¿Que por qué actualizo hoy a esta hora?

Sencillo, para que el fic diga en su presentación, "Actualizado el 31 de diciembre" jajajaja algo tonto, pero divertido.

¡Aquí está, el nuevo capítulo! sin ánimos de sonar egocéntrica, quedó de lujo jajajaja

Los personajes conocidos son de Meyer, el resto y la trama, son sólo míos.

Gracias a mi hermosa Beta "Cony" te adoro amiga...

Ahora si, ¡A leer!

Capítulo 26.

Lejos.

—¿Se la llevaron?

No hubo respuesta.

—¿Quién?

No hubo respuesta.

—¿A dónde?

Edward estaba seguro de haber hecho esas preguntas en voz alta, tan seguro estaba que cada vez que su boca se abrió Khloe se estremecía más en los brazos de la rubia, pero no entendía porqué no recibía respuestas.

Sus puños se cerraron, mientras se llenaba de impaciencia e impotencia.

—¡Rosalie! ¡Khloe! —llamó fuertemente—. ¿Quién se la llevó? ¿A dónde?

La rubia parpadeó en su dirección. —No entiendo nada, Edward —dijo sacudiendo la cabeza.

Edward dio dos pasos hacia ella. —Rose —la llamó con una familiaridad a la que ninguno de los dos estaba acostumbrado, sin embargo no se sintieron extraños al percibirla—. Escúchame —le pidió levantando sus manos con clama, tratando de no alterarla para así poder hacerla hablar lo suficiente—. Necesito que me cuentes lo que pasó, todos los detalles. Desde esta mañana temprano, necesito saber que pasó para poder ayudarla, ¿entiendes lo que te digo?

Rosalie parpadeó por la lentitud de sus palabras. Estas no hicieron más que despejarla y hablar, dándose cuenta de que Edward podría ayudarlas y estaban perdiendo tiempo muy preciado.

Se sacudió entonces la impresión de sus huesos. —No dormí con ella ayer, me quedé en la de Jasper, por lo que no sé a qué hora se despertó. Cuando llegué aquí a la cocina, me encontré con Emmett, estaba nervioso porque Charlie lo había llamado, diciéndole que venía en camino y que te quería a ti aquí para cuando llegara.

Edward alzó las cejas, Emmett le había dicho algo totalmente diferente por teléfono. No tuvo que traerlo a acotación porque las siguientes palabras de la rubia se refirieron a la llamada que Emmett le hizo en la mañana.

—Lo escuché llamarte, decirte que no vinieras. Le reclamé diciéndole que Bella aún no se había despertado.

En un momento Edward se sintió aliviado, Bella no lo había rechazado, no le había pedido que no se le acercara. Sin embargo, se sentía de manos atadas. Rose estaba hablando, sí, pero demasiado lento.

—En algún momento mientras discutía con Emmett, Bella entró a la cocina, nos quedamos callados y Emmett le comunicó que Charlie regresaría. —La rubia captó la mirada del escolta—. Bella preguntó por ti de inmediato, Emmett le dijo que no vendrías, intenté desmentirlo, pero él había mencionado algo acerca de perder tu trabajo y preferí no decir nada. —Suspiró. Khloe se había separado de la rubia, sus ojos seguían húmedos mientras se trepaba en uno de los bancos del mesón, sus dedos se entrelazaron, soltándose únicamente para limpiar las lágrimas que ahora salían más esporádicas de sus ojos. Rosalie la dejó con cuidado y luego siguió hablando con Edward, que estaba a punto de morderse las uñas con desespero; tronó los dedos de su mano derecha y el movimiento no hizo más que acordarle a Bella, haciéndolo sentir inclusive peor—. Además, Bella estaba muy triste, tenía ojeras y no quería hablar mucho, así que cuando me pidió que la acompañara a las caballerizas, no me negué.

Edward alzó las cejas exasperado, tenía ganas de sacudirla para que hablara.

—Conversamos mucho, yo solo… solo quería reanimarla. Hablamos de David, de mi hermano… De Jacob —susurró cerrando los ojos—. Pasó mucho rato, hasta logré sacarle una sonrisa o dos, imagino que en algún momento de la mañana el vuelo de Charlie llegó y se dirigieron directo a la hacienda. —Hizo una pausa y negó como si sus recuerdos fueran lo suficientemente enredados como para explicarlos.

Edward se adelantó un paso, delicadamente intentó tomarla por el codo, cuando la rubia no puso resistencia, Edward terminó de girarla hacia él. —Rose, ¿qué fue lo que pasó? —La chica parpadeó enfocándolo.

—No estoy muy segura. Alice apareció, pero apareció gritando y despotricando, estaba llorando, llamó a insultos a Bella, le dijo traidora, la llamó… —suspiró—, la llamó puta. —Edward cerró los puños con fuerza. La que se había acostado con alguien en Las Vegas no fue precisamente Bella, al momento se arrepintió de pensar así, la chica no era necesariamente puta por haberse acostado con Jasper, pero no tenía el derecho de llamar a Bella así.

—Ni Bella ni yo entendimos que le pasaba, imagino que estaba oyendo a escondidas, no sé. —La rubia sacudió la cabeza pensando en lo que hablaba con su amiga antes de que la hermana de esta las interrumpiera de manera tan violenta—. Alice dijo un montón de cosas de mi hermano, Bella terminó dándole una cachetada y Alice corrió a casa; Bella… Bella corrió tras ella.

—¿La golpeó? —Edward le costaba creer en una Bella violenta.

—Debí seguirlas, no… no lo hice…—Rose siguió contando. Khloe, que apenas se movía, cerró los ojos limpiándose otra lágrima de la mejilla—. ¿Cómo podía imaginar que Alice haría algo así? —dijo levantando la mirada hacia el escolta—. No podía saberlo. No, no podía imaginarlo. ¡Por Dios, es su hermana! —Parecía fuera de sí. Edward necesitaba detalles. Alice era una arpía, estaba consciente de ello, pero ahora necesitaba saber de Bella, necesitaba saber de su esposa.

—Rose, Alice no importa. Por favor dime ¿qué fue lo que pasó con Bella? —la voz de Edward era baja y llena de terror.

—Charlie había llegado, por supuesto. —Sacudió la cabeza cerrando los ojos—. Cuando llegué a casa minutos después, los tres discutían, estaban gritando como locos, ni siquiera se fijaron que estaba ahí. No sé… no sé de que hablaban, no entendí. Mencionaron a Jacob, a David, y nada tenía sentido.

Khloe dio otro gemido de dolor y Rose se preocupó por ella, no en vano el ama de llaves había colapsado contra su pecho un par de horas atrás, se acercó un poco a ella y acarició su canosa cabellera.

—Shh, Khlo, cálmate.

—Rose. —Edward volvió a llamar su atención.

La rubia negó. —No sé, Edward, no entiendo que pasó. Alice gritó algo acerca de David, nunca había visto a Charlie tan aterrado y a Bella tan traicionada. Todo pasó muy rápido, Bella corrió a su habitación mientras Alice la llamaba enferma y loca; Charlie no dijo nada, solo se quedó ahí, viendo como sus hijas se mataban con las palabras, lo vi alzar su teléfono, mientras hizo una llamada yo subí con Bella, pero no quiso abrir la puerta, estaba llamando a alguien, pero no escuché a quién, la puerta estaba cerrada así que me quedé afuera, esperando a que se calmara. Pero entonces ellos llegaron, unos hombres vestidos de enfermeros y un hombre mayor vestido de traje. Charlie no me contestó cuando pregunté quienes eran, forzó la puerta de Bella y ordenó que se la llevaran.

—¿Hombres? ¡Con un demonio! ¡¿Quiénes eran?!

La rubia se encogió negando, no tenía idea de nada de lo que la rodeaba. Bueno, en realidad no sabía qué pensar, las palabras de Charlie, Bella y Alice le hacían creer algo que de verdad no tenía sentido alguno.

Los ojos de la rubia se llenaron de dolor. —Intenté detenerlos Edward, de verdad lo intenté pero…, no pude.

Edward volvió a tomarla por los codos, sintiéndose culpable por haberle gritado. La abrazó en un impulso, la rubia se sintió tan desesperada que correspondió al abrazo del escolta. —No tenías como detenerlos, Rose. No te culpes.

La rubia se separó con rabia del escolta. —¡Pude! —gritó, asombrándolo—. ¡Pude haberlo hecho! —Se tomó el cabello en dos mechones en las sienes, cuando lo soltó quedó considerablemente despeinado—. ¡Por Dios! Le pateé las bolas al que la llevaba en brazos, ¡al maldito no se le va a parar en semanas! —Edward parpadeó asombrado—. Si no fuera por él —susurró la rubia impregnándose de rabia—. ¡Todo es su maldita culpa!

