a su suegra- Pero creo que yo tengo la solución- Añadió de inmediato- El señor Bennet y yo estuvimos hablándolo ayer, y ambos creemos que es lo mejor que puedes hacer, pero siempre si a ti te parece bien.

-¿El qué?

-Podrías venir a Derbyshire con nosotros. Allí hay ciertas tierras que en realidad te pertenecen- Narró ante la atenta mirada de todos- Son las tierras que corresponden a la que hubiera sido la vicaria de tu esposo en caso de haber aceptado, y desde entonces están desocupadas- Explicó con calma, viendo la reacción de su cuñada- La casa que correspondía a la vicaría está en buen estado, y los terrenos son buenos para cultivar.

-¿Me está regalando unas tierras y una casa?

-Nada más lejos- Le aseguró, no queriendo que pareciera una limosna por lástima- Esos terrenos junto a la casa que hay construida te corresponden a ti, pues mi padre se la heredó a tu esposo cuando falleció, y aunque él nunca las tomara, podrían haber sido suyas- Lydia lloraba de felicidad- Si te trasladas hasta Kympton nos tendrás muy cerca y a Charles también- Dijo refiriéndose a su cuñado y amigo- Y me aseguraré de que haya alguien que se encargue de las tierras y te ayude en las tareas del campo. De ese modo, una vez el terreno empiece a dar fruto, podrás venderlo y obtener ganancias, consiguiendo así el sustento que necesitas para criar a tu hijo.

-¿Lo dice en serio? ¿Ese terreno es mío?

-Por supuesto. Nadie podrá sacarte nunca de allí si tú no quieres- Le aseguró sonriente.

-¡Muchísimas gracias!- Lo abrazó con fuerza- No sé qué decir. Estoy tan impresionada y extasiada.

-No tienes que decir nada- Le aseguró.

Sonriente y feliz, Lydia abrazó a su madre, que había escuchado todo lo que su yerno había dicho realmente conmocionada, pues se había hecho ya a la idea de que su hija pequeña volvería a vivir con ellos. Sin embargo, se alegraba de que no fuera a quedarse sola y que tuviera medios para abastecerse.

Elizabeth no pudo evitar abrazar a su esposo y llorar en su pecho, pues sabía que toda la historia que le había contado a su familia era mentira. Esas tierras no eran de Wickham, pues al rechazar la vicaría, había pedido la parte del dinero que le correspondía. Sin embargo calló, pues aquel regalo hacia su hermana era el gesto más desinteresado que le había visto hacer, y supo que realmente aceptaba a su familia tal cual era.

Necesitando tiempo de estar a solas con él, Elizabeth le pidió a su esposo que saliera a pasear con ella. Cogieron el camino que llevaba hacia Netherfield, que al estar deshabitada en ese momento, era un camino muy poco transitado. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de la casa, se metieron campo a través cogidos de las manos, sin dejar de sonreírse.

Al llegar a un lugar bastante escondido que Lizzy conocía de sus muchos paseos por la zona, ella se lanzó sobre el cuello de su esposo y lo besó mientras con sus manos le alborotaba el cabello. Darcy no pudo refrenar su deseo y la arrastró hasta apoyarla en un árbol cercano. Allí ambos perdieron todo el decoro. Fitzwilliam estaba tan ansioso por sentir a su esposa que rasgó sus enaguas con fuerza, sin ser apenas consciente de sus actos, para después desabrochar sus pantalones, liberar su virilidad y hacerla suya. Elizabeth permitió todo aquello pues en esos momentos no era capaz de razonar nada. Ambos se entregaron al deseo hasta que quedaron exhaustos.

-Aun no puedo creerme que hayamos sido tan irracionales- Dijo Lizzy sonriendo- ¿Desde cuándo te comportas como un animal salvaje?

-Desde que me casé contigo me he vuelto cada vez más irracional- Le aseguró acariciando su mejilla mientras ella se colocaba bien la falda e intentaba no hacer caso a sus rotas enaguas.

-¿Te imaginas que alguien nos hubiera visto?- Dijo antes de ponerse a reír por la situación.

-Se habría llevado el susto de su vida, desde luego- Rió junto a ella, abrochando el último botón de su camisa y colocándose bien el pantalón- Elizabeth- La llamó más serio- ¿Eres feliz?

