26
Bellos Recuerdos y Sentimientos Pasados
Habían pasado semanas, eran cerca de las cinco de la tarde del sábado 22 de octubre.
Hermione veía la TV en su habitación en compañía de su pequeña hija, la cual acabada de quedarse dormida bajo las caricias que su mamá le hacía. Ella tenía intenciones de hacer lo mismo que Lily, cuando escuchó el timbre y tuvo que bajar a ver quién era. Al abrir se encontró con su amigo pelirrojo.
¡Ron, qué sorpresa! Pasa - lo recibía con cordialidad y alegría.
Hola, Hermione. ¿Está Harry? - saludó el chico, caminando hacia el vestíbulo.
No, él y James fueron al supermarket por la despensa de la semana - dijo cuando cerraba la puerta.
¿Y los niños? - preguntaba al notar que Ron venía solo.
Bill y Fleur los llevaron al parque de diversiones, junto con Will y Paris - decía, mientras entraban en la sala.
¿Y Lily? - preguntó el pelirrojo, sentándose en un sillón de la estancia.
Acabo de dejarla arriba, tomando su siesta - respondió, adoptando una sonrisa maternal al pronunciar a su pequeña hija.
Oh - Ron apenas y musitó, de pronto guardó silencio. Se había quedado viendo una de las fotos que estaban sobre la chimenea, donde aparecían brindando Harry y Her a lado de él y Luna; en su boda con la rubia. Hermione se percató hacia dónde se dirigía la mirada de su amigo, en sus labios se dibujó una sonrisa de gracia.
Espero que Luna se esté divirtiendo en el campamento, en verdad lo deseo. Fue una buena idea de los gemelos llevar a tu mamá a relajarse al campo, este fin de semana -comentó la de rulos.
Pero la extraño tanto... - declaró el ojiazul casi sin darse cuenta, con tono añorante.
Eres exagerado, ni que la fueses a dejar de ver por siglos. Sólo fue un día, mañana la verás temprano - al decirlo la ojimiel soltaba una pequeña risita. El pelirrojo salió de su distracción y le lanzó una mirada algo dolido. Hermione dejó de reír y se mostró comprensiva.
Es sábado, los días de descanso nos la pasamos juntos. Llevamos a los niños al cine o al parque - decía el ojiazul. - Me siento como si me faltase algo. Es una sensación extraña, de difícil de explicación... –dijo contrariado.
Nada de eso, la tiene. Y se llama Amor - interrumpió la de rulos.
Sí... - suspiró su amigo, en su azul mirada hubo un brillo soñado.
La amas. Me alegra tanto ver que Luna y tú sean tan felices - decía con una sonrisa sincera.
Tal vez ni siquiera contigo hubiese sentido esta felicidad - soltó él, sin pensar.
¿Cómo? - respingó impactada, como si hubiese escuchado mal. Ron se recriminó a sí mismo por dejarse en evidencia, pero quizás ya era hora de sincerarse. Así que mantuvo su vista fija hacia los ojos de su amiga.
Hermione, hace años estuve enamorado de ti - confesó, sus mejillas enrojecieron sin embargo no desvió su mirada.
¿Qué? - exclamó y lo quedó viendo atónita.
Sí - su sonrojo iba disminuyendo. - Pero por azares del destino nunca pude decírtelo. La única vez que me armé de valor, ocurrieron cosas extrañas en el colegio - finalizó, hizo una mueca en señal de haberse sacado de onda aquella ocasión.
¿Cosas extrañas? - arqueó una ceja, extrañada.
Sí, me encontré con un grupo de Beauxbatons. Fue un viernes, para ser exactos el viernes que terminaste con Krum - decía, recordando. Haciendo un gesto hosco al nombrar al buscador búlgaro.
Ahora que lo mencionas… para mí también fue una noche muy extraña - inconscientemente jugueteaba con su dije, acordándose. - Después de que corté con Víktor, vi a mi doble... - lo último lo había dicho casi como un susurro.
¿Disculpa? - preguntó el pelirrojo, que no había alcanzado a entenderle.
Nada - negó de una manera creíble pero algo exagerada, desviando nerviosamente la mirada. Ron ya no le dio importancia.
Sabes, me he puesto a pensar que fue lo mejor no habértelo dicho - expresó convencido.
Sí, porque de haberlo hecho te hubiera aceptado - dijo la castaña, ruborizándose levemente.
¿Por qué? - saltó el pelirrojo, con expresión sorprendida.