—¡ROSE! —el ama de llaves la llamó en advertencia.

—¡No lo defiendas, Khlo, no lo hagas! ¡Tendrá años trabajando aquí, y será el jodido jefe de seguridad, pero se portó como un imbécil! ¡No me volveré a acostar con él nunca! ¡NUNCA!

Edward no podía creer lo que escuchaba.

¿Emmett ayudó a que se llevaran a Bella?

¿En qué jodido momento la rubia se había acostado con él?

—No digas esas cosas de Emmett, él solo ayudó —la voz de Khlo volvió a escucharse y Edward se quedó con la primera de sus incógnitas, no había tiempo para más—. Mi niña no está bien —continuó la anciana restregándose la nariz que le goteaba, las lágrimas no le daban tregua, caían con lentitud una detrás de otras—. Emmett solo la ayudó. —Su mirada estaba clavada al suelo—. Él sabe. —Asintió para ella misma—. Charlie sabe que hacer, él ya lo vivió hace tantos años. —Sacudió la cabeza—. Nunca pensé que la historia se repetiría. —Esa parte fue tan solo un susurro.

Rose frunció el ceño. —¿De qué historia hablas, Khloe? —La rabia de la rubia quedó olvidada. El ama de llaves tuvo un ataque de conciencia, negó rápidamente alejándose de la rubia.

—Nada Rose, nada.

Edward cerró los ojos. —Khloe —le habló directamente—. ¿Esto tiene que ver con lo que Bella ve? ¿De eso estás hablando? ¿Charlie lo descubrió?

Los ojos del ama de llaves se abrieron de par en par. —¿Lo que mi niña ve? —preguntó aterrada.

—Rose mencionó a David y a Jacob, creo que sabes de lo que estoy hablando.

Khloe retrocedió en su silla, ésta tambaleó pero no llegó a caerse, se le veía realmente asustada y asombrada.

—¿Es verdad, entonces? —preguntó en susurros—. ¿Ella…? ¿Mi niña? ¿Los…, ve? —Sacudió la cabeza sintiéndose pesada—. ¿Cómo es que tú lo sabes?

—¡Un momento! —interrumpió Rose—. ¿Qué mierdas es lo que Bella ve? ¡Y no hagan como si no estuviera parada enfrente de ustedes, demonios! —su tono demostraba la frustración y ciertamente la rabia que sentía.

Edward la ignoró y habló directamente a la estupefacta ama de llaves. —Khloe —llamó su atención—. Cuéntame lo que sabes. Sospechabas lo de Bella, puedo verlo en tus ojos, también puedo ver que no es primera vez que oyes de los poderes de Bella. Por favor, para poder ayudarla debo saber lo que sea que sepas.

El ama de llaves negó retrocediendo un poco más, la silla volvió a tambalearse obligándola a levantarse y retroceder. —No. —Negó más rápido—. No son poderes, mi niña está enferma, solo eso. Su papá la llevó para que la curaran. Solo eso. No son poderes. —Negaba seguido, desviando ahora la mirada a sus pequeños pies. Repetía las palabras intentando convencerse de ellas.

Edward apretó los puños sintiendo como que podía golpear a la pequeña, indefensa, mayor y fémina ama de llaves.

¿Cómo se le ocurría decir que Bella estaba enferma?

Su esposa siempre estuvo equivocada, la loca no era ella, ¡eran todos los demás!

Estaba a punto de volver a preguntar donde estaba Bella, ya que estaba literalmente a un paso de salir a dar vueltas en la camioneta hasta encontrarla. Un pequeño fruncimiento de cejas lo invadió ¿Dónde carajos estaba Emmett? ¿Habría acompañado a Charlie el resto del camino? ¿Eso significaba que sabía dónde estaba Bella? ¡Diablos! ¡Tenía que hablar con él!

Su boca se volvió a abrir pero alguien se le adelantó. Una alta, hermosa y realmente cabreada rubia.

—¿Poderes? —Rose se cruzó de brazos—. ¿De qué poderes estás hablando? ¡Están jodidamente locos!

Edward perdió la paciencia, no podían discutir sandeces, ¡estaban perdiendo tiempo sagrado!

—Bella ve espíritus, Rose —dijo si dejar de ver a Khloe que dio un salto como si la hubieran pinchado. Rose abrió la boca pero nada salió de ella. Edward desvió entonces la mirada a la rubia—. Veía a David desde que este murió, él siempre estuvo rondando en su habitación, a veces ve a Nana, su abuela, y desde hace un par de meses ve a Jacob. El hombre que fue tu novio está instalado en las caballerizas, esos son los más frecuentes, de hecho, Jacob fue el que le contó sobre el paradero de Luke, él fue quien le dijo donde podíamos buscarlo.

Rose sintió la imperiosa necesidad de sentarse, apartando un banco alto con torpeza escaló en él y apoyó los codos en el mesón, enterrando la cabeza entre sus palmas; un vaso de agua fue deslizado entre sus brazos; peinó su cabello agarrándolo en la base de la nuca, ignorando el agua. Tenía tanto en la cabeza que no sabía por donde empezar. Observó a Edward teclear en su teléfono y maldecir cuando nadie le atendía, entre sus pensamientos, se preguntó ¿a quién demonios podía haber estado llamando ahora?

—Emmett no atiende —la pregunta silenciosa de Rose fue contestada—. No sé a donde demonios ir. —Edward se pasó las manos por su cabello despeinándolo horriblemente—. ¿Alice está? —preguntó alzando la cabeza de repente.

—Está en su cuarto —contestó la rubia. Cuando Edward intentó subir a ver si hablaba con la menor de las Swan, Rose se interpuso—. No vayas —le pidió—, solo encontrarás disgustos. No vale la pena, iremos a buscarla, yo voy contigo. —Edward la vio sorprendido, pero la rubia no lo dejó hablar—. Khloe —habló fuerte al ama de llaves—. ¿A dónde se la llevaron?

El ama de llaves parpadeó rápidamente, no entendía la actitud de la rubia.

—¿Dónde? —articuló con los labios.

—¿Qué… qué te hace pensar que lo sé?

Rose cerró los ojos. —Por Renée. —Khloe jadeó escandalosamente. En cuestión de minutos los secretos más guardados de aquella familia resultaban no ser tan secretos.

Edward observó a las dos féminas en silencio, algo le decía que era mejor no entrometerse. Cuando empezó a trabajar para los Swan, no había hecho la investigación a fondo de la familia porque él no era el encargado de la seguridad, simplemente era uno de los escoltas. Sin embargo, Emmett le había facilitado un archivo familiar. Un enfoque general de la familia, sus ocupaciones acompañados de los datos básicos de sus integrantes. En él supo de Charlie y su compañía petrolera, supo de Charlotte y su master en no hacer nada y gastar dinero, supo que Alice se acabada de graduar del colegio y estaba en un año sabático antes de empezar la universidad, supo de Bella y su estancia permanente en la hacienda, de ella supo que no era hija de Charlotte. Pero en el informe que leyó solo decía que Bella había sido el producto del primer matrimonio del dueño, pero de la verdadera madre de Bella no decía nada en particular, tan solo su nombre "Renée Dwyer".

Sabía que Bella tampoco sabía mucho de su mamá.

Así que, más por curiosidad que por prudencia, decidió quedarse en silencio mientras Rose sometía a la inquisición al ama de llaves.

Khloe seguía negando con la cabeza. Rose cerró los ojos derrotada. —Revisé en el estudio de Charlie —confesó—, estaba buscando información acerca de Luke —explicó—. Sé que hice mal pero la verdad ahora no me importa. —Se sintió en la obligación de justificarse—. Encontré unos informes, no estaban escondidos y por eso pensé que se trataba de Luke, pero en ellos hablaban de Renée. —La rubia observó a Khloe a los ojos, esta no hacía más que encogerse—. Charlie la internó, ¿hizo lo mismo con Bella, cierto?

Hasta el momento nada de lo que habían dicho tenía sentido para la rubia, no creía en tal cosa de los "poderes" de Bella ni nada parecido, pero tampoco le parecía creíble lo que Charlie había hecho.

Así que dejando aún el punto de si creía o no lo que estaban hablando, entendió que tenía que ayudar a su mejor amiga. La cara de terror de Bella cuando se la llevaron de casa, jamás la borraría de su mente, debía ayudarla y ya que Emmett había decidido comportarse como un idiota y pasarse al lado oscuro de la fuerza. Aceptaría la ayuda del demasiado preocupado escolta.

Al ver la demora de Khloe en responder, sacudió la rubia y despeinada melena.

—¡A la mierda esto! Espérame aquí, Edward. —Y sin dar más explicaciones desapareció de la cocina.

Edward se paró al frente de Khloe.