-Claro que soy feliz, ¿es qué tú no lo eres?

-Sí, soy muy feliz- Le aseguró, abrazándola- Pero me gustaría...

-¿El qué? ¿Qué te gustaría?- Le preguntó al ver que él callaba de repente.

-Me gustaría que tuviéramos otro hijo- Dijo al fin, mirándola a los ojos- Sé que William aun es muy pequeño, que aun estás amamantándolo, pero de verdad me encantaría que ampliáramos la familia.

-Eso tiene fácil arreglo- Le sonrió- Y si sigues teniendo ataques de pasión como el de hace un momento, es probable que no tarde demasiado en complacerte.

Algunos días después, Lizzy y Lydia partieron hacia Pemberley junto a William y la niñera. Sin embargo, el señor Darcy solo realizó parte del trayecto con ellos, pues había decidido dirigirse hacia Middletown para tener noticias sobre su primo y, así poder avisar a su cuñada en cuanto llegara.

Tras una semana de incertidumbre, Kitty recibió una carta de Darcy donde informaba de que su prometido estaba ya en casa de sus padres, mal herido, y que había preguntado por ella. Y hacía también una invitación para que ella y su padre partieran hacia allí lo antes posible.

El señor Bennet no se negó a acompañar a su hija, y esperaba que aquel hombre, que tenía cautivada a su Kitty, se recuperara pronto de sus heridas, pues ya estaba convencido de que era el único capaz de hacerla feliz.

El viaje se le hizo eterno a la joven dama, que se moría por ver a su enamorado y poder ayudarlo en cuanto pudiera para que fuera más rápida su recuperación. Una vez hubieron arribado, fue Darcy quien los dejó entrar y los llevó a la habitación donde se encontraba el coronel, convaleciente.

Catherine se arrodilló rápidamente junto a él, llorando de emoción al verlo de nuevo, sin prestar atención al matrimonio que había junto a la ventana, y que la miraba con frialdad. El señor Bennet y el señor Darcy permanecieron en el umbral observando en silencio.

-¿Señorita Catherine? ¿Es usted de verdad?- Preguntó sonriente pero formal al tener a sus padres delante.

-Claro que soy yo- Respondió con una voz pastosa por el llanto- He venido en cuanto he sabido que había regresado- Besó sus dedos- No podía permanecer en casa sabiendo que estaba herido.

-Es muy amable de su parte- Dijo apretando su mano en señal de agradecimiento- Me siento mucho mejor ahora que la tengo a mi lado.

-Me alegra oírlo, porque no tengo intención de moverme de aquí hasta que me cerciore de que está totalmente recuperado- Le aseguró- Mi padre me ha acompañado y está de acuerdo.

-¿Eso quiere decir que voy a poder disfrutar de su compañía a diario?

-Por supuesto- Dijo con convicción.

-¡Desde luego que no!- La contradijo el padre del coronel- ¡No permanecerá en mi casa!

-Tío, creía que ya habíamos aclarado este asunto- Intervino Fitzwilliam, exasperado por la tozudez de su tío- Catherine vendrá todos los días a ver a Richard, y tanto ella como su padre, el señor Bennet, serán bien recibidos- Le aseguró con la mirada desafiante- ¿O debo recordarle mi implicación en sus negocios?- Lo amenazó directamente- Quizá debería dejar de invertir.

-¿Serías capaz de hacerle eso a tu propia familia?

-Catherine es mi familia también- Dijo sin contemplaciones- Y ahora mismo creo que es más importante su felicidad que un negocio.

-No puedes obligarnos a que la aceptemos en la familia.

-No, claro que no- Dijo sin preocupaciones- Pero si a que la dejéis estar junto a su prometido mientras permanece en cama.

-¿Prometido?- Preguntó la madre del coronel- ¿Como que prometido?

-Madre, la señorita Bennet y yo nos prometimos antes de mi partida al frente.

-¿Es que no recuerdas nuestra advertencia?- Se puso furioso su padre- ¡Si decides hacer como tu primo y casarte con esta… muchacha- Dijo mordiéndose la lengua- No tendrás nada de nuestra parte.