Porque estaba tan desesperada por olvidar a Harry, y en el fondo por darle celos. Tanto, que muchas veces intenté dárselos contigo. Por eso le dejé ver que tú me interesabas. Pero luego me arrepentía por ti, por cuán grande sería mi cargo de conciencia si tú salías lastimado. Eras mi otro gran amigo - confesó apenada.
Algunas ocasiones pensé que tú sentías algo por mí, eso me daba esperanzas y me animaba para decirte lo que sentía - reconoció, apenándose también.
Perdóname - se disculpó avergonzada.
Ya ves, el destino nos tenía preparadas muchas sorpresas más. A mí me regaló la Luna - sonrió. - Y jamás olvidaré cómo me le declaré - automáticamente sus ojos se iluminaron. Aunque fue bastante chistoso y de cierta forma, raro... - dijo para sí, sonriendo con vacilación y rascándose detrás de la nuca.
Créeme, ella también lo recuerda - comentó la castaña, (algo le había contado Luna)
Ginny no estuvo para mi boda, como creo que tampoco estará para el nacimiento del nuevo integrante de la familia - automáticamente su sonrisa disminuyó, pero a pesar de que se sentía triste por la partida de su hermana, su mirada brilló aún más.
¿Nuevo integrante? - soltó confusa Her.
Sí, Luna está embarazada - dijo con una sonrisa de felicidad infinita, aunque con un tenue sonrojo en sus mejillas pecosas.
Oh Ron, ¡Felicidades! - chilló con alegría, abrazándolo de improviso. Luego lo dejó de abrazar, se había sentido algo incómoda por su efusiva felicitación. Él también se sintió de una forma similar.
Luna no me dijo nada - la castaña frunció el entrecejo, un tanto indignada con su amiga.
Pensábamos dar la noticia antes de la boda de Ginny - continuó, haciendo una extraña mueca al pronunciar a su hermana.
Pero lo más seguro es que jamás habrá boda - suspiró negando. - Qué ironía, cuando supe de ese compromiso me negaba… y ahora deseo tanto que esa boda se realice -confesó, exhalando un nuevo suspiro de desaliento. Hermione no tuvo valor para decirle que Ginny se había ido a vivir con Draco.
Ron, no debemos estar tristes cuando hay más alegrías que vendrán - dijo para alejar el tema de Ginny.
No te entiendo - la volteó a ver confundido.
Es que yo... Creo que también estoy embarazada - declaró tocándose el vientre, sus mejillas ardieron un poquito.
¿En serio? - soltó asombrado.
Bueno, no estoy muy segura, es que me acaban de dar los resultados y... - el rubor no había desparecido de su rostro.
¡Sorprendente!, ¡Espera a que Harry lo sepa! ¿O ya lo sabe? - exclamó, interrumpiéndola.
¡No, Ron! Por favor no vayas a comentarlo cuando llegue. Ni siquiera le he dicho de mis sospechas - se precipitó a pedirle. Ron arqueó una ceja.
Estoy esperando el momento indicado para abrirlos. Quiero que esté conmigo para alegrarnos o desilusionarnos juntos - expresó.
Descuida, de mis labios no saldrá nada - hizo una seña como si cerrara sus labios con un cierre imaginario. - Es más, si quieres ya me voy - se incorporó.
No - lo hizo que se sentara de nuevo. - Quédate, se lo diré hasta la noche - dijo, desviando la mirada. Y si hacía un rato se había puesto roja ahora sí que sus mejillas habían desprendido vapor.
Ah... - entendió la indirecta y embozaba una sonrisa, pícaro. - ¡Pero te imaginas si es verdad, será genial! ¡Dos nuevos bebés en la familia! - comentó animado.
Espero que no sean más - dijo ella con vacilación.
¿Por quién lo dices? - la vio con una leve palidez.
Tranquilo, no lo digo por ustedes - soltó una tenue risita. - Me refiero a... Ya sabes, mis primos los trillizos - hizo una mueca vacilante.
Cierto, pobre de ti si te resultan tres en vez de uno - el ojiazul concedió, sonriendo discretamente. - Tres como Harry, o tres como tú - ya no pudo disimular su sonrisita burlona.
¿Y si fueran tres como yo, qué problema hay? - inquirió ceñuda.
No, ninguno - negó el pelirrojo, con cara de inocencia. Ella relajó el entrecejo, de pronto exhaló un gran bostezo, en verdad sentía mucho sueño.
Ron, me disculpas. Es que antes de que llegaras me estaba quedando dormida... - dijo apenada, poniéndose de pie.
No hay problema, ve a tomar tu siesta - se apresuró a decir. - ¿Te importa si espero a Harry?