—Sé que nos conocemos hace poco, pero te tengo una enorme estima Khlo. ¿Por qué no quieres ayudarnos a encontrar a tu niña?

El ama de llaves alzó el rostro surcado de lágrimas.

—No confundas mis lágrimas con falta de cariño, yo amo a esa niña como si fuera mía.

—¿Entonces por qué permitiste que se la llevaran? ¿Por qué no nos ayudas?

—¡Tú no entiendes! —gritó asombrándolo por completo—. Está enferma —susurró con gran dolor en su tono—. Ella y Renée, sufren de lo mismo, pensé que mi niña no se vería afectada, que…que esto no la tocaría.

Edward dio un golpe en el mesón, la indignación llegó a su cerebro, haciendo que vomitara las palabras sin pensar sus consecuencias.

—¡Ella no está enferma! —gritó, viéndola con rabia—. ¡No está loca y como que el infierno existe no está enferma! —repitió—. Posee un don extraordinario, que le permite ver a sus seres queridos luego que la dejan. —Khloe lo vio con ojos muy abiertos, por primera vez Edward se fijó que los ojos de la anciana eran grises—. ¡Es un don que asusta hasta la mierda! Pero esa chica no ha hecho nada más desde que la conozco que ayudar a quienes lo necesitan. Nunca más en mi presencia vuelvas a decir que Bella está enferma, la querrás como una hija, pero no lo es. Una madre ayuda, comprende y escucha, no deja que se lleven a su hija con desconocidos porque le asusta que sea extraordinaria.

Khloe sollozó en voz muy alta y Edward se sintió una real mierda, pero no retractó sus palabras.

—¡Edward! —Rosalie entró con sus tenis a la cocina, llevaba algunos papeles en la mano. El escolta caminó ligero hacia ella. Rose observó con asombro como Khloe se tomaba el pecho con una mano y con la otra se cubría la boca tapando en vano los sonidos de su llanto.

Edward se acercó a la rubia, quien optó por ignorar el llanto de Khloe para enseñarle su hallazgo al escolta.

—Aquí. —Señaló. Los papeles eran viejos y estaban muy doblados—. Son de un centro neuropsicológico, se llama Johnson Neuropsychology —explicó. El llanto de Khloe se hizo más fuerte y ambos asumieron que tenían el lugar correcto—. Renée fue ingresada a este centro hace más de veinte años, ¿crees que hayan llevado a Bella ahí?

Edward pasó las manos por su cara con cansancio. —No lo sé Rose, pero estoy perdiendo la cabeza, necesito ponerme en movimiento.

—Esto queda en Lewisville —dijo Rose mordiéndose la lengua—, eso está muy lejos.

Edward la vio a los ojos. —Entonces será mejor que nos pongamos en marcha.

Rose asintió y dándole una furtiva mirada a Khloe, que les había dado la espalda, salió sin cambiarse tras el escolta.

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Khloe cerró los ojos y apretó el agarre de su pecho.

La puerta que daba hacia el patio trasero se abrió dando paso a una chica flaca y fea.

—¡Tía Khloe! —gritó Sara al verla; la chica estaba más flaca de lo normal, pero nadie lo había notado, tampoco habían notado que sus ojeras eran mas pronunciadas y que era bastante torpe al intentar taparlo con algo de maquillaje barato.

Khloe le dio la espalda a la chica y se secó las lágrimas con las manos aun húmedas de las anteriores que había derramado.

—Estoy bien —dijo hipando. Sara dejó la cesta de mimbre vacía en el suelo, había salido al patio a colgar algunos manteles que Khloe no soportaba meter en la secadora automática, se acercó a su tía y le colocó las manos sobre sus hombros. Khloe se alejó de inmediato—. ¡Estoy bien! —gritó temblando. Sara se encogió de miedo y retrocedió sintiéndose muy mal, últimamente su humor era muy triste y melancólico, se lo adjudicaba a la ausencia prolongada de su novio. Desde que Seth había sido asignado como escolta fijo de la señora de la casa, casi no lo veía, eso la ponía aparte de muy triste, melancólica y porqué no decirlo…, celosa.

Las palabras de Khloe hicieron que la chica volviera a sentir ganas de llorar, se apartó de ella, pero cuando quiso huir hacia su habitación Khloe aclaró la garganta. —Busca a Johnny, dile que venga.

—Pero… —La chica no entendía.

—¡Hazlo! —Al parecer Khloe se desquitó de los gritos de Edward con la inocente, desentendida y francamente débil chica. Que parpadeó rápidamente y dejando la cesta de mimbre en el suelo salió apresurada por la puerta trasera. Pero su velocidad no tenía que ver con la urgencia de Khloe por hablar con el capataz de la hacienda, tenía que ver con la necesidad de volver a llorar en voz alta.

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Seth respiraba profunda y lentamente, estaba sentado en la que se suponía era la cama de su jefe en la suite del Caesars Palace en Las Vegas, su cabello era corto y negro, pero aún podía despeinárselo al pasarse las manos por la cabeza. ¿Cómo demonios había caído en estas?

Giró un poco el rostro y observó la espalda descubierta hasta el trasero de la esposa de su jefe, le llevaba cerca de veinte años de diferencia, pero ¡diablos, era insaciable! El chico estaba agotado y con la polla adolorida, no recordaba la última vez que había follado tanto. Sacudió la cabeza volviendo a pasar las manos por su cabello. Nunca había follado tanto.

Muy al final de su cabeza, se preguntó ¿cómo demonios su jefe aguantaba el trote?

Lo que Seth no sabía era que en efecto Charlie no tenía que aguantar ningún "trote", de hecho al aprendiz de escolta tampoco se le ocurrió que él no era el primero ni el único en la vida de la mal llamada "señora".

El cuerpo hasta ahora inerte de Charlotte se movió, las cortinas estaban abiertas pero aún no terminaba de anochecer. Seth observó como los músculos de la espalda de Charlotte Swan se retorcían mientras se acostaba sobre su espalda.

Al ver al chico sentado en su cama frunció un poco el ceño. —¿Todavía por aquí? —Seth se colocó inmediatamente de pie, empezó a buscar alrededor su ropa.

—Me…me quedé dormido, lo siento. —Charlotte se estiró perezosamente como si de un gato se tratase, la sábana se escurrió por su piel y dejó un par de pechos demasiado firmes para ser reales, a la vista. Seth intentó no desviar la mirada, pero el pobre chico inexperto y con muy poco auto control y experiencia, desvió la mirada a las puntas ahora perezosas.

Charlotte sonrió maliciosa mientras levantaba lentamente una de sus cejas, se apoyó en sus codos impulsando a sus chicas un poco más arriba, dándole un pase a Seth demasiado descarado.

—¿Quieres? —preguntó haciendo una mueca burlona con los labios—. Pensé que estarías adolorido por todo lo que te hice ayer. —Pasó descaradamente la lengua por encima de sus dientes. Seth sintió un escalofrío al recordar todo lo que aquellos dientes le habían mordido, parpadeó asustado y cualquier indicio de excitación se fue al caño.

Mientras rebuscaba nervioso su ropa por la habitación, escuchó la risa malévola de Charlotte, que dejó caer la cabeza hacia atrás disfrutando de su poder y del miedo del chico. La risa de aquella mujer le causaba terribles escalofríos, dio algunos traspiés mientras se ponía los pantalones, cosa que sirvió solo para aumentar las risas burlonas de la mujer. Recogió su camisa blanca y la chaqueta, buscó la corbata con algo de desespero, en el camino encontró sus zapatos y metió los pies en ellos arruinando el cuero bajo sus talones.

—Psst —Charlotte siseó. Seth levantó la mirada de inmediato, se parecía a Neo, el labrador de la hacienda cuando acataba una orden. Charlotte señaló con sus labios al cabecero de la cama. La delgada y negra corbata del uniforme del chico estaba aún anudada allí.

Tropezándose con sus propios pies caminó hasta ella y la desanudó, no sin antes fallar un par de veces. Para cuando se dirigió a la puerta, la risa de Charlotte finalmente se detuvo.

—Iré de compras en una hora, te quiero listo en el lobby para entonces, voy a comprar algunos detalles antes de regresar a la hacienda.

El joven salió de la habitación a medio vestir, se quedó paralizado al ver una figura en el pasillo, si se trataba del amigo de las chicas de la casa, no tenía idea de cómo iba a explicar su estancia y sus fachas ahí. Sus temores se disolvieron al ver que se trataba de un hombre adulto que estaba demasiado tomado como para fijarse en su presencia.

Pasó por su lado ignorando el balbuceo del hombre que maldecía la puerta de su habitación que no abría.