-¡Como si eso me importara!- Respondió más furioso que su progenitor e incorporándose en la cama para hacerle frente, continuó- ¡Nunca he necesitado el dinero familiar! ¡Desde que ingresé en el ejército me he mantenido con mis propios fondos y, puede que sea una vida austera, pero feliz, a fin de cuentas!- Y tras decir eso hizo un gesto de dolor.

-Coronel, por favor, vuelva a tumbarse- Le suplicó Kitty- No empeore sus heridas.

-Haz caso a tu prometida- Le señaló Darcy antes de dirigirse a sus tíos- Richard permanecerá aquí hasta que sus heridas estén curadas, y mientras tanto se le permitirá el acceso a la señorita Bennet todos los días- Dijo con fiereza- Una vez que Richard esté repuesto, partirá conmigo a Pemberley y lo que ocurra después no será asunto vuestro.

-¡No puedes obligarnos a esto! ¡Es indignante! ¡Humillante!

-Y sin embargo, lo haréis si no queréis que deje de prestar mi colaboración empresarial, ¿verdad?

Ante su imponente figura y su tono de voz autoritario, Lord y Lady Fitzwilliam parecieron empequeñecer. Y preocupados por la posibilidad de que su sobrino cumpliera su amenaza, se vieron obligados a aceptar.

-Está bien, aceptaré tus condiciones, pero una vez se haya recuperado quiero que se marche de mi casa- Dijo enfurecido, para después dirigirse a su hijo- Y tú también partirás de aquí. Si definitivamente unes tu vida a la de esta joven, no volveré a llamarte hijo- Y sin más, el matrimonio abandonó la habitación.

Tal y como lo había dispuesto el señor Darcy, Kitty pudo visitar y cuidar de su prometido durante todo el tiempo que duró su convalecencia, y una vez tuvo las suficientes fuerzas para levantarse, caminar y montar a caballo, se dispuso todo para que saliera de esa casa, que ya nunca más volvería a ser su hogar.

Los primeros en partir fueron los Bennet. Padre e hija volvieron a Longbourn con la promesa de una visita en breve por parte del coronel para comenzar a planificar la boda.

Richard miró la casa que había sido su hogar durante tantos años. Paseó recordando los buenos momentos vividos allí, y no puedo evitar sentir algo de nostalgia y tristeza al verse obligado a partir de esa manera.

-¿Te arrepientes?- Preguntó Darcy al verlo tan apesadumbrado observando aquella casona.

-¿Quien? ¿Yo?- Dijo cambiando su semblante por uno más alegre- Voy a desposarme con una mujer estupenda, ¿qué me importa esta casa?- Pero de nuevo volvió a cambiar- Solo lamento no poder darle los lujos que se merece.

-Richard, sabes que puedes contar con mi ayuda, del tipo que sea.

-Eres muy amable- Le estrechó la mano- Esperemos que mis honorarios por haber combatido en el continente sean abundantes- Dijo con desenfado- Quien sabe, puede que el rey me recompense con generosidad y no deba preocuparme por nada.

-Todo es posible- Le aseguró Darcy, pensando en hablar con los contactos de la nobleza con la que tenía relación, para ver si eso era posible.

-¿De verdad lo crees?

-Claro que lo creo, sino ¿cómo explicas que Elizabeth se casara conmigo?- Dijo riéndose.

-Tienes razón- Rio con él.

Ambos subieron a sus monturas para emprender el viaje hacia Pemberley, sintiéndose afortunados por las expectativas de futuro que veían ante ellos.

Ya estoy aquí de nuevo

Siento comunicaros que este es el último capítulo y que el próximo será ya el epílogo.

Espero que os guste este capítulo, está cargado de momentos intensos. ¿Qué os ha parecido la reconciliación entre Darcy y Lizzy? ¿Y la situación de Lydia? ¿Y el coronel y Kitty?

Espero vuestros comentarios con ganas. Y ya en el epílogo escribiré una despedida más emotiva, para el fic.

Gracias a los que me dejáis vuestras opiniones, estoy muy contenta de que os esté gustando. Como os comenté, estoy escribiendo otra, así que aunque esta se acabe, yo seguiré por aquí.

Nos leemos pronto