Te quedas en tu casa - otorgó con una sonrisa. Cuando Hermione desapareció tras el doblar del pasillo, Ron tomaba la foto donde aparecían él y Luna bailando, en su boda. Sonreía y comenzaba a recordar todo.
Flash Back
Era un viernes por la tarde, acaba de dejar a Harry y Hermione en el ministerio de magia, haciendo unos trámites para poder casarse. Comenzó a caminar sin rumbo, estaba aún muy confundido. Se sentía alegre por sus amigos, se lo merecían por todo el tiempo que estuvieron separados. Pero a él le afectaba, le dolía seguir sintiendo amor por Hermione, la prometida de su mejor amigo. Cruzó la acera y de pronto se dio cuenta que inconscientemente transitaba la calle donde estaba la casa de los abuelos de Luna; actualmente ella vivía allí, después de haberse graduado de Hogwarts.
Decidido apresuró el paso, se dirigió a la casa de la ojiazul. Cuando llegó atravesó la reja, entró al jardín, y estuvo parado durante unos segundos frente a la gran puerta de roble con apariencia imponente; dio un profundo respiro y tocó dos veces. Un hombre alto, semi delgado, con apariencia despistada y saltones ojos azules. Lo miró fijamente, esbozando una amable sonrisa.
Buenas tardes, señor Lovegood. ¿Se encuentra Luna? - preguntó el pecoso, algo intimidado.
Pero antes de que el señor Lovegood dijese algo detrás de él salió una rubia, peinándose el cabello pero sin poder disimular su mirada entusiasmada.
Tú, coleccionista de canciones.
Dame razones, para vivir.
Hola, Ron - sonreía ampliamente la ojiazul.
Luna - exhaló él, con vacilación.
¿Quieres pasar? - lo invitó, aventando el cepillo hacia aun lado.
En realidad vine a ver si quieres dar un paseo conmigo - propuso, algo ruborizado.
Claro - exclamó con precipitación. - Regresaremos más tarde - dio un beso en la mejilla a su papá, bajó un escalón y pasó su brazo por el brazo de Ron.
Diviértanse - atinó a decir el señor Lovegood, pues ni tiempo tuvo de decir algo más.
Fueron al Hyde Park, caminaron un gran rato; compraron unas paletas de caramelo y se sentaron en la orilla de una fuente.
La boda de Harry y Hermione es muy precipitada, ¿No crees? - comentó la rubia.
Bueno, quizás no quieren esperar porque ya no tienen nada que pensar. Se aman desde hace mucho - dijo, sintiendo una incontrolable punzada de enfado en el pecho.
Pero no vine a hablar de ellos - cortó algo frío e incómodo; la rubia calló desviando un poco la mirada, donde se acumularon algunas lagrimitas. En el fondo sabía que el pelirrojo que le robaba los suspiros estaba enamorado de aquella castaña desde hace tanto, ello dolía bastante. Hería cada que lo recordaba, desde la vez que Ginny se lo había dicho.
Luna, tú y yo... - comenzó el ojiazul, recuperando su modo de voz normal.
¿Sí? - regresó su atención a él, disimulando bastante bien su tristeza.
Tú, la dueña de mis sueños,
Quédate en ellos y hazme sentir.
Y así, en tu misterio poder descubrir,
El sentimiento eterno.
Es decir, te conozco desde hace tiempo. Eres amiga de mi hermana, vas seguido a mi casa y... - parecía rebuscar las palabras.
¿Y? - lo vio expectativa, un tanto insistente.
Somos amigos - expresó, ante no poder decidirse a decir lo que en verdad quería.
Oh… me alegra que me consideres tu amiga - dijo algo desilusionada. - Y ya no sólo Lunática Lovegood - agregó un tanto ácida, aunque trató de evitar ese tono.
Yo... - se avergonzó por eso, por los momentos en que llegó a hacerla sentir mal con sus palabras. Luna mantuvo su mirada en el chico. El pelirrojo se quedó observando esos misteriosos ojos azules como el color del mar... Entonces algo, un impulso o un sentimiento quizás oculto; tanto que él mismo no podía descubrirlo. Lo llevó a tomar una decisión.
¿Luna, quieres ser mi novia? - declaró algo aprisa. Las pupilas de la rubia se dilataron, abriéndose con sorpresa e incredulidad.
¿Hablas en serio? - exclamó la chica, palpando su realidad y no fuese una mala broma de su imaginación.
¿Por qué te mentiría? - preguntó con calma, esperando la respuesta de la ojiazul.
¡Es que me parece increíble! - chilló, abalanzándose sobre él.
Tú, con la luna en la cabeza,
El lugar en donde empieza,
El motivo y la ilusión de mi existir.