La habitación del escolta quedaba al final del pasillo, unas seis puertas más allá de la que había salido, en efecto estaba en la misma que había dejado Edward, por eso tenía miedo de encontrar al rubio que se había quedado en Las Vegas, ya que la habitación de este estaba frente a la de él.

Cuando finalmente se metió bajo el abundante chorro de agua de se ducha, cerró los ojos, despejándose del dolor de sus músculos. Era cierto que para cualquier hombre, contar con la experiencia, falta de escrúpulos y creatividad de Charlotte era sacarse la lotería, pero luego de todas las actividades, se sentía terrible…, le había sido infiel a su novia.

Sara, su pequeña e indefensa novia.

¿Cómo iba a poder seguir con la chica, sin tener que ver a la señora? Cerrando de nuevo los ojos gimió con dolor. ¿Cómo iba a poder separarse de la señora de la casa? En el poco tiempo que llevaban acostándose se había dado cuenta que Charlotte Swan era una depredadora, así que no le iba a permitir simplemente alejarse, ella lo soltaría cuando quisiera, y demonios que necesitaba el trabajo, un techo y a su indefensa novia. Cerró los ojos de nuevo sin tener idea de cómo iba a solucionar su vida.

No habían pasado treinta segundos cuando volvió a espabilarse, Charlotte lo esperaría en el lobby y era mejor que no se le ocurriera llegar tarde.

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Alice estaba en su cuarto, no había dormido nada y la verdad era que no quería hacerlo. Cada vez que cerraba los ojos las imágenes de su hermana siendo arrastrada por aquellos desconocidos la acechaban.

Había llegado a la hacienda unas horas antes con su padre, en el avión no había dormido ni comido mucho gracias a la furia que se revolvía en su interior. Odiaba a Jasper… bueno, era algo parecido al odio. El rubio le había pedido el día anterior que no dijera nada acerca de su noche juntos hasta que hablaran, pero luego de la llegada de su padre, por supuesto que ella había quedado en segundo, tercero o mejor dicho… en último lugar. Jasper ni siquiera la había visto a los ojos y se vio realmente aliviado al saber que ella se marcharía a la hacienda.

Quería odiarlo con todas sus fuerzas, ¡diablos, si quería hacerlo! Pero muy adentro de su ser, no podía. Desde que había sido pequeña había sentido un enamoramiento por el hermano de la insoportable amiga de su hermana, Jasper había estado en todas sus fantasías y hasta lo había imaginado mientras estaba con algún otro chico. Estaba segura de que Jasper siempre sería el amor de su vida, por eso su actitud le dolía mucho más.

No sabía que hacer, podía hablar de lo que le había ocurrido con algunas de sus amigas del instituto, pero todas ellas o estaban de vacaciones o ya se habían ido para comenzar en la universidad, aparte de que era un tema que consideraba bastante delicado y no uno para chismear con sus amiguitas del instituto.

Eso no le dejaba muchas alternativas, su mamá estaba entre ellas, pero Charlotte se había quedado en Las Vegas. Alice recordó con dolor que su mamá ni siquiera se había fijado en su disgusto o en que había estado llorando.

La otra opción que le quedaba era Bella, pero habían peleado el día antes y no estaba segura de que su hermana fuera a prestarle algo de atención.

Para cuando aterrizó en el aeropuerto estaba hirviendo de furia y rabia, era una chica hermosa, joven y adinerada y estaba más sola que nunca.

Charlie estaba tan preocupado por encontrar a Bella, que no le prestó mucha atención a la actitud de su hija menor, había hablado con su jefe de seguridad y le había contado acerca de su inminente llegada a Los Cisnes y que esperaba que el personal lo estuviera esperando como había indicado antes de salir de Las Vegas. Alice también lo escuchó hablando con Jasper, cosa que la hizo ponerse sus audífonos y no prestar atención a más palabras de su padre.

Cuando había llegado a la hacienda finalmente, pensó que Charlie iría tras su hermana, pero una llamada lo desvió momentáneamente de su objetivo. Alice se vio yendo a las caballerizas por un poco de aire fresco, según había entendido, Luke no estaba en la hacienda y se esperaba una gran discusión entre Bella y Charlie. Una discusión que no quería para nada presenciar.

En sus años de niñez y temprana juventud había montado mucho, había llegado inclusive a practicar equitación, de hecho, en algún lugar recóndito de su armario se encontraba al uniforme de dicho deporte, solía odiarlo porque la hacía ver demasiado flaca, pero cuando la niñez le dio paso a la adolescencia, le había gustado como el pequeño uniforme se había adherido a sus recién estrenadas curvas.

Pero eso no era importante, de hecho, la más joven de los Swan había dejado la equitación cuando al cumplir los quince años se había caído de su caballo en un accidente, ella había salido bien parada, pero Renzo, su caballo, no. Su entrenador tuvo que sacrificarlo, ella no lo vio, pero escuchó el disparo y fue bastante traumatizante. Se tomó un tiempo para volver a entrenar, pero los dulces dieciséis llegaron y con ellos algunos vicios que la chica amó, haciendo que dejara de lado la equitación.

Charlie había comprado a Juanita unos años antes del incidente y luego de este se la había dejado a Alice, pero la verdad era que la chica había montado a la yegua muy poco en el par de años que la tenía.

Pensó entonces que sería buena idea acercarse al lugar donde se suponía iba a estar vacío.

Pero para su sorpresa encontró todo lo contrario dentro de las caballerizas.

No había tomado un todo terreno, si lo hubiera hecho, a lo mejor las mejores amigas que hablaban animadamente la hubieran escuchado acercarse.

Así que podría decirse que el destino había planificado que Rose y Bella hablaran en las caballerizas. También pudo haber planificado que Alice vigilara mucho sus pasos para no caerse generando así el menor ruido posible. También el destino pudo haber planificado que Jacob se hubiera marchado un momento para dejar a ambas amigas solas y no viera que la menor de la Swan había entrado al lugar.

Por lo que le fue mucho más fácil a la menor de las Swan, escuchar la conversación que le cambiaría la vida, no solo a ella, sino a toda la familia.

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Bella y Rose estaban sentadas en dos cubos de pasto que estaban cubiertos por mantas gruesas para que no molestara en la piel. Rose había hecho mención que la manta no servía de nada, ya que con sus pantalones cortos sentía que toda la paja se le estaba incrustando en los muslos. Bella, por otro lado, sonrió diciéndole que gracias a sus jeans no sufría de ese mal.

—Me alegro que por lo menos sonrías —dijo la rubia—, aunque eso le cueste la comodidad a mi culo. —Bella sacudió la cabeza, su sonrisa se tornó un poco triste.

Alice entró a las caballerizas y se escondió en un lugar pequeño y vacío, el mismo donde Edward se había escondido meses atrás, cuando Bella sufrió el primer encuentro entre David y Jacob al que el escolta testificó de primera fila.

—Supongo que estoy un poco triste —convino Bella encogiéndose de hombros. Rose suspiró.

—Es por Luke, ¿cierto? —La castaña se encogió de hombros, no quería entrar en detalles con su mejor amiga, así que era mejor canalizar su tristeza a la pérdida de Luke—. ¿Vas a ir a Bosque Verde, hoy? —Bella negó con la cabeza.

—No, por lo menos no ahora, no quiero ver al viejo Quil. Si supieras lo que me dijo morirías, tengo que hablar con Charlie primero, preguntarle. —Sacudió la cabeza sintiendo que iba a explotar con tanta información.

—¿Qué fue lo que te dijo? —Bella observó a su amiga, Rose alzó las cejas y negó despacio—. Tranquila, no tienes que contarme. —Bella le sonrió agradecida.

Alice, desde su escondite, frunció el ceño sin entender palabra alguna, se acostó entonces sobre su estómago y asomó un poco la cabeza para poder verlas. Juanita, a su lado, se movió un poco y ella le susurró algunos sonidos para que se mantuviera en silencio, rogando que no la descubrieran.

—Entonces —empezó la rubia—. ¿Por qué estás tan triste? Si ya decidiste que irás a recuperar a Luke luego.

Bella exhaló el aire por sus labios juntos, haciendo que estos rebotaran entre sí, el flequillo de su frente se movió ligeramente.

No podía hablar de David, su amiga no lo entendería. También extrañaba a su impertinente escolta, pero prefirió no ahondar en ese tema con la rubia tampoco. Muy profundo en su mente se dijo a si misma que si quería conservar la amistad con Rose, o por lo menos mantenerla sincera, debía abrirse con ella, contarle por lo menos algunas cosas, como por ejemplo, que se había casado con Edward.

Negó con la cabeza diciéndose que estaba loca en siquiera considerar contarle, aún no sabía como iban a continuar con aquella locura que habían cometido en Las Vegas, lo más sensato era hablar con Edward primero, antes de escupirle la noticia a todo el mundo.

—Hablemos mejor de otra cosa —convino Bella—, sé que quieres ayudarme, pero créeme, me ayudarás más si me distraes en vez de preguntarme por qué estoy triste.

Rose asintió despacio. —Ok, entonces cuéntame, ¿cumpliste con la apuesta?

Bella frunció el ceño momentáneamente, pensando en qué demonios hablaba Rose. Cuando su mente calzó donde era, rió divertida. Rosalie se refería a la tonta apuesta que habían hecho antes de que viajara, aquella donde la rubia aceptaba ser más descuidada y menos estirada y Bella aceptaba divertirse un rato y aceptarle un trago a un extraño.

Cuando Bella se fijó en el atuendo de la rubia, supo que había cumplido su parte, de hecho estaba hasta un poco despeinada, le encantaba verla así, pero no le diría nada, ya que seguramente Rose se volvería a peinar y volvería a ser la rubia ridícula que creía que debía ser.

Respiró profundo antes de hablar. —La verdad es que sí la cumplí —dijo. Rose aplaudió y Bella de inmediato levantó una de sus palmas para detener su efusividad—. Es cierto que bajé al bar del hotel —empezó—, también que le acepté un trago a un hombre —sus palabras sonaban despacio—. Solo que no fue un desconocido.

La sonrisa de Rosalie se expandió enormemente, tanto que Bella detuvo su hablar, viéndola como si se hubiera vuelto loca. —¿Qué? —preguntó Bella con una sonrisa ladeada.

—No tienes que explicarme nada más —empezó la rubia—, ya sé todo.

Bella alzó las cejas. ¿Cómo la rubia iba a poder saber que Edward le había invitado un trago? Abrió la boca para preguntarle precisamente eso, pero Rosalie estaba tan emocionada que continuó sin dejar a su amiga terminar.

—¡Sabía que no se iba a acobardar! ¡Le dije que estarías esperando a que te invitaran una copa y que debería arriesgarse! ¡Cuéntamelo todo! ¿Qué bebieron? ¿Qué te dijo? ¿Somos cuñadas?

Bella parpadeó frunciendo el ceño.

—¡Espérate! —Levantó esta vez las dos palmas—. ¿De quién carajos estás hablando? —Frunció el ceño aún más—. ¿Cuñadas?

El ánimo de Rosalie se fue al caño. —¿No fue Jasper? —preguntó decepcionada, luego rodó los ojos y murmuró algún tipo de insulto a su hermano, que, a los oídos de Bella sonó como sonso.

(Vale destacar que en lo que la rubia mencionó el nombre de su hermano, cierta chica menuda y de cabellos cortos, que aún permanecía escondida, dio un respingo y prestó más atención, sacando la cabeza de su escondite creyendo que si veía sus cuellos, las escucharía mejor)

—¡¿Jasper?! —preguntó Bella asombrada—. ¿Jasper? —Esa segunda vez habló más bajo. Le había dado a su mente algunos segundos para pensar, recordando amargamente que Jasper había intentado declarársele en el cuarto de hotel, sacudió la cabeza—. Rose —habló con cautela—. ¿Jasper siente algo por mí?

Alice dio otro respingo. En cambio Rose rodó los ojos, y esperó un par de segundos para responder, la rubia estaba meditando si abría o no la boca.

—¡Al carajo! —dijo sorprendiendo a su amiga—. Jazz me va a matar, pero se ha demorado mucho en decírtelo, se supone que no debo hablarte sobre esto, pero como te dije… ¡al carajo!

Bella cerró los ojos, no podía lidiar con un enamoramiento más, acababa de perder a su novio de toda la vida y no tenía puta idea de donde estaba su esposo, (o de cuanto la odiaba en el momento). Lo menos con lo que podía lidiar, era con saber, de excelente fuente, la clase de sentimientos que Jasper decía tenerle.

—No digas nada Rose, por favor —rogó en vano, puesto que la rubia ya tenía su declaración en la punta de la lengua.

—Jasper está enamorado de ti ¿ok? —convino la rubia. Bella cerró más los ojos y hundió la cabeza mientras negaba despacio—. Lo siento —dijo la rubia—. Sé que estás muy cerrada en el tema, pero es verdad, Jasper te ama desde que tú y yo somos amigas.

Bella alzó la mirada asombrada, no tenía idea de que tuviera tanto tiempo en esas.

—Sí —dijo Rose en voz baja—. Toda la vida lo ha estado, solo que se ha mantenido a distancia para no perturbarte, pero él y yo hablamos antes de que viajaran, quedamos en que te iba a demostrar sus sentimientos. —Bella estaba en shock, observaba a Rose hablar pero no podía terminar de creer lo que sus oídos escuchaban—. Quedó en invitarte un trago, en llevarte a cenar, ¿no lo hizo?

Bella estaba aturdida y no contestó. ¿Era verdad? ¿Jasper estaba enamorado de ella?

—¿Intentó besarte siquiera? —preguntó Rose esperanzada. Bella se sintió peor cuando un escalofrío de asco le recorrió la espina dorsal, no le gustaba Jasper en ese ámbito, de hecho, le desagradaba por completo.

Rose se fijó en la reacción de su amiga Bella intentó abrir la boca para decirle algo que estaba segura no le iba a agradar a su amiga. En cierto punto de aquellos segundos, Rose se preguntó ¿con quién Bella se había tomado el trago entonces?

Pero cualquier pensamiento fue a parar al caño cuando la menuda chica de pelo corto salió de su escondite, viéndose dolida, traicionada y furiosa.

Muy. Mala. Combinación.

Alice se sacudió los pantalones y se plantó tras ellas, Juanita que había estado pendiente de su dueña, relinchó llamando más la atención.

Bella y Rose voltearon a la vez. Rosalie rodó los ojos con fastidio cuando la vio y Bella frunció el ceño, no tenía idea de que Alice se regresaría también.

—Alice —llamó Bella colocándose de pie—. ¿Cuándo llegaste?

La chica tenía los puños apretados y temblaba de ira contenida, Bella se dio cuenta, pero francamente no entendía por qué su hermana estaba así.

—Eres una puta —escupió entre dientes—, una arpía, serpiente venenosa.

Bella alzó las cejas. —¡Oye! —dijo a la defensiva—. Respeta.

Alice bufó una risa. —¿Respeto? —preguntó incrédula—. ¿Tú. Pides. Respeto? —Giró un poco el rostro peleando contra sus lagrimales para que no se desbordaran—. No mereces nada, eres una mala puta, rastrera.

—¡Hey, enana, bájale dos al tono! —Rosalie se colocó al lado de su amiga—. Es con tu hermana que estás hablando, no con tus amiguitas del colegio.

—¡Cállate! —gritó indignada—. ¡Maldita bruja, cállate!

—¡Alice! —Esta vez fue Bella—. No sé qué demonios te pasa pero ¡te calmas!

—¿No sabes qué me pasa? —Una lágrima se escapó. Ambas amigas estaban intrigadas, asombradas y curiosas por partes iguales—. Te diré lo que pasa —siguió Alice—. ¡Eres una puta loca! —gritó descontrolada—. ¡Jasper nunca te va a querer! ¡Nunca!

Bella caminó rápidamente hacia ella, Alice retrocedió. Bella le enseñó las palmas en un gesto de calma.

—Alice, respira —le pidió—. No sé lo que escuchaste, pero no es lo que crees ¿te gusta Jasper? —preguntó—. No tienes de qué preocuparte, yo no quiero nada con él.

Rose rodó los ojos. —Esto es ridículo —susurró, pero aún así ambas hermanas pudieron oírla. Bella se giró un poco fulminándola con la mirada.

—Alice —volvió a convenir—. No tienes nada de que preocuparte, ¿ok? —concilió—. Yo no lo quiero ni estoy interesada en él, si quieres puedes intentarlo.

Rosalie bufó esta vez más fuerte. —Esto es ciertamente ridículo, no digo que tenga que ser para ti Bella, pero ciertamente mi hermano no se va a liar con esta escuincle, Jasper es un hombre, no necesita una hermanita por quien velar, necesita una mujer, alguien como tú, Bella.

—¡Rose, cállate! —Bella se vio iracunda. Pero Alice estaba peor.

—¿Hermanita? ¿Crees que me ve como una hermanita, rubia idiota? Me ve como lo que soy, ¡una mujer! Que fue capaz de mantenerlo despierto toda la noche de ayer, ¡imbécil!

Ambas mujeres alzaron las cejas. Rose no podía creerlo, pero Bella había sido testigo de primera plana de la ausencia de Alice en su habitación la ultima noche en Las Vegas. Recordó las palabras, como ahora, nada decentes de su hermana, pero ahora algo más se adicionaba a los recuerdos. Una imagen bastante desagradable de Jasper abriendo la puerta de su habitación desnudo, de su supuesta resaca y de lo nervioso que estuvo entre la pelea de las hermanas.