A mí también... - correspondió al abrazo, un tanto incómodo y sonrojado.
Dios, quiero amarla -rogó para sus adentros, acariciando el rubio y lacio cabello de la chica.
Luna estuvo unos segundos aferrada al pecho de Ron sin que éste se percatase que ella había derramado algunas lágrimas de emoción. Él deshizo el abrazo y fue entonces cuando unió por primera vez sus labios a los suaves de Luna, que tenían un agridulce sabor a frambuesa. La rubia cerró los ojos, dejándose guiar sólo por su corazón. El pelirrojo sintió que ese beso no le fue del todo indiferente...
Una vez que el beso finalizó, Luna sonrió; sus ojos tenían un brillo especial, como los de esos primeros rayos de luna que ahora la iluminaban. Ron sonrió viéndola, tal vez ella era la respuesta, una nueva ilusión a su vida que se acaba de quedar sin sentido. No era que cuando Hermione se marchó de Londres no hubiese sentido depresión, pero al menos albergaba una esperanza de volverla a ver y decirle lo que sentía. Pero ahora ella sería la esposa de su mejor amigo.
Tan sólo tú, solamente quiero que seas tú.
Mi locura, mi tranquilidad y mi delirio.
Mi compás y mi camino.
Sólo tú, solamente quiero que seas tú
Pongo en tus manos mi destino,
Porque vivo para estar siempre,
Siempre, siempre, contigo amor.
El sábado 8 de Enero, después de la boda de Harry y Hermione; Ron acompañó a Luna a su casa. Esa noche sin lugar a dudas tenía que ser una noche definitiva para su vida sentimental. Sentía que aún estaba lastimado por ser testigo y ver cómo la chica de la cual había estado enamorado por años, acaba de jurarle amor eterno a su mejor amigo... Pero también sentía que Luna estaba ahí, esperando por un destino a su noviazgo, parecido al de sus amigos y no una dolorosa y determinante ruptura.
Entraron en el jardín de la casa, se sentaron sobre una banca del mismo.
Luna - comenzó el pelirrojo, que de momento se había quedado con la garganta seca.
¿Sí? - lo vio fijamente, sin parpadear.
Llevamos algún tiempo saliendo, y... - desvió la mirada mostrando interés en el arbusto más cercano y cortó una magnolia de él.
Umjú - murmuró nerviosa, en el fondo le aterraba la idea de que Ron se hubiese dado cuenta de que no podría olvidar a Hermione y decidiese dar por terminado su noviazgo con ella, para salir huyendo como lo había hecho Ginny.
Me preguntaba si lo nuestro lo tomas en serio - expresó por fin, entregándole la flor.
Eso deberías respondérmelo tú - tomó la flor y lo miró, mordiéndose los labios con cierta ansiedad inconsciente.
¿Yo? - sus mejillas se ruborizaron levemente, ella asintió.
Luna, eres muy especial para mí... Te quiero mucho y... - la tomaba de una mano mientras la miraba.
La respuesta es Sí - exclamó la chica, sin dejarlo terminar.
¿Sí qué? - soltó desconcertado.
Sí me quiero casar contigo - declaró.
¿Ah? - lo había tomado por sorpresa. - Esa es una buena respuesta... - exhaló vacilante. En el fondo sabía que ella esperaba esa pregunta, y él quería hacerla, pero no precisamente así. Siendo sinceros, de qué se sorprendía si ya conocía que Luna era una chica que jamás se reservaba palabras acerca de lo que quería expresar en determinados momentos.
¿Es la correcta a la pregunta que ibas a hacerme? - dijo un tanto temerosa, retiró su mano comenzando a sentirse imprudente y precipitada. Pensando que realmente lo estuviese obligando.
No pudo haber respuesta más acertada - concedió sonriendo.
¿En serio? - seguía insegura.
En serio, quiero estar contigo para siempre - la tranquilizó, la tomó de las manos y le dio un beso en ellas.
Ronnie... - sollozó. Él la vio de nuevo con sorpresa, era la primera vez que le llamaba de esa forma... Es más, su madre era la única que le decía así, y le molestaba. Y los gemelos no se podían contar, pues lo hacían como burla a la manera en la que se lo decía su progenitora. Pero en la voz de Luna se escuchaba diferente, era agradable escucharla llamarlo así.
Luego le tendió la mano para ayudarla a ponerse de pie, entonces la rubia lo sorprendía por tercera ocasión; besándolo con dulzura. Para Ron fue un beso distinto, como una comprobación de que no se equivocaba al tomar aquella decisión. Lentamente se entregó al gesto, dejó de pensar, la abrazó con fuerza pero con delicadeza...
Tú, coleccionista de canciones,
Mil emociones, son para ti.
Tú, lo que soñé mi vida entera,
Quédate en ella y hazme sentir.
Y así, ir transformando la magia de ti,
En un respiro del alma.
A mediados de Enero, con toda la familia Weasley reunida en la sala de la madriguera...
Vamos Ron, díganlo ya. Que no ven que nos tienen con el alma al borde del precipicio - apuró con curiosidad, George.
Bien, Luna y yo... - comenzó con un leve rubor en las mejillas, que resaltaba por sobre sus pecas. Contuvo la respiración y regresó a ver esos místicos ojos azules, ella le brindó una sonrisa; en ella miraba la seguridad.
Vamos a casarnos - completó, apretando la mano de la rubia; la suya estaba sudando.
¡Por Merlín, Ya Era Hora! - chilló con alegría la señora Weasley, abalanzándosele a su hijo y dándole sonoros besos en ambas mejillas. Luego abrazó a Luna, el señor Weasley los felicitaba. También Bill, Charlie y Percy, (éste último con la misma expresión arrogante de siempre). Entonces se acercaban los gemelos, que hasta ahora hablaban por lo bajo entre ellos.
No se habrán comido el pastel antes de la fiesta, ¿o sí? - comentó con malicia pícara Fred, abrazando a Ron.
¡Fred! - reprendió su mamá, bastante escandalizada.
Pobre de ti, te compadezco - siguió diciendo a pesar de la mirada inquisidora de su progenitora. Había terminado de abrazar a su hermano e iba a abrazar a Luna, a quien acaba de felicitar George.
Es la mejor chica... Mujer - se apresuró a corregir el pelirrojo, viendo fulminante a su hermano. - Con la que haya soñado para compartir mi vida - finalizó con seguridad.
El comentario era para Luna - aclaró burlón, Fred. Los demás soltaron una risa, a excepción de la señora Weasley, que miraba al gemelo con enojo. Y Ginny, quien hasta ahora no había dicho nada y se encontraba sentada en un rincón con expresión ensimismada. Percy soltó una floja risilla, disimulándola con un tosido; y Luna sonrió levemente ante el comentario de su cuñado.
Es en serio, si mi hermano no se casaba contigo yo te lo pedía - exclamaba Fred, cuando la abrazaba.
¡Basta, Fred Weasley! - regañaba molesta la señora Weasley. Ron lo miró de peor manera.
Era broma, yo no pisaré un altar. Al menos en unos veinte años – aseguró con solemnidad.
Es poco tiempo - puntualizó George, mirando con complicidad a su gemelo.
Sí, la verdad creo que no hemos nacido para el matrimonio - concedió Fred, negando con rotundidad y haciendo un gesto de que la sola idea lo estremeciese.
Esta vez tienen toda la razón - intervino Ron, los gemelos intercambiaron una mirada y lo vieron con expresión confusa, el pecoso sonrió malicioso. - Porque las chicas que se casen con ustedes deben estar realmente mal de la cabeza - finalizó sonriendo ampliamente, de forma burlona. Nuevamente Bill, Charlie y el señor Weasley soltaron una carcajada. Luna y la señora Weasley sonrieron discretamente.
¡Beso, Beso! - comenzaron a pedir los gemelos y también se les unían Bill y Charlie.
La señora Weasley se había ido a abrazar de su esposo y tenía los ojos llenos de lagrimitas, por la conmoción que le causaba el compromiso del menor de sus hijos varones.
Ron tomó a Luna por la nuca y comenzó a besarla, en ese momento dentro de él acontecían mil emociones distintas, algo realmente inexplicable... Sólo sabía que por primera vez desde que conoció a Luna, el nombre Hermione no causaba estragos en su interior. Es más, parecía no interesarle dónde estaban y que había alguien más alrededor de ellos. Era como volver a respirar realmente, el oxigeno que había perdido cada segundo que estuvo enamorado de su castaña amiga.
Sus papás y sus hermanos sintieron que sobraban y se retiraron del salón en silencio.
Ron y Luna dejaron de besarse, entonces el pelirrojo se dio cuenta que aún alguien importante para él no los había felicitado, su hermana... A la que prácticamente le debía haberse fijado en Luna. Es más, ella se la había presentado en aquel vagón de tren cuando él había entrado a 5° año. Y que con constancia todo 7° se la pasó tratando de que él viese a Luna más que como la amiga de su hermana.
¿Ginny, tú no nos vas a felicitar? - preguntó sacándola de sus pensamientos.