Bella cerró los puños con rabia, sintiéndose traicionada por ambos, había confiado en Jasper para que cuidara a su hermana y este se había acostado con ella, y Alice se estaba vanagloriando como una perra en celo de que había pasado la noche con el alfa de la manada.

—¡Con quien hizo el amor fue conmigo! ¡Así que no te ama, eso es mentira!

El rostro de Alice giró violentamente, empujado por la mano de Bella.

—¡¿Estás loca?! —gritó la pelicorto acunándose el rostro. Rosalie, que aún estaba en shock por la declaración de la chiquilla, se quedó aún más de piedra al ver la reacción de su amiga.

—¿Que si estoy loca? —preguntó Bella respirando aceleradamente—. Debería darte una paliza de fin de siglo, por insolente. ¿Cómo se te ocurre decir las cosas que dices? ¿No tienes vergüenza? ¿Tu madre no te enseña nada? —Respiró profundo—. Me decepcionas, Alice —dijo viéndola a los ojos—. No es de mujeres decentes divulgar con quien tienen sexo. Porque eso fue lo que tuviste. Puro y llano sexo, no te inventes historias de que hiciste el amor y que Jasper ahora te ama porque te acostaste con él. No lo hagas, porque para él fue un simple intercambio de fluidos. —Alice temblaba de la indignación y la rabia, también lo hacía de la vergüenza, pero no iba a admitirlo, no aún—. ¿Y tienes el tupé de llamarme puta? —dijo Bella claramente decepcionada—. ¿Sabes siquiera qué hacen las putas? —preguntó—. Porque comparando tu actitud y la mía, el concepto tan solo aplica para una de las dos, y no soy yo Alice. No soy yo.

Bella se giró hacia la rubia, que aún las veía estupefactas. —No te preocupes por tu hermano, Rose. Hablaré con papá y con él, no se verá obligado por nada de lo que hizo con Alice, el pobre no se merece un castigo por haber aceptado un simple regalo.

—¿Cómo te atreves? —dijo entre dientes Alice, aunque había sido de manera muy elegante, era obvio que Bella la había llamado puta. Alice rechinó los dientes—. Te odio —le dijo en voz baja. Bella la ignoró—. ¡Te odio! —gritó con más fuerza—. ¡Todo el mundo te trata especial, porque te tienen lástima! ¡Pero yo no! ¡Te odio! —gritó fuera de si. A Bella le dolía verla, pero no dijo nada—. ¡Pero se acabó! Le diré a todos. —Se limpió las lágrimas de las mejillas, una de ellas estaba más rosa que la otra—. ¡En cuanto se sepa tu jodido secreto todo va a acabar! Dejarán de verte con lástima y empezaran a verte como lo que en verdad eres, ¡una jodida loca!

Alice salió corriendo, dejando a las dos chicas solas. Bella se dejó caer sentada en el cubo de pasto enterrando la cabeza en sus palmas, las peleas con Alice siempre eran agotadoras, pero la de hoy había sido terrible.

—¿Qué. Fue. Eso? —la voz de Rose le llegó a los oídos, que todavía zumbaban con el odio de las palabras de su hermana.

—Bienvenida a mi mundo —susurró con ironía. Rose se dejó caer sentada a su lado.

—Mierda —dijo aún estupefacta. Bella tan solo asintió.

Pasaron cerca de cinco minutos en silencio, hasta que la rubia habló. —Tiene que ser mentira —dijo—. Jasper no se acostaría con ella, ¿verdad?

—Es verdad, Rose —dijo Bella girando un poco para verla—. Yo los vi. —Los ojos azules de Rose casi se salieron de sus cuencas, Bella rectificó—. No fue que los viera —dijo, luego suspiró—. Créeme, lo que dijo fue verdad, estuvieron juntos.

Rosalie se cruzó de brazos. —Voy a matar a Jasper.

Bella no presentó objeción, de hecho, estaba de acuerdo.

A pesar de que todos sus músculos reclamaban, Bella se puso de pie y diciéndole a Rose que debía ver como Alice enfrentaba a Charlie, se dirigió a casa. La rubia en cambio se quedó sentada en las caballerizas necesitando un par de minutos más para digerir todo aquello.

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Para cuando Bella se bajó del todo terreno al frente de la casa principal, le indicó a alguno de los chicos que lo llevara de vuelta donde Rose, para que no tuviera que regresar a pie. Metió las manos en sus bolsillos y suspiró mientras el chico se alejaba con el Jeep.

Pensó en Edward y su estómago se encogió, lo quería allí, lo quería a su lado.

Se sacudió la penuria y se dirigió a casa, ya nada podía ser peor, Alice estaba histérica y había que controlarla, pero, nunca creyó que las cosas fueran más allá de una reprimenda.

Lo que nunca se imaginó fue lo que encontró.

Alice había cumplido su promesa de contarle la verdad a Charlie.

Bella sabía que su hermana conocía su secreto, jamás se lo había confirmado, pero para Bella no era un misterio que Alice supiera lo de sus espíritus, pocas veces se lo preguntó de frente, y cuando lo hizo, Bella le daba vueltas, no se lo afirmaba, pero tampoco lo negaba.

Si esa era la carta que Alice iba a jugar con su padre, Bella tenía como salir bien librada, ¿quién iba a creer semejante disparate? Además, tenía a su favor la histeria de Alice y su enredo sentimental con Jasper.

Lo que le sorprendió a Bella fue que su padre lo creyó de inmediato. No hubo medias tintas. No hubo risas incrédulas hacia Alice. No hubo dudas.

Charlie lo creyó, creyó por completo el hecho de que Bella veía espíritus.

Bella parpadeó asombrada cuando su padre la enfrentó.

Charlie preguntó en voz muy alta a Bella si lo que decía Alice era verdad.

Su papá la sacudió con tanta fuerza que le hizo daño.

Emmett intentó alejarlo de ella y tan solo se llevó un puñetazo. Bella logró escapar y encerrarse en su habitación, llamó con desespero a David y a Nana, pero nadie vino a su encuentro. En un intento desesperado llamó a Edward, pero este tampoco llegó.

Luego todo pasó muy rápido, tocaron su puerta, la cual no abrió. Cuando la echaron abajo Bella se estremeció en su cama, llamando a David y a Nana con desespero, alguien la tomó por los brazos. Bella peleó, peleó con lo que no tenía, con la fuerza que no poseía.

Pero eran más fuertes que ella, dos hombres la sujetaron mientras un tercero le insertaba una aguja en su brazo, el líquido ardió, quemó sus venas. Bella gritó y peleó un poco más, pero pronto sus músculos se sintieron pesados, sus miembros se sintieron desmayados y más pronto que tarde, perdió conciencia.

Tal fue su pérdida de conciencia que no pudo ver el dolor en la cara de Khloe. No pudo ver cuando Rose pateó en las bolas a uno de los enfermeros, ni cuando Emmett la alzó por la cintura apartándola. Tampoco pudo ver el terror en la cara del jefe de seguridad.

Así que tampoco vio la cara constipada pero no nueva de Charlie, como tampoco vio la expresión torturada y nada satisfecha de Alice cuando se la llevaron de la hacienda.

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Edward y la rubia llegaron al centro Johnson Neuropsychology, en el condado de Lewisville de Texas. Ni él ni ella tenían mucha idea de cómo iban a enfrentar lo que los esperaba. Sin embargo la rubia no tenía idea de la carta bajo la manga que Edward guardaba. Claro, la idea nunca había sido gritar a los cuatro vientos que era el esposo de Bella, se suponía que iban a conversarlo antes de que divulgarlo y si Edward era sincero no tenía idea si iban a divulgarlo o no.

Creyeron que no iban a encontrar a nadie conocido, el trayecto había durado bastante y la tarde empezaba a caer, por lo que ambos supusieron que nadie de la hacienda estaría rondando por allá.

El lugar era inmenso y lleno de pasillos amplios llenos de luz artificial, los enormes ventanales lo cubría una intrínseca y delicada malla metálica, cada unos tres metros, se encontraban escritorios con enfermeras vestidas de blanco, algunos doctores paseaban por amplios y demasiado brillantes pasillos, también había lo que parecían pacientes del recinto, caminando de acá para allá.

Rose se detuvo en seco, viendo a sus lados con los ojos muy abiertos

—¿Qué lugar es este? —susurró—. Esto es un error Edward, no la trajeron aquí. No, Charlie no pudo. No, no podría. —Giró a verlo asustada—. No lo haría, ¿verdad?