Sí, bueno, felicidades - dijo con simplicidad. - Y para cuándo es la boda - en sus labios apenas y se torció una leve sonrisa. Que para nada acompañó la ácida expresión de sus ojos.
La hemos planeado para cuando Herm y Harry regresen de su luna de miel -respondió el pelirrojo.
Van a ser los padrinos - añadió Luna.
Oh vaya, qué considerado. Tomar en cuenta a tu am... - Ron la miró palideciendo, si su hermana hacía un comentario sobre el amor que hasta ahora sabía él sentía por Hermione. - A tus amigos de años - concluyó, lanzándole a su hermano una fría mirada.
Son como mis hermanos... - comentó el ojiazul. Ginny volvió a torcer los labios, con cierto sarcasmo. – Ah, claro, como tú digas hermanito - lo miró irónica.
Luna había fruncido el entrecejo, extrañada por la actitud de su futura cuñada.
Pero a mí no me cuenten en su lista de invitados, recuerden que me voy a tramitar la beca para Dublín - informó.
¿En Febrero? - la miró ceñudo, Ron.
Sí, recuerda que son las fechas - señaló con seriedad. Aunque Ron sabía que el verdadero motivo era que su hermana no quería ver a Harry y a Hermione juntos.
Pero si Fred y George se quedan. ¿No te ibas a ir con ellos? - objetó.
Yo debo adelantarme. Y no insistas, Ron - cortó al notar las intenciones de su hermano de continuar objetando. Les dejo mis mejores deseos - abrazó rápidamente a la rubia, y se dirigió a su habitación.
****
Los preparativos de la boda fueron algo precipitados, pues 20 días no eran suficientes para planear una como Dios manda. Aún así todo quedó perfecto para el viernes 11 de Febrero.
Harry y Hermione arribaron a la madriguera la tarde del jueves 10, y Ginny había partido a Dublín el sábado 5.
Cerca de las seis de la tarde en la habitación de los señores Weasley... Fleur, Melanie Penélope, Hermione y Molly Weasley; ésta última estaba tan o más nerviosa que la novia. Ayudaban a Luna a arreglarse para la ceremonia.
Ron estaba en la sala, Harry le terminaba de arreglar la corbata de su traje azul marino por séptima ocasión; ya que éste cada rato se la desacomodaba con tantos jalones, pues en ella se hacían visibles los nervios del pelirrojo.
Calma, Ron - aconsejó el ojiverde.
¡¿Calma?! - repuso sarcásticamente el pecoso.
Cómo se nota que tú no eres el que se va a casar - ironizó indignado por la falta de comprensión de su amigo.
Porque ya lo hice es que te aconsejo que te calmes, sino acabarás por quedarte sin corbata - puntualizó el de gafas, algo ofendido. Ron prácticamente hacía caso omiso de los consejos del ojiverde.
Por qué tardan tanto - expresó impaciente, mirando con constancia hacia las escaleras de las habitaciones.
Ron, la última en salir siempre es la novia - exclamó fastidiado Harry, pero se contuvo sus regaños. No podía criticar a su amigo si cuando él se iba a casar con Hermione por poco y parte sus gafas a la mitad por la ansiedad de verla llegar a la capilla. Aunque él tuvo que sentir esos nervios en 3 ocasiones, dos ceremonias muggles y una en el mundo mágico.
¿Ah sí? - soltó como si fuese una información recién descubierta.
Sí - afirmó Harry.
¿Por qué? - soltaba la pregunta, con tono confuso.
En realidad no sé, supongo que porque le da un toque más emocionante a la boda -respondió el de gafas, analizando la idea.
Oh... - sin embargo el ojiazul seguía sin comprender la extraña finalidad. En eso por las gradas bajaba una apresurada pero contenta castaña, quien vestía con un precioso vestido de tirantes color aguamarina.
Sálganse - ordenó, apurándolos hacia la puerta.
¿Qué?, ¡Por qué me voy a salir! - protestó el pelirrojo.
Ronald, la novia va a bajar - le lanzó una ácida mirada, con obviedad.
Mejor, Ya quiero verla - replicó insistente, el ojiazul.
La verás más tarde, cuando llegue al jardín - lo empujaba hacia la salida. Ron tenía intenciones de seguir alegando pero Harry lo jaló.
Vamos Ron, los invitados estarán preguntando por ti.
Ambos salieron al jardín de los Weasley, el cual esta vez estaba decorado de acuerdo a la ocasión... Unas preciosas flores blancas indicaban el camino hacia el altar, sillas donde ya habían muchos invitados sentados frente a éste. Y más allá se encontraban unas mesas largas con manteles color perla, cerca de una recién instalada pista de baile. Alrededor de ésta había velas, que seguramente le darían luminosidad y un toque romántico al lugar; también había más flores colocadas cerca de la pista como las que adornaban el altar.
El señor Weasley estaba parado cerca de la entrada del jardín, recibiendo a los invitados que continuaban llegando a la ceremonia. Fred y George caminaban por el lugar, secreteándose mientras miraban a las chicas que estaban sentadas en la tercera fila, cerca del pasillo por el cual pasaría la novia. Se trataba de Katie Bell, su antigua compañera del colegio y de equipo de Quidditch. Acompañada por otra chica de más o menos su edad, de cabello largo y castaño con una cautivante mirada violeta; bastante atractiva pero a simple vista se notaba que era tímida. Ron arqueó la ceja al percatarse de los hechos. Pero antes de ir a salir de dudas fue interrumpido por la profesora McGonagall, Harry sonrió agradecido al verla venir. (Ya no soportaba a Ron y no encontraba forma de hacerlo comportarse.)
Felicidades, señor Weasley - saludó La profesora McGonagall. - Usted y el señor Potter consiguieron un compromiso con las últimas dos mejores alumnas que ha tenido Hogwarts. Y espero que las hagan muy felices, va para los dos - dijo con seriedad, viéndolos a ambos con cierta advertencia. – Descuide, Amo a Hermione. Jamás haría algo que la lastimase - dijo con firmeza, el ojiverde. Ron sólo asintió enérgicamente con la cabeza, su voz parecía haber huido desde hace un gran rato. La profesora seguía hablando pero Ron no podía poner atención ya que se daba cuenta que Fleur, Melanie y Penélope pasaron directo hacia las sillas de la primera fila del altar, y se acomodaron. Entonces precipitadamente, tanto que casi se autoestrangula pero no le dio importancia, regresó a ver hacia la puerta de su casa... En segundos una melodía nupcial comenzó a escucharse... Abriendo notablemente la boca vio a la rubia dirigiéndose hacia el altar, venía del brazo de su padre.
Tú, con la luna en la cabeza,
El lugar en donde empieza,
El motivo y la ilusión de mi existir.
¡Muévete, Ronald! Tienes que acomodarte - la voz molesta de Hermione fue la que lo sacó de su enajenación.
¿Eh? - musitó medio aturdido. Harry ya había ido a ocupar el lugar que le correspondía como padrino de bodas que era. Y la profesora volvió a su asiento desde hacía unos minutos, en lo cuales Ron ni se percató.
Sí qué eres lento - bufó con vehemencia la ojimiel, jalándolo para que se apurase a ir al altar.
Ron caminó como pudo para poder seguir admirando a Luna.
Lucía hermosa, con un vestido de un blanco perfecto. La parte de arriba en encaje, con los hombros descubiertos, de mangas largas y ceñido hasta la cintura. De abajo era holgado y un tanto vaporoso. Su rubio cabello ondeaba con el aire, sólo unas diminutas florecitas blancas colocadas al lado derecho fungían como tocado, no llevaba velo. Un manojo de magnolias atadas con un listón rojo a petición de Luna, conformaban su ramo.
Tan sólo tú, solamente quiero que seas tú
Mi locura, mi tranquilidad y mi delirio,
Mi compás y mi camino.
Sólo tú, solamente quiero que seas tú
Pongo en tus manos mi destino
Porque vivo para estar siempre contigo.
El pelirrojo se quedó estático una vez que la rubia llegó hasta frente a él. El señor Lovegood besó a Luna en la mejilla y le entregó su mano a Ron.
Hazla Feliz – le dijo al ojiazul, dándole suaves palmadas en el hombro.
Ron sonrió con nerviosismo cuando Luna apretó su mano para continuar caminando e irse a se hincar frente al altar.
El sumo mago encargado de la ceremonia comenzó un largo pero solemnemente bello discurso acerca del sagrado significado del matrimonio. No era que el pelirrojo no quisiera escucharlo y ser irrespetuoso, pero no podía dejar de ver a Luna. Aún recordaba la primera vez que la vio en el vagón del expreso de Hogwarts, cuando ella comentó que él había ido con Padma Patil al baile del curso anterior. Y a él le causó tremenda sorpresa que una chica ajena a él estuviese tan bien enterada de su vida, hasta llegó a asustarle esa extraña y peculiar forma de ser de Luna. - ... el Señor hizo que sus caminos se encontraran y continuar recorriendo uno solo, juntos... - el sumo mago continuaba con su discurso. -Quién le iba a decir que esa rubia con la que se comportaba tan frío, tan maleducado con esa insistente manera de ignorarla; llegase a ser la mujer de su vida.