Edward no tuvo respuesta. —No lo sé Rose —convino en un suspiro—. Eso es lo que vamos a averiguar. Ven. —Le estiró la mano en una muestra de apoyo. Rose la estiró entrelazando los dedos con él. Edward le dio un apretón amistoso—. Si está aquí la voy a sacar, ¿está bien?

—¿Cómo? —preguntó en susurro la rubia.

—¿Edward? —ambos voltearon al escuchar el nombre del escolta. Edward, al verlo, suspiró de alivio.

—¡Sam! —Nunca pensó que le alegraría tanto ver a su compañero de trabajo.

—Hombre, que bueno que llegaste, ya me quiero ir de esta mierda. —Rose se había alejado un poco, estaba preguntándole a una enfermera por indicaciones.

Edward parpadeó tratando de entenderlo. —¿Que llegué? —preguntó descolocado.

—Sí, hombre. Esto es de locos. —Al mencionar la palabra, sacudió la cabeza—. ¿Emmett te dijo donde estábamos, no? ¿Él te dijo que vinieras?

Edward tardó dos segundos en entender a su compañero, era evidente que iba de salida y por sus palabras parecía que estaban esperando refuerzos, pero Emmett no lo había llamado así que seguramente le había mentido a Sam para que saliera.

—¡Sí! —mintió Edward—. Llamó tan apresurado que no me dijo donde estaban, ¿me indicas? —pidió esperando que su ansiedad no se mostrara demasiado.

Sam asintió y señaló tras él, estaba tan desesperado por salir de ahí, que así Edward hubiera entrado con el arma en la mano, le hubiera indicado la dirección igualmente. —Debes salir de este edificio, hay un pequeño patio al final de este pasillo. Atraviésalo y ve directo al edificio "B", dile al guardia que eres escolta de Charles Swan, te dejará pasar, yo advertí que vendría alguien a sustituirme. —Edward asintió sintiendo sus manos hormiguear, aquel sitio era escalofriante—. Sube dos pisos y ve a la derecha, hay un puesto de enfermeras, ellas te dirán donde está el jefe.

Volvió a asentir, en ese momento Sam se fijó en la rubia que regresaba al lado del escolta.

—Hombre —terció Sam—. Será mejor que vayas solo, el jefe no quiere a nadie allá, no sé como nos dejó pasar a nosotros.

Rose aspiró profundo para contestarle, pero Edward la detuvo.

—Yo me encargo, no te preocupes, ve y cuida la hacienda. —Sam asintió.

—Con tal de salir de aquí cualquier cosa, me voy hasta Las Vegas corriendo si se necesita. —Y con eso se despidió, hizo una pequeña inclinación a la rubia y se marchó.

—¿Te dijo algo útil? —preguntó la rubia—. Porque las enfermeras no me ayudaron mucho.

—Sé donde está. Vamos. —Edward asintió cortamente y volvió a extenderle la mano. Rose la tomó sin dudar y caminó tras él, volteando cada dos segundos a su espalda, aquel lugar le daba escalofríos.

Edward siguió las indicaciones al pie de la letra, el único inconveniente fue atravesar el puesto de enfermeras, tanto Edward como Rosalie rodaron los ojos.

—Usted puede pasar, la señorita no, el padre de la chica indicó claramente que solo sus escoltas podían pasar, nadie más.

—Usted no entiende —replicó Edward exasperado—. Es de vital importancia que pasemos los dos.

La enfermera levantó una mano y le indicó que esperaran mientras hacía una llamada, Rosalie lo haló de la manga de su chaqueta.

—Déjame aquí, entra tú y ve que fue lo que pasó con Bella, ¿estás seguro de que puedes sacarla?

Edward asintió. Rosalie negó asombrada.

—Todo está de cabeza, Charlie comportándose como un desquiciado, Emmett secundándolo y tú creyendo tener la solución a todo. —Negó rápidamente—. Me siento francamente una inútil.

Edward sonrió. —Eres una buena amiga, Rose. Mira donde estás, no entiendes nada de lo que está pasando, pero viniste, eso cuenta y mucho.

Rosalie rodó los ojos, pero fue para disimular la vergüenza que le causaron sus palabras, sin embargo Edward se dio cuenta de su sonrojo y rió.

—¿Qué carajos están haciendo ustedes dos aquí?

Hubo otra interrupción, esta vez del jefe de seguridad. Solo que Edward no tuvo que lidiar con él, dado que una furiosa rubia se plantó frente a Emmett, y lo empujó fuertemente en el pecho, a Emmett le tomó tanto por sorpresa que trastabilló hacía atrás.

—¿Qué carajos, gritona? —Emmett se enderezó de inmediato, solo para que Rose lo pudiera volver a empujar.

—¡Eres un idiota! —le gritó.

Edward, a pesar de sentirse enormemente intrigado por saber que pasaba entre aquellos dos, siguió su camino adentro, la enfermera no lo detuvo, técnicamente él era el escolta y la rubia se quedó afuera.

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No fue difícil encontrar la habitación, de hecho Edward tuvo una suerte bárbara cuando vio como Charlie salía de una de ellas, dirigiéndose al final del pasillo con un hombre vestido de bata blanca, ambos hablaban en voz baja y no se distrajeron por nada, ni siquiera por un Edward, que al mejor estilo misión imposible, se escurrió tras ellos a la misma habitación de la que salían.

La habitación se veía un poco escalofriante, no había cuadros ni retratos en las paredes, la pintura era un tono celeste algo brillante, la única ventana que tenía estaba cerrada y Edward podría jurar que también tenía aquella fina tela metálica que había visto en la entrada.

Pero no fue a confirmar sus sospechas, eso no era importante. Lo que su mirada había capturado era la sencilla y metálica cama que estaba en el centro de la habitación, no había nada alrededor, ni una mesa de noche, ni una lámpara, la única que había estaba en el demasiado alto techo del cuarto.

La cama tenía bordes redondeados de metal, el armazón demasiado sencillo y pelado hasta el oxido en algunos lugares, le daba un aire más escalofriante al trasto. Edward caminó despacio pero sin detenerse hasta la cama, al verla se sintió aliviado pero a la vez un dolor terrible le arrugó el pecho.

Ella estaba ahí, su Bella, su esposa, convertida en un espantapájaros. Su cabello estaba despeinado, su rostro parcialmente cubierto de cabello, pero pálido y seguramente frío, no pudo ver sus manos.

—¿Bella? —llamó en voz baja.

Ella no se movió.

—Bella, soy yo, Edward. —Hubo movimiento, ligero pero de verdad. Edward caminó más rápido hacia ella, pasó delicadamente el revés de su mano por su mejilla, que ciertamente se encontraba muy fría—. Linda —llamó en voz baja—, vine a sacarte de aquí.

Un murmullo se escuchó. Edward apartó el cabello de su frente.

—¿Bella? —Volvió a llamarla. Bella arrugó más sus ojos cerrados, lo había escuchado, estaba reaccionando. Edward sonrió sintiendo como el corazón le volviera a latir—. Soy yo, linda —le indicó. Ella aún no abría los ojos.

—Te llamé —susurró Bella bajito, su voz sonaba un poco ronca y distorsionada—. Llamé a David, también a Nana —su voz se quebró un poco—. David se fue, me dejó sola y luego Charlie…—su voz se quebró aún más—. Charlie… —no pudo continuar. Edward se adelantó y besó su frente.

—Shh, no pienses en nada —le pidió—. Ya estoy aquí, todo va a estar bien.

Edward no estaba al tanto de la despedida de los viejos novios, pero no podía preguntar ni entrar en detalles en ese momento, lo haría después, ahora lo importante era sacarla de allí.

—¿Edward? —Su voz demostró sorpresa, pero sus ojos no se abrían, se veía que lo intentaba, pero sus párpados pesaban mucho—. Me dejaste —susurró bajito—. Te llamé —su sollozo quebró su voz—, no viniste.

—Lo siento. —Besó su frente—. Lo siento tanto. —Bella arrugó los ojos, con ganas de llorar—. No volveré a dejarte ¿de acuerdo? Jamás volveré a dejarte.

El sollozo de Bella fue mayor. Edward cerró los ojos con dolor, susurrándole lo siento mientras besaba su cabello.

—Intenta abrir los ojos —pidió el escolta.

Poco a poco los ojos de Bella accedieron a abrirse, a pesar de que la habitación estaba en penumbra los mantuvo arrugados como si hubiera demasiada luz para sus pupilas. Edward acarició su frente y trató de hacerle sombra, esperó pacientemente a que ella terminara de adaptarse.

—¿Moriste? —Fue su palabra al verlo, a pesar de todo, Edward soltó una pequeña carcajada.

—Nop, no morí —indicó con una sonrisa torcida—. No me estás imaginando, en verdad estoy aquí, de carne y hueso para rescatarte.