Un impulso lo hizo tomarla de la mano, ella regresó a verlo y se la acarició brindándole una sonrisa. Luego la miró ver hacia el frente y asentir, los labios de la rubia habían pronunciado una palabra corta que por su misma enajenación él no alcanzó a entender.
La voz del sumo mago la cual apenas y escuchaba a lo lejos, le volvió a preguntar pues al parecer ya lo había hecho...
Ronald Bilius Weasley, ¿Aceptas? - dijo mirándolo, de cierta forma exasperado.
...Sí - musitó él, con nerviosismo.
Puedes besar a tu esposa - exclamó el sumo mago, en eso los invitados comenzaron a aplaudir; el ruido al parecer fue lo que sacó al pelirrojo de su trance. Se puso de pie con cierta torpeza, ayudando a la ojiazul; más bien ella terminaba ayudándolo. Ron besó a Luna con ternura, y apretó su mano con la de ella. Hubo un ruido más fuerte de aplausos, y los emocionados sollozos de la señora Weasley también eran sonoros.
Ya no queda más espacio en mi interior,
Has llenado con tu luz cada rincón,
Es por ti que con el tiempo
Mi alma siente diferente.
Fueron directamente hacia la pista de baile, una sonora voz que reconocieron como la de Fred, anunció. - Démosle la bienvenida a los nuevos señor y señora Weasley - hubo un nuevo estallido de aplausos de los asistentes. Quizás por error o intencionalmente se escuchó un murmuro de George: Y los últimos Señores Weasley... - Ron regresó a ver a su progenitora, quien se dirigía hacia sus hermanos con apariencia enojada. Pero de inmediato comenzaba a sonar la orquesta con una romántica melodía. Abrazó a Luna con ternura hacia él, estaba emocionado. Sí, esa era la palabra correcta para definir lo que en esos momentos sentía. Sus latidos eran acelerados, una sensación de infinita felicidad invadía cada rincón de su ser.
Sólo tú, solamente quiero que seas tú
Mi locura, mi tranquilidad y mi delirio.
Mi compás y mi camino.
Sólo tú, solamente quiero que seas tú.
Pongo en tus manos mi destino...
La velada fue mágica, Ron y Luna salieron hacia la isla de Hawai, donde pasarían su luna de miel. El viaje fue un regalo de los gemelos.
Entraron en una casa de playa que estaba ubicada frente al mar... Ron la cargó para entrar en la habitación. El camino estaba marcado por pétalos de rosas rojas y velas con aroma a vainilla, que la iluminaban tenuemente junto con los rayos de luna que se filtraban por la ventana. Una suave melodía completaba el romántico ambiente, al que también se sumaba el sonido de las olas.
El pelirrojo bajó a la rubia para que pudiese observar que toda la habitación estaba decorada con velas aromáticas de diferente tamaño y tapizada con la misma alfombra de pétalos de rosa sólo que esta vez eran de color blanco; donde apenas resaltaba el colchón cubierto por sábanas de seda color perla. Luna abrió notablemente los ojos, y regresó a verlo. Sus ojos azules reflejaban los nervios, los mismos que él sentía y eran evidenciados por el sudor en sus manos. Luna se quitó las zapatillas y comenzó a caminar por encima de los pétalos de rosa. Él se acercó a ella y rodeó su cintura por la espalda, la chica cerró los ojos y exhaló un nervioso suspiro.
Llévame a la luna... - susurró él en su oído, y comenzó a besar lentamente sus suaves y descubiertos hombros. Un placentero estremecimiento recorrió la piel de la rubia, mientras él continuaba un recorrido con sus labios. De pronto la cargó y con delicadeza la posó sobre las sábanas de seda, ella por fin abrió los ojos y sonrió con ternura. La observó, ese angelical rostro proyectaba una tímida inocencia. La besó, unió su mano con la de ella, trasportándose juntos a un universo de hermosas sensaciones...
Porque vivo para estar siempre, siempre,
Siempre contigo amor.
******
Nota: En este capítulo Ron nombra a Beauxbatons y Hermione a Krum, quien es ex estudiante de Durmstrang, porque ambas escuelas se unieron a Hogwarts para luchar en contra del ejército de las sombras. "Voldemort".
Canción: Coleccionista de Canciones del Grupo Camila.
Dedicatorias: Nocturnal Depression mil gracias por tus comentarios^^
Agradecimientos a ustedes los que se dan un break para leer este fic.
Saludos de su amiga Anyeli