Bella parpadeó, observó a su alrededor y volvió a fruncir el ceño sin conocer lo que la rodeaba, cuando cayó en cuenta, sus ojos volvieron a llenarse.

—No, no —susurró Edward inclinándose para besarle la frente. Bella no había hecho amagos de tocarlo, pero no la presionaría, sus manos aún estaban escondidas bajo la manta—. No llores, vine a sacarte de aquí. —Acarició su frente de nuevo.

—Ellos me llevaron, yo no quería. Peleé, lo juro, peleé, pero no pude. —Edward bajó el rostro depositándole un beso en los labios para hacerla callar.

—Shh, linda. Yo sé, sé que peleaste, sé que te obligaron. Todo saldrá bien ahora, estoy aquí.

—¿No te irás? —Él negó.

—Nunca. —A Bella se le escapó otro sollozo.

—Llévame —pidió—. Sácame de aquí, por favor. —Parecía una nena chiquita. Edward no esperó una segunda petición.

—Vamos. —Metió una mano bajo su espalda para ayudarla a incorporarse, pero dos cosas pasaron a la vez. Primera, la cama se movió con ella. Segunda, ella dio un quejido bajo de dolor. Inmediatamente Edward la volvió a acostar.

Mientras levantaba la manta, ella murmuró: —No puedo moverme.

Cuando Edward vio, no pudo creerlo, tenía correas. Cuatro correas amarraban sus muñecas y tobillos al borde de la oxidada cama. Bella vio hacia abajo con terror e intentó mover una de sus manos, la correa estaba muy corta por lo que tan solo pudo abrir sus dedos.

—¿Edward? —llamó llena de terror—. ¿Qué…?

Inmediatamente y sin preguntar o intentar dar explicaciones, Edward se puso a desatarla. La correa que rodeaba sus manos era más ancha que su propia muñeca, el material era sintético y no dejaba respirar a su piel. En cuando liberó la primera correa, observó como la piel de Bella estaba un tanto enrojecida y húmeda, maldijo para sus adentros y se dirigió al tobillo para repetir el proceso.

Mientras desataba el tobillo izquierdo, Bella intentó desatar su otra mano, lo hacía con tal desespero que no atinaba en el movimiento correcto, tanto se desesperó que empezó a hacerse daño en la piel.

—Bella. Bella. —Edward corrió de inmediato, tomando su muñeca liberada—. Linda, respira.

—Quítala. Por favor, quítala.

—Lo haré, la quitaré, pero necesito que te sueltes la muñeca. Poco a poco linda, tú puedes.

Como si no supiera de qué estaba hablando, Bella parpadeó en su dirección. Edward asintió y poco a poco Bella abrió sus dedos, Edward le sonrió.

—Esa es mi chica. —Besó su frente y, diligente y delicadamente, desamarró su muñeca—. Solo falta una más —le habló bajito, refiriéndose al tobillo que aún tenía apresado. Bella volvió a cerrar sus dedos pero lo hizo en la mano de él. Edward la vio a los ojos lleno de interrogantes.

—Debemos apurarnos, linda. ¿Qué sucede?

Bella apretó más su agarre. —Bésame —pidió en voz baja—, por favor.

—Bella —llamó con consideración—. No estás bien.

Fueron las peores palabras elegidas, ambos se dieron cuenta al instante, solo que él maldijo en su cabeza y ella se mordió el labio dolida.

—Eso no fue lo que quise decir, solo digo que te deben haber puesto algo, no sé, alguna medicina. —La chica asintió recordando la inyección al salir de casa—. Además estás en shock, linda. No quiero aprovecharme de eso.

—Está bien —susurró—. No es buena idea. Lo siento, no sé, no… —su voz se quebró un poco, lo siguiente fue que Edward la tomó por las mejillas y la besó en sus brillantes labios.

Bella ahogó un gemido que parecía un llanto, mientras se aferraba a aquel beso con uñas y dientes.

Edward se aferró igualmente, pero con el alivio de haberla encontrado. Ambos jadearon por la intensidad de sus sentimientos, y expresaron mediante esa conexión cuanto se necesitaban el uno al otro.

Bella llevó las manos a su cabello e hizo dos puños con sus manos. Edward la apretó por la cintura, con delicadeza, metió las manos por debajo de la tela de su camisa, subiendo todo el camino por su espalda, pasando por encima de su sujetador, tan solo para sostenerla contra su pecho.

Bella lo abrazó por el cuello y jadeó por un poco de aire, sus bocas se separaron lo suficiente para que sus rostros se colocaran en otra posición más cómoda. Bella se aferró a sus mejillas, su pecho subía y bajaba, de sus ojos lágrimas salían con lentitud.

—No llores —susurró Edward muy cerca de su piel, besó su mejilla tomando entre sus labios otra lágrima.

—¿No me volverás a dejar?

—Nunca.

La puerta del cuarto se abrió revelando un real escándalo. Charlie, el doctor con el que había salido antes, Emmett y Rose, venían discutiendo. Rose llamó por un nombre nada agradable al patriarca y Charlie contestaba con las excusas de siempre.

Bella se encogió y Edward de inmediato se colocó frente a ella, protegiéndola con su espalda.

—No sé qué se traen entre manos ustedes dos —dijo Charlie señalando a Edward y a Rose—, pero se me largan de aquí ahora mismo. Y tú. —Señaló directamente a Edward—, estás despedido.

Emmett cerró los ojos, pero Edward no se doblegó.

—Vine a llevarme a Bella, Charlie —lo tuteó—. Lo demás carece de importancia en este momento.

Charlie resopló una risa, pero su rostro no mostraba ni el más mínimo indicio de simpatía. —Estoy a tres segundos de llamar a la seguridad del lugar o peor aún. a la policía. Quita las manos de mi hija.

Edward dio un paso y Bella estiró la mano hacia él, Edward le dio una mirada para tranquilizarla.

—Señor —llamó al doctor que había entrado con ellos—. Si no quiere una demanda, si no quiere que este terrible lugar se vaya a la quiebra y cierre, le aconsejo que le de de alta inmediatamente a la señorita.

—¡¿Estás jodidamente loco?! —Emmett fue el que gritó, adelantándose hasta Edward. Charlie lo veía entre pestañas no creyendo su audacia y Rose, bueno… Rose estaba fascinada con la actitud del escolta.

—Es mi última advertencia —dijo Edward de nuevo al doctor. Se dirigió a Bella y empezó a desatar el tobillo que faltaba.

—¡Saca las manos de mi hija! —Edward no hizo caso. Bella intentaba ayudar pero la verdad era que no hacía mucho. Edward tomó sus manos una vez la liberó y la vio a los ojos, le guiñó y asintió, pidiéndole permiso para algo, ella repitió la seña sin saber muy bien a qué estaba accediendo.

Charlie llamó a seguridad y el doctor salió a buscarla, le exigió a Emmett que interviniera.

—Edward —llamó su amigo—, por amor de Dios, no sé qué te pasa, pero deja de hacer lo que estás haciendo hombre.

Edward volvió a guiñarle a Bella y se giró a enfrentar al resto de los visitantes. —Bella se va ahora y se va conmigo.

—¡Te voy a meter preso, insolente! —Charlie se adelantó y Emmett tuvo que hacer de escudo entre los dos hombres—. ¡Maldita sea la hora en que te contraté! ¡Bella tiene que quedarse aquí! —gritó más fuerte—. ¡Está enferma! ¡Yo soy su padre y decido que es lo mejor para ella! ¡No sé porque tengo que discutir esto siquiera! ¡Tú no eres nadie!

Bella se encogió tras Edward luego de la mención de la palabra enferma, Edward en cambio vio con odio a Charlie.

—¡Soy su esposo! ¡Y no puede hacer una jodida cosa para detenerme! ¡Ella se va ya, y se va conmigo!

Hubo un jadeo de Rosalie.

Hubo una maldición de Emmett.

Pero de Charlie, solo hubo silencio… Brutal, profundo y terrible silencio.

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¿Qué les pareció?

Buena manera de cerrar el año ¿cierto?

Sé que muchas me leerán mañana o quizás pasado, pero en fin, como les dije arriba, se actualizó en el 2013 jajaja (bueno, por lo menos en mi país)

Ahora, bien... No soy muy buena con los clichés, (aunque no lo crean) pero en estas fechas no se pueden pasar por alto.

Así que les deseo mucha felicidad, amor, salud y prosperidad para el 2014.

Aunque deseo de todo corazón que les de la mayor paciencia del mundo para que sigan leyéndome jejeje.

Los quiero mucho, adoro todos sus comentarios y me enorgullece enormemente pertenecer a sus favoritos.

Nos seguiremos leyendo.

¡FELIZ 2014!

Marjorie